El verso con métrica y rima

directorio

Inicio
 
Por qué esta web
 
Antologías selectas
 
Listado general
 
Novedades
 
Enlaces
 
Más poesía
 
Reglas de la poesía
 

LOGO de Auténtica Poesía

  AGUSTÍN SÁNCHEZ 

atrás subir un nivel

portada

comentarios a su obra

DIRECTORIO DE ESTE AUTOR

su obra 1

su obra 2

                 SU OBRA 2          

    En esta página encontrarás las siguientes poesías:

 

          NUESTRO JARDÍN

Cuando ya anochecía, lentamente, sin prisa,
por la orilla del río he llegado al jardín,
mis cabellos, ya blancos, agitaba la brisa
y noté en su caricia la nostalgia sin fin.

Recordé aquellos tiempos que contigo vivía,
el placer y la dicha de en tus brazos estar.
La partida amapola de tu boca decía
la más dulce palabra que se pueda escuchar.

¡Cuántas veces del brazo paseaba contigo!
¡Cuántas veces te hablaba respirando tu olor!
¡Cómo ansiaba tus ojos al negarme su abrigo
por cerrar en pestañas tu dulzura mejor!

En algunos momentos de los mágicos días
el silencio tranquilo arrullaba el lugar
y aunque no te escuchaba, aunque tú no me oías,
el calor de tu cuerpo me invitaba a soñar.

Nuestro bosque secreto, me decías dichosa,
en la fronda parece que lo nuestro es legal.
Yo entretanto pensaba al cogerte una rosa
que el amor no es pecado, si el amor no es banal.

Al hacerse de noche, por estrechas callejas,
te acercaba a tu casa sin llamar la atención.
Y envidiando a los otros, las alegres parejas,
en mi pecho latía mi infeliz corazón.

Pero aquellos encuentros finalmente acabaron,
te marchaste a otras tierras sin poderlo evitar
y quedé anonadado, ni mis ojos lloraron,
aunque el llanto por dentro me llegó a desgarrar.

Mucho tiempo ha pasado, pero yo no te olvido,
con mi esposa y mis hijos soy el hombre más fiel.
La rutina en su rueda me ha anulado y vencido
y en mi boca tus besos se tornaron de hiel.

Es por eso que suelo acercarme sin prisa,
al caer de la tarde hasta nuestro jardín,
y mis ojos se nublan, mientras sopla la brisa,
cuando beso el pañuelo que manchaste en carmín.





       LA VIEJA FOTOGRAFÍA

Buscando en un arcón hallé una foto
de mucho tiempo atrás, descolorida,
y en ella vi la faz desconocida
de un hombre de pasado muy remoto.

No siendo de recuerdos muy devoto,
a casa de mi abuela tan querida
al punto me acerqué. Sentí enseguida
su viejo corazón de pena roto.

Aquel no fue mi abuelo, lo he notado;
tal vez que su conciencia le remuerda
por un desliz de amor, por un pecado.

No importa que un mortal la vida pierda,
pues pienso, que aunque esté ya sepultado,
se vive mientras que alguien te recuerda.





                ALZHEIMER

Con cautela, con tacto me han hablado
aunque yo, la verdad lo presentía,
pues sé bien que hay recuerdos cada día
que en mi enfermo cerebro se han borrado.

Es por eso, juzgando que ha llegado
el momento, pues pienso todavía,
quiero hablarte, decirte vida mía
el adiós de mi pecho acongojado.

Tú me has hecho feliz, contigo he sido
venturoso cual nunca ha sido un hombre,
y no dudo que harás si te lo pido,

un deseo que espero no te asombre.
No permitas, en sombras sumergido,
que mis labios se olviden de tu nombre.




       CRISTO Y SU CRUZ

En los países ricos de Occidente
el pueblo adora a Cristo y a Él le reza,
lo cual no quita gocen de riqueza
y olviden la miseria de otra gente.

En cambio, por el Negro Continente
a Cristo no conocen ¡Qué simpleza!
mas viven sumergidos en pobreza
y el sida los ataca mortalmente.

¿Quién tiene la verdad, quién la falsía?
Que dé contestación quien sea más listo,
que algún sabio lo diga yo querría...
¡Yo sé la solución! Claro lo he visto:
Pues África, sin Cristo, Cruz tenía
y en Occidente tienen, sin Cruz, Cristo.




YO NO SOY HIPOCONDRÍACO

Me dicen que padezco, sin saberlo,
de un mal que es cerebral, la hipocondría,
mas yo no he de admitir tal tontería,
no es cierto, no querré reconocerlo.

Les he de convencer, tendrán que verlo.
Yo tengo el bazo mal y pulmonía,
el hígado fatal e hidropesía,
es algo muy real. ¿Pues no ha de serlo?

Si sufro de los nervios la tortura
y a veces la jaqueca me asesina,
no es síntoma seguro de locura.

Buscar con ansiedad la medicina
es sólo por lograr mi pronta cura…
por cierto, ¿No tendrán una aspirina?




