Trincheras de Ideas

 

EL PARO FRACASADO, EL GOLPE FRACASADO,
LA OPERA BUFA FRACASADA
 

Humberto Gómez García

 

El lunes 21 de octubre la godarria venezolana, esa oligarquía demente y  anti venezolana que convirtió la cúpula de la federación empresarial, FEDECAMARAS, y a la organización toda en un partido opositor, lanzó una de sus últimas cartas políticas, el Paro Cívico o huelga laboral decretada el 10 de octubre en la marcha de la contrarrevolución por el delincuente sindicalero y usurpador, Carlos Ortega.

Ese binomio nefasto que conforman las cúpulas de la CTV y de Fedecámaras –el nuevo bipartidismo–, obcecadas por el odio al Presidente Chávez, la irracionalidad que rechaza el diálogo o el entendimiento entre todos los sectores del país e, incluso, el rechazo a la mediación internacional porque no favorece sus planes y puntos de vista; a todo ello se agrega la torpeza política y la desesperación ante los golpes que el pueblo y el movimiento revolucionario bolivariano le han asestado de manera sistemática, la debelación de un nuevo golpe, la neutralización del terrorismo y el intento de magnicidio, se lanzaron nuevamente al vacío político.

El paro, consumado bajo la fanfarrona amenaza previa del ultimátum de renuncia del Presidente, hecho públicamente por Carlos Ortega y Carlos Fernández el día de la marcha, no fue más que la fachada desesperada de un golpe que no llegó a consumarse porque el gobierno no sólo estaba  preparado esta vez, sino que asestó contundentes golpes al desarticular un golpe de Estado que tenía al partido AD como uno de los principales organizadores de la frustrada intentona, donde el anciano e inmoral Pedro París Montesinos sería el presidente del gobierno de facto nacido del abortado golpe.

Pero la desarticulación no sólo se remitió al allanamiento a la casa de París Montesinos y el descubrimiento de reveladores documentos y mapas altamente comprometedores, listados de nombres de los complotados sino, el descubrimiento, dos días antes del paro, de un intento de magnicidio derribando, con armamento sofisticado, probablemente sustraído de los depósitos del Ejercitó, el avión presidencial que entraría por Catia La Mar, en el Estado Vargas, por mercenarios contratados por los golpistas para asesinar al Primer Mandatario. Incluso, el mismo día del Paro Cívico fue descubierto, en pleno centro de Caracas, un vehículo atestado de armas igualmente sofisticadas y no existentes en Venezuela por individuos pertenecientes a la Policía Municipal de Chacao, hecho que compromete gravemente al alcalde fascista de ese Municipio, Leopoldo López y lo ubica, una vez más, dentro de los complotados.

Pero el Paro Cínico en si mismo no sólo fue un fracaso desde el punto de vista de sus objetivos, pues los factores estratégicos de la producción: transporte urbano, metro, trabajadores petroleros, trabajadores mineros e industrias básicas, electricidad, comunicación radial y televisiva, prensa de provincia, economía social, industria textil, automotriz, producción agrícola, lechera, ganadera y otros muchos sectores sindicales y de trabajadores no participaron del paro por considerarlo básicamente político, que la absurda consigna de obligar al presidente a renunciar, era inadmisible y lo importante era trabajar por el país, por Venezuela.

Entonces ¿qué fue lo que de positivo tuvo el fulano paro, al decir de sus convocantes?

Estrictamente el paro fue empresarial a nivel de los comercios propiedad de los dirigentes de Fedecámaras, sobre todo en el Este de la ciudad de Caracas, porque en el Centro y en el Oeste, en el Sur y el Norte de la ciudad capital los comercios abrieron en un 80%, igual las empresas y fábricas de esas parroquias. Se dio el caso, incluso, no comentado periodísticamente por nadie hasta el presente, que no pocas fábricas de la capital aparentaron  acatar el paro pero en verdad trabajaron con las puertas, los portones o las Santa María, bajadas.

Los Amos del Valle, la oligarquía caraqueña y de otros Estados de la República quiso, más allá de las razones golpistas frustradas ya señaladas, darle al gobierno una demostración de soberbia política y de fuerza económica. Una posición clasista cien por cien que buscaba, a toda costa, deslindar de todos los demás sectores y clases venezolanas y reafirmar por la fuerza su poderío.

Contó la oligarquía con un sector estratégico propio, con los canales de TV y las estaciones de radio. Continuaron explotando al máximo, tensando la cuerda del extremismo mediático que nada tiene que ver con la información seria, objetiva y veraz. Una vez más los medios de incomunicación social se encadenaron no para cubrir las incidencias del paro, era evidente la intención manipuladora a partir de un guión previamente concertado en el Estado Mayor de los conspiradores, la manipulación de la opinión pública y el despliegue de una ofensiva mediática tratando de soliviantar a la población y a la espera del estallido militar que no se produjo ni se iba a producir.

Naturalmente, al final del día, con el pueblo movilizado y en la calle, abortado un nuevo atentado, esta vez presuntamente contra el Vicepresidente, José Vicente Rangel, los organizadores del paro hicieron sus balances positivos, de un triunfo exitoso de un 85% del Paro Cínico en todo el país y, como no lograron la renuncia de Chávez a la presidencia, lanzaron su nuevo ultimátum de que los primeros días de noviembre lanzarían su nueva ofensiva golpista, introducirían ante el CNE no se sabe cuántos millones de firmas para que éste organismo, en el plazo perentorio de un mes, organice un referéndum revocatorio contra el Presidente. Planillas hechas bajo presión y obligados muchos trabajadores, bajo amenaza de despido, a firmar en las empresas de los golpistas, utilización a granel de las iglesias y casas parroquiales para “procesar” lasa planillas con las firmas o para conseguir las firmas compulsiva entre la feligresía. ¿De nuevo la Iglesia católica en beligerancia?

