La amenaza global más grave que enfrenta actualmente la humanidad es la probabilidad de que nuestras actividades económicas resulten en un calentamiento mundial, con las graves consecuencias que ello entraña para el ecosistema terrestre en su totalidad así como para el modo de vida tanto de las sociedades ricas como de las pobres.

Las consecuencias previstas - elevación del nivel del mar, agotamiento de la agricultura, reducción de los recursos hídricos, aumentode los riesgos sanitarios, condiciones climáticas violentamente cambiante, incremento en las tensiones sociaesl - sugieren que tanto los países desarrollados como aquellos en desarrollo tienen buenas razones para preocuparse acerca del cambio climático.

Muchos científicos consideran que los recientes aumentos de la temperatura y los cambios en la variabilidad climática que se registran en diversas partes del mundo pueden ser la primera señal de un cambio climático global.

Los riesgos son altos. Dado que el costo de implementación de medidas de adaptación resultará prohibitivo, no podemos permitir que se vuelva irreversible el daño en los sistemas que garantizan la vida humana.

En tal sentido, el Protocolo de Kyoto para la Convenció;n sobre el Cambio Climático va más allá de la mera exhortación a la acción. Se basa en compromisos legales obligatorios para detener y revertir la ola creciente de emisiones iniciada hace 150 años en los países industrializados.

Ahora está en manos de los formuladores de políticas el pulido y la puesta en práctica de las muchas soluciones "contemplativas" disponibles. Es posible reducir las emisiones de gases de evecto invernadero beneficiando simultáneamente las economías nacionales si se logra abandona los subsidios e incentivos contraproducentes, eliminar las trabas para la eficiencia del mercado y promueve las inversiones destinadas al aprovechamiento eficiente de la energía.

Los economistas tienen mucho que ofrecer a los formuladores de polí;ticas por medio del análisis de las políticas contemplativas, de los mecanismos del mercado, y de otras soluciones. Es por vez primera en el Protocolo de Kyoto que los gobiernos concuerdan utilizar herramientas económicas para la implementación de sus compromisos. El desarrollo de estos instrumentos dará; más oportunidades a las partes interesadas para alcanzar los costos adecuados.

Una de las tareas má;s importantes que deberán enfrentar los formuladores de políticas será la de procurar comprometer el esfuerzo de los empresarios, los gobiernos locales y la sociedad civil. Debe convencerse a los líderes de la industria no solo de que adecuen sus inversiones y estrategias de mercado sino también que desarrollen medios de transporte, bienes de consumo y procesos de producció;n basados en un aprovechamiento más eficiente de la energía. A nivel de los gobiernos locales y de la comunidad, el Protocolo debe ser visto como un precursor en el aumento de la presión para lograr sistemas de transporte, edificios públicos y planificaciones urbanas más eficientes en lo inherente al consumo de la energía como la en la defensa de la calidad ambiental.

Más importante aún, los hogares deben contribuir a la reducción de emisiones a través de sus opciones de consumo y el estilo de vida que elijan.

Por su parte, el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA) está cabalmente comprometido en reforzar su apoyo al Panel Intergubernamental sobre Cambio Climático (IPCC) y en aumentar su contribución para actividades relacionadas con la Convención, incluyendo servicios de información pública. Sólo mediante un trabajo mancomunado en este sentido es que la comunidad internacional podrá enfrentar eficazmente el desafío global del cambio climático.

 

Una introducción al cambio climático

La actividad del hombre desprende gases de efecto invernadero hacia la atmósfera. Cuando se utilizan combustibles fósiles para generar energía, as como cuando se talan e incendian bosques, se produce dióxido de carbono. La actividad agrícola y los cambios en el uso de la tierra, entre otras fuentes, emiten metano y óxido nitroso. Los procesos industriales desprenden CFCs y otros gases, mientras que los humos residuales del escape de los automóviles generan óxidos de nitrógeno e indirectamente el ozono en la capa más baja de la atmósfera.

 

Se supone que el aumento en los niveles de gases de efecto invernadero provoca cambios climáticos. Al absorber la radiación infrarroja, estos gases controlan las tansferencias de la energía natural en todo el sistema climático. A los efectos de conservar el equilibrio entre la energía que llega del sol y la que escapa nuevamente hacia el espacio, el clima debe ajustarse de algún modo al sistema de absorción y radiación que conforman los gases de efecto invernadero.