EPITAFIO A UN HOMBRE DE BIEN

Un preclaro mortal es el que yace
bajo el mármol pesado de esta losa.
De su vida fecunda y generosa,
para ejemplo, mención aquí se hace.

A ninguno jamás ofender quiso
ni prestando ni dando su dinero
pues humillas al pobre o pordiosero
a quien Dios surtirá de ser preciso.

No fue nunca capaz de hacer favores
estimando que, los que los reciben,
cada vez que te miran se cohíben
pues no es grato saber que son deudores.

A su esposa trató como a ninguna
de sus hijos cuidó, cual padre amante
procurando solícito y galante
que jamás derrocharan su fortuna.

Compañeros ni amigos se le vieran,
era tal su mesura y su decencia
que no quiso cargar en su conciencia
el negarles la ayuda que pidieran.

Era parco y frugal en diversiones
sólo a veces jugaba en el casino
y aunque siempre gustaba del buen vino
al burdel sólo entraba en ocasiones.

Al rogar por el hombre que enterraron,
pensad que, si descansa tras su muerte,
mucho más que el difunto, por su suerte,
su familia y vecinos descansaron.




  COMO TODOS LOS DÍAS

Regresaré ya tarde, muy cansado,
un beso me darás casi dormida
y mientras me calientas la comida
te miraré en silencio, avergonzado.

Repetirás lo mismo, con fatiga,
que me dijiste ayer, tan desganada:
“¿Cómo te fue el trabajo?” Sin que nada
te pueda interesar lo que yo diga.

“¿Los niños? Hace tiempo están dormidos,
me han dicho si podrán verte mañana.”
“No sé, quizás podré el fin de semana
si logro completar esos pedidos…”

Los miraré acostados, en pijama,
el brillo de sus ojos añorando,
pero al final, de sueño bostezando,
me meteré contigo en nuestra cama.

“Que duermas bien”, diré sin que me veas
y me hundiré vencido en la negrura,
un día más sufriendo la tortura
de no poder lograr lo que deseas.

Despertaré confuso al otro día
mientras que tú ya estás en la cocina.
Tras el café, quemando nicotina,
“¡adiós!” diré, fingiéndote alegría.

Y un día más, esclavo uncido sigo;
al Cielo maldiciendo por mi suerte.
¿Por qué jamás mi sino no se invierte
para vivir feliz y en paz contigo?

¡Si alguna vez el hado me sonriera
dejándome alcanzar una fortuna,
no habría de sufrir miseria alguna
ni penas padecer. Si Dios quisiera…!

…Un beso me darás casi dormida
cuando regrese tarde, muy cansado.
Te miraré en silencio, avergonzado,
mientras que me calientas la comida…






          CONTRICIÓN

No sé si fue mi ánimo abatido
o fue, tal vez, completa realidad,
pero sí sé que no caerá en olvido
lo que quebró mi pecho retorcido
sin caridad.

Al contemplar sin orden ni medida
la inmensidad de mármol sin calor
sentí en mi ser profunda sacudida,
pensé en mi fe, que daba por perdida,
con gran dolor.

Miré una flor, de ofrenda ya marchita
y, sin querer, con llanto pensé en Ti.
Y ante el altar, de una ruinosa ermita
donde el letal silencio al rezo invita
me arrepentí.

Salí de allí con algo que no suelo
decir jamás, y nunca me expliqué.
Sólo diré que alcé la vista al cielo
y al recibir tu amor y tu consuelo
¡Oh Dios, lloré!

Y vivo ya, sin miedo ni quebranto
y al que mi paz extraña digo así:
Por fin hallé lo que anhelaba tanto
ante una cruz de un viejo camposanto
y pienso en Ti.





               ATARDECÍA

Aquella tarde intenté ver si podía
volver mi vida a encauzar, como antes era,
resucitando, por fin, de mi agonía,
recuperando otra vez mi vida entera.

Felices fuimos los dos, como en el cielo,
reverdecimos la flor de aquel cariño,
y aunque, a mis años, pedí sólo consuelo
me transformó tu mirar de nuevo en niño.

No quise reconocer mis muchos años,
ni me importaba que ya canas peinara,
no presentía sufrir más desengaños,
eras, sin duda, el amor que yo añorara.

Mas, poco a poco, la cruel verdad se impuso,
disimulaste, te vi en otra cita...
y no lo quise admitir, ¡ Ah, pobre iluso!
eras tan joven, gentil, dulce y bonita...

Aquella tarde, febril, de sufrimiento
lloré de nuevo al saber que no podría
volver tu amor a lograr.  Vi en un momento
que ya en mi vida, sin luz, atardecía….





  SER FELIZ… ENCADENADO

Quisiera actualizar el don supremo
que gozo y que normalmente disfruto
viviendo en el hogar mi bien extremo.

Se piensa que tener el dulce fruto
de paz, de comprensión, de amor completo
no es algo muy normal, en absoluto.

El drama de la vida en su libreto
no es fácil que la dicha te presente
más bien te pone siempre en un aprieto.

