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Ángeles Gulín

Hace unos días falleció Ángeles Gulín sin que en general los medios la dedicaran el recuerdo que su figura merecía. Gulín fue, en su doble sentido, una de las voces más grandes de la última historia lírica española. Fue una de las cantantes españolas que de verdad triunfaron internacionalmente. Las juventudes de hoy no la pueden conocer debidamente porque su discografía oficial fue escasa y poco representativa, pero muchos aficionados veteranos de todo el mundo conservan sus grabaciones en vivo como oro en paño y buscan cuantas nuevas puedan aparecer. Más aún en estos tiempos -25 años de las desapariciones de Callas y del Monaco- en que se echan de menos las voces importantes. A pesar de debutar como Reina de la noche, su repertorio  coincidió con el primero de Callas: “Tiefland, “Gioconda” o “Vísperas sicilianas”.

Escuché y traté a Ángeles Gulín. Recuerdo sonar su voz como una trompeta en las alturas del gallinero del Liceo. Sólo Birgit Nilsson representa en mi memoria viva algo similar.  En Barcelona la escuché muchas obras, pero nunca olvidaré una “Gioconda” con Carlo Bergonzi. Tampoco la que cantó en la Zarzuela y que supuso el debú de Domingo, ni el “Ballo” madrileño con Pavarotti. El italiano no conocía a Gulín y se quedó patidifuso cuando ella abrió la boca en el primer ensayo. Supo que tenía que poner toda la carne en el asador, a pesar de que no  hemos escuchado un mejor Ricardo que el suyo en décadas. Recuerdo los “Nabucco”, “Turandot”, “Macbeth”. ¡Tantas y tantas óperas huérfanas hoy de sopranos!

Muchos años después, cuando la Universidad Politécnica de Madrid me pidió que pusiera en marcha  su ciclo de conciertos, contraté a Carlo Bergonzi para un recital en el Auditorio Nacional. Me sentí feliz de poder invitar a Ángeles Gulín a una cena con el tenor, pues era una forma de agradecer cuanto de ella había recibido. Vino en la silla de ruedas con la que se movía desde hacía tiempo a causa de una grave enfermedad renal que la obligaba a diálisis diarias, pero disfrutó de la velada.

Vaya desde estas líneas un fuerte abrazo a su esposo, Antonio Blancas y a Ángeles Blancas, quien tuvo que hacer frente al “Turco en Italia” ovetense mientras fallecía su madre. Se nos fue una grande de verdad. Gonzalo ALONSO 

BRAZIL

Esta columna se sale un poco de lo habitual esta semana pero, después de tanto tiempo juntos, creo que ya somos lo suficientemente amigos como para darles un consejo que va más allá de lo meramente musical. Además quien disfruta con una sinfonía o con una ópera, sabe disfrutar también de la vida en general. En el fondo los líricos somos bastante sibaritas.

Amigos, es el momento ideal para hacer una escapada a Brasil. Acaba de empezar su primavera y el dólar vale cuatro reales, cuatro veces más que hace cuatro años. Se van a encontrar todo regalado y la música no es de por sí nada cara. Es más, gran parte de ella resulta gratuita y podrán disfrutar de mucho Jobim. En la capital,  Río de Janeiro, hay un teatro de ópera que merece una visita. Su construcción denota un periodo de esplendor y muchas ganas de epatar en su momento, como sucede en casi todos los teatros líricos de países de análogas características. Revela la diferencia de clases sociales de la época, aún hoy perfectamente vigente. Lo muestran los ónices y mármoles de sus dos primeras plantas, los estucos que los imitan en la tercera y las simples pinturas del paraíso, desde donde resulta espectacular contemplar sus más de dos mil quinientas localidades. A ambos lados del escenario sendos palcos, que permanecen siempre vacíos salvo cuando asisten el gobernador de la ciudad o el presidente del país. Como en la vieja Europa de otros tiempos. El restaurante de la planta sótano, con sus mosaicos y estatuas, traslada al comensal nada más y nada menos que al Nabucco verdiano. Y resulta emocionante pasear por unos sótanos que se inundan cuando llueve y contemplar la vetusta maquinaria de origen británico. Y, con un poco de imaginación, en sus paredes aún resuena la inolvidable voz de Bidù Sayao cantando Gilda o Julieta.