Los modelos climáticos predicen que para el año 2100 la temperatura global se elevará entre 1 y 3,5°C, aproximadamente. El cambio previsto será mayor que cualquier otro cambio climático que se haya experimentado en los últimos 10.000 años. La proyección se basa en las tendencias actuales de las emisiones y da por sentado que no se realizaran esfuerzos para limitar las emisiones de gases de efecto invernadero. Existe mucha incertidumbre tanto en lo que refiere a la escala como a los impactos del cambio climático, en especial a nivel regional. A causa del efecto retardatorio de los océanos, las temperaturas superficiales no responden de inmediato a las emisiones de gases de efecto invernadero, por lo que el cambio climático continuará durante muchas décadas después que se estabilicen las concentraciones atmosféricas de tales gases. Entre tanto, el cúmulo de evidencia disponible sugiere que el clima ya puede haber comenzado a responder a emisiones anteriores.

El cambio climático tiende a provocar un impacto significativo en el medio ambiente global. Por lo general, cuanto más rápido cambia el clima mayor es el riesgo de que se produzcan daños. Se espera que para el año 2100 el nivel promedio del mar se eleve entre 15 y 95 cm, lo que causará, entre otros daños, inundaciones enzonas costeras bajas. En las regiones de latitud media, las zonas climá;ticas (y en consecuencia los ecosistemas y las áreas agrícolas) pueden verse desplazadas hacia los polos entre 150 y 550 km., aproximadamente. Bosques, desiertos, praderas y otros ecosistemas vírgenes deberán ajustarse a los nuevos valores de las varibles climáticas. Como resultado de desajustes muchos degenerarán o se fragmentarán y podrían extinguirse especies individuales.

Las sociedades enfrentarán nuevos riesgos y presiones. Aunque es difícil que a nivel mundial los recursos alimentarios resulten amenazados, algunas regiones serán aún más proclives a padecer escasez de alimentos y hambruna. Debido al cambio en los regímenes de precipitación y evaporación, los recursos hídricos serán afectados en todo el mundo. La infraestructura física resultará dañada, principalmente a causa de la elevación del nivel del mar y de la ocurrencia de fenómenos climáticos extremos. Los diversos efectos del cambio climático se harán sentir directa o indirectamente en las actividades económicas, y los asentamientos y la salud humanos. Los pobres y carenciados serán los más vulnerables a las consecuencias negativas de dicho cambio.

Las personas y los ecosistemas deberán adaptarse a los regímenes climáticos futuros. Tanto las emisiones pasadas como las actuales han venido forzando a la tierra a cierto grado de cambio climático para el siglo 21. Para adaptarse a sus efectos habrá que comprender mejor el sistema natural y el socioeconómico; conocer la sensibilidad de éstos al cambio climático y también su inherente habilidad de adaptación. Por otro lado existen muchas estrategias disponibles para adaptarse a los efectos previstos del cambio climático.

Alcanzar la estabilización de las concentraciones atmosféricas de gases de efecto invernadero demandará un mayor esfuerzo. De acuerdo a las tendencias actuales, para el año 2030 el impacto climático total debido al aumento de los niveles de gases de efecto invernadero será igual al doble del causado por las concentraciones de CO2 pre-industrial. Para el año 2100, entre tanto, el impacto será igual al causado por la triplicación o más de tales concentraciones. Si se estabilizan las emisiones globales de CO2 en sus niveles actuales, la duplicación de CO2 se pospondría hasta el 2100. Para que en un futuro cercano las concentraciones lleguen a estabilizarse en los niveles de CO2 duplicado, las emisiones deberían disminuír hasta cerca de un 30% de sus niveles actuales. Dado el crecimiento demográfico y el carácter expansivo de la economía mundial, ello requeriría dramáticas mejoras en el aprovechamiento eficiente de la energía asícomo cambios fundamentales en otros sectores económicos.

La comunidad internacional está enfrentando este desafío a través de la Convención sobre el Cambio Climático. Adoptada en 1992, la Convención procura estabilizar las concentraciones de gases de efecto invernadero en niveles seguros. Unos 165 países se han integrado como Partes signatorias de la misma. La Convenció;n obliga a los países desarrollados a tomar medidas destinadas a que para el año 2000 sus emisiones hayan sido estabilizadas en los niveles de 1990. En base a un acuerdo que concluirá a fines de 1997 dichos países se comprometerán a realizar nuevas reducciones en sus emisiones después del año 2000. Además, están comprometidos a promover transferencias financieras y tecnológicas hacia los países en desarrollo para ayudarlos a encarar el cambio climático. Entre tanto, todos los países miembros continúan recogiendo información sobre sus emisiones nacionales a la par que desarrollan estrategias para minimizar el cambio climático y adaptarse a él.

