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Pedro Campos

 

Sí, Comandante, estoy apurado

Recordando una anécdota de mi único encuentro personal con el Comandante Raúl Castro.

“Avanzar es peligroso, detenerse es más peligroso aún y retroceder es la muerte.” Che.

En 1964 en una reunión con jóvenes argelinos, analizando los problemas de la economía cubana de entonces, particularmente la Reforma Agraria y las nacionalizaciones de grandes extensiones de tierra, el Comandante Ernesto Che Guevara dijo la frase que encabeza este artículo, por cierto, poco divulgada hoy. Le encuentro mucho parecido con aquella otra, célebre para los revolucionarios cubanos, expresada por el Comandante Raúl Castro: “Atrás, ni para coger impulso”.

Fueron frases pronunciadas en los años cubanos de revolución permanente, interna y externamente, cuando las medidas revolucionarias en el orden económico y social se sucedían y como respuestas a nuevas agresiones imperialistas se tomaban otras de mayor impacto. En esa vorágine: Reforma Agraria, las nacionalizaciones, Girón, la alfabetización, el Escambray, las milicias, recogidas de café, cortes de caña y movilizaciones políticas de todo tipo, creció la generación que era niña cuando triunfó la Revolución, la que en 1968 rondaba los 20 años, la del otro Centenario, el del inicio de las guerras de independencia, la dispuesta a luchar en cualquier parte del mundo, en cualquier calle, en cualquier casa, la que también sacrificó estudios, juventud y proyectos de vida por cumplir cuantas misiones se le dieran por la Revolución, la que dio poetas y músicos como Silvio y Pablito.

De aquella generación algunos grupos específicos fueron preparados e incorporados a las tareas más difíciles y riesgosas. La mayoría, en esos grupos, eran dirigentes comunistas estudiantiles regionales, provinciales y nacionales. Después, sumergidos en el mar revolucionario dejaron de ser cantera para la FEU, la UJC el Partido y el Estado y ninguno ha sido nunca más dirigente político de ningún nivel fuera de su ámbito laboral, ni miembro del Comité Central, ni de ningún órgano superior del Poder Popular, ni ha tenido ninguna función mayor en ninguno de las organizaciones políticas, ni en los ministerios, en fin en el aparato de gobierno, solo alguna que otra responsabilidad de segundo nivel.

De aquellos grupos de jóvenes, fieles a toda prueba a la Revolución, que todo lo entregaron y nunca nada pidieron ni tienen, salvo sus modestos medios de vida, que no dirigen ni administran ninguna empresa estatal en combinación con el capital extranjero, no disfrutan de prebendas especiales, ni son dueños de paladares ni de palacetes de alquiler, y que tienen como único y sano orgullo no sus muchas medallas y condecoraciones, sino la satisfacción del deber cumplido ante cada tarea que le orientó la dirección de la Revolución, ya peinando canas y rondando los 60 años, todos están interesados en que Cuba supere su actual etapa, se profundice el socialismo y seamos capaces, como nos pidió Fidel de evitar la reversibilidad de la Revolución.

En la actualidad, una parte de esos compañeros está jubilada o separada por algún o ningún motivo, lo mismo pueden encontrarse en la campaña contra el mosquito, cubriendo de CVP en una empresa, como Delegado de base del Poder Popular, Coordinador de una Zona de los CDR, dirigiendo una organización de base de la Asociación de Combatientes, como un asalariado más en alguna corporación estatal, haciendo de boteros, o siguen todavía cumpliendo misiones en las instituciones del gobierno revolucionario, algunos ya avejentados por los avatares revolucionarios y otros enfermos se dedican a hacer los mandados y a cuidar los nietos.

Si muchos de los que pertenecemos a esa generación y especialmente a esos grupos, que andamos rondando los 60 años ahora nos preocupamos porque notamos niveles de inmovilismo en los pasos que urge acometer a la Revolución y quisiéramos que las medidas económicas políticas y sociales necesarias se tomaran con más celeridad, la culpa es de Fidel, de Raúl y del Che que en nuestros años infantiles, de adolescencia y juventud nos educaron en el progreso constante de la Revolución, mirar para adelante, avanzar siempre, no detenerse. 

Fidel, Fidel, dinos que otra cosa tenemos que hacer. 

Pa´lante y pa´lante.

Si avanzo sígueme, si me detengo empújame, si retrocedo mátame.

Socialismo o Muerte.

No esperen otra cosa de la generación del 68, que siendo la primera en llevar la pañoleta bicolor y entonces la boina roja, fue también la primera que repetía todas las mañanas: Pioneros por el socialismo (se decía al principio): seremos como el Che.

