Manual para Nuevos Miembros

 

 

Manual para Nuevos Miembros 

de la Iglesia Presbiteriana (EUA)

 

Este Manual para Nuevos Miembros fue preparado por la Comisión Hispana del Sínodo del Sur de California y Hawaii.

La Comisión de Revisión fue compuesta por: Sra. Diana Hernández, Rev. José Luis Torres, Rev. Carlos Malavé, Rev. Ernesto Hernández y Rev. Daniel Beteta.

 

Prólogo

 

            Que hermoso privilegio es unirse a un grupo de personas, cuyo objetivo fundamental es la adoración a Dios, unirse a la Iglesia Presbiteriana, es unirse a la Iglesia del Señor, al cuerpo de Cristo, a una familia por medio del vínculo sagrado del Espíritu Santo en Jesucristo, efectuada por Dios en su infinito amor y gracia para la humanidad.

 

            Esto requiere la aceptación voluntaria de las condiciones puestas por Dios en su bendita Palabra, ya delineadas en la Biblia y reveladas en Jesucristo, el Verbo encarnado. El formar parte de la familia Cristiana es un compromiso serio y formal, de vida y muerte, de salvación y condenación.  Todo candidato debe recibir una orientación que permita su comprensión, compromiso y responsabilidades dentro de la Iglesia y delante del Señor y Salvador Jesucristo.

 

            Con el fin de ayudar a iniciar y continuar este proceso de aprendizaje, presentamos este manual conteniendo una visión general de lo que debe saber todo creyente acerca de Dios, la Biblia, la Iglesia, la fe cristiana y las creencias de su propia Iglesia Presbiteriana, incluyendo:

 

1.      Lo que enseña la Biblia y lo que creemos acerca de Dios, Jesucristo, el Espíritu Santo, la trinidad, la redención, la reconciliación, la regeneración, la justificación, la conversión, la oración, los sacramentos, el final de los tiempos y más.

 

2.      La Biblia: ¿Qué es?, ¿De dónde viene?, ¿Cómo se interpreta?, ¿Cómo usarla y vivirla?.

 

3.      La Iglesia universal y local. El Pueblo de Dios. Su naturaleza, sus raíces, desarrollo, autoridad, organización, gobierno y misión tanto histórica como Bíblica.

 

La Iglesia Presbiteriana, su teología, organización, forma de gobierno y constitución.

 

 

.

Manual para Nuevos Miembros

Iglesia Presbiteriana (EUA)

 

Contenido

 

1. Cristo y la Iglesia

                  Origen de la Iglesia

                  Jesucristo Cabeza y Fundamento

                  El Concepto Católico (Universal) de la Iglesia

 

2. La Iglesia Presbiteriana (EUA)

                  El Nombre

                  Gobierno y Dirección

                  Los Cuerpos Gobernantes

 

3. Breve Historia de la Iglesia Presbiteriana

                  Los Reformadores

                  La Revolución Americana

                  La Iglesia Presbiteriana en Estados Unidos

 

4. La Constitución de la Iglesia Presbiteriana

                  Libro de Orden

                  Libro de Confesiones

 

5. Creencias de la Iglesia Presbiteriana

1.      La Divina Trinidad

a.       Dios

b.      Jesucristo

c.       El Espíritu Santo

                  2.  La Soberanía de Dios

                  3.  El Perdón de Pecados

                  4.  La Vida Eterna

                  5.  La Biblia

                  6.  El Cielo

                  7.  La Salvación

                  8.  La Santificación

                  9.  La Elección

                10.  La Vida del Pacto

                11.  Una Fiel Mayordomía

                12.  Rechazo de la Idolatría

                13.  Símbolos en el Cristianismo

                14. Acerca de la Virgen María

 

6. Los Sacramentos

                  1. El Bautismo

                  2. La Comunión o Santa Cena

 

7. El Culto Público

 

8. Ser Miembro

 

9. Mayordomía Cristiana

 

10. Decálogo de mi Relación con Dios

 

11. Convenio de Lealtad

 

 

 


Cristo y La Iglesia

 

            Jesucristo da existencia a la Iglesia, provee todo lo necesario para su misión en el mundo, para su edificación y para servir a Dios.  Dios ha puesto todas las cosas bajo el señorío de Jesucristo.  Cristo da a su Iglesia su fe y su vida, su unidad y su misión, sus oficiales, ordenanzas y sacramentos.  Tanto en el servicio y adoración a Dios como el gobierno de la Iglesia deben ser guiados por la razón y el sano juicio, bajo la dirección total del Espíritu Santo, quien inspira y fortalece su Iglesia en todas sus manifestaciones y acciones.

 

            La Iglesia ha sido establecida para la proclamación del Evangelio, para la salvación de la humanidad, el amparo, la educación y la confraternidad espiritual de las criaturas de Dios, manteniendo la adoración divina, preservando la verdad, promoción de la justicia social y la manifestación del reino de Dios al mundo.

 

Origen de la Iglesia

 

            El origen de la Iglesia se encuentra dentro de los eternos planes de Dios, desde antes de la fundación del mundo, como dice Efesios 1:4 “Nos escogió en El antes de la fundación del mundo para que fuésemos santos, sin mancha delante de El.” La Iglesia no fue entonces producto de la casualidad o interés de un grupo de seguidores de Cristo, sino la realización de un plan eterno concebido por Dios, desde antes que todas estas cosas acontecieran.  Tampoco surge repentinamente (Hechos 2), tuvo más bien sus profundas raíces desde el Antiguo Testamento, impregnado de momentos históricos, cuando dentro del pueblo Hebreo Dios llamó a Abraham, a Isaac, a Jacob (Israel), y a los profetas, llamó asimismo a un pueblo, para anunciar al mundo las promesas de salvación y vida eterna.  Ahora el pueblo del Señor se reúne en diferentes lugares (Iglesia local), con diferentes lenguas, culturas, razas, pero bajo la unidad de Cristo.

