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En esta sección hallarán material del año 2000 de las secciones de "Artículos de opinión de Gonzalo Alonso"y "Artículos de Beckmesser" con el que entretenerse

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ORQUESTA DE LA RTVE: ¿SEPI O UCI?

Siempre hay niños mimados y niños a los que no se presta atención. La ONE y el Teatro Real son entidades muy mimadas que, por lo mismo están en boca de todos. Se desea que funciones adecuadamente y en cuanto no es así se encienden las luces rojas, se llenan páginas de periódicos y, así, se acaba poniendo orden. El reverso de la moneda lo tenemos en la Orquesta Sinfónica y Coros de la RTVE, a cuyos problemas viven ajenos los periodistas y a cuyo desarrollo artístico no siguen gran parte de los críticos. Cada viernes acude toda la crítica madrileña al Auditorio Nacional para valorar el concierto de la ONE, aunque el programa y el director de turno carezcan del menor interés. Prácticamente ningún crítico acudió este año al estreno de la composición Premio Reina Sofía en el Monumental. Por eso esta semana El Cultural ha decidido airear una situación tan perversa como injusta.
La agrupación goza de buena salud artística y hay ganas entre sus profesores por mejorar, por rendir y por situarse a la cabecera de las orquestas españolas. Se puede apreciar cuando sube al podio algún buen director extranjero, López Cobos, Gómez Martínez, etc…Pero la programación incumple claramente la filosofía con que la orquesta fue creada. No hay estímulo para la nueva creación ni para la recuperación del repertorio español. La OSM reestrenó hace unos días "El Apocalipsis" de Bretón; en la RTV nunca sucede algo así. Dos excepciones confirman la regla: la sesión dedicada a un Premio Reina Sofía que se suele acompañar mal y aquella canora resumen de los concursos de canto del año. Pobre resultado frente a los 30 encargos anuales de la Orquesta de Radio France.
Los altos mando de la casa de RTV nunca han sabido qué hacer con su conjunto. De ahí los cambios continuos de sede y las ganas de endosársela a cualquier otra administración. De ahí la política populachera de grabaciones o sinsentidos como llevarla a una gala televisiva para presentar la programación de la temporada y hacerla tocar en playback. De ahí que transcurran ocho años de tensas negociaciones laborales, que sólo se atiendan ante una demanda, que siempre queden flecos mal resueltos como las jubilaciones y que se proceda a pequeñas venganzas personales como el despido de los dos mozos de ayuda por no entrar en el convenio pactado. De ahí, y de agradecimientos políticos malentendidos, el nombramiento injustificable e inoportuno de un titular, que hizo su labor años ha, pero que poco puede aportar ahora y no sabe retirarse a tiempo. Señores del Ente: un poco de responsabilidad y cordura, por favor. La RTVE necesita un auténtico proyecto artístico.

Gonzalo ALONSO

PRIMERA PIEDRA DEL TEATRO DEL ESCORIAL

El lunes trece tuvo lugar la ceremonia de la colocación de la primera piedra del Teatro del Escorial promovido por la Comunidad de Madrid. En estas líneas les ampliaré algunos promenores de los ya conocidos y les haré partícipes de mis preocupaciones.

Llegar al día citado no ha sido un camino fácil. Se lo digo yo que conozco casi todos los detalles gracias a Gonzalo Alonso, que ha participado activa y generosamente en cuatro aspectos fundamentales: la localización del enclave, su adquisición, la selección de un equipo experto en cuestiones de construcción teatral y la definición de programas del edificio. El lunes posiblemente colocó su última piedra, puesto que otras ocupaciones le impedirán seguir en ese proyecto. Desde hace años se venía hablando de la posibilidad de construir un auditorio, pero el lugar que se pretendía no reunía las condiciones precisas a pesar de poseer una localización espectacular: la presa de Abantos. Esa misma espectacularidad perjudicaba el proyecto desde un punto de vista ecológico, ambiental y de seguridad. La localización definitiva no es menos envidiable y goza de importantes ventajas: estar en el mismo centro de la villa, sus panorámicas sobre Madrid, la existencia de un gran aparcamiento contiguo, la variada accesibilidad para público y servicios, etc. La adquisición del solar comenzó por negociaciones de compra, que se frustraron por una complicada problemática registral y finalmente hubo de recurrirse la expropiación. En el proyecto han intervenido, junto al equipo facultativo de la Comunidad de Madrid, profesionales de la experiencia de José Luís Tamayo, el primer director técnico del Teatro Real, o la casa de sonido BBM. Finalmente se ha establecido un programa que contempla una sala polivalente de unas 1300 localidades, otra entorno a las 400 y espacio para exposiciones, dentro de un diseño severo acorde con el entorno de la villa y el cercano Monasterio.

Se han solventado dudas de peso. ¿Qué público madrileño acudiría al Escorial dada la amplia oferta sinfónica de la capital? De ahí la pretensión de intentar promover un Glyndebourne más que un Salzburgo y de ahí la conversión de auditorio a teatro. Y es que, no lo olvidemos, tener un nuevo teatro está muy bien, pero lo realmente importante es su uso futuro. Confiemos que se actúe con sabiduría. Aún tenemos reciente el gravísimo error cometido en el Real al terminarse un edificio y no haber una programación diseñada y contratada. Hasta la prevista inauguración en la primavera del 2003 queda el tiempo justo para constituir la fórmula jurídica responsable del teatro, elaborar un programa de actividades y contratar a su personal. BECKMESSER

BERLÍN: CRISIS EN LAS ÓPERAS

Con la caída del muro de Berlín llegaron las libertades, pero también los problemas económicos de la reunificación y los problemas para la música. Dos ciudades se convirtieron en una sola y vieron duplicadas de la noche al día una buena parte de sus estructuras. Berlín este y Berlín oeste pertenecen al mimo "land" -algo equivalente a nuestras comunidades- y al mismo senado. Las mismas instituciones han de sufragar los gastos de tres teatros de ópera -la Deutsche Oper (Oeste), la Deutsche Staatsoper Unter den Linden (Este) y la Komische Oper (Este) y no sólo eso, sino también cinco orquestas. En otras áreas de la vida berlinesa se había producido ya una racionalización. No en la música, la asignatura siempre pendiente a la que nadie se atreve a meter mano.

La situación ha venido siendo precaria en los últimos años y siempre se ha hablado de la necesidad de una coordinación artística que nunca se ha producido. De hecho podía llegar a verse un mismo título en la programación anual de las tres casas. A esto había quien respondía que cualquier título admite enfoques diferentes y que ello no beneficia sino al desarrollo cultural. Por el contrario, hay quien manifiesta que ello no es más que un dispendio económico que el "land" no puede permitirse.

El pasado trece de octubre, el senador de cultura Christoph Stölzl tomó cartas en el asunto y fue más allá de cuanto se había pensado al proponer que los dos teatros de mayor tamaño, la Deutsche Oper y la Statsoper se fundiesen en una única institución. Sus planes, que deberían aplicarse a partir de enero de 2002, contemplan que la Staastoper se centrase en los clásicos y primeros románticos, mientras que los garndes títulos de Strauss, Wagner, Verdi, Puccini, y todo el siglo XX se reservaría para la Deutsche. El Senado berlinés se ahorraría 20 millones de marcos (unos 1.800 millones de pesetas) con esta especie de fusión, que obligaría a los teatros a tener un equipo directivo común y programas complementarios. Los ahorros suponen también una drástica reducción en ambas orquestas de alrededor de 70 profesores y 30 coristas.

En la discusión han terciado los directores de las óperas de Munich y Zurich, planteando aquellas cuestiones en las que un político corto de miras no piensa. ¿Es comparable el elevado presupuesto de las óperas berlinesas al de otros teatros de tamaño similar? ¿El ahorro estimado de 10 a 20 millones de marcos compensa la destrucción de la personalidad de dos teatros y una orquesta de tanta solvencia como la Staatskapelle? ¿Puede conseguirse ese mismo ahorro por otras vías menos castradoras? Preguntas simples que han venido a poner al descubierto el desconocimiento cultural de los políticos, incluso de aquellos que temporalmente recaen en las casas de cultura, cuyas medidas racionalizadoras buscan sólo la economía sin entrar en el desgaste o el destrozo cultural que pueden ocasionar. El senador Stölz olvida por ejemplo que hay diferentes tipos de orquestas, que no es lo mismo una agrupación sinfónica que una lírica, que los repertorios exigen una especialización, etc. En esta ocasión los políticos -que por ejemplo miden los éxitos por los llenos de público, sin tener en cuenta que la calidad artística no conlleva ni corre necesariamente paralela a la afluencia de público- han dado un paso más.

Estos matices, que son reales, no contemplan por otro lado que las orquestas nacen y se desarrollan, que con tiempo son posibles las transformaciones. ¿Es acaso la misma orquesta la Staatskapelle de Barenboim que la de hace dos décadas? El caso es que la polémica está servida y aumenta estos días al haberse unido en apoyo al director argentino un grupo importante de músicos como Plácido Domingo, Zubin Mehta, Pierre Boulez, Valery Gergiev, Simon Rattle, Giuseppe Sinopoli, Waltraud Meier o Harry Kupfer, hasta llegar al medio centenar. Posiblemente haya sorprendido esta reacción de Barenboim, que había amenazado con abandonar Berlín, una vez que finalizase su actual contrato, si no se ampliaba la financiación para su ópera. Sin embargo era previsible para quienes recuerdan su despedida de la Bastilla, por desacuerdos con el ministro de cultura francés, entre manifiestos similares a los actuales. No sólo ha conseguido el apoyo de artistas, sino también de políticos como el ex ministro de Exteriores, Hans-Dietrich Genscher, que asistió la pasada semana al concierto "protesta" que ofreció el director Michael Gielen en el Tacheles, centro berlinés de cultura alternativa. También de financieros como Peter Dussmann, dispuesto a apoyar con dinero e ideas la permanencia de Barenboim en la capital alemana. Hoy mismo Barenboim, que debía dar un recital en Madrid, dirigirá ante la Puerta de Brandeburgo un concierto, que se espera multitudinario, en apoyo a la permanencia individualizada de los teatros.

Curiosamente la Deutsche Oper ha permanecido hasta ahora al margen de la polémica, como si Christian Thielemann encontrase en la situación un vehículo para hacer valer sus méritos y quizá convertirse en el capo de la entidad resultante en perjuicio de Barenboim. Este hecho ha producido el enfrentamiento entre ambos directores y ha entrado en liza una nueva polémica: los supuestos sentimientos antijudios de una parte del mundo cultural berlinés.

Con todos estos ingredientes el cóctel se encuentra a punto de explotar. Esperemos un poco de sentido común y que el senado berlinés piense si la capital de la República Federal Alemana se puede permitir ir desarbolando la que ha sido y es una de las mayores tradiciones musicales del mundo. Es cierto que una buena parte de los artistas, los agentes y los muchos intermediarios de nuestros días encarecen la cultura innecesaria e injustificadamente, metiéndose el dinero en sus bolsillos sin pudor en nombre de un arte inexistente -el caso Boccelli es para nota- y es cierto que habrán de tomarse medidas, pero no pueden significar pan para hoy y hambre para mañana. Y una reflexión final, Berlín se halla a tres mil kilómetros de Madrid, pero aquí la situación empieza a parecerse: una gran ópera, el equivalente a la Komische Oper en la Zarzuela, y varias orquestas sinfónicas pendientes del presupuesto público (ONE, RTVE, JONDE, OSM, Comunidad, etc) y existe un refrán que reza "cuando las barbas de tu vecino…" Gonzalo ALONSO

Lo que opina Norman Lebrecht sobre la crisis berlinesa

UNA OCASIÓN PERDIDA

El próximo lunes se estrenará en la Ópera de Munich la nueva ópera de Aribert Reimann, una de las figuras más importantes en el panorama de la composición contemporánea. Se trata de alguien muy querido en la ópera bávara, en cuyo teatro estrenó "Troades" en 1986, "Lear" en 1978, nada menos que con Fischer Dieskau, y "El castillo" en 1992.

De nuevo Reimann ha vuelto su mirada a los grandes títulos de la literatura para encontrar un asunto de su interés en qué basar su nueva obra. Tras Strindberg, Shakespeare, Euripides, Werfel y Kafka, el compositor ha escogido a Federico Garcia Lorca y su atormentado drama "La casa de Bernarda Alba" para su tercera ópera muniquesa. Los bávaros han tirado la casa por la ventana y será Harry Kupfer quien firmará la producción escénica, con bocetos de Frank Philipp Schlößmann, y Zubin Mehta quien tomará la batuta para dirigir a un elenco con figuras de tanto relieve como la joven Christine Schäfer o la veterana Helga Dernesch.

En principio la pieza de Lorca se ajusta muy bien a las características de Reimann, autor con un total dominio de la escritura vocal. No en vano acompañó hace años al piano a algunos de los grandes cantantes, habiendo quedado como hito su recital junto a Fischer Dieskau. En su estilo abunda un oscuro pesimismo -quizá una reminiscencia de una infancia vivida durante la pasada guerra- y, tal y como hiciera Britten, escribe cuidando la psicología individual y las características vocales de quienes van a ser los intérpretes de sus partituras.

La Ópera de Munich aborda el estreno en coproducción con la Ópera Cómica de Berlín y aquí empieza la cuestión que hoy nos atañe. Parece sorprendente que ningún coliseo español haya tenido la visión suficiente para apuntarse a esta coproducción aunque fuera un subiéndose a un tren en marcha. Y el reproche atañe a los dos grandes teatros españoles, al Liceo y, sobre todo, al Real. Este último ha presentado hasta la fecha únicamente estrenos de autores españoles. Quizá fuera ya hora de mirarnos un poco menos el ombligo y poner autores extranjeros al lado de los nuestros para promover su inquietud y estimular sus musas. Discutible resulta también que se haya anunciado la puesta en escena de una partitura de Henze para los próximos años en el teatro madrileño -Tielemann lo afirmaba hace un par de semanas en estas páginas- cuando es precisamente Henze el único compositor vivo de quien el teatro ha ofrecido ya una obra, "Las Basárides". La repetición no parece lógica dentro de una oferta tan estrecha. "La casa de Bernarda Alba" habría sido una apuesta perfecta que no se ha jugado, posiblemente por ignorancia. Va siendo hora de que el Teatro Real también se ponga las pilas en estas materias. Gonzalo ALONSO

TEATRO REAL 4 AÑOS

Vamos ya por la cuarta temporada del Teatro Real. Hace casi seis años, antes de la reapertura del mismo, publiqué un artículo en ABC en colaboración con Eduardo Casanueva, entonces ambos en la Comisión Ejecutiva del Teatro, en el que exponíamos la filosofía que, a nuestro juicio, debía subyacer en el quehacer del teatro. Fue una opinión que los entonces responsables del Real no compartían. Han pasado desde entonces varios años y muchas cosas. Tantas como para que aquella opinión pueda mantenerse al cien por cien y, ahora, todo el mundo la asuma como propia. Pero una cosa es asumir y otra actuar.
El Teatro Real debe ser un organismo vivo con su propio pulso. Un organismo completamente diferente a lo que pueden considerar los hábitos de gestión de personas alejadas de inquietudes culturales reales, para quienes el mejor teatro es un edificio vacío. En el mundo actual es muy fácil ofrecer programación cultural a domicilio, pero no 
debería nunca convertirse en una especie de “sala de cine” al servicio de los “tour operators” culturales. Aceptar estas lujosas ofertas es conformarse con muy poco y alejarse de lo esencial. Aunque sin renunciar jamás al estímulo estético que supone una política cultural de puertas abiertas a cualquier nueva propuesta, nuestro teatro debe ser un auténtico teatro de ópera, en el que ésta se viva con pasión desde un principio, y no un lujoso –pero siempre mediocre– teatro de “exhibición de espectáculos de ópera”.
Pensar en ópera no debe ser como visitar un antiguo museo. Si es cierto que los aficionados desean contemplar las obras maestras del repertorio, no es menos cierto que para quien ame de verdad cualquier manifestación artística, renunciar al futuro es condenarse de antemano a una agonía intelectual. Si de algo debe servir el Teatro Real es como instrumento al servicio de la creación, sea esta musical, dramática o escénica. La ópera es un género interdisciplinar en el que la creación tiene un amplio campo donde manifestarse. Entran aquí naturalmente los compositores, escritores y coreógrafos, pero también los escenógrafos, pintores, cineastas y hasta los pioneros de las nuevas tecnologías y la realidad virtual. Ni que decir tiene que deben considerarse no sólo “nuevas producciones” sino “producciones propias”. Hoy se habla de coproducción en términos excesivamente generales, cuando hay que distinguir entre coproducción y cofinanciación. En las auténticas coproducciones se comparten elementos artísticos, se comparte la creación y no sólo la financiación. Nueva creación, coproducciones, etc, exigen un completo “estar al día” de cuanto sucede en el mundo, lo que sólo se consigue con una organización pensada al efecto que sistemáticamente recoja y analice informaciones.
España es una gran potencia cultural. El teatro, la danza y el canto forman parte de nuestra entraña. Con esta riqueza, el teatro debe elaborar su propia política cultural para el cumplimiento de los fines de la Fundación del Teatro Lírico. Abrir las puertas a la creación, integrar a los creadores en el proyecto, fomentar nuevas propuestas estéticas y asumir riesgos es hacer realidad la letra fundacional y sentar las bases del futuro. Para todo ello el Teatro Real debe tener su propia orquesta estable y su propio coro, un gerente administrativo, un director artístico, un director musical –ambos puestos son, lo reitero, incompatibles–, sus ayudantes, quizá un pequeño cuerpo de ballet, sus técnicos, una escuela interdisciplinar de formación que permita la promoción de jóvenes valores, así como un entrenado y cualificado equipo humano capaz de afrontar cualquier desafío artístico, musical o escénico.

Es perfectamente posible encontrar fórmulas contractuales, fuera de esquemas funcionariales, que permitan disponer de estos equipos humanos con rigor presupuestario y sin tener que recurrir en modo alguno a fórmulas posiblemente legales pero poco éticas de espíritu. Y junto a cuerpos estables, ha de existir un claro y amplio espíritu de colaboración con otras instituciones de muy diverso tipo, porque es necesario entroncar el Teatro Real en la sociedad civil y artística. Así pues, el Teatro Real debe ser una caja de resonancia de nuestra cultura en el contexto internacional, utilizando al máximo los medios audiovisuales. Para ello ha de impregnarse de una cierta filosofía en su concepción artística. Ha de pasarse de una programación de “oportunidad o capricho” a una que obedezca a un auténtico proyecto cultural. Y ha de abrirse dicho proyecto a una sociedad amplia, para quien suponga un desarrollo cultural y no sólo ocasión de lucimiento. No es el camino más fácil pero sí el único que justifica la enorme inversión pública efectuada y por efectuar.

Gonzalo ALONSO

ÚLTIMOS CARTUCHOS

Se veía venir: el nuevo "Anillo", el primero del nuevo milenio, llegaba en un momento comprometido. O hacía levantar de nuevo el vuelo a un Bayreuth mortecino o lo enterraba definitivamente y, más bien, está sucediendo esto último. Cada nueva jornada de la "Tetralogía" es un desastre mayor. Hay práctica unanimidad en que el "Siegfrido" actual es, en todos los sentidos, el peor que jamás se ha escuchado en Bayreuth.

Wolfgang Wagner, el nieto del compositor más longevo aunque con menos ingenio, quiere morir en el festival con las botas puestas pero muchos sectores, y entre ellos sus familiares, abogan por un cambio generacional. Eva Wagner-Pasquier, hija del anterior matrimonio de Wolfgang y asesora vocal de Lissner en su meteórico paso por Madrid, y Nike Wagner, sobrina de Wolfgang se disputan la herencia wagneriana y hasta, en cierto modo, cuentan para ello con el apoyo del Gobierno alemán, quien a través de la Fundación Richard Wagner, presionó al amenazar con la retirada de los 272 millones de pesetas de subvenciones estatales.

Wolfgang contratacó y recurrió Alberto Vilar, el multimillonario americano de origen cubano de moda en toda la Europa musical -patrocina Salzburgo con la nada despreciable cantidad de mil millones de pesetas- para que ponga un dinero, aún sin determinar, con que financiar el nuevo "Tannhauser". Y, para redondear la jugada, se lo encargó a Christian Thielemann, el deseado heredero de la más sólida tradición alemana que ya ha debutado este año en "Maestros cantores" con tal éxito que ha hecho a muchos ver en él un camino de futuro. Pero no queda ahí la cosa, sino que además barrío para casa y propuso como su sucesora a su mujer Gudrum.

Wagner cosechó inutilmente varios sonoros abucheos y es que nadie entiende por qué salió en solitario a saludar tras su ya veterana y rancia puesta en escena de "Parsifal". Nada contento se llevó una mano a la cabeza e hizo un signo significativo acusando de loco al respetable. No le bastó esa salida y repite con cualquier excusa. También se le complicaron las cosas con las deserciones de Sotin y Meier por "falta de entendimiento con la dirección". Y, como a un perro herido todo se le vuelven pulgas, la Unión Europea de Radiodifusión boicoteó varias retransmisiones al desconectar antes de que terminasen, de forma que Wotan se despidió de Brunhilda y de los oyentes antes de tiempo. Wolfgang Wagner se conserva físicamente joven para sus 81 años, pero no tiene el empuje que Bayreuth requiere. Su etapa ha pasado y el Festival necesita una clara renovación. Gonzalo ALONSO

Muere Franco Donatoni

Franco Donatoni murió en Milán, a los setenta y tres años y tras una larga enfermedad. En el hospital Niguarda de Milán, donde falleció, se instaló la capilla ardiente del músico. El compositor, natural de Verona, estudió composición con Piero Bottagisio, Ettore Desderi, Lino Liviabelli e Ildebrando Pizzetti en los conservatorios de Milán, Bolonia y Roma, aunque sus mayores raíces hay que buscarlas en Bruno Maderna. En los años cincuenta se trasladó a la ciudad de Milán, donde compuso la mayor parte de su obra y en cuyo conservatorio impartió docencia hasta 1977, alternando con la que prestaba a distancia en el romano de Santa Cecilia. Su labor como profesor fue muy destacada, ya fuera en los citados conservatorios, en Turín, en la Universidad de Bolonia, en los cursos de composición de Siena o en los diversos seminarios americanos en los que participó. Donatoni escribió varios libros sobre aspectos musico-filosóficos, entre los que destacan «Questo» y «Antecedente X».

Premiado maestro Una de sus principales obras es «Eco» en 1983, encargo de la Fundación Gulbenkian. La partitura empieza con un contraste entre el «staccato» de dos oboes y el «legato» de dos violines. Este mate- rial va reformándose mediante un mecanismo de eco en los violines y el resto de las maderas, logrando pasajes de grandes cambios en los que Donati era maestro. En otra de sus obras, «Blow» (1989), un quinteto para viento que responde a un encargo del Quinteto Arnold, mostró su talento en el arte de la variación. Sus esfuerzos por superar la crisis de la vanguardia se vieron recompensados con varios premios como Lièges 1951, ISCM 1961, Marzotto 1966, Koussevitky 1968, etcétera. Justo pocos meses antes de su fallecimiento había terminado, con la participación de varios alumnos, la composición de una obra para la Orquesta Sinfónica de Los Ángeles. La pieza lleva por título «Esa» y representa un homenaje al director de la agrupación, el finlandés Esa Pekka Salonen. G.A.

 

BARENBOIM Y MADRID

El martes le fue entregada a Daniel Barenboim la Medalla que la Comunidad de Madrid acaba de instituir para personas que hayan destacado en algún campo artístico. Una vez nacida la idea era fácil intuir que el primero de estos galardones había de recaer sobre alguna personalidad del mundo musical. No en vano el Presidente es gran aficionado a la música y sobrino nieto de Albeniz, compositor al que el pianista argentino lleva años aproximándose, aunque sólo recientemente se haya atrevido a tocar algunas piezas de su "Iberia".

Posiblemente habrá otras figuras que también habrían sido indicadas, pero desde luego nadie puede negar que Barenboim sea una de ellas. Sería demasiado prolijo glosar en estas breves líneas todos y cada uno de los méritos de una de las más grandes personalidades musicales de estos años. Él es, ante todo, un gran músico. Pianista desde hace justo cincuenta años, es ,como fuera su admirado Arthur Rubinstein, un solista personal en el que lo que más destaca es musicalidad y sonido. Su compatriota Arnoldo Liberman lo expresará en el acto de entrega de la medalla. Como director sinfónico empezó unos quince años más tarde y debutó en un foso lírico en 1973, en el Festival de Edimburgo. También ha marcado hitos acompañando al piano recitales de Fischer-Dieskau o haciendo música de cámara junto a Jacqueline du Pré, y, posteriormente, con Gregor Piatigorsky, Itzhak Perlman y Pinchas Zukerman.

De todo ello ha dejado amplia huella en nuestro país desde que se presentase en pantalón corto ante un piano. Quedaba su presencia dirigiendo ópera y lo ha cumplido ahora con "Tristán" y "Don Juan", la misma obra con la que debutó en el género. Por artista, por su vinculación con Madrid y por el inmenso cariño que por él siente nuestro público se tenía merecido el homenaje de la CAM.

Pero además se intuye que estamos ante una nueva etapa del artista en España. Su presencia en el Teatro Real ha servido de revulsivo. Ha mostrado la diferencia entre ópera de primera y ópera de segunda y el Real no podrá ya ser el mismo. Ha de ponerse las pilas. Y lo mismo cabría apuntar de otros teatros españoles con pretensiones. España está de moda por su buen hacer en muchas cosas. Es tiempo de que sepa también hacer ópera de primer nivel por sí misma y no vía terceros a golpe de talonario.

Y algo sonrojante: la distinción a un artista como Barenboim no ha sido suficientemente divulgada. Seguro que de haber recaído sobre uno de los Iglesias lo hubiera sido más. Cosas de nuestra actual telecultura. Gonzalo ALONSO

EL FESTIVAL DE MUNICH CUMPLE 125 AÑOS

El Festival de Munich (del 29 junio al 31 de julio) no sólo es uno de los más veteranos del mundo, sino que se ha convertido en referencia obligada cuando han de relacionarse los eventos musicales centroeuropeos del verano. La capital bávara, el más importante centro comercial e Industrial del sur de Alemania, goza de un enclave envidiable, puente entre Austria, Italia y Alemania. Al pie de los Alpes se puede disfrutar de un paisaje verde salpicado de montañas, lagos y castillo. En sus proximidades hay puntos de obligada visita para el viajero musical, desde la bellísima Nuremberg, donde Wagner situó sus «Maestros Cantores» a ese Salzburgo natal de Mozart, que abre su célebre festival solapándose con lo último del muniqués. Un paso más allá Verona abre sus puertas. Es el auténtico pistoletazo de salida para los festivales veraniegos.

La actividad musical es sorprendente para su población de unos dos millones de habitantes. Existen tres óperas: la Nacional, en ese eje lírico centroeuropeo completado por Viena, Berlín y Hamburgo, la del Garnerplatz, adonde acude un público muy diferente a escuchar óperas traducidas al alemán y el viejo y ahora restaurado Prinzregententheather, en donde predomina la filosofía de "sala container" frente a la de producciones propias de los anteriores. Más increíble es la relación de sus orquestas de primera línea: la Filarmónica con Levine como titular, la de la ópera Bávara a cuyo frente figura Mehta, sendas de la Radiodifusión Bávara con Maazel a su cabeza y Muti de principal director invitado y otras varias ya de menos nivel. Pero en julio, Munich reúne en un mes una especie de popurri lírico con su fondo de producciones, al que añade algún estreno y abre las puertas del bellísimo teatro barroco Cuvillié, habitualmente cerrado.

En su 125 aniversario y primera edición del 2000 presenta nada menos que 16 títulos líricos, 2 ballets y numerosos conciertos y recitales de lied. En él están presentes todas las nuevas producciones de la temporada 1999-2000 y además ofrece cuatro de riguroso estreno: "Kanon für geschlossene Gesellschaft", que supone la inauguración del festival, el "Don Carlo" verdiano, "Tagesbuch eines verschollenen" de Janacek y "Rinaldo" de Haendel.

