Críticas y Reseñas de estrenos

 

 

 

Índice de películas

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Adela

Eduardo Mignogna

13/2/2001.- Guión: Eduardo Mignogna. Intérpretes: Eulalia Ramón, Grégorie Colin, Mario Gas, Martin Lamotte, Isabel Vera, Concha Redondo, Martin Adjemian. 104 min. Adultos, con reparos.


En 1945, un trotamundos español llega a un pueblo boliviano, y allí se enreda en una espesa trama de amoríos, asesinatos y negocios turbios, tejida por una sibilina mujer que ansía enriquecerse y huir del lugar.

Tras acertar de lleno con Sol de otoño y El faro del sur, el argentino Eduardo Mignona falla estrepitosamente, y convierte la novela Le coup de lune, de Georges Simenon, en un indigesto culebrón melodramático, enormemente violento y grosero, de caótico desarrollo narrativo y con interpretaciones muy artificiosas.

 

 

 

Al límite


Martin Scorsese


03-05-2000.-


Director: Martin Scorsese. Guión: Paul Schrader. Intérpretes: Nicolas Cage, Patricia Arquette, John Goodman, Ving Rhames, Tom Sizemore, Marc Anthony, Mary Beth Hurt. 120 min. Adultos.

La noche neoyorquina. Principios de los 90. Entre los vehículos que pueblan las calles destacan las ambulancias, que con sus luces y sirenas se dirigen a toda velocidad allí donde surge una emergencia. Frank Pierce, conductor de una de ellas, está en plena crisis espiritual, pues el estímulo que supone resucitar a veces a un moribundo tiene su contrapeso en las muertes inevitables, en la contemplación de tanta degradación humana, en los refugios buscados por sus compañeros para soportar la tensión (resignación, cinismo, religiosidad deformada, agresividad...), que a veces rozan la locura. Cuando Frank salva a uno de sus pacientes, se fija en su hija Mary que, quizá, pueda suponer un rayo de luz en sus horas más bajas.

Martin Scorsese, director, y Paul Schrader, guionista. Una colaboración que abarca Taxi Driver, Toro salvaje y La última tentación de Cristo. Ahora ambos autores se basan en un libro de Joe Connelly, que trabajó durante diez años en el equipo de una ambulancia. Hay material más que suficiente para las almas algo atormentadas de Scorsese y Schrader. De hecho resulta inevitable la comparación con Taxi Driver. Igual que ocurría en ese film, Al límite sigue las andanzas nocturnas de un personaje que ha tocado fondo, y que se mueve con su vehículo por las calles de Nueva York. Resulta agobiante la composición que Nicolas Cage hace de Frank: una buena persona que no encuentra sentido a su vida, y que es incapaz de aceptar que el dolor o la muerte de una persona, con el sufrimiento de sus seres queridos, pueda revestir algún aspecto positivo. En tal sentido, el acto final de valentía de Frank con uno de sus pacientes está... vacío, es una compasión ¿de qué? Cuestiones como la deshumanización del sistema sanitario, o dónde se halla el límite entre la vida y la muerte, son apuntadas levemente, pero no se tratan con hondura. Y tal como se plantea el film, parece poco menos que imposible abordar de modo positivo el trabajo en una ambulancia.

Estamos, seguramente, ante uno de los films más tediosos de Scorsese. Una vez planteada la historia, todo es un continuo insistir en la desesperanza. Hasta tal punto es así, que el director parece abandonarse a un brillante pero inútil ejercicio de estilo. El valor técnico de las imágenes nocturnas de la Gran Manzana, tomadas desde la ambulancia con distintas cámaras y velocidades, es sin duda grande; pero no son suficientes para justificar una larga película que nunca sale de las aguas pantanosas desde las que inicia su andadura.

 

 

 

American Beauty

Sam Mendes


09-02-2000.- Director: Sam Mendes. Guión: Alan Ball. Intérpretes: Kevin Spacey, Annette Bening, Mena Suvari, Thora Birch, Wes Bentley, Chris Cooper, Peter Gallagher. 121 min. Adultos.


Este film es el favorito para los Oscars tras ganar los Globos de Oro a la mejor película dramática, director y guión original. Tiene esa perspectiva que en las novelas se llama de autor omnipresente, pues su narrador está en todas partes, en todo tiempo, en el interior e intenciones de las personas... todo lo sabe. Aquí, ese autor omnipresente es el protagonista, Lester Burnham; su voz, que parece venir del Más Allá, cuenta lo ocurrido en su casa y su entorno en los últimos meses, con un tono distanciado, comprensivo, algo irónico, algo triste, algo humorístico...

La cámara viene desde muy alto y baja suavemente en picado sobre un barrio residencial, una calle, una casa y su jardín...: los de la familia Burnham. Lester es un hombre todavía joven, cansado de su vida rutinaria y sin meta, sin amor, marido y padre fracasado, ridículo donjuanillo de adolescentes; y ahora de la brillante amiga de su hija, la obsexa pardilla sexual Angela. La esposa, Carolyn, es una doña perfecta en su imagen social, y del todo vacía por dentro, tanto, que ni siquiera advierte que lo está. Una única hija, la adolescente Jane, distanciada de sus padres, antipática, egoísta, perdida en su soledad e ignorancia. Y el vecino Ricky Fitts, que se unirá a Jane, en su soledad y en el amargo distanciamiento de su padre, déspota, hipócrita y obseso sexual.

Ciertamente, la lindura del sueño americano, la American Beauty, es de superficie, de barniz. Dentro, en su realidad, está su vastísima ignorancia en lo que más importa: virtudes humanas, valores morales, Dios. Y ese globo lleno de aire estalla en tragedia; esa bolsa blanca de plástico, vacía, que golpes de viento y remolinos de aire llevan aquí y allá, con el polvo y las hojas secas, la suben, se hincha, desciende, rueda por el suelo... Esta es la imagen que filma el joven Ricky, oscuramente fascinado por el terrible parecido que tiene con sus propias vidas.

Si Lester Burnham es el primero en reaccionar y contra esta falsa American Beauty, no se piense en una conversión profunda; se parte de un radical materialismo, de una casi muerte del espíritu. Es más bien, por tanto, un como intuitivo malestar el que empuja a Lester. Piénsese también en la amplia gama de amoralidades en las que viven esos personajes. No las esconde el guionista Alan Ball ni el director Sam Mendes. Entiendo que no es para sorprender que un sobresaliente hombre de teatro, como es Mendes, realice una primera película más que notable: se trata de un cine muy cercano al teatro: su fuerza está en los diálogos, en las interpretaciones, magníficas en todos.

Y entiendo también que pueda escapar a cierto espectador esa sutil e irónica lección que empapa la historia: bienestar material/miseria moral, éxito público/amargura solitaria... No es necesario entrar en un planteamiento ideológico de gran tragedia, ni es posible: estos personajes de la American beauty no dan más de sí, y son como paganos: su dignidad espiritual, mal lavada y en frío, se les quedó encogidísima; hace tiempo que no se la ponen.

 

 

 

Amores perros

Alejandro González Iñárritu

14/3/2001.- Guión: Guillermo Arriaga. Intérpretes: Emilio Echevarría, Gaël García Bernal, Goya Toledo, Álvaro Guerrero, Vanessa Bauche. 153 min. Jóvenes-adultos.


Magnífico debut del mexicano Alejandro González Iñárritu, quien con 37 años y una sólida carrera en televisión y publicidad, entrega una película fresca, narrativamente vigorosa, que obliga a pensar sobre algunos males que aquejan a nuestra desarrollada sociedad. Candidata al Oscar al mejor film en habla no inglesa, transcurre en Ciudad de México, pero su atinado dibujo de tipos humanos es prueba de su vocación universal.

Las tres historias que vertebran el film están mínimamente relacionadas por un accidente automovilístico –mostrado con energía arrolladora–, y poseen un elemento común: en todas algún personaje tiene un perro. Esto último permite establecer metáforas interesantes entre los canes y sus dueños. ¿Quién es más animal? ¿Los perros amaestrados para pelear en combates ilegales, con mucho dinero de por medio, o los violentos chulos que manejan el cotarro? ¿Esa mascota tan mona, atrapada en el subsuelo de una casa, o la bella modelo cuya vida se derrumba cuando sufre un accidente? ¿El mendigo misterioso al que encargan siniestros asesinatos, asimilado a sus perros, o los elegantes personajes que contratan sus habilidades?

Pero no solo se habla de personajes embrutecidos, sino del anhelo de amor –amores perros– que late en los corazones de todos ellos. El joven que deja que su perro combata desea hacer dinero y comenzar una nueva vida... con su cuñada, de la que está enamorado. Aquel ejecutivo va a romper con su familia, fascinado por una joven... que de pronto se queda inválida. Ese asesino profesional... tiene familia. González Iñárritu pinta con crudeza cuadros humanos complejos que no presentan fácil solución.

Bien pertrechado de un atinado guión de Guillermo Arriaga (su perfecta unidad recuerda a la maña de Quentin Tarantino en Pulp Fiction), el director interpela con sus interrogantes a la conciencia del espectador. Los tres relatos, que presentan un estilo y un tono muy diversos, encajan de un modo que parece casi milagroso. Drama social en ambientes marginales, comedia no exenta de ironía, y una historia con aires de thriller se funden en asombrosa armonía hasta dar un maravilloso fresco que nos recuerda que una vida desorientada puede ser bastante perra.

 

 

 

 

Billy Elliot (Quiero bailar) / Billy Elliot

Stephen Daldry

17/1/2001.- Guión: Lee Hall. Intérpretes: Julie Walters, Jamie Bell, Jamie Draven, Gary Lewis (III), Jean Heywood, Stuart Wells, Mike Elliot, Janine Birkett. 110 min. Jóvenes.


El título lo dice todo. Billy Elliot quiere bailar. Es un chaval de 11 años, de familia obrera. Su destino sería la mina, como su padre viudo; a no ser que antes Margaret Tatcher dé cerrojazo a las explotaciones mineras del Norte de Inglaterra. Pues estamos en los años 80, época dura para la clase obrera; el mismo telón de fondo que inspiró títulos como Full Monty o Tocando al viento. Pero a Billy no le atrae ni la negrura del carbón ni un par de guantes de boxeo. Lo que le gusta es la danza.

El desconocido Stephen Daldry se basa en un guión del dramaturgo Lee Hall, que elaboró la trama a partir de sus recuerdos de infancia. Y logra una perfecta simbiosis entre el drama personal (Billy hará lo imposible para ver cumplido su sueño) y social (el modo de vida de una serie de personas, a punto de desaparecer). El film también aporta una interesante reflexión sobre el acceso de la clase obrera a la cultura. Tras la incomprensión inicial, las imágenes del padre de Billy extasiado ante el talento de su hijo, o su deslumbramiento al llegar a Londres y descubrir un mundo que desconocía, son muy ilustrativas.