Apréstate a sufrir —dice la gente—
pues es tu triste sino. Si has nacido
también has de morir, naturalmente.

Pero con tal augurio no coincido
¿Por qué se ha de penar? ¿La vida acaso
es hondo padecer preconcebido?

¿Es toda la creación, pues, un fracaso?
¿No hay forma de gozar con la belleza?
¿Tan sólo la aflicción sale a tu paso?

Yo en cambio siempre pienso con certeza
que la felicidad también se halla
sabiéndola buscar con entereza.

Y no hay que remontar la Gran Muralla
ni al círculo encontrar la cuadratura
ni a nadie derrotar en cruel batalla.

Me basta con fijarme en la blancura
del alma que en mis nietos resplandece
y asoma en su mirar, sencilla y pura.

Me sobra con notar que mi amor crece
al tiempo que una esposa ilusionada
se esfuerza por saber qué me apetece.

E igual corresponder. Saberse amada,
ventura, sin dudar, le proporciona
y estando junto a mí, no teme nada.

Si sabes adorar a una persona,
su gesto, su perfume, su caricia,
la dicha al convivir, no te abandona.

Y pienso que su vida desperdicia
quien no sabe apreciar cada momento
aquello que se vive con delicia.

Sentir la calidez que lleva el viento…
volver a pasear juntos, del brazo…
oír aquel bolero a ritmo lento…

Notar emocionado que un chispazo
aún siento cuando en vértigo la toco
y envuelvo su figura con mi abrazo.

Vivir, sólo vivir, mas no a lo loco,
tener de cada instante la conciencia
sabiendo disfrutarlo poco a poco,
y así serás feliz. Ésa es la ciencia.





    EL INDIANO

A mi tierra regresé
ya jamás la dejaré.

Después de tanto penar
ahora les puedo narrar
lo que me indujo a viajar
y ahora les comentaré.
A mi tierra regresé
ya jamás la dejaré.
Cansado ya de vivir
sin tener un porvenir
me tuve que decidir
y en un buque me embarqué.
A mi tierra regresé
ya jamás la dejaré.

Pensé que obraba certero
pues al irme al extranjero
lograría más dinero,
como enseguida intenté.
A mi tierra regresé
ya jamás la dejaré.
No fue cosa inoportuna.
Sin dificultad alguna
logré pronto una fortuna
y un gran negocio monté.
A mi tierra regresé
ya jamás la dejaré.

Se me metió en la cabeza
que, teniendo la riqueza,
era ya de la nobleza
y a los míos desprecié.
A mi tierra regresé
ya jamás la dejaré.

Pero la tierra se añora
y una voz acusadora
repetía hora tras hora
que a mis lares traicioné.
A mi tierra regresé
ya jamás la dejaré.

Al final comprender pude
que por mucho que se dude
no se es feliz si se elude
la raíz que yo olvidé.
A mi tierra regresé
ya jamás la dejaré.

Rompí por fin la atadura
que me ahogaba en amargura
y por buscar mi ventura
sólo en regresar pensé.
A mi tierra regresé
ya jamás la dejaré.
Y aquí estoy, junto a lo mío,
haga calor, o haga frío,
pues dejando el poderío
la felicidad hallé.
A mi tierra regresé
ya jamás la dejaré.





AVERIGUANDO EL DESTINO
                     (Nueva estrofa)
  «Parrandilla» según la denomina su autor

Un zahorí que fuera experto
busqué, esperaba impaciente
que me hablara claramente
de mi porvenir incierto.
cuando pude interrogarlo
dio su opinión sin dudarlo.
Esto me dijo el zahorí:
SÍ.

A un oráculo busqué
pues preguntarle quería
si mi destino sabía,
y cuando al fin lo encontré
le dije: Si usted me ayuda
podré salir de mi duda.
Y el oráculo me habló:
NO.

Penetrando en la espesura
un chamán encontrar pude
que a los extraños elude
en una cabaña obscura.
Le pedí por compasión
de mi suerte su opinión.
Y el chamán me dijo así:
SÍ.

Encontré una pitonisa
de mucho prestigio y fama
y, aunque con alguna escama,
me dedicó una sonrisa.
Le pregunté: ¿Mi futuro
es peligroso o seguro?
La pitonisa expresó:
NO.

De una tribu al hechicero
hallé tras muchas gestiones
y le expuse mis razones
para que fuera sincero.
Pero ni en la hechicería
la respuesta encontraría.
Me dijo, según creí:
SÍ.

Más seca que un bacalao
llevando en brazos al hijo,
una gitana me dijo:
¿Te la digo, resalao?
y yo le extendí la mano
aunque mi intento fue vano.
La gitana sentenció:
NO.

He aceptado con desgana
lo que al fin he comprendido,
nuestro sino está escondido,
nadie conoce el mañana.
Si un SÍ más NO, SINO es
¿Qué cosa esperaba, pues?
¿Quién la verdad escuchó?
YO.

 

 

 


AUTÉNTICA POESÍA - Herrera/Muñoz - 2001

1