"Kanon", del polémico hombre de teatro Ruedi Häusermann y von musicas de Häegler, Schütz y el propio Häusermann, será ofrecido en el Cuvilliés como espectáculo inicial de choque. Sin embargo para el gran público la auténtica inauguración vendrá con el "Don Carlo", dirigido musicalmente por Mehta y escénicamente por Jürgen Rose. Cuenta con el gran atractivo de Dolora Zajick como Éboli y, junto a ella, aparecerán Sergej Larin, Kallen Esperian, Paolo Gavanelli, Roberto Scandiuzzi y Paata Burchulazde. Un reparto sólido más que llamativo que, una de las veladas, también podrá ser seguido gratuítamente desde la calle a través de pantallas gigantes. Lo mismo sucederá con un concierto wagneriano de Zubin Mehta. Dentro del continuo proceso de reivindicación de la obra del checo Janacek, Munich se lanza por una de sus óperas más desconocidas, el "Diario de un desaparecido", con decorados de Jean Kalma, dirección escénica de Deborah Warner y musical de Julios Drake. Sus dos únicos intérpretes serán el personal Ian Bostridge y Ruby Philogene. La producción se realiza en colaboración con el Teatro Bobigny, el Lincoln Center neoyorquino, la English National Opera y los festivales de Holanda y Melbourne en muestra en toda regla de cómo ahorrar costes.

La cuarta y última nueva propuesta corresponde al "Rinaldo" de Haendel, compositor de curiosa especialización de Munich, gracias a las llamativas puestas en escena de David Alden y las vivas direcciones musicales de Ivor Bolton, aunque en esta ocasión será su director Harry Bicket, ya que Bolton se reserva "Ariodante". Pero Haendel no es el único barroco puesto que no podía faltar una mención a Bach en su centenario. De quien no escribiera ópera alguna pero sí visitara con frecuencia la Hofoper de Dresde en compañía de sus dos hijos mayores se tocará la "Pasión según San Juan" y las "Variaciones Goldberg" en un arreglo de Uri Caine. En la reposición de la citada "Ariodante" volverá a cantar la siempre bien recibida Ann Murray, junto a Umberto Chiummo y Julie Kaufmann.

Los otros títulos líricos presentados mostrarán más las grandezas que las miserias de la era de Peter Jonas, muy criticada últimamente por el dudoso gusto de las más recientes producciones y su difícil rentabilidad. Parece como si se hubiese querido huir de títulos problemáticos como "Aida" o "Baile de máscaras". De Verdi se escenificarán, además de "Don Carlo", "Traviata", de Märkl y Krämer, con un trío tan lujoso como Cristina Gallard-Domás, siempre perfecta en este papel, Ramón Vargas y el incombustible Paolo Gavanelli y "Simon Boccanegra", de Luisi y Albery, con la misma soprano chilena, Franz Grundheber, Vincezo La Scola y Roberto Scandiuzzi. El repertorio italiano se completa con el belcantismo de "I Puritani" de Bellini a cargo de Edita Gruberova, Paul Groves y Gavanelli en una producción de Jonathan Miller dirigida por Marcello Viotti. El francés cuenta con un "Fausto" de Gounod, firmado en lo escénico por David Pountney y en lo musical por Simone Young, cuyo mayor atractivo es la presencia del tenor Marcelo Alvarez, poseedor de una de las voces más bellas de la actualidad. Junto a él la Margarita de la eficaz Angela-Maria Blasi y el bajo John Tomlinson como pérfido Mefistófeles.

Mozart no podía pasarse por alto, aunque en esta edición su presencia se haya reducido a tan solo unas "Bodas de Figaro" dirigidas escénicamente por Dieter Dorn y musicalmente por quien fuera el anterior director musical del teatro, Peter Schneider. En el reparto la "enchufada" Amanda Roocroft, Monica Groop, Alison Hagley, Jeffrey Black y Manfred Hemm. Las óperas alemanas incluyen un "Fidelio" a cargo del propio Zubin Mehta bajo escenografía de Peter Mussbach en el que se espera con expectación a Waltrud Meier como Leonora. Junto a ellos, Stig Andersen, Matti Salminen, Ruth Ziesak y Pavlo Hunka. El siempre eficaz Peter Schneider dirige también "Elektra", "Fidelio" y "Caballero de la rosa". La primera con producción escénica firmada por Wernicke y reparto encabezado por Deborah Polaski, Marjana Lipovsek, Nadine Secunde y Monte Pederson. La segunda lleva la firma de Götz Friedrich y en ella participan Peter Seiffert, que canta un excelente Lohengrin, Adrianne Pieczonka, Jane Henschel y Pavlo Hunka. La ópera tan vienesa de Strauss cuenta con una escenografía de Otto Schenk y Jürgen Rose y en ella participan Angelica Kichschlager, Rebecca Evans y dos grandes en sus respectivos personajes: Felicity Lott, quien también fuese Mariscala en Madrid y Kurt Moll. Para terminar, ya a finales de mes, "Katja Kabanova de Janacek y uno de los títulos emblemáticos de la casa, "Maestros cantores", que suele cerrar el festival. Con él de nuevo Peter Schneider en el foso y la veteranía de Bernd Weikl y Kurt Moll frente a la juventud de Peter Seiffert y Soile Isokovski.

El barítono Dimitri Hvorovstovsky, el tenor Ian Bostridge, el contratenor Jachen Kowalski y la soprano Christine Schäfer y el tenor Mathias Goerne participarán en cinco liederabend, los dos últimos citados a dúo en el "Spanisches liederbuch" de Wolf. Para redondear tan amplia muestra artística, ballets como "Petruschka", "La consagración de la primavera" y las "Escenas del Fausto de Goethe" de Schumann en concierto dirigido por Wolfgan Sawallisch, quien fuera el anterior intendente del teatro y ya retirado de la ópera. Munich, en su 125 cumpleaños, sigue siendo sin duda el festival con la oferta lírica más amplia en títulos de cuantos se celebran. No en vano cuenta con un gran fondo artístico. Gonzalo ALONSO

CARIDAD MAL ENTENDIDA

El hombre no es infalible, se equivoca y está en su derecho a ello. Lo hemos comprobado recientemente en un par de decisiones musicales. Hoy me refiero a una de ellas.
Cuando un premio se otorga a las Artes e incluso lleva su nombre, no puede premiar más que la labor de alguien en el campo de las artes. No interesa su belleza, su estatura, su color, o sus demás quehaceres. Todo lo más éstos vendrán bien para acompañar, ilustrar y humanizar una biografía, pero en modo alguno pueden convertirse en la causa primera por la que se concede un premio a las Artes.
Sorprende por tanto que se haya concedido el Premio Príncipe de Asturias a las Artes a Barbara Hendricks, una artista digna como hay bastantes en el panorama vocal de nuestros días. La soprano de Arkansas ni posee esa voz "prodigiosa" como reza la propia argumentación del premio, ni ha revolucionado el mundo del canto. Vamos, para dejarlo más claro, que los diccionarios de interpretación musical de la mitad de siglo próximo la despacharán en poco más de diez líneas.
Sorprende también la cautela con la que han reaccionado muchas de las plumas musicales de nuestro país, que no han sabido diferenciar entre las virtudes de una digna artista y su idoneidad como Premio Príncipe de Asturias a las Artes. Mientras sorprenden ausencias de opinión como las de Enrique Franco y García del Busto, resalta sobremanera la lucidez con la que se ha expresado Teresa Berganza. Ha venido a decir: "Si se lo han concedido como artista, es cierto que la admiro, pero admiro infinítamente más a Xavier Montsalvatge, candidato en la cuneta. Tampoco entiendo que a cantantes de la talla de Victoria de Los Ángeles, Montserrat Caballé o Alfredo Kraus, se nos diese en comandita y a Hendricks en solitario". Nuestra Teresa nunca ha tenido pelos en la lengua y, además, suele ser certera. La cosa no deja también de tener su gracia, ya que alguna biografía ha resaltado que la soprano premiada ha cantado estupendamente las "Canciones negras" de Montsalvatge.
Si sorprende todo, preocupan más las causas de que un premio como el Príncipe de Asturias pueda patinar de esa forma. ¿Quienes había en el jurado que conociesen o pudiesen valorar bien a los candidatos? ¿Quién llevó la voz cantante en el jurado y convenció? ¿Acaso hubo quien se creyó que votaba a Jessye Norman, también soprano, de color y amante de obras benéficas, pero artista mucho más importante? No es fácil para un premio hacerse un nombre, menos mantenerlo, y los Príncipe de Asturias bien merecen cuidarse para que no caigan en errores de tanto bulto. Estas cosas sólo suelen pasar en la música.
Gonzalo ALONSO

 

JOSEP CAMINAL

Caminal, como se preveía desde que los juzgados no hallaron responsabilidades en el incendio del Liceo, regresó al teatro que había comandado hasta primeros de año. Su labor había sido de gran importancia. Gracias a sus excelentes oficios el Teatro del Liceo es hoy el que es, y lo es habiendo dado una lección al mundo lírico. Se trata del único de nuestros días que, tras un fuego arrasador, ha vuelto a erigirse e incluso más esplendoroso que antes. Y todo ello en un tiempo record. Caminal ha sido quien lideró este proceso y quien consiguió meta tras meta, desde expropiar unas casas colindantes a fin de posibilitar su ampliación hasta mantener la llama lírica encendida mientras las obras se desarrollaban en el teatro. Fue también pieza clave en el encauzamiento de los deseos de la sociedad catalana en ver y apoyar económicamente la resurrección de su emblemático teatro. Caminal es un excelente gestor que reúne la habilidad del político que tan relevantes servicios prestó a la hora del entendimiento entre Roca y Pujol y una muy digna formación musical, principalmente sinfónica, que le permite sentarse ante un piano.

Dimitió cuando el incendio pero permaneció al frente hasta el juicio de primeros de año, en que hizo efectiva su renuncia. Las administraciones que participan en el Liceo tenían candidatos para el puesto y el mismo Caminal algunas ofertas de interés. Sin embargo ha vuelto. Y es que en el Liceo manda quien manda: la Caixa. Josep Vilarasau, su presidente y estupendo profesor mío en la Escuela de Industriales de Madrid hace unos cuantos años, no es sólo quien representa a todos los patrocinadores del Liceo, es también quien adelanta el dinero cuando las administraciones públicas se retrasan, lo que suele ser frecuente. Él tenía como único candidato a Caminal y lo ha impuesto, lo que por otro lado era fácil dados sus méritos y la debilidad de sus competidores.

Sus recientes declaraciones, tanto públicas como privadas, abogan por lograr un presupuesto similar al del Real y, en consecuencia, una aportación del Ministerio de Cultura paralela a la que mantiene en ese teatro. Perfecto, siempre que el Estado tenga y ejerza la misma participación del 75% y siempre que el Liceo sea tan de toda España como es, o debería serlo el Real. La retransmisión de sus espectáculos por una cadena de televisión nacional, la subtitulación y la edición de programas en el idioma común, etc. han de ser exigidas por el Estado. Igual que el Ministerio de Cultura ha de plantearse el proyecto de auténtico teatro nacional al que debe responder el Real a fin de evitar el aluvión de reclamaciones autonómicas que no ha hecho sino empezar. Gonzalo ALONSO

BARBARA HENDRICKS, DISCRETA PREMIO PRINCIPE DE ASTURIAS

En los premios, por muy sólidos que sean, llega alguna vez esa excepción que, como dice el refrán, confirma la regla de su buen hacer. Los Premios Príncipe de Asturias han otorgado galardones prácticamente indiscutibles a lo largo de sus zzz ediciones. La excepción ha llegado ahora con el Premio de las Artes, concedido a Barbara Hendricks.

La soprano de color, nacida en Arkansas el 20 de noviembre de 1948, fue una de las pocas artistas hoy día famosas que asistió a las ya míticas clases que, una vez retirada, impartió María Callas en la Juilliard de Nueva York. Posee una voz de bello color, algo mermada en su volumen al paso de los años y canta con un gusto exquisito que tiende ligeramente a empalagar. Su repertorio en el campo liederístico es muy amplio en estilos y procedencias, con una escuela de canto que no es ni la alemana ni la italiana, sino que posee un poco de aquí y allá. Pronuncia el alemán con el mérito de que suene sin acento a ninguna parte y se imbuye en las melodías fraseando admirablemente. Es característica común a casi toda esa generación de cantantes americanos que ahora se comen el mundo y cuyos profesores fueron los europeos que cruzaron el charco durante y tras la última contienda.

Se cuenta que Karajan la tenía entre sus favoritas desde que la escuchó como Pamina de "La flauta mágica" en su Festival de Salzburgo un ya lejano 1981. Ha cantado ópera, oratorios, conciertos y recitales con los más grandes directores de orquesta y ha cautivado a los públicos como Susana de "Las bodas de Fígaro" o Sophie de "El caballero de la rosa" y, sobre todo, con las melodías de Gershwin y los espirituales. En España la escuchamos hace cuatro años en unas "Noches de estío" de Berlioz con la OBC y, hace dos, en "La bella molinera" de Schubert dentro del IV Ciclo de Lied del Teatro de la Zarzuela.

Artista culta, que cursó estudios de química y matemáticas, se ha embarcado en los últimos años a la dignísima tarea de la beneficencia. Quizá por ello haya sido propuesta para el Premio Príncipe de Asturias de las Artes por la Fundación Menuhin.

Todo ello está muy bien, pero ¿es suficiente para obtener tal premio y codearse con quienes lo han obtenido con anterioridad? Creo sinceramente que no. Hay muchos artistas con méritos mucho mayores en el campo artístico, como un Fischer Dieskau que acaba de cumplir 75 años y que revolucionó el mundo de la interpretación liederística. Hay también artistas con una vinculación a España muy superior o con una labor de entrega a la sociedad más significativa… Pero, por una vez, el jurado no ha estado afinado del todo y es que eso es relativamente fácil tratándose de música. ¿Tan mal andamos de imaginación en los jurados? Claro que mucho peor hubiera sido si el premio hubiese recaído sobre un compositor, se dice que propuesto por un íntimo amigo y miembro del jurado. Claro que tal miembro del jurado defendió después a capa y espada a Hendricks, quizá con la inconsciente esperanza de que algún día cante un ciclo de sus canciones, esas que ya ha cantado una soprano española. Señores, así está la música. Nadie entiende    que un premio de música se haya dado a Hendricks y no a Montsalvatge, por poner un ejemplo de otro candidato real, pero ¿cuántos están dispuestos a decirlo claramente? ¿Qué sentido tiene que se de el premio en solitario a una cantante americana discreta cuando a los grandes del canto, además españoles, se les entregó en tropel (de Los Ángeles, Caballé, Lorengar, Berganza, Kraus, Domingo, Carreras, etc). Y si se trata de premiar obras humanitarias, otórguese el premio en tal categoría. En fín, feliz estará el marido de Hendricks, gran relaciones públicas, deseoso de que su mujer sea para las realezas lo que fuera Te Kanawa. Gonzalo ALONSO

 

ESCUCHAR

Los cambios ministeriales son muy sonados cuando se producen, pero lo más jugoso empieza a llegar días después, cuando la gente empieza a sentarse y tomar posesión. En cambio parece que esos movimientos ya no sean noticia y con frecuencia nos olvidamos de ellos a la espera de las siguientes grandes decisiones tras los nombramientos del segundo escalón. Hacemos mal, pues resulta muy entretenido seguir los primeros pasos de los flamantes responsables y descubrir cuántos de ellos se dan en falso. Podría contar ya varios de los nuevos responsables en cultura y música, pero no lo voy a hacer para dar un margen de confianza. Sí interesa en cualquier caso analizar las causas de tales pasos en falso.

Llegan los novatos y sus equipos. Llegan flamantes, orgullosos, dispuestos a cambiar el mundo. Llegan iluminados y una corte de merodeadores nocturnos rápido les rodea, les secuestra con el único objetivo de convertirse en su único punto de referencia, en sus ojos, en sus oídos y, si llega el caso, en su cerebro, corazón y firma.

He asistido a numerosos cambios de gobierno mientras yo permanecía haciendo exactamente lo mismo -contar cuatro verdades, dar opiniones e intentar que la cosa musical vaya mejor- aunque haya sido desde distintas tribunas. Siempre, absolutamente siempre, les he escuchado: "tengo que hablar contigo para que me des tus opiniones, que me ayudarán mucho". Nunca, absolutamente nunca, llaman después. Lo hacen, eso sí, meses o años más tarde, cuando está a punto de caerles un armario en la cabeza y no saben cómo apartarlo. Entonces hasta te citan fuera de sus despachos o te llevan a ellos por ascensores y pasillos siniestros para que nadie en su propia casa se entere de tu visita. Entonces te preguntan, contestas y se tiran de los pelos por no "haber sabido antes". Eso, vez tras vez.

Lo primero que ha de tener el responsable de cualquier cosa es información, fiable, exacta, adecuada y a tiempo. La mayoría lo olvida. Pero es ahora el momento, antes de adoptar como propias ideas viciadas, de escuchar. Y escuchar donde hay que escuchar, que no suele ser de los merodeadores nocturnos que buscan segundos, terceros escalones o prebendas cualesquiera. Y para eso lo mejor es reunir cómo primera información la lista de aquellos de quienes tomar las siguientes informaciones. Y eso ha de ser compatible con la gestión del día a día, porque hay decisiones que no pueden esperar. En ellas se centra el peligro de las primeras caídas. ¿Serán prudentes estos flamantes gestores? Gonzalo ALONSO

OPERA Y TELEVISIÓN

Los aficionados a la música y a la ópera en particular aplaudimos con entusiasmo la noticia del acuerdo firmado entre Televisión Española y el Teatro Real por el que se retransmitirían las óperas que se ofreciesen en aquel teatro. Pudimos así ver en directo el espectáculo inaugural y otras muchas representaciones durante la primera temporada. La situación ha ido desgraciadamente degenerando con el paso del tiempo y se acabaron las retransmisiones en directo para pasarlas a las típicas horas a las que se ofrece la música en televisión, lo que es tanto como decir a horas intempestivas.

Los aficionados, que venimos soportando estoicamente el maltrato hacia la música por parte de los responsables de televisión, ya no nos asombramos de casi nada. Ahora nos acabamos de enterar de que nos quedaremos sin ver "La sonámbula" y "La Forza del destino". Algunos espectadores han llamado a Televisión Española y la razón que se les ha dado para tal supresión ha sido "se nos acabó el presupuesto". Esta respuesta no deja de ser un insulto si tenemos en cuenta todo lo que la casa gasta en otro tipo de retransmisiones y, además, si consideramos que nos hallamos aún en el primer semestre del ejercicio. ¿Con qué presupuesto se va a funcionar en música durante los próximos siete meses? ¿Quién realizó tal presupuesto? ¿Quién, en su caso, lo ha despilfarrado en los primeros cinco meses y en qué? Claro, que hay malpensados que presuponen que sólo se trata de un ahorro para poder pagar la retransmisiones de "Tristan e Isolda" y "Don Giovanni", las de Barenboim con la Ópera de Berlín. Será cuestión de estar atentos por ver si éstas se televisan y qué se paga por ellas.

A las voces de los aficionados, clamando en el desierto, se unen de vez en cuando otras. Así ha sucedido con la de Cristóbal Halffter para quejarse de una realización impresentable para su "Don Quijote", en la que también el sonido dejaba mucho que desear. En definitiva, la música se ofrece en televisión escasa, tarde y mal. Así es imposible generar una audiencia aficionada. Porque tampoco los mismos interesados no nos enteramos muchas veces de los días de emisión, ya que la difusión de tal información es ínfima. La difusión cultural requiere, entre otras muchas cosas, de constancia para que pueda ser eficaz. Estamos ante una labor de años y parece que, salvo cuando Pilar Miró dirigió Televisión Española, a nadie le interese lo más mínimo el asunto.

¿Alguien se puede extrañar entonces que en Vía Digital sólo compremos doscientas personas las retransmisiones desde el Liceo? Y este tema es digno de otro comentario.Gonzalo ALONSO

 

UNA COLECCIÓN DE 21 CDS CONMEMORA LOS 75 AÑOS DE FISCHER DIESKAU

 

El gran barítono alemán Dietrich Fischer-Dieskau cumplirá 75 años el próximo día 28 y su casa discográfica, la mítica Deutsche Gramophone, le rinde un amplio homenaje con la publicación de una colección de 20 compactos en los que se recogen parte de las interpretaciones de quien ha pasado a la historia no sólo como el artista que más discos de lied ha publicado, sino probablemente como el mejor cantante de este género que haya existido jamás.

Nacido en Berlín, dudó en un principio si dedicarse al canto a la dirección de orquesta, para decidirse por lo primero y dejar lo segundo para los años maduros. Sus comienzos en el canto fueron iguales a los de muchos de otros grandes intérpretes de una generación que tuvo que participar en la Segunda Guerra Mundial. Hecho prisionero en Italia por los americanos, cantó en sus fiestas con tal éxito que su carrera quedó marcada. Ya de vuelta en Berlín, fue alumno de Hermann Weissenborn y debutó en Friburgo con el "Requiem alemán" de Brahms en 1947. Apenas unos pocos años más tarde dejaría una interpretación discográfica de referencia junto a Rudolf Kempe y Elisabeth Grümmer. Sin embargo no fue ese su primer disco sino que lo fue, en la radio en 1947, el de una obra a la que permanecería siempre ligado y de la que hoy se pueden encontrar en el mercado múltiples versiones suyas, el "Viaje de invierno" de Schubert. La publicación de DGG recoge una de 1980 con Daniel Barenboim al piano, así como un fragmento del citado "Requiem alemán" junto al mismo Barenboim, un artista con el que tiene no pocas cosas en común, tanto en lo musical como en lo personal ya que ambos tuvieron primeras nupcias con chelistas que fallecieron prematuramente. Fischer Dieskau se casó en 1949 con Irmgard Poppern y con ella tuvo tres hijos antes de su óbito en 1963. Su cuarta esposa, catorce años más tarde, sería la hoy tan reclamada soprano Julia Varady.

En 1948 logró ser contratado como primer barítono de la Ópera de Berlín, donde había debutado como el marqués de Posa del "Don Carlo" verdiano, un papel al que dotó de una nobleza que probablemente no se haya repetido. En 1951 cantó por vez primera en Salzburgo, ciudad en la que serían innumerables sus apariciones, y lo hizo nada menos que junto a Fürtwangler, con quien dos años después encarnaría el Kurwenal de "Tristan". Ese mismo año se presentó en Bayreuth con un papel secundario, el del heraldo de "Lohengrin", para asombrar a todos al cabo de dos años como Wolfram de "Tannhäuser" y poco después como Amfortas de "Parsifal".

Su repertorio operístico es amplísimo, abarcando óperas de todo tipo de repertorio y procedencias. Ampliamente aplaudido en el alemán, fue criticado por muchos como cantante de papeles italianos, principalmente por un exceso de manierismo, pero en él bordó Scarpia o el citado Posa, dejando también una grabación un tanto peculiar de "Rigoletto", en el que el bufón canta un "Deh, non parlare al misero…" sutil como pocos y no puede olvidarse un célebre "Falstaff" en Viena con escenografía de Visconti. Cuidó también la ópera contemporánea: "Wozzeck" de Alban Berg, "Elegía para jóvenes amantes" de Henze, "Requiem guerrero" de Britten, "Lear" de Reimann…

DGG no ha pasado por alto la faceta operística del extraordinario barítono y en dos de los compactos se incluyen arias que van desde Cimarosa, Rossini, Gluck o Haendel hasta Wagner, pasando por los Verdi, Mozart o Puccini, alguno de ellos cantado en alemán. Sin embargo la selección es un tanto arbitraria, deslabazada e incompleta, echándose en falta muchas interpretaciones y entre ellas esos últimos ejemplos contemporáneos.

Realmente la presente colección se centra en lo que podríamos calificar como el Fischer Dieskau de referencia, es decir, el liederista. Desde aquel "Winterreise" de 1947 al último que cantó en Salzburgo acompañado de Alfred Brendel hay un recorrido espectacular en amplitud y calidad. Si su Schubert es historia, no lo es menos el Schumann, Mahler o Wolf y no se quedan atrás los múltiples estrenos que protagonizó en este campo: "Tres canciones Op.45" de Barber, "Cinco lieder napolitanos" de Henze, "tres poemas de Miguel Angel" de Reimann, etc. Fischer Dieskau era un artista que emocionaba al oyente sobre un escenario y que podía a la vez cantar y observar hasta el último detalle de su auditorio. Eso, quien escribe, sólo lo ha podido comprobar en otros dos casos: Montserrat Caballé y Teresa Berganza. No viene al caso como lo comprobó con las intérpretes españolas pero, perdónneme la aparente falta de modestia, les contaré como sucedió con Fischer Dieskau porque es ilustrativo de su capacidad. Fue en París, allá por los últimos setenta o primeros ochenta. Interpretaba "El castillo de Barba Azul" de Bartok en versión de concierto. Uno consiguió una entrada central en una de las primeras filas y, admirador nato del barítono, no se perdió una nota. Al terminar fue a saludarle y le dio las gracias por todo cuanto le había hecho disfrutar. ¿Saben lo que le contestó Fischer Dieskau?: "Créame que quizá para mí ha sido mayor satisfacción estar viendo todo el rato la expresión de felicidad que había en su rostro. Para cualquier artista eso no sólo le produce placer sino que le mueve a dar más de sí". El gran barítono había estado al tanto de las reacciones individuales del público hasta el extremo de acordarse de una cara que no conocía de nada. Me consta que Fischer Dieskau es personalmente bastante intratable, igual que lo eran Karajan o Celibidache, pero puedo testimoniar que no lo eran con quienes ellos catalogaban como auténticos "disfrutadores" de música y, cuando venga a cuento, les contaré un par de anécdotas de ambos al respecto.

La publicación comentada es en este sentido amplísima, aunque realmente se trata sólo de una muestra de una producción tan amplia que superó los tres mil lieder de más de cien compositores. Puede disfrutarse desde versiones conocidas de lieder de siempre hasta las hasta la fecha no publicadas, como "La bella molinera" con Jorge Demus, otras canciones de autores "aficionados" como Bruno Walter o Wilhelm Kempff, de compositores algo abandonados como SchoecK on Reger y, naturalmente, los lied de los de seimpre: Schubert, Schumann, Brahms, Wolf, Mahler, etc. Tampoco podían olvidarse otras incursiones y así los Haendel y Bach. De éste último, además de escenas de la "Pasión según San Mateo, se incluye la increíble cantata "Ich habe genung". En fin, Fischer Dieskau poseyó presencia escénica, una voz capaz de mil matices y sutilezas, una inteligencia extraordinaria, una musicalidad de primer orden y una personalidad fuera de serie, como afirmó Gerald Moore, pianista que le acompaña en un espléndido "Canto del cisne". Así lo demostró en las múltiples actividades culturales que abordó, porque no sólo fue el canto. También dirigió y dirige orquesta desde 1973, siendo su último disco uno dedicado a Strauss con Julia Varady como protagonista. Además es un apasionado de la pintura, que ha llegado a montar exposiciones, y también ha escrito varios libros: "Los lieder de Schubert" (1971), "Wagner y Nietzsche" (1974), "Robert Schumann, le verbe et la musique" (1981) o "Reverberations" (1990).

La publicación, al margen de la desafortunada selección operística, da ocasión para volver a disfrutar de una de las más grandes personalidades vocales e interpretativas del siglo XX. Nadie que le haya escuchado podrá olvidar aquella voz penetrante y acariciadora. Para quienes no tuvieron ocasión de ello, la colección es una oportunidad que no puede dejar de aprovecharse y el resto se encontrará con más de trescientas obras no publicadas con anterioridad en CD. ¡Feliz cumpleaños, señor Fischer-Dieskau! Gonzalo ALONSO

 

EDICIÓN FISCHER-DIESKAU. 20 CDS, más bonus. DGG 463 500-2.

 

PITTSBURG, OTRO MODO DE AFRONTAR LA MÚSICA

Ibermúsica ofrecerá mañana en Madrid el primero de los conciertos españoles la Sinfónica de Pittsburgh, una orquesta americana que ha subido como la espuma en los últimos años hasta codearse con las conocidas como "Big five" americanas e incluso con la mítica Filarmónica de Berlín, con quien alternará en Lucerna como agrupación estable. Maris Jansons, Gideon Toeplitz y Andrés Cárdenes, respectivamente director titular, manager y concertino analizan las causas de esta irresistible ascensión.