Estos temas están bien engarzados en la trama, dura y sensible a la vez, expuesta con un imaginativo uso de música y danza. Vivimos con Billy su aprendizaje, sufrimos con él la cerrazón de padre y hermano, o la relación ambivalente con la profesora: por un lado, se agradece su ayuda; por otro, cuesta creer que ella, de posición relativamente acomodada, le esté ayudando desinteresadamente. La historia también trata la amistad de Billy con un chaval del colegio, que parece tener una cierta inclinación homosexual. Es una forma de subrayar el derecho de Billy a desmarcarse de lo que es normal en su ambiente; aunque, digámoslo claro, hay diferencias y diferencias.

Billy Elliot es una pequeña gran película. Su aparente falta de pretensiones la engrandece. Unos grandes actores, poco conocidos a excepción de Julie Walters, la llenan de una grata humanidad. De modo que se entienden los premios que ha recibido y sus candidaturas a los Globos de Oro a la mejor película dramática y a la mejor actriz de reparto (Julie Walters).

 

 

Bowfinger, el pícaro


Frank Oz


12-01-2000.-


Director: Frank Oz. Guión: Steve Martin. Intérpretes: Steve Martin, Eddie Murphy, Heather Graham, Christine Baranski, Jamie Kennedy, Barry Newman, Adam Alexi-Malle. 96 min. Jóvenes-adultos.

Un mediocre productor y director, al borde de la quiebra, reúne a un equipo y a un reparto de quinta fila para rodar una paupérrima película de alienígenas. Intentará que aparezca en ella la gran estrella del cine de acción, un neurótico actor negro al que graban sin que él se entere.

El punto de partida es sugestivo, y propicia unas cuantas críticas divertidas a esa casa de locos que es Hollywood. Pero acaba cayendo en la misma grosería, superficialidad y falta de imaginación que parece denunciar. Además, ni las interpretaciones ni la realización del otras veces interesante Frank Oz (Cristal Oscuro, ¿Qué pasa con Bob?, La llave mágica) pasan de funcionales.

 

 

 

 

Chicken Run (Evasión en la granja)


Peter Lord,Nick Park


06-09-2000.-


Directores: Peter Lord y Nick Park. Guión: Karey Kirkpatrick y Jack Rosenthal. Muñecos animados. 92 min. Todos.

Esta película es el primer largometraje de los estudios ingleses Aardman Animations, reyes de la animación fotograma a fotograma de muñecos de plastilina. Creadores de los populares Wallace & Gromit, tres de sus cortometrajes -Creature Comforts, Los pantalones equivocados y Un esquilado apurado- han ganado el Oscar, y otros cuatro han sido candidatos.

Como en todas las producciones Aardman, destaca en primer lugar la agilidad y solidez del guión. Relata las andanzas de un grupo de gallinas variopintas en una granja de Yorkshire durante los años 50. Comandadas por un viejo gallo gruñón, padecen la tiranía de su dueña, la Sra. Tweedy, cuyo suspicaz marido desbarata los continuos intentos de fuga que organiza la valiente gallina Ginger. Para colmo de males, el negocio de huevos entra en crisis, de modo que la Sra. Tweedy compra una máquina terrorífica para fabricar pasteles de gallina. En esas, aterriza en la granja Rocky, un apuesto y encantador gallo norteamericano, herido en un brazo, que dice saber volar. Las gallinas se ponen a sus órdenes y entrenan con tesón. Pero, por no defraudar a Ginger, que le empieza a gustar, el vanidoso Rocky oculta que en realidad no vuela, sino que fue gallo-bala en un circo. Poco a poco, Ginger intuye que pasa algo raro, y urde un sofisticado plan alternativo con la ayuda interesada de dos pícaros ratones.

Los continuos golpes de humor están hilvanados en una trama muy entretenida, que incluye también varios apuntes dramáticos y un buen número de las amables e inteligentes críticas sociales típicas de los productos Aardman. Peter Lord y Nick Park -los directores estrella de la casa- también resuelven con nota muy alta la puesta en escena. En ella, confirman su dominio del encuadre, la planificación y la iluminación, así como una entusiasta cinefilia, que les lleva a incluir divertidos homenajes a La gran evasión, de John Sturges, y a otros títulos famosos de fuga de prisioneros. La ambientación está cuidada al máximo, y el diseño y la animación de personajes es excelente y, a veces, muy espectacular. El conjunto se redondea con la magnífica labor de doblaje, tanto en inglés -con Mel Gibson al frente del reparto- como en castellano.

 

 

Chocolat

Lasse Hallström

16/4/2001.- Guión: Robert Nelson Jacobs. Intérpretes: Juliette Binoche, Johnny Depp, Judi Dench, Lena Olin, Alfred Molina, Carrie-Anne Moss. 121 min. Jóvenes-adultos.


El año pasado, Lasse Hallström dejó claro en Las normas de la casa de la sidra que, según él, debemos saltarnos las normas. Ahora, en Chocolat, aprovecha un casi-cuento de hadas, simpático y bienintencionado, para romper otro par de lanzas a favor de la transgresión.

A un pueblo pequeño y triste llegan Vianne Rocher (Juliette Binoche) y su hija Anouk (Victoire Thivisol), vestidas de Caperucita Roja, y abren una chocolatería. El talante abierto y comprensivo de la Srta. Rocher, y los singulares portentos que obra su chocolate –como si de una poción mágica se tratara– devolverán la alegría y el buen humor al pueblo.

Hasta aquí, podría valer. Ahora bien, el pueblo que presenta Hallström es una caricatura de parroquia luterana, a la que añade rasgos de mezquindad propios de los lugares pequeños. Hallström repite hasta el aburrimiento que se trata de cosas católicas, de las cuales, por cierto, muestra una ignorancia absoluta. Vianne Rocher, madre soltera, no va a la iglesia el domingo. En pleno desafío a las costumbres locales, abre la chocolatería en Cuaresma, e invita a la parroquia a saltarse el ayuno que, según Hallström, es absoluto hasta el día de Pascua. Una vez iniciado este movimiento demoledor, el director sueco procede a burlarse, sistemáticamente, del sacramento del matrimonio, de la confesión, de la castidad... Finalmente, al igual que hiciera con la elección de la muerte del doctor de Las normas de la casa de la sidra, Hallström es ambiguo al plantear el modo en que Armande Voizin (Judi Dench) decide terminar sus días.

La película está bellamente fotografiada, tiene un tono onírico dulce y simpático, y cuenta con un reparto de lujo. Destaca especialmente la brillante actuación de Judi Dench, justa candidata al Oscar a la mejor actriz de reparto. Sin embargo, a pesar de todo el bombo que se le está dando, el guión de la película es fallido, sobre todo porque pretende guardar el tono de cuento inocente, y sin embargo plantea unos problemas que no lo son en absoluto. Por otra parte, su desarrollo se hace demasiado largo. Finalmente, ninguno de los personajes está bien dibujado, salvo el que encarna Judi Dench; y la mayoría se adapta artificiosamente a la historia, que además termina abruptamente.

Si, en lugar de hacer propaganda anticatólica, Lasse Hallström se hubiera preocupado de contar un cuento, podría haber resuelto la papeleta más dignamente. Pero, tal y como está, sorprende que la película haya merecido cinco candidaturas a los Oscars. ¿De verdad que no han encontrado nada mejor?

 

 

 

 

Deep Blue Sea

Renny Harlin


12-01-2000.- Director: Renny Harlin. Guión: Duncan Kenned, Donna Powers y Wayne Powers. Intérpretes: Thomas Jane, Saffron Burrows, Samuel L. Jackson, Jacqueline McKenzie, Michael Rapaport, Stellan Karsgard. 105 min. Jóvenes.


La doctora Susan McAlester dirige una investigación que puede dar esperanzas a los enfermos de alzheimer. Estudiando el cerebro de unos tiburones mako, voraces depredadores marinos, cree estar a punto de descubrir las causas de la degeneración del cerebro humano. Pero los inversores que respaldan el estudio científico no están demasiados satisfechos con los resultados obtenidos hasta el momento. Cuando uno de sus ejecutivos acude a la plataforma Aquatica para ver cómo van las cosas, estalla una situación límite. Los animales, que han sido manipulados genéticamente, se rebelan. Y comienza la lucha por sobrevivir.

Entretenidísima película de acción, digna sucesora del Tiburón de Spielberg. Renny Harlin (La jungla de cristal 2, Máximo riesgo) plantea bien las premisas de su historia, para servir un espectáculo lleno de sustos, intriga y buenos efectos especiales. Hasta sabe tomarse las cosas con humor, como en el discurso grandilocuente de Samuel L. Jackson, uno de los mejores momentos del film. Dentro del asumido aire de serie B, Harlin sabe jugar bien sus bazas, confundiendo al espectador acerca de los derroteros que va a seguir la película. Solo se equivoca en un breve pasaje exhibicionista, que toma prestado de Alien, el octavo pasajero.

 

 

Dogma


Kevin Smith


08-03-2000.-


Director y guionista: Kevin Smith . Intérpretes: Ben Affleck, Linda Fiorentino, Alan Rickman, Kevin Smith, Salma Hayek, Matt Damon, Jason Lee, Chris Rock, Janeane Garofalo. 133 min. Adultos.

Es manifiesto que Kevin Smith ha ido perdiendo la atractiva frescura que mostró en Clerks, su primera película. Dogma es también algo referido a su experiencia personal, como las anteriores, pero aquí la fuente creativa no se basa tanto en una anécdota o en una peripecia vividas, sino en sus conocimientos de doctrina teológica católica. Los temas y asuntos de que principalmente trata y con los que hilvana el argumento de su comedia de humor son: los ángeles, la Redención del hombre, la salvación y vida eterna, el pecado, y otros.

Kevin Smith es católico practicante, dice él mismo; pero sus conocimientos teológicos son elementales y no suficientes. Ningún católico practicante hace broma sobre lo que es objeto de su fe, lo que más ama, el fundamento y último sentido de su vida. Salvo rara excepción; y Kevin Smith es esa rara excepción. No tiene mala voluntad, pero es un patoso. El film no es blasfemo, pero no tiene gracia ninguna, y a veces hasta disgusta profundamente cuando su falta de sensibilidad le lleva a ofender gravemente, aunque no lo desee y aunque por su ausencia de delicadeza no lo advierta.

