El verso con métrica y rima

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OTROS POETAS 3

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En esta página encontrarás poesías de
 

OTROS POETAS 3 Eusebio Blasco Soler
Rubén Dario
Vital Aza
Leopoldo Lugones
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Eusebio Blasco Soler

(Zaragoza, 28-04-1844 — Madrid, 25-02-1903)

        UN DURO AL AÑO


I

Monte arriba, cara al viento,
buscando reposo y calma,
íbame yo muy contento,
dándole descanso al alma,

y cuando al alto llegué,
y al dar la vuelta a la cima,
un rebaño me encontré
que se me venía encima.

Avanzaban las ovejas
marchando al paso tranquilas,
y pasaban las parejas
al sonar de las esquilas:

y a los últimos reflejos
de los rayos vespertinos
las vi perderse a lo lejos
por los ásperos caminos.

Detrás de ellas, lentamente,
dando al aire una canción
y sacando indiferente
su mendrugo del zurrón,

venía un pastor, un niño,
un imberbe zagalejo,
que me inspiró ese cariño
que es tan súbito en un viejo.

—¡Hola! ¿tú eres el pastor?
—Sí señor, ¿qué se le ofrece?
—¿Tienes padres?
                                 —no señor.
—¿Cuántos años tienes?
                                            —Trece.

—¿Y cuánto ganas, amigo?
—Un duro.
                  —¿al día?
                                   —¡anda maño!
—¿Un duro al mes?
                                   —¡que no, digo!
¡Un duro al año!



II

Le dejé que se marchara
y en el monte me senté,
y avergonzado, la cara
en las manos oculté.

Pasaron por mi memoria
templos, palacios y reyes,
los aplausos y las glorias,
los discursos y las leyes,

los millones del banquero,
las fiestas del potentado,
réditos del usurero,
ladrones en despoblado,

fortunas mal heredadas
en el tapete perdidas,
cortesanas celebradas
de ricas galas prendidas,

los que de lujo se afanan,
tantas glorias, tanto daño...
y en tanto hay seres que ganan...
¡Un duro al año!



III

¡Un duro! ¡Oh Dios! ¡Cuántas veces
lo habré derrochado yo,
en miles de pequeñeces
que mi gusto me perdió!

en comer sin tener ganas,
en caprichos, en favores,
en vanidades humanas,
en guantes, coches y flores,

en un rato de placer,
en un libro sin valor,
en apostar, en beber,
en humo, en un buen olor...

Y ese duro que se olvida
en cuanto correr se deja,
era un año de la vida
de aquel niño que se aleja...

Y vi que somos peores
todos los seres humanos.
Unos, falsos soñadores;
otros, falsos puritanos

ya ateos, ya creyentes,
todos en el daño iguales
resolviendo diligentes
grandes problemas sociales;

y hay seres que, en esa edad,
ignoran su propio engaño
y deben a la humanidad...
¡Un duro al año!


IV

¡No! Mientras que el frío enero,
en una espantosa noche,
mi prójimo, por dinero,
me lleve a mi casa en coche;

mientras de la mina obscura
saque el carbón tanta gente,
pasando tanta amargura
para que yo me caliente;

mientras de la alegre fiesta
salga yo, que siento y creo,
y al pobre que me moleste
le mande airado a paseo;

mientras derroche la moda,
y se gasten, grande o chico,
mil duros en una boda,
mil en entierros del rico,

y hasta el sol desigual sea
en dar al hombre sus rayos,
y hayan niños con librea
que me sirvan de lacayos

ni creo en leyes humanas
ni en el que las bombas tira...
¡Palabras! Palabras vanas.
¡Mentira, todo mentira!

No hay a las penas consuelos;
¡sufrir y siempre sufrir!
¡El Cristo se fue a los cielos,
pero volverá a venir!