Y en Manaos, en plena selva,  encontrarán el teatro lírico kafkiano, el de Fritzcarraldo.  En Salvador no haya ópera, el teatro y la música están por todas las callejuelas del Pelourinho.

De verdad, si pueden no dejen de aprovechar la ocasión de visitar Brasil. Pero, eso sí, tengan cuidado con su compañía aérea internacional. Para ella un vuelo directo es lo mismo que una línea de metro: para en un montón de estaciones aunque se siga en el mismo vagón. Gonzalo Alonso

Caos económico

En los últimos tres años ha saltado a la fama artística el nombre de Alberto Vilar. Su foto y su nombre aparece no sólo en revistas y programas de mano, sino también en los propios hall de teatros y salas de conciertos. No es un artista, pero se compremetió a donar en conceptos filántropos una cifra que se estima en 225 millones de dólares. Ahora ha cundido la alarma en más de una de las entidades beneficiarias de los dineros “Vilar”. ¿El motivo? Parece que las pagos no llegan y de ello se acaba de hacer eco el New York Times.

Alberto Vilar hizo gran parte de su fortuna con la nueva economía, invirtiendo en empresas como Microsoft o American on line a través de  una sociedad de valores llamada Amerindo. Es claro que en ese sector las cosas no son lo que eran y la cotización ha perdido una fortuna. Los posibles problemas con los patrocinios de Vilar han saltado a través de Washington y Nueva York. A la primera no le habrían llegado el millón de dólares comprometido para el programa Vilar/Domingo de jóvenes artistas. A la seguna los 700.000 $  para el concurso de nuevos directores. La situación creada es tal que el propio Maazel habría tenido que poner dinero de su bolsillo para aliviar el problema.

Los dineros de Vilar habrían de llegar al Met (20 millones), Covent Garden (17), Kirov (14), Salzburgo, Bayreuth y otros muchos sitios -entre ellos al Liceo para financiar las nuevas subtitulaciones- y hasta el Kennedy Center neoyorquino (50). En algunas de estas instituciones ha cundido la alarma al tener noticia de lo sucedido en Washington y Nueva York y al comprobar que los pagos no estan al día.

A tenor de lo publicado en Estados Unidos, Vilar no parece estar muy al tanto del retraso en el cumplimiento de sus compromisos y ha declarado que se trata simplemente de una recolocación en fechas. El caso es que, de confirmarse toda esta situación, hay muchas entidades artísticas que se van a encontrar con problemas económicos inesperados: proyectos en marcha sin fondos que los soporten. Es deseable que no suceda, pero los pronósticos son pesimistas.

Vilar tenía anunciada su visita al Liceo y al Real en fechas próxim as. Quizá sea la ocasión para averiguar si va a llegar o no la sangre al río. Gonzalo ALONSO

Carta abierta a Helga Schmidt

No quisiera estar en tu piel, Helga, en estos momentos en que te debe pesar tanto el desánimo que tendrás pensamientos de mandar todo a paseo. A paseo el teatro que tanto amas y que tanta sangre te está costando. A paseo los políticos valencianos cuyo comportamiento no puede entender una persona de mente germana como la tuya. Sin embargo te quiero ayudar porque conozco tu amargura actual, porque antes la vivieron otros como Antonio Ros Marbá -!qué mal le comprendimos entonces y que bien le entendemos ahora!- y porque yo lo he sentido también en mis propias carnes en alguna ocasión.