Hoy. Un obispo de alguna ciudad norteamericana decide, ante la alarmante disminución de los fieles católicos, presentar otra imagen de Jesucristo: no la Cruz, sino el Triunfo (ya es tragar, tragarse esto como una broma y seguir adelante), y concede indulgencia de las penas por todos los pecados a quien pase bajo el arco de su iglesia (una condición tan tonta como la de un concurso televisivo). Dos ángeles desobedientes a Dios no fueron enviados al Infierno en su momento -el comienzo de la Creación-, sino a una especie de purgatorio, a Nueva Jersey; los dos ángeles quieren ganar esa indulgencia plenaria propuesta, ¡para volver al Cielo! Desde el comienzo del siglo XIV hay indulgencias plenarias; ¿durante seis siglos no se enteraron esos dos ángeles? La teología católica perenne dice que la desobediencia a Dios de los ángeles no fue por ignorancia ni por debilidad -como puede ser la humana-, sino lucidísima y sin arrepentimiento: o sea que eso de Nueva Jersey-purgatorio y el deseo de volver al Cielo es otra memez...

Corto el embrollado argumento porque todo en él es memez, y además larguísima memez: más de dos horas planas, sin tensión, sin avance, sino con añadidos ocurrentes a una trama que calcetan los dichos, una musa (que hacía striptease), una descendiente de Jesús (enfermera en una clínica abortiva), el apóstol trece (negro), dos profetas, el arcángel voz de Dios, el demonio y tres demoniejos. Los actores hacen lo que pueden con la inconsistencia desaborida de sus personajes. La constante fuerte: todos sin excepción hablan de sexo con el ansia que un hidrópico busca agua en un desierto de arena. La línea débil: da igual lo que pase. ¡Como si quiere no pasar...!

Y si todo Dogma va entristeciendo poco a poco, y da pena, como la da un voluntarioso payaso que no consigue hacer reír, hay, dentro del generalizado y vituperable caos sinsorgo y de la indigestión pseudoteológica, dos grandes torpezas que pueden llamarse blasfemas, aunque no haya intención. Kevin Smith emplea esos dos momentos para insistir machaconamente a los católicos que en vez de creencias tengan ideas, porque estas se pueden cambiar. ¡Ah, ya lo veo!, se trata de una nueva versión del modernismo teológico alcanzado a través de la estupidez: Kevin Smith es bisnieto de Alfred Loisy.

 

 

 

El Bola

 

Achero Mañas


18-10-2000.-


Director y guionista: Achero Mañas. Intérpretes: Juan José Ballesta, Pablo Galán, Alberto Jiménez, Manuel Morón, Ana Wagener, Gloria Muñoz. 88 min. Jóvenes.

Tras dirigir los interesantes cortometrajes Metro, Paraísos artificiales y Cazadores -este último galardonado con el Goya en 1998-, el actor Achero Mañas debuta en el largometraje con El Bola, un drama casi redondo que, desde una deliberada modestia, sigue de cerca los mejores pasos narrativos y formales de Barrio y Solas.

El Bola, un chaval madrileño de 12 años, inteligente y vitalista, sufre los irracionales arrebatos de ira de su padre, atormentado desde la muerte de su hijo mayor. Ni la madre ni la abuela se atreven a defender al chico. Tiene una oportunidad de salir de esa situación cuando se hace amigo de Alfredo, un chico silencioso y maduro, con una familia singular, pero divertida, inconformista y solidaria.

Achero Mañas no ha caído en el efectismo formal, la sordidez de fondo y la acumulación narrativa de muchos nuevos realizadores. Llena estos breves 88 minutos de buen cine, es decir, de narración precisa y eminentemente visual, con diálogos sustanciales y con un sugestivo despliegue invisible de recursos fílmicos con entidad dramática. Todo ello articulado con una frescura y un tono amable que se contagian a los actores y al espectador.

Esa sencillez no significa que Mañas trate superficialmente los peliagudos conflictos que retrata. Se le puede reprochar alguna ambigüedad moral, una alicorta apertura a la trascendencia y varias groserías aisladas. Sin embargo, su comprensiva mirada llega al alma de los personajes, hasta calar en el valor de la amistad, el cariño familiar y la educación en la libertad y en la responsabilidad, frente al cobarde escapismo del materialismo hedonista.

En fin, en una temporada mediocre, que ha cuestionado hasta en taquilla la supuesta bonanza del cine español, El Bola, a base de ternura y autenticidad, ha subido la media muchos puntos.

 

 

 

El Dr. T. y las mujeres / Dr. T. and the Women

Robert Altman

18/4/2001.- Guión: Anne Rapp. Intérpretes: Richard Gere, Helen Hunt, Farrah Fawcett, Laura Dern, Kate Hudson, Liv Tyler. 120 min. Adultos.


Érase una vez un hombre tan bueno, tan bueno, que su mujer se volvió loca. Era ginecólogo y, aunque por sus manos pasaban muchas mujeres, era un hombre fiel. Pero, ¡qué caramba!, si aparece un día una señora estupenda, fuera del trabajo, y tu esposa está en el manicomio... Este buen doctor tiene dos hijas, una a punto de casarse; pero pronto se descubre que está enamorada de... ¡una amiga!

Robert Altman (Vidas cruzadas, Kansas City) es capaz de lo mejor y de lo peor. Esta vez, y a pesar del espléndido reparto, sirve una comedieta plúmbea, aquejada de una fatal arritmia y que apenas provoca alguna sonrisa aislada. El inmoral comportamiento de los personajes se sirve con festiva ligereza, como si el disparate en que consiste el film justificara lo injustificable

 

 

El patriota


Roland Emmerich


26-07-2000.-


Director: Roland Emmerich. Guión: Robert Rodat. Intérpretes: Mel Gibson, Heath Ledger, Joely Richardson, Jason Isaacs, Tchéky Karyo, Chris Cooper, Lisa Brenner. 160 min. Jóvenes.

Películas espectaculares pero ligeras, como Stargate, Independence Day o Godzilla, han hecho que el alemán Roland Emmerich goce del favor del gran público y sufra la irritación de muchos críticos. Ahora, también estos deberían reconciliarse con él, pues El patriota es un drama magnífico y quizá la mejor recreación fílmica de la Guerra de Independencia de Estados Unidos, muy superior a Dulce libertad, de Alan Alda, Revolución, de Hugh Hudson, o El último mohicano, de Michael Mann.

Sorprende en primer lugar la solidez y hondura del guión de Robert Rodat, el guionista de Salvar al soldado Ryan. Inspirándose libremente en diversos personajes reales, Rodat relata la odisea de Benjamin Martin, un viudo que intenta vivir en paz con sus siete hijos en una granja de Carolina del Sur. Allí procura enmendar la fama de sanguinario que se ganó en las guerras contra franceses e indios. Pero el asesinato de uno de sus hijos y la detención del mayor, un fogoso independentista, llevan a Benjamin a involucrarse en 1776 en la guerra que enfrenta a las milicias norteamericanas con los colonizadores ingleses. Se convierte así en El Fantasma, un mítico guerrillero, perseguido a muerte por los brutales casacas rojas del Coronel Tavington, el oficial inglés que asesinó a sangre fría al hijo de Benjamin.

Aunque la película ha contado con el asesoramiento del Smithsonian Institute, algunos historiadores ingleses han cuestionado el rigor histórico del argumento, indignados ante el cruel retrato de algunos de sus compatriotas que ofrece la película. En cualquier caso, la ambientación es excelente, al igual que la fotografía de Caleb Deschanel, la partitura sinfónica del maestro John Williams y todas las interpretaciones, especialmente la de Mel Gibson, una de las mejores de su carrera. Por su parte, la brillante realización de Emmerich resulta tan eficaz en las violentísimas y espectaculares secuencias bélicas, como en las escenas líricas, cuya intensidad dramática recuerda a la de filmes como Lo que el viento se llevó, Los inconquistables, El Álamo, Tiempos de gloria o Braveheart. Esas escenas menores articulan una profunda radiografía de la tragedia de la guerra -siempre matizada por la perspectiva moral que aportan los remordimientos del protagonista-, así como un retrato muy atractivo de las complejas relaciones entre padres e hijos.

 

 

 

El sexto sentido / The Sixth Sense

M. Night Shyamalan


12-01-2000.- Director y guionista: M. Night Shyamalan. Intérpretes: Bruce Willis, Haley Joel Osment, Olivia Williams, Trevor Morgan, Donnie Wahlberg, Peter Tambakis. 105 min. Jóvenes.


Es esta una de esas películas en las que se hace un flaco favor al potencial espectador si se desvela su argumento más de la cuenta. Pues uno de los mayores goces que proporciona es la capacidad de sorprender. Digamos, someramente, que Malcolm Crowe es un prestigioso psicólogo infantil. Una noche, cuando está en casa con su esposa, recibe la visita de un antiguo paciente, ya adulto, totalmente trastornado. El hombre dispara a Malcolm y posteriormente se suicida. Un año después, el psicólogo no ha logrado superar los hechos. Se ha producido un distanciamiento de su mujer, y su pericia con los niños no parece dar resultados con el pequeño Cole. Este inteligente crío de ocho años tiene un extraño comportamiento, y vive en un permanente estado de miedo. Cuanto más intenta ayudar a Cole, más parecidos encuentra Malcolm entre los síntomas del niño y los de su antiguo paciente.

M. Night Shyamalan, guionista y director del film, es un tipo al que conviene no perder de vista. De hecho, su anterior película, Los primeros amigos, que pasó algo inadvertida, ya revelaba algunos temas presentes en El sexto sentido: el mundo de la infancia, el sentido de la vida y de la muerte, la fuerza de la fe y del amor. Aquí se añade, además, la atmósfera de thriller inquietante, perfectamente lograda. Shyamalan sabe crear suspense mediante una planificación y un montaje impecables, y con la sugestiva partitura de James Newton Howard, que casa con las imágenes a la perfección.

Uno de los grandes atractivos del film son sus dos personajes principales. Bruce Willis acierta en su composición del psicólogo; sabe transmitir la angustia y ternura que caracterizan a su personaje. Le da réplica Haley Joel Osment, el niño, que dota de una asombrosa riqueza de matices al asustado Cole: igual se muestra como chaval, jugando con sus muñecos, representando una obra de teatro..., que dominado por el pánico. Y esto no es todo. Hay química entre Willis y Osment: la escena en que ambos deciden ser sinceros el uno con el otro, revelando el motivo de sus miedos, se convierte en un fascinante quid pro quo de eficacia conmovedora, que nada tiene que envidiar al célebre pasaje de El silencio de los corderos.