Su reino será de espanto,
sus leyes muy diferentes
y allí se ha de ver el llanto
y el rechinar de los dientes

y ha de subir a mil codos
más alto el nuevo diluvio;
en él moriremos todos
y más alto que el Vesubio

nos ha de ver impasible
ese niño, ese pastor,
ya convertido en terrible
ángel exterminador,

y entre torrentes de lava
gritará desde alto escaño:
—¡Yo soy aquel que ganaba
un duro al año!



V

Así a mis solas decía,
Solo, en la cumbre del monte,
mientras el sol se escondía
en el rojizo horizonte,

en la sombra se ocultaban
lentamente las aldeas,
y allá lejos humeaban
las fabriles chimeneas.

Y se veían las cruces
de las altas catedrales
y los rayos y las luces
de las fiestas mundanales.

Allí lloran afligidos
miles de seres humanos;
allí viven compungidos
los que se llaman cristianos

entre el ruido y movimiento
de las modernas ciudades,
resumen triste y cruento
de las necias vanidades...

Y allá, perdido en la plana,
cantando, tras su rebaño,
iba aquel niño que gana
¡Un duro al año!
 

 

 

EXPLICANDO UNA TARDE ANATOMÍA

Explicando una tarde anatomía
un sabio profesor
del corazón a sus alumnos daba
perfecta descripción.
Anonadado por sus propias penas,
la cátedra olvidó;
—Dicen señores, exclamaba pálido,
que nadie consiguió
vivir sin esa víscera preciosa—
—¡Error, extraño error!—
Hay un ser en mi ser, una hija mía,
que ayer me abandonó;
—¡Las hijas que abandonan a sus padres
no tienen corazón!—
Un estudiante que del aula oscura
se oculta en un rincón,
mientras los otros, asombrados oyen
tan público dolor,
sonriendo a un amigo y compañero
le dijo a media voz:
—¡Piensa que a su hija el corazón le falta...
y es que lo tengo yo!—

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    Rubén Dario
    (1867— 1916)

    Margarita, está linda la mar
    y el viento
    lleva esencia sutil de azahar;
    yo siento
    en el alma una alondra cantar:
    tu acento.
    Margarita, te voy a contar un cuento:

    Este era un rey que tenía
    un palacio de diamantes,
    una tienda hecha de día
    y un rebaño de elefantes;
    un quiosco de malaquita,
    un gran manto de tisú
    y una gentil princesita,
    tan bonita,
    Margarita,
    tan bonita como tú.

    Una tarde la princesa
    vio una estrella aparecer;
    la princesa era traviesa
    y la quiso ir a coger.

    La quería para hacerla
    decorar un prendedor,
    con un verso y una perla,
    y una pluma y una flor.

    Las princesas primorosas
    se parecen mucho a ti:
    cortan lirios, cortan rosas,
    cortan astros.   Son así.

    Pues se fue la niña bella,
    bajo el cielo y sobre el mar,
    a cortar la blanca estrella
    que la hacía suspirar.

    Y siguió camino arriba,
    por la luna y más allá;
    mas lo malo es que ella iba
    sin permiso de papá.

    Cuando estuvo ya de vuelta
    de los parques del Señor,
    se miraba toda envuelta
    en un suave resplandor.

    Y el rey dijo: "¿Qué te has hecho?
    Te he buscado y no te halle;
    y ¿qué tienes en el pecho
    que encendido se te ve?"

    La princesa no mentía,
    y así dijo la verdad:
    "Fui a cortar la estrella mía
    a la azul inmensidad."

    Y el rey clama: "¿No te he dicho
    que el azul no hay que tocar?
    ¡Qué locura! ¡Qué capricho!
    El Señor se va a enojar."

    Y ella dice: "No hubo intento:
    yo me fui no sé por qué.
    Por las olas y en el viento
    fui a la estrella y la corté."

    Y papá dice enojado:
    "Un castigo has de tener:
    vuelve al cielo y lo robado
    vas ahora a devolver."

    La princesa se entristece
    por la dulce flor de luz,
    cuando entonces aparece
    sonriendo el buen Jesús.

    Y así dice: "En mis campiñas
    esa rosa te ofrecí:
    son mis flores de las niñas
    que al soñar piensan en mí."