Has perdido a López Cobos, con quien negociabas desde hace más de un año sin poder cerrar nada porque no te han otorgado tus políticos capacidad de firma y porque ellos no han querido firmar nada. El Real te lo ha robado, eso sí, de la forma más caballerosa. Entre personas de honor. !Qué elegancia por parte de todos!  Pero ahora incluso se puede echar atrás tu amigo Zubin Metha, al que no puedes entretener por más tiempo, y con él todo el resto de tu proyecto. Y tu reputación se empezará a resentir en los medios musicales internacionales al verse que no se firma nada. Tu proyecto,  !qué digo proyecto! Los muchos proyectos que has tenido que ir pergueñando al irte retrasando la fecha de entrega del edificio una y otra vez. Es más, ¿a que aún no sabes para cuándo se podrá contar con él? Yo lo visité hace poco y, desde luego, no le queda menos de un par de años. Pero tus políticos valencianos, como les pasa a todos los nuestros, creen que el Palacio de las Artes es como el de la Ciencia, que se termina y se llena de cosas compradas tres meses antes. No comprenden que en música es bien distinto, que para el día de la apertura hay que tener preparada una orquesta y firmados contratos con unos artistas que están cerrando ya sus agendas para 2006/7. Y no lo entienden, o no quieren entenderlo, por muy aficionados a la música que sean. Tampoco saben lo que va a costar mantener el enorme palacio en construcción y que llenar sus más de diez mil localidades sólo es posible con una calidad superior que traiga público de fuera y que eso aumentará aún más los costes. Y la calidad no se consigue en dos días. Tampoco se dan cuenta que tendrían que estar preparando al público valenciano dándoles ópera desde ya. En el Principal o donde sea.

Pero, Helga, hazte a la idea que sus ritmos y sus prioridades son otros. Que te pagan porque al final resuelvas tu todo seis meses antes de la inauguración y que, si en el mejor de los casos lo logras, te quedarás con la frustración de no haber podido realizar ni la cuarta parte de tus suelos. Sabrás que será una mediocridad por mucho que aplaudan. Llegará la inauguración y se hartarán de fotos, se pondrán todas las medallas y tu, en un rincón, les miraras pensando: !qué cara tenéis! Pero te lo callarás. Tus amarguras pasadas no le importarán a nadie. Así, Helga, son nuestros políticos y me temo que los de todo el mundo.

Por eso Helga, desde mi experiencia, te doy el mismo consejo que daba Cela: aguanta. En este país triunfa quien aguanta. Consigue y guarda papeles con firmas, recoge tu nómina todos los meses, trabaja a medio gas, viaja y diviértete, no comprometas demasiado tu imagen profesional... Y, sobre todo, no te angusties. No lo merecen. Pero eso sí, ten preparadas tres o cuatro soluciones de emergencia lo suficientemente satisfactorias para cuando, tres meses antes de la inauguración, el político de turno te pregunte qué has estado haciendo en todo este tiempo. Así es mi tierra, así es mi gente, cantaba Luis Eduardo Aute. Y si no te ves capaz de soportar el trabajar entre tanta mediocridad, haz lo que yo. Dedícate a contarles lo que deberían hacer y no hacen.

Helga, un fuerte abrazo y ánimo. ¡Ah, e invítame a la inauguración para que, desde tu rincón, podamos mirar en silencio a los que corten la cinta y soñar con lo que, por su culpa, pudo ser y no fue. Gonzalo ALONSO