La Sinfónica de Pittsburgh, que visitara España por última vez con Lorin Maazel, es una agrupación con solera de 104 años. Una de las características fundamentales para haber llegado al lugar donde hoy se encuentra es la larga permanencia de sus directores musicales. Así Klemperer la dirigió durante los últimos años de la década de los treinta, Fritz Reiner entre 1938 y 1948, William Steinberg de 1952 a 1976, André Previn del 1976 a 1984 y Lorin Maazel hasta 1996. Cinco directores de primera fila a los que recientemente se ha añadido el nombre de Maris Jansons.

Cuando Maazel, que tuvo su primera colaboración con la orquesta a los doce años, decidió "ir por libre", no era fácil encontrar un sucesor aunque, todo hay que decirlo, hubiera sido mucho más difícil en estos momentos en que casi todas las agrupaciones americanas andan a la caza de titular europeo. Gideon Toeplitz, manager de la orquesta, encabezó un comité de una veintena de personas, entre quienes se hallaban el concertino, un oboe, patrocinadores y personalidades de la vida social de Pitssburgh, cuya tarea fue escoger nueva batuta titular. Maris Jansons fue el elegido, pero las negociaciones resultaron un tanto arduas, como explica Andrés Cárdenes, concertino del conjunto, "Ninguno de nosotros podía revelar los nombres que se barajaban para que ninguno de los candidatos se sintiera un segundón y se ofendiese. Luego, una vez decidido Jansons, había muchas cosas que tratar ya que es enorme la cantidad de intereses materiales que entran en juego. ¿Qué va a decir el agente del director si éste se queda tres meses en una misma ciudad y deja por ello de cobrar las comisiones que podría percibir dirigiendo de sitio en sitio? ¿Con cual de las tres orquestas que tenía a su mano realizaría las giras?.. Se trata realmente de un mundo muy complicado". Para colmo Jansons tenía otras ofertas y entre ellas la de la London Philharmonic, de la que era principal director invitado. Al final, tras consultar con Peter Alward, su manager en la EMI, y Stephen Wright, de la poderosa IMG Artist, decidió emprender una carrera americana en la que su futuro es un tanto prometedor. Su nombre es uno de los que actualmente baraja la Filarmónica de Nueva York. Un ataque al corazón mientras dirigía "La Boheme" en Oslo retrasó su incorporación hasta 1999, tras serle implantado un bypass en la propia Pittsburgh, ayer ciudad famosa por su metalurgia y hoy por los trasplantes y por la factoría Heinz, la principal entidad benefactora en la cultura local.

Cuando Jansons se incorporó la ocupación del enorme Heinz Hall de 2.700 localidades había descendido al 60%. La crisis, la falta de conexión de la orquesta con la sociedad y la altanería de Lorin Maazel –se cuenta que los músicos no se atrevían a subirse al ascensor si él ya estaba dentro- habían alejado a los públicos. Toeplitz y Jansons emprendieron una batalla en varios frentes. "Por un lado había que redondear algunas aristas del espléndido sonido que Maazel había conseguido para adaptarlo más a repertorios clásicos o románticos", comenta Jansons. Y allí donde Maazel había puesto su técnica meticulosa, Jansons añadió manos y corazón y así el sonido ha vuelto a ser un poco el de los tiempos de Steinberg, mucho más cálido y parecido al de una buena orquesta alemana.

Toeplitz, por su parte, afirma que "La audiencia es mi principal preocupación. Una orquesta tan importante y numerosa como la nuestra es quizá un lujo para una ciudad del tamaño de Pittsburgh, por mucha tradición con la que cuente. Por eso la orquesta ha de entroncarse en nuestra sociedad y no sólo hay que cuidar el repertorio sino también cómo se presenta. Hoy, aparte de la serie de 22 conciertos, dedicamos siete semanas a conciertos Pop, tres a aquellos amantes de la música que quieren saber más de los clásicos y dos series de conciertos educativos dirigidos a preescolares y estudiantes. En tres se utilizan medios audiovisuales y en otros hay intervenciones habladas a cargo de personas muy conocidas explicando, entre pieza y pieza, lo que se escucha. Otra idea que ha llamado la atención es la conocida como la pieza misteriosa. En cada concierto se toca una pieza muy conocida de un compositor desconocido o al revés, que ayudan a eliminar el miedo a la música seria. Todo ello nos está dando buenos resultados aunque no les guste a la mayoría de los críticos".

Pero no sólo eso, sino que hay numerosas iniciativas adicionales para potenciar la enseñanza de la música en los colegios y formar profesores. "En este sentido –aclara Toeplitz- ayudamos a los profesores a que previamente puedan informar a los niños de lo que van a escuchar en los conciertos escolares. También tenemos un programa que concede vacaciones adicionales a los músicos que visiten colegios ocho veces al año y son ochenta los que se han apuntado". También son amplios los contactos con la universidad y ésta no se impacienta con las frecuentes ausencias de los profesores pertenecientes a una de las orquestas más viajeras que existen, como comenta Cárdenes "Muchos de nosotros damos clases en Carnegie Mellon y la universidad está orgullosa de contar como profesores a músicos de nuestro prestigio". En España nuestros músicos catedráticos aún no tienen resuelto el tema de las incompatibilidades. "Hay otras iniciativas que han reforzado nuestra posición, como la gira con Previn y Bocelli o el disco con John Williams y Perlman dedicado a piezas cinematográficas, que llegó al número uno de ventas del Billboard", añade Toeplitz.

Para su concertino ha pasado el momento de crisis en las orquestas americanas y "ahora es además el momento de aumentar la recogida de fondos, ya que con las nuevas tecnologías nacen millonarios cada día. Nuestro presupuesto de 280 millones de dólares se financia en un 45% con la taquilla, un 20% con aportaciones y un 35% con los intereses de unos fondos propios que ya ascienden a 130 millones y que, de alguna forma, garantizan nuestra continuidad. Tenemos un 85% de ocupación. En cambio las orquestas europeas andan con miles de problemas porque siempre han confiado en que el gobierno acuda en su ayuda y no se han dedicado a pensar". Él, que acaba de grabar con la OBC catalana el "Concierto para violín" de Leonardo Balada –quien, por cierto, vive, compone y enseña en Pittsburgh- considera que "los instrumentos de las orquestas españolas son mucho peores que los nuestros, donde hay Guarnieris y Berninis y, en general, en los países latinos hay mucha menor disciplina que aquí. En los ensayos hay más charla, bulla y desmadre que música y no se trata de algo que pueda cambiar un director invitado, sino de una cuestión de actitud". Frühbeck de Burgos y López Cobos son los únicos directores españoles que han dirigido la Sinfónica de Pittsburgh en los últimos veinte años. En buena parte es la propia orquesta quien determina los directores visitantes mediante, como comenta Toeplitz, "las listas de los never again, only one week, so much as possible or let´s try once. ¿Para qué vamos a traer un director con quien la orquesta no se sienta a gusto?".

Para Toeplitz es fundamental cuidar el marketing y asegura que "la gerencia se ha convertido en una profesión. Si en la orquesta tenemos cien músicos, en la administración trabajan 55 personas además de los 20 empleados del auditorio, la mayor parte dedicada a conseguir ingresos. Hoy día no puede pensarse en abonar al mismo público toda la serie de 22 conciertos y hemos de diseñar paquetes específicos para cada segmento de mercado. Este es el mayor problema de la programación, conseguir el encaje de los diferentes paquetes y en ello intervenimos Janson y yo junto a un administrativo que maneja tanto esos datos como estadísticas históricas. Nos dirigimos a personas concretas, con nombre y apellidos. Sabemos sus gustos y lo que les puede interesar. Esa es la ventaja de las nuevas tecnologías, luego el contacto es muy personal. Incluso tres veces al año nos reunimos con nuestro público al acabar los conciertos para conocer sus puntos de vista."

Mucho está cambiando el mundo orquestal en América y ya no cabe hablar de las "Big 5", sino más bien de las "Big 8", lo que se refleja hasta en los presupuestos: 57 millones Boston, 53 Chicago, 48 Lon Angeles, 42 San Francisco, 39 Nueva York y sobre los 30 Cleveland, Filadelfia y Pittsburgh. Todas ellas cifras enormes para Europa. Pero las diferencias no son sólo cuestión de cantidad sino también de enfoque. ¿Dónde estará el futuro? Gonzalo ALONSO 

 

MARIS JANSONS: "LO INDISCUTIBLE DE UN CONCIERTO NO ES EL TEMPO, SINO SI PRODUCE IMPRESIÓN O NO"

 

Apenas hace unos años Maris Jansons sólo era conocido por su extraordinario trabajo con la Orquesta Filarmónica de Oslo, que bajo su mando pasó de ilustre desconocida a figurar en los festivales internacionales, y por su vinculación con la Filarmónica de San Petersburgo. Sin embargo su nombre es hoy uno de los grandes, ha ingresado en el grupo de directores que se pueden permitir dirigir sólo orquestas míticas. Hace un año que ha tomado posesión como titular de la Sinfónica de Pittsburgh, pero su nombre lo barajaron Bostón y Berlín y ahora lo ha manejado Nueva York. Él, sin embargo, prefiere ir despacio.

 

P. ¿Cómo ve la evolución de la música en nuestros días?

R. Se está produciendo en ella el mismo fenómeno preocupante que en todas las facetas de la vida: la pérdida de espiritualidad a favor del materialismo y una tecnología que, si bien es necesaria, no es suficiente. El hombre es cerebro, corazón, sentimientos… y todo ello hay que educarlo a través de la belleza. Tras la belleza están las artes y, entre ellas, la música. Sin embargo en casi ningún país se enseña música en las escuelas. No hay apoyo político y es que la música se ve más como entretenimiento que como cultura.

P. ¿Echa acaso de menos sus tiempos en aquella Rusia en donde el totalitarismo cuidaba la música como oro en paño?

R. Ya que lo menciona le diré que es curioso cómo las dictaduras han cuidado las artes. Los políticos rusos de entonces no amaban la música ni frecuentaban los conciertos, pero acertaron a ver las posibilidades de propaganda política que les podía reportar la música. En este sentido hemos salido perdiendo.

P. ¿Qué ha notado que haya cambiado de la mítica Filarmónica de Leningrado, con la que por cierto le vimos en el Teatro Real allá por los setenta, de la actual Filarmónica de San Petersburgo?

R. Antes era un privilegio pertenecer a la Filarmónica de Leningrado. Había un reconocimiento social y un orgullo en los músicos. Hoy trabajan por sueldos miserables y sólo viven gracias a las giras por el extranjero. Si artísticamente se mantiene la orquesta, que se mantiene, es por la enorme tradición musical del país y por el tesón de personas como Temirkanov o Gergiev. Antes los músicos sentían un apoyo detrás, ahora notan que sólo hay un vacío. Las instituciones no tienen dinero y han dejado de interesarse por ellos.

P. Usted se ha quejado de la falta de espiritualidad de nuestros días, pero ¿no cree que ustedes mismos, los directores consagrados, dan poco ejemplo al dedicarse sólo a las grandes orquestas?

R. Puede que tenga razón. Es difícil saber qué es lo más adecuado, si hacer música estupenda con una orquesta estupenda o ayudar a sacar lo mejor de una orquesta mediana. El problema es que, hay que reconocerlo, resulta muy gratificante la gran orquesta y además dota de prestigio el dirigirla. Por lo que a mí respecta, no olvide la labor que llevo haciendo con la Filarmónica de Oslo desde 1979.

P. ¿Qué problema hay en Oslo para que acabe de amenazar con dejar la orquesta?

R. Llevamos muchos años pidiendo que se mejore la acústica de la sala sin que se nos haga el menor caso. La orquesta y yo estamos muy contentos juntos, pero creo que entra en mi responsabilidad el dar un ultimátum. Después de todo, si no lo consigo yo, ¿quién lo va a lograr?

P. ¿Qué considera lo más importante en un concierto?

R. Sin duda que deje huella, que el espectador note que algo está sucediendo, que se impresione. Todo lo demás es discutible. ¿Quién puede decir si un tempo es rápido o lento? ¿Quién tenía razón: Furtwängler en sus lentitudes o Toscanini en sus rapideces? Ambos eran magníficos. Yo intento huir de la rutina, que es el mayor pecado de la música en nuestros días. Hay muchos conciertos de cuya calidad nadie puede dudar, todo suena bien y en su sitio, pero no dejan de ser rutinarios. Para mí es necesario volcarse en cada ocasión y no valen las reservas.

P. En este sentido, ¿hay algún concierto que, como espectador, le haya producido una impresión especial?

R. Innumerables. Disfruto yendo a los conciertos de mis colegas. Recuerdo una Novena de Bruckner con Mavrinski, muchos de Bernstein, muchos en Viena cuando iba todas las tardes a la ópera… Ya me conocían los acomodadores y se debían decir "ahí viene otra vez el loco", pero me dejaban pasar sin entrada. Recuerdo también mi llegada a Salzburgo con Karajan dirigiendo el "Ocaso". Creí estar en otro mundo. O, también allí, el "Otello" del mismo Karajan. Tras él, no pude irme a dormir en toda la noche y me dediqué a pasear y pensar. Esto es justo el valor de un concierto.

P. Volvamos a los problemas de la música, en los últimos tiempos hay una revolución en el mundo de las orquestas y se buscan titulares por doquier. Su nombre se barajó en Berlín, Boston y Nueva York…¿Cree que son los músicos quienes sugieren estos nombres o son los todopoderosos agentes? ¿Qué opina del cambio que se ha dado en ese mundo, en el que se ha pasado de los grandes aficionados a los hombres de negocios que manejan a la vez pianistas y tenistas?

R. No podía contestarle que exista una influencia directa o indirecta de los agentes en el nombramiento de titulares, porque le tendría que especificar algún caso y no tengo pruebas de ninguno. Lo que tampoco quiere decir que no piense que puedan existir influencias. En cuanto al cambio que menciona, es algo que entra dentro de lo que hemos hablado. La música se ha convertido en un negocio. El prototipo de agente como Alfonso Aijón, una persona entregada por completo a la música, que la conoce y la ama, ha pasado desafortunadamente a la historia. En España, ya que hablamos de Aijón, tienen la suerte de ser, con Japón, los únicos países del mundo en los que aún se construyen auditorios.

P. Pero no sólo es cuestión de construirlos y hacerse la foto inaugurándolos, después hay que dotarles de contenido y eso es justo lo que hoy parece no interesar y, si no se apoya a la música, si no se la introduce a los niños, ¿qué futuro cree usted que le espera a los conciertos?

R. Sin duda existe un problema. En los conciertos de todo el mundo se ve poca gente joven, pero quiero creer que siempre tendremos un público. En Pittsburgh desarrollamos muchos programas para mantener una ocupación del 85% en una sala de 2700 localidades, lo que es mucho para una ciudad de poco más de dos millones de habitantes. Hemos reducido, por ejemplo, de tres a dos el mismo programa y ahora ofrecemos más programas distintos, cuidando mucho a quién van dirigidos. Nosotros mismos realizamos en las escuelas la labor que no hace el estado. Es posible también que cambie la forma de disfrutar de la música. A lo mejor mañana la gente no se mueve de casa, sino que se sienta y desde allí da a una tecla y ve un concierto o la ópera que se ofrece en aquel momento en la ciudad del mundo que escoja.

P. Hubo un periodo en que usted grabó muchos discos, ahora la cosa no está tan fácil…

R. Efectivamente. Se venden pocos discos y se graban menos. Y es que, para qué vamos a engañarnos, no tiene sentido volver a grabar vez tras vez las mismas obras. Quien tiene una sinfonía de Beethoven por Furtwängler o Karajan, ¿qué necesidad tiene de comprar otra? Y el repertorio moderno no sirve, porque las casas discográficas quieren recuperar su inversión en dos años y eso es imposible con la música más reciente. Aún así tengo varios proyectos, entre ellos añadir la Orquesta de Pittsburgh a mi ciclo Shostakovich.

P. Casi nos hemos enterado que usted dirige también ópera porque leímos en los periódicos de su infarto cuando dirigía "Boheme", ¿no le interesa la ópera?

R. ¡Cómo no me va a interesar. Lo que sucede es que la ópera requiere tres semanas y ¿de dónde las puedo sacar? Tengo compromiso de diez semanas en Pittsburgh, dirijo cada año a Berlín, Viena, Nueva York, Concertgebouw y Sinfónica de Londres y, de momento y a resultas, sigo en Oslo.

P. En España le oiremos, entre otros autores, a Haydn. ¿Le interesa el enfoque historicista?

R. Creo que cumplió un objetivo. Cuando todos íbamos en una dirección, alguien llegó y dijo: "un momento señores". Nos ha ayudado a recuperar una cierta visión. De ahí a ser la panacea va un trecho. Ni el mismo Harnoncourt dirige ya siempre con ese enfoque. Lo ideal es la combinación de aquellos conceptos con nuestros instrumentos y perspectiva.

P. ¿Cuál es su mayor preocupación musical y personal?

R. Musicalmente me preocupa la autenticidad, que el público sepa distinguir lo bueno de lo malo. Que no caiga en construir dioses de mediocridades. Personalmente algo cambia cuando uno se ha debatido entre la vida y la muerte. Aunque me queda una gran cantidad de adrenalina, tengo mayor profundidad en mis miras e interpretaciones y una sola obsesión: ir cada vez a más. Despacio, pero cada día a mejor. Gonzalo ALONSO

OPERA CON VIDA

Nuestra cultura actual y la de los próximos años es una cultura visual. El triunfo ha de entrar por la vista. Por eso hay géneros musicales que, pese a sus enormes calidades, se encuentran en una crisis aguda que posiblemente se acreciente en el futuro. Tal es el caso de la música de entre las músicas: la de cámara. Por el contrario hay otros géneros en los que el público se vuelca y ello hace que se renueven y adquieran nueva vida. La ópera es, gracias a su componente visual, un género con futuro a pesar de sus elevados costes.

En días pasados se ha representado en el Liceo una versión innovadora del "Lohengrin" wagneriano. La puesta en escena de Peter Konwitschny ha encendido amores y odios en la ciudad española de mayor tradición wagneriana. Y si la reacción del público ha supuesto comprobar que aún hay sitios en donde éste es capaz de expresar su opinión -vitoreando, abucheando o incluso llevándose silbatos al teatro- no ha sido menos interesante comprobar la mojigatería de algunos profesionales, convertidos en censores de los gustos y reacciones del público. Algunos se han extrañado de que las mayores protestas viniesen del gallinero, interpretando que éste ha de ser siempre "renovador" y no "reaccionario" y han calificado con este último adjetivo a aquellos a quienes no ha gustado que Heinrich sea el más poderoso de los alumnos de una clase, Telramund el bravucón, que Ortud aparezca con trenzas y calcetines o que, en definitiva, consideren que la transgresión del libreto de Wagner es gratuita. Mucho más lógico debería ser alegrarse de que tales muestran se produzcan, señal de que un teatro está vivo. Porque no hay teatro que pueda mantenerse en candelero con un público distante, indiferente, prácticamente muerto. Y más valiera centrar la atención en otro hecho del que hoy se ocupa nuestro cultural.

Porque mientras la vieja Europa se dedica a "vibrar" con "iluminadoras" puesta en escena de las músicas de siempre, en el nuevo continente han descubierto que hoy se pueden escribir óperas nuevas. Los Bernstein, Barber o Menotti tienen sus continuadores en Corigliano, Previn, Davies, Adamo, Harbison, Bolcon, Harrington, etc. Y los libretos dejan de ser temas rancios de trovadores o reyes para presentar el trabajador sudoroso en camiseta de "Un tranvia llamado deseo" o el multimillonario infeliz del "Gran Gastby". La ópera americana no necesita trasladarnos al presente los viejos libretos de siempre, presenta nuevas historias de nuestro tiempo. Y lo hace sin subvenciones públicas, con fondos de mecenas privados y el importe de la taquilla. Toda una lección. Gonzalo ALONSO

 

GOBERNAR EN MAYORIA ABSOLUTA

Nadie se lo esperaba. Las encuestas empezaron pronosticando una diferencia de algo menos de 6 puntos, para ir progresivamente descendiendo a medida que se acercaba la fecha electoral y quedarse en 4,5 puntos. Fueron unas elecciones marcadas por dos campañas electorales netamente distintas. El PP cuidó de no ir esta vez a la contra sino de dar a conocer día a día nuevas propuestas. Por eso su manifiesto electoral escrito era de lo más generalista, porque querían tener de qué hablar en el día a día. Justo lo contrario que en 1996. El PSOE presentó la bomba de su acuerdo con IU, pero poco más aportó después. Sus medidas fueron en esta ocasión más bien réplicas a las del PP. Los papeles de hace cuatro años se habían invertido. El PP hizo una campaña moderada, con programas y hechos como argumentos. El PSOE se lanzó a la crítica fácil y además poco realista de sus adversarios, a destruir en vez de construir. Y el PP ni siquiera quiso hacer sangre con asuntos pendientes del socialismo como los asesinatos de Lasa y Zabala. Fue moderado y se situó en el centro. Tenía además a su favor la fuerza de los hechos.

¿Pero, ha obtenido el PP mayoría sólo por la campaña en un país mayoritariamente de izquierdas? Obviamente no. En el pueblo español se ha producido un cambio a partir del cual ya nada volverá a ser igual. Los bolsillos, las circunstancias materiales de cada votante se han impuesto a las ideologías. La dualidad izquierda-derecha ha cedido terreno al estar mejor o peor económicamente, porque en todo lo demás tampoco se ha visto un retroceso sino ciertos avances como, por ejemplo, su entendimiento y acuerdos con los sindicatos. A partir de ahí muchos antiguos votantes de ideología de izquierdas han "prestado" su voto al PP. Porque estaban hartos de las palabrerías que les ofrecía el PSOE y han preferido los hechos del PP.

Pero hay algo más. Algunos, muchos votantes de las izquierdas y, desde luego, la gran mayoría de los habituales del PP estaban y están hartos de las exigencias nacionalistas. Unos han encontrado un argumento con el que renunciar sin sonrojarse a sus ideas: como de todas formas va a ganar el PP, que lo haga por mayoría absoluta y así dejemos de encontrarnos a Pujol o Arzalluz hasta en la sopa. Los otros han ido en masa a votar la mayoría absoluta. Y, además, ya nadie tenía miedo a "lo que pudiesen hacer las derechas". Había cuatro años de experiencia. ¿Pero por qué las encuestas previas han vuelto a fracasar? Por dos razones. La primera, la de costumbre. Los tradicionalmente votantes de izquierdas no deseaban alardear de su cambio de voto, de su paso del idealismo al materialismo. La segunda, la duda que muchos de estos votantes han tenido hasta el último momento.

¿Y qué debe hacer ahora el PP? Pues gobernar más o menos cómo lo ha hecho hasta ahora, con diálogo. Pero, eso sí, poniendo las cotas a ese diálogo que permiten el sentido común, el interés general de España y una mayoría absoluta. Con generosidad hasta el ofrecimiento de la entrada a nacionalistas moderados en el gobierno central, pero con sabiduría para que no se rompa la hucha de todos, dejemos de entendernos un día de mañana en nuestro idioma común u olvidemos nuestro pasado histórico. Tiene además la oportunidad histórica de desechar definitivamente los fantasmas del pasado, de encerrar el doberman en la perrera. Dentro de cuatro años nadie ha de poder volver a sacar a colación el franquismo como argumento electoral con el que invocar al miedo.

Y tiene sobre la mesa cuestiones grandes y otras pequeñas pero significativas. Entre las primeras, y sobre todas ellas, promover un cambio de la ley electoral. ¿Acaso tiene sentido que un partido local de novecientos sesenta mil votos obtenga quince escaños y otro nacional de un millón doscientos mil votos se haya de conformar con ocho? ¿tiene sentido que haya de esperarse a las difíciles mayorías absolutas para poner orden en el conjunto del Estado español? Y ha de prestar su colaboración en la deseada y ya inaplazable renovación del PSOE, siendo consciente que un partido en la oposición con fuerza es la única forma de evitar los desmanes propios, colectivos o individuales. España necesitaba la continuidad del PP por otros cuatro años, pero también necesita un partido tan fuerte como sano que controle al PP durante esos cuatro años. Los desmanes del PSOE en su etapa de mayoría absoluta con una oposición débil están muy recientes como para ser ya olvidados. Y temas menores que afectan a muchos ciudadanos. Se han presentado propuestas electorales para reducir ciertos impuestos. Nadie ha dicho nada de un impuesto que todos consideran absolutamente injusto en el presente: el del patrimonio. Fue creado como medio de control y no recaudatorio en un momento en que la inflación y los intereses tenían dos dígitos. Es decididamente requisitorio que un patrimonio medio tribute un 1,3% cuando no tenga posibilidad de obtener ni en bruto tal remuneración mediante una inversión sin riesgo en fondos o depósitos. Esto bien lo saben los propietarios de la pequeña empresa catalana votante de Convergencia y Unión. Por eso el diálogo entre unos y otros sigue siendo fundamental aún con mayorías absolutas. En el conjunto de las grandes y pequeñas cosas diseñadas en lo conceptual y aplicadas a satisfacción del mayor número de ciudadanos se halla la clave para que no nos arrepintamos de la mayoría que entre todos hemos otorgado al PP. Gonzalo ALONSO

MÚSICA PARA UNA LEGISLATURA

Llegaron las elecciones. Pronto sabremos quienes van a formar gobierno y quienes serán los responsables ministeriales de la música. Ellos tendrán por delante toda una legislatura para planificar y desarrollar la política musical del país y no está de más dejarles un guión.

¿Puede planificarse una cultura musical donde no hay base? Obviamente no, por eso lo más importante es la educación. Educación en la enseñanza general para que cualquier persona sea capaz de distinguir Bach de Mozart, Beethoven, Mahler o Shostakovich . Para que sepan disfrutar tanto de los legados musicales del pasado como de la nueva creación. Para que posean criterio con el que diferenciar en ésta lo bueno de lo malo. Para que puedan desarrollar y manifestar opiniones sin temores. Y después ha de estructurarse de una vez la enseñanza superior de los Conservatorios a fin de potenciar la salida de músicos. De músicos, sobre todo, que sepan trabajar con otros músicos. El resultado de unas políticas acertadas posiblemente no dará réditos a sus promotores, pero ha de gobernarse pensando en un plazo superior a una legislatura. El éxito radica en acertar con la combinación entre inmediatez y futuro.

Luego viene el cajón de la cultura musical. Aquí lo importante es promover las condiciones que favorezcan la iniciativa de los distintos entes que se mueven en el medio musical. La música no la escribe un político y tampoco la debe tocar o programar. Su tarea es escuchar, sabiendo a quien ha de escuchar y sabiendo diferenciar verdades de intereses personales. Su responsabilidad es escoger como colaboradores a los mejores sin atender exclusivamente a criterios ideológicos. Su trabajo es luego la delegación, el control y la exigencia de responsabilidades. No lo es indicarles la marca de sal que han de poner en la sopa.

Dentro del INAEM, en el propio Ministerio, se gestionan asuntos de tanta envergadura como la OCNE o como la Zarzuela. Sólo desde su completa autonomía es posible una evolución positiva. Responsables, directrices generales, presupuesto… y a esperar resultados. Las subvenciones son partida importante. Han de otorgarse por el valor de los proyectos y no como respuesta a extrañas compensaciones políticas y mucho menos como medio de pago a determinados favores personales.

Queda, por último, lo que realmente justifica la existencia de un Ministerio de Cultura: la impulsión de medidas para coordinar iniciativas locales. Que el Real, la OCNE, la RTVE, la JONDE, etc. respondan de verdad a un proyecto nacional. Que nos gobiernen lo más capaces y honestos.Gonzalo ALONSO

FELICITAS KELLER

Durante los últimos años la veíamos por las salas de conciertos, apoyada en su bastón y caminando con mayor lentitud de la habitual. Pero ella seguí pisando fuerte. Eso sí, tan discretamente como siempre. Tuvo Felicitas la gran virtud de ocupar un puesto importantísimo en nuestra música sin que los aficionados conocieran para nada su existencia. Fue una mujer tan activa como reservada.