Existen muchas opciones disponibles a corto y mediano plazo para limitar las emisiones. Los formuladores de políticas pueden fomentar la eficacia en el uso de la energía y otras tendencias sensibles al clima tanto en lo que toca al abastecimiento de energía como a su consumo. Los consumidores clave de energía son las industrias, los hogares, las oficinas, los vehículos y los establecimientos agrícolas. La eficacia puede garantizarse mejor si se provee de un marco económico y regulatorio adecuado para consumidores e inversores. Dicho marco debe promover tanto medidas que reduzcan los costos, como el uso de la mejor tecnología actual y futura, y soluciones del tipo "sin remordimientos", que sean razonables en lo económico y en lo ambiental, aun prescindiendo del cambio climático. En ello pueden tener cabida los impuestos, las normas regulatorias, los permisos de emisión comerciables, los programas informativos, los programas voluntarios y la eliminacón gradual de subsidios contraproducentes. También es importante el cambio en las prácticas y estilos de vida, desde la planificación de un mejor transporte urbano hasta los hábitos personales tales como apagar luces.

Pueden alcanzarse, sin ningú;n costo neto, aumentos en la eficiencia energética de entre 10 y 30% por encima de las tendencias actuales durante los próximos 20 a 30 años. Algunos investigadores consideran que durante ese período y en el futuro es posible incluso alcanzar logros mucho mayores. Contando con el conocimiento disponible y la mejor tecnología actual se pueden lograr mejoras sobre el punto de partida en todos los grandes sectores económicos. En el largo plazo será posible aproximarse a una economía industrial de emisiones nulas, con los innumerables beneficios tanto ambientales como económicos que ello comportaría.

Es vital reducir la incertidumbre tanto acerca del cambio climático como de su impacto y del costo de las diversas opciones de respuesta. Entre tanto, será necesario equilibrar las cuestiones acerca de los riesgos y daños posibles con aquellas vinculadas al desarrollo económico. La respuesta más prudente frente al cambio climático consiste no sólo en adoptar una cartera de medidas destinadas al control de las emisiones, sino también en adaptarse a sus impactos y fomentar la investigación científica, tecnológica y socio-económica.

Los gases de efecto invernadero y los aerosoles

 

Los gases de efecto invernadero (GEIs) controlan los flujos de energía en la atmósfera mediante la absorción de radiación infrarroja. Estas trazas gaseosas constituyen menos del 1% de la atmósfera. Los niveles que pueden alcanzar dependen de un equilibrio entre "fuentes" y "sumideros". Las fuentes son los procesos que generan gases de efecto invernadero, los sumideros son los procesos que los secuetran o eliminan. El hombre distorsiona los niveles de los gases de efecto invernadero al introducir nuevas fuentes o al interferir con los sumideros naturales.

El principal contribuyente al efecto invernadero natural es el vapor de agua. Su presencia en la atmósfera no depende directamente de la actividad del hombre. Sin embargo, el vapor de agua atañe al cambio climático debido a una considerable "retroalimentación positiva". El aire caliente puede contener más humedad, y los modelos predicen que un pequeño calientamiento mundial aumentaría los niveles globales de vapor de agua, contribuyendo aún más al efecto invernadero ampliado. Por otro lado, es posible que algunas regiones se vuelvan más secas. Debido a que la modelización de procesos climáticos que involucran nubes y lluvia es particularmente difícil, aún se desconocen las dimensiones exactas de esta crucial retroalimentación.

Actualmente el dióxido de carbono es responsable de más del 50% del efecto invernadero "ampliado", que es a su vez la causa del cambio climático. Este gas es un componente natural de la atmósfera, pero la combustión de carbón, petróleo y gas natural viene liberando el carbono almacenado en esos "combustibles fósiles" a una velocidad sin precedentes. De manera similar, la deforestación libera el carbono almacenado en los árboles. En la actualidad, las emisiones anuales de carbono sobrepasan los 7.000 millones de toneladas, es decir casi el 1% de la masa total de dióxido de carbono existente en la atmósfera.