Escenas Diversas

Es un hecho que en nuestro país hemos pasado de la penuria escénica de las producciones líricas a casi la mayoría de edad. Prueba de ello es la presencia simultánea de dos grandes directores de escena actuales: Gian Carlo del Monaco y Pier Luigi Pizzi. Ambos son italianos pero sus trabajos responden a conceptos que casi están en las antípodas.
Monaco acaba de estrenar “Simon Boccanegra” en el Real, Pizzi ofrecerá su “Turco en Italia” en Oviedo. Nada mejor que presenciar ambos espectáculos para comprobar las grandes diferencias en la forma de trabajar. En del Monaco prima el hombre de teatro que busca reflejar los movimientos de la acción. En Pizzi prima la belleza visual y si cabe, la belleza de la estaticidad. Una escena llevada con la profundidad dramática como la muerte de Simon es impensable en Pizzi. Como también resulta difícil que los escenógrafos habituales de del Monaco creen algo de una belleza plástica como las de los caballos en el “Tancredi” visto en Madrid hace años. De ahí que cada uno tenga su público. Así en Italia gusta más Pizzi y en Alemania del Monaco. A unos públicos les interesan unas cosas y a otros otras. En España, afortunadamente, sabemos apreciar a fondo ambos enfoques. Como debe ser.
Pero empezaba estas líneas aludiendo a “casi la mayoría de edad”. ¿Qué nos falta pues para ser adultos? Pues, entre otras cosas, aprender a que no nos den gato por liebre. Existen directores de escena que se hallan más preocupados por el dinero que por el arte. En nuestro tiempo no podía ser de otra forma. Los hay que poseen auténticas factorías, que han invertido su dinero en talleres de las diversas ramas que intervienen en una producción y que colocan sus “inversiones” en cuanto se descuidan los responsables de los teatros o en cuanto prefieren o les interesa mirar a otro lado. Y la colocación se puede realizar por muchas vías diferentes. Y los hay que alquilan y no venden y que clavan a los teatros cuando llega una reposición. Y los hay que trabajan con un “book”, con un catálogo del cual van seleccionando elementos para cada nueva producción, según la ley del mínimo esfuerzo. Es, entre otras razones, el poder saber y distinguir estas cosas por lo que no sirve cualquiera para responsable de un teatro. 
Gonzalo ALONSO

SIMON BOCCANEGRA

Es sin duda una de las óperas más bellas e interesantes de Verdi, pero también ha sido una de las más difíciles para el gran público. De ella, como sucede con Macbeth, Lombardi, Stiffelio, Don Carlo o Forza, existen dos versiones: la de 1857 y la de 1881. Median casi 25 años, serían los mismos que transcurren entre Prólogo y Primer Acto. El desarrollo del lenguaje verdiano es tremendo en esos años.

La primera versión fracasó estrepitósamente porque el público no apreció el incipiente cambio de lenguaje. Verdi quiso dar una mayor presencia al elemento dramático a través de unos recitativos que casi son hablados. El barítono Simon es el protagonista, pero no posee ni una sola aria, lo que sí sucede con el resto de los personajes. Su “particcella” es preciosa, una oportunidad única para un cantante actor (Leonard Warren) o un actor-cantante (Tito Gobbi), como bien lo ha apreciado Plácido Domingo, que desea sea quizá el último gran papel de su carrera.

En la segunda versión pueden considerarse muchos aspectos: la revisión musical en sí y las mejoras introducidas así como la circunstancia cierta de haber sido un ensayo de cara a Otello. Se trataba de probar a Boito y resultó suficiente. Verdi introdujo una escena de gran contenido dramático, lo mejor de la obra, el final del primer acto en el Consejo. Eliminó reiteraciones enfáticas y partes que, como la cabaleta de la soprano tras una insulsa aria, se correspondían más con el pasado. Y, sobre todo, profundizó y redondeó el personaje de Simón hasta pintar el retrato sonoro estereotipo de un dictador. La personalidad que se cree jefe por mandato divino, que en su crueldad se siente justo y cuya pesada soledad le hace sentir una cierta suerte de autoconmiseración. La partitura es un canto a la soledad del poder y a las acechanzas que siempre le rodean. A más de uno le vendría bien seguir detenídamente la ópera.