Una película de relaciones humanas: entre niño y psicólogo, entre niño y madre, entre psicólogo y esposa, entre esposa y un tipo que empieza a interesarse por ella. Saber hablar, saber escuchar, a todos: a los vivos y a los muertos. Conocer las necesidades de los otros, y satisfacerlas en la medida de las posibilidades de uno. Creer. Resulta increíble que tal puñado de temas sugerentes pueda ir servido en una película de género, que cabalga entre el terror y el suspense. Y, junto a ello, con enorme naturalidad, se muestra la existencia de una vida después de la muerte, la necesidad que todos tenemos de descansar en paz, el refugio que puede ofrecer, a un alma atribulada, la quietud de una iglesia.

 

 

Enemigo a las puertas / Enemy at the Gates

Jean-Jacques Annaud

6/4/2001.- Guión: Jean-Jacques Annaud y Alain Goddard. Intérpretes: Jude Law, Ed Harris, Rachel Weisz, Joseph Fiennes. 129 min. Jóvenes.


En 1992, el alemán Joseph Vilsmaier retrató con gran crudeza y cierta pesadez la mítica batalla de Stanligrado, que frenó el avance alemán hacia el Este y resultó decisiva en la evolución de la II Guerra Mundial. Ahora, el francés Jean-Jacques Annaud (El nombre de la rosa, El oso, Siete años en el Tíbet) recrea de nuevo aquel hecho histórico en Enemigo a las puertas, espectacular adaptación de la novela homónima de William Craig y la coproducción europea más cara hasta la fecha.

El irregular guión afronta el asedio de Stalingrado desde demasiados puntos de vista. La trama central –y la más interesante– describe el duelo a muerte entre dos francotiradores, uno ruso y otro alemán, cuyas mitificadas actuaciones son esenciales en las campañas propagandísticas de sus respectivos ejércitos. En ese marco, el soldado ruso sufrirá un tópico y mal desarrollado triángulo amoroso –con forzada escenita de cama–, mientras que el alemán vivirá una singular y ambigua amistad con un pobre chaval ruso, experto en sobrevivir.

Los defectos del guión debilitan varias interpretaciones, como la de Joseph Fiennes. Sin embargo, gracias sobre todo a los brillantes trabajos de Jude Law y Ed Harris, Annaud logra mantener un alto nivel de veracidad interpretativa, a tono con una ambientación excelente y unas secuencias de guerra espeluznantes. Estas escenas y el tenso duelo final, desarrollado al estilo de los westerns clásicos, son lo mejor de la película.

 

 

Erin Brockovich


Steven Soderbergh


03-05-2000.-


Director: Steven Soderbergh. Guión: Susannah Grant. Intérpretes: Julia Roberts, Albert Finney, Aaron Eckhart, Marg Helgenberger, Peter Coyote. 128 min. Jóvenes-adultos.

Sigue la buena racha de Julia Roberts. A los éxitos de La boda de mi mejor amigo, Novia a la fuga y Notting Hill, hay que añadir ahora el de Erin Brockovich, que la ha convertido en la actriz mejor pagada del mundo y le ha ganado el aplauso de la crítica. Ha jugado a favor de la película la entidad dramática y social de los hechos reales que recrea, bien reelaborados por Susannah Grant.

Sin estudios, dos veces divorciada, con tres hijos, en el paro y al borde de la indigencia, el principal afán de Erin Brockovich es ser una buena madre. En 1993, esta temperamental y patética ex Miss Wichita se hizo contratar como secretaria de su honesto abogado (Albert Finney), ya cercano a la jubilación. Y así, entre legajos y archivos, Erin destapó e impulsó un histórico proceso legal contra una poderosa empresa que había realizado durante años vertidos tóxicos en un perdido pueblo californiano, provocando diversas enfermedades graves entre sus habitantes.

Quizá la trama resulta un tanto previsible, pues repite el ya clásico esquema David contra Goliat, usado recientemente en películas como Legítima defensa o Acción civil. Sin embargo, tiene a su favor que reduce al máximo las farragosas incidencias judiciales, para centrarse más bien en las tragedias de los afectados y en la lucha de Erin por unirlos. Además, esta lucha se enriquece con los esfuerzos de la mujer por hacer compatible ese trabajo con la dedicación a sus hijos y a su nueva pareja, un bondadoso motero (Aaron Eckhart), que acepta representar el papel secundario de canguro y casi padre de los críos.

Sobre esta base, Steven Soderbergh (Sexo, mentiras y cintas de vídeo, Kafka, Un romance muy peligroso) mima la interpretación de Julia Roberts, la contrapesa muy bien con las sólidas caracterizaciones de Albert Finney y Aaron Eckhart, y desarrolla con soltura, y a veces con vibración emotiva, la fórmula tradicional del drama costumbrista. Esta se presenta a través de una realización muy realista, de descolorida resolución visual, casi de reportaje televisivo. El tono es descarnado y a veces refleja un superficial permisivismo sexual. De todos modos, estos defectos se compensan en buena medida con una visión bastante positiva del trabajo, la familia y el poder transformador de la solidaridad.

 

 

 

Frequency


Gregory Hoblit


06-09-2000.-


Director: Gregory Hoblit. Guión: Toby Emmerich. Intérpretes: Dennis Quaid, Jim Caviezel, Andre Braugher, Elizabeth Mitchell, Noah Emmerich. 106 min. Jóvenes.

Tras los recientes viajes fílmicos a diversos universos virtuales, el texano Gregory Hoblit (Las dos caras de la verdad, Fallen) retorna en Frequency a las clásicas interferencias en el tiempo, ya afrontadas en numerosas películas. Esta vez, el guionista Toby Emmerich recurre a singulares hipótesis científicas, como la teoría de las cadenas, el superespacio cuántico, los agujeros de gusano o los universos paralelos. A partir de ellas, permite que un padre y su hijo -aquél bombero, éste policía- contacten a través de un aparato de radioaficionado desde dos tiempos distintos, espaciados 20 años. Esto lleva al policía a intentar salvar a su padre del incendio que acabó con su vida en 1969, y a investigar de paso una serie de asesinatos de aquella época, similares a otros que acontecen en la actualidad. Pero estos cambios en el pasado provocan consecuencias insospechadas en el presente.

A pesar de que es liviano, el guión cae a veces en un cientifismo algo cargante, pues se toma tan en serio su punto de partida que trivializa los problemas morales que plantearía la posibilidad real de trastocar el pasado. De todos modos, si no se da demasiada importancia a este recurso narrativo, la trama resulta original y entretenida, y ofrece una amable visión de la familia y de las relaciones padres-hijos. Además, Hoblit la traduce con notable personalidad visual, y todos los actores la encarnan con convicción, especialmente Dennis Quaid, que recupera parte de su carisma perdido.

 

 

 

Gladiator (El gladiador)

Ridley Scott


31-05-2000.- Director: Ridley Scott. Guión: David Franzoni, John Logan y William Nicholson. Intérpretes: Russell Crowe, Joaquin Phoenix, Richard Harris, Djimon Hounsou, Thomas Arana, Oliver Reed, Connie Nielsen, Derek Jacobi. 154 min. Jóvenes.


El astuto Steven Spielberg tiene un olfato que combina la mentalidad del productor, preocupado por la taquilla, con su vieja máxima de que quiere hacer aquellas películas que a él, como espectador, le gustaría ver. Así las cosas, alguien que dio nueva vida al cine de aventuras (En busca del arca perdida) y al de ciencia-ficción (Encuentros en la tercera fase), logra resucitar un género que parecía absolutamente muerto: el peplum o cine de romanos. Para ello ha tenido la inteligencia de confiar el film a Ridley Scott, que estaba bastante apagado tras sus trabajos en Tormenta blanca y La teniente O'Neil. El inglés logra su mejor título desde Thelma y Louise.

La película nos lleva al año 180. Los romanos combaten a los bárbaros junto al río Danubio. Tras la victoria romana, el anciano emperador Marco Aurelio convoca a su fiel general Máximo. En confidencia le explica la poca confianza que le inspira su hijo Cómodo, como posible sucesor. Y le desvela un plan para llevar a Roma de nuevo a la República. Pero las cosas se precipitan, el César muere y Cómodo intenta eliminar a Máximo y a su familia. El antiguo general se convierte en esclavo y, tras un tiempo, en gladiador. Con su nueva condición espera organizar su particular venganza.

Entretenimiento puro. Así hay que juzgar un film que no busca en ningún momento el rigor histórico, y apuesta en cambio por el espectáculo, tomando elementos de Ben-Hur y Espartaco. Tenemos magníficas escenas de batallas, y de la lucha en la arena del Coliseo. Eso sí, servidas con una cruda violencia, con un montaje demasiado vertiginoso y con efectos copiados de Salvar al soldado Ryan, de Spielberg. La reconstrucción de Roma, con maquetas y efectos de ordenador, es deslumbrante. Ante tal panorama, uno puede abandonarse, disfrutar de la fascinante fotografía o de la épica banda sonora.

Si uno analiza a fondo el guión, puede llevarse alguna decepción. En algunas secuencias -la lucha final en la arena, la muerte de Marco Aurelio-, hay que esforzarse mucho para darlas por creíbles. Pero ayudan a salvar esas lagunas las excelentes interpretaciones: los dos antagonistas, Russell Crowe y Joaquin Phoenix, están magníficos; y entre los secundarios es obligado citar a Richard Harris y al fallecido Oliver Reed.

 

 

 

Hannibal

Ridley Scott

27/2/2001.- Guión: David Mamet y Steven Zaillian. Intérpretes: Anthony Hopkins, Julianne Moore, Ray Liotta, Gary Oldman, Giancarlo Giannini, Ennio Coltorti. 135 min. Adultos.


Diez años después de escapar, el asesino caníbal Hannibal Lecter vive lujosamente en Florencia. Un avaricioso policía italiano intentará entregarlo a su sexta víctima, un vicioso ricachón con el rostro desfigurado, que no duda en usar como cebo a la ya veterana agente del FBI Clarice Starling.

Ni soy un fanático del cine de terror, ni El silencio de los corderos me quitó el sueño. Así que no esperaba con el frenesí de algunos esta continuación de la novela de Thomas Harris y del film de Jonathan Demme, dirigida esta vez por el inglés Ridley Scott (Alien, Blade Runner, ¡Error!No se encuentra el origen de la referencia.) y con Julianne Moore en vez de Jodie Foster, que no quiso participar por la extrema violencia de la trama. Es en esta crudeza donde Hannibal se distancia para mal de su antecesora, sobre todo en el vomitivo desenlace, de una morbosidad ciertamente inaguantable.

