El sonido de mi voz


Háblame  Amanda
para no olvidar el sonido de las palabras,
para reconocer voces
que me atan al silencio constante.
Suelta palabras que sólo tú y yo entendemos
pero que dicen tanto...
Háblame Amanda
cuando veas mis ojos tristes
cuando en vez de risa, adivines llanto,
no dejes que me aisle
déjame sentir el calor de tus pequeños brazos.
Tengo tantos versos que escribir,
tiene tantos sonidos mi canto
y nadie lo sabe Amanda, 
porque, ¿sabes chiquita? Están todos ocupados.
Ocupados en sus vidas, en sus trabajos,
sus quehaceres cotidianos...
y nadie escucha mi voz, Amanda,
nadie sinó tú te duermes en mis brazos.
Te cuento de los bosques y los lagos,
de los volcanes lejanos, del mar en el ocaso,
del color de las caracolas
y de las estrellas a las que nadie pone nombre.
Y se queda mi voz suspendida
porque te has dormido en mis brazos,
soñarás quizás con muñecas de ojos claros,
con lunas de chocolate y helados...
No importa Amanda,
yo conozco el sonido de mis palabras
aunque nadie las escucha
están allí perdidas entre versos,
en las cuerdas de una guitarra solitaria,
en las notas de un concierto,
mi voz está en lo más profundo  de mi alma.

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