Era un mañana fría del mes de Noviembre.
Allí estaba yo, en Amsterdam, recordando el soleado fin de semana que
había disfrutado en San Sebastián, un paseo por la Playa de la Concha,
unos pinchos en La Mejillonera,… el taxi paró enfrente de las oficinas
principales de mi empresa, una gran multinacional del sector cosmético
con presencia física en Europa.
Mediante una
escueta carta que habíamos recibido de nuestro Director Financiero
Global se nos citaba para comunicarnos la nueva estrategia de
centralización de Tesorería del Grupo. ¡Vaya! pensé, el Euro y la
Globalización ya están aquí…
Cuando entré en
la sala vi que prácticamente estaban todos allí. Una de las cosas buenas
de estas reuniones es que tienes la oportunidad de ver a todos tus
colegas e intercambiar opiniones.
El Director
Financiero entró en la sala y muy amablemente nos saludó. Abrió la
reunión expresando su triple objetivo: explicarnos el Proyecto de
Centralización de Tesorería en Holanda y fomentar un debate para conocer
nuestros puntos de vista. Finalmente nos encomendaría una serie de
“deberes” para determinar qué estructura sería la más conveniente en
cada país.
Para él era muy
importante que entendiéramos la finalidad del proyecto; no consistía en
dejar vacío de contenido nuestro trabajo como Directores Financieros
Locales si no que iba mucho más allá. La Compañía estaba teniendo
tensiones en la Gestión de Tesorería. Mientras Italia y Francia tenían
necesidades de financiación, Alemania, España y el Reino Unido tenían
excedentes de Tesorería. Motivado en parte por razones históricas, en
parte por esas necesidades de financiación, el número de Instituciones
Financieras con los que nuestro Grupo trabajaba era demasiado elevado.
Esto obviamente significaba una dispersión de información y unos costes
que empezaban a ser insostenibles.
La finalidad era
clara: centralización de la Tesorería del Grupo en Amsterdam para
conseguir disminuir el impacto financiero de tener los saldos dispersos
por Europa y reducir el número de Entidades Financieras hasta llegar a
un punto de equilibrio en donde la operativa habitual de las compañías
locales no se viera afectada por esa reducción en el número de
entidades.
El Director
Financiero nos dijo que para llegar a ese punto óptimo había un camino
muy largo y que no iba a ser fácil alcanzarlo ya que, si bien el Euro
había conseguido dar una misma moneda a la mayoría de los países de
Europa, todavía no se había llegado a una armonización legal,
fiscal y regulatoria. De hecho, esa era una de las razones de por qué
habían decidido centralizar la Tesorería en Amsterdam ya que, Holanda,
al igual que Bélgica e Irlanda, gozaban de unas ventajas fiscales en
materia de Tesorería que otros países como Francia y Alemania no
tenían.
Evidentemente,
mi Director Financiero tenía razón cuando exponía su objetivo. Estábamos
pagando unos costes que podían ser drásticamente reducidos con “tan
sólo” centralizar la Tesorería (Cash Pooling) como ya hacíamos en cada
país, por no hablar de cómo nuestro sistema actual de gestionar la
Tesorería afectaba a nuestro balance consolidado y a los ratios que de
él derivaban… Pero había una serie de cuestiones que a mí me daban
vueltas por la cabeza:
-
¿cómo quería poner en marcha este proyecto? Pensé que nuestra estructura
organizativa actual no era la más conveniente para llevar a cabo este
proyecto por lo que era obvio que una nueva estructura nacería como
consecuencia de él.
- ¿Iba
a poder tomar alguna decisión sobre cómo gestionar mi Tesorería o eso
era ya parte del pasado?
- ¿la
centralización era sólo a efectos de Tesorería (liquidez) o también iba
a afectar a mis cobros y pagos?
- ¿qué
repercusiones fiscales y de cara al Banco de España iba a tener la nueva
estructura de Tesorería?
- ¿qué
incremento de trabajo administrativo iba a tener como consecuencia de
ello?
-
¿cómo iba a afectar a mi cuenta de resultados local el hecho de trabajar
con menos Bancos ahora que había conseguido unas comisiones excelentes
como consecuencia de la competencia entre
ellos?
Por primera vez
empecé a relacionar este proyecto con el que acabábamos de finalizar:
nuestro sistema informático había sido cambiado para que todas las
compañías del Grupo tuviéramos una plataforma común (adaptada a las
necesidades locales, pero común) por la que pudiéramos enviar y recibir
información a nuestra casa matriz de manera electrónica, rápida y
segura.
Todavía estaba
absorto en mis pensamientos cuando sentí que el murmullo de fondo de mis
colegas había desaparecido. Parecía que nuestro Director Financiero iba
a profundizar sobre los aspectos relevantes del
proyecto.
¿Qué
alternativas tenemos para llevar a cabo este proyecto? Se preguntó,
evidentemente de una manera retórica. Consideramos en un primer momento
cuatro diferentes alternativas:
1 – Centralización de la Tesorería por país y
de ahí a la cuenta central
2 –
Centralización de la Tesorería por país y, a través de una Entidad común
en todos los países enviar los fondos a
Amsterdam
3 –
Utilizar una única Entidad Financiera para todos los
países
4 –
Centralizar la Tesorería mediante un sistema de Cash Pooling
Nocional
Para explicarnos
por qué habían escogido las opción nº 2 y rechazado las otras, nos
mostró el siguiente cuadro.

La primera
alternativa que se descartó fue la nº 4, el Cash Pooling
Nocional.
El Cash Pooling
Nocional consiste en que todos los países dejen su posición al final del
día en una cuenta cabecera. El Banco suma por un lado todos los saldos
acreedores y por otro lado los saldos deudores. Seguidamente, el Banco
calcula qué porcentaje de saldos deudores están compensados con los
saldos acreedores o viceversa y, en función de ese porcentaje, el Banco
liquida a final de mes unos intereses a unos tipos (acreedores y
deudores) más favorables que los que ofrece el mercado. El “truco” para
ofrecer esos tipos de interés tan favorables estriba en que el Banco
esta financiando los saldos deudores con los saldos acreedores de la
propia Compañía. Desde luego, la situación óptima se alcanza cuando la
Compañía consigue igualar saldos deudores con saldos acreedores; es
decir, el Banco no financia ni tiene
excedentes.
Esta Alternativa
fue descartada por diversas razones. En primer lugar, exigía que el
Grupo trabajase con una única entidad. Algo que no era en un principio
el objetivo de nuestro Director pero que tampoco descartaba de una
manera taxativa. En segundo lugar, contractualmente exigía ciertas
garantías intercompañía que no se ajustaban a la “filosofía” de nuestro
Departamento Jurídico. En tercer lugar, los costes externos que el Banco
soporta por mantener este tipo de Cash Pooling (Coeficiente de Caja y
Fondo de Garantía en algunos países como España) eran totalmente
traspasados a la Compañía. En cuarto lugar, el precio que el Banco
cargaba por este servicio era muy alto ya que el Cash Pooling Nocional
consumía mucho Capital del Banco por lo que su objetivo de ROE era
difícilmente alcanzable sin esas altas comisiones. Finalmente, el coste
que suponían las retenciones de intereses sobre saldos acreedores
tampoco se evitaba.
La siguiente
alternativa rechazada fue la Alternativa 1; tener diferentes Bancos
locales enviando los fondos a la cuenta centralizadora. Las razones que
nuestro Director esgrimió fueron varias: el coste del elevado número de
transacciones transfronterizas, la deshomogeneización de la información
recibida, la pérdida de días valor como consecuencia del saldo remanente
en las cuentas a final del día, ya que no existe ningún sistema que sea
capaz de enviar fondos con valor mismo día entre diferentes Entidades
Financieras a final del día. Lo máximo que se puede hacer es una
previsión de cuál será el saldo a final de día y avanzar ese importe a
media tarde a través de un sistema como TARGET. Otras razones eran la
falta de información agrupada del volumen de transacciones e importe
realizadas durante un período y la imposibilidad de recibir una factura
desglosada con todos los gastos ocasionados por el sistema
centralizado.
La última
alternativa que se desestimó fue la tercera. Si bien cumplía con la
mayoría de ventajas, todavía existía el riesgo de tener que trabajar con
una entidad y, eso era algo estratégicamente arriesgado, más si cabe si
se trataba de una entidad con la que no se había establecido una
relación previa.
Era evidente,
pues, delante del análisis que la alternativa escogida era la segunda:
tener Entidades Locales en cada país realizando la operativa diaria y
una Entidad Común para todos los países que fuera la encargada de
“transportar” la Liquidez del Grupo de un país a otro.
Asimismo, se nos dijo que el número de Entidades Financieras Locales
debería limitarse a uno o bien utilizar el Banco Global si éste daba la
cobertura local necesaria a un precio razonable. Con ello, nuestro
Director buscaba por una lado que no sintiéramos que se nos imponía una
Entidad para realizar la operativa local y, por otro lado, reducir el
número de Entidades Financieras de un modo significativo. Ese era uno de
los “deberes” que deberíamos preparar
localmente.
Operativamente,
era sencillo. Debíamos calcular en cada país cual sería nuestro saldo a
final de día y ordenar antes de un límite horario que se nos
comunicaría, una orden de transferencia para bien enviar los fondos a la
Cuenta local del Banco Global, o bien recibir de esa cuenta los fondos
necesarios para paliar las necesidades de Tesorería. Si trabajásemos con
el Banco Global en nuestro país como único proveedor de servicios
financieros, esa previsión resultaba obviamente innecesaria. Finalmente,
a final del día, el Banco Global centralizaría la posición de Tesorería
del Grupo en Amsterdam mediante un sistema de Concentración de Saldos.
La definición de cuánto sería el remanente en la cuenta local y cuánto
sería el importe máximo que nuestra casa matriz nos financiaría era el
segundo “deber” a considerar.
Una vez
descubierta la primera carta, pasamos a la siguiente: ¿qué estructura
operativa debíamos organizar? Para considerar un modelo óptimo se habían
analizado diversos factores de carácter legal, regulatorio y fiscal.
Básicamente se trataba de analizar los siguiente puntos por
país:
a) si se debía de abrir una cuenta en el
Banco Global a nombre de la empresa matriz en cada uno de los países o
si sólo se abría una cuenta en dicha Entidad a nombre de la empresa
subsidiaria. Esta decisión atendía principalmente a un factor legal. Si
la liquidez se movía entre las cuentas no-residente abiertas en cada
país, se tendría que firmar un contrato de Cash Pooling Global entre la
Empresa Matriz y el Banco Global. Si la liquidez se movía de las cuentas
residentes de cada empresa local en cada país a la cuenta de la casa
matriz en Holanda, se tendría que firmar un contrato de Cash Pooling
Global entre las diferentes compañías locales, la casa matriz y el Banco
Global.
b) Retenciones sobre préstamos intercompañía.
El modo de aplicar retenciones sobre préstamos intercompañía variaba
entre los diferentes países de la Unión Europea según se tratase de
préstamos entre residente y/o no-residente. Igualmente variaba el tipo a
aplicar a las retenciones.
Analizando la
estructura para España, recordé que no existen retenciones sobre
préstamos intercompañía (18%) entre residente y no-residente si éste
último es residente en uno de los países miembros de la UE. En caso de
no pertenecer a un estado miembro, se debería analizar el tratado de
doble imposición con el país en cuestión. En España también se evitan
estas retenciones si se realizan préstamos intercompañía entre
empresas residentes y éstas están fiscalmente consolidadas (90% del
capital).
c) Subcapitalización. Cuando el importe de
los préstamos intercompañía entre una empresa residente y no-residente
supere en “n” veces la cifra de capital de la empresa residente, los
intereses devengados por esa parte del préstamo no se considerarán
intereses fiscalmente deducibles si no
dividendos.
Yo sabía que en
el caso de España ese “n” era igual a 3.
d) Declaraciones a los Bancos Centrales. Al
igual que sucede con las retenciones, los requerimientos para la
declaración de operaciones con no-residentes, variaba en cada país. Este
era un punto importante porque el peso administrativo de esa declaración
podía ser alto si no se buscaba una solución que lo
minimizase.
Hacía poco había
leído en una revista especializada de Tesorería que había dos manera de
realizar estas declaraciones:
- mediante la
comunicación al Banco de España de dos préstamos con no-residentes de
un importe que nunca fuera sobrepasado y signo contrario para obtener
2 números de operación financiera (NOF). Esos dos NOF se comunicarían
al Banco Local el cual se encargaría de realizar las declaraciones
pertinentes al Banco de España.
- mediante la
comunicación al Banco de España de la apertura de una cuenta
interempresa con entidad no de crédito a fin y efecto de obtener un
NOF. Posteriormente, y con carácter mensual, la compañía residente
debería declarar al Banco de España todos los movimientos que habrían
tenido lugar en dicha cuenta. Este formato de declaración no era
electrónico.
El problema residía en que prácticamente no
habían Entidades Financieras locales que ofrecieran la primera solución.
Para la segunda solución, alguna Entidad ofrecía un software capaz de
realizar ese trabajo administrativo de manera rápida y
eficaz.
Nuevamente,
nuestro Director Financiero nos encomendaba más “deberes”. En un
plazo de dos semanas debíamos comunicarle, atendiendo a los cuatro
puntos anteriormente citados, cual era la estructura óptima. Nos
comunicó a su vez, que él estaba haciendo lo propio con el Banco Global
y con una empresa de Consultoría especialista en este tipo de
soluciones.
A continuación
pasó a describirnos mediante el cuadro adjunto cómo, desde el punto de
vista operativo, funcionaba el sistema de centralización de Tesorería
propuesto por el Banco Global.

En él reflejaba
que, operativamente, la cuenta local abierta en el Banco Global sería la
encargada de recibir / enviar los fondos hacia las cuentas en el Banco
Local (si éste era necesario). El Banco Global enviaría la información
sobre las cuentas locales al Departamento de Tesorería de la casa matriz
a través de un sistema de Banca Electrónica. Esta información sería en
tiempo real (a través de un mensaje Swift MT942) o al final de día (a
través de un mensaje Swift MT940). Asimismo, y en cuanto al sistema de
Cash Pooling se refiere, nuestra casa matriz recibiría una serie de
informes donde se reflejaría el saldo consolidado del Grupo en una
moneda base, los saldos de las cuentas que cada filial mantenía en el
Banco Global y los movimientos de Cash Pooling que se habían generado la
noche anterior. Posteriormente, y una vez al mes, el Banco Global
enviaría un informe con los intereses generados por los préstamos
intercompañía entre las empresas y su casa matriz.
Estos informes
eran facilitados por FAX, Banca Electrónica o e-mail de acuerdo a las
peticiones de la compañía.
Una vez más se
nos encomendaban “deberes” a considerar. ¿Cómo parametrizamos los
movimientos entre compañías? Había múltiples opciones: por saldo total
de la cuenta, por fijación de un saldo “colchón” en la cuenta
transfiriendo el remanente, poniendo un mínimo de importe por
transferencia o no, limitando el número de días al mes o a la semana
para realizar el barrido, considerando movimientos con saldo valor
atrasado o futuro, etc.
Eran las 12:30 y
aunque mi estómago todavía no evidenciaba los síntomas que marcan la
hora del almuerzo, la reunión se detuvo. Era la hora de la comida. Ésta
fue frugal y rápida, muy rápida.
Nuestro Director
había dejado para la tarde uno de los temas más complicados: el
grado de centralización que nuestra compañía iba a adoptar. Para
facilitar la explicación nos mostró este cuadro en el que muy
gráficamente se enseñan los diversos grados de centralización en los que
él estaba pensando.

En principio,
nos dijo, que una centralización de pagos y cobros quedaba para una
segunda fase ya que la envergadura del proyecto requería que la primera
fase (el Cash Pooling centralizado en Amsterdam) fuera exitosa. Cuando
él decía exitosa se refería a los siguientes aspectos: en primer lugar,
los ahorros que el sistema centralizador generase debían de ser
superiores al coste de ponerlo en marcha y mantenerlo. En segundo lugar,
la colaboración por parte de todos los países para que el proyecto
pudiera ser una realidad en el plazo indicado. Finalmente, el Banco que
iba a proveer el sistema cumpliera con el servicio que había
ofrecido.
La segunda fase
consistía en poder realizar pagos y cobros desde una plataforma
centralizada. Su idea era que, como nuestro nuevo sistema informático
era capaz de enviar cualquier tipo de datos a la empresa matriz, las
empresas subsidiarias también podían enviar los datos de las facturas a
pagar y cobrar. Por lo tanto, la casa matriz tendría la información
necesaria para poder enviar desde un punto central un fichero al Banco
con todos los pagos y cobros que la empresa debía realizar en
Europa.
No era la
primera vez que yo oía hablar sobre este tema. Recordaba haber asistido
hacía unos meses a un seminario en Madrid sobre finanzas donde éste era
uno de los temas que se habían discutido. Hoy en día no existía en
Europa un sistema de intercambio para pagos y cobros entre Bancos como
existía localmente en casi todos los países de la Unión Europea. Tan
sólo SWIFT había hecho alguna tentativa para poder realizar pagos y
cobros entre países pero la idea era todavía incipiente y cara. Por todo
ello, algunas entidades financieras habían decidido utilizar EDIFACT
como el sistema para pagos y cobros en Europa.
EDIFACT era un
sistema de mensajes (unos 200) publicados y mantenidos por la ONU para
la facilitación de las transmisiones de datos entre empresa y, entre
empresas y entidades financieras. Ofrecía como ventajas principales que
al ser mensajes publicados por la ONU, éstos tenían el carácter de
universal. En segundo lugar, la información capaz de ser transportada
por estos mensajes era muy superior a la que los formatos estándares
locales eran capaces de transportar. Finalmente, daban la posibilidad
de, mediante un mismo fichero, pagar y cobrar en distintos
países.
Esa era la idea
de Nuestro Director. Si él era capaz de tener la información de los
pagos y cobros a realizar, tan sólo tenía que pasarla al Banco para que
este cargara o abonara sus cuentas localmente. La estructura de cuentas
ya estaba montada para el proyecto de concentración de liquidez, por
tanto, ¿por qué no dar un paso más hacia delante? Paralelamente, su
objetivo era que unificásemos el mismo día de pago a nuestros
proveedores en cada país (unificar los cobros era totalmente imposible
por razones obvias) De esta manera, podía controlar su
Tesorería aún mejor.
Quedaban todavía
dos puntos más, pendientes de tratar, en la apretada agenda que nos
había preparado: un proyecto para optimizar los pagos que realizábamos
entre compañías (Netting) y la consideración de otros sistemas de valor
añadido.
Nuestro Director
empezó hablándonos de la situación actual. En la actualidad todas las
empresas nos cruzábamos pagos y cobros por las compras que nos hacíamos
las unas a las otras y a la casa matriz. Esos pagos y cobros no estaban
coordinados de ninguna manera. Era una situación insostenible y más aún
si considerábamos que se producía por una ineficiencia en nuestra manera
de trabajar. Esta era la razón por la que se había decidido por una
solución de Netting. Gráficamente, el Netting nos lo describió mediante
la figura adjunta.

El sistema de
Netting consistía en la creación de un Centro Coordinador mediante el
cual, en un determinado día, se liquidasen los pagos y cobros entre
compañías. Dichos pagos y cobros habían sido previamente introducidos en
el sistema y confirmados para que el día de la liquidación no se
produjese ningún error.
De hecho, no tenía
siquiera que producirse el pago físico de dichos movimientos ya que el
pago de netting podía considerarse más (o menos) pago de Cash Pooling y
por tanto formar parte del saldo de los préstamos
intercompañía.
Esta vez, la
aceptación de la idea fue generalizada ya que rápidamente todos nos
dimos cuenta de las ventajas que ella nos
aportaba:
a) homogeneizábamos el día de
pago
b) reducíamos el número de pagos a realizar a
tan sólo uno
c) reducíamos el importe de los
pagos
d) si teníamos que hacer algún pago en
divisas, no nos teníamos que preocupar por la cobertura de las
mismas
Fuera había
empezado a llover, la noche había caído y el cansancio empezaba a hacer
mella en todos nosotros. Tal vez fue por ello o porque las ideas que
iban a venir a continuación eran tan sólo eso, ideas, que el Director
Financiero las explicó de manera muy rápida y
genérica.
Se trataba de
mencionar algunas ideas que se le habían ocurrido y que terminadas todas
las fases, podían empezar a ponerse en marcha. Eran nuevos productos y
servicios que aportaban valor añadido a la función de Tesorería de la
empresa. El concepto principal era la subcontratación de tareas que
podían ser fácilmente realizadas por las Entidades Financieras y que
eran costosas para la empresa en tiempo y recursos. A modo de ejemplo
nos habló de dos servicios:
- Lockbox: consistía en subcontratar a las
Entidades Financieras o a Empresas especializadas la gestión de la
recogida e ingreso de los cheques enviados por nuestros clientes para
saldar el pago de las facturas. El servicio iba incluso más allá, además
de ingresar los cheques, también enviaban electrónicamente información
necesaria para la empresa (nº de factura, referencia del proveedor,
concepto del pago, etc.). Había Entidades que también ofrecían la
posibilidad de visualizar los cheques, previamente escaneados, a través
de Internet.
- Matching: era otro producto subcontratado
por la compañía a las Entidades Financieras. Se trataba que la empresa
pasara a la Entidad Financiera en un formato electrónico los datos de
sus cuentas contables de Bancos para que la Entidad Financiera, al tener
los datos de los pagos y cobros, realizara la conciliación de esos
datos. Posteriormente, la Entidad Financiera devolvería un fichero con
los movimientos conciliados y otro con los movimientos pendientes de
conciliar.
Ambos servicios
me parecieron interesantes. Pensé en cómo había evolucionado la
Tesorería desde hacía unos años y si tal vez el futuro pasaba por eso,
por subcontratar aquellas funciones que no eran fundamentales para la
empresa y que no le aportaban ningún valor.
La reunión llegó
a su fin. Había sido un día muy largo e intenso. Demasiados temas a la
vez. Estaba claro que tenía que sentarme y analizar todos los conceptos
que hoy se habían hablado. Nuestro Director se despidió de nosotros no
sin recordarnos que recibiríamos una copia de las presentaciones así
como una agenda con los pasos siguientes a realizar para la puesta en
marcha.
Me despedí de
algunos de mis colegas y compartí el taxi destino al aeropuerto con tres
de ellos. Ninguno de nosotros hizo referencias a la reunión, estuvimos
comentando temas triviales de nuestros negocios. Cuando llegamos al
aeropuerto nos despedimos y cada uno de nosotros se dirigió a su
compañía para la facturación.
Mi vuelo se
había retrasado. Nada nuevo. Yo estaba absorto en mis pensamientos. De
repente oí una voz que mencionaba mi nombre. Allí estaba Ramón, uno de
mis colegas de la Asociación. Empezamos a hablar. Cuando le expliqué
toda mi reunión, Ramón, que era Director Financiero de una Multinacional
Española, se sintió muy interesado por todo lo que le había contado. Me
dijo que hacía tiempo que estaba pensando en tomar una decisión del
mismo tipo con las filiales que su compañía tenía en Italia, Francia,
Portugal y Alemania.
De todas formas,
había algunos aspectos legales que complicaban el hecho de tener un
Centro de Tesorería en alguno de los países que aportaban ventajas
fiscales si la empresa matriz estaba situada en España. Al parecer la
Legislación Española establece que puede darse el caso de que una
empresa española que es financiada por una empresa vinculada en el
extranjero deba sumar una parte de los intereses obtenidos por la no
residente a su base imponible en España.
Otro tema
fundamental a tener en cuenta era todo el trabajo administrativo de las
declaraciones al Banco de España de las cuentas abiertas en el exterior.
Al igual que en mi caso, Ramón debía plantearse el hecho de comunicar la
apertura de esas cuentas al Banco de España. Luego mensualmente,
comunicar los movimientos de esas cuentas. La diferencia era que yo
solamente tenía que hacer la declaración una sola vez mientras que él
debería realizar esa tarea por cada cuenta.
Por fin llegamos
a San Sebastián. Me despedí de Ramón y tomé el taxi para ir a mi casa.
Eran las 11:15 de la noche y estaba cansado. Empecé a pensar cómo iba a
ser mi trabajo después de hoy y cuál sería el contenido del
mismo.
Lo que hoy había
pasado era algo inevitable. Ciertamente, comprendía lo que mi compañía
estaba iniciando y tenía pocos argumentos para opinar algo en contra de
esa tendencia. De todas maneras, comprendí que aunque muchas de las
tareas que hasta ahora realizaba iban a ser llevadas a cabo
centralizadamente, todavía existían muchas acciones y tareas que siempre
iban a exigir de personas cualificadas en cada uno de los países ya que
si bien la Europa Unida empezaba a nacer, había muchos factores
diferenciales que incidían sobre el negocio local de la compañía que
requerían de mí y de mi equipo.