Este predominio de la hemoglobina chorreante sobre la adrenalina contenida está bien sostenido por el férreo guión de los maestros Mamet y Zaillian, por unas interpretaciones excelentes y por la vibrante puesta en escena expresionista de Scott. Pero resta sutileza al conjunto, que se ve lastrado además por una incómoda carencia de perspectiva ética. Al final, este cúmulo de truculencias hasta parece esbozar una justificación –se supone que paródica– del canibalismo.

 

 

Hombres de honor / Men of Honor

George Tillman Jr.

16/4/2001.- Guión: Scott Marshall Smith. Intérpretes: Cuba Gooding Jr., Robert De Niro, Charlize Theron, Aunjanue Ellis, Hal Holbrook, David Keith, Michael Rapaport, Powers Boothe. 129 min. Jóvenes.


Generosa recreación de la historia real de Carl Brashear, hijo de un aparcero de Kentucky, que se convirtió en 1952 en el primer buceador afroamericano de la Armada de Estados Unidos. Con el tiempo, Brashear llegó a ser Capitán Buceador y Buceador Jefe, los más altos grados que concede la Armada. Además, su hoja de servicios fue incluida en los archivos de la Marina, un honor reservado a muy pocos militares.

El guión exalta sobre todo la tenacidad de Brashear para vencer los fuertes prejuicios raciales de la época y para superar la amputación de parte de su pierna izquierda, sufrida en 1966 tras el rescate de una cabeza nuclear en el Mediterráneo español. Esta trama central se enriquece con su amistad a lo largo de los años con Billy Sunday, un personaje ficticio, que aúna características de diversos militares reales. Billy Sunday es en la película un legendario Capitán Jefe de Buceadores, de fuerte carácter y casado con una bellísima mujer. Tras un grave accidente, que le impide el servicio activo, Sunday se convierte en el durísimo instructor de buceadores de la Escuela de la Marina en Bayona (Nueva Jersey). Allí conocerá a Brashear y, tras diversos encontronazos con él, se convertirá en su principal valedor.

George Tillman, Jr (Scenes For the Soul, Líos de familia) ha contado con un excelente equipo técnico y con el pleno apoyo logístico de la Marina estadounidense; de modo que su realización es siempre vistosa y a ratos espectacular, sobre todo cuando recrea la soledad de los buzos en diversas misiones submarinas de alto riesgo. Por otra parte, no desaprovecha el magnífico reparto con que ha contado, y dota de una cierta entidad dramática a las relaciones entre los personajes. Sin embargo, el conjunto resulta demasiado plano por culpa del guión del debutante Scott Marshall Smith, enormemente convencional en su desarrollo, y decididamente esquemático y hasta infantil en la definición de personajes y en el retrato de sus conflictos morales. Además, quizá para compensar el edificante tono idealista de la historia, se introducen de un modo muy artificioso situaciones y diálogos innecesariamente soeces, que provocan ciertas rupturas del tono en la película. Desde luego, tanto el argumento como el magnífico reparto hubieran dado mucho más de sí en manos de un guionista y de un director de mayor entidad.

 

 

 

 

I NO HAY PELÍCULAS

 

 

Jóvenes prodigiosos


Curtis Hanson


15-11-2000.-


Director: Curtis Hanson. Guión: Steve Kloves. Intérpretes: Michael Douglas, Tobey Maguire, Frances McDormand, Robert Downey Jr., Katie Holmes. 109 min. Adultos.

Curtis Hanson despertó interés con La mano que mece la cuna, y desató pasiones con L.A. Confidential. Ahora se queda entre ambos sentimientos con Jóvenes prodigiosos, adaptación de la novela Wonder Boys, de Michael Chabon. Se trata de una acerada crítica a la sociedad norteamericana actual desde una perspectiva tragicómica, similar a las de American Beauty o Magnolia, pero más cercana a la incómoda perplejidad de la primera.

El chispeante guión de Steve Kloves (Los fabulosos Baker Boys), desarrollado con soprendente fluidez, relata las disparatadas peripecias de un desastrado y patético profesor universitario de literatura, infelizmente casado y adicto a la marihuana, que hace siete años publicó una novela de gran éxito. Ahora, su profunda crisis creativa y vital se agrava con todo tipo de infortunios: su amante queda embarazada de él, uno de sus mejores alumnos -un joven sensible y solitario- mata al perro de la amante, su editor -homosexual- le apremia para que acabe una nueva novela, le roban el coche...

El guión, la vistosa puesta en escena y las magníficas interpretaciones -sobre todo las de Michael Douglas y Tobey Maguire- dosifican muy bien las tragedias de los personajes entre los constantes golpes de humor. Sin embargo, su divertida frescura ratos lúcida en sus análisis sociales y éticos del desconcierto de tanta gente- se malogra por una visión amoral de la vida, además de expresión muy descarnada. Por eso, aunque las preguntas que se plantean son a menudo interesantes, sus respuestas dejan mucho que desear.

 

Juana de Arco / Joan of Arc

Luc Besson


09-02-2000.- Director: Luc Besson. Guión: Andrew Birkin y Luc Besson. Intérpretes: Milla Jovovich, John Malkovich, Faye Dunaway, Dustin Hoffman, Pascal Gregory. 141 min. Jóvenes-adultos.


Elevada a los altares en 1920, Juana de Arco es una figura histórica compleja. Que una campesina analfabeta de 17 años, en plena Guerra de los Cien Años, lidere al ejército francés a instancias de una revelación divina y logre la coronación de su rey no es pequeña aventura. Es lógico que su peripecia haya sido adaptada al cine por vacas sagradas como Robert Bresson, Carl Th. Dreyer, Roberto Rossellini o Victor Fleming. Y, recientemente, Christian Duguay ha hecho una notable versión televisiva, con una maravillosa interpretación de Leelee Sobieski.

Ahora, el francés Luc Besson da un quiebro a su filmografía -Nikita, El quinto elemento, El profesional- al abordar la figura de Juana. En líneas generales, sigue los hechos históricos y demuestra admiración por el personaje. Las variaciones estriban en imaginar que una hermana fue violada por soldados de Borgoña cuando Juana era niña, y en permitir una doble lectura en cuanto a su misión: se puede pensar que, en efecto, recibió un encargo divino, o bien -mensaje para incrédulos- que fueron imaginaciones suyas. Para mantener este juego, se introduce el personaje de la conciencia (Dustin Hoffman), que atormenta a Juana. Pues este es el rasgo que se destaca: enviada de Dios, o autoengañada, Juana actuó en conciencia.

Besson logra varias secuencias impresionantes: hay una perfecta reconstrucción de la época y te mete en las acciones bélicas, donde casi salpica la sangre. El principal error está en Juana: fuerte de voluntad, histérica, ignorante campesina, temerosa, iluminada... cambia de escena en escena sin ton ni son. Da la impresión de que a Milla Jovovich le falta una mano firme que la dirija y aúne ese manojo de rasgos contradictorios. Como si el director estuviera más interesado en meterse en el campo de batalla cámara en mano, o en presentar las revelaciones divinas con estética de videoclip algo insoportable, que en perfilar a la protagonista. Quizá era demasiado pedir a Besson que diera el salto a las grandes honduras. Al menos hay que agradecerle el haberlo intentado.

 

 

Kasbah


Mariano Barroso


11-10-2000.-


Director: Mariano Barroso. Guión: Luis Marías y Mariano Barroso. Intérpretes: Ernesto Alterio, Natalia Verbeke, José Sancho, Lucía Jiménez, Adolfo Fernández, Mehdi Ouazzani. 99 min. Jóvenes.

Mariano Barroso es uno de los directores españoles jóvenes a los que hay que seguir. En Éxtasis, su mejor trabajo, demostró una madurez sorprendente al dibujar los deseos utópicos de tres jóvenes en busca de algo capaz de llenar sus vidas. Este tema de la búsqueda de la felicidad lo trata también en Mi hermano del alma y Los lobos de Washington, y lo afronta de nuevo en Kasbah.

Mario lleva años trabajando en Marruecos, pero nunca ha prestado atención a sus habitantes, y ansía volver a España. La víspera de hacerlo recibe un encargo de su jefe, que reside en la península: atender a su joven y hermosa hija, que viene de paso. Lo hace, pero unos tipos secuestran a la chica para vender su automóvil. Mientras Mario busca a la joven, viaja también al interior de sí mismo.

La película funciona bien en el dibujo de la buscada transformación del protagonista (un entonado Ernesto Alterio); en los diálogos, pletóricos de naturalidad; en la combinación de thriller y aventura; en el aprovechamiento del entorno marroquí; en el contraste de las mentalidades hispana y magrebí, con los extremos de pobreza y opulencia. ¿Puntos flojos? Algunas reiteraciones narrativas; el tema de la figura paterna, que se insinua tan levemente que apenas se advierte; y el tópico del legionario más franquista que Franco, que solo salva el esfuerzo interpretativo de José Sancho.

 

 

 

La comunidad


Alex de la Iglesia


18-10-2000.-


Director: Alex de la Iglesia. Guión: Alex de la Iglesia y Jorge Guerricaechevarría. Intérpretes: Carmen Maura, Emilio Gutiérrez Caba, Sancho Gracia, Terele Pávez. 102 min. Adultos.

En la línea de sus anteriores obras -esperpénticas, bestias, cutres-, esta sin embargo es quizá algo más contenida. La idea para el relato de suspense es buena: en el centro de Madrid, una comunidad de vecinos -paupérrima, miserable, maloliente y sucia-, dirigidos y dominados por el presidente, es uña y carne, es una comunidad total y absoluta. Pero a un repugnante viejo le toca la quiniela, y no quiere repartir los millones. Se ve obligado a no salir ni a la escalera, para que no se los quiten.

El señor ingeniero también escapa de la férrea comunidad vendiendo su piso a una inmobiliaria, que lo deja limpio, lujoso, brillante como una joya en aquel cenagal podrido. Todo esto ha sucedido antes de que comience la película, que se incia cuando Carmen Maura se encarga, como empleada temporal de la inmobiliaria, de enseñar el reluciente piso a los posibles compradores. Es ella la que descubre que el repugnante viejo ha muerto, y la que también descubre el repulsivo nido de los millones. El resto es el angustioso intento de Carmen Maura por huir del inmueble con los millones, y el obstinado esfuerzo de la comunidad por arrancarle el dinero y tal vez la vida.

Los numerosos miembros de la comunidad son interpretados por actores y actrices de primera categoría. Una labor coral extraordinaria. Carmen Maura está tan divertida y patética como siempre, sólo que esta vez le han dado la Concha de Plata. La película está notablemente bien rodada y dirigida, magníficamente fotografiada. Incluso con efectos especiales aceptables. Acaba... porque ya se han cumplido dos horas, aunque no da tiempo a que mueran todos los miembros de la comunidad; quiero decir que el guión podía haber sido más redondo y perfilado.