Verdi empieeza a enlazar con Wagner desde un estilo propio y muy italiano. Simon está muy próximo al Don Carlo -Simon y Fiesco heredan mucho de Felipe II y el Gran Inquisidor- pero también a Lohengrin y a Tristan. Y Verdi  introduce un naturalismo en su obra -la presencia del mar es obsesiva- que culminará en Otello, quizá la primera ópera verista. Gonzalo ALONSO

ABAO, 50 AÑOS

La Asociación de Amigos de la Ópera de Bilbao celebra sus bodas de oro, lo que la convierte en una de las más antiguas del país. Hace nada festejaban sus mil representaciones con una serie de fotos de familia, pero lo que aún admira más a todos es la cifra de sus seis mil setecientos abonados, practicamente la más elevada en una entidad del género. Por sus temporadas han pasado tantas primeras figuras que su simple enumeración bastaría para llenar esta columna. Vaya un par de citas, dos sopranos cuyos nombres también son objeto de atención este año: Callas, por sus venticinco de aussencia y Tebaldi, por sus ochenta entre nosotros. Únanse a ellos los de algunos tenores -Monaco, di Stefano, Corelli, Bergonzi, Pavarotti, etc- para comprender la relevancia vocal de sus temporadas. Y no sólo se trata de nombres consagrados, ya que en Bilbao han actuado cantantes que empezaban una carrera estelar y que no se han podido escuchar en otros sitios. Los aficionados españoles que aman las voces sabían y saben que tienen una cita obligada en Bilbao.
Artistas y organización lucharon en el Coliseo Albia por ofrecer unos espectáculos de dignidad escénica y orquestal comparable a la vocal. Ahora, en el Palacio Euskalduna, ya se puede lograr lo que antaño era problemático. Sin embargo las cosas no son tampoco tan fáciles a causa de los múltiples usos de la sala, que muchas veces perjudican los ensayos. Queda aún camino por recorrer hasta que la ABAO cuente con una sala adecuada por completo. Mas las dificultades actuales provienen también del campo económico. Los tiempos están complicados para los patrocinios e incluso para las subvenciones oficiales, máxime cuando los desacuerdos entre los gobiernos central y vasco repercuten en las arcas de la asociación. Pero la Asociación sigue adelante con ilusión ejemplar.
Hoy no sólo quiero felicitar a la ABAO por sus bodas de oro, sino también dedicar un recuerdo a la memoria de Antonio Fernández Cid, quien nos dejó en el Ercilla en los inicios de su conferencia sobre “Turandot”, la ópera que inaugurará el sábado la temporada. Tendré el emotivo honor de continuarla yo mañana. Para la ABAO mis ánimos y la más cariñosa felicitació y para Antonio el recuerdo entrañable al maestro.
Gonzalo ALONSO

Cambios en música

Aznar nos sorprendíó a todos al abrir su cuaderno azul. Conviene avanzar en lo que a nosotros nos ocupa, la música. Hay dos cambios que nos afectan profundamente: las salidas de sus actuales cargos de Ruíz Gallardón y Zaplana. Ambos han llavado a cabo una política cultural de primera línea en sus respectivas comunidades y en el caso madrileño con mucha intensidad en la música. La relación es larga: la intervención fundamental en momentos cruciales del Teatro Real, la recuperación de un Albéniz desconocido, los ciclos sinfónicos con la Sinfónica de Madrid en los que se han dado a conocer muchas obras inéditas, el apoyo decisivo a la Orquesta y los Coros de la Comunidad, la construcción de un teatro-auditorio en San Lorenzo de El Escorial o el Teatro del Canal, etc. Es de esperar que la futura presidencia de la CAM continúe en la misma línea de atención a la música y culmine los proyectos que quedarán por completar en mayo de 2003.
Si Ruíz Gallardón llega a la alcaldía -¡qué diana la de Beckmesser en su columna "La alcaldía"!-, tiene una ingente labor por delante ya que desde ella apenas se ha favorecido la cultura. El Ayuntamiento podría integrarse más en el Real y, sobre todo, tomar posesión del Teatro de la Zarzuela e incluso podría darle un aire a lo "Chatelet". El Festival de Otoño de la CAM y los Veranos de la Villa del Ayuntamiento han de hallar su auténtico proyecto. Y mucho más que ha de inventarse e iniciarse.
La situación en la que queda Valencia es preocupante. Helga Schmidt, la directora del futuro teatro de ópera, sigue sin capacidad de firma y sin la posibilidad de cerrar acuerdos más que de palabra, poniendo en juego día tras día su reputación internacional. El Palacio de las Artes no es como el de la Ciencia, que se termina y se llena de cosas compradas tres meses antes. Para el día de la apertura hay que tener preparada una orquesta y firmados contratos con unos artistas que están cerrando ya sus agendas para 2006/7. Llenar sus más de diez mil localidades sólo es posible con una calidad superior y la calidad no se consigue en dos días. Tendrían también que estar preparando al público, dándole ópera desde ya. En el Principal o donde sea. El sucesor de Zaplana ha de ponerse las pilas cuanto antes.
Gonzalo ALONSO