 

Jesucristo Cabeza y Fundamento

 

            “Todo poder en el cielo y en la tierra es dado a Jesucristo por el Dios Todopoderoso... Dios ha puesto todas las cosas bajo el señorío de Jesucristo y ha hecho a Cristo la cabeza de la Iglesia, que es su cuerpo. Cristo da existencia a la Iglesia, provee todo lo necesario para su misión en el mundo, para su edificación y para servir a Dios. Cristo está presente con la Iglesia tanto en Espíritu como en Palabra.”  (G-1.0100)

 

El Concepto Universal de la  Iglesia de Jesucristo

 

            La palabra católico significa universal, así la Iglesia de Jesucristo es católica, es decir, universal, formada por todas aquellas personas que en un lugar particular profesan su fe en Jesucristo como Señor y Salvador. La Iglesia Presbiteriana reconoce enfáticamente que su cabeza es Jesucristo, declara su fe y da testimonio de la gracia de Dios en Jesucristo a través de sus Credos y Confesiones, así la Iglesia se identifica como una unidad de personas, unidas por sus convicciones y acciones, subordinadas a las Santas Escrituras, para afianzarnos a una fe única identificándonos con la Reforma Protestante, guiados por una vida de fe, trabajando por la transformación de la sociedad mediante la búsqueda de la obediencia a la Palabra de Dios, en la unidad de Jesucristo.

 

            La Iglesia de Jesucristo es universal y consiste de todas las personas en todas las naciones, juntamente con sus hijos e hijas, que profesan fe en Jesucristo como su Señor y Salvador, y se entregan a vivir en compañerismo bajo su señorío.  Como toda esta compañía no puede reunirse en un solo lugar para adorar y servir, es razonable que se divida en congregaciones locales. (Apocalipsis 7:9). Una Iglesia local consiste de aquellas personas, en un lugar particular, juntamente con sus hijos e hijas, que profesan fe en Jesucristo como su Señor y Salvador y que se han reunido para el servicio a Dios según establecido en las Escrituras, sujeto a una forma particular de gobierno eclesiástico. (G-4.0101-3) (1 Corintios 1:2; Gálatas 1:2, Efesios 1:1). 

 

 

 

La Iglesia Presbiteriana (EUA)

 

El Nombre

 

            Nuestra Iglesia se llama Presbiteriana por su sistema de gobierno. Es una organización gobernada por “Presbíteros”.  La palabra Presbítero viene de un vocablo griego que se usa mucho en el Antiguo y Nuevo Testamento y significa: “Anciano”, refiriéndose a los oficiales que han sido elegidos de entre los miembros de una congregación (Exodo 18:21, Exodo 24:1, 1 Timoteo 4:14; Hechos 14:23) (G-4.0104).  La palabra Presbítero es usada hoy día en la Iglesia Presbiteriana (EUA) para designar los oficiales de la misma, tanto a Ancianos como a Ministros de la Palabra y Sacramentos (G-4.0301, a y b).

            La Iglesia Presbiteriana pertenece a la familia de las Iglesias Reformadas, gobernada bajo el concepto de una democracia representativa regida por Jesucristo, quien es la cabeza de la Iglesia (G-2.0500).

 

Forma de Gobierno

 

            El gobierno de la Iglesia Presbiteriana se caracteriza por ser una democracia representativa y tiene oficiales a quienes se les da autoridad delegada limitada. La Iglesia Presbiteriana será gobernada por Presbíteros (Ancianos y Ministros de la Palabra y Sacramentos) (G-4.0301). Los oficiales son ordenados sólo por la autoridad de un cuerpo gobernante. (G-4.0301 g.) Los oficiales eclesiásticos mencionados en el Nuevo Testamento y que esta Iglesia ha conservado incluyen los de Presbíteros y diáconos (G-6.0103).

                       

            En la forma de gobierno presbiteriano no hay personas con autoridad individual. Todas las decisiones son tomadas por los cuerpos  gobernantes (G-4.0301,e). Los cuerpos gobernantes de la Iglesia Presbiteriana son El Consistorio, El Presbiterio, El Sínodo y La Asamblea General. Aunque son necesarias las relaciones individuales con Dios, la autoridad y poder de la Iglesia han sido dados por Dios (delegadas) al cuerpo, su Iglesia.

 

            La Iglesia Presbiteriana no acepta autoridad individual, pues habiendo una democracia representativa, las decisiones son tomadas por el cuerpo, dándose así la seguridad de tener presencia y guía del Espíritu Santo (Mateo 18:20).  De allí que los oficiales ordenados (Presbíteros y ministros de la Palabra y los Sacramentos) forman los cuerpos gobernantes de la Iglesia. En la Iglesia Presbiteriana no hay obispos, ni arzobispos, ni superintendentes. Los líderes profesionales que se necesitan para llevar a cabo la misión tienen autoridad limitada para hacer lo que el cuerpo que los comisionó acordó que se hiciera.

 

            ¿Quién es Presbiteriano? Toda persona, creyente en Jesucristo, que acepte el gobierno y disciplina de la Iglesia Presbiteriana. Para ser miembro de la Iglesia la persona hace votos y promesas como respuesta a Dios, no en recompensa ni pago a la gracia Divina que nos trae redención y vida, sino en cumplimiento del pacto eterno.

 

Los Cuerpos Gobernantes

 

            Son las distintas organizaciones corporales de la Iglesia, que tienen a su cargo ejercer el gobierno y dirección de la Iglesia en todas sus manifestaciones.