Al final, caen billetes de broma desde lo alto del cielo sin venir a cuento; queda bien, pero no viene a cuento. Y, más que no venir a cuento, es de todo punto increíble, que por muy avariciosa que se muestre Carmen Maura acabe con quien acaba sólo por dinero: eso acumula todos los más espantosos adjetivos.

 

 

 

La leyenda de Bagger Vance / The Legend of Bagger Vance

Robert Redford

14/2/2001.- Guión: Jeremy Leven. Intérpretes: Will Smith, Matt Damon, Charlize Theron, Andrea Powell, Bruce McGill, Jack Lemmon. 125 min. Jóvenes.


Todas las películas de Robert Redford como director (Gente corriente, Un lugar llamado Milagro, El río de la vida, Quiz Show, El hombre que susurraba a los caballos) nadan en la alta mar del melodrama y bucean en conflictos morales de interés. En La leyenda de Bagger Vance emplea el golf como metáfora para hablar del swing del alma, de ese "ritmo interior" que toda persona lleva dentro, y que conviene recuperar cuando se pierde.

El joven protagonista perdió su swing –el de golfista y el de buen hombre– en las dantescas trincheras de la I Guerra Mundial. En 1931, cuando retorna a la sureña y depauperada ciudad de Savannah, su antigua novia, un niño entusiasta y un singular caddy negro, que parece caído del cielo, intentarán sacarle de su postración. Para ello, le animan a competir en un torneo de golf donde jugará contra los dos mejores profesionales del momento.

Adaptación de la novela de Steven Pressfield, el guión de Jeremy Leven, aunque muy bien trenzado, fractura su tono amablemente evocador en una torpe escena de iniciación sexual, y padece un recurso excesivo a ciertos arquetipos melodramáticos y a esa espiritualidad etérea y superficial de los trascendentalistas norteamericanos, ya esbozada por Redford en El río de la vida. Sin embargo, dibuja con hondura y capacidad emotiva la redención del protagonista, muy bien encarnada por el magnífico reparto, y desarrollada por Redford a través de una puesta en escena de gran belleza visual. En este resultado tienen un papel decisivo la espléndida fotografía del maestro Michael Ballhaus y la banda sonora, entre épica e intimista, de Rachel Portman, que confirma su altísima calidad como compositora de cine.

 

 

 

 

Lo que la verdad esconde / What Lies Beneath


Guión: Clark Gregg. Intérpretes: Michelle Pfeiffer, Harrison Ford, Joe Morton, Diana Scarwid, James Remar, Miranda Otto, Amber Valletta. 130 min. Jóvenes-adultos.

Robert Zemeckis


13/12/2000.-


La esposa de un famoso investigador estadounidense cree sufrir en su propia casa el acoso del atormentado fantasma de una mujer, asesinada en extrañas circunstancias. Su obsesión pondrá en peligro la paz conyugal.

En cuanto a la puesta en escena y a la dirección de los magníficos actores con que ha contado, Robert Zemeckis ( Regreso al futuro, Forrest Gump) resuelve bien su descarada imitación del maestro Hitchcock, de modo que logra una inquietante atmósfera de intriga y un cierto vigor narrativo. Pero nunca logra disimular –sobre todo en el excesivo y tópico desenlace– las numerosas trampas del guión ni sus superficialidades espiritistas.

 

 

 

Magnolia


Paul Thomas Anderson


08-03-2000.-


Director y guionista: Paul Thomas Anderson. Intérpretes: Jeremy Blackman, Tom Cruise, Melinda Dillon, Philip Baker Hall, Philip Seymour Hoffman, William H. Macy, Julianne Moore, John C. Reilly, Jason Robards, Melora Walters. 180 min. Adultos.

Un joven se lanza al vacío desde la azotea de un bloque de viviendas. Al pasar a la altura de un cierto piso, le alcanza un disparo fortuito de su padre, que en ese momento amenazaba a su mujer con un arma. Un suicidio se transforma en asesinato. Son cosas que pasan. ¿Cosas que pasan? Se trata, en cualquier caso, de uno de los disparatados ejemplos con los que Paul Thomas Anderson, director y guionista de Magnolia, pretende hacer valer que, en esta vida, hasta las cosas más extraordinarias son cosas que, sencillamente, pasan. Y viceversa; en las situaciones más corrientes aletea algo que las hace especiales.

Un anciano moribundo y su joven esposa; el enfermero que cuida al anciano; una especie de predicador del sexo para machos; un policía en busca del amor; un célebre presentador de televisión; un niño prodigio de los concursos televisivos; un adulto ex niño prodigio de ese tipo de concursos, acomplejado con su homosexualidad; una mujer con traumas sexuales de la infancia... Todos ellos viven en San Fernando Valley. Y existe una especie de hilo invisible -junto a otro más visible, el de los lazos familiares- que une sus vidas. A lo largo de tres horas, el espectador es testigo de sus amores, su compasión, odio, capacidad de perdón, complejos, ambiciones, máscaras...

Anderson es un director complejo; lo demostró con Boogie Nights, sórdido viaje al submundo del cine pornográfico, y en Sidney, denso retrato de los ambientes del juego. En esta ocasión, opta por una historia coral. Jugando con el corazón, Happiness, American Beauty, Tormenta de hielo, Amigos y vecinos, son títulos recientes que vienen a la memoria, y que tienen un planteamiento estructural e intencional muy similar a Magnolia. Son en el fondo vidas cruzadas -así se titulaba el film de Robert Altman, verdadero precursor de este tipo de película-, que permiten presentar la perplejidad vital de una serie de personajes. Lo que varía de una película a otra es el enfoque, en algunos casos más ácido y descorazonador, en otros más abierto a la esperanza, a la capacidad del hombre para ser mejor.

La película de Anderson cuenta con un magnífico guión: la historia progresa adecuadamente, hay una buena definición de tipos humanos. Además, los actores están bien dirigidos. A una buena narración sobre el papel, se une una buena puesta en escena, fluida, y un buen uso de la música (magnífico y nada cursi ese encadenado de todos los personajes cantando la misma canción). Dentro de una visión más pegada al suelo que trascendente -pese a una curiosa lluvia celestial que acontece casi al final-, el film se afana en dibujar bien las virtudes y miserias de los personajes, con un relativo optimismo sobre la capacidad redentora del amor y del perdón. Algunas de las situaciones planteadas no están exentas de crudeza. Pero, ciertamente, son cosas que pasan.

 

 
 

 

Náufrago / Bringing Out the Dead

Robert Zemeckis

17/1/2001.- Guión: William Broyles. Intérpretes: Tom Hanks, Helen Hunt, Nick Searcy, Christopher Noth, Lari White, Geoffrey Blake, Jennifer Lewis. 143 min. Jóvenes.


Soledad. Quizá no hay nada peor que no tener a nadie con quien compartir alegrías y sinsabores. Éste es el tema central de Náufrago, que sigue el sino de Chuck Noland, un tipo en cuyo trabajo se hace realidad aquello de que "el tiempo es oro." Ejecutivo de una empresa de transporte urgente, siempre va deprisa de un lado para otro. Ni tiempo tiene de formalizar su compromiso matrimonial con Kelly. En uno de sus viajes relámpago para "apagar un fuego" en algún sitio, el avión que le traslada sufre un accidente y se hunde en el océano Pacífico. Él es el único superviviente, y va a parar a una isla desierta. Pasa el tiempo, y nadie llega al rescate. Seguramente le dan por muerto, y él debe ingeniárselas para seguir viviendo.

Tras equivocarse con Lo que la verdad esconde, Robert Zemeckis acomete una película rigurosa en temática y desarrollo narrativo. Y, gracias al sólido guión de William Broyles, sortea el peligro de aburrir con más de hora y media sostenida por un solo personaje. La trama está salpicada por los modos que Chuck desarrolla para alimentarse, guarecerse de la climatología adversa... Lo que nos hace comprender las muchas cosas que usamos en la vida corriente y que damos por supuestas, sin considerarlas como un regalo. Por otro lado, Zemeckis demuestra una gran fuerza visual en casi todo el metraje. Ya sea en el accidente, en los intentos de salir de la isla en una balsa, en la navegación en mar abierto o en la exploración de la isla, siempre los planos son muy imaginativos.

Cobra gran fuerza en la película... ¡una pelota de vóleibol! Bautizada por Chuck como Wilson, con ella entabla una imaginaria conversación, remedio a su soledad. Le cuenta sus penalidades, se enfada con ella, le muestra un cariño inaudito... La presencia de Wilson admite más de una lectura: puede ser la compañía que todos necesitamos ("No es bueno que el hombre esté solo"), pero también podría ser el mismo Dios, pues la actitud de Chuck, que compatibiliza amor y rebeldía, recuerda mucho al comportamiento de la criatura libre ante su creador.

La desesperación que acecha a Chuck en la isla es frenada en gran medida con el recuerdo del amor de Kelly, y con la presencia de un paquete no abierto de su empresa, uno de los restos del avión estrellado. Tener metas en la vida, que la existencia tenga un sentido, se revela como la clave para resistir. Por eso alcanza una altura dramática inusitada el último tramo del film, modélico en escritura, dirección e interpretación. Tom Hanks hace un increíble trabajo, no solo por el esfuerzo físico, sino por lo cercano que nos resulta.

 

 

Ñ NO HAY PELICULAS

 

 

Otoño en Nueva York / Autumn in New York


Guión: Allison Burnet. Intérpretes: Richard Gere, Winona Ryder, Anthony LaPaglia, Vera Farmiga, Sherry Stringfield, Elaine Stritch. 132 min. Jóvenes-adultos.

Joan Chen


13/12/2000.-


Richard Gere encarna al soltero de oro Will Keane, un acaudalado cincuentón neoyorquino por quien no pasan los años, mujeriego empedernido e insatisfecho. Un día conoce a Charlotte, joven de 22 años, que resulta ser hija de una antigua novia suya ya fallecida. Will se enamora de verdad por primera vez en su vida y, a pesar de la diferencia de edad, es correspondido sin reservas. Charlotte está gravemente enferma y posee una notable madurez: agradece cada día que le es concedido y cree que un compromiso debe ser para siempre.

Este segundo largometraje que dirige la actriz china Joan Chen –el primero, Xiu Xiu: The Sent-Down Girl, fue premiado en su país– es una previsible historia de amor con algunos toques del Don Juan –un mujeriego convertido por la inocencia–, de Pretty Woman y de otros títulos del género. Pero, si bien la historia no brilla por su originalidad, la puesta en escena resulta pausada y elegante –que no afectada–, el esmerado montaje hace que la historia fluya con facilidad –casi siempre con el lenguaje visual dominando a los diálogos– y se resuelve con habilidad un final lleno de escollos.

