Santiago, 5 de marzo de 2002
 

Diario El Mercurio
Sección Cartas al Director
 

El Hood

Al momento de su hundimiento, el Hood no era el acorazado más grande del mundo, porque en realidad no era un acorazado (battleship) sino un crucero de batalla (battle cruiser). Estos buques tenían el tamaño y poder de fuego de un acorazado, pero alcanzaban una velocidad muy superior, lo que se conseguía sacrificando el espesor de su coraza, con lo que resultaban relativamente vulnerables. Eran los buques malditos de la armada británica. En la batalla de Jutlandia, en la Primera Guerra Mundial, en pocos minutos el fuego de los acorazados alemanes dio cuenta de cuatro de esas naves, con gran pérdida de vidas. En la Segunda Guerra, meses despúes de la perdida del Hood, otro de esos navíos, el Repulse, fue hundido por aviones japoneses en Indochina, junto con el acorazado Prince of Wales, compañero del Hood en la cacería del Bismark. Sólo su gemelo, el Renown, alcanzó el fin de la guerra.
Las escuadras de Japón, Francia y Alemania también contaron con algunos de esos buques. En general no fueron muy exitosos, salvo el Scharnhorst y el Gneisenau, alemanes, que cumplieron un papel destacado en la conquista de Noruega por los nazis, desafiando el poderío de la marina
británica.

Eduardo Vila-Echagüe C. 1