LÓPEZ COBOS, MADRID Y VALENCIA

Hay muchas operaciones en las que la cautela e incluso el silencio son necesarias para el éxito de las mismas. Sin embargo, una vez resueltas conviene que se den a conocer los procesos de las mismas a efectos de la documentación histórica. Así sucede con la operación que culminó hace unos días con el nombramiento de Jesús López Cobos como director musical del Teatro Real y, paralelamente, a su descabalamiento del proyecto operístico en Valencia.

Conozco bien al maestro desde hace treinta años, tantos que su hijo, el también director Lorenzo Ramos, era un niño. Nos hemos encontrado en muchos sitios, de España y el extranjero y, como suele suceder entre artistas y críticos, también hemos tenido nuestros desencuentros. Uno sólo, diría yo, mi crítica a su reaparición en Madrid con una agrupación extranjera tras muchos años de ausencia. Pacata minuta. Años atrás, cuando el Teatro Real era aún un proyecto, abogué por la inclusión en él, en su primera fase, de los directores españoles entonces ausentes de España: García Navarro, López Cobos y Gómez Martínez. Y ello, por dos razones. La primera, porque era de justicia. La segunda, que dadas las peculiares condiciones de su dependencia política y las implicaciones que ello supone, no cabía pensar en personalidades  extranjeras para su puesta en marcha. El tiempo me daría la razón con el fracaso de Lissner.

Juan Cambreleng, segundo mandatario del teatro, escogió a García Navarro, pero la larga enfermedad de éste provocó un desgobierno en el Real. Cuando ya la situación era irreversible, se llegó a la conclusión que era inevitable acelerar las sustituciones precisas. El tres de junio de 2001, encomendándome a Dios y al diablo, llamé a López Cobos, a título personal, para hacerle la consulta sobre su predisposición a escuchar una eventual oferta del teatro si es que ésta tenía lugar. El maestro siempre se había declarado no disponible para el teatro. Tras una breve pero profunda conversación, me manifestó su receptividad si las cosas se hacían en serio. El día trece de junio, y tras una conversación preeliminar, enviaba una carta a la presidencia de la comisión ejecutiva de la fundación que rige los destinos del teatro con una propuesta concreta para la renovación de los cargos artísticos y musicales, añadiendo la predisposición de López Cobos a, al menos, escuchar.