El dióxido de carbono producido por la actividad del hombre se integra al ciclo natural del carbono. Anualmente, muchos miles de millones de toneladas de carbono se intercambian de manera natural entre la atmósfera, los océanos y la vegetación terrestre. En este sistema natural masivo y complejo los intercambios se equilibran con precisión; durante los 10.000 años anteriores a la industrialización, los niveles de dióxido de carbono parecen haber variado en menos de un 10%. Sin embargo, en los años transcurridos desde 1800, dichos niveles aumentaron casi un 30%. Aun cuando los océanos y la vegetación terrestre absorben la mitad de las emisiones de dióxido de carbono provocadas por el hombre, sus niveles atmosféricos continúan aumentando por encima de un 10% cada 20 años.

Los aerosoles constituyen la segunda influencia importante del hombre en el clima. Tales nubes de partículas microscópicas no actúan como gas de efecto invernadero. Además de ser producidas por diversas fuentes naturales, se originan a partir del dióxido de azufre emitido fundamentalmente por las usinas, y por el humo proveniente de la deforestación y de la quema de residuos de las cosechas. Los aerosoles se instalan se precipitan hacia el suelo luego de unos pocos días de emitidas, pero se los emite en cantidades tan enormes que provocan un impacto muy grande en el clima.

Los aerosoles provocan un enfriamiento del clima a nivel local porque dispersan la luz solar enviándola de nuevo hacia el espacio exterior. Las partículas de los aerosoles bloquean directamente el pasaje de la luz solar y además proporcionan núcleo para la formación de nubes. Frecuentemente la reflexión de la energía solar por estas nubes también producen un efecto de enfriamiento. En las regiones altamente industrializadas, el enfriamiento causado por los aerosoles puede contrarrestar casi todo el efecto de calentamiento provocado hasta ahora por el aumento de los gases de efecto invernadero.

El metano es un gas de efecto invernadero de gran potencia cuyos niveles ya casi se han duplicado. Las fuentes principales de metano son la agricultura, los arrozales muy inundados y la expansión del ganado. Constituyen otras fuentes las emisiones provenientes de los vertederos de residuos junto a los escapes de la minería del carbón y de la producción de gas natural. El principal sumidero del metano está constituido por reacciones químicas en la atmósfera muy difíciles de modelizar y predecir.

Actualmente entre un 15 y un 20% del efecto invernadero ampliado se debe al metano proveniente de emisiones del pasado. Aunque el metano comenzó su rápido aumento después de que lo hiciera el dióxido de carbono, ambos se han puesto a la par en cuanto a su contribución al efecto invernadero. Sin embargo, la permanencia efectiva del metano en la atmósfera es de sólo 12 años, mientras que el dióxido de carbono permanece mucho más tiempo en ella. Esto significa que la importancia relativa del metano respecto del dióxido de carbono depende del "horizonte temporal". A modo de ejemplo, para los veinte años entre 1990 y 2010 se prevé que el metano emitido durante la década de los 80 tendrá el mismo impacto que el 80% del dióxido de carbono emitido en esa década, mientras que para los cien años entre 1090 y 2090 tendrá un impacto de sólo el 30%. (ver figura)

El óxido nitroso, los clorofluorcarbonos (CFCs) y el ozono contribuyen el 20% restante del efecto invernadero ampliado. Los niveles de óxido nitroso se elevaron un 15%, debido fundamentalmente al aumento de la agricultura intensiva. Los CFCs aumentaron con rapidez hasta comienzos de la década de los 90, pero los niveles de los CFCs clave se han estabilizado desde entonces debido a los fuertes controles sobre su emisión introducidos por el Protocolo de Montreal para proteger la capa estratosférica de ozono. El ozono es otro de los gases de efecto invernadero que se da de forma natural y cuyos niveles, si bien disminuyen en la estratósfera, aumentan en la atmósfera inferior de algunas regiones a causa de la contaminación del aire.

Las emisiones de gases de efecto invernadero causadas por el hombre ya han distorsionado el balance energético global en aproximadamente 2,5 vatios por metro cuadrado. Esto equivale a alrededor del 1% de la energía solar neta entrante, controladora del sistema climático. El uno por ciento puede no parecer demasiado, pero acumulado en toda la superficie terrestre corresponde al contenido energético de 1,8 millones de toneladas de petróleo por minuto, o 100 veces la tasa mundial actual de consumo comercial de energía. Como los gases de efecto invernadero son sólo un producto secundario del consumo de energía, resulta irónico que la cantidad de energía que la humanidad realmente utiliza sea mínima si se la compara con el impacto de los gases de efecto invernadero en los flujos naturales de energía del sistema climático.