            El Consistorio está formado por el pastor y por ancianos electos por la congregación.  Los ancianos servirán en términos de 3 años, 2 años, y 1 año, y no podrán servir más de 6 años consecutivos o dos períodos de tres años cada uno. El Consistorio es el responsable de la misión y gobierno de la Iglesia particular, por lo tanto tiene responsabilidades y poder de recibir miembros, dirigir a la congregación en la participación de la misión total de la Iglesia, proveer para el culto, velar por el crecimiento espiritual de los miembros, equipar al pueblo para su ministerio, desarrollar y supervisar las actividades de Educación Cristiana y Escuela Dominical, coordinar oportunidades de servicio y los programas educativos y de mayordomía de la Iglesia, preparar el presupuesto y ayudar en la educación y desarrollo de sus oficiales.

 

            También delegará y supervisará el programa y obra de los Diáconos y de la Junta de Síndicos.  Proveerá para la administración del programa de la Iglesia, los recursos necesarios, incluso el empleo de obreros voluntarios y pagados. El Cuerpo de Diáconos, conforme a las Escrituras, se caracteriza por el servicio, la simpatía, y el testimonio, siguiendo el ejemplo de Jesucristo para ministrar a los necesitados, los enfermos, los marginados, y a todos los que se encuentran en aflicción, conflicto, penas y calamidad, dentro y fuera de la congregación (G-6.0401).  Además el Cuerpo de Diáconos está bajo la jurisdicción del Consistorio, así como lo está toda la Iglesia particular, y aceptará otros deberes que le sean delegados por el Consistorio (G-6.0404). Las personas que formen el Cuerpo de Diáconos serán electos por la congregación y ordenados por el Consistorio,  sin que haya discriminación por razón de sexo, edad, etc. (G.4-0403). 

 

            El Presbiterio es la expresión corporal de la Iglesia. Lo integran todas las Iglesias y Ministros de la Palabra y Sacramentos dentro de un área geográfica. Cuando el Presbiterio se reúne, cada Iglesia del área geográfica determinada debe ser representada por uno o más Ancianos, según el número de miembros, comisionados por el Consistorio.

 

            El Sínodo es la unidad de la vida y misión de la Iglesia, que consiste en no menos de tres Presbiterios dentro de una región geográfica específica. Cuando se reúna el Sínodo estará compuesto de comisionados electos por los Presbiterios en números iguales de Ministros y Ancianos, debe tener un balance representativo de minorías, incluyendo mujeres (G-12.0101).

 

            La Asamblea General es el Cuerpo Gobernante supremo de nuestra Iglesia y consiste en un número igual de Ancianos y Ministros de cada Presbiterio y se deben reunir por lo menos cada dos años.

 

 

Breve Historia de la Iglesia Presbiteriana

           

Los Reformadores

 

            Martín Lutero (1483–1546). Teólogo Alemán. La Reforma no se formalizó sino hasta que Martín Lutero clavó en las puertas de la Catedral de Wittenberg, Alemania, sus 95 tesis, el 31 de Octubre de 1517.  Lutero protestó en contra de las pretensiones y abusos de la Iglesia de Roma, y llamó a la Iglesia a volver a un gobierno divino.

 

            Ulrich Zwinglio (1484-1531). Teólogo Suizo.  Su interpretación del significado de la Santa Cena fue diferente a la de Lutero.  Hizo hincapié en la autoridad de las Escrituras y también denunció las prácticas de la Iglesia de Roma.  Zwinglio subrayó la soberana voluntad de Dios declarada en las Escrituras para guía del ser humano.

 

            Juan Calvino (1509-1564). Teólogo Francés. (Jean Chauvin), llamado “El Padre del Presbiterianismo”.  En su interpretación Bíblica hizo énfasis en la soberanía de Dios sobre la creación y la historia de la humanidad.  Por tanto, según él, es deber de la criatura rendir culto a Dios. También dio especial atención a la educación tanto teológica como general, la conducta moral, el ahorro y el gobierno representativo.

 

            Juan Knox (1506–1572).  Estadista Escocés. Huyendo de la persecución religiosa, salió de Escocia y fue a Ginebra, donde estaba Calvino.  Estudió con él y en 1559 regresó a Escocia donde estableció el Presbiterianismo.  De Escocia vinieron los Presbiterianos a los Estados Unidos.  También vinieron de Suiza y Holanda Presbiterianos para México y Sur América.

 

La Revolución Americana

 

            Durante la colonización del nuevo mundo, los Presbiterianos llegaron de Europa y se establecieron en el emisferio norte de América formando las primeras trece colonias de lo que más tarde llegaría a ser los Estados Unidos de Norte América.  Estas trece colonias buscaron su independencia de Inglaterra, esto dio origen a la Revolución Americana. La historia registra que por lo menos catorce Presbiterianos firmaron la “Declaración de Independencia”, siendo el más conocido de ellos el Rev. John Witherspoon.

 

La Iglesia Presbiteriana en los Estados Unidos

 

            Hablar de la Iglesia Presbiteriana en Estados Unidos de Norte América, es decir la historia misma de un pueblo con libertad, anhelos, esfuerzo y fe.  El primer Presbiterio se formó en Philadelphia en 1705.La Iglesia creció hasta que en los 1800, debido a problemas en la interpretación del evangelio y la esclavitud, hubo una división que duró mas de medio siglo y que por la gracia de Dios terminó en Junio de 1983 al reunirse las dos Iglesias conocidas hasta ese momento como la Iglesia Presbiteriana Unida de Norte América y la Iglesia Presbiteriana en los Estados Unidos de Norte América.  La reunión dio paso a la que hoy es: La Iglesia Presbiteriana (EUA).

 

 

 

La Constitución de la Iglesia Presbiteriana

 

            La Constitución de la Iglesia Presbiteriana (EUA) es publicada, por orden de la Asamblea General, en dos volúmenes:  El Libro de Confesiones y el Libro de Orden.