El guión presenta una interesante trama secundaria, la historia de Lisa, desconocida hija de Will que aparece en el momento más inesperado, y cuya presentación visual es un modelo de buen hacer. También aportan bastante John, amigo de Will, puro corazón, lealtad y sentido común, cuyas frases no tienen desperdicio, y el Dr. Grandy, un personaje secundario de primera.

Al final, pese a las convenciones del género, hay mucho más que un romance, con reflexiones interesantes sobre la vida y la muerte, la frivolidad y la responsabilidad, la lealtad y la inconstancia

 

 

Pi


Darren Aronofsky


12-01-2000.-


Director y guionista: Darren Aronofsky. Intérpretes: Sean Gullette, Mark Margolis, Ben Shenkman, Pamela Hart, Stephen Pearlman. Fotografía: Matthew Libatique. 86 min. Adultos.

"Una pesadilla numérico-apocalíptico-urbano-paranoica". Así define esta película su propio creador, el debutante Darren Aronofsky, joven cineasta estadounidense que ganó con ella el premio al mejor director en el Festival de Sundance 1998.

Describe la angustiosa espiral hacia la locura de un joven y solitario matemático que se obsesiona con la idea de que el número pi oculta la clave numérica para entender todo el aparente caos que domina el universo. Siguen de cerca sus investigaciones unos agresivos ejecutivos de Wall Street, un ortodoxo grupo hasídico de estudiosos de la cábala y un matemático que supo retirarse a tiempo.

La película ha sido realizada con solo 70.000 dólares -la mayoría donados por familiares y amigos de Aronofsky-, en un riguroso blanco y negro, de contrastes brutales, y con una agobiante partitura de Clint Mansell, plagada de música techno. El caso es que, a pesar de sus excesos formales -que, a ratos, hacen muy incómoda su visión-, ofrece unas interpretaciones excelentes y resulta muy eficaz en su delirante estética expresionista. Además, acaba por convertirse en una sugestiva parábola, muy borgiana, contra el cientifismo radical, el materialismo capitalista y el fundamentalismo religioso.

 

 

 

 

Quills

Philip Kaufman

12/3/2001.- Guión: Doug Wright. Intérpretes: Geoffrey Rush, Kate Winslet, Joaquin Phoenix, Micahel Caine, Billie Whitelaw, Patrick Malahide, Amelia Warner. 123 min. Desaconsejable.


En 1814, el Marqués de Sade se pudre en el manicomio de Chareton, vigilado de cerca por el ingenuo y bondadoso abad Coulmier, que le permite escribir relatos pornográficos como terapia contra sus obsesiones sexuales. Una joven lavandera, adicta a las obras del Marqués, saca sus manuscritos fuera del manicomio, de modo que se publican y alcanzan cierto éxito. La llegada de un psiquiatra hipócrita y cruel disparará la tragedia.

Dice Philip Kaufman (La insoportable levedad del ser, Henry & June) que su película —basada en la obra teatral de Doug Wright— trata "de la libertad de expresión y de su represión desde la hipocresía". En realidad, es una insufrible y obscena apología del hedonismo radical, plagada de personajes repulsivos —e histriónicamente interpretados—, y con una visión muy sectaria de la moral católica. De ningún modo merece sus tres candidaturas a los Oscars.

 

 

 

Réquiem por un sueño / Requiem for a Dream

Darren Aronofsky

6/4/2001.- Guión: Hubert Selby Jr. y Darren Aronofsky. Intérpretes: Ellen Burstyn, Jared Leto, Jennifer Connelly, Marlon Wayans, Christopher McDonald, Louise Lasser. 103 min. Adultos.


Hace tres años, el joven cineasta neoyorquino Darren Aronofsky impactó con su alucinante primera película, ¡Error!No se encuentra el origen de la referencia., sobre la angustiosa espiral hacia la locura de un joven matemático. Con ella ganó el premio al mejor director en el Festival de Sundance 1998. Su segundo largometraje, Réquiem por un sueño, adaptación de la novela homónima de Hubert Selby Jr, ganó la Espiga de Oro en la Seminci de Valladolid 2000 y ha optado al Oscar y al Globo de Oro a la mejor actriz (Ellen Burstyn).

La veterana intérprete da vida magistralmente a Sara, una solitaria viuda, adicta a un concurso televisivo. En su afán por adelgazar, también acaba enganchada a las anfetaminas. Paralela a su tragedia discurre la de su hijo Harry, su novia y el mejor amigo de ambos. Al intentar ganar dinero fácil, los tres jóvenes aterrizan en la zonas más sórdidas de las cloacas de las drogas.

Aronofsky pone el dedo en la llaga al denunciar las falsas esperanzas que generan las adicciones escapistas de la realidad, que conducen a tanta gente a oscuros agujeros de inhumanidad. Sin embargo, su mirada resulta demasiado desesperanzada y algo morbosa en su cruda recreación de la locura, la violencia y la sexualidad salvajes que delimitan la degeración moral de los personajes. Al guión le hubiera venido muy bien algún contrapunto luminoso, y a la agobiante y paranoica realización, plagada de delirantes efectismos, algún momento de reposo, para poder digerir el cúmulo de desgracias que se describen.

 

 

 

 

Stigmata


Rupert Wainwright


08-03-2000.-


Director: Rupert Wainwright. Guión: Tom Lazarus y Rick Ramage. Intérpretes: Patricia Arquette, Gabriel Byrne, Jonathan Pryce, Nia Long, Portia De Rossi, Enrico Colantoni. 103 min. Adultos.

Una atea peluquera de Pittsburgh ve cómo su vida se derrumba cuando comienza a sufrir en propia carne los estigmas de la pasión de Jesucristo. Para estudiar el caso, el Vaticano envía a un sacerdote de la Congregación para las Causas de los Santos, especialista en este tipo de hechos milagrosos por su condición de científico, pero cuya fe se tambalea desde hace años. Al hilo de su investigación, el sacerdote irá descubriendo una oscura conspiración en el seno de la Iglesia católica, liderada por un siniestro cardenal. Su objetivo es ocultar la existencia de un misterioso evangelio, supuestamente escrito en arameo por Jesucristo, que cuestiona la existencia misma de la Iglesia, para propugnar un cristianismo de carácter subjetivo y panteísta.

A través de unas esforzadas interpretaciones y de una realización efectista y publicitaria, a medio camino entre Seven y El exorcista, Rupert Wainwright (Dillinger, Blank Check, The Sadness of Sex) pretende reflexionar sobre el supuesto conflicto entre ciencia y fe. Durante dos tercios del filme -y a pesar de que ya apunta incoherencias- navega con cierto brío por tan espesas aguas, y hasta llega a aceptar el origen sobrenatural de los estigmas. Pero, de un modo incoherente, dedica el tercio final a arremeter contra la Iglesia católica, echando mano del llamado Evangelio de Santo Tomás, que la película presenta como si fuera un secreto celosamente guardado por el Vaticano. En realidad, esta colección copto-sahídica de sentencias atribuidas a Jesucristo, encontrada en 1945 en Nag-Hamidi (Egipto), es una obra apócrifa de claro origen gnóstico, cuya primera edición crítica data de principios de los 60 y que es bien conocida por los especialistas.

Aunque él dice que sí lo ha hecho, Rupert Wainwright no se ha documentado suficientemente sobre los temas que trata. De modo que la ignorancia sobre la religión y la Iglesia católicas, que demuestra en la última parte del film, reduce a pavesas algunos aciertos parciales -por ejemplo, recrea con crudeza cómo fue realmente la muerte de Jesús en la cruz- y explica el curioso hecho -muy en la línea New Age- de que el espectador nunca sepa con exactitud si los estigmas de la protagonista son obra del mismo Jesucristo, del diablo, del alma en pena de un viejo sacerdote o de una esotérica fuerza de la naturaleza. A la postre, todo queda en un infantil y superficial alegato contra la jerarquía católica -presentada en todo momento con un tenebrismo ridículo, como ya sucedía en El fin de los días-, que convierte en simple espectáculo aspectos complejos y singulares de la religión. ¿Cuándo retratará de una vez el cine actual a alguien que viva o al menos intente vivir su cristianismo plenamente y de un modo normal?

 

 

 

 

 

Tigre & Dragón / Wu hu zang long / Crouching Tiger, Hidden Dragon

Ang Lee

27/2/2001.- Guión: Wang Hui Ling, James Schamus y Tsai Kuo Jung. Intérpretes: Chow Yun Fat, Michelle Yeoh, Zhang Ziyi, Chang Chen, Lung Sihung, Cheng Pei Pei. 119 min. Jóvenes.

En un giro inesperado en su carrera, el taiwanés Ang Lee (Comer, beber, amar, Sentido y sensibilidad, La tormenta de hielo) se está llevando de calle al público y a la crítica de medio mundo con su última película, Tigre & Dragón. Se trata de un singular cóctel de artes marciales y melodrama, basado en la cuarta parte de un popular folletín que el chino Wang Du Lu escribió poco antes de la II Guerra Mundial. El film ya ha ganado siete premios de la crítica norteamericana, y los Globos de Oro y los Premios de la Academia Británica a la mejor película en habla no inglesa y director; y ahora opta a 10 Oscars, incluidos los correspondientes a mejor película, película en habla no inglesa y director.

Usando como hilo conductor las peripecias de una mítica espada, el guión hilvana una trama de aventuras e intrigas con otra de amores imposibles, ambas protagonizadas por ladrones y wuxias. Estos últimos son honestos caballeros errantes, sin lealtades fijas y de corazón rebelde, que desfacen entuertos durante la época de Confucio en el mágico mundo de Giang Hu.

La película ofrece una puesta en escena fascinante, de esmerada ambientación, y enriquecida con la preciosa fotografía de Peter Pau y con la excelente banda sonora de Tan Dun, clásica y moderna, oriental y occidental a la vez. Por su parte, los actores alivian con sus poderosas presencias físicas el tono algo declamativo de los diálogos. Esto queda especialmente patente en los apabullantes combates de artes marciales, coreografiados como pasos de ballet por el especialista Yuen Wo-Ping –que ya demostró su maestría en Matrix–, y resueltos con espectaculares efectos especiales.

Sin embargo, el ritmo se desacelera bruscamente en los pasajes melodramáticos, que tienen un tempo muchísimo más lento y contemplativo. Además, estos fragmentos están marcados por una sensualidad algo empalagosa y por confusas invocaciones al taoísmo y a su escapista búsqueda de la serenidad a través de la reducción a la nada de los conflictos. De todos modos, Ang Lee logra una película entretenida y original que, a pesar de sus defectos, eleva el cine de artes marciales a niveles artísticos insospechados.