    Viste el rey ropas brillantes,
    y luego hace desfilar
    cuatrocientos elefantes
    a la orilla de la mar.

    La princesa está bella
    pues ya tiene prendedor
    en que lucen con la estrella,
    verso, perla, pluma y flor.

    Margarita, está linda la mar,
    y el viento
    lleva esencia sutil de azahar;
    tu aliento.
    Ya que lejos de mí vas a estar,
    guarda niña, un gentil pensamiento
    al que un día te quiso contar
    un cuento.

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Vital Aza
(1851 — 1912)

Cuando de niño empecé
a darme a la poesía,
tan en serio lo tomé,
que sólo en serio escribía.

Romántico exagerado,
era lo triste mi fuerte.
¡Válgame Dios! Le he soltado
cada soneto, ¡A la muerte!

La fatalidad, el sino,
el hado, la parca fiera,
el arroyo cristalino
y la tórtola parlera....

Todo junto le servía
a mi necia inspiración
para hacer una elegía
que partía el corazón.

No hubo desgracia ni duelo
que en verso no describiera....
¡Si estaba pidiendo al cielo
que la gente se muriera!

¿Que airado el mar se tragaba
la barca del pescador?
Pues yo en mi lira lanzaba
los lamentos de rigor....

¿Que un amigo se moría,
viejo o joven, listo o zafio?
Pues, ¡zas!, al siguiente día
publicaba su epitafio.

¿Que una madre acongojada
gemía en llanto deshecha?
¿Que por una granizada
se perdía la cosecha?

Pues yo enjugaba aquel llanto
en versos de arte mayor,
y maldecía en un Canto
al granizo destructor.

Escéptico y pesimista
¡me hacía unas reflexiones!....
Sirva de ejemplo esta lista
de varias composiciones:

Ludibrio, Dios iracundo,
Profanación y adulterio,
Los desengaños del mundo,
El ciprés del cementerio.

Pues, ¿y una composición
en que, imitando a otros vates,
con la mejor intención
decía estos disparates?

«¡Ay! El mundo en su falsía
 aumentará mi delito,
vertiendo en el alma mía
la duda de lo infinito.

¡Triste errante y moribundo,
sigo el ignoto sendero,
sin encontrar en el mundo
un amigo verdadero!

¡Todo es falsedad, mentira!
¡En vano busco la calma!
¡Son las cuerdas de mi lira
sensibles fibras del alma!

¡El mundo, en su loco anhelo
me empuja hacia el hondo abismo!
¡Dudo de Dios y del cielo,
y hasta dudo de mí mismo!

¡Esta existencia me hastía!
¡Nada en el mundo es verdad!»
___________________________

¡Y todo esto decía
a los quince años de edad!

Francamente, yo no sé
cómo algún lector sensato
no me pegó un puntapié
por necio y por mentecato.

***

Por fortuna ya no siento
aquellas melancolías
ni doy a nadie tormento
con vanas filosofías.

Ya no me meto en honduras,
ni hablo de llantos ni penas,
ni canto mis amarguras
ni las desdichas ajenas.

He cambiado de tal modo,
que soy otro diferente;
pues hoy me río de todo,
¡y me va perfectamente!

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     Leopoldo Lugones
                     (1874 — 1938)
      A ti, única
(Quinteto de la luna y del mar)

        PIANO

Un poco de cielo y un poco de lago
donde pesca estrellas el grácil bambú,
y al fondo del parque, como íntimo halago,
la noche que mira como miras tú.
Florece en los lirios de tu poesía
la cándida luna que sale del mar,
y en flébil delirio de azul melodía,
te infunde una vaga congoja de amar.
Los dulces suspiros que tu alma perfuman
te dan, como a ella, celeste ascensión.
La noche..., tus ojos..., un poco de Shuman...
y mis manos llenas de tu corazón.

PRIMER VIOLÍN

Largamente, hasta tu pié
se azula el mar ya desierto,
y la luna es de oro muerto
en la tarde rosa té.
Al soslayo de la luna
recio el gigante trabaja,
susurrándote en voz baja
los ensueños de la luna.
Y en lenta palpitación,
más grave ya con la sombra,
viene a tenderte de alfombra
su melena de león.