 

            El Libro de Confesiones. Por medio de los Credos y Confesiones, la Iglesia Presbiteriana (EUA) declara su fe y da testimonio de la gracia de Dios en Jesucristo, declarando así a sus miembros y al mundo “Quién y qué es ella, qué es lo que cree y qué está resuelta a hacer” (G-2.0100). Estos documentos confesionales son normas subordinadas en la Iglesia sujetas a la autoridad de Jesucristo y la Palabra de Dios (C-2.0200). El Libro de Confesiones incluye los siguientes Credos y Confesiones que son parte de la herencia teológica que la Iglesia Presbiteriana (EUA), a saber:

 

1.     El Credo Niceno

2.     El Credo de los Apóstoles

3.     La Confesión Escocesa

4.     El Catecismo de Heidelberg

5.     La Segunda Confesión Helvética

6.     La Confesión de Fe de Westminster

7.     El Catecismo Mayor

8.     El Catecismo Menor

9.     La Declaración Teológica de Barmen

10.      La Confesión de 1967

11.            Una Corta Declaración de Fe

 

            Por orden del Parlamento Inglés se reunieron 151 personas incluyendo teólogos, abogados y estadistas para formular lo que hoy llamamos “La Confesión de Fe de Westminster”. Trabajaron por casi seis años (1643-1649) para completarla y ha sido la norma de fe de la Iglesia Presbiteriana y de otras denominaciones por muchos siglos.  En 1967 nuestra Iglesia formuló la “Confesión de 1967” y en 1991 se adoptó la “Una Corta Declaración de Fe”, enriqueciendo así nuestra base teológica.

 

            El Libro de Orden, contiene tres partes: a) La forma de gobierno, b) Las reglas de disciplina, c) El directorio para el servicio de adoración a Dios.

 

 

Creencias de la Iglesia Presbiteriana

 

            En las confesiones se señalan y se expresan los temas de la Tradición Reformada (G-2.0500). El pensamiento Presbiteriano es dominado por las enseñanzas de las doctrinas fundamentales y ortodoxas del Cristianismo, aceptadas por la Reforma y afirmadas por los Presbiterianos. Los temas se presentan en diferente orden en las confesiones y credos, como en el caso de la Confesión de Fe de Westminster, la cual principia con las Sagradas Escrituras, mientras que la mayoría de credos y confesiones principian con Dios. Central a la Tradición Reformada es la afirmación de la soberanía de Dios, y este ha sido también el tema doctrinal que mantiene las convicciones Presbiterianas. Entre los temas que son expuestos en las Escrituras y afirmados en nuestros credos y confesiones. Podemos resaltar las siguientes:

 

            1. La Divina Trinidad. La Biblia nos enseña que Dios es uno, esto es parte fundamental del Antiguo y Nuevo Testamento.  En la unidad de Dios hay tres personas de la misma sustancia, el mismo poder y la misma eternidad. El misterio de la trinidad asevera que El Padre, El Hijo y El Espíritu Santo; es Dios mismo.

 

            Dios, quien se revela a la humanidad, es personal, mostrándose a nosotros como Trinidad, el creador soberano, sostenedor y gobernante de todo lo que existe. Es Santo y perfecto, abundante en bondad y fuente de toda la verdad y libertad. Es justo, lleno de gracia y misericordia. (Génesis 1;1; Romanos 11:34-36).  “Dios es todo suficiente y no depende de ninguna de sus criaturas hechas por él. No deriva ninguna gloria de ellas... El es la única fuente de todo ser, de quien y para quien son todas las cosas y ejerce el más absoluto dominio soberano sobre ellas... Los seres humanos, los ángeles y toda criatura le deben todo lo que tenga a bien demandar de ellos, en adoración, en servicio, y en obediencia.” (C-6.012)

 

            Jesucristo. “El Hijo de Dios, segunda persona de la Trinidad, siendo verdadero y eterno Dios, de una sustancia e igual con el Padre, al llegarse el tiempo, tomó la naturaleza humana con sus cualidades esenciales y con sus debilidades comunes, aunque sin pecado, fue concebido por el poder del Espíritu Santo en el vientre de la virgen María y de su propia carne. De esta manera, dos naturalezas completas, perfectas y diferentes, la divina y la humana, fueron inseparablemente unidas en una persona... al Padre le agradó que en el Hijo residiera toda plenitud para que, siendo santo, inocente, limpio, lleno de gracia y verdad, pudiera estar del todo capacitado para desempeñar el cargo de Mediador y Fiador... Jesús tomó voluntariamente posesión de este oficio y para que lo cumpliera a perfección, él fue sometido a la ley la cual cumplió a la perfección.”

 

            “Por ello, soportó los tormentos más crueles... fue crucificado, y murió, y fue sepultado permaneciendo bajo el poder de la muerte, aunque sin ver corrupción. Al tercer día se levantó de entre los muertos con el mismo cuerpo en que sufrió y con el cual también subió al cielo... El Señor Jesús ha satisfecho plenamente la justicia del Padre con su obediencia y sacrificio perfecto, el cual ofreció una sola vez a Dios por medio del Espíritu Eterno. Así compró no sólo la reconciliación, sino también una herencia eterna en el reino de los cielos para todos aquellos a quienes su Padre la había dado.”  (C-6.044-47)

 

            El Espíritu Santo. “La tercera persona de la Trinidad, proviene del Padre y del Hijo. Es de la misma sustancia del Padre y del Hijo, igual a ellos en poder y gloria y con ellos debe ser creído, amado, obedecido y adorado a través de todas las edades... regenera por su gracia a los seres humanos, los convence de pecado, los mueve al arrepentimiento y los persuade y capacita para que acepten a Jesucristo, por la fe. El Espíritu Santo unifica a todos los creyentes en Cristo, habita en ellos como su Consolador y Santificador. (Juan 6:7-15; Juan 14:15-17; Hechos 1:1-8; Hechos 2). (C-6.051-53)