 

Traffic

Steven Soderbergh

14/2/2001.- Guión: Stephen Gaghan. Intérpretes: Benicio del Toro, Michael Douglas, Catherine Zeta-Jones, Don Cheadle, Dennis Quaid, Erika Christensen, Topher Grace. 147 min. Adultos.


Este film, servido por Steven Soderbergh a partir de un guión de Stephen Gaghan –inspirado en la miniserie documental británica Traffik y galardonado con el Globo de Oro–, tiene la virtud de dar una visión poliédrica de los dramas generados por el consumo y tráfico de estupefacientes. Lo hace contando de modo paralelo tres historias: 1) La lucha a pie de obra de dos policías mexicanos, en la frontera entre su país y Estados Unidos; su esfuerzo y dedicación contra el narcotráfico son sinceros, pero ¿qué pretende en realidad su superior, el general Salazar? 2) El nombramiento en Estados Unidos del nuevo fiscal antidroga, que coincide con la iniciación a las drogas de su hija adolescente. 3) La detención de un sospechoso, jerifalte del tráfico de drogas, cuya verdadera ocupación desconocía su destrozada esposa.

Gaghan acierta al pergeñar tres historias poderosas. De modo que cuando saltamos de una a otra añoramos saber qué va a pasar en el relato que acabamos de abandonar, pero enseguida nos sumergimos en la narración que habíamos dejado hace un rato. Quizá el hilo narrativo más endeble sea el tercero, donde la transformación que sufre Catherine Zeta-Jones resulta algo increíble. Soderbergh, que es el responsable de la fotografía bajo el pseudónimo de Peter Andrews, opta por dar un tratamiento visual diferente a cada una de las historias: domina el sepia en lo que acontece en México, los tonos azulados y fríos en el entorno de Washington donde transcurre la vida del fiscal, y unos colores más naturales en San Diego, donde se produce la detención del narco. Obviamente, este recurso visual ayuda a distinguir las narraciones, y apuntala un cierto tono de verismo, pues algunos colores se asocian casi intuitivamente a determinados ambientes. Pero quizá se hace notar demasiado. Más inteligente es el recurso al español en los tramos mexicanos, realista de verdad, y que tiene un firme apoyo en el trabajo extraordinario de Benicio del Toro, premiado con el Globo de Oro al mejor actor secundario. Aunque todo el reparto está estupendo, con interpretaciones muy medidas.

La película acierta en el dibujo de las enormes dimensiones del problema de las drogas. Un problemas de personas concretas: las adictas, las que las han convertido en modus vivendi, los que luchan contra el narcotráfico y se sienten impotentes, las familias de todos ellos. Existe una cierta humildad entreverada de desesperanza en el reconocimiento de que los instrumentos que arbitra la justicia para acabar con esta lacra no bastan. La decisión de no dejar completamente cerrada ninguna historia viene a decirnos que la lucha no termina nunca. Hacen falta el apoyo de la familia, la integridad de los profesionales... y grandes dosis de paciencia.

 

 
 

Un domingo cualquiera


Oliver Stone


05-04-2000.-


Director: Oliver Stone. Guión: John Logan y Oliver Stone. Intérpretes: Al Pacino, Cameron Díaz, Dennis Quaid, James Woods, Jamie Foxx, Ll Cool J, Matthew Modine, Charlton Heston, Ann-Margret. 150 min. Jóvenes-adultos.

Liga profesional de fútbol americano. El equipo Miami Sharks ya no es el que era. Quedan lejanas las dos temporadas seguidas en que el entrenador Tony D'Amato logró el campeonato para su equipo. Las derrotas se acumulan, y la joven presidenta del club, heredera del cargo de su difunto padre, trata de que el equipo recupere su antiguo pulso. La oportunidad surge cuando el legendario quaterback Jack Cap Rooney sufre una lesión. Le sustituye el joven Willie Beamen que, ante la sorpresa de todos, hace un partido extraordinario. Es el comienzo de una carrera imparable, marcada por la fama y el dinero.

Oliver Stone se ha zambullido esta vez en los entresijos del deporte profesional; un mundo cada vez más mercantilizado, donde sólo cuenta la victoria a cualquier precio, para así obtener ingresos millonarios en publicidad, derechos de retransmisión, merchandising, etc. Las frases con que D'Amato arenga a su equipo -"En un domingo cualquiera vas a ganar o perder. La cuestión es: ¿puedes ganar o perder como un hombre?"- pierden cada vez más su sentido ante unos hombres que desean brillar individualmente, y no como un equipo. Seguramente ésta es la principal novedad de la película. No faltan emocionantes partidos de resultado incierto y jugadas espectaculares, servidas con imágenes impecables, perfectamente editadas, que parecen sacadas de un campo de batalla. O momentos de la vida amorosa de los personajes, pintados a veces con trazos muy gruesos. Pero lo que distingue este film de otros es que mete el dedo en una dolorosa llaga: el deporte profesional ha perdido gran parte de su romanticismo; sus protagonistas ya no sienten los colores de su equipo como antaño. Sin embargo, Stone, contra pronóstico, mantiene un cierto tono de confianza en los viejos valores que subyacen en la palabra deportividad.

El film es largo, y las secuencias deportivas puedan cansar; pero Stone mantiene el interés con su brillante puesta en escena y con los dramas de los personajes. Plantear un paralelismo entre el fútbol y los antiguos juegos de los circos romanos (con doble homenaje a Charlton Heston) es un acierto. Mostrar los excesos a los que se entregan los personajes por su profesión (abandono de la familia por parte del entrenador, riesgos inauditos para la salud, traición a la memoria del padre, a una novia o a lo que ha sido siempre una vida sobria...) ayuda a reflexionar sobre dónde deben ponerse los límites de tal entrega. El reparto está bien, aunque el tono coral no ayuda a desarrollar a fondo todos los personajes

 

 

V NO HAY PELICULAS

W NO HAY PELICULAS

 

 

X-Men


Bryan Singer


11-10-2000.-


Director: Bryan Singer. Guión: David Hayter. Intérpretes: Patrick Stewart, Ian McKellen, Hugh Jackman, Franke Janssen, Anna Paquin. 94 min. Jóvenes-adultos.

De la imaginación de Stan Lee nació en 1963 la Patrulla X, uno de los comics más famosos del sello Marvel. Los mutantes son seres superdotados gracias a un factor X en su código genético que les da poderes paranormales. Mucha gente normal, encabezada por el senador republicano Kelly, los teme, y quiere incluirlos en un registro para así poder controlarlos. El profesor Charles Xavier funda una escuela para superdotados, que en realidad acoge y entrena mutantes para que dominen sus poderes y los pongan al servicio del bien. En el otro extremo está Magneto, otro poderoso mutante que, harto de los humanos normales, funda una diabólica hermandad para dominar la Tierra.

Para los fans del cómic, la película de Bryan Singer (Sospechosos habituales) supondrá una agradable sorpresa, pues ofrece un buen retrato de sus héroes. Reconocerán a Tormenta, a la excesivamente sensual Mystique, a Cíclope..., y descubrirán que respeta aquel terrible inicio, en un campo de concentración polaco durante la II Guerra Mundial.

Para los demás espectadores, la película resulta un buen entretenimiento, que acierta al centrar la historia en la incorporación al grupo de Charles Xavier del carismático y rebelde Lobezno, y de Pícara, una adolescente que no sabe por qué es diferente de los demás. En torno a esta pareja hay un misterio, que también incluye la clave del complot de Magneto. El ritmo es trepidante, y los efectos especiales se ponen, sin excesos, al servicio de los héroes.

 

Yo y yo misma / Me Myself & I

Pip Karmel


31-05-2000.- Directora y guionista: Pip Karmel. Intérpretes: Rachel Griffiths, David Roberts, Sandy Winton, Yael Stone, Shaun Loseby, Trent Sullivan. 104 min. Adultos.


Dentro de una bañera llena de espuma, una chica con el maquillaje arruinado por las lágrimas simula pegarse un tiro en la sien con el secador de pelo. Es Pamela, una periodista superpremiada por sus reportajes sobre la mujer moderna, pero cuya vida, paradójicamente, es un desastre. Al cumplir 30 años, los remordimientos por tantos desamores la llevan al borde de la desesperación. Ella achaca todos sus males a la oportunidad que desperdició hace 13 años, cuando rechazó en el instituto a Robert, que ahora imagina como el hombre ideal.

En el punto álgido de esta crisis, un mágico golpe del destino permite a la Pamela actual intercambiarse con la imaginaria Pamela de sus sueños, felizmente casada con Robert, madre de tres hijos y con un perro. Sin ninguna experiencia matrimonial ni maternal, la joven afronta perpleja la alucinante situación, aparentemente idílica, pero en la que pronto surgen sombras de pesadilla.

Este divertido enredo supone el brillante debut en largometrajes de ficción de la australiana Pip Karmel, con una larga experiencia como montadora, documentalista y directora de cortos. Su principal aportación es la certera mirada, a contracorriente del caduco feminismo radical, con que encara los dramas de tantas mujeres que intentan compaginar un trabajo estresante con su dedicación a la familia. "Cuando era pequeña -ha señalado Karmel-, me decían que era muy importante estudiar una carrera, tener un trabajo y ser independiente. Pero en algún momento de la vida el mensaje cambia y de repente tener una familia es lo que cuenta de verdad. Me pregunté si existía toda una generación de mujeres que lo habían dado todo por tener una carrera y hacer realidad sus sueños, y que de repente pensaban: 'Quizás debería casarme y tener hijos'".

Desde este lúcido planteamiento, su guión y su realización desarrollan con sorprendente frescura el traumático y a la vez hilarante proceso de maduración de Pamela. En este sentido, la película se beneficia de ese eclecticismo tan característico del cine australiano, que aúna con frecuencia la fluidez narrativa de las comedias estadounidenses con la riqueza antropológica de los dramas europeos.

De todos modos, cabe reprochar su permisivismo respecto a la contracepción y un tratamiento muy explícito del sexo, concesiones que denotan una cierta falta de confianza de Karmel en el indudable atractivo de su elogio del matrimonio, magníficamente encarnado por todos los actores y especialmente por Rachel Griffiths. Si no fuera por estos defectos, cabría encuadrar Yo y yo misma junto a otros grandes títulos recientes sobre el sentido del amor, como Beautiful Girls, Próxima parada Wonderland o Jugando con el corazón.

Z NO HAY PELICULAS

 

 

 

 

 

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