Allá por la mitad del siglo pasado comenzó a ejercer una labor que habría de ser fundamental en la historia de la música en España. "Conciertos Victoria" fue durante décadas la agencia artística que, casi en exclusividad, movía cuantos artistas actuaban en nuestro país. Aquella época duró hasta el cierre del Teatro Real como sala de conciertos. Fue gracias al tesón de una mujer que, cuando aún no se había inventado el feminismo, alcanzó la máxima influencia en su profesión gracias a su extraordinaria competencia. El mundo evolucionó, nuestra música creció y nacieron nuevas agencias que le arrebataron una cuota significativa del mercado, pero Felicitas supo competir y mantener el timón de una nave rentabilísima. Hasta fue inteligente en algo que los que alcanzan niveles similares olvidan con frecuencia: supo encauzar el futuro de una empresa en la que no dejaba herederos directos.

Hace unas semanas se agravó un problema de salud congénito. Tuvo conciencia de ello durante un fin de semana. Estaba en su casa, sola como siempre. Mujer fuerte, no quiso ayuda y cuando le llegó, un lunes, fue quizá tarde. Se sometió a una intervención en la que renovaron casi toda la sangre y marchó a la costa a reponerse. Sus allegados habían decidido que a su vuelta cambiasen muchas cosas. Se trasladaría a otra casa y dejaría de vivir sola.Tenía previsto volver para los conciertos de su amiga Alicia de Larrocha. No pudo ser. Murió durante los ensayos. Ella y la Nacional tocaron a su memoria.

Nuestro trato se redujo a los consabidos saludos protocolarios hasta una cena con Paata Burchulazde el pasado año. Entre los incontables brindis a los que el bajo ruso nos empujó, vodka tras vodka, dediqué uno a la mujer que más había hecho por nuestra música y más sabía de su historia. Aquella durísima mujer derramó un par de lágrimas. Fui entonces consciente de que su fin estaba próximo. Los duros se ablandan cuando han hecho la paz consigo mismo y ya sólo esperan. Siento que ese día haya llegado antes de que se animase a trasladar a alguien parte de las inagotables verdades y secretos que finalmente se ha llevado con ella. Y siento haber conocido tan tarde a una persona de la que había mucho que aprender. Gonzalo ALONSO

ENRIQUE FRANCO

El decano de nuestros críticos celebra esta semana su ochenta cumpleaños. En estos últimos años se ha desatado furor por festejar los setenta y los ochenta aniversarios de compositores y críticos. Se promueven conciertos, se escriben artículos, se organizan actos especiales… y yo me pregunto qué pensarán los homenajeados al ver tanto amigo y, cómo no, tanto enemigo converso. Sabemos que los muertos siempre han sido santos, pero ahora también los vivos parecemos serlo. Obviamente ni una cosa ni otra.

Enrique Franco, a quien conozco de hace largos años y con quien compartí en buena armonía tareas críticas en "El País", es una persona en la que confluyen montañas de inquietudes. No me referiré a su faceta de compositor ni tampoco a la de pianista. Ambas me pillaron en pañales. Puedo, eso sí, recordar ya sus tiempos en Radio Nacional, en donde realizó una labor magnífica a favor de la difusión de la música clásica y, muy especialmente, de la de nuestro tiempo que, en buena parte, nos "enganchó" a muchos. Tuvo aquella etapa varias características ejemplares que me parecen fundamentales en todo director de algo: la constancia, basar la discriminación sólo en la calidad y no en las camarillas, el rodearse de los mejores… Así nació Radio 2, vivió una etapa magnífica y la España musical empezó a hacerse valer afuera a través de la Unión Europea de Radiodifusión. Pero, más que nada, he conocido al Enrique crítico y, por encima de todo, al Enrique de cultura universal. Tiene Franco un juicio certero sobre lo que escucha, que nace tanto de sus profundos conocimientos musicales como de una de las experiencias auditivas más amplias que se hayan dado en nuestro país. Enrique maneja cautamente pensamiento y escritura porque sabe las diferencias entre ambos y sus causas.

Lo más admirable de Enrique es su cultura universal. Posee el difícil don de la interrelación de los hechos en el tiempo y el espacio y de ahí su capacidad para transmitir ciencia de forma amena e inagotable. Una tarde con Enrique es siempre una experiencia enriquecedora. Por eso no comprendo como muchos de los que ahora le dan tantas palmadas en la espalda no dan un paso más sincero y positivo. ¿Es acaso de justicia que no pertenezca a la Real Academia de Bellas Artes? Ha habido recientemente dos oportunidades. Y es simplemente una mezquindad que Enrique Franco, a sus ochenta años, no ocupe en ella el lugar que merece. Los conciertos y las palabras están muy bien… pero mejor estarían los hechos. Y carece de lógica la política que sigue "El País" con el más culto de los críticos del país. Demasiadas cegueras. Gonzalo ALONSO

 

MORTIER DIMITE COMO DIRECTOR DEL FESTIVAL DE SALZBURGO

A las pocas horas de que Haider entrase a formar parte del nuevo gobierno austríaco, Gerard Mortier ha presentado su dimisión como director del Festival de Salzburgo, tal y como había anunciado a finales de enero. Sin embargo más tarde reconsideró su postura y seguirá hasta el final de su contrato... o hasta que vuelva a cambiar de opinión.

La cosa estaba cantada para quienes conocen a Mortier, figura polémica a quien muchos consideran el enfant terrible de los empresarios musicales. Su llegada a Salzburgo estuvo inmediatamente marcada por la discusión, desde el momento en que intentó apartarse de la era Karajan y cerrar cualquier vínculo con el pasado. Mortier se decantó por una programación opuesta a la del director salzburgués. Arrinconó obras allí tan clásicas como ese "Caballero de la rosa" que él calificó de "cursilada" y "almíbar" y nutrió los Festspielhauses de obras que más modernas. El público, que mayoritariamente estaba formado por millonarios que deseaban los espectáculos casi hollywoodienses de Karajan, empezó a retraerse y con ello llegaron las pérdidas a los restaurantes y comercios de la ciudad del Salzach. De ahí a su protesta ante las instituciones que financian el festival sólo hubo un paso. Mortier tuvo que templar ánimos y combinar sus ideas renovadoras, que por otro lado bien precisaba el certamen, con las que inspiraron el pasado reciente. Figuras como Jessye Norman o Luciano Pavarotti, de quienes había afirmado que eran demasiado "grandes" para su festival y que no cabían por sus puertas, vieron como de la noche a la mañana éstas se volvían a ensanchar. Con todo, los resentimientos no se olvidaron y tanto ellos como muchos otros, Plácido Domingo incluido, no dudaron en lanzar dardos en cuanto podían. Para colmo, Mortier se enemistó también con quienes, como Harnoncourt, hasta entonces habían sido grandes colaboradores e incluso con la mítica Filarmónica de Viena, alma del festival de festivales, a quien amenazó con castigar y alejar de los fosos. Se creó un nuevo público mientras que el tradicional se refugiaba en el Festival de Abbado en Pascua, pero cualquiera podía encontrar entradas para los espectáculos apenas minutos antes de éstos, lo que en otros tiempos hubiera sido impensable.

La relación con la organización y con el ayuntamiento nunca fue fluida y, de común acuerdo, se decidió dar por terminada en el 2001 la era Mortier y el 26 de noviembre pasado se nombró como su sucesor a Peter Ruzicka, hasta entonces director de la "Bienal" de Munich. Pero ni así terminaron los problemas y apenas un mes después saltaba a las primeras páginas de la prensa que Abbado retiraba su colaboración para el verano del 2000, en el que habría debido dirigir "Cosí fan tutte" y "Tristán e Isolda" a causa de sus diferencias con la forma de actuar de Mortier en cuanto a la rotación en los servicios de los profesores de la Filarmónica de Viena.

Antes, en pleno inicio del pasado festival, ya Mortier mantuvo una polémica con el presidente de Austria, Thomas Klestil, a cuenta de las ideas que debían inspirar un evento como el salzburgués. El político opinaba que debía estar presidido por "el estilo y el buen gusto" y que "las naciones han de reconocerse en lo más noble, y no en lo más trivial, que tienen en común, lo que Mortier calificó como "una defensa de la hipocresía en el arte". El enfrentamiento fue muy comentado en la prensa austríaca y muchos acusaron a Mortier de querer hacer política desde el festival. Hace escasas fechas amenazó con dejar Salzburgo un año antes de lo previsto, es decir tras el próximo verano, si Hayder, a quien calificó más que de "nazi" de "fascista como Franco o Perón", entraba en el gobierno.

Esto, parece ser, es la postura que ha tomado. Mortier, inteligente como es, se desmarca del proyecto cultural que pueda tener la extrema derecha, salta del barco antes de las trifulcas musicales que se presagian tras este verano y, quizá, pueda poner ya un pie en su próximo destino. Gonzalo ALONSO

 

DE LA ZARZUELA

Por fin ya hay director en el Teatro de la Zarzuela. Ha sido demasiado tiempo, indecisiones y heridas. Todo un ejemplo de cómo no se deben hacer las cosas, del que conviene dejar constancia. Emilio Sagi anunció con tiempo su deseo de no prolongar su contrato. A partir de ahí comenzaron los errores.

Primero error: Tomás Marco decidió nombrar a José Carlos Plaza. Si bien hizo uso de sus atribuciones al frente del INAEM, cierto es también que ante una decisión de esa relevancia debió informar previamente a su jefe, un secretario de Estado al que le gusta gestionar directamente la cultura.

Segundo error: Dicho secretario de Estado cesa a Marco y anula aquel nombramiento. Lo primero, máxime tras la actuación posterior de Marco, era inevitable, sin embargo de buen político hubiera sido mantener a Plaza en vez de justificar su desacuerdo con la excusa de "falta de perfil".

Tercer error: Ningún estudio para determinar cuál debía ser ese "perfil" - según palabras del secretario de Estado, iba a ser definido por "un ente abstracto"- en función de la estructura y personal actual del teatro y los objetivos, obviamente inexistentes, de cara al futuro. Abstracto y tan abstracto resultó ser.

Cuarto error: Falta de coordinación en el equipo ministerial con un secretario de Estado, un director general y un subdirector del INAEM lanzando ofertas cada cual por su cuenta. El director ofreció el cargo a Isabel Penagos -en su día cantante y directora de la Escuela Superior de Canto- quien lo rechazó. El subdirector contactó en París con Ariel Goldenberg - director de teatro- con quien no se llegó a un acuerdo por la imposibilidad de pagarle quince millones. El secretario de Estado se decidió por Plácido Domingo - tenor, director de orquesta y director artístico en Washington y Los Ángeles- quien pidió tiempo para reflexionar. Sin que transcurriese éste y en el plazo de tres días se ofreció el puesto a Alberto Zedda - musicólogo, director de orquesta y director artístico del Festival de Pesaro- y a Javier Casal – director técnico de la ONE-. Como puede verse, toda una variedad de "perfiles".

Quinto error: Ausencia de diplomacia, cabreando a todo el mundo con el que se contactó.

Sexto error: Sin duda Casal es persona de valía, con amplia experiencia y probados resultados en dirección de centros musicales, y lo hará bien. Su nombramiento es un acierto. Sin embargo en su "perfil" destaca la faceta de gestor, faceta que de algún modo corresponde a la de José Luis Morata, ejecutivo del teatro y las formas con la propia gente del centro no debían haberse descuidado.

Séptimo error: el cometido por un político que en su día quiso cerrar la Zarzuela porque no le interesaba nada y a quien Marco, entre otros, se lo impidió al no darse cuenta que un político no puede meterse a gestor musical sino que para eso nombra y paga a un director del INAEM. Demasiados errores como para no pagarlos. Gonzalo ALONSO

 

 

JAVIER CASAL NUEVO DIRECTOR DEL TEATRO DE LA ZARZUELA

El Teatro de la Zarzuela por fin parece haber encontrado el perfil de su director. Será el de un gestor. El cargo le fue ofrecido la pasada semana a Javier Casal, actual director técnico de la OCNE y antiguo director del Palau valenciano, por el propio secretario de Estado de Cultura, Miguel Ángel Cortés. Casal pasó ayer el día en el Ministerio de Cultura concretando asuntos y en los próximos días el teatro tendrá de nuevo director.

En primavera el entonces director general del INAEM, Tomás Marco, ofreció la sucesión de Emilio Sagi, que había decidido abandonar el teatro al término de su contrato, a José Carlos Plaza. Tal oferta, realizada sin previamente consultar al secretario de Estado de Cultura, le supuso el cese en el INAEM. Cortés consideró como no adecuado el perfil de Plaza y pidió a Sagi que continuase al frente del teatro hasta final de diciembre, mientras se definía el "perfil" adecuado. Plaza llevó al ministerio ante los tribunales de justicia, quienes fallaron semanas atrás a su favor, sentenciando que Marco tenía atribuciones para ofrecer el cargo y que se le produjo perjuicios a Plaza al no hacer efectivo un nombramiento que ya había sido anunciado. La sentencia incluyó una indemnización de ocho millones.

Entre los primeros candidatos al cargo se barajó el nombre de Casal, pero su candidatura no prosperó al conllevar su abandono de la OCNE, en donde venía realizando con acierto una labor delicada y fundamental. El subdirector del INAEM, Juan Herrera de la Muela, se puso en contacto con el director de teatro franco-argentino Ariel Goldenberg, quien acudió a Madrid y durante varios días analizó la situación del teatro. No hubo posibilidad de acuerdo al no poderse aceptar sus pretensiones económicas, cifradas en unos quince millones. Más tarde, en el transcurso de las representaciones en el Teatro Real de "Margarita, la tornera", Cortés ofreció el cargo al tenor Plácido Domingo, quien se declaró inmediatamente entusiasmado por la idea y solicitó un tiempo para reflexionar. Mientras el tenor se encontraba en Roma dirigiendo la "Tosca" del centenario en la que participaba también Luciano Pavarotti y sin que hubiese aún dado su respuesta, el director general del INAEM, Andrés Ruiz Tarazona, declaró que Domingo no dirigiría la Zarzuela porque no tenía tiempo para ello. El tenor madrileño leyó con sorpresa la noticia en los diarios mientras asistía al funeral de Doña María de las Mercedes en un viaje relámpago. Al parecer no habría gustado al secretario de Estado la cerrada defensa que Domingo hizo de Cambreleng ante los incidentes ocurridos en la gala de homenaje a Kraus. Un día antes de los comentarios de Tarazona, Cortés había realizado una nueva oferta, esta vez al director y musicólogo Alberto Zedda, que acababa de ser nombrado director artístico del festival rossiniano de Pésaro. Zedda rechazó en un principio la propuesta pero, ante la insistencia del ministerio, se fijó una cita para ayer lunes con el secretario de Estado. Mientras tanto, a finales de la semana pasada, éste ofrecía también el cargo a Javier Casal y se daba por cerrado su nombramiento y, como muestra de su apoyo, Cortés asistió el pasado sábado al concierto de la OCNE con los "Gurrelieder" de Schönberg.

Zedda, proveniente de Italia, se presentó ayer en el Ministerio de Cultura con un proyecto consistente en dos documentos en los que se recogían sus ideas sobre el Teatro de la Zarzuela, centro que conoce bien dado que ha dirigido en él en muchas ocasiones y que su esposa, Cristina Vázquez, fue durante años su directora técnica. Sin embargo fue informado por director y subdirector del INAEM de que el secretario de Estado, que minutos antes había presidido una comisión ejecutiva en el Real para tratar los últimos incidentes en el teatro, no podía recibirle.

Ayer por la tarde se concretaban los detalles administrativos del nombramiento de Casal, cerrándose así la denodada búsqueda de un "perfil" que ha pasado por las definiciones de director de escena, director teatral, cantante, director de orquesta y, finalmente, gestor. La labor de Casal, para quien ahora se busca sustituto en la OCNE, será posiblemente apoyada por una comisión de asesoramiento artístico. Gonzalo ALONSO

Homenaje a Alfredo Kraus en el Real

LO QUE NUNCA DEBIÓ OCURRIR

Arias y canciones. J. Aragall, P.Domingo, A.Machado, L.Aliberti, Elisabete Matos, C.Oprisanu. Orquesta Filarmónica de Madrid. E.García Asensio, director. Teatro Real, 7 de enero.

No hay más remedio que empezar por la anécdota. No rodaron las cosas con fortuna para el por tres meses esperado homenaje a Alfredo Kraus. Primero se desmarcó la SGAE de un acto inicialmente promovido por ella, luego se abrieron las puertas con retraso a causa de ensayos de última hora y finalmente estuvo a punto de suspenderse tras media hora de protestas de un sector -a más bien dos- del público. Para ser sincero, en mi misión de crítico, he de reprobar tanto a una parte del público como a la dirección del teatro. Se cayeron del cartel nada menos que tres de los ocho artistas anunciados: María Bayo, Luciano Pavarotti y Ramón Vargas. Ante un hecho así la dirección de cualquier teatro ha de dar la cara, informar con toda humildad y ofrecer una alternativa. Se hizo tarde y mal. Mal, pero muy mal, se portaron una veintena de reventaderos -probablemente los de siempre- que aprovecharon para montar una algarabía a la que inicialmente se sumó parte de un público descontento que, afortunadamente, recordó más tarde que por encima de todo estabamos ante un homenaje a Alfredo Kraus y que los artistas que colaboraban desinteresadamente y especialmente la mezzo que aguantaba el tipo en el escenario merecían todos nuestros respetos. Impresentable lo que sucedió en el teatro, pero es motivo más de un artículo de fondo que de una crítica musical. Por suerte la Reina, que por razones obvias también había excusado su asistencia, no hubo de soportar tal bochorno.

Con buen criterio se alteró el programa sobre la marcha, suprimiendo el que hubiera sido inoportuno descanso y los videos de los cantantes que, como Caballé o Carreras, se habían adherido a distancia. Alfredo Kraus, admirado y amado por los más puristas de la ópera, no gozó sin embargo de la misma popularidad que otros de sus compañeros, creándose una rivalidad que incluso llegó al enfrentamiento. Algunos han criticado la presencia estelar de Plácido Domingo. Era lo fácil. Pero Domingo participó e intentó traerse de la mano a Pavarotti. Y es que por encima de todo estaba el reconocimiento en su desaparición a uno de los grandes tenores del siglo y al madrileño le sobra inteligencia y generosidad como para reconocerlo y situarse por encima de pasados desencuentros. Más criticable es la ausencia de quienes tenían obligación de estar y no lo hicieron.

Tres tenores, dos sopranos y una mezzo se alternaron en la gala. Jaime Aragall lloró en su día en la capilla ardiente del amigo. Ayer, con su timbre aún precioso y emotivo esfuerzo, le dedicó una napolitana y nos hizo añorar a Alfredo en el "No puede ser" de "La tabernera del puerto". Aquiles Machado, quien también pasó días de tristeza, cantó dos arias de sendas óperas muy queridas del homenajeado, "Rigoletto" y "Werther", y asumió el "Recondita armonia" previsto de Pavarotti. Lo hizo con la excelente técnica que aprendió de su maestro pero dejando desbordar la pasión para caldear el ambiente. Carmen Oprisanu, tras soportar lo indecible hasta que alguien se acordó de sacarla del infierno, resolvió el aria de "La clemencia de Tito", la prevista para Bayo de "El barbero de Sevilla" y cautivó en la Charlotte que no pudo compartir con el homenajeado. Elisabete Matos, en una rápida sustitución, dijo bien la de Mimí. Por su parte Lucia Aliberti, compañera de Kraus en varias "Lucias", hizo recordar a quien vivió para el arte en el aria homónima pucciniana y a la Callas en el final de "Anna Bolena", en donde prodigó pianos y sutilezas. Domingo, que había alternado con García Asensio en la concertación, cerró con brillantez con la romanza de "Black, el payaso". Fue toda una lección digna de su antiguo compañero de profesión. Para había un final lógico: el de la voz gramofónica de Alfredo Kraus en una página de una opera que nadie cantó como él: "A te o cara" de "I Puritani". Su voz y su foto despidiéndose nos dejó con el sabor amargo de una inevitable desaparición y de un evitable escándalo. Nuestro gran maestro no se merecía algo así. Gonzalo ALONSO

CONCIERTOS DE NAVIDAD

Hay muchos países que celebran conciertos especiales en Navidad con mayor o menor fortuna. De todos ellos el más célebre es sin duda el de Año Nuevo en Viena. La Filarmónica de Viena ha logrado hacer toda una referencia de su concierto y todos los directores están a la espera de ser llamados para el evento, pues les reporta una gran promoción de imagen y… muchos dólares. Carlos Kleiber, quien mejor ha dirigido sus últimas ediciones, se ha embolsado cada una de las dos veces tantos millones como para no tener que volver a hacer en mucho tiempo una de las cosas que más odia: ponerse al frente de una orquesta. Y si los directores se disputan el acto, mucho más las casas discográficas que son quienes se hacen verdaderamente de oro.

Tanto ha sido el éxito de la fórmula que a su sombra han nacido muchos otros intentos, siendo uno de los más acabados el de San Silvestre en Berlín. Abbado no quiso que su Filarmónica de Berlín quedase atrás y, siempre con él como actor principal, ha diseñado en los últimos años propuestas interesantes a base de un hilo conductor, ya fuese una dedicación a un mismo compositor o temático.

España no se quedó atrás y, al margen de una ya casi tradicional "Novena" de la Sinfónica de Madrid, fue Plácido Domingo quien realmente intentó dar con una fórmula "nacional" a un espectáculo que promovía el Ayuntamiento de Madrid. Escuchamos en ellos de todo, pero principalmente zarzuela. Sin embargo no se acabó de acertar y el resultado frecuentemente caía en los tópicos y en el tedio. El propio Rey se aburría tanto en el día de su onomástica que un buen día le dijo al alcalde que mejor no volverlo a repetir. La gala de los tres tenores fue el oportuno colofón. El pasado año pareció que la SGAE deseaba recoger la antorcha, pero el desmarque del reciente homenaje a Kraus lo desmintió. Fue la OCNE y muy particularmente su emérito, Rafael Frühbeck, quienes se lanzaron al ruedo y lo hicieron con todas sus huestes y un programa carente de tópicos. Acertaron en narrar una historia que incluía páginas navideñas de los clásicos como Bach o Haendel y que llegaba hasta los siete estrenos de encargos a cinco compositores españoles, sin olvidar géneros tan propios como la citada zarzuela o el pasodoble. Antonio Gala, con un susurro de voz quizá excesivo, aportó la profundidad de la "filosofía" navideña. Las cosas funcionaron pero, como todo, son susceptibles de mejora.

De entrada conviene reducir la duración total a las dos horas habituales y también los estrenos. Tal variedad ha de dificultar extraordinariamente la preparación y organización del concierto, además de encarecerlo. Mejor sería un solo encargo de mayor enjundia y más valdría pagar un millón a un solo compositor que alrededor de medio millón a cada villancico presentado. Con tan sólo ambos cambios y con un poco de navegación en las obras relacionadas con la Navidad de los grandes músicos, que son muchas y variadas, la reciente iniciativa puede llagar a consolidarse de forma que por fin contemos con algo propio para la ocasión. Otra cosa es que ello sea preciso. Gonzalo ALONSO

GARCÍA NAVARRO

La vida es a veces inexplicable. Que se lo pregunten a Luis Antonio García Navarro. García Navarro ha hecho una carrera internacional importante en los teatros de ópera, en donde ha dirigido un amplísimo repertorio. Fue, junto a Frühbeck de Burgos, López Cobos y Gómez Martínez uno de los cuatro directores internacionales que durante un tiempo estuvieron rayando el exilio. Juan Cambreleng le recuperó como director artístico del Teatro Real. El gerente del teatro, que no podía asumir funciones artísticas por una cuestión de ética, no tuvo fácil hallar quien, siendo figura de peso, en pocas semanas se hiciese cargo de una tarea amplísima. Por aquel entonces manifesté claramente mi opinión, que no ha variado, en lo que respecta a la inconveniencia de que un director musical o escénico asuma simultáneamente las funciones de un director artístico, por cuanto el conflicto de intereses resulta a mi modo de ver un riesgo palpable.

García Navarro y Cambreleng pusieron en marcha el teatro en un tiempo récord. Siempre es posible pedir más, pero al menos resulta gratificante que hayan transcurrido ya tres años con plena normalidad y sin incidente alguno. Sin embargo se percibe una campaña contra García Navarro sin que se sepan claramente ni los motivos, ni quien se halla detrás de ella, ni porque el teatro no le ha apoyado con mayor decisión. Un grupo de aficionados le protestan de forma sistemática cada vez que dirige un estreno o una función retransmitida por televisión, con la obvia intención de magnificar lo que es contestación de cuatro. En ello, incluso no se ha tenido el menor reparo en denigrar a un crítico musical tan serio como José Luís García del Busto, porque con sus opiniones no apoyaban su desconocido "proyecto". "Margarita, la tornera", la ópera de Chapí cuya recuperación el maestro ha tomado con tanto interés como para buscar fondos patrocinadores y dirigirla él mismo, será estos días posible vehículo para una nueva embestida, pero me temo que lo que realmente se espera es "El caballero de la rosa".

García Navarro tiene sus defectos, principalmente un temperamento fácilmente exaltable que, en ocasiones, se traduce en comportamientos poco adecuados. Pero nadie puede dudar que se trata de un director musical sólido y que conoce bien los entresijos de la lírica. Otra circunstancia es de alabar: podría haberse comportado sectariamente con sus colegas españoles, pero prácticamente todas nuestras batutas o ya han dirigido en el Real o tienen contrato para ello. Otra cosa es que pocos directores de prestigio nos hayan visitado, pero ese es tema de otro amplio comentario.

Realmente se merece García Navarro las increpaciones a las que está siendo sometido. Creo sinceramente que no. Gonzalo ALONSO

 

ACTITUD ENCOMIABLE

La próxima semana volveremos a ver y escuchar a Plácido Domingo en Madrid. Han pasado nada menos que treinta y un años desde que debutase en una "Gioconda" de imborrable recuerdo. El año siguiente cantó "Andrea Chenier". Fue el primer contacto que tuve personalmente con un artista que, aún habiendo debutado ya en la Scala con gran éxito, no era todavía un divo pero tenía grandes ambiciones e inteligencia y vitalidad para alcanzar todas ellas. Desde aquel día se estableció una relación entre nosotros que ha pasado por muchos altibajos. No puede ser nunca de otra forma entre artista y crítico, por muy amigos que sean, porque no siempre es fácil admitir la crítica y, también a veces, es difícil que la crítica resulte lo justa que debe ser –próximamente me habré de referir al ejemplo de crítica tendenciosa e deleznable que se ha realizado hace poco a un artista y a un crítico-. Es cuestión de que el crítico opine lo que crea pero respete siempre al artista y éste, a su vez, respete la opinión de aquél. Hoy me alegro de poder rendir un pequeño homenaje al amigo y artista Plácido Domingo.

Plácido se encuentra desde hace muchos años en lo más alto que puede llegar un cantante. Acaba de batir en un escenario tan mítico como el Metropolitan neoyorquino el récord de inauguraciones de temporada que ostentaba Caruso. Ha cantado más papeles de los que podía soñar un tenor de sus características, ya sean del repertorio belcantista o del heroico. Su Verdi se ha oído en la Scala y su Wagner en Bayreuth. Ha bajado a fosos y subido a podios escénicos para dirigir orquestas. Se ha sentado en despachos como director artístico. Y, por si eso fuera poco, ha demostrado que puede embolsarse en una sola gala más de un millón de dólares. Pues, a pesar de todo ello y a sus años, Plácido es capaz de venir a Madrid para aprenderse un papel nuevo, como el del tenor de "Margarita, la tornera" de Chapí, que ni siquiera en el protagonista y que quizá va a cantar una sola vez en su vida. Pero no queda ahí la cosa. Le vimos hacer el mismo esfuerzo, hace dos años, en las "Divinas palabras" de García Abril y le hemos visto desempolvando "El Gato Montés" de Penella y promocionándolo en Los Ángeles. En estos días se publica su grabación de "La Dolores" de Bretón y se encuentra en el último proceso de retoques la correspondiente al "Merlín" de Albéniz.

Esta actitud, ENCOMIABLE desde todo punto de vista, sólo se puede entender desde un inmenso amor por la música y el deseo de ser útil al país donde nació. Con esa misma fuerza con la que a las grandes figuras les exigimos y criticamos en ocasiones, hemos esta vez de proclamar nuestro agradecimiento y admiración a Plácido Domingo. Gonzalo ALONSO

 

UN PREMIO MERECIDO

La verdad es que, personalmente, esperaba que el premio de música de la Fundación Jacinto e Inocencio Guerrero recayese esta vez en Alicia de Larrocha.

Lo esperaba porque las demás alternativas tenían muchas menos posibilidades. Había que descartar de entrada a los compositores. Cinco en siete años eran más que suficientes. También a los críticos o musicólogos. Esta categoría se introdujo hace un par de ediciones, precisamente a iniciativa mía ante Antonio Palmero, quien con tanto acierto gobernó durante años la Fundación y que nos abandonó este año. Cuando en los jurados hay mucho crítico ya se sabe que no es posible que salga premiado uno de nosotros. Quedaba por tanto un artista como única posibilidad y, entre estos, ¿quién mejor que Alicia de Larrocha., la más grande pianista que haya tenido España, reconocida, admirada y amada por el público y la crítica internacional?

Alicia se lo merece holgadamente como músico. Sus interpretaciones de Beethoven, Schubert o, sobre todo, Mozart han cautivado a todos los públicos del mundo. Pero los de aquí, aún valorando mucho lo anterior, valoramos más su constante dedicación a la difusión en vivo y en grabaciones del repertorio español. Alicia de Larrocha. es la pianista que más obras españolas ha grabado y quien mejor las ha grabado. Sin duda hay versiones tan admirables de la "Iberia" de Albeniz como las de Esteban Sánchez o Rafael Orozco, pero las de Alicia representan un punto y aparte. Es como si Albeniz las hubiera escrito pensando en ella.

Pero Alicia se lo merece también holgadamente como persona. Aún están recientes sus esfuerzos para tratar que Victoria de Los Ángeles, distinguida con el mismo galardón hace un año, se presentase a recoger su premio. Cuando la enfermedad se lo impidió y, a fin de ayudar a la gran amiga a salir de ella, movió cielos y tierra para organizarla un homenaje en el Teatro de la Zarzuela que constituyó un gran éxito. Victoria tampoco estuvo en él, pero a los pocos meses logró salir de su casa e impartir unas clases magistrales en la Escuela Superior de Canto. El esfuerzo de Alicia tuvo sus frutos.

El reconocimiento de la Fundación Guerrero supone una gran alegría para todo el mundo musical y, en esta alegría, me atrevo a lanzar una propuesta. Que Alicia de Larrocha. y Victoria de Los Ángeles recojan conjuntamente sus respectivos premios de ésta y la pasada edición en una acto solemne de la Real Academia de Bellas Artes y que ambas nos deleiten a continuación en un recital retransmitido por televisión. Si para ello hay que echar una mano, aquí me tienen ambas. Enhorabuena. Gonzalo ALONSO

La lucha por el poder en el futuro teatro lírico de Valencia

EL QUE NO CORRE, VUELA

Hace unos días no paraba de sonar el teléfono de aquellos que están en el ajo de la música de nuestro país o, mejor dicho, de su política en la música. Sí, política "en" que no política musical. Se extendía un curioso e importante rumor: había cambios en el Teatro Real. Juan Cambreleng volvía a entregar todos sus esfuerzos a los Amigos de la Ópera madrileños y al maestro García Navarro se le ofrecía un alto cargo musical en Valencia. En Madrid, a cambio, se producía una nueva incorporación con apellido extranjero. Una mujer de edad madura con amplia experiencia y reputación de eficacia, antigua directora artística del Covent Garden y amiga de Plácido Domingo se hacía cargo de la dirección del Teatro Real. Se comentaba que Maurice Béjart había afirmado estar en conversaciones con la futura dirección del Real y que la propia Helga Schmidt –que es como se llama la persona en cuestión- no desmentía la noticia. Todo esto pudo ser, quizá hasta alguien intentó que lo fuera, pero no lo fue. Las elecciones están al caer y no es cuestión de enturbiar aquello que marcha con dignidad. Sin embargo la historia continuó por otros derroteros. Helga Schmidt pasará a ser la primera directora del futuro teatro de ópera de Valencia, aún en construcción. La historia no tiene desperdicio.

Los antecedentes se hallan en uno de los episodios que más tinta desparramó meses atrás: en la "Luna" de José María Cano. Cuando Miguel Ángel Cortés, secretario de Estado de Cultura, convenció al consejero correspondiente de la Comunidad valenciana para que se programara "Luna" en el Palau, fue Schmidt una de las personas claves. Ella, probablemente por consejo de Plácido Domingo, se encargó de buena parte de una organización en la que unos cosas funcionaron a gusto de todos y otras sólo al de unos pocos. Así la mezzo Agnes Baltsa fue contratada por siete millones de pesetas para cantar una sola pieza que, además, hubo de ser hurtada en la retransmisión televisiva del evento porque la griega adujo que la explotación televisiva no estaba contemplada en su contrato. En lugar de aquellos tres minutos millonarios se ofrecieron anuncios aún más millonarios. Claro que millones hubo para todos.

En Valencia se construye un teatro de ópera grandioso que lleva la firma de Calatrava. Cabrán más de dos mil espectadores y contará con muchas y variadas dotaciones adicionales. Dependerá de la Generalidad y podrá estar en funcionamiento pleno en un par de años. Mientras tanto la alcaldesa, Rita Barberá, decidió que la albufera valenciana era sitio ideal para llevar a cabo un festival Puccini. Tal revelación le llegó después de una visita a Torre del Lago, la ciudad natal del compositor y sede del ya tradicional festival que también lleva su nombre. Tras ofrecerse su gestión a diversas personas como a la agente artística Carmen Rubio o a Jorge Cuyás, quien fuera gerente del Palau y lo es actualmente de la Orquesta y Coro de la Comunidad de Madrid, se decantó finalmente por Ramón Almazán. Almazán es persona vinculada a María Irene Beneyto, directora del Palau, e interviene de forma decisiva en los temas de programación del auditorio. Almazán ha contratado para el Festival Puccini a un buen plantel de artistas como Leontina Vaduva, Aquiles Machado, Audrey Stottler, Giorgio Merighi, Giovanna Casolla, Kristjan Johannson, Isabelle Kabatu, Mara Zampieri, etc. Pero según diversas fuentes sus gestiones no quedarían ahí, sino que además estaría aprovechando el paso de estos cantantes a fin de comprometer verbalmente a algunos de ellos para las futuras temporadas del teatro de la Generalidad. De esta forma Almazán estaría dando pasos importantes de cara a favorecer su futuro nombramiento como responsable artístico de la Ópera valenciana. Este gobierno autónomo se habría alarmado de una iniciativa no encomendada a Almazán y tampoco vería con buenos ojos que el tandem Beneyto-Almazán dirigiese todas las actividades musicales de Valencia.

Sería el secretario de Estado de Cultura quien, puesto al corriente de la situación, habría recomendado a Helga Schmidt, tras serle recordada su existencia por José María Cano, de cuya obra "Luna" fue el máximo protector.

El nombramiento se da por sentado y el revuelo es amplio en los ambientes musicales no sólo valencianos sino también madrileños. Idoneidad de Schnidt al margen –se trata sin duda de una profesional de prestigio acreditado-, la sucesión de hechos viene a ser otra muestra clara de cómo sufre nuestra música las intervenciones de políticos. Y es que, en el fondo, el arte y su entorno no han variado en siglos. Es tan sólo un poco más democrático pero también más prosaico. Simplemente se ha pasado de príncipes y arzobispos –los Esterházy o Coloredo- a los altos cargos administrativos. GONZALO ALONSO

Helga Schmidt, mujer de edad media de orígenes alemanes, fue directora artística del Royal Opera Hause del Covent Garden durante los primeros años de la presente década. Más tarde se incorporó al Centro Europeo de la Ópera, cuya residencia se halla en Manchester y fue fundado por la Unión Europea. Su organigrama incluye en puestos claves a Sir Jeremy Isaacs y Sir John Manduell Kenneth. Ha ocupado cargos de asesoramiento en la Sinfónica de Londres y Concertgebouw. Se encuentra casada con el que fuera famoso barítono Vladimiro Ganzarolli.

 

 

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VERDIS ESTRELLADOS

Si Verdi levantase cabeza, lo que vería! Sus obras abucheadas o maltratadas por la crítica por doquier. En Sevilla era obvio que no iban a funcionar bien las cosas. Arteta no puede con "Traviata", por más que la haya cantado en un tercer reparto del Met, no había tenor y el matrimonio Domingo no alcanza al dúo Kleiber&Strehler. El resultado estaba servido. Lo que no estaba servido es la innecesaria bajada al ruedo de la polémica de los Domingo. ¿Qué necesidad tiene Marta de afirmar que Arteta es su Violeta favorita? ¿Qué necesidad tiene Plácido de justificarse con la opinión que de él puedan tener Levine o Barenboim, que no podría ser mas que favorable por no ser imparcial? Son declaraciones inoportunas. Para todo teatro es un éxito contar con Plácido cantando y no hay que escandalizarse si pide dirigir algún título. Directores menos brillantes desfilan por teatros importantes de todo el mundo. Pero tampoco ha de venderse como el gran evento, porque luego pasa lo que pasa.
Inoportunas fue también la reacción de Muti en la Scala en una inauguración de temporada para la que la entrada costaba oficialmente 200.000 ptas. Si te abuchean, te callas, que para eso te pagan y para eso el público paga lo que paga. Lo que no es de recibo es volverse a éste e increparle con "Esto no es un circo". Cuando, al fin y al cabo, es gente como él la que le han maleducado a base de barbaridades del tipo de meter a Fritoli -buena para "Cossi"- a cantar Leonora o apostar por un tenor con voz pero sin línea canora alguna.
Tampoco es de recibo que García Navarro afirme que "Trovador" es la ópera con mayores exigencias vocales de la historia. ¿Dónde dejará a "Il pirata", "Norma", "Puritani", por citar sólo tres títulos de un mismo autor? No hay que provocar antes de una función. Mal esa nueva escenografía de Moshinky que nace vieja, aburre y nos retrocede a los tiempos en que una luz iluminaba al cantante a la hora de su aria. El público, en el que hay una parte no satisfecha con el rumbo del teatro, saltó por donde no debía, agrediendo a Cura, que fue el mejor de la noche y con ello empeora las cosas, pues Cura no tiene necesidad de aguantar salidas de tono y podría cancelar sus contratos con Madrid. Al público hay que darle libertad, pero pedirle justicia.
Desde luego yo me quedo antes con la polémica del Liceo y su "Ballo" que con la del Real y su huelga. Y es que el Real no dejará de ser pueblerino en lo lírico mientras sean pueblerinas las mentalidades de sus alturas. En el Liceo se cantó y se ofreció una versión escénica en la que el drama funcionaba, por discutible o provocador que resultase. Son formas distintas de entender un teatro. ¿Cuál escogen ustedes? Claro que, para consuelo, el desastre del Verdi del Met. BECKMESSER 

 

 

HELGA AL DESNUDO…

O mujeres al borde de un ataque de nervios. Lo que ustedes prefieran.

Eranse una vez cuatro bravas mujeres a las orillas del Turia. Una de ellas, política de fondo y formas, Mayren Beneyto, mandaba el buque insignia de la región: un auditorio que se había colocado a primer nivel del país. Estaba orgullosa y con razón. No quería perder el trono del Turia. Pero he aquí que al político que más mandaba, Eduardo Zaplana,  se le ocurrió construir una ciudad dentro de otra ciudad y, muy próximo al trono de Mayren, se comenzó a elevar una mole bellísima que provocaba envidias y dejaba enano su reino. No podía permitirlo: allí había que sentarse de una forma u otra. Mandar también como fuese, aunque fuese a través de su amigo Ramón Almazán.

Zaplana no tenía ni idea de cómo rellenar su nueva ciudad del arte y menos en lo musical, pero tenía un compañero de partido, Miguel Ángel Cortés, a quien en aquellos tiempos le atraían mucho música y danza aunque, como buen político dedicado a la cultura, tampoco tenía ni idea de qué hacer con la música y fue protagonista de un lunático escándalo con su amigo José María Cano. De aquellos barros recaló en el Turia una antigua directiva del Covent Garden londinense, Helga Schmidt,  con la misión de programar la lírica en la nueva ciudad. Adiós sueños de gloria se dijo Mayren. Y Helga llegó cobrando casi tres decenas de millones, pero sin poderes para firmar contratos.

Y surgieron las envidias en la ciudad en construcción, ya que la reina de toda ella, Pilar Argüelles, sólo ganaba la tercera parte. ¡Una empleada se le subía encima! No podía ser. Y a las zancadillas desde fuera, desde el edificio colindante, se unieron las de dentro. Helga no lograba programar nada por más que, avión por aquí avión por allá, hiciese desfilar a mucha gente por el Turia y ella misma se pasase el día en las nubes.

Si no hay dos sin tres, tampoco hay tres sin cuatro y surgió otra en discordia, Inmaculada Tomás, quien desde el Instituto de la Música valenciano tampoco quería perder comba. Más zancadillas. Y desde el Instituto para la Promoción de las Artes también incordió Consuelo Ciscar, ayer PSOE pero oportunamente pasada al PP. La pobre Helga mal decidió aislarse de tanta maldad, pasarse el día en las nubes, cuando no retirarse a su casa en Milán y no hablar a nadie de sus problemas. Ni una entrevista. Con tanto aislamiento llegó a ofrecer actuaciones a artistas que en esas mismas fechas ya tenían contratos en el vecino auditorio. Todo por falta de entendimiento, demasiadas ambiciones y aún más envidias. Y Helga se quedó al desnudo, como Bette Davis. Y al erario valenciano todo este asunto le costó un porrón, aunque no importaba porque España, y más aún el Turia, iban bien. Pequeñeces. Lo importante era construir y crecer para poder llegar a suceder al Gran Jefe. Y uno, de verdad, está harto de tanta barbaridad por doquier. BECKMESSER

ESTAFAS MUSICALES

Realmente hay hechos que claman al cielo. Hechos que confirman que muchas de las grandes figuras de la música buscan hoy día en primer lugar su propio beneficio y tan sólo después les importa el arte en sí.
Hasta hace poco era mal común la poca dosificación a la que se sometían los artistas. Cantantes de ópera famosos llegaban a superar las 130 funciones por año. El público podía haber pagado una pequeña fortuna por una localidad y no obtener a cambio lo que era esperable y exigible, pero el artista se iba con los bolsillos llenos. Así cada tres días.
Aún se fue a más. Los artistas, estimulados por la falta de conocimiento y exigencia del público, comenzaron a jugar a los bolos. Ya no se trataba de que la calidad se resintiese por un exceso de actuaciones. No, es que no había ensayoss previos ni esfuerzo alguno en la actuación. Y así la cultura del "bolo" se integró en nuestra cultura hasta el punto de que el público acabó por no distinguir verdad de falsedad. Hasta el punto de negarle el derecho a la protesta a quien sí llegaba a diferenciar.
Los tres tenores dieron un paso más. Con la aparente buena intención de difundir la música clásica interesando a nuevos públicos a través de "aligerarles" el arte prostituyeron el mercado. Olvidaron que no se trata de escribir "Quijotes" lights para facilitar su acceso al público, sino de hacer que el público pueda encaramarse al de Cervantes. Y el arte, bueno y malo, puso sus precios por las nubes.
Desgraciadamente no quedó ahí la cosa. Grandes nombres empezaron a falsificar obras de arte y a venderlas como originales. Pero no hubo cárcel para ellos. Así, por ejemplo, se engañó al público y a un pobre ciego ya rico. Pavarotti empezó por animar a Bocelli a cantar ópera. Cantó a dúo con él y declaró que era un gran tenor. Maazel se le llevó a la Arena de Verona para un "Requiem" de Verdi. La temeridad le salió cara: buena parte del público no admitió una tomadura de pelo que era palpable en su exceso y la crítica masacró el evento. Pero Maazel bailó un bolero y escribió cartas a los directores de diarios manifestando su extrañeza porque público y crítica no se percatasen de la calidad del supuesto tenor. Y Mehta se avino a prestar su colaboración para un disco de arias de ópera del joven fenómeno y para una Boheme. El nombre del hindú sirvió como refrenda de calidad. ¿Qué más daba, si era como anunciar un reloj o un cosmético? Dinero y más dinero. Luego contrató a Bocelli para el "Requiem" del centenario en Munich.
Así unos pocos nombres famosos están prostituyendo la música y desorientando al público. Están asesinando el arte. Pido para todos los que obran así prisión y suplicio. BECKMESSER

CALLAS, AÚN UN MITO

El último número de octubre de Paris Match traía en su portada la imagen de María Callas. ¿Cómo es posible que alguien pueda ocupar la portada de un gran semanal al cabo de veinte años de fallecer? La Callas sigue siendo un mito. El motivo resulta digno de investigación para los fans-fanáticos de la egregia artista: la posible existencia de un hijo que habría muerto a las pocas horas de nacer, a causa de una insuficiencia respiratoria, y cuyo padre habría sido Aristóteles Onasis. De ser cierto y haber vivido, la historia habría dado muchas vueltas hasta el punto que quizá hoy el mito de María Callas quizá no existiera.
El descubrimiento del nacimiento y óbito de Lengrini Omero en Milán el 30 de marzo de 1960 ha levantado tanta expectación que hasta Costa-Gavras ha decidido centrar su próxima película en la tragedia de los dos griegos más famosos de la mitad del siglo XX. Su estreno se proyecta para el 2002. ¿Qué hay de cierto en esta historia? De entrada explicaría muchas cosas. La principal, esa parcísima actividad en escenarios líricos de los años sesenta que vino a resultar una especie de retirada temprana.
Sorprenden la afiliación del niño. Se dice que el nombre corresponde a uno de los tíos de Onasis y que el apellido es aquél bajo el que la diva se ocultó y registró en la clínica milanesa. Más alumbrador puede resultar repasar los meses en que hubo de transcurrir el supuesto embarazo, es decir, de julio de 1959 a marzo de 1960. Encontramos un único concierto en Amsterdam en julio, para pasar al recital que ofreció en el Coliseo Albia bilbaíno en septiembre, seguido de otro en Londres, y la grabación de su segunda "Gioconda" en Milán. Vendrían luego más conciertos en octubre - Londres, Berlín y Kansas City-, dos "Lucias" y dos "Medeas" en Dallas en noviembre… y a partir de entonces silencio hasta las "Normas" de agosto de 1960. ¿Se presentó María Callas embarazada en Bilbao? Sólo actuó tres veces en nuestro país, en dicha ciudad, Barcelona y Madrid, pero miren por donde los bilbaínos que entonces la trataron podrían tener la clave de esta historia. El diario de su exmarido revela intensísimos contactos telefónicos entre ambos en agosto con motivo del anuncio de su separación, la que se haría pública en septiembre, mes en que la cantante se encontraba mal, deseaba tranquilidad y no permitió la visita de Meneghini. En cualquier caso no parece probable que Callas, que había visto por vez primera a Onasis en septiembre de 1957 y cayó en sus brazos en el yate Cristina en julio del año siguiente, hubiera puesto en peligro a sus 37 años un tardío embarazo del armador. Y todo podría ser un montaje para mover la subasta de sus objetos, en diciembre, en París.

Gonzalo ALONSO

CERTEZAS E INTERROGANTES

Ante el éxito suscitado por los diálogos aquí recogidos, no me resisto a traerles más. Como decía Wilde, "la tentación es lo único a lo que no soy capaz de resistirme". Sólo que esta vez se los aderezo con algunas certezas e interrogantes.
Conversación en la presentación del próximo Festival de Canarias, a la que asistieron habituales en sus cargos de siempre y otros en sus nuevos puestos, de jubilados, excedentes y demás. Uno de los de nueva situación, antes en el Real, a un periodista.
–Mira, mi equipo me ha organizado una comida de despedida. No como "ese".
Mismo lugar. Aparte entre "ese" y un periodista-editor.
–Ahí tienes a tu enemigo, fuera ya de la casa.
–No, ahí tienes tú a tu antiguo enemigo.
A eso le llamo yo llevarse bien y trabajar en armonía. A propósito, ¿alguien se imagina a qué acompañó "ese" a Segovia a su antiguo socio en una importante agencia artística? Éste aspiraba a quedarse con el festival de verano de la citada ciudad. ¿Y se imaginan lo que se habría ofrecido a cambio si se aceptaba aquella aspiración? Se publicó en la prensa local. Dejo la solución a los periodistas de investigación porque el asunto es de órdago.
Aclaración en la comida de presentación del nuevo disco de Savall. Un periodista se dirige al director, pero tercia un prestigiado musicólogo y ex alto cargo.
–¿Cómo es posible que no se te encargasen a ti los Celos aun del aire matan?
–Porque hubo un señor en Bolonia con mucho poder.
Pues ya sabemos los porqués de un absurdo que ha llevado a meter instrumentaciones del siglo XVI en una ópera del XVII y a no respetar las indicaciones de Calderón respecto al personaje que debía aparecer siempre volando. Aunque la causa fuera el vértigo de la cantante. ¿Es que no había otra sin miedo a las alturas?
Pues no todos han abandonado su puesto de trabajo en el Real a causa de una oferta mejor, tal y como declaró el director de aquél. A menos que considere que el "irse a casa" sea una oferta mejor o un ascenso. Es el caso del director de relaciones externas de la casa, ahora ya en la suya de verdad.
Ésta no es una conversación, sino un fax de una persona muy ligada a un famosísimo director de orquesta, extranjero él pero con raíces latinas, al máximo responsable de una institución musical española.
–Como bien sabe, son falsas sus declaraciones a la prensa, puesto que nuestro común amigo respondió ya a su oferta hace tiempo.
Y una pregunta, ¿cuál es el denominador común de mis diálogos, certezas e interrogantes de esta semana? BECKMESSER

DIALOGOS ACERADOS

Rueda de prensa de críticos y periodistas musicales con un alto cargo de RTVE. Uno de los asistentes reprocha a dicho ejecutivo.

-¿Cuándo la televisión pública va a cumplir su función pública cultural?

-Con el modelo actual, la televisión pública, y muy especialmente el primer canal, no puede olvidar las cuotas de audiencia. Sin embargo tenemos muchos programas culturales en la 2 y magníficos reportajes.

-Eso está claro, pero los aficionados nos estamos preguntando si para escuchar música en la 2 vamos a tener que enseñar a tocar la flauta a los leones.

El mismo acto. Conversación entre dos conocidos críticos sobre los últimos cambios ministeriales.

-¿Te has enterado de la salida de la Muela del INAEM y del nuevo nombramiento?

-No, ¿quién es el sustituto?

-Una geógrafa.

-Ah, estupendo. Programará de maravilla las giras de la Orquesta Nacional.

Inauguración de temporada en el Teatro de la Zarzuela con "La ópera de los seis peniques". Termina la función y alguien sale disparado de su butaca, levantando y molestando a toda la fila. Un espectador a otro.

-¡Qué prisas tiene la gente! Le habrá parecido eterno el "Happy end".

-¡Qué va! ¡Es que es un crítico!

Y ya se sabe que en las redacciones esperan las crónicas de los críticos para que aparezcan al día siguiente. Ni importa tanto el "cómo" como el "cuándo".

Encuentro en el Auditorio Nacional entre el director general del INAEM, Andrés Amorós, y el entonces director técnico de la Orquesta Nacional, Vicente Cervera.

-¿No te han dicho que pases el lunes por el INAEM a despachar? Pues pásate.

Allá va Cervera. Llega a la casa de las siete chimeneas y se encuentra con que las siete echan humo.

-Ahí tienes tu liquidación. Gracias por los servicios prestados.

Y va de salidas. Un cargo importante del Teatro Real, de los que trabajan, con muchas horas de insomnio, le expone al gerente Cambreleng la propuesta que ha recibido.

-Me ha llegado una oferta del Colón de Buenos Aires que estoy estudiando y que, en principio, me parece muy ventajosa. Pero no quisiera crear un problema.

-No te preocupes. Por el teatro te puedes ir mañana mismo.

Un empleado de una institución musical hace la rosca al jefe.

-Con este tío no hay forma de entenderse.

-Bah, si le quedan dos días. Que diga lo que quiera, que el rocón no se lo come.

Pues ya ven lo afinados que andan nuestros amigos de la música. BECKMESSER.COM

CELOS, AÚN DE MERLÍN

Inauguración de temporada por todo lo alto en el Teatro Real. Nada menos que con la exhumación de un texto de Calderón de la Barca al que Juan Hidalgo puso música. Varias centenas de millones para darnos a conocer la obra que ya escuchamos en 1981, gracias a la entonces Radio-2 en una retransmisión desde Colonia en la que participó Victoria de los Ángeles y en la que se siguió una versión un tanto arbitraria del argentino Pedro Saenz. Sin querer enmendar la plana a mis amigos críticos, si les digo que mi resumen es “aunque a la mona la vistan de seda y nos obliguen a verla con linterna, mona se queda” ya entenderán lo que pienso. Mucho lujo –retales del catálogo Pizzi– para una música de escasa entidad a la que no sacó del tedio la reconstrucción de un Malgoire, experto en Rameau o Lully pero no en nuestra época de oro. Esta música, muy inferior a la del coetáneo Monteverdi, hubiera sido mejor reelaborada por Savall y mejor expuesta por un Garrido. Intereses prolijos lo impidieron.

Me gustaría que alguien me explicara por qué la dirección artística del teatro no ha intervenido en nada de esta producción. También por qué el departamento de producción, que organiza todo en el Real, no servía para la ocasión y por qué se han pagado al menos ocho millones de pesetas a un productor ejecutivo independiente, Lito Brito. Y por qué, si este señor era tan decisivo, la suya es la única biografía que no figura en el programa de mano. Y qué experiencia puede aportar el actor Paco Valladares para figurar en una ópera del siglo XVII como “asesor de dramaturgia”, además de contársenos, como colofón de su curriculum, que ha intervenido en Telecinco, junto a María Teresa Campos, en Día a día. Y se me ocurren otras preguntas sobre asesorías artísticas en la Sociedad Estatal del Milenio. Y me gustaría saber si a Don Juan Carlos le van quedando ganas de volver al Real, porque sólo le hacen estar a las duras. Y ni siquiera le cuentan que van a tocar el himno nacional. Se dice que todos están felices en el teatro.

¡Tenían que haber visto la cara de varios patronos cuando la jefa de sala –de largo y no de uniforme, como cabría esperar– les frenó el acceso a la sala de protocolo a la que habían sido llamados a última hora! Las presencias y ausencias en la sala Goya dieron que pensar a más de uno. El Real debe evitar parecerse cada día más a un cortijo particular. Albéniz fue también protagonista de la velada. Merlín se nos había anunciado para el 31, pero a alguien se le olvidó que ese día había un concierto de Estado en el Real. Con todos los contratos firmados. Los móviles no paraban. Menos mal que todo va viento en popa y que, cuando alguien se cae, es por “estar donde no debía”. BECKMESSER.COM

GUERRA DE SUCESIÓN

Buena la han tenido este año en Bayreuth. Cría cuervos que te sacarán los ojos, debía pensar el amigo Wolfgang Wagner. El nieto del compositor quiere morir en el festival con las botas puestas, pero sus familiares se empeñan en mandarle a la pensión. Eva Wagner-Pasquier, hija del anterior matrimonio de Wolfgang y asesora vocal de Lissner en su meteórica visita turística a Madrid, y Nike Wagner, sobrina de Wolfgang se disputan la herencia wagneriana y hasta, en cierto modo, cuentan para ello con el apoyo del Gobierno alemán, quien a través de la Fundación Richard Wagner, presionó al amenazar con la retirada de los 272 millones de pesetas de subvenciones estatales. Pero amagó y no dio.

Y Wolfgang contratacó porque ¿qué son 272 millones? Menuda miseria. Casi la misma miseria por la que advierte con dimitir Barenboim en Berlín y menos de la que en nuestro amado Real se solventa con una simple llamada telefónica. No hay nada como ser ricos… o creerselo. Pero no quiero desvariar y el caso es que el viejo timonel, el hermano pobre en inteligencia del rico Wieland, aún tuvo fuerzas para recurrir al multimillonario americano -de origen cubano- Alberto Vilar para que ponga un dinero, aún sin determinar, con que financiar el nuevo "Tannhauser". Y, para redondear la jugada, se lo encargó a Christian Thielemann, el deseado heredero de la más sólida tradición alemana -algo nazi si se quiere- que ya ha debutado este año con mi ópera. Ya saben, "Maestros cantores". Pero no queda ahí la cosa, sino que además barrío para casa y propuso como su sucesora a su mujer Gudrum.