 

            Los Dones del Espíritu Santo: El Espíritu Santo es quien capacita y obra a través de la Iglesia para que esta pueda llevar a cabo su labor en la tierra. La Biblia nos dice, y nosotros afirmamos, que todos los creyentes son ministros de Jesucristo y que El mismo nos ha dado: “Apóstoles, evangelistas, pastores y maestros . . . para equipar a los santos para la obra del ministerio” (Efesios 4:11).  También dice la Escritura que a cada quien se le ha dado dones o capacidades para amar y servir a otros, para vivir y morir por Cristo, para testificar en su nombre y llevar las buenas nuevas de redención a todo el mundo. Los dones del Espíritu Santo son variados, de acuerdo a las necesidades en la Iglesia y en el mundo (1 Corintios 14 y Romanos 12:6). Es dentro del contexto de la Doctrina de la Soberanía de Dios y los Dones del Espíritu que la Iglesia Presbiteriana establece su misión, de manera responsable para responder a las necesidades de una humanidad caída, por lo tanto aboga por la justicia social, igualdad racial, equilibrio ecológico, la paz mundial, distribución equitativa de los recursos, etc. 

 

            2. La Soberanía de Dios.  La Soberanía de Dios, es el centro de la fe de la tradición Reformada, es la afirmación de la majestad, santidad, y providencia de Dios que crea, sostiene, gobierna y redime al mundo en la libertad de la justicia y el amor de Dios. ( G-2.0500). Creemos que Dios es soberano, que todo lo puede, que todo lo sabe, que es Creador y dueño de todo, que es sostenedor absoluto, eterno.  Encontramos en su Palabra que Dios nos llama, nos escoge y nos conoce desde antes de nacer. Entendemos que tiene el pasado, el presente y el futuro en sus manos, que Dios es El Señor del tiempo y del espacio, que la criatura humana no puede hacer lo que quiera de su vida, y que el oponerse a sus designios y su voluntad es “dar coces contra el aguijón” (Hechos 9:5).

 

            3.  El Perdón de Pecados. La doctrina del perdón afirma que en Cristo, la gente pecadora es declarada justa ante Dios, que estos han quedado libres de condenación y que son hechos herederos junto con Cristo de la vida eterna en el reino de los cielos. Con los demás Protestantes afirmamos que el perdón es totalmente el don gratuito de la gracia de Dios, dado sin tomar en cuenta ningún mérito o dignidad del que lo recibe. Dios efectúa este perdón acreditándole al pecador el regalo gratuito de la justicia de Cristo. Esta justicia no está de ninguna manera vinculada a las buenas obras del pecador, siendo enteramente el producto de la obediencia de Cristo. El creyente recibe el perdón solamente por fe.” (Encyclopedia of the Reformed Faith, D. K. McKim, pág. 141)

 

            4. La Vida Eterna, es un regalo que se otorga a cada persona que acepta a Cristo. Es la realidad y seguridad de una existencia sin interrupción que comienza desde el momento que creemos en Cristo y recibimos la salvación. Esta vida sobrepasa la muerte física y se extiende por la eternidad. Es lo opuesto a la condenación que recibirán los perdidos. (Juan 3:16-18; 5:24; 6:47; Romanos 6:23; 2 Corintios 4:14; 1 Tesalonicenses 4:13-18).

 

            5. La Biblia. “La única revelación suficiente de Dios es Jesucristo, la Palabra encarnada de Dios, de quien el Espíritu Santo testifica singular y autorizadamente por medio de las Santas Escrituras, las cuales se reciben y se obedecen como la palabra escrita de Dios. Las Escrituras no son un testimonio entre otros, sino el testimonio sin par... Las Escrituras, dadas bajo la dirección del Espíritu Santo, son, a pesar de todo, las palabras de seres humanos, condicionados por el lenguaje, formas de pensar, estilos literarios de los lugares y épocas en que fueron escritas... La palabra de Dios se comunica a su Iglesia hoy en día dondequiera que las Escrituras se prediquen fielmente y se lean atentamente, dependiendo de la iluminación del Espíritu Santo, y de la disposición a recibir su verdad y dirección.” (C–9.27–30)

 

            6. El Cielo.  Según las Escrituras, el cielo es estar ante la presencia de Dios inmediatamente después de la muerte.  La Confesión de Westminster dice: “Las almas de los rectos, habiendo sido perfeccionadas en santidad son recibidas en los altos cielos. . .”, entendemos que el cielo, más bien “Los Cielos” en la Biblia, es el mundo de santa felicidad, la residencia especial de Dios (1 Reyes 8:30; Mateo 5:45); el lugar de donde Cristo descendió ( Juan 3:13) a donde ascendió (Lucas 24:51) y de donde vendrá otra vez (Filipenses 3:20).  Es la morada de los ángeles y donde Cristo ha preparado un lugar para los suyos. “El cielo, en el entendimiento Reformado, es un lugar específico.” (Encyclopedia of the Reformed Faith, D. K. McKim, pág. 166)

                       

            7. La Salvación, es la liberación de la condenación del pecado y del dominio de este sobre la vida del creyente. Jesucristo obtuvo eterna redención a través de su sacrificio en la cruz del Calvario. Con su muerte, Cristo canceló nuestra deuda con Dios, quitando así la sentencia de muerte eterna existente sobre los pecadores. La persona que cree, recibe gratuitamente los beneficios de la salvación. El pecador es liberado del poder del pecado sobre su vida; de tal forma que ya no es más esclavo de los deseos pecaminosos de la carne. Esta salvación es efectiva sólo para aquellas personas que creen que Jesucristo es su único y suficiente Salvador. Aquellas vidas que Dios en su gracia y en su infinita soberanía ha escogido y llamado, reciben este don gratuito de la salvación.