SEGUNDO VIOLÍN

La luna te desampara
y hunde en el confín remoto
su punto de huevo roto
que vierte en el mar su clara.
Medianoche van a dar,
y al gemido de la ola,
te angustias, trémula y sola,
entre mi alma y el mar.

CONTRABAJO

Dulce luna del mar que alargas la hora
de los sueños de amor; plácida perla
que el corazón en lágrima atesora
y no quiere llorar por no perderla.
Así el fiel corazón se queda grave,
y por eso el amor, áspero o blando,
trae un deseo de llorar, tan suave,
que sólo amarás bien si amas llorando.

VIOLONCELO

Divina calma del mar
donde la luna dilata
largo reguero de plata
que induce a peregrinar.
En la pureza infinita
en que se ha abismado el cielo,
un ilusorio pañuelo
tus adioses solicita.
Y ante la excelsa quietud,
cuando en mis brazos te estrecho
en tu alma, sobre mi pecho,
melancólico laúd.

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        Manuel Alcántara
                        (Málaga, ESPAÑA 1928)


     SONETO PARA EMPEZAR UN AMOR

Ocurre que el olvido, antes de serlo,
fue grande amor, dorado cataclismo;
muchacha en el umbral de mi egoísmo,
¿qué va a pasar? mejor es no saberlo.

Muchacha con amor, ¿dónde ponerlo?
Amar son cercanías de uno mismo.
Como siempre, rodando en el abismo,
se irá el amor, sin verlo ni beberlo.

Tumbarse a ver qué pasa, eso es lo mío;
cumpliendo años irás en mi memoria,
viviendo para ayer, como una brasa,

porque no llegará la sangre al río,
porque un día seremos sólo historia
y lo de uno es tumbarse a ver qué pasa.




DE MÍ, UNA GUITARRA

Cuando yo me haya ido
—qué triste que me vaya—
de esta madera mía
que me hagan una guitarra.

Cuando termine la muerte,
si dicen: "¡A levantarse!",
a mí que no me despierten.

Que por mucho que lo piense,
yo no sé lo que me espera
cuando termine la muerte.

Que yo me conformo siempre,
y una vez acostumbrado
a mí que no me despierten.

Para encontrarme conmigo
vuelvo a salir a la calle,
calle del tiempo perdido.

Para encontrarme contigo
estoy buscando en el suelo
las huellas de su sonido.

Para encontrarme con nadie
me pongo a mirar arriba,
¡Auxilio, que Dios me ampare!

Mis cuentas no están cabales:
me falta una golondrina
y me sobran tres cristales.

Mira qué cosa tan rara:
pasé la noche contigo
estando solo en mi cama.

En este día cualquiera
párate a ver cómo canta,
antes que me vaya fuera,

mi corazón en tu mano
y tu boca en mi garganta
por la mañana temprano.

Ponte a vivir como loco:
ama, ríe, bebe, olvida.
Puesto a vivir todo es poco
por más que dure la vida.

El mar no puede morir,
se quedará navegando
aunque no haya nadie aquí.

Si otros no buscan a Dios
yo no tengo más remedio:
me debe una explicación.

No digo que sí o que no.
Digo que si Dios existe
no tiene perdón de Dios.

No digo que no o que sí.
Digo que me gustaría
que Él también creyera en mí.

Yo no le guardo rencor.
Si le encuentro alguna vez
nos perdonamos los dos.

Mi pobre tierra no puede
darme lo que estoy buscando.
Nadie da lo que no tiene.

Yo no culpo a Andalucía,
sé muy bien que a su esperanza
le pasó lo que a la mía.

Averigua quién te dio
esas ganas de morirte.
Ha tenido que ser Dios.

Ha tenido que ser Dios
un día que estaba triste.
No tiene otra explicación.

 

 

 


AUTÉNTICA POESÍA - Herrera/Muñoz - 2001

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