A mi me da igual quien dirija el patio de mi casa, que es particular y está visto que, cuando llueve, se moja como los demás. Lo que quiero es que hagan funcionar de una vez a los chicos de prensa y que todos se enteren de que existen los faxes y los emails. Allí no han oído hablar de internet y es el único festival sin web y emilios. ¡Menudo atraso mi casa!

Wolfgang cosechó inutilmente un sonoro abucheo y es que nadie entiende por qué salió en solitario a saludar tras su ya veterana y siempre rancia puesta en escena de "Parsifal". Menos mal que Domingo y Meier, ésta urlando un punto a lo Mina, pusieron luego el teatro patas arriba. Pero no le bastó esa salida y repitió en el "Ocaso" para anunciar una ligera indisposición de la Brunhilda Schnaut. No hubiera querido tampoco estar en su piel cuando las deserciones de Sotin y la citada Meier por "falta de entendimiento con la dirección".

Y, como a un perro herido todo se le vuelven pulgas, la Unión Europea de Radiodifusión boicoteó varias retransmisiones al desconectar antes de que terminasen. Wotan se despidió antes de tiempo. BECKMESSER.COM

AGAZAPADOS EN VERANO

En verano suelen pasar cosas, aunque parezca mentira. Por ejemplo, pasan las cosas que se quiere que pasen entre calores y ausencias, cuando nadie se de cuenta. Algunas de las que les comento tienen tal tufo. Pero yo he vuelto relajado y bonachón.
Tanto que estoy dispuesto a apoyar las supuestas maniobras de un celebrado compositor a punto de jubilarse en Radio Clásica. No sería su idea esperar a la edad correspondiente sino aprovechar una próxima regulación de plantilla del ente. Antes, a fin de que le quede el máximo de jubilación, busca que le nombren alto cargo de lo que sea, incluso fuera de su propio ámbito de trabajo real. Figuraría unos meses y luego a casa cobrando el máximo. Tal como me lo cuentan, se lo cuento. Y, si todo ello es verdad, esta vez no sólo no me voy a oponer, sino que estoy dispuesto a apretarme un agujero del cinturón para pagar lo que me toque de tal jubilación con tal de darle la oportunidad de que se dedique verdaderamente a componer y no a tareas menores con desgana.
Lío estuvo a punto de haberlo y grande, con abogados y notarios. El señor Roberto Alagna mintió descaradamente acusando a Gian Carlo del Monaco de haber robado a sus pintorescos hermanos las ideas escenográficas de "La Boheme" que vimos en el Teatro Real y que -primicia les doy- verán en el Liceo inaugurando temporada. Menos mal que Juan Cambreleng fue testigo de todo y podría ofrecer testimonio en caso preciso. Él vio las paupérrimas maquetas de los hermanísimos, a quienes no se quiso en el Real ni tampoco quisieron en el Metropolitan. Por cierto, al gerente del Real se le echó de menos en los prolegómenos del frustrante “Ernani” y es que estaba en Wimbledon dándole al tenis.
Inesperádamente nos dejó uno de los grandes de la crítica española: Gonzalo Bádenes. Y ya que hablé de del Monaco, contarles que estuvo en el Festival suizo de Verbié, que ahora incluye ópera, junto a un animado James Levine cuyo humor echaba por tierra los rumores de una enfermedad nerviosa que le habría obligado a dejar el Met en el 2004 y cederle la dirección artística a Domingo. Plácido cantará pronto allí el "Sly" que realizó escénicamente su esposa Marta en Washington. Entretanto, en Los Ángeles, se celebrba una fastuosa edición del concurso de canto Operalia. Y, mientras Carreras cantaba con micrófonos en Perelada, Pavarotti desembolsaba más de dos mil kilos para hacer las paces con el fisco italiano, que le acusaba y probó que su residencia en Mónaco era ficticia. ¿Se imaginan lo que pasaría con algunas de nuestras figuras más preclaras del arte y el deporte si cundiera aquí el ejemplo? y qué les voy a contar de su multimillonario divorcio de Adua, quien manejaba hasta la caja “B” Hay separaciones que dan miedo. BECKMESSER.COM

FESTIVALES A GO-GÓ

Los festivales veraniegos siempre dan jugo. Poco jugo, sin embargo, le sacó Alfredo Aracil a la última edición del de Granada y no me estoy refiriendo al terreno artístico sino a otro que siempre se persigue también. Aracil es uno de los directores de más imaginativos entre los que se dedican a este tipo de manifestaciones, pero este año se le ha echado encima una buena parte de la crítica local. Mis recuerdos y mejores deseos de recuperación total para Rafael Taibo, que pasó por allí elogiándome. Y va en serio.

También se les echó la crítica encima a los mandamases de Perelada. No gustó nada de nada que Carreras y Aragall cantasen con micrófonos y amplificación y es que además no sonó tan bien como hubiera sonado al natural. Críticas por tanto justificadas.

Más que justificados los comentarios a la pasada edición del Festival de Segovia. Sin dinero poco se puede hacer y el si el año pasado ya se dejó ver un retroceso artístico, este año se ha profundizado en él. Algunos espectáculos dejaron mucho que desear, si no que se lo pregunten a los poquitos que se atrevieron a asistir en una noche invernal a un concierto de música contemporánea en el que además los "ruidos" eran otros distintos a los que anunciaba el programa. Y la gente va entendiendo hasta de ruidos.

La liebre saltó en el Festival Mozart por donde menos se esperaba, como suele suceder en la lírica. Defraudó enormemente un "Fidelio" nada menos que con Rodhesvensky y Bährens, y triunfó por todo lo alto "El viaje a Reims" de Zedda. ¿Quién lo iba a suponer? Hubo además la suerte de que lo pudo presenciar, bajo rigurosa invitación y entre centollo y centollo, toda la creme madrileña de la crítica musical. Para el año que viene tendrá la competencia de una minitemporada de ópera un poco mal planteada en fechas.

En Munich triunfó por todo lo alto el "Don Carlo" de Verdi. Me cuentan que existe un proyecto muy serio para ofrecerla en El Escorial y que, tras el concierto rock del grupo Dover que tuvo lugar en la Lonja del Monasterio, hay muchas posibilidades de que salga adelante.

Para anécdotas, las de Bayreuth este año. Más de ellas que de música. Tantas que no tendremos más remedio que dedicarle un monográfico. Más cerca, en Torroella y ante Xavier Montsalvatge, triunfaron por todo lo alto Iñaki Fresán y Juan Antonio Álvarez Parejo. Quedó reflejado en toda la prensa local pero la crítica nacional veraneaba mucho más lejos. Y, ahora, Alicante, el festival levantino para invitados madrileños un tanto "especiales" y muy dado a "ayudar" a los amigos y a la autoprogramación. ¿Cuánto público alicantino asiste a él? BECKMESSER.COM

NO ES ORO TODO LO QUE RELUCE

Nuestro primer número tras el paréntesis veraniego viene cargado de lírica, sin embargo este homenaje no puede ocultar muchas desviaciones y carencias. Cierto es que la ABAO bilbaína puede presumir de tener la asociación musical con más socios de toda España. Cierto es que los Amigos de la Ópera de Madrid tienen larga cola de espera y, para aligerarla, han dejado sin abonos a las viudas de los titulares fallecidos. Esas y otras muchas cosas son verdad, pero también hay otras verdades.

Los cantantes españoles de la generación que hoy se mueve entre los 55 y 70 años asombraron al mundo. Después asombraron a los españoles. Tuvieron que hacerse el nombre fuera para ser reconocidos en casa. Una vez conseguido, es en su casa donde son más criticados. Que se lo pregunten a Plácido Domingo, que dedica un esfuerzo a Madrid que pocas veces tiene la recompensa adecuada. Y las cosas no han cambiado mucho para las nuevas generaciones. Hasta estudiar les es un camino lleno de piedras. Ana María Sánchez o María José Moreno podrían contar sus desventuras en la Escuela Superior de Canto. La enseñanza sigue siendo una asignatura pendiente, por más que alguna escuela privada desarrolle una buena labor.

Los teatros no se ponen de acuerdo. Entre sus responsables cunden los celos, las ganas de epatar al de al lado… y los miedos a que el de al lado les pueda quitar el pan si le dan cancha. Las asociaciones de teatros sirven para muy poco. Por eso las coproducciones no son todo lo numerosas que sería deseable, aunque Madrid y el Liceo estén avanzando en este terreno. En parte sin duda porque esos últimos temores son impensables entre ambas ciudades.

Las programaciones ofrecen, por lo general, más de lo mismo. Y es que los responsables a menudo descargan sus responsabilidades en los agentes artísticos y son éstos quienes organizan las temporadas a su conveniencia. Sus cantantes van en gira por la península. Un seguimiento detallado del "quién y dónde" explicaría muchas cosas. En los repertorios también abunda la confusión. No se puede recuperar por recuperar, sino recuperar lo que merece la pena y en las debidas condiciones. Y esto último se extiende a la oportunidad del calendario. Y en cuanto a los estrenos ya se sabe: hay que seguir la consabida lista de nuestros dioses de la composición. ¿Por qué no intercalar algún nombre de valía extranjero para que se pueda comparar? Ya pasaron los tiempos de la autarquía.

La política de subvenciones deja mucho que desear al no haber unas directrices y varas de medir claras. Unas se otorgan en partidas directas y especiales de los Presupuestos Generales y otras entran en un saco. Un saco que se mueve a dedo y con demasiada lentitud. En fin, que no es oro todo lo que reluce. O lo que suena. BECKMESSER.COM

VIAJE DE VERANO

No sé por qué me he llenado de inquietudes a la llegada de cada uno de los últimos veranos. Éste más que nunca. Motivos, haylos. Fíjense si no: hace tres veranos me leían desde ABC, luego desde La Razón, ahora desde El Mundo… Cada agosto me encuentro con una novedad. Este verano no habrá cambio alguno de ubicación,  pero esta vez me ha dado a mí por emprender un curioso viaje de verano que espero no termine con un canto parecido al del "leiermann" schubertiano, por mucho que ese sea mi estado de ánimo actual: “sein kleiner Teller bleibt ihm immer leer”. También podría suceder que de maestro cantor y jefe de policía -¿a qué no sabían que Beckmesser era jefe de policía? Pues de qué si no iba a contar con tanta información- me convirtiese en fantasma. Podría desaparecer como han desaparecido los abonos de coro de Ibermúsica tras sucesivos envites. En lo que espero no convertirme es, por ejemplo, en un virus parecido al que un amigo me contó que padecía esta última entidad, lo que afortunadamente no era cierto. Pero como los virus abundan, quizá fue porque pensaron que sufría uno de ellos fue por lo que no me invitaron a una de las veladas pianísticas en las que solía ser habitual. Por eso, por olvido... o por castigo contra una justa crítica. Muchos se olvidan que hay que estar a las uvas y a las maduras. Desapariciones. Como la de los acomodadores del Real. Suspendidos de empleo y sueldo les echamos de menos en "Ernani". Con ellos no iba la frase de Carlos V emperador en el mejor momento de la obra: "Perdono a tutti". Yo perdono pero no olvido y ya quisiera poder olvidar porque van siendo demasiadas las cosas a recordar.
No perdón, sino más bien absolución, la sentencia con la que una magistrada dio la razón a la arpista de la Sinfónica de Madrid -elecciones a la vista sin Florentinos Pérez- a la que se había castigado meses después de su supuesta falta… cuando no hacía falta un arpa en el Real. Sentido de la oportunidad más que de la justicia.
¿Será acaso un antiguo suspendido de empleo y sueldo el que está causando problemas en el Auditorio Nacional? El revuelo entre el personal es notable. Se ha despedido el guardia nocturno porque por las noches oía voces y ruido de muebles cambiándose de sitio. Hay quien no quiere ocupar cierto despacho porque han fallecido quienes sucesivamente lo ocuparon. Las señoras de la limpieza tiemblan porque a veces se han quedado encerradas en los baños… O hay un guasón o un fantasma. ¿Será el mismo que hace años se puso a maullar mientras cantaba Lucia Popp? El fantasma de la ópera desapareció y sólo quedaron por allí algunos de otro tipo, pero ahora resulta que el auténtico debió hacer las maletas y mudarse al Auditorio.
Pues hasta septiembre a la mayoría, salvo que quieran acompañarme en mi viaje de verano a través de la web de mi nombre. Willst zu meinem Liedern deine Leier dreh’n? BECKMESSER

LÍOS EN LA ARENA MUSICAL

Ricardo Muti parece confirmarse como posible director de la Filarmónica de Nueva York en sustitución de Masur. Sólo falta el acuerdo económico. Y de allí cerca llega el rumor de una enfermedad de James Levine que podría afectar a su continuidad en el Metropolitan. Llega también la noticia de su posible sustituto: Plácido Domingo. Esperemos que el rumor sea infundado y que Levine continue en activo por muchos años. Y lo mismo deseo para otros más próximos a nosotros.

A la revolución de directores de orquesta que se está produciendo en el mundo hay que añadir dos nuevos casos: Maris Janson dejará probablemente Oslo, la orquesta que llevó a las alturas y que ya no brilla tan alto, y Bertrand de Billy prosigue su ascenso imparable como nuevo titular de la Sinfónica de Radio Austria.

De directores a cantantes. Estuvo en Madrid Victoria de Los Ángeles para dar unas clases magistrales en la Escuela Superior de Canto. Afortunadamente esta vez los profesores no tuvieron la obligación de calificar como docente a la soprano aunque no les contarán las asistencias como cursos de perfeccionamiento y, por ello, braman. La soprano se halla más animada y estos días graba con su amiga Alicia de Larrocha. Y ya que estamos en la Escuela Superior de Canto, una pregunta: ¿logrará María José Moreno terminar la carrera y conseguir el título? Parece que un par de profesores se lo están haciendo pasar muy mal en las materias escénicas. Igual de mal que se lo hicieron pasar hace años a Ana María Sánchez. ¿Acaso no está Moreno actuando por aquí y allá como cantante profesional? ¿Acaso esas actuaciones no valen posiblemente más que las clases?

Conmoción en el Festival de Canarias, que firmó hace tiempo un contrato por el que se garantizaban ocho conciertos a la Orquesta de Nueva York con un ciclo Brahms en el año 2000 y, como consecuencia de él, también tocarían en el 1999. Se cumplió esto último, pero la subida imparable del dolar obligó al Festival a cancelar lo más jugosos del acuerdo. El coste del proyecto ascendía a unos 300 millones. El enfado en Nueva York fue enorme y Hans Schmidt, presidente de una importante asociación de agentes, puso el grito en el cielo y amenazó con demandar al festival. Sin embargo otros públicos estarán de suerte ya que las actuaciones se han desviado a otras ciudades. Aijón, el agente español de la gira, realizó gestiones con el propio Presidente de la Comunidad Canaria Román Rodríguez. Alguien había de pagar las pérdidas de la ruptura de contrato. Adivinen quién hizo de intermediario entre agentes y Presidente. Fue el gerente de una importante institución musical con sede en Madrid. Y, afortunadamente, la sangre no llegó al río. BECKMESSER

UNA DE CAL, OTRA DE ARENA

Gonzalo Alonso alaba a Barenboim en las líneas anteriores. No seré yo quien cuestione su indudable valía, pero sí quiero abrir un debate sobre un tema que todavía no ha saltado a la palestra culturo-política.

Se nos ha informado que Barenboim y sus huestes berlinesas han llegado a un acuerdo con el Teatro Real para presentarse en él durante tres años consecutivos a razón de dos títulos operísticos y algún concierto sinfónico por temporada. Se nos ha informado también que su primera visita ha tenido un coste de unos cuatrocientos cincuenta millones de pesetas, cifra que es previsible se mantenga en los dos años venideros. Eso suma mil trescientos cincuenta millones de pesetas. Por otro lado se acaba de presentar la programación de la temporada 2000-2001, en la que se incluye la visita de otra compañía invitada, el Teatro del Kirov, que ofrecerá una obra tan opulenta como "Guerra y paz" de Prokofiev. El coste de esta visita, a tono con las cifras anteriores, ha de rondar los doscientos millones, así que el total de las invitaciones cursadas por el Real supera los mil quinientos millones de pesetas que nos van a alegrar la vida a los, más o menos, diez mil espectadores que asistiremos. Vamos, que nos van a regalar ciento cincuenta mil pesetas en cultura a cada uno de nosotros. Y cultura efímera, porque de ella no quedará nada en el real teatro.

En principio, invitaciones así sólo se entiende que las cursen teatros consolidados, con un amplio fondo de producciones propias y con cuerpos estables, a los que les sobre el dinero y las ganas de entablar una sana competencia. Pero, ¿es acaso éste el caso del Real? De competencia poca, como se ha visto con "Tristan e Isolda", de cuerpos estables para qué hablar y de producciones propias apenas una docena que, además, no se reponen.

La pregunta es si no habría sido mucho más acertado y rentable culturalmente dedicar esos mil quinientos millones a consolidar una orquesta y unos coros. Sería algo que no se esfumaría como las tracas, que quedaría y haría subir al teatro al lugar que todos queremos porque, no lo olvidemos, el Teatro Real no se colocará en primera línea cultural a base de invitados. España ha da pasar de consumidora a productora musical.

Pero la visita ha servido para dejar eso muy claro y ya todos somos conscinetes del camino por andar. Además "Don Quijote" y, tal vez, "La señorita Cristina" viajarán a Berlín, promocionando la creación española contemporánea. Sólo por eso quizá sea dinero bien invertido. Queda ahora poner los medios adicionales para tener un teatro productor de auténtico primer nivel. BECKMESSER.COM

 

HADOS, MUSAS Y HURACANES

Su antigua secretaria estaba eufórica. Los ados no podían ser más propicios para su exjefe y por tanto también para ella. El nuevo equipo ministerial era amigo y sin duda contarían con él. Con él y con ella. Su exjefe volvería al mismo puesto del que fue cesado por un supuesto malévolo -del que sin embargo había sido alma mater durante meses- que luego se dedicó a colocar a sus enemigos en otros puestos del ministerio. Ambos esperaron la llamada. Pero la llamada no llegó. Ahora aquél va diciendo que le llamaron para restituirle en su antiguo puesto, pero que él no aceptó porque prefiere dedicarse a diario a su actividad más prolífica y los miércoles a la radio. ¡Qué las musas le inspiren! Sin embargo éstas no inspiraron al jurado que votó a Barbara Hendricks Premio Príncipe de Asturias de las Artes. Claro que al menos evitaron que fuese votada la propuesta de uno de sus miembros que pretendía que le fuese concedido a un compositor, íntimo amigo suyo y citado en esta columna.

Tiempo ha necesitado la maduración del nombre del nuevo director general de música. En "adagio" camina Andrés Amorós, a quien en primera instancia se olvidaron de invitar en el Real cuando se estrenó el "Don Quijote" del que era libretista. Claro que tampoco era raro, si D. Cristóbal iba hablando y hablando de "su" "Quijote". Si tenía padre, pero no madre, ¿cómo iban a invitar a ésta?

Invitado y como un huracán pasó por el Real Miguel Ángel Gómez Martínez. Hizo que los músicos de la orquesta cupiesen en un foso en el que nunca encontraban espacio e incluso solucionó el tema de la plataforma del contrafagot, que no dejaba abrir una puerta e incumplía la normativa de evacuación. ¿Cómo? Pues bajándose de su podio y colocándose en medio de la orquesta para demostrar la posibilidad de lo imposible. Y también tuvo unas palabritas para el respetable. Cuando parte del público siseó a la parte que aplaudía tras la escena de la taberna de la "Forza" se puso a aplaudir él mismo desde el podio y luego se volvió al público para decirle: "Señores, estamos en una ópera y no en un concierto. Los que quieran aplaudir pueden hacerlo y seguro que los cantantes se lo agradecerán mucho". Ana María Sánchez tendría tras su siguiente aria la mayor ovación que recibió en ella en todas las funciones y, al terminar la representación, los bajos Burchulazde y Chausson pasearon en hombros a Gómez Martínez por todo el escenario.

A hombros de Vilarasau y muy reivindicativo regresó Caminal al Liceo.Quiere más dinero y lograr que su teatro gaste tanto como el Real. Vale, pero que los españoles no tengamos que seguirlo por Canal 33. BECKMESSER.COM

A TORTAS EN LA MÚSICA

Parece que la música no sólo ha dejado de amansar a las fieras, sino que crea nuevos felinos. Y no sólo en España, donde hay algunos que miran a otro lado o cruzan la acera según quien venga de frente.


Los que estuvieron en el pasado Festival de Salzburgo comprobaron que cada día había nuevos enfrentamientos entre Mortier y Abbado. Salzburgo es muy pequeño para tener dos amos. Pero Mortier también mantiene su personal bronca con la propia organización de su festival veraniego. La gente ha quedado harta de tanto tira y afloja con que si me voy o me quedo. Mis espías me dicen que se queda hasta cumplir contrato porque anda detrás de que, para entonces, le den el puesto de director de la ópera de Munich, en donde Peter Jonas padece una grave enfermedad y puede dejar vacante la dirección un año antes de lo previsto. ¿Aceptará Mehta a Mortier? He ahí la clave y es que hace años que no se hablan. Yo, sin espías, apuesto por otro candidato.
Y a la greña en Berlín los señores Barenboim y Quander, director artístico y gerente respectivamente de la Ópera oriental. Tan enfrentados están que sólo aceptan entrevistas con la prensa si se jura y perjura que no se entrevistará al contrario. En el trasfondo del asunto se encuentra la lucha soterrada por controlar el organismo que se pretende crear para coordinar las un tanto dispersas actividades de los teatros líricos berlineses. A ello tampoco parece ajena la reciente dimisión de Thieleman en la ópera occidental.


Por eso no tiene nada de raro que entre nosotros sucedan cosas similares. Porque, por si ustedes no lo sabían, el Guadalquivir pasa revuelto por Sevilla. Entre José Luis Castro, director de La Maestranza, y Pino Cuccia, su resoponsable artístico, ya no suenan las mismas armonías que al principio. El título y el reparto inaugurales de la próxima temporada tienen parte de la culpa. Pero de esos "Puritanos", nada puritanos por otro lado, hay tanto que hablar que lo haré otro día. Mientras tanto a esperar lo que sucede con la renovación de ambos cargos, cuyos contratos finalizan en junio. Un mes antes nadie sabe nada.
Y tras todo ello, ¿qué puede importar ya que en otro teatro emblemático haya divergencias en la cúpula hasta el punto de andar pidiendo informes a un abogado del Estado sobre las competencias de cada cual? Y, además, es un informe inútil, que ya aquellas quedaron claras en rueda de prensa del señor Cortés el 17 de febrero de 1997. En este teatro la expectación es enorme y de ahí hasta el sentido de la última crítica lírica en un diario del país.
Y yo siento no satisfacer su morbo liándome a tortas con Lissner, pero entre mis capacidades no figuran, de momento, las de poder batirme con los muertos. BECKMESSER

 

ESULTATE!

"¡Alegraos! El orgullo musulmán quedó sepultado en el mar". Así reza la frase de entrada de Otello en la ópera homónima de Verdi. Y así canta estos días algún que otros destacado miembro de la música ante el cambio de vientos en el Ministerio de Cultura. "Amigos, siempre amigos" reza una frase coral de "Los Gavilanes" y en ello confía más de uno y, de momento y a tenor de lo que vemos, con base para ello.

La nueva ministra hizo unas breves, comedidas, pero claras declaraciones a la COPE nada más ser nombrada. En ellas sentó que era imprescindible contar con equipos de confianza. Pues se ha puesto a ello sin remilgos.

En la Casa de Cultura arden las siete chimeneas, aunque para muchos se estén apagando. Apagáronse, por ejemplo, para Andrés Ruíz Tarazona. El hasta ahora director general del INAEM tenía preparado un amplio plan de choque por si continuaba en el nuevo equipo sin las cortapisas a las que le sometía Cortés. En papel mojado se quedó. Tendremos nuevo director general de quien hablar. Tarazona, lo intuyo, será realojado donde estaba antes de pasar a Cultura, es decir, en la Comunidad de Madrid, donde es muy querido.

Sitio tendrá ya que su presidente se ha lanzado por los derroteros de la cultura de una vez en primera persona. Cuando acabe la legislatura Madrid estará escénicamente a la altura de cualquiera de las capitales europeas importantes. Estado con la sala Olimpia, Comunidad con los teatros del Canal y el Escorial y hasta la iniciativa privada, con el de Príncipe Pío, se han puesto a ello. Todos los espacios necesarios y complementarios.

Y ya que estamos en la Comunidad. ¿Qué les parece el contubernio Castillo-Gallardón? La nueva ministra se quedó expresamente en un acto de triste recuerdo hasta que llegó el presidente de la Comunidad. Quería saludarle. También fue uno de los cinco ministros que acudieron a la recepción del 2 de mayo. Pero no sólo a las copas, que también estuvo en la tribuna junto al presidente. Está claro que se trata de recomponer la sintonía entre Cultura y Comunidad, cortésmente desafinada.

El nuevo secretario de estado, Luís Alberto de Cuenca, no ha estado nunca muy ligado a la música, pero sí conoce su problemática. No en vano en su época de director general estaba en las reuniones de los lunes en las que se trataban todos los temas culturales. Sabe lo que tiene por delante: Conservatorios, ONE, Auditorio Nacional, Teatro Real, etc.

En esta última casa hay luces y tinieblas. Me cuentan que a su gerente, Juan Cambreleng, se le ve animado como nunca. Conoce a la ministra desde hace tiempo y confía en la amistad. Él es el Otello de mis inicios. Lo que no les cuento es quienes son los musulmanes, aunque ustedes ya se lo pueden imaginar. BECKMESSER

 

EL BAILE DE LOS GERENTES Y DIRECTORES

 

Movida o, más bien, casi un terremoto en la gestión orquestal española. Gerentes y directores de orquesta cesan, mutan y cambian de residencia a la busca de destinos más cómodos, menos conflictivos, huyendo de situaciones ya agotadas o "hartos de políticos que quieren entrometer sus impertinentes narices en la gestión profesional", como confiesa un hastiado ex-gerente de una conocida orquesta española.

Francisco Belbel, Llorenç Caballero, Javier Casal, Joan Oller, Germán Ormazábal, Orioll Ponsa, Juan Carlos Ramírez, Carlos Rubio o Sara Tarrés, entre los gerentes; Odón Alonso, Max Bragado Darman, Alexander Rahbari, Miguel Groba, son sólo algunos de los nombres de una revolución que sólo ha hecho comenzar.

Todo apunta a que el inquietante baile de directores y gerentes que se está produciendo en el seno de las 24 orquestas profesionales -unos diecisiete mil millones a administrar- que existen en España se avivará las próximas semanas. El controvertido gerente Enrique Rojas (quien aspira a la dirección del nuevo auditorio de Tenerife); el impulsivo director Klaus Weise (al que no se renovará su contrato en la Sinfónica de Sevilla); el imperativo Xosé Denis (que ya ha anunciado su salida de la Filharmonia de Galicia); el incombustible Enrique García Asensio (muy cuestionado por determinados sectores de la Sinfónica de la RTVE, que incluso habrían remitido un escrito al director general del Ente pidiendo su cese); el comedido Helmuth Rilling (atacado inmisericordemente por algunos sectores gallegos) o el frenético Salvador Brotons (en Mallorca andan ya buscándole el relevo) son algunos de los nombres que, según todos los indicios, pronto podrían saltar de sus movedizos y muy bien remunerados puestos.

Entre los personajes en liza para ocupar tanta codiciada vacante, figuran los de David Martí (pendiente de que el Ministerio le acepte la compatibilidad de la JONDE con su destacable trabajo en la discográfica ENSAYO); Francisco Lorenzo, quien, quemado de intervencionismos en el Palau de Valencia, busca cobijo por tierras gallegas. Junto a de Lorenzo, suenan como sustitutos de Enrique Rojas en la Sinfónica de Galicia los nombres de Cristina Vázquez y Justo Romero (defenestrado del Palau valenciano hace un año). Manuel Galduf, tras su salida del Palau, sigue buscando orquesta tras haber estado a punto de suceder a Odón Alonso en el podio de Málaga, que finalmente fue tomado por el iraní-vienés Alexander Rahbari, quien se había quedado con la miel en los labios de la RTVE, tras ser desbancando en el ultimísimo momento (sólo le faltaba firmar) del podio del Teatro Monumental por un politizada orden ministerial que imponía a García Asensio al frente de los televisivos y muy sorprendidos músicos.

Otros puestos han sido ya cubiertos. Como el de la Orquesta Sinfónica de Baleares, a cuya gerencia accedió Carlos Rubio tras desestimarse las pretensiones económicas negociadas con Abili Fort -se habla de once millones-, quien conserva así su puesto en la orquesta de Barcelona. Ramón Almazán, compañero de Beneyto, puso por fin puso su nombre en la nómina del Palau valenciano. Y por partida doble: al asumir tanto la gestión de la Orquesta de Valencia como la subdirección del Palau. Un tanto inusitado resulta el inesperado retorno del valenciano José Vicente Cervera a la dirección técnica de la Nacional, que parece obedecer a una diabólica revancha del anterior secretario de Estado de Cultura, Miguel Ángel Cortés, hacia su exdirector general Tomás Marco, quien al poco de llegar al INAEM había cesado de manera fulminante al valenciano.

Tampoco la crisis malagueña (tras la muerte de Benjamín Esparza) se solventó debidamente en el capítulo gerencial: se hizo deprisa y corriendo; es decir, muy mal. Se colocó con carácter interino a una persona neófita en cuestiones musicales: el gestor Juan Carlos Ramírez, que aún sigue ocupando el puesto a pesar de su manifiesto desconocimiento de la idiosincrasia orquestal. Y de la Orquesta de Castilla-León saltó finalmente Max Bragado, su titular desde 1991, que llevaba muchos meses enfrentado al anterior gerente, Carlos Rubio, y a quien el nuevo, Juan Oller, no ha renovado contrato.

Mientras, hay otros gerentes y directores que parecen inamovibles. Desde la entregada labor de Inmaculada Quintanal en Asturias, a la férrea y cada día más discutida gestión de Francisco Senra en la Sinfónica de Sevilla. El generalizado descontento de los profesores sevillanos con la gestión de Senra es solamente comparable al que, en corrillos privados, revelan los músicos de la Orquesta de Córdoba cuando se refieren a su gerente, Alfonso Osuna.

Inamóvibles por una u otra razón parecen también Leo Brouwer en la Orquesta de Córdoba; Gómez Martínez en Valencia (que parece estar capeando muy bien la particularísima idiosincrasia de la música en la capital levantina); Josep Pons en Granada; Frühbeck en la Nacional (muchos se cuestionan con cierto humor si repetirá los diecisiete años de su primer periodo como titular); Maximiliano Valdés en Oviedo o el británico Adrian Leaper en Las Palmas. Incluso, muchos se preguntan, con verdadera incertidumbre, cómo quedará el fecundo doblete galaico-tinerfeño de Víctor Pablo una vez que su hasta ahora inseparable Enrique Rojas -cuyas relaciones atraviesan un delicado momento- haya asentado de nuevo su poderoso trono en Tenerife.

No andan mejor las cosas en Las Palmas, donde, desde la salida del buenazo de Juan Márquez, la gestión de la orquesta no parece tomar nombres propios. El peso fuerte y decidido del político Gonzalo Ángulo ha estado a punto de mandar a la calle al desaprovechado Manuel Benítez, que, tras la salida de Márquez, hacía un poco de chico para todo en la Filarmónica de Las Palmas. El futuro también es incierto para Carmen Kempe, una discreta y eficaz profesional que continúa al frente de la Sinfónica de Tenerife. Habrá que mirar con atención su situación una vez que -como todo parecer apuntar- su predecesor Enrique Rojas vuelva a la soleada Isla hastiado de nubes y de guerrillas gallegas. García Navarro -que, en principio, concluye su contrato en el Real en dos años- se ha asegurado un futuro a medio plazo propiciándose la titularidad de la Sinfónica de Madrid, aunque nunca quita sus ojos de su adinerada Valencia natal: mejor si es a la nueva y millonaria ópera de Helga Schmidt -35 millones al año, ¡se dice pronto!- que a la sucesión de Gómez Martínez en la Orquesta de Valencia, puesto al que el maestro de Chiva volvería de la mano de su poderosa amiga Rita Barberà.

Mucho movimiento y es que los quince millones que cobran algunos gerentes -Juan Oller en Castilla León por ejemplo- y los muchos más que, entre sueldo y servicios, perciben los directores levantan muchas envidias. BECKMESSER

 

El perfil de la nueva ministra

Pilar del Castillo Vera, nació en Nador (Marruecos) hace 47 años y está muy vinculada al mundo de la universidad, muy especiamente a la UNED, donde ejerció durante 10 años como profesora de Derecho Constitucional. Su experiencia docente la desarrolló tras doctorarse en Derecho por la Universidad Complutense de Madrid y realizar la beca Fullbright en Ciencias Políticas en la Universidad estadounidense de Ohio. Del Castillo, que tiene dos hijos y no está afiliada al PP, aunque no se considera independiente, es doctora en Derecho por la Universidad Complutense, donde conoció a su marido, Guillermo Gortázar, diputado del PP, secretario en allí del área de Análisis, quien se encontraba un curso por delante, justamente en el de Aznar y su esposa, Ana Botella.

Del Castillo y Gortázar, entonces próximos extrema izquierda, se marcharon  becados a una universidad norteamericana, en la que atemperaron su ideología. En 1989, a través de un amigo, Arturo Moreno, del clan de Valladolid montado por el equipo de Aznar en Castilla y León, Gortázar y Del Castillo se acercaron al PP y Aznar les incluyó en su entorno: Gortázar, en el partido, y Del Castillo, en la Fundación para el Análisis y los Estudios Sociales (FAES), su vivero ideológico.

Fue consejera técnica del Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS), como especialista en partidos políticos y comportamiento electoral. En 1996 accedió a la presidencia de ese organismo y allí contribuyó al desarrollo de este Centro, adscrito al Ministerio de la Presidencia, que tiene por finalidad el análisis encuestal de la sociedad española. La nueva ministra es miembro de la Asociación Nacional e Internacional de Ciencia Política, ha sido miembro del Consejo Asesor de la Fundación para el Análisis y los Estudios Sociales (FAES), promovida por Aznar. Es autora de las publicaciones "Financiación de los partidos y candidatos en las democracias occidentales" (1985) , en la que aboga por la financiación privada de las formaciones políticas; y "Comportamiento Político y Electoral" (1994). Ya recibió una oferta de José María Aznar en 1996 para ser ministra de Medio Ambiente, cargo que rechazó con buenas maneras por sentir que no se identificaba con su preparación. Ella creía que Educación, Cultura y Deportes encajaba más con su formación y también con sus preferencias vitales.

En el ámbito de la cultura, Del Castillo dirigió "Nueva Revista de Política, Cultura y Arte" y es una apasionada del arte, sobre todo de la pintura de Picasso y Velázquez y la música clásica y la ópera. En su juventud práctico el atletismo, en concreto los 80 metros lisos, y ahora hace ejercicio con el esquí, el golf y el pádel.

Lo publicado aquí semanas atrás. ¿Lo entienden ahora? Para que comprueben mi grado de información.

SI YO FUERA AZNAR

Acudí a Moncloa. Había sido llamado, no sé aún si para tantear mi disponibilidad para asumir el Ministerio de Cultura o simplemente para sondear mi opinión sobre quién debería ir a tal puesto. Supongo que más bien para esto último, que Aznar sabe muy bien que yo soy como aquel democristiano que cuantas veces le ofrecían un ministerio -y él filtraba que eran muchas- contestaba que no. Y es que esa es la única forma de hacerse un chalet, o más bien un hotel, en plena montaña sin un solo pino que te quite las vistas a la octava maravilla del mundo. Y eso sí que es lo que yo quiero.

Pues Aznar me abrió su cuaderno que, por cierto, es del mismo azul que el mío. De un azul más claro que aquél. ¡Centrados estamos! Lo primero fue decirme lo que no quería: volver a tener que presentar su programa cultural ante una audiencia como la de un cercano día de marras. Ese es el mayor fracaso que se puede dar en Cultura. Luego me empezó a contar sus ideas sucesivas. Que si en un principio sus pensamientos fueron a mayores, que si luego se le pasó por la cabeza ofrecer el puesto a un político muy culto del partido, el único capaz de mantener un bis a bis con Anson recitando poesías. En el primero buscaba mucha cultura y todavía más proyección internacional. En el segundo la misma cultura y traerse a casa a la oposición interna para controlarla mejor. Tener al enemigo en casa es jugar con fuego pero sin Barbieri de bombero, pero la primera propuesta no me pareció mala: con esa holgada mayoría colocar en la María de los ministerios toda una figura. Vamos, lo del PSOE con Semprún, pero acertando. Y, de él para abajo, un equipo que, por una vez, funcionase coordinado, supiese lo que hacer y, lo que es allí igual de importante, cómo publicitarlo.

Y luego pasamos a otra alternativa: la de una persona del mundo de la cultura que hubiese demostrado varias cosas. A saber. Que fuese conocida, respetada y con influencia en el medio. Que hubiese demostrado saber hacer cultura y cómo trasladarla al electorado. Que hubiese mantenido siempre una independencia exquisita, es decir, que estuviese igual, a partir un piñón o a la gresca, con los de derechas que con los de izquierdas, porque para ella lo importante fuesen calidades y no ideologías. Que no trabajase en solitario ni en soledad, sino que hubiera formado equipos que hubiesen funcionado. Y si además ocupaba cierta cuota de porcentaje obligado, pues mejor. Vamos, justo lo contrario que hasta ahora. Y el nombre le salió a él. Ya ve el señor Presidente lo exquisito que he sido en respetar la confidencialidad y no poner ni un nombre propio. BECKMESSER

 

 

TRAS LAS BAMBALINAS

El público que asiste a un espectáculo no puede -probablemente ni tenga por qué- estar al corriente de cuanto sucede tras las bambalinas. Las recientes representaciones de "Sonambula" en el Teatro Real han supuesto una muestra de cómo las cosas a veces no son lo que parecen o, al menos, hay más cosas de las que se pueden apreciar a primera vista.

De la obra de Bellini se han dado nada menos que diez representaciones. La cifra no escandaliza y una parecida debería ser la que se ofreciese de cualquiera de los títulos en una capital como Madrid. Sin embargo sorprende comparativamente con el de otras obras y uno no acaba de encontrar una explicación a por qué tal número en una ópera que no es de repertorio y no cuenta con repartos de auténtico gancho. Máxime cuando en los almacenes del teatro descansan producciones tan caras como "Carmen", "Aida" o esa "Boheme" repuesta en tres ocasiones esta temporada y que supondrían llenos seguros. Sólo se entiende si ha resultado especialmente barata.

La crítica ha considerado casi unánimemente que los resultados han caído un poco en el aburrimiento y las causas han sido una escenografía y unos repartos bastante pobretones, salvo sus excepciones. Bonynge, experto belcantista, dirigió con tanto cuidado a las voces que pecó de cierta falta de impulso e incluso contraste dinámico, a pesar de que la orquesta nunca es protagonista en este repertorio. Aquí si que el público supo valorar con sus aplausos -o quizá sólo valorase el nombre- el hecho de mimar tanto a unos cantantes a los que, por circunstancias permanentes o temporales, el título les venía grande. Alguna parte del público se enojó con Raúl Giménez, que marcó más que cantó debido a una anunciada indisposición. No sabía el público que, además, su mujer estaba agonizando. Pero el teatro sí lo sabía, como sabía del proceso gripal y debería haberse encontrado una sustitución conveniente. A la vista de los resultados es de suponer que se habrá aprendido que óperas como ésta sólo se pueden programar con dos grandes voces en el escenario.

Eso debió pensar una espectadora de lujo en el palco número 2 de platea a quien nadie reconoció. Si Joan Sutherland hubiera ocupado en el Liceo un sitio tan visible, habría tenido corro alrededor o incluso recibido una ovación de gala. Igual en otros muchos teatros. Pero el público que se ha creado en el Real ni la conocía. Luego nos quejamos de su frialdad. Se ha recogido aquello que se ha sembrado y ya veremos si existe reversibilidad. Mirándola a ella en su palco y mirando un poco más a la izquierda a Giménez, de aire físico tan krausiano, uno recordaba veladas del pasado. ¡Qué desgracia es a veces tener elementos comparativos! BECKMESSER

TRAS LA PASIÓN

Ha pasado como si nada la Semana Santa pero no es cuestión de dejar pasar unas cuantas cosas que sí pasaron. Pero primero dar la enhorabuena a quien se encuentre al frente del departamento de Cultura, que para estas fechas probablemente ya será público. Y un consejo, que se lea los últimos Culturales, que en ellos encontrará más de una recomendación para que todo marche mejor.

Buena parte del mundo musical que asistió a la final del reciente concurso de canto de la Fundación Guerrero quedó tan enfadado con el resultado que algunos hasta abandonaron el Teatro de la Zarzuela un tanto enojados. Nadie, o casi nadie, discutía el primer premio, recaído en un joven tenor ucraniano que demostró haber escuchado muchos discos de Franco Corelli y Jaime Aragall, además de tener voz de auténtico tenor. Lo que no pareció de recibo fue el segundo premio otorgado a una soprano que en la final cantó rematadamente mal. Llamaron a quien corresponde -¡Ay que ver qué miedo infundo!- para que me transmitiera que el premio se dio a pesar de su intervención final, en la que se hallaba enferma. Por lo visto estuvo sensacional en las pruebas anteriores. Tal y como me lo contaron se lo cuento, pero ¿puede haber una diferencia tan abismal entre unos días y otros? A los habituales del teatro les gustó mucho más una joven soprano de más gusto y musicalidad que caudal vocal.

Pero por la Zarzuela pasaron más cosas o, según cómo se mire, dejaron de pasar. Por allí, por ejemplo, pasó el hijo de Mario del Monaco, Giancarlo, que es director de la Ópera de Niza además de famoso regista. Formó parte del jurado del Guerrero, pero nadie le aclaró ni le ofreció una alternativa a esa "Viuda alegre" que Sagi había dejado apalabrada en coproducción con Niza, Sevilla y Los Ángeles y Casal ha suspendido. Hombre, que del Monaco es una figura de las más importantes en su campo para no atenderle y además dejar pasar la oportunidad de que vuelva a hacer algo en Madrid. Aún recordamos la "Boheme" del Real.

¿Se acuerdan ustedes de la "Lady Macbeth" que nos ofreció Rostropovich en el citado teatro? Pues viajó para Nápoles y allí hubo lío, y de los grandes, entre director y orquesta. Los sindicatos empezaron por no dejaron ensayar por cuerdas más que si toda la orquesta se hallaba delante. Luego el trombón hizo de las suyas, un oboe se levantó para protestar… Y Rostropovich hizo las maletas y cogió en avión a Roma. Allí fueron comisionados de la orquesta para tratar de arreglar las cosas, pero el ruso se puso terco. ¡Menos mal que el teatro no había pagado los casi trescientos millones de Madrid!

Y, cómo a algo tenía entonces que dedicar su tiempo el célebre chelista y director, se fue a su fundación para rebuscar entre los muchos papeles rusos de la época de los zares que anda recolectando. Así nos enteramos hace pocas fechas de las memorias de Rasputín. ¿Qué nos dará a conocer ahora? BECKMESSER

BARBARIDADES: TRES CASOS CON NOMBRES PROPIOS

Hoy traigo a esta palestra tres nombres. No por sus valores personales, lo cual quiero dejar muy claro, y que seguramente son muchos, sino por sus circunstancias. Y es, como en el dicho, todos somos nosotros y nuestras circunstancias. A ellas y sólo a ellas me referiré, por lo que espero que ninguno de los tres me retire el saludo como han hecho un par de personas, que no personajes, de la música. Empezaré por orden de aparición.

¿Qué opinaría cualquiera de ustedes si su jefe supremo aprobase un día su despido, le abonase una cuantiosa indemnización y, al cabo de un par de años, le volviese a contratar para ejercer exactamente las mismas funciones que realizaba anteriormente? Desde fuera cualquier juez de "lo laboral" pensaría que se habían conchabado ustedes y que aquél fue un falso despido. Usted, que sabe no lo fue, pensaría que a su jefe se le había ido la olla. Pues piensen ustedes lo que piensen, porque eso mismo es lo que le sucedió a Vicente Cervera, antiguo y nuevo director técnico de nuestra Orquesta Nacional. Su jefe superior le cesó, le indemnizó muy cortésmente con media docena de kilos y le volvió a contratar para exactamente el mismo puesto.

Vino luego el caso "Schmidt". Doña Helga, antigua empleada del Covent Garden, fue presentada a las superioridades, también cortésmente, por Cano Mecano como candidata a la dirección del futuro teatro valenciano de la ópera. Vale, por qué no. Lo que no vale o, por lo menos, parece un pelín exagerado, es que la contraten por treinta y cinco kilos. Piensen que Juan Cambreleng gana menos de la mitad en el Real. Por tal suma supongo que los políticos que la han fichado esperarán oírla cantar Desdémona y Tosca. Al fin y al cabo una querida política amiga mía es lo que creyó que iba a hacer Lissner en el Real, dirigir la orquesta. Y, por si fuera poco, me pregunto si los estará cobrando reincidiendo en la historia de Ros Marbá en el citado Real. Claro que también se dice que el hombre es el único animal que tropieza dos veces en la misma piedra.

Pero la guinda de hoy la coloca en este pastel el consejero de cultura de la Generalitat catalana. Tras el incendio, Josep Caminal, sin duda gracias a quien el Liceo se ha reinagurado en tiempo récord y mucho más imponente que antes, dimitió como su responsable máximo pero permaneció a su frente, con muy buen criterio, hasta su reapertura. Hace un par de meses se fue. Ahora vuelve a su mismo puesto. Cierto es que en el juicio no se encontraron responsables a aquel incendio, pero me sigue pareciendo otro absurdo. ¿O es que no hay en este mundo nadie capaz de dirigir un teatro? Sobre todo porque una cosa es el proceso político de expropiaciones y reconstrucción y otra dirigirlo en crucero. BECKMESSER

SI YO FUERA AZNAR

Acudí a Moncloa. Había sido llamado, no sé aún si para tantear mi disponibilidad para asumir el Ministerio de Cultura o simplemente para sondear mi opinión sobre quién debería ir a tal puesto. Supongo que más bien para esto último, que Aznar sabe muy bien que yo soy como aquel democristiano que cuantas veces le ofrecían un ministerio -y él filtraba que eran muchas- contestaba que no. Y es que esa es la única forma de hacerse un chalet, o más bien un hotel, en plena montaña sin un solo pino que te quite las vistas a la octava maravilla del mundo. Y eso sí que es lo que yo quiero.

Pues Aznar me abrió su cuaderno que, por cierto, es del mismo azul que el mío. De un azul más claro que aquél. ¡Centrados estamos! Lo primero fue decirme lo que no quería: volver a tener que presentar su programa cultural ante una audiencia como la de un cercano día de marras. Ese es el mayor fracaso que se puede dar en Cultura. Luego me empezó a contar sus ideas sucesivas. Que si en un principio sus pensamientos fueron a mayores, que si luego se le pasó por la cabeza ofrecer el puesto a un político muy culto del partido, el único capaz de mantener un bis a bis con Anson recitando poesías. En el primero buscaba mucha cultura y todavía más proyección internacional. En el segundo la misma cultura y traerse a casa a la oposición interna para controlarla mejor. Tener al enemigo en casa es jugar con fuego pero sin Barbieri de bombero, pero la primera propuesta no me pareció mala: con esa holgada mayoría colocar en la María de los ministerios toda una figura. Vamos, lo del PSOE con Semprún, pero acertando. Y, de él para abajo, un equipo que, por una vez, funcionase coordinado, supiese lo que hacer y, lo que es allí igual de importante, cómo publicitarlo.

Y luego pasamos a otra alternativa: la de una persona del mundo de la cultura que hubiese demostrado varias cosas. A saber. Que fuese conocida, respetada y con influencia en el medio. Que hubiese demostrado saber hacer cultura y cómo trasladarla al electorado. Que hubiese mantenido siempre una independencia exquisita, es decir, que estuviese igual, a partir un piñón o a la gresca, con los de derechas que con los de izquierdas, porque para ella lo importante fuesen calidades y no ideologías. Que no trabajase en solitario ni en soledad, sino que hubiera formado equipos que hubiesen funcionado. Y si además ocupaba cierta cuota de porcentaje obligado, pues mejor. Vamos, justo lo contrario que hasta ahora. Y el nombre le salió a él. Ya ve el señor Presidente lo exquisito que he sido en respetar la confidencialidad y no poner ni un nombre propio. BECKMESSER.COM

MIÉRCOLES A 125 PTAS

De nuevo vivo sin vivir en mí. No sé ya ni dónde ni en qué día vivo. Supongo que a ustedes les pasará un poco de lo mismo y entenderán por qué digo lo que digo. Espero, eso sí, que se acostumbren tan pronto como yo. Y es que esto es como una sinfonía. Cambiamos de movimiento y quizá hasta de tempo, pero seguimos en tono mayor. Por otro lado me consta que muchos de ustedes se alegran del cambio de día de salida porque estaban hartos de pasearse los domingos empujando una carretilla, o con la bolsa que usa el ama de casa para ir a la compra, llena de suplementos que luego vaciaban directamente donde la vaciaban. Años atrás, los que íbamos los domingos a los añorados conciertos matutinos del Teatro Real -no me digas Juan que ahora también hay, porque las comparaciones resultarían odiosas- lo hacíamos con un veterano periódico debajo del brazo y antes, en uno de los cafés de al lado, leíamos la crítica de un notable crítico del concierto del viernes, con lo que ya sabíamos a qué atenernos al entrar al Real. Pero los tiempos cambian y ni los conciertos del Real son los mismos, ni aquel diario tiene nada que ver con el de hoy, ni aquel crítico nos puede seguir deleitando. Ahora los domingos son los de la carretilla. Por eso no se ve a nadie con un periódico en el Auditorio Nacional. Porque no les dejan pasar la carretilla a la sala. ¡Que el cambio nos traiga suerte!

Como suerte tuvo la ABAO cuando Gavanelli se puso enfermo en la tercera de "Traviata" -¡qué mala suerte la de los abonados a las terceras bilbaínas!- justo antes de cantar a la Provenza. En el palco presidencial estaba Roberto Servile y, con las mismas ropas negras que llevaba, pudo saltar al escenario y continuar la labor de su colega.

Suerte para Joan Matabosch que, como director artístico del Liceo, va de bronca en bronca. Los "silbatos" están cada día más presentes, más ya que en las primeras del Real con García Navarro. Y eso que ver a una gorda de cien kilos de escolar, en faldita y calcetines, como la Elsa de "Lohengrin" podía haber resultado peor de no ser por la defensa que de la producción hizo Eva Marton ante la asociación wagneriana.
Y, ya que estamos con el país vasco y el catalán, suerte con las subvenciones habrán de tener ahora en Bilbao y Barcelona. Al no ser necesarios para apoyar al gobierno central es más que probable que los millones que se esfumaron del presupuesto del Real para ir a ellos, vuelvan como las oscuras golondrinas.

Suerte en Oviedo con el futuro de su festival de Zarzuela cuyo director, Gutierrez Arias, se halla en el alero y suerte al proyecto del Teatro Fleta de Zaragoza, original del PP pero con un consejero de cultura, Callizo, sometido a los vaivenes de los pactos. Casi como yo. BECKMESSER

 

ROSTROS

Aún están frescas las representaciones de "Lady Macbeth von Mtsenk" en el Teatro Real de Madrid. Desde la primera de ellas el éxito ha sido memorable. Hasta el público de los estrenos, el que paga veinticinco mil pesetas en vez de dieciocho mil por estar "allí" y el que habitualmente esconde en su frialdad su desconocimiento, se entusiasmó y no hizo remilgos en prorrumpir en algún bravo que otro.

Merece sin duda un punto y aparte esta curiosa situación lírica en el primero de nuestros coliseos, en donde a las óperas de repertorio les cuesta una enormidad triunfar y en cambio las contemporáneas -"La zorrita astuta", "Peter Grimmes", "Las Basárides"- van de éxito en éxito y esperemos que el suceso se repita en "Don Quijote". Las razones parecen bastante simples: éstas últimas, donde las voces son menos importantes, han sido muy bien escenificadas. En cambio las primeras no han encontrado todavía un reparto de grandes cantantes con un director de "garra". Algo falla en el Real a la hora de contratar un domador de primera fila y cuatro fieros tigres de bengala. Por eso no acaba de triunfar el repertorio, porque no hay una "Tosca" con Malfitano, Domingo, Álvarez y Chailly, por poner un ejemplo viable en la programación de un teatro que se precie. Sin duda se trata de una asignatura pendiente.

Pero volvamos a la ópera de Shostakovich para introducir un nuevo elemento de reflexión en medio del éxito cosechado, porque a veces no es oro todo lo que reluce. En un teatro, como en todo asunto empresarial, hay que considerar tanto la eficacia como la eficiencia. La "Lady Macbeth" resultó eficaz, pero ¿resultó eficiente?

Meses atrás se publicaron en algunos periódicos las cifras correspondientes a los costes de varias producciones del Teatro Real. Los de la ópera en cuestión superaban los doscientos cincuenta millones sin contar la orquesta que era la titular del teatro. En los ambientes profesionales de la música ha sido muy comentado este hecho y hasta el propio Kurt Masur, de visita en Madrid y el Real, tuvo una punzante reflexión al respecto. La cifra parece a todas luces excesiva y no se justifica en modo alguno. De un lado se trata más de un concierto escenificado que de una ópera, los elementos escénicos son mínimos, el vestuario tampoco es especialmente rico y lo más abundante son las proyecciones. Además la producción se comparte con varias ciudades, por lo que el coste total debería haberse amortizado proporcionalmente. ¿ Es que ha pagado el Real su coste total, suponiendo que realmente éste sea tan elevado? ¿O acaso lo astronómico es el beneficio de la productora? Claro que, a lo mejor, va destinado a obras sociales de Rostropovich, aunque más bien parece que, a lo peor, va a su bolsillo - el espectáculo era todo un culto a su personalidad- y al del agente Prochinsky. Éxitos sí, pero no a cualquier precio. BECKMESSER

 

CENSURA EN LA MÚSICA

Cualquiera que sea realmente aficionado a la música sabe que ésta, como otras muchas artes, ha pasado por épocas en que la censura establecía severos controles sobre ella. En algunas ocasiones se prohibían las obras, en otras se exigía a su autor "reformarlas convenientemente" si deseaba que se pudiesen tocar y en otras incluso se llegaba a "recomendar" al compositor unas ciertas estéticas.

Justo estos días se ha podido ver en Madrid la "Lady Macbeth von Mentsk", una obra que el "aparato" soviético prohibió una vez que ya se había estrenado. Es bien sabido que la obra sinfónica de Shostakovich se halla adulterada como consecuencia de aquellas recomendaciones. Los creadores lucharon contra la censura como pudieron. A veces las modificaciones necesarias no perjudicaban a la obra de forma vital. Tal sería el caso de "Un ballo in maschera" verdiano. El compositor de Busetto sólo tuvo que cambiar el lugar donde se desarrollaba la acción desde la corte sueca al más modesto ambiente de un gobernador bostoniano. Aquello de un rey casado enamorado de otra mujer, asesinado en medio de un baile y hasta, llevándolo al extremo, con una dudosa relación con su paje, no era conveniente en la escena italiana del momento. Son innumerables las obras que han pasado vicisitudes similares, sin embargo parecía que la censura musical era ya cuestión de las hemerotecas. Pues no. En la España de hoy ha vuelto la censura a la música.

Todos ustedes han leído en páginas y páginas, oído en las tertulias radiofónicas y visto en resúmenes informativos parte de los sucesos acaecidos en el Teatro Real durante el fallido homenaje a Alfredo Kraus. Las cámaras de TVE estaban allí para retransmitirlo en diferido como es habitual en la temporada. Pensamos que todo el público podría asistir desde su casa, aunque con retraso, a aquellos sucesos y juzgarlos por sí mismo. Era lógico en un país democrático y representaba un buen hito informativo para TVE. Sólo el anuncio de su emisión hubiera convocado ante la pantalla a aquellos aficionados de toda España que en su día no hacían más que preguntar qué había sucedido y la opinión al respecto. Pues miren por donde TVE se "comió" todo el escándalo y nos ofreció el sábado pasado la gala, pero una vez serenada. Con cortes. Un escándalo así en el Parlamento nos es siempre ofrecido, ¿por qué en el Real no? ¿Quién ha sido el censor? ¿Por orden de quién? Porque a lo mejor estamos ante un caso de papanatismo individual. El que los pitos y protestas que hay en ocasiones nos sean también eliminados convenientemente da más que pensar. Ya lo saben ustedes, en TVE son capaces de echar a perder un documento informativo de primer orden y olvidarse de la cuota de pantalla por alguna razón oculta. ¡La censura ha vuelto, viva la censura! BECKMESSER

CONCURSOS CANOROS

Acaba de terminar uno de los concursos de canto con más prestigio internacional de los que se desarrollan en nuestro país. Me refiero al Francisco Viñas de Barcelona, que viene celebrándose desde un ya lejano 1963 en que fue creado por el Dr. Jacinto Vilardell en memoria del famoso tenor, que era padre de su esposa. Francisco Viñas fue un extraordinario cantante que abordó un amplio repertorio, aunque hoy nos parezca más que nada ligado a Wagner, cuyo "Parsifal" estrenó en España. Sus opiniones sobre el canto quedaron recogidas en su libro " El arte del canto".

Año tras año lucha por mantenerse e incrementar su difusión, para lo cual es imprescindible la colaboración de las muchas instituciones que afortunadamente lo apoyan, tanto locales como nacionales. Casi tres mil concursantes pertenecientes a unos sesenta países han desfilado por él, pero más importante aún es la relación de nombres que ha lanzado al estrellato: Vicente Sardinero, Elena Obratsova, Alicia Nafé, Raquel Pierotti, Ana Riera, Dalmacio González, Enedina Lloris, Aprile Millo… Certámenes como él prestigian los concursos y por ello la organización ha de vigilar escrupulosamente el no caer en corruptelas muy extendidas en este tipo de eventos como aquellas a las que me refiero a continuación.

Quizá sorprendió a más de un espectador la forma en que Carmen Kraus, hermana del desaparecido tenor, se dirigió a la mesa organizadora de la pasada edición del concurso "Alfredo Kraus" que se desarrolla en Las Palmas. Se quejó de la presencia en el jurado de profesores de canto y agentes artísticos. Realmente se trata de uno más de los males en la música de nuestros días, aunque quizá sea mal de siempre. Profesores y agentes se pelean por hacer valer su influencia a la hora de dotar con premios a sus respectivos pupilos. No es nada extraño, y de hecho lo hemos podido leer estos días en el programa de mano de la VII Gala Lírica de la RTVE, que en la biografía de un joven cantante figure que ha obtenido el primer premio en un concurso que lleva el nombre de un famoso cantante que a la vez es… su profesor de canto y quien elige al jurado. Y se premia y escribe sin vergüenza alguna. Cosas como ésta, que pasan en la música, serían impensables en otros ambientes de nuestra sociedad. Serían materia de escándalo. En la música no, lo anormal se convierte en normal y lo más habitual es encima ocultarlo. Son muchos los intereses que se mueven, no por pequeños menos mezquinos, y nadie quiere comprometerse. ¿Quién va a destapar hechos similares? Sólo el peso de una firma de prestigio puede ser decisiva pero, piensen, ¿cuántas firmas de críticos o musicólogos de prestigio levantan alguna vez alguna liebre? Y si las cosas son así, dicen en mi tierra que "por algo será". Y, encima, algunos luego se sorprenden al verse implicados por acción u omisión. Gonzalo ALONSO

OPERA AY, AY,AY

En la ópera, sin duda el género más de moda, polémico y con aficionados y gestores más exaltados, no dejan de pasar cosas. Ahí va un repaso a las últimas.

En el Teatro Real de Madrid se empezó el año bajo la influencia del efecto 2000. De entrada falló la maquinaria escénica en la "Margarita, la tornera" del día de Reyes y el respetable hubo de entretenerse con tentempiés media hora. Más de media, como ustedes bien saben, hubo de esperar en el homenaje a Kraus en el que hubo poco respeto. Claro que cómo van a exigir respeto los políticos si días antes publican en el BOE que el Gobierno vuelve a ceder el teatro a la Fundación que lo regenta sólo hasta el próximo 30 de junio. La seriedad desde arriba.

Y, ¡qué hablar de la Zarzuela! En donde el Ministerio de Cultura lleva buscando "un perfil" desde primeros de verano. Me cuentan que ya había un candidato serio pero que el ofrecimiento inesperado del secretario de Estado a Plácido Domingo frustró la operación. ¿Es que no hay nadie sensato que ponga orden?

En el Campoamor de Oviedo también hubo lío. El tenor anunciado para "Manon", Kaludi Kaludov, canceló -¡cómo no!- y un agente artístico ofreció a José Sempere, quien no cantaba el papel desde hace años y lo había olvidado. Las historias de contratos y viajes son tan movidas que los organizadores se plantean demandar al agente. Otro agente tuvo que venir a resolver la situación por dos veces y traer a Rinaldo Macías.

Mientras tanto en Salzburgo se tiraban los trastos Mortier y Abbado. Éste -y va de cancelaciones, para que luego digan- canceló sus anunciadas "Tristan e Isolda" y "Cossi fan tutte" aduciendo que no respetaron su exigencia de que los músicos de la Filarmónica de Viena no rotasen, de forma que los mismos con los que ensayase tocasen todas las representaciones. Mortier contestó que Abbado sabía bien el sistema de trabajo de los vieneses dado que los dirigió durante años y que más bien había cuestiones personales por medio. ¿Devolverán el dinero de las localidades? Peter Ruzika, el próximo director del festival, tendrá que deshacer tanto entuerto.

Y, para no ser menos, también se monta en Roma. Giussepe Sinopoli, director titular de la Orquesta de la Ópera de Roma, se quejó por carta a las autoridades municipales de Roma del "escaso interés" que éstas manifiestan por devolver el "viejo esplendor" al Teatro de la Ópera que, por cierto, también se halla restaurando. La carta no sentó bien, las tensiones aumentaron, el presupuesto no llegaba y Sinopoli acusó hasta a los sindicatos de falta de interés artístico. Finalmente ha dejado Roma un poco a lo Lissner. Tras él probablemente se vaya el gerente. Sin duda en todas partes cuecen habas.

¡Qué verguenza de País! Ya ven cómo andan las cosas. La semana negra ha terminado en traca. Con media España discutiendo en Tómbola sobre el frenillo del balano de Lequio y los sucesos del Real. Sí, los periodistas encabezados por Mariñas se dedicaron a interrogar a una supuesta enfermera cuyo mérito era haberse acostado con Lequio sobre el frenillo del interfecto. Luego pasaron a más cultura, a hablar de las dificultades que pasó Cambreleng al dar explicaciones al público del Real por las múltiples ausencias en el homenaje a Kraus. ¡Qué bochorno! Los que no vieran la televisión podrán escuchar por alguna emisora de radio un resumen de ese programa tan arraigado en la cultura nacional. Claro que por si eso fuera poco, va toda la prensa y nos saca en portada la foto de un moribundo. Ningún respeto al buen gusto ni a la familia del fallecido. La cultura del espectáculo mal entendido, del morbo... Pero no se lo pierdan que alguna cadena radiofónica nos ilustró el óbito con la grabación de los estertores. La prensa está como para no leerla -no se pierdan los reportajes sobre el Real incluídos en la sección de "Besugos"- y no sólo no se informa bien sino que se desinforma. El secretario de Estado de Cultura -nadie me puede acusar de parcialidad- ha sido estos días víctima de ello. Cansados estamos de ver fotos y leer que huyendo de la quema se escondió en un ascensor del Real. Nada más incierto, porque Cortés no es cobarde. Cogió el ascensor para subir a la sala de protocolo del primer piso y discutir la situación con Ministro y Presidente de Comunidad que le esperaban allí. Al pan, pan y al vino, vino. De verdad que algo ha de hacer alguien ante tanto despropósito. Si no, hago las maletas y me vuelvo a Munich. Esto está empezando a oler demasiado mal.

Así de ingrato y oportunista es el mundo en que vivimos. El tratamiento de los sucesos en el Teatro Real con motivo del homenaje a Alfredo Kraus nos da una nueva muestra del mundo de envidias e intereses inconfesables que rodea la música y en especial el Real. Cierto es que la dirección del teatro no estuvo a la altura ni en la organización del acto ni en la respuesta a cancelaciones y reacciones, pero ello no impide afirmar con rotundidad que el público, que partía con la razón, perdió parte de ésta con un comportamiento intolerable. ¿Por qué no se valora con ponderación? Simplemente porque incluso entre los grupos que controlan medios de comunicación hay quienes siempre han pretendido tener al Real bajo su influencia para ampliar sus negocios culturales. Y no sólo organizaciones sino también personas concretas. ¡Qué dificil lo tiene el ciudadano de a pie para poder fiarse de cuanto lee! Criticables son también las declaraciones posteriores de personas que han aprovechado la ocasión para salir a la palestra. Así un familiar y antiguo representante de Kraus de quien él mismo cantante se alejó por no estar de acuerdo con sus actuaciones. En cuanto a políticos como Leguina, Clotas o Simancas, que piden el cese de Cambreleng queda claro que realmente no desean éste sino organizar jaleo. Todo político sabe que si pide un cese desde la oposición, lo único que conseguirá es evitar ésta o retrasarla ya que, aunque ésta estuviese decidida, el político responsable intentará por todos los medios reafirmar su autoridad. La alta dirección del teatro es quien ha de reunirse para valorar lo hechos y tomar las medidas que estime oportunas. Beckmesser

 

REGALOS CIFRADOS I

Ya vienen los Reyes, ya vienen! Veamos que han dejado en El Cultural para nuestros amigos.

Un título operístico de los de toda la vida cantado por Plácido Domingo a un importante teatro en donde el tenor canta todo menos eso.

Al tenor un sillón de la Real Academia de San Fernando… a ser posible sin que se produzcan bajas

Covers y más covers para el director artístico de un teatro, reabierto este año, en el que "todo parecido con la realidad es mera coincidencia"

Un vídeo de "Las amistades peligrosas" para un polémico secretario de Estado.

Un convenio equiparando sus prestaciones y percepciones con las de la orquesta de un importante teatro lírico autonómico para la orquesta de un teatro nacional.

La firma que falta en un decreto sobre aplicación de escalas funcionariales a otra importante orquesta nacional.

Un glorioso debut en Salzburgo de la mano de la compañía DECCA para un ambicioso presidente, todavía autonómico.

El teatro de teatros de sus sueños para una consejera de cultura de ilustre apellido.

Una estación de tren para un ex-empresario lírico muy dado a otros espectáculos.

Un salvavidas para otro empresario, teatral esta vez, que naufragó sin que nadie se explique el por qué para que finalmente llegue a tierra.

Un libro de citas y recetas socio-culturales para ilustrar las columnas musicales de los jueves de un querido compañero en un importante diario del país.

El libro de "Las amistades particulares" para una amistad, muy ágil, de alguien que ya tiene regalo.

Una importante y buena orquesta a la que, sin embargo, en su casa no quieren mucho para un importante director que durante tiempo no quiso a su casa.

Las soluciones a los dos primeros enigmas de cierta ópera interpretada en concierto hace poco en Levante para quien me comparte, tolera y carga con mis culpas.

La subdirección oficial de un importante auditorio mediterráneo para quien ya ostenta su dirección oficiosamente.

Un teléfono con mejor sintonía con Zaplana para un cantante pop metido a mayores.

Un vídeo de "El regreso" para un director musical muy músico repuesto en la actualidad gracias a dolores y títulos de espionaje.

Un luminoso para subtitular al español los textos traducidos al catalán con que se subtitularían las óperas en castellano que se podrían ofrecer en un emblemático teatro pero que no nunca se ofrecen.

La página web "beckmesser.com" para que ilunime más a los curiosos que quieran saber todos los nombres anteriores. BECKMESSER

 

REGALOS CIFRADOS II

Ante las llamadas de unos, que no se consideraban dignos de los presentes deseados la semana pasada y las de otros, quejosos ellos por no haber aparecido en mis plegarias, los Reyes Magos han considerado oportuno ampliar sus dones y han dejado algunas cosas más.

Un destino, de una vez por todas, para el ya hace años dimitido responsable máximo de ese mismo teatro que sin embargo no deja el puesto porque no acaban de ofrecerle algo que le interesa más que estar donde está.

Un palco en la ópera de un teatro recién reabierto para los patronos de otro reabierto antes a quienes aquél manifiestamente ha despreciado, por más que aprueben convenios de colaboración.

La nacionalidad española para un tenor argentino muy aficionado a "hacer teatro", con sangre y espuma en la boca, cuya familia vive en Madrid.

Un empujón para que un importante director de escena italiano haga honor a su apellido.

Un vídeo de "Friztcarraldo" para que ilumine la construcción de un gran complejo cultural en lo alto de una montaña a un presidente autonómico que pudo llegar a más pero no llegó.

Una apoteósica entrada por la Puerta de Kiev, ¡qué digo Kiev, del Sol!, para el director con mayor poder en la música de nuestros días.

Un compacto con la canción que dice aquello de "volver, volver, volver…" a un actor y director de escena español que se codea con Heston y que gentilmente cedió hace poco una silla.

Un vídeo con el "Cossi fan tutte" de Strehler para que ayude a un brillante y nerviosos director de escena español, muy internacional, a no desprenderse de un compromiso apalabrado.

Una disculpa y una explicación, además de la bolsa con monedas decretada por un juez a un compañero del anterior por parte de quien menospreció su perfil.

Una buena armadura para evitar que las aspas de los molinos hieran al caballero -si es que ese caso se da- a un compositor español grande entre los grandes que se haya en capilla rodeado de libros.

Un buen equipo de relevo para un ministerio de cuyo nombre no quiero acordarme.

Miles de anteojos al público de un teatro lírico español para que, una vez superada ya la sorpresa inicial de ver cuán grande es su escenario, pueda ver a lo lejos, desde sus butacas, los coches que pasan por la plaza que da a la parte posterior de aquél en un próximo espectáculo. BECKMESSER.COM

 

*Pdt: les dejó algunos nombres para que ustedes los coloquen en su sitio, aunque pueden sobrar algunos y faltar otros:

Antonio Ros Marbá, Ramón Almazán, Nacho Duato, José Luís Moreno, José María Cano, Joan Matabosch, la Orquesta Sinfónica de Madrid, Jesús López Cobos, Miguel Ángel Cortés, José Luís Ramírez, esperanza y sangre, la Orquesta Nacional, Alberto Ruíz Gallardón, Alicia Moreno, Juan Angel Vela del Campo, el Teatro del Liceo, la Orquesta Sinfónica de RTVE, Don Quijote, el Ministerio de Cultura, Cristóbal Halffter, Lluis Pascual, José Carlos Plaza, José Luís Gómez, Josep Caminal, el Teatro del Liceo, José Cura, Gian Carlo del Monaco, Manuel Fraga, Daniel Barenboim...

 

 

ADIOS 1999

Se nos va un año. Un año en el que, según dicen algunos y comprueban muchos, España ha ido bien. En este breve espacio no se escribir más que "scherzo giocosso" con algunos temas musicales del año.

Empezaré por esos políticos que han dejado de ser simples elementos encauzadores de cultura para convertirse ellos mismos en astros de ella. Se fue al Senado una ministra en espera de tiempos mejores y sus responsabilidades culturales las tomó el que aparentemente era su segundo. Éste vio cumplidas sus ansias, si no con título sí con contenido porque Rajoy, que vino bien advertido, no quiso quemar ni una nave en una batalla perdida. Echen cuentas de los barcos con nombres propios hundidos en la música y el teatro: Tomás Marco, Rafael Pérez Sierra, José Carlos Plaza, Jorge Lavelli, Ariel Goldenberg… Claro que puestos a echar cuentas podríamos también contar aquellos a los que no han dejado salir del puerto como Lluis Paqual o Gerardo Vera… Y ¡qué me dicen de los vencedores! En fin, no quiero entrar en crónicas marcianas. ¡Qué digo marcianas, lunares! Les acabo de dar una idea a los Reyes Magos de abril.

A nuestra escena, tan de moda, le desaparecieron algunos sonoros calderones. Uno por una desgraciada cornisa que le cayó a una infeliz viandante. Otro por todo un teatro que se le cayó encima a su empresario. Entre tanto permaneció firme el buque insignia del Real donde, por fin, se pudo ver una nueva producción, "La Boheme", pensada para su escenario y de calidad equiparable a las mejores de esos teatros a los que algunos quieren equipararlo con más sueños que realidades. Aquí, quien luchó no se hundió, pero desavenencias últimas en la tripulación pueden provocar lo que hasta ahora no sucedió. El beato Escribá decía, de sí mismo, que "los necios unidos jamás serán vencidos". Y que nadie se quede en la anécdota del adjetivo sino en el fondo de la cuestión.

Y en el mundo sinfónico mundial fuimos noticia al resucitar a Carlos Kleiber. Lo consiguió el Festival de Canarias. En otro festival, el que se celebra en Alicante para los madrileños, se cambió el orden del concierto en el que iban varios estrenos y, al terminar la primera pieza, se levantaron a saludar dos de los autores programados. Obviamente uno sólo era el padre. Así nos toman el pelo algunos mal llamados compositores con el consentimiento y apoyo de otros supuestamente entendidos.

Y no pararon los festejos inaugurales como los del Liceo, el Palacio Euskalduna o los Teatros Nacionales de Barcelona y La Coruña. Alternaron con otros fastos como la llegada de Puccini al Turia o el nacimiento sietemesino de un festival en Santiago. Y en todo el mundo hubo grandes llantos por Menuhin, Rodrigo o Kraus. A otros los añoramos más en la intimidad. ¡Ah, y estrené mi página web añadiendo a mi nombre el ".com". BECKMESSER

OPAS

Que yo recuerde empezaron hace años, cuando el Ministerio de Cultura de Carmen Alborch sacó una orden en el BOE por la que cedía el Teatro de la Zarzuela a la Fundación Teatro Lírico. Nada raro en principio puesto que así lo contemplaban los estatutos de dicha fundación. Lo malo es que lo hizo sin consultar a la cesionaria el momento concreto de la cesión y sin informarla de cuanto cedía. Vamos, según me contaron, sin un solo papel. Una opa hostil, no para quedarse con algo sino para deshacerse de algo. Hoy el Teatro de la Zarzuela no tiene director, pero es que tampoco sé yo si tiene dueño. ¿Cuál es la situación jurídica de un teatro cedido por una parte y no recibido por la otra? A Ariel Goldenberg, el pretendido nuevo director, pretendieron importarle desde París por cuatro duros. Él pidió quince millones y coche, ni siquiera una mísera stock-option. Ninguna barbaridad. No se los dieron y se fue, pero anda que si se los llegan a pagar ¿cómo hubiera caído en un teatro en el que el codirector gana menos de la mitad? Todo gestiones políticas y malas. Como consecuencia de tanto desatino varios altos empleados han abandonado el teatro. La Zarzuela baja enteros en bolsa y la Comisión de Valores no sabe no contesta.

Luego soltó José Luís Castro su opa en Sevilla. Renovó sólo por un año en la espera que para entonces las distintas administraciones que mandan en la Maestranza llegasen a aclararse sobre lo que quieren hacer con el teatro.

A la oferta pública que nadie ha puesto la menor resistencia es a la de Francisco de Larracoetxea y la actual junta directiva sobre la Asociación de Amigos de la Ópera de Bilbao. Seguirán al mando, negociando día a día con el contramaestre de la nave Euskalduna.

Inmaculada Tomás no lo ha tenido fácil con su opa pero finalmente ha conseguido el cargo de directora general del Instituto de la Música de Valencia. Pese a quien pese, por mucho que pese.

La última opa de la que tengo noticias la ha lanzado el gerente del Real a su director artístico. Ni una contratación más a partir de junio del 2002. ¿Por ser capicúa? ¿Qué será, será? Doris Day piensa que vamos a asistir en breve a una batalla enconada. Opa hostil, seguro, pero aún no sé si para poseer o desprenderse de algo. O quizá ambas cosas.

Pero quien más opas ha lanzado es el Secretario de Estado de Cultura. Cada día posee más mando en sus territorios directoriales. Con sus correspondientes opas se ha ido quitando de en medio personalidades fuertes y poniendo pica en música, teatro… y ya veremos en qué más.

Y, claro, también hay opas frustradas. Gracias a una de ellas ganó su reciente premio Ángel Martín Pompey, el último del 27. BECKMESSER.COM

ROBOS Y ACOSOS

Causaron escándalo las notas al programa de mano de uno de los últimos conciertos de la Orquesta de la RTVE. Los críticos andaban muy mosqueados con los ladillos del tipo "Del saludable ejercicio bucal de sacar la lengua" o "Una seria fatiga se deriva de pretender seguir siendo frívolo mas no banal". ¡Hombre, tampoco se trata de ser tan puritanos! Sobre todo por aquello de "el que esté libre de pecado que tire la primera piedra". Y, además, entre compañeros de fatigas… En fin, el término "puritanismo" se ha repetido mucho en el Teatro Real los últimos días. Era la forma de justificar, sin decir mucho, el despido de Carla María Izzo, la Desdemona de "Otello". Me llegaron todo tipo de versiones al respecto, desde que la soprano va de sitio en sitio y de problema en problema hasta que ha presentado una demanda por acoso sexual. El demandado se habría propasado reiteradamente en los ensayos. Unos dicen que la cosa no era para tanto. Otros que fue la forma de quitarse de encima una soprano que podía robar el éxito a todos. ¿Sabremos algún día la verdad?

Y, hablando de programas de mano y del Real, les contaré que se ha empezado a ahorrar el chocolate del loro. Ya no se entrega un programa de mano a cada compromiso o invitado relevante. No, ahora se reparte uno para cada dos personas.

Otra soprano despedida acaba de ser readmitida. Me refiero a Cherrill Studer. La echó de la ópera bávara Zubin Mehta con la excusa de que ya no tenía agudos y que sus últimas intervenciones habían sido muy contestadas. Pues resulta que cantó una estupenda "Ariadna en Naxos" y, tras el éxito, han firmado la pipa de la paz. Studer obviamente retiró la demanda que había presentado contra el teatro y que llevaba camino de ganar.

Un espía ha robado una copia de "Merlín", la ópera inglesa del catalán Albeniz. No salgo de mi asombro de cuanto escucho: música avanzada para su época que recuerda mucho a Wagner pero también adelanta a Falla. Y no es un pastiche sino una partitura realmente inspirada, con escenas corales que ponen carne de gallina. Carlos Álvarez y Plácido Domingo están espléndidos y el director José de Eusebio ha echado el resto, consciente ante su gran oportunidad. Decca puede obtener con ella unos cuantos premios internacionales. Y ya que hablamos de robar, hay a quien le han robado su puesto en el Patronato del Teatro Real. Figuraba en él a título personal, pero sus jefes se olvidaron de ello y creyeron que al irse del cargo oficial que ocupaba, también había de irse del Real. Pues no señores Ministro y Secretario de Estado, que cuando entró a formar parte del primer Patronato del Real no fue por ocupar ninguna subdirección. Y, puestos a cambiar, se hace con un poco más de estilo. No estamos ya en los tiempos del motorista con la cartita.

Se me acaban las notas de mi agenda. La de Arnoldo Libermann, publicada por Ediciones Simanca contiene un montón más de citas musicales y hasta opiniones de muchos famosos aficionados y profesionales sobre la música. BECKMESSER

 

DESDE LAS AUTONOMÍAS

En Canarias dimitió Antonio Castellano Auyanet como director del Auditorio Alfredo Kraus, tras tres años en el cargo. Fue sustituído por el hasta ahora gerente del Centro Atlántico de Arte Contemporáneo. A mí no me convencen las "razones personales" aducidas. De otro lado, la Asociación de Amigos de la Ópera de Las Palmas ha decidido poner también el nombre del tenor canario a su Festival de Ópera. Más Kraus: vuelve a celebrarse en Las Palmas el concurso de canto que lleva su nombre y que, creado en 1989, llevaba interrumpido un par de años. La SGAE también corre en honor al maestro.

A la carrera se firmó por fin la licencia del Auditorio Príncipe Felipe. Y es que iba el Príncipe a conocerlo. Valió que se inaugurase hace un año con la presencia del anterior Presidente asturiano, quien sin embargo se negó a dar la licencia de marras. Tanto el nuevo mandatario como su consejero de cultura habían evitado pisarlo para no dar más oficialidad a un centro sin licencia de apertura. Pero que lo pisase el Príncipe en tal precariedad no podía ser. Así que se firmó el papelito en un santiamén. ¡Y tantos otros esperando turno!

La de obras para el nuevo teatro anunciado por el Presidente de la Comunidad madrileña también habrá de firmarse pronto. ¿Será verdad que, como también anunció, la iniciativa privada acudirá en tropel a financiar el "kleine Salzbürg" y la repoblación forestal de Abantos? Con tanto Real y tanta Escuela mi pobre bolsillo estaba ya agujereado. No sé a quien temo más, si a los de los kleenes en los semáforos o a los "ricos y famosos" que, dulcemente, me saquean.

Desde otra autonomía, la gallega, también me llegan informaciones. Acaban de empezar las obras para el nuevo Conservatorio Superior de Música en la antigua estación de Renfe. Tras muchos tiras y aflojas con la Xunta es el Ayuntamiento quien de momento se hace cargo del proyecto con una inversión de 120 millones. El descontento se ha generalizado al reducir la Xunta los 160 millones con que había prometido contribuir. El mausoleo artístico de Fraga acapara todos los dineros.

¿Quién es Helga Schmidt y por qué se habla de ella? Fue directora artística del Covent Garden y es muy amiga de un gran tenor español. Pero no sólo tiene a tal por amigo, que por conocido -luna va, luna viene- tiene también a un importante cargo oficial. Pues en Valencia –dónde, por cierto, me tienen pánico según me transmiten- continúa con mejor ritmo que resultados el Festival Puccini-Barberá. El paso de los cantantes famosos se está aprovechando para adquirir compromisos a mansalva para el futuro teatro de ópera. Hay quien ha cogido miedo a tanto compromiso y, sobre todo, al responsable de los mismos, lanzado a tumba abierta por la dirección del mastodonte de Calatrava. Un nombre extranjero, con experiencia, ha sido cortésmente sugerido para poner orden en el Turia. BECKMESSER

 

UN HOMENAJE PASADO POR AGUA

Plácido Domingo intentó en la noche del jueves llevar adelante la gala en la que se celebraban los treinta años de su debú en la Arena de Verona. Para la ocasión se habían programado los cuartos actos de tres de sus óperas predilectas -"Aida", "Carmen" y "Otello"- en las que participarían también las sopranos Sylvie Valayre y Daniela Dessi y la mezzo Denyce Graves. Dieciséis mil espectadores acudieron a uno de los actos más esperados de la presente temporada. Sin embargo todo quedó en agua de borrajas. El temporal de lluvia retrasó dos horas el espectáculo, los profesores de la orquesta hicieron mutis por el foro y la organización se puso a buscar por todo Verona un pianista capaz de improvisar unas cuantas arias. Tan sólo la soprano Cecilia Gasdía, que es además consumada pianista, pareció capaz de ello.

Finalmente Domingo salió al escenario, vestido de Radamés, con un par de comprimarios egipcios y con un enorme paraguas a modo de palio. Aunque la lluvia proseguía, la gala empezaba y, por tanto, ya no se devolvería a los espectadores el precio de las localidades. La sorpresa del público fue mayúscula cuando Radamés empezó a cantar el "No puede ser" de "La tabernera del puerto" con piano amplificado. Tras quince minutos se dio por terminada este homenaje pasado por agua, que algunos calificaron de pantomima. Y es que, aunque muy alabado por muchos el entusiasmo del tenor y sus ganas por cumplir, hubo bastantes otros que manifestaron su disgusto con voces de "Esto es una bufonada". Sin duda disfrutaron más aquellos que el 16 de julio de 1969 le escucharon "Turandot" o los que poco después le volvieron a ver y oír junto a Montserrat Caballé en "Don Carlo". Domingo debería tener un buen asesor al lado que le contuviese sus irefrenables ganas de hacer todo en todos los sitios. Seguro que los espectadores habrían preferido que les devolviesen las treinta mil pesetas de sus entradas a los quince minutos con cuatro canciones y la mojadura. No puede ser. BECKMESSER

 

 

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