El verso con métrica y rima

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  ANTONIO MACÍAS  

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DIRECTORIO DE ESTE AUTOR

su obra 1

su obra 2


    SU OBRA 1   


     En esta página encontrarás las siguientes poesías:

EL TIEMPO

No descansa el tictac del reloj machacante;
su pulso regular no detiene las horas.
Suelo llevar la cuenta y no veo demoras
en mi tiempo, que huye con zancada constante.
Se desagua la fuente, mi venero se agota;
sin volver a manar, entre piedras se muere.
Me conduce el compás cuyo ritmo sugiere
el eterno lenguaje de la cíclica gota,
la que ensancha los mares y alimenta el olvido.
Es ceniza volátil en el cosmos inmenso,
donde nada termina ni tiene un comienzo,
y mi breve existencia, con escrúpulo, mido.

 

 
AL CAMBIO CLIMATOLÓGICO

Oh, gran Naturaleza, atiende y dime:
¿Dónde están los arroyos
que eran adagios para el torpe oído,
resonando por lechos escabrosos?
¿Por qué la primavera ya no aflora
como antes, con rabia?
¿Por qué se ha transformado en suave estío
que destruye el espejo de las aguas?
¿Por qué estos veranos abrasantes
que aletargan mi espíritu,
cuando me deja, sin remedio, el sueño
y me sumerjo en noches de delirio?
¿Dónde estará el otoño gris y triste?
¿Por qué me ha abandonado?
No puedo contemplar por la ventana
a su cielo escupiendo húmedos dardos.
¿Y los inviernos? Ya no son de nieve,
son viejas primaveras.
No se hielan las lágrimas al aire
y no se cubre de candor la tierra.
¿Por qué callas, por qué hablas a destiempo,
tú, gran Naturaleza?
¡Ya lo sé! A tu misterio impenetrable
sólo el hombre conoce la respuesta.


 
A UN MIRLO

Por allí va un mirlo con su negra capa.
Allá lejos va a cruzar la charca,
buscando alimento en frondosa mata
de juncos, que hieren el cristal del agua.
Acróbata alegre, surcas la mañana
con tu pico de oro que besa la rama.
Pajarillo raro, al caudal explayas
el fúnebre atuendo que llevas a gala.
Espera. No huyas derecho a la arada.
Atiende mi súplica, mi escueta plegaria:
Tú que vuelas rápido y hondo en las vaguadas,
rizas el arroyo y posas tus patas
en el horno ardiente de la gris pizarra,
vuela alto, bien alto; sube a las chaparras
donde hojas inquietas se agitan en danza,
rozando las greñas de tristes retamas.
Remonta al celeste, al umbral de mi alma,
y no tengas miedo de cansar tus alas.
Allí escucharás el son de mi fragua.
Yo te ensalzaré en páginas blancas,
que te harán sentir la fina fragancia
de un versal torrente: mi hermosa palabra.

 

       A UN ALCORNOQUE

Tu tronco desciende en acantilado
sobre Sietearroyos; orilla escarpada
donde se deshace el corcho acabado,
abierto en canal de tu piel vejada.
El agua corroe tu añejo esplendor
y ríe entre espumas, huyendo de ti.
Compañero, sigo buscando el amor,
que me dio la espalda y renuncia a mí.
¡Oh, tosco alcornoque, paraguas abierto
de ramas vencidas por pesada copa,
levanta, atrevido, tu emparrado muerto
al triste y sombrío palio que te arropa!
Ya el gris del otoño tus verdes apura;
te ronda el invierno, mi callado amigo.
Deja que me arrime a tu costra dura
y, aferrado a ella, solloce contigo.

 

LAS ROSAS DE MIS AMORES

Frescas, crecían con vigor las rosas
en sus tallos esbeltos.
Suave aroma jugaba con el aire
en espacios abiertos.
Con mi primera caricia, una flor
vio la luz con espléndidos destellos
y en atuendo burlón de carnaval
el amor me hizo preso.
Tras derramar olores,
la rosa de abril se aja por momentos
y en agonía lenta
da los últimos besos.
Al morir cada una de mis rosas,
me atravesaba doloroso acero.
¡Oh, amor que nace y muere,
rosa que con dolor suelta los pétalos!
Extasiado por límpidas fragancias,
las rosas con pasión, sin desaliento,
mimé al calor de amores,
sin importarme los espinos cruentos.
No me herían sus dardos;
me herían corazones traicioneros
abriéndome en canal,
con oleadas de apasionado fuego
que incendió mi techumbre
y la abatió como grandioso cedro.
Hoguera acerba desmorona mi ánimo
con candentes recuerdos.
¡Ay!, si el dragón del silencioso olvido
los ahogara en su aliento,
mi alma descansaría en lecho suave,
en cenizas del horno del cerebro.
¿Vendrá un amor distinto
que restaure las flores de mi huerto?
¡Esperar! Me pregunto: ¿para qué?
y contemplo con lástima los pétalos.
Siento cerca el preludio de mi otoño
o, tal vez, ¿brotarán rosas de nuevo?



 MAÑANA HELADA

El sol está brillando ya sereno.
En las sombras que lanzan las encinas
sobre el monte, aún vibran los aceros
de la reciente helada.
Y en la luz pálida, recién parida,
arraiga el verde con fulgor de plata.

 

 


AUTÉNTICA POESÍA - Herrera/Muñoz - 2001

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