Pero, ese recurso desesperado, ante la firmeza del Presidente y del gobierno todo de no aceptar ningún adelanto de las elecciones porque eso viola la Constitución Bolivariana, que hay que esperar al 18 de agosto del 2003 que es cuando se puede comenzar a intentar un referéndum, si se cumplen los extremos que exige la Ley, los pone nuevamente contra la pared.

Pero la procesión iba por dentro. Desesperados los golpistas, el fascismo y la contrarrevolución porque el Gobierno abortó el nuevo golpe de Estado, descubrió y desbarató los intentos de magnicidio, el Paro Cínico no alcanzó los objetivos políticos propuestos porque el Gobierno, con una acertada política de concertación, entendimiento y acuerdos con un conjunto de sectores previamente acordados, más el impulso de políticas nacionalistas y proteccionistas, anti contrabandistas y anti importaciones, tiró el golpismo lo que pudiera parecer una última y desesperada parada, los generales y almirantes gorilas complotados que dieron el golpe de Estado el 11 de abril pasado, sin muchos miramientos y de manera pública, por la TV, hicieron un llamamiento al Ejército Nacional a insurgir contra el Presidente y el proceso revolucionario bolivariano y llamaron al pueblo a la insurrección armada. Justifican su desatino en una burda hoja de parra que es el Artículo 350° de la Constitución Bolivariana que consagra la desobediencia civil, pero no con esa interpretación maniquea, caprichosa que la subversión quiere darle.

Para reforzar su actitud –que pudiera hacer suponer que contaban con algún contingente militar que se les uniera en rebelión armada– montaron un show en la plaza Altamira, al Este de Caracas. Por allí ha pasado toda la fauna contrarrevolucionaria, la que se agrupa en la Coordinadora Anti Democrática, la CTV, Fedecamaras, los grupúsculos de la mal llamada ‘sociedad civil’, los grupos neonazis de Primero Justicia, Bandera Roja, Acción Democrática. Una larga y agotadora jornada confinada a la plaza Altamira, con no más de 3000 personal permanentemente, que mientras los ‘soldados’ de los grupos paramilitares, algunos sifrinos pequeños burgueses pernoctan en la plaza en tiendas de campañas y costosos sacos de dormir, los generales los hacen en lujosos hoteles. Curiosos, algún desempleado, vagos, activistas de los partidos de la derecha, oligarcas, sindicaleros, han sido los que han ido a apoyar a los militares golpistas pero ¿dónde está el supuesto millón y medio de personas que marchó el 10 de abril y “tomó” a Caracas?

Han ido goteando, si, algunos otros militares de menor jerarquía, probablemente los que tenían “preparados”  en alguna unidad para el complot pero que no arrastraban masa alguna de soldados. También se han puesto en evidencia ante el pueblo como golpistas, al margen de su lenguaje.

Porque la concentración-show se percibe muy esmirriada, escuálida vaya, y cada vez con menos gente. Hay un desinfle y, naturalmente, un problema de orden público para los vecinos de ese sector de Altamira que tiene su paz totalmente alterada ante la mirada complaciente del Alcalde López.

¿Por qué ese foco insurreccional, esa declaración de “territorio libre” de la plaza Altamira, donde se enseñorea la desobediencia civil, no ha pasado de allí, no ha crecido y se ha lanzado a la toma de objetivos como lo hicieron, por ejemplo, el 7 de febrero, cuando salió el coronel Soto y casi toman por asalto a la casa presidencial, en La Carlota?   

Porque el golpismo viene de capa caída, cada vez más mengua su capacidad política ante las derrotas y los golpes que le viene asestando el movimiento popular y el Gobierno, ante el fortalecimiento del proceso.

Los militares gorilas tienen un pie en la cárcel y otro fuera del cuartel dados de baja por el cúmulo de delitos cometidos. Incluso esa rebelión de cartón, de utilería demuestra, una vez más, cuan desacertada, viciada y política, fue la decisión del Tribunal Supremo de Justicia de sobreseerle la causa a los militares golpistas y negar que habían sido golpistas ¿qué van a decir ahora ante la ratificación, por el generalato gorila y golpista? Rectificar es de sabio, dice el dicho popular, ¿por qué mejor loa magistrados del TSJ no revisan aquella infeliz decisión del 14 de agosto?

Pero el pueblo no debe ni puede bajar la guardia. El proceso tiene enemigos, quizás no muchos pero sí con poder económico y conexiones en el exterior, de hecho los hilos de la trama conspirativa se ubican en Miami, Washintong y otras importantes ciudades norteamericanas. Hay que trabajar en la profundización del proceso revolucionario y de cambios estructurales y armar al pueblo de ideología política y pensamiento revolucionario construyendo el poder popular.

Viene ahora la batalla del referéndum revocatorio, ellos van a querer que se adelanten las elecciones pero eso no va a poder ser sino hasta agosto. Intentarán quizás otras marchas, hay que estar preparados para derrotarlos nuevamente, reducirlos a su mínima expresión para que nuestro pueblo pase unas navidades tranquilas y felices.

 

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