Quizás el Comandante Raúl Castro no se acuerde de esta anécdota: Estamos en 1967 y los estudiantes universitarios deciden graduarse en el II Frente Frank País, para lo cual se reeditó la marcha de Raúl Castro y sus hombres, de la sierra Maestra a la sierra Cristal. Entre los jóvenes que realizábamos estudios secundarios, fuimos invitados a participar en la marcha los dirigentes estudiantiles que habíamos sido delegados al IV Congreso Latinoamericano de Estudiantes (el IV CLAE) que se había acabado de celebrar en La Habana.

Para la marcha se organizaron varios pelotones: el de los combatientes con Raúl al frente, uno por cada Universidad de entonces (La Habana, Las Villas y Oriente) y el pelotón de los estudiantes secundarios. Guardo aun, el carné de la Marcha firmado de puño y letra por el Jefe del II Frente.

Por qué, no lo recuerdo, pero la mayoría o quizás todos los días de aquella marcha, al pelotón de los estudiantes secundarios nos tocaba la retaguardia. Se nos exigía orden en la caminata y guardar la formación de la columna. Pero algunos de los jóvenes secundarios, “el mulo”, “el fogoso”, Tomasito y otros siempre nos las arreglábamos para irnos mezclando con los pelotones del centro y luego con los de la vanguardia y casi siempre llegábamos entre los primeros. No era ninguna competencia con nadie, era simplemente el deseo de acabar de llegar para colgar la hamaca y descansar, ser los primeros en la cola de la merienda, el almuerzo o los refrescos, pero era también la formación vanguardista política que habíamos recibido y que costaba trabajo ajustar al orden militar. Así nos hicieron los dirigentes de la Revolución, así somos y ya rondando los 60, no se nos puede pedir que cambiemos. Somos hijos legítimos de esta Revolución, crecidos con ella.

Colgado a la mochila llevaba yo siempre el plato de campaña y recuerdo que uno de esos días, luego de pasar a un grupo de combatientes, siento un tintineo metálico a mis espaldas, alguien venía dándome golpecitos con algún objeto en el plato de campaña, miro para atrás y me tropiezo con la figura del Comandante Raúl Castro, que sin darme tiempo a nada me preguntó, más o menos: ¿Oiga jovencito, va Usted apurado? Y yo, como para dar menos tiempo a más preguntas y por respeto, le respondí: Sí Comandante estoy apurado, y con la misma, seguí vista al frente y aceleré el paso, distanciándome más rápido aún del grupo en que venía Raúl con su escolta.

Hoy cuando recuerdo aquélla anécdota y noto lentitud en asumir los “cambios estructurales” que necesitamos, me parece estar de nuevo viendo la cara del jefe revolucionario, haciéndome la misma pregunta, esta vez referida a la situación económica social y política del país y a las propuestas que vengo haciendo hace ya 16 años desde su llamado al IV Congreso en 1991. Aquella, cuando la marcha, fue la única ocasión en que estuve cerca de Raúl y crucé palabras con él, pero si ese intercambio -que recuerdo con toda nitidez- se volviera a repetir ahora, tenga la seguridad el compañero Raúl que mi respuesta sería la misma de hace 40 años: Sí Comandante, estoy apurado.

Y no es por gusto, ni para llegar primero a la merienda: Es muy peligroso para la Revolución seguir a la marcha lenta en que se está moviendo, después de haber reconocido el Comandante en Jefe que esta gran obra de todos la podemos destruir nosotros mismos con nuestros errores. Ese Fidel revolucionario, que pedía cambiar todo lo que debe ser cambiado, desgraciadamente hoy no está en plenitud de formas no obstante sus esfuerzos por seguir en combate. Tampoco parece humano pedirle en sus condiciones actuales que siga al frente de la marcha forzada que necesitamos. No fue por casualidad que Raúl haya quedado como Presidente interino. La Revolución necesita que actúe.

Hay que apurarse. La inconformidad aumenta, los jóvenes se siguen yendo, los trabajadores van perdiendo la confianza, el marabú sigue creciendo, las condiciones de vida de la pobresía siguen declinando y las mejoras en el transporte se volverán coyunturales si no modificamos la forma de organizarlo de manera que los trabajadores se sientan dueños de los nuevos equipos, lo que no se logra con aparentes mejoras salariales. La prensa del propio Partido y una parte de la intelectualidad no muestran siquiera interés en el debate, no se sabe quien le hace el juego a quien: si los inmovilistas de dentro que lo ignoran, o la contrarrevolución de afuera que lo considera “más de lo mismo”. Las filas del oportunismo se confunden con las de la Revolución. Algunos quieren ocultar los errores para que se sigan repitiendo hasta el desastre. A otros solo les preocupa su cargo y su carro de chapa blanca, azul o carmelita que dependen de arriba. Mientras, los partidarios solapados del capitalismo fortalecen sus posiciones y siguen acumulando riquezas derivadas del desorden económico que genera la excesiva centralización. 

Con toda claridad: urge realizar importantes transformaciones en vida de Fidel, luego todo será más difícil. Miami y Washington, esperan pacientes ver caer la fruta madura. 

Ante todo este marasmo: es mejor dejar de ser, que dejar de ser revolucionario, de manera que aquí estamos combatiendo por la consolidación de la fase socialista de nuestro proceso, la cual se hace ya impostergable, tenemos que avanzar aceleradamente a las nuevas relaciones de producción. 

El enemigo imperialista que ha trabajado precisamente por agotar el sistema desde sus propios errores, aguarda el momento para realizar un cambio de política brusco del bloqueo y la presión al acercamiento y la penetración que podría justificar con la desaparición física del Comandante en Jefe. Para entonces aumentarían el peligro de la debacle restauradora del capitalismo. Fidel lo dijo muy claro: solo los revolucionarios podemos autodestruir esta Revolución. Si la restauración ocurriera, solo nosotros seríamos los responsables, por mucha labor contrarrevolucionaria que hubiere, por mucho bloqueo imperialista.

En estas circunstancias, se hace más necesario que nunca tener bien claras las causas y circunstancias de la caída del Campo Socialista y, desde la distancia, valorar todas aquellas experiencias en función de nuestra propia práctica de lucha por la construcción de la nueva sociedad frente al Imperio. 

El desarrollo económico-social se rige por leyes que existen y funcionan independientemente de nuestros deseos. Grave e imperdonable error sería creernos un pueblo “elegido” exento de tales leyes.

El trabajo asalariado es la condición de la existencia del capitalismo, reza en el Manifiesto Comunista. Es elemental, pues, que la desaparición del capitalismo implica la eliminación de las condiciones de su existencia. Mientras exista trabajo asalariado, y el capital esté en manos privadas o estatales y no bajo control directo de los trabajadores asociados, habrá plusvalía, habrá explotación del trabajo ajeno, habrá alguna forma de capitalismo. Mientras exista trabajo asalariado mayoritariamente, en la sociedad concurrirá la condición de la existencia del capitalismo y será posible su restauración. Es un problema teórico y práctico concreto, una ley de la economía política ya verificada en la práctica del “socialismo real”. Los asalariados no son dueños ni se pueden sentir dueños de los medios de producción, por eso no defendieron el “socialismo real”

La Revolución continuará, se consolidará y avanzará si cuenta con el apoyo mayoritario decidido de las masas, especialmente los trabajadores y con un consenso entre la población. Los de abajo son los que más apurados están, ellos con su actuación práctica están marcando el paso, la Revolución debe asumir ese paso o correr el riesgo de rezagarse. 

Profundizar el socialismo hoy, implica cambiar -como dijo el Jefe en funciones- las estructuras que sean necesarias. Y las estructuras son las que soportan todo el andamiaje socio económico que tiene su fundamento en las relaciones de producción distribución y consumo.

La frase del Che tiene plena vigencia. Es verdad: avanzar, dando más posibilidades a la crítica, al análisis, a las discusiones, a lo nuevo tiene sus peligros. No olvidamos la Glassnot y las divisiones en la URSS y sus implicaciones, pero en estas circunstancias, detenerse es más peligroso aún, porque impide la crítica sana y constructiva que necesitamos para encontrar el mejor camino consensuado entre todos los revolucionarios; más, desconocer ahora las opiniones y sugerencias que están dando los militantes y el pueblo sería retroceder y eso podría implicar un distanciamiento fatal entre el pueblo y la dirección y eventualmente la propia muerte del socialismo en Cuba, algo que ningún revolucionario acepta.

De una vez, acabemos de completar la fase socializadora de nuestra Revolución Socialista que debe ser participativa, democrática y autogestionaria, el asalto al cielo iniciado en París en 1871, continuado en San Petesburgo en 1917 y seguido en Cuba en enero del 59 y con el pueblo y junto al Che y en homenaje a él: “Seamos realistas y hagamos lo imposible."

La Habana, 7 de Octubre de 2007, en recordación del 40 Aniversario del Asesinato del Che.