La comisión ejecutiva empezó gestiones de cara a la dirección artística y, a primeros de julio, saltaron a la calle informaciones sobre las candidaturas de Emilio Sagi y Jesús López Cobos. Con el primero, efectivamente, se habían realizado ya gestiones oficiales, mientras que ninguna con el segundo. Naturalmente al maestro no le agradó ver su nombre en una operación entonces aún inexistente y así me lo comunicó por teléfono. Tras una llamada mía a la comisión ejecutiva, el Secretario de Estado se puso en contacto con el director para presentarle excusas y asegurarle que dichas informaciones obviamente no podían haber salido del teatro. La opción López Cobos fue analizada ya oficialmente a primeros de agosto y la comisión ejecutiva se trasladó a San Sebastián para celebrar un almuerzo con él, que se hallaba dirigiendo "Rigoletto". En su transcurso López Cobos dejó claras sus condiciones, que no se centraban más que en aquellas cuestiones artísticas necesarias para aumentar la calidad musical del teatro: estabilidad en la orquesta con mayor control sobre ella, igualdad de duración de los contratos de director artístico y musical y mayor duración para el de la agrupación y otras cuestiones similares, así como la especificación clara y por escrito de responsabilidades de las diversas direcciones de acuerdo con el funcionamiento gerencial de un teatro a la "italiana". Inés Argüelles y Emilio Sagi, que están formando un magnífico equipo, trabajaron con paso firme y lograron solucionar todas las cuestiones para la firma del contrato de director musical el pasado cuatro de julio. Queda ya así estructurado en su totalidad el teatro. No falta nadie y creo que podemos confiar plenamente en el triunvirato. Argüelles está demostrando ser una persona seria en sus planteamientos y agradable en el trato. Sagi, aparte sus cualidades profesionales, posee la inteligencia y la sensibilidad para llevarse bien con todos. López Cobos aporta unas capacidades y experiencia que son fundamentales para el teatro y, además, su actitud de llamar al pan, pan y al vino, vino. El Real, si los políticos les dejan trabajar y les apoyan en los presupuestos, puede tener una andadura brillante de aquí al 2007.

El día de la firma fue obviamente un día de alegría y satisfacción, aunque también quedó un regusto amargo al que me referiré a continuación. López Cobos mantenía tratos con Valencia desde antes de junio de 2001. Iba a formar equipo con Helga Schmidt y Zubin Metha. Por eso no quiso dar una respuesta definitiva al real hasta pasado el 30 de junio. Porque había dado esa fecha a Valencia como último plazo para una propuesta concreta por escrito. En la ciudad del Turia se construye un palacio lírico ante el que el Real es la caseta de los guardas, con cuatro salas y un aforo total de diez mil personas. Tengo serias dudas de que los políticos sean conscientes del alcance y los costes de lo que están creando. El coste de mantenimiento del Palau de las Arts será altísimo y, además, ese palacio sólo podrá llenarse a base de calidad y más calidad, lo que supone aún más dinero. Y la ópera no es como el Museo de la Ciencia, que se termina de construir, se rellena con unas cuantas compras y a correr. No, la ópera es bien distinta. De entrada hace falta preparar una orquesta desde mucho antes de su apertura y firmar contratos artísticos cinco años antes de que se vayan a producir las actuaciones. Porque en ópera es el contenido, al menos,  tan importante como el  continente. Los políticos valencianos podrían representar el papel de la "Ciega" de "Gioconda", dado que todavía ni han otorgado capacidad de firma a quien ha de realizar las contrataciones artísticas. ¡Inconcebible a las fechas que estamos para su inauguración! Esa es otra. Se anunció ésta para 2003. Tras visitar las obras se me hace imposible y más bien habrá que pensar en el 2005. Pero eso si también se ejecutan paralelamente las actividades artísticas que son imprescindibles.

Madrid ha metido siete goles a Valencia sabiendo hacer las cosas en el tema López Cobos y la capital mediterránea se encuentra ahora descabezada de director musical y, probablemente, también sin Metha. De ahí la amargura a la que aludía. La música, en general, es una entelequia para los políticos y, desde luego, no cabe en sus prioridades por mucho dinero que esté en juego. Luego que no se extrañen de que les lleguen los escándalos de forma sonora y a buen ritmo. Gonzalo ALONSO 

 