 

            8. La Santificación. Existe una relación entre la justificación y la santificación. La justificación es el momento cuando Dios nos perdona y acepta, es un acto que toma lugar en un instante. En cambio, la santificación es un proceso gradual. Calvino consideró la justificación esencialmente como un acto que toma lugar fuera de nosotros por medio del cual Dios cancela nuestra deuda en base a los méritos de Cristo. La justificación es la base de nuestra salvación. La santificación en cambio es el proceso que da evidencia del hecho que hemos sido salvos. En la santificación la función del cristiano no consiste en tratar de ganar su salvación, sino más bien en dar testimonio de la salvación que ya fue realizada y lograda por Cristo en su favor. Las buenas obras siempre son el fruto de la fe (Mat. 7:16-20). La vida cristiana no es lo que produce nuestra salvación, esta vida se vive como resultado del acto de Dios que transforma a aquellos que él ha salvado. Como cristianos podemos hacer buenas obras que son agradables a Dios. Estas obras no nos ganan méritos ante Dios pues son realizadas por seres pecadores, sin embargo agradan a Dios porque son el resultado de la gracia de Dios y declaran su misericordia. (Encyclopedia of the Reformed Faith, D. K. McKim, pág. 337, 338)

           

            9. La Elección.  “Desde la eternidad, libremente y por pura gracia, sin acepción de personas, Dios predestinó o eligió a los santos que él quiere salvar en Cristo, “Dios... nos escogió en él antes de la fundación del mundo.” (Efe. 1:4)  Así que, aunque no a causa de algún mérito nuestro, Dios nos ha elegido, no directamente, sino en Cristo y por causa de Cristo... los santos son elegidos en Cristo por Dios para un propósito definido, que el mismo apóstol explica cuando dice: “Nos escogió en él... para que fuésemos santos y sin mancha delante de él en amor habiéndonos predestinado para ser adoptados hijos suyos por medio de Jesucristo... para alabanza y gloria de su gracia.” (Efe. 1:4) (C–5.052-54). Dios nos escogió en Cristo “solamente por su libre gracia y puro amor, sin anticipar la fe o las buenas obras, ni la perseverancia en ninguno de los escogidos y cualquier otra cosa en la criatura que le sirviera como causa o condición que le moviera a hacerlo y todo para la alabanza de su gloriosa gracia.” (C-6.018)

 

            10. La Vida del Pacto. “Es tan enorme el distanciamiento entre Dios y las criaturas racionales que, aunque los seres humanos le deben obediencia por ser su Creador, sin embargo, jamás hubieran podido disfrutar de Dios por medio de sus bendiciones y recompensas, a no ser por alguna condescendencia voluntaria de parte de Dios, la cual él tuvo a bien expresar por medio de un pacto... Como el ser humano por su caída en pecado se incapacitó para la vida... el Señor tuvo a bien establecer el pacto de la gracia. Por medio de este pacto, Dios ofreció gratuitamente vida y salvación a los pecadores  por medio de Jesucristo, requeriendo de ellos fe en él para que pudiesen ser salvos, prometiendo dar su Espíritu Santo a todos los que él ordenó para vida, a fin de que quieran y puedan creer en él.” (C-6.037-39)

 

            11. Una Fiel Mayordomía, que rehuye la ostentación y busca el uso apropiado de las dádivas de la creación de Dios;  La Biblia establece que Dios es el dueño de todas las cosas  (Sal. 24:1, 2) y ha colocado a sus hijos como administradores de todos sus bienes. “Dios requiere de los administradores que cada uno sea hallado fiel.” (1 Cor. 4:2)

 

            12. Rechazo de la Idolatría. El reconocimiento de la tendencia humana hacia la idolatría y la tiranía, es un llamado al pueblo de Dios a trabajar por la transformación de la sociedad mediante la búsqueda de la justicia y vivir en obediencia a la Palabra de Dios (C-2.0500).

 

            13.  Símbolos en el Cristianismo. Un símbolo es una imagen o figura que representa un concepto de creencias o sucesos, y aunque hay muchos símbolos que se han empleado y se emplean en la Iglesia Cristiana desde sus comienzos, con el tiempo cambian de significado y son vulnerables a diferentes interpretaciones. La Iglesia Presbiteriana usa los símbolos como expresiones de la fe, a fin de que esta sea reafirmada en forma visible.  Algunos símbolos tienen carácter Bíblico y Teológico, como la cruz, la paloma, el pan, el agua, el vino y la zarza ardiente, etc. otros son para levantar el nivel de referencia y así reforzar la adoración en el culto público como la toga del ministro, del coro, o del liturgista, que dirige el servicio, los colores litúrgicos, las velas encendidas que hablan de la presencia del Espíritu Santo, las banderas, etc.

 

            14. Acerca de la Virgen María. Según las Escrituras, María es la más bienaventurada entre todas las mujeres, al haber sido otorgado el inmenso privilegio de ser un instrumento escogido del Señor, para traer al mundo al Verbo encarnado.  Como tal le amamos, reconociéndola como la madre de Jesús el hombre, y seguimos su ejemplo en alabanza y adoración a Dios como ella lo hizo, reconociendo que era solamente una sierva del Señor y no una deidad, ni objeto de adoración y veneración. (Lucas 1:39-55, Mateo 4:10, Hechos 10:25-26; Apocalipsis 19:10, Romanos 1:25).

 

 

Los Sacramentos

 

            La Palabra de Dios enseña que sólo hay dos sacramentos instituidos y ordenados por nuestro Señor Jesucristo; estos son: El Bautismo y La Santa Cena.

