El verso con métrica y rima

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   JUAN CERVERA  

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DIRECTORIO DE ESTE AUTOR

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        SU OBRA 2        

  Fragmento de la obra  Si es que muero mañana cinco décimas y ocho sonetos.


        Llamo a tu puerta, Quimera,
        con mi voz desesperada.
        Sigue tu puerta cerrada
        y es invierno en primavera.
        Llamo a tu puerta... Quisiera
        lo que por tanto querer
        quizá nunca pueda ser.
        Y lloro frente a tu puerta
        con la mirada desierta
        de tanto mirar sin ver.

         

       Perdido vengo de tu vientre absorto.
      Busco la luz y el agua en tu mirada
      y tú estás ciega y, como yo, cansada
      de esperar y esperar la flor del orto.
       
      ¿Nunca amanecerá? ¿Soy un aborto
       de un aborto que viaja por la nada?
      ¿Pero por qué esta fiel sombra angustiada?
      ¡Oh esta vida tan larga en ser tan corto!
       
      No sé, no sé si tú sabes que lloro
      sobre la verde arena del desierto
      donde tus huellas hablan de mi ausencia.
       
      ¿Nunca compartiremos el tesoro
      bajo el rosal azul del tiempo muerto?
      ¡Sólo aspiro, Quimera, a tu presencia!

       
       
      Ceniza yo; tú, viento. Sed en vuelo
      tu viento y mi ceniza en misionera
      vocación de alta nube, ¡oh mi Quimera!,
      por los ámbitos sílficos del cielo.
       
      Tú viento; yo, ceniza. ¡Y no me duelo!
      Cuando tú fuiste agua yo fui hoguera,
      y cuando yo fui llama, ¿quién fue cera?
      Todo viene y se va con el deshielo.
       
      ¿Acaso yo soy viento y tú ceniza?
      ¡Oh mi Quimera en sombra de salterio!
      ¡Cómo acercarme a ti sin deshacerte?
       
      Lo eternal, ¡oh Quimera!, se desliza
      por la infinita orilla del misterio,
      burla burlando el paso de la muerte.

         
         
        ¿Acaso nunca me oirás?
        ¿Me verás alguna vez?
        Fuera del agua vi al pez
        y en lo menos hallé el más.
        No sé si vienes o vas.
        No sé, Quimera, quién soy.
        Ayer sigue siendo hoy.
        ¿Hoy nunca ha de ser mañana?
        ¡Ah proximidad lejana
        donde por no estar, estoy!

         

       
      Puentes por donde nadie ... ¿Ya recuerdas?
      Puentes por donde un día ... ¡Oh aquel día!
      ¿Volveremos a vernos? ¿Quién decía
      que nunca antes nos vimos? No remuerdas,
       
      viejo tiempo sin voz, las viejas cuerdas
      de mi guitarra sola, donde había,
      hubo y habrá pedazos de alegría.
      Donde todo se pierde no me pierdas.
       
      Déjame concordar con tu domingo
      de nubes aldeanas Yo quisiera
      todo lo que ya quise. ¡Oh penitentes
       
      puentes por donde un día... ¡Te distingo!
      Y otra vez sabe el pozo a primavera
      y mi sed juvenil bebe en tus fuentes.

       
       
      Creo beber en tus fuentes. ¡Gran mentira!
      Tus fuentes ya no existen, ni existieron.
      ¿Dónde, cuándo y por qué las deshicieron?
      ¿Qué dulzura, de súbito, aquí es ira?
       
      Pienso en ti, rosa oscura, y mi alma mira
      sin ojos el abismo que pusieron
      delante de mis ojos. Ya murieron
      otra vez mis jazmines. ¿Quién delira?
       
      Si bebiera en tus fuentes, otra fuera
      la noche de esta sed enfebrecida
      que me lleva a la nada y en la nada
       
      parece tener fin, principio y cera,
      como negra colmena desvivida
      en la noche abejar de tu mirada.