¿Cómo cambiará el clima?

 

Los modelos climáticos actuales predicen un calentamiento mundial de a 2ºC aproximadamente entre el año 1990 y el 2100, si es que no se hace nada para reducir las emisiones. Esta proyección toma en cuenta el efecto de los aerosoles y el efecto retardatorio de los océanos. La inercia oceánica implica que tanto la superficie de la tierra como la de la atmósfera inferior continuarán calentándose entre 1 y 2ºC más, incluso si en el año 2100 se detiene el aumento de las concentraciones de gases de efecto invernadero.

El margen de incertidumbre de esta proyección es de 1oC a 3.5oC. Incluso un aumento de 1oC seráa mayor que cualquier tendencia a escala secular correspondiente a los pasados 10.000 años. A este margen de incertidumbre contribuyen el desconocimiento acerca de las emisiones futuras, las retroalimentaciones climáticas y la magnitud del retardo oceánico.

Se predice que para el año 2100 el nivel del mar promedio en la tierra aumentará cerca de 50 cm. El margen de incertidumbre es grande - de 15 a 95 cm - y el cambio en las corrientes oceánicas puede provocar que el nivel del mar local y regional aumenten, en relación al promedio global, ya sea mucho más o mucho menos. La causa principal de tal aumento es la expansión térmica de las capas superiores del océano -producto del calentamiento- a lo que hay que sumar cierta contribución del deshielo de los glaciares. El deshielo algo más rápido de las capas de hielo de Groenlandia y Antártida puede ser equilibrado por el aumento de nevadas en ambas regiones. Aun cuando las temperaturas de superficie se hayan nivelado, el nivel del mar continuará subiendo si en los océanos el calor penetra a mayor profundidad y continúa derritiéndose el hielo.

Las predicciones acerca del calentamiento regional y estacional son mucho más inciertas. Aunque se supone que la mayoría de las áreas se calentarán, algunas lo harán más que otras. Se prevé que el mayor calentamiento ocurrirá en las regiones frías del norte durante el invierno. La razón es que la nieve y el hielo reflejan la luz solar, de modo que una menor cantidad de nieve implica que se absorbe más calor del sol, lo que, al modo de un fuerte y positivo efecto de retroalimentación, favorece cualquier calentamiento. Se supone que para el año 2100 algunas partes de Siberia y del norte de Canadá se calentarán hasta 10ºC durante el invierno, pero menos de 2ºC en el verano.

Se predice que las regiones interiores se calentarán más rápido que las zonas oceánicas y costeras. La razón se debe simplemente al retardo oceá;nico, que impide que la superficie del mar se caliente tan rá;pido como la tierra. La magnitud de este retardo depende de la profundidad que se caliente el océano. En la mayoría de los océanos los pocos cientos de metros superiores de agua no se mezclan con la que está debajo. Mientras que las profundidades del océano permanecerán frías, estas capas superiores se calentarán en unos pocos años. La mezcla de agua en las profundidades oceánicas sólo ocurre en unas pocas regiones muy frías, tales como el océano Atlántico al sur de Groenlandia y el océano más al sur próximo a la Antártida. Al tener que calentarse mucha mayor cantidad de agua para alcanzar un cambio de temperatura similar al de la superficie, en estas regiones el calentamiento será demorado.

En las cercanías de grandes regiones industrializadas los aerosoles pueden impedir algunos de los efectos del calentamiento tipo invernadero. En gran parte del este de Estados Unidos, Europa Oriental y algunas regiones de China, las nubes de partículas superfinas de azufre y sus óxidos provenientes de la quema de carbón y petróleo, pueden impedir los efectos de este tipo de calentamiento. Pero la magnitud de tal efecto es impredecible ya que debido a medidas adoptadas frente a la lluvia ácida las emisiones de azufre tienden a reducirse.

Se prevé que las precipitaciones totales aumentarán, pero las tendencias son mucho menos certeras para el nivel local. Las precipitaciones invernales tenderán a aumentar en el extremo norte, pero determinar lo que suceda en las latitudes medias y en los trópicos, dependerá en gran medida de los detalles del modelo climático particular y de las emisiones que se consideren. Por ejemplo, el monzón asiático del verano se debilita significativamente en los dos modelos que al presente han ensayado este experimento, porque incluyen los efectos de los aerosoles.

