ðHwww.oocities.org/es/cielosycristales/Ruka-Weche.htmwww.oocities.org/es/cielosycristales/Ruka-Weche.htm.delayedxóaÕJÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÈ|…’$OKtext/htmlp1yTá’$ÿÿÿÿb‰.HMon, 14 Jul 2003 23:39:00 GMTOMozilla/4.5 (compatible; HTTrack 3.0x; Windows 98)en, *óaÕJ’$ Ruka-Weche

 

 

Centro Cultural Mapuche Weche Ruka: Este centro está localizado en el predio de la Sra. Irene Hueche, sin embargo, participan en esta iniciativa seis familias de la comunidad Juan Antonio Hueche, todas hechas se ubican en el sector Palihue, cercano al puente del río Quepe. 
El atractivo principal lo constituye la Ruka, pues al interior de ella se dan a conocer diversos aspectos de la cultura mapuche, como la medicina, religión, artesanía, gastronomía, folklore y tradiciones ancestrales. 

Ya he perdido la cuenta de los días, por lo tanto les iré contando lo que he visto en Temuco, una de las ciudades mas lindas y moderna del Sur. 

El Sábado al medio día fuí con unos amigos a visitar una comunidad Mapuche llamada Palihue. Para llegar alí, debimos tomar un bus rural, o micro que más daba la sensación de ir viajando en una carreta tirada por bueyes, porque el camino es de tierra.
El paisaje deja sin respiración, por lo hermoso. Enormes árboles a ambos lados del camino, que juntaban sus ramas en lo alto, los campos de trigo dorado entre el verde de los cerros y los enormes rios que hay que cruzar es una experiencia muy difícil de explicar por medio de palabras. El viaje demoró más o menos media hora. Desde que nos bajamos debíamos caminar 3 kilómetros hasta el lugar al que ibamos. Hacía mucho calor, pero del calor no me quejo, aunque mis amigos sudaban la gota gorda. A ambos lados del estrecho camino de tierra, los enormes canelos (árbol sagrado) y la elegancia de los eucaliptus, eran el marco para la zarzamora y el maqui (árbol que da un fruto pequeño y negro, muy dulce) 

Desde que llegué a Chile que tenía ganas de comer moras, pero aún están verdes, al igual que el maqui. Lo expresé en voz alta, y fué como por arte de magia, que encontramos racimos de moras maduras. Sin pensarlo dos veces, las corté y me las comí como quería, calientes por el sol y llenas de tierra. Me supieron a manjar de los dioses, de tan dulces. Luego, y en broma dije, ahora quiero comer maqui, y ahí mismo, un maqui lleno de frutos maduros. No podía creerlo, tambien corté esos frutos y al igual que las moras, los comí con ansias, su jugo dejó mis labios azules...
El olor a pasto, a hierbas perfumadas, a los árboles, lo llenaba todo. Una familia de cerdos cruzó por delante de nosotros, me encantan los cerdos, sus caras me provocan risa, parecen cínicos, cuando se les mira de frente se ven tan serios, pero si los miras de perfil, pareciera que tienen una sonrisa socarrona, y es divertido ver esas patas tan en desacuerdo con sus enormes y pesados cuerpos.

Al fin llegamos a destino, nos esperaba la dueña de casa, una mujer madura y de rostro bueno y ojos serenos. Ella es una dirigente mapuche, que anda de oficina en oficina peleando por dar a su pueblo un lugar digno dentro de la sociedad. Los chilenos dicen enorgullecerse de los mapuches, pero cada vez tienen menos espacio donde vivir. El gobierno no los toma en cuenta y la mayoría de la gente los mira a menos.
La casa es una ruca. Hecha de tierra y de un pasto especial, resistente a la lluvia y el viento, sujeta por vigas. El suelo es de tierra, que con los años se ha puesto brillante. Las paredes también son de paja, aunque forradas con madera. En el centro de esta habitación hay un fogón, que les sirve para cocinar y para calentarse en los días del duro invierno. Como adorno, en las paredes se ven colgados diferentes instrumentos musicales autóctonos, y viejos artefactos de madera o piedra en los que se cocina. También una viejísima piedra horadada por el uso, donde se muele el trigo con otra piedra más pequeña. Desde una viga y sobre el fogón, colgaba de una cadena, una tetera de fierro en la que se hierve el agua. 
Este lugar tiene energía propia. No hay ruidos de ninguna índole, como no sea el canto de los pájaros, o el murmullo de los árboles. Cuando nos recibió, me abrazó muy fuerte y me dió la bienvenida. Me miró con una mirada muy limpia y profunda. 

Nos contaba de la lucha a la que se dedica, viaja mucho tratando de conseguir que les devuelvan sus derechos. El lenguaje mapuche es muy difícil de entender, hace sólo algunos años que se está enseñando. Está por terminarse el primer diccionario mapuche.
En un momento se disculpó y nos dejó solos. Había llegado a verla una pareja de Irlanda, que querían saber algo de las costumbres. Los hizo pasar y sentarse junto a nosotros. Ellos hablaban castellano, pero muy agringado. En un momento en que ella se alejó, salimos a mirar a nuestro alrededor.
Grandes siembras de papas, verduras y maiz. Muchos árboles, entre ellos, canelos, árbol que según sus costumbres, es sagrado.
Las gallinas caminaban sin preocuparse de los visitantes. Mucha quietud, mucha paz. 
Volvió a los pocos minutos con unas sopaipillas recién hechas ( las sopaipillas son como pan en forma de tortillas, hechas de harina sal y agua, y luego fritas ) También traía mate y hierba. Nos hizo acercar nuestros asientos, unos banquitos pequeños, hechos de árbol de una sóla pieza, muy cómodos,
Nos acercamos y tomamos mate y comimos las ricas sopaipillas, mientras ella nos hablaba de los sueños, pero no de los sueños de decir yo sueño con hacer esto o lo otro, sinó sueños que le indicaban lo que debería hacer. Es la forma en que sus antepasados se comunican para indicarle el camino a seguir. Es parte de su tradicón y cultura. Yo estaba encantada, me parecía imposible estar alli, viviendo y disfrutando cada minuto.
Luego aprendí de los Rehues. Estos son figuras hechas de madera que representan a los antepasados.
Nos mostró los de su familia. Eran cuatro, su abuelo su abuela, su padre y por ultimo la de ella misma. Acostumbran a ponerlos todos juntos, uno al lado de otro, en un lugar de campo, con mucho terreno rodeado de paisajes de paz. 
Este paisaje donde estaban los suyos, abarcaba cerros, ríos y árboles. El tiempo se  encarga de destruirlos, dejan las partes que se desprenden en el mismo lugar en que cayeron. Cuando los mapuches hacen las rogativas para pedir por las siembras o lo que sea necesario, se reunen todos alrededor de los Rehues y giran cantando y tocando sus instrumentos. Sienten un enorme respeto. La gente que va a visitarlos, pone monedas en las grietas de las viejas maderas, como una ofrenda.
Llegó la hora de partir, me despedí de ella, abrazándola, con la promesa de que cuando yo volviera a Chile, iría a verla. Una mágica experiencia. Gracias Irene.


Mi amigo Eduardo y la Señora Irene, en el interior de la Ruka 

 


Este es el Rehue de Irene, puesto en una esquina de su casa. Ya está preparado para cuando ella muera, el que será puesto junto a los seres que ya partieron...

En la siguiente página, podrán leer sobre las costumbres del Pueblo Araucano.

 

Calambito temucano[midi]