 

            El Bautismo nos muestra la gracia de Jesucristo y afirma a los creyentes y sus hijos que son herederos del pacto de gracia.  Es el símbolo visible de una gracia invisible (W-2.3000-2.3011). También simboliza la nueva vida en Cristo (Romanos 6:1-4) y debe administrarse en nombre de la Trinidad, según lo establece la Biblia, así “en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo” (Mateo 8:19).  El Bautismo no salva (Hechos 4:11-12) y debe usarse solamente agua como símbolo de pureza.  Puede administrarse por derramamiento, aspersión o inmersión, pero es fundamental que sea en el nombre de la Trinidad (Mateo 28:19).

 

            Realizar el bautismo de niños, es un privilegio. La Palabra de Dios dice: “Dejad los niños , venir a mi. . . ya que de ellos es el Reino de los Cielos” (Mateo 19:14), nadie tiene derecho de negar el sacramento del bautismo a un niño.  Los creyentes tienen el privilegio y el deber de traer a sus niños/niñas y ser presentados para recibir el bautismo Cristiano como símbolo y sello de que también ellos son parte de la familia de Cristo e hijos del Pacto Divino en Cristo Jesús (Hechos 16:15, 16:33, 1 Cor. 1:16; 10:1-4) (W-2.3014).

 

            La Comunión o Santa Cena. Este sacramento también fue instituido por el Señor, y lo consideramos como un gran privilegio dado a quienes no lo merecen, y nunca un derecho dado a los merecedores. La Santa Cena es parte integral del culto a Dios y no una añadidura.  Alrededor de la mesa del Señor, el pueblo de Dios está en comunión con Cristo, y con todos los que son de Cristo. La reconciliación con Cristo implica la reconciliación de los unos con los otros. Al venir a la mesa del Señor los fieles activamente buscarán la reconciliación en cualquier conflicto existente, o división entre ellos y sus vecinos. En la mesa de Comunión, la comunidad de creyentes queda unida con la Iglesia en todo lugar, a todos los fieles en el cielo y en la tierra.  Renovamos los votos hechos en el momento del bautismo, comprometiéndonos amar y a servir a Dios, unos a otros y al prójimo (W-2.4006). Durante la Cena del Señor, la Iglesia celebra gozosa la fiesta del pueblo de Dios, y anticipa el gran banquete y comida nupcial del Cordero (W-2.4007).  Creemos que el Señor Jesucristo está presente en la Iglesia y en el individuo cuando participamos en la comunión (1 Cor. 21:23-26). El Bautismo y La Cena del Señor son por su naturaleza de tipo comunitaria, pero la preparación para y la recordación de estos sacramentos es importante en la disciplina de la adoración personal (W-5.2001).

 

El Culto Público

 

            El culto público es iniciado por Dios, porque El es quien nos atrae a su presencia. Una vez delante del Altísimo, nuestra reacción es darle loor, mostrarle nuestro amor y gratitud, confesar nuestro pecado, escuchar su Palabra leída y explicada, darle gloria con la música y cantos, elevar nuestras oraciones de confesión de pecados, de gratitud, testimonio y ofrendas. En el culto Cristiano el pueblo responde al reclamo de Dios, y a su acción redentora en Jesucristo. Cuando el pueblo responde así al Señor, los creyentes son transformados y renovados.  En la adoración los fieles se ofrecen a si mismos a Dios y son equipados para su servicio al mundo (W-1.1001).

 

            El Culto es a Dios y dirigido a él, no debe ser para halagarnos o agradarnos a nosotros mismos, mucho menos para alabar y dar loor a cualquier cosa creada en lugar del Creador, lo cual sería idolatría. El orden y secuencia en que se conduce el culto público es responsabilidad del Consistorio.  No necesariamente debe seguir formas rígidas, pero un culto a Dios hecho negligentemente, puede ser una ofensa a Dios y una piedra de tropiezo para su pueblo. Todo debe hacerse “decentemente y en orden” (1 Corintios 14:40).

 

La Mayordomía Cristiana

 

            El Cristiano reconoce que todo lo que posee le pertenece a Dios, quien es el dador de todo y dueño absoluto de todo y que únicamente somos administradores de los bienes. Debemos entonces como fieles mayordomos traer lo que a Dios le corresponde. 

 

            Cuando Jesús fue cuestionado sobre el pago del impuesto al César dijo: “Dad al César lo que es de César, y a Dios lo que es de Dios” (Lucas 10:19-26). Jesucristo estaba estableciendo el cumplimiento como Cristianos de pagar nuestros impuestos y de darle a Dios lo que le pertenece, por lo tanto debemos hacerlo con alegría y sencillez de corazón. El Señor Jesucristo nos dice que este es el más grande mandamiento: “Amarás al Señor tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma y con toda tu mente” (Mateo 22:37), pertenecemos a Dios y cuando se trata de dar algo a Dios, lo menos que podemos es darle nuestro ser.  Cuando nos referimos a una entrega total, también estamos incluyendo los bienes que Dios nos ha proveído; como nuestros antepasados según lo establece la Palabra de Dios, ofrecieron el diezmo, así este deber Cristiano toma vigencia en nuestros días cuando debemos de proveer para la casa de Dios y ofrecer nuestras ofrendas y diezmos para el engrandecimiento de la vida y misión de la Iglesia del Señor en la tierra.  Esta es una obligación ética que Dios premiará con bendiciones hasta que sobreabunden. (Mal. 3:10) El concepto de mayordomía no se limita únicamente al dinero, también está integrado por la persona misma, el uso de nuestros talentos y habilidades que Dios nos dio, debemos ponerlas al servicio del Señor en su Iglesia local.

            Para desarrollar una Iglesia triunfante y gloriosa, necesitamos someternos al Señorío total de Jesucristo y depender totalmente de Dios.  El Espíritu Santo obra en cada corazón y en cada vida. La Sangre de Cristo, limpia y transforma vidas. Es tiempo de proclamar con gozo y amor las Buenas Nuevas de salvación como verdaderos y fieles mayordomos de Dios.