Jóvenes con futuro

Hace unos años el premio Príncipe de Asturias fue concedido a una generación de cantantes que han paseado el nombre de España por todo el mundo. Fue sin duda un reconocimiento, pero también en cierto modo la constatación y el aviso de que se acababa una generación que había dominado el mundo de la lírica durante años. Los Kraus, Aragall, Carreras, Domingo, Lavirgen, Pons, Lorengar, de los Ángeles, Caballé, Berganza, etc. ya habían o estaban a punto de ceder el paso a otra generación y existían pocos nombres españoles capaces de recoger la antorcha. Afortunadamente empezaron a surgir: José Bros, Ana María Sánchez, Carlos Álvarez, María Bayo y otras voces que ya han cantado en los teatros internacionales más importantes. Sin embargo no sólo no ha aparecido una generación en bloque del nivel de la señalada sino que se echan de menos nombres individuales como aquellos que la componían. Faltan, en una palabra, figuras que arrollen y eso sucede en todos lados.
Traemos al suplemento de esta semana una relación, amplia pero seguro que quedarán algunos nombres en el tintero, de artistas con posibilidades de ocupar un digno lugar en el mundo musical. Junto a nombres casi desconocidos figuran otros que ya poseen una cierta popularidad, que pueden avanzar o quedarse donde están hoy. Algunos de ellos alcanzarán probablemente la reputación de nuestras figuras de hoy y, con suerte, incluso podría surgir entre ellos un divo lírico. 
En cualquier caso es alentadora la evolución de algunos jóvenes. Por poner un ejemplo, hace apenas año y medio escuché en el Lázaro Galdiano a un joven barítono de la Escuela Reina Sofía cuya voz era más bien reducida y que no sabía estar en escena. Llevaba una chaqueta tres tallas más grandes de la suya y las mangas le ocultaban las manos. Pues bien, hace pocos días cantaba un papel mozartiano en el Teatro de la Zarzuela en una gala privada. La voz había crecido, el timbre se había definido más y dominaba la escena. Un gran trabajo en apenas unos meses. Ese y ningún otro es el camino. Materia prima no falta en bastantes de los valores recogidos, hace falta esfuerzo y dedicación bajo una adecuada tutela. Esperemos que el cóctel funcione en todos ellos.
Gonzalo ALONSO 

SINFORADIO

Empezó con mucha publicidad y murió en silencio que, a fin de cuentas, es una nota musical importante. Justo hoy es su aniversario, pues nació el 19 de junio de 1994. No lo podrán celebrar los miles de oyentes que seguían la emisora a través de unos veinte postes a lo largo y ancho de toda España. Sólo lo podrán hacer los que sintonicen Canal Satélite, unos pocos.
Nació como solución para dar contenido a una Antena 3 recién desmantelada, pero Jorge de Antón se encargó de auparla hasta lo más alto con su entusiasmo extraordinario. Con su fórmula -"los números uno de los últimos quinientos años"- y con él se consiguió en poco tiempo un público muy heterogéneo. La emisora se escuchaba en los taxis porque relajaba la conducción y se escuchaba en hogares expertos porque seguían programas especiales, como el de José Luis Rubio -"Voces de oro"- o las "Noches de ópera" de quien firma. Se logró crear afición. Aún conservo cartas de chicos de doce y catorce años que escribían para felicitar y preguntar las cosas más simples. No sabían gran cosa, pero les encantaba lo que escuchaban. Así, poco a poco, se educa. Cumplía por tanto una misión que ni Radio Clásica, con tanto programa docto, cubría.
Pero era una empresa privada sometida a las leyes de la rentabilidad. A los publicitarios les era más rentable dedicar su esfuerzo a vender en los "Cuarenta principales" y a los directivos les fue más rentable vender poste a poste la emisora hasta que sólo quedaron Canarias, Barcelona y Madrid. Máxime cuando su gerente -¿para qué recordar nombres?-, tras el fallecimiento de Jorge de Antón, llegó a preguntar qué si era importante aquello del Liceo, que iba a reabrir sus puertas. Sin conocimientos y sin entusiasmo de su dirección quedó avocada a la inanición y no sirvió para nada que sus accionistas o los más altos ejecutivos del grupo fueran y sean aficionados a la música. Son las reglas de la economía.
Cada vez están más lejanos los días de 1910 -y no sólo por el tiempo- en que miles de ciudadanos americanos escucharon a Caruso desde el Metropolitan. 
Descanse en paz SinfoRadio en su retiro digital y esperemos que un día alguien la resucite o la compre y salga de nuevo a la luz. Gonzalo ALONSO

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