       

        Desmadejo la madeja,
        ovillo de mi ilusión.
        ¿Qué hilo de roja pasión
        en tu ventana se queja?
        Dolido viento, en la reja
        de tu ventana, mi amor,
        esclavo de su fervor,
        ¡oh cruel Quimera!, te llama
        desde la sed de su llama
        y el cauce de su dolor.

         

       En tanto que envejezco, oh luz amada,
      tu juventud parece detenida
      en la eterna mirada de la vida.
      ¡Oh, este tiempo llorando en mi mirada!
       
      No hay tiempo para mí, vuelvo a la nada
      con mi sed de ceniza. Tú, encendida,
      sigues indiferente a mi caída,
      dueña de tu infinita llamarada.
       
      Nunca sabrás que estuve aquí, sintiendo
      por tu causa el misterio de estar vivo,
      consciente de mi muerte a toda prueba.
       
      Lo supe yo y me basta. Sigue ardiendo
      fuera del tiempo tú; sea yo cautivo
      del tiempo que me trajo y que me lleva.

       
       
      Oigo tu voz sonámbula y rendida
      a la sed de las sombras. Di, ¿quién eres?
      Oigo y oigo tu voz y tú te mueres
      creyendo que por mí no eres oída.

      Hubo una vez ... ¿Tú sabes? Fue un suicida.
      ¡y este que soy, ay, fue tantos seres!
      ¿Y este que aún no soy? No me esperes.
      Ya no me esperes más, ¡Oh ciega vida!
       
      Ciegos somos. ¿Qué vemos? Nunca vimos.
      ¿Veremos? ¿No veremos? ¿Y estos ojos?
      Oigo tu voz, te digo. Sé que existes.
       
      ¿Sé que existo? No sé. Sí sé. Morimos.
      Caminar, caminar ... ¡Cuántos despojos!
      ¡Tú, misteriosamente, me desvistes!

       

         
        En los relojes parados
        te buscan mis horas muertas.
        Por tus salones sin puertas
        mis recuerdos olvidados
        vagan mudos y oxidados
        soñando con tus balcones.
        Llora un as de corazones
        porque no acepta su suerte
        y yo me muero por verte
        preso de mil sinrazones.

       
       
      ¡Oh insolación sin nombre por la arena!
      ¡Oh esquelético mar donde deliro!
      Refugio de la piedra en la que expiro.
      Sombra del mundo árbol de la pena.
       
      Me condena la vida a esta condena.
      Agonizo despacio en un suspiro.
      ¡Oh Quimera!, te busco mientras miro
      mis oxidados siglos en cadena.
       
      Preguntas y preguntas. Nada. Nada.
      ¿Acaso eres la Nada que es el Todo?
      ¡Oh Quimera!, ¿por qué juegas conmigo?
       
      Desde esta insolación desesperada
      te busco por la arena y por el yodo
      y como ayer por ti me contradigo.

       

       Después del aire anduve por tu luna,
      pero no lo recuerdo. Tengo frío.
      Tú ya no estás. Mi barca por el río
      no va a ninguna isla, ¡oh gran Ninguna!
       
      Los dioses del amor mezan tu cuna.
      Tiempo donde el espacio era tan mío.
      Sombra que conoció el libre albedrío.
      Después del aire, sí, tú, hermosa y una.
       
      Todo fue como un sueño. ¿Quién soñaba?
      Despierto noche y día condenado
      a no soñar jamás. Dame tu nombre.
       
      Después del aire todo se esfumaba.
      Mentía el espantapájaros cansado,
      como mienten la roca, el sol, el hombre.

         
         
         Dime qué hiciste, Quimera,
        de mis recuerdos mejores?
        ¿Los guardas con mil amores
        tú en tu memoria certera?
        Si mañana me muriera,
        Quimera, ¿los hallaría
        en tu feliz fantasía
        custodia de lo feliz?
        ¡Quién arrancó de raíz
        tu memoria de la mía!

 

 


AUTÉNTICA POESÍA - Herrera/Muñoz - 2001

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