 

 

Ser Miembro

 

            El Libro de Orden define el ser miembro como un ministerio y añade que este acepta el llamado de Jesucristo para envolverse responsablemente en el ministerio de la Iglesia. Tal envolvimiento incluye: Proclamar las buenas nuevas de salvación, participar en la vida común y en la adoración de una Iglesia local, orar y estudiar las Escrituras y la fe de la Iglesia cristiana, sostener la labor de la Iglesia mediante dádivas de dinero, tiempo y talentos, participar en las responsabilidades gubernamentales de la Iglesia, demostrar una nueva calidad de vida dentro de la Iglesia, responder a la actividad de Dios en el mundo mediante el servicio a otros, vivir responsablemente en las relaciones de la vida tanto en lo personal, como en lo familiar, lo devocional, lo político, lo cultural y lo social, trabajar en el mundo por la paz, la justicia, la libertad y el desarrollo humano (G-5.0102).

 

 

Preguntas para Nuevos Miembros

 

El Libro de Orden, en ediciones anteriores, contenía las siguientes preguntas que se pueden utilizar, y pueden variar, según acuerde el Consistorio en cada Iglesia local, sin omitir la esencial que es creer y aceptar a Jesucristo y cumplir la misión que El nos ha dado:

 

1.   ¿Reconoce usted que es pecador(a) y que la única esperanza de salvación está en la soberana misericordia de Dios?

 

2.   ¿Cree usted en el Señor Jesucristo como el Hijo de Dios y el Salvador de los pecadores, y lo recibe y depende solamente en El para salvación conforme se ofrece en el Evangelio?

 

3.   ¿Resuelve usted y promete, en humilde confianza en la gracia del Espíritu Santo, que se esforzará en vivir como deben vivir los seguidores de Jesucristo?

 

4.   ¿Promete usted servir a Cristo en la Iglesia, sosteniéndola y participando en su servicio a Dios y en su ministerio a otros, haciendo lo mejor que pueda?

 

5.¿Acepta usted y promete someterse al gobierno y disciplina de la Iglesia Presbiteriana (EUA), y procurará su pureza y paz?

 

 

El Decálogo de mi Relación con Dios y mi Iglesia

 

1.     Al iniciar y concluir el día abriré mi Biblia, meditaré en un pasaje y este me ayudará a examinar mi propia vida.

 

2.     Oraré constantemente pidiéndole al Señor sabiduría y amor para relacionarme con mis hermanos y los recordaré en oración este día.  Les demostraré cuanto los amo.

 

3.     Seré leal a Dios, la Iglesia y a mis hermanos, soportando con amor sus debilidades.  Aceptaré a los demás tal como son, evitaré criticar, calumniar, difamar y hablar mal de mis semejantes por los cuales CRISTO murió.

 

4.     La Iglesia del Señor me necesita.  Este día daré lo mejor de mí; incluyendo: Tiempo, dinero, bienes; para convertirme en bendición a otros.

 

5.     Aprovecharé toda oportunidad para que la persona más cerca de mi reciba la Palabra de Jesús y le invitaré a la Iglesia, para que confirme su fe.

 

6.     Me gozaré pensando en mi disposición de participar dentro de la Iglesia del Señor, a la cual serviré con fervor, empeño y amor.

 

7      Me esforzaré por hablar menos de mí y demostrar con mi testimonio que Dios ha hecho y continua haciendo en mi vida.

 

8      Estaré siempre consciente que la obra de Dios debe seguir adelante, por ello es vital mi responsabilidad y fidelidad con mis ofrendas, diezmos y promesa financiera.  Debo aprender a amar a Dios no solamente de palabra, sino también de hechos.

 

9.     Seré humilde y siempre tendré una actitud dispuesta que Cristo crezca dentro de mí.

 

10    Cuando el enemigo ponga en mí desánimo, lo reprenderé con el poder del ESPIRITU SANTO.

 

 

Convenio de Lealtad con la Iglesia del Señor

 

Las relaciones saludables entre nosotros deben ser de máxima prioridad mientras estemos juntos en el ministerio.

 

Por eso, los siguientes principios son una lista que hemos convenido ante Dios, para ponerlos en práctica en nuestra vida juntos aquí en la Iglesia Presbiteriana local.                       

 

Nosotros convenimos:

 

I    No guardar rencor, compartir nuestros sentimientos de dolor o enojo cuando estos brotan para recibir y dar perdón. Con el entendimiento de que podremos apelar a las altas autoridades, cuando sea necesario (Hebreos 12:15 y Mateo 18:15).

 

II   Mantener el Principio de “Buen Reporte”, esto es: yo no daré, ni recibiré un mal reporte acerca de otro miembro de nuestra Iglesia, líderes o la congregación.  Y amorosamente iré directamente a la persona afectada y trataré de reconciliarlo y me encargaré de su cuidado para su propio bien y el cuerpo de Cristo: su Iglesia (Proverbios 17:21 y Efesios 4:29).

 

III Concedemos permiso a otros miembros de venir y compartir nuestros sentimientos, después de haber orado acerca de ellos; con el entendimiento total que aún en nuestros fracasos, debemos ser sinceros y bien intencionados (1 Corintios 13:7 y Proverbios 27:17).

 

IV Compartir el privilegio de comunicarnos realmente, escucharnos y honestamente compartirnos (Santiago 1:19 y 5:16).

 

V  A orar, a tomar tiempo con Dios, sabiendo que “el enojo del hombre no obra la justicia de Dios” (Santiago 1:20).

 

“ . . . Haciendo un esfuerzo por mantener la unidad del Espíritu y la bondad de la paz.” (Efesios 4:3)

 

                                                        

                    Firma _____________________________________________________________

 

 

 

1