En las latitudes altas una mayor cantidad de lluvia y nieve durante el invierno determinará un suelo más húmedo, pero en verano las temperaturas más altas pueden dar lugar a suelos más secos. Pese a que los cambios locales en la humedad del suelo son claramente importantes para la agricultura, los modelos todavía tienen problemas en simularlos. Incluso es incierta la dirección del cambio global en la humedad del suelo durante el verano; no se sabe si aumentará; o disminuirá

Puede cambiar tanto la frecuencia como la intensidad de los fenómenos climáticos extremos, tales como tormentas y huracanes. Sin embargo, los modelos todavía no pueden predecir cómo será ese cambio. La evidencia es indirecta ya que los modelos utilizados para simular el cambio climático no pueden por sí mismos simular tales fenómenos climáticos extremos. Existe cierta preocupación por posibles modificaciones en las pautas de los climas extremos, ya que los modelos predicen cambios en las temperaturas oceánicas de superficie y otros factores que son conocidos por afectar la formación de tormentas y huracanes. Sin embargo, pasarán muchos años antes de que los científicos puedan predecir cuán tormentosas podrían ser las distintas regiones particulares.

No se pueden descartar las transiciones climáticas rápidas e inesperadas. Actualmente se considera que el cambio más dramático de esta índole - el derrumbre de la cubierta de hielo del oeste de la Antártida, que llevaría a un aumento catastrófico del nivel del mar-, no ocurriría en los próximos 100 años. Existe evidencia de que los cambios en la circulación oceánica que tienen un impacto significativo en el clima regional (tal como el debilitamiento de la Corriente del Golfo, que calienta a Europa) pueden ocurrir en unas pocas décadas, pero se desconoce si el calentamiento de tipo invernadero puede o no disparar un cambio de esta índole. También podrían tener un gran impacto factores externos tales como una secuncia continuada de erupciones volcánicas o variaciones en la energía producida por el Sol. Pero hay consenso en que el cambio climático que afectará al siglo 21, considerado en su totalidad, estará dominado por las consecuencias de las emisiones de gas de efecto invernadero.

Adaptación a los impactos del cambio climático

 

Los impactos del cambio climático no podrían ser totalmente evitados, ni siquiera mediante un corte inmediato y radical de las emisiones globales de gases de efecto invernadero. Debido en parte a la inercia térmica de los océanos, el sistema climático responde a los cambios en los niveles de gases de efecto invernadero con un cierto desfasaje. Tanto las emisiones pasadas como las actuales han venido forzando a la tierra a cierto grado de cambio climático para el siglo 21. Los ecosistemas naturales y las sociedades humanas se verán afectados por la magnitud y por la velocidad de tal cambio. En consecuencia, si bien es vital el control de las emisiones, debe ser acompañado por esfuerzos de adaptación destinados a minimizar el daño.

Los sistemas ecológicos y socioeconómicos más vulnerables son aquellos que presentan mayor sensibilidad al cambio climático y menor capacidad de adaptación. La sensibilidad refiere al grado de respuesta de un sistema a un determinado cambio en el clima. Mide, por ejemplo, ante un determinado aumento de la temperatura, cuánto responderán la composición, la estructura y el funcionamiento de un ecosistema. La adaptabilidad indica el grado de adecuación de los sistemas a condiciones modificadas, ya sea como respuesta o como anticipación. La vulnerabilidad define el alcance del daño o perjuicio que el cambio climático puede causar a un sistema. Depende tanto de la sensibilidad como de la capacidad de adaptación del sistema.

Los sistemas que ya se encuentran bajo presión son particularmente vulnerables. La mayoría de los ecosistemas son sensibles a las prácticas de gestión inapropiadas realizadas por el hombre y al aumento en su demanda de recursos. Por ejemplo, la actividad del hombre puede fragmentar los ecosistemas apenas manipulados y también los intocados, limitando así su potencialidad de adaptación natural al cambio climático. La fragmentación de ecosistemas complicará asimismo los esfuerzos humanos tendientes a favorecer la adaptación, como por ejemplo la creación de corredores migratorios.

Los sistemas socioeconómicos tienden a ser más vulnerables en los países en desarrollo con economías e instituciones más débiles. Corren especial peligro las personas que habitan tierras áridas o semiáridas, áreas costeras bajas, áreas inundables e islas pequeñas. La alta densidad de población ha hecho que algunas áreas de por sí; sensibles se hayan vuelto más vulnerