El verso con métrica y rima

 

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  JOSÉ LUIS MUÑOZ  

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DIRECTORIO DE ESTE AUTOR

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      SU OBRA 4 ——  OTRAS POESÍAS     

En esta página encontrarás las siguientes poesías:


 

TIEMPO Y ESPACIO

No quise ser lo que fuera
rondando el vacío espacio,
mas quise ser yo despacio
y traspasar la barrera.

Y el tiempo jugó conmigo,
y enlució mi calavera,
y en sus brazos de arpillera
me abrazó el espacio amigo.

El amor, el dolor, la vida… ¡Todo es tiempo!


Intangible es la pena. Sin medida
el tesón es etéreo. Todo es duda
que dilata la mente y que desnuda
la verdad de una muerte no querida.

El dolor ni se muda ni se vende,
intangible es el tiempo fratricida
y el amor sólo es tiempo y sólo es vida
que del leso pasado se desprende.



Amor, dolor y justicia
son eslabones del tiempo.
—Cadena de la avaricia—

El tiempo y el espacio limitan la libertad.


Como un agrio rasguño que doblega
el dogma silencioso de lo humano;
como daga punzante a contramano
que vence la razón y que la niega,
al ancho corazón la vida ciega
le arranca lo divino y lo profano.

Así, el hondo futuro iridiscente
del ansia libertaria del pasado
se cierra en el eterno y acerado
camino solitario de lo ausente.

Libertad sin cadenas en la frente
no existe ni en sentido figurado
si el tiempo y el espacio no han cruzado
el limite intangible de la mente.



Aquí está pues lo que queda
al mirar y ver el alma.
Aquí, la eterna moneda
sin lugar ni espacio; en calma.


Supera el espacio y quedará sólo un aquí.
Supera el tiempo y quedará sólo un ahora.


Tengo la boca amarga, la sed arrepentida,
y es de tanto beberte, ¡oh esclavitud dorada!
No sé cómo negarte si ocultas tu caída,

no sé cómo exigirte si ya me pides nada.
Hoy, después de mi viaje al fondo de la mente,
recorro tu ramaje cortando a dentellada,

y ya ves, —no te temo—, te sorbo, soy valiente,
me bebo tu ira ciega desnuda de armonía
y sin querer aspiro tu aroma indiferente.

Ahora el tiempo no es tiempo; —es sólo todavía—
es un ahora eterno fragante en la enramada,
un resurgir del viento sin el confín del día.

Y el allá no es espacio; —es sólo una mirada—
es el aquí perenne de un trazo ya olvidado,
el guiño adormecido hiriente de una espada.

Dile por eso al tiempo que de amor me he marchado,
que tengo el rostro frío y el gesto enamorado.
Y al gris espacio dile que silbe mi alborada;
que es mi huella camino, ¡oh esclavitud dorada!



Vida y muerte sueños son,
son espacio y son quimera,
son en el tiempo testigo
del amor que todos sueñan.

El amor es un regalo etéreo del tiempo.


¿Cuándo tendré el alma preparada para el llanto,
inocente el canto y habitada la tristeza?
¿Cuándo, corazón, podré, di, aceptar que empieza
a menguar la luz irradiante de su encanto?

Yo, que vi nacer su pasión, ya no sé cuánto
durará este amor infiltrado de aspereza,
mas sé del dolor que me causa la certeza
de ser el ayer de quien ha querido tanto.

Dile, pues, razón, al espacio que me quema,
que ante mi letargo su mirada está vacía;
—quieto allí su gesto, mi inocencia allá, cautiva—

Y cuéntale al tiempo que he nacido a su dilema,
que el ayer es hoy y que el hoy es más de un día
y que el amor deja mi mañana en carne viva.

02–10–03





MUERTE Y VIDA
 
Yo pretendo seguir enamorado
de la vida que muestra mi destino;
Subsistir por la muerte atenazado
es morir murmurando mi camino.

 
 
No me opongo al final de mi existencia,
no persigo el futuro ni el pasado,
no codicio sumirme en la inconsciencia
 
de este infierno a un cruel cielo condenado.
Siento, así, el sueño eterno en tal manera
que hasta el ser se me antoja atormentado.
 
No pretendo morir en la quimera
de acabar resurgiendo en el olvido
que oprime mi irrisoria calavera.
 
Doy ahora por zanjado lo vivido
renaciendo en la esencia de las flores
que alivianeste infierno tan temido.
 
Y alejo mi lamento de terrores,
y doblego el ronco eco de la muerte
asilando razón de mis amores.
 
Volveré al fiel legado del inerte.
Cumpliré la sentencia oscura y fría
por mortal prisionero de esta suerte.
 
Pero muerte... clausura esta agonía
de vivir un futuro sin presente;
deja al menos que el aura umbría
acalle los temores de mi mente.

20—04—01




 NO, TÚ DECIDES


Ayer hablé con la Luna,
me dijo que ya era tarde,
que las campanas del puerto
repicaban soledades
y que la nube de estaño,
robando sombras al aire,
tejía, con los confines,
lamentos bajo los sauces.

—¿Soledad, dónde te has ido
a enjuncar tu fino talle?
Ayer me dijo la Luna
que sobraban soledades—.


Soledad, mi compañera,
se fue a la noche distante
llevando de luna el rostro
y de viento los andares,
y allá, tendida en el suelo,
sobre cartones de jaspe,
la encontraron un mal día
con charoles en la sangre.

—¿Soledad, qué te ha pasado
que tu mal no sabe nadie?
Ayer me dijo la Luna
que no hay llanto que te aguarde—.


Brisas de cobre llegaron
cortando a filo la calle.
Domadores de penuria
enhebraron soledades
cuando la aguja, dormida,
cayó de su brazo exangüe.

—Soledad, tú no eres nada
en las alas del arcángel.
La Luna llora en el puerto.
Lloran sus ojos de madre—.


07–06-03

 

         CELOS
 
El hierro en la forja
defiende la fragua
El fuego ya templa
a golpes su espada.
 
Cuchillos de hielo
recorren al alba
sus lacios cabellos;
su frente encrespada.
 
Claveles de sangre
despuntan la llama.
El aire trasluce
reflejos de plata.
 
Fría, en las tinieblas
de la madrugada,
su cuerpo sin vida
a solas descansa.

22—01—01

 

CASTILLA Y LEÓN
 
¡Ay Castilla , mi Castilla!
sol de luz y  pensamiento.
Compañera, madre, hermana.
¡Castilla del Sufrimiento!
 
Vencida Castilla  humilde,
guardas en vano tus miedos,
escondes cruel el pasado
y dormidos los recuerdos.
 
Comunera, ¡gris Castilla!
saca de nuevo tu genio
que nada debes a nadie.
Tu voz es pasión y empeño.
 
Temprana Castilla ufana,
amada tierra de legos,
nunca te siento lejana.
¡Te llevo en mi pensamiento!

15—05—99

 

 PAZ

El manto era de flores tibiamente amarillas,
el río, melancólico de solitarias horas,
a su paso lamía el légamo de orillas
que algún mirlo dejara entretejiendo auroras.

Erraba tenue el viento un cántico sin notas
y un suspiro besaba la magia de la rosa,
y allende las orillas, en soledades rotas,
un sauce gris lloraba su esencia cadenciosa.

Todo tenía luz; ceñida a blanca sombra
la yerba, lasa y fría, dejaba en la memoria
un dulce aroma a campo, y en la bendita alfombra
el agua musitaba el eco de una noria.

Y allá, muda, lejana, celeste entre la fronda
se cobijaba el alma desnuda y melancólica.
La tarde iba cayendo. Aquella paz tan honda
arrancaba bellezas a su ascensión bucólica.

30–10-03 

 
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AUTÉNTICA POESÍA - Herrera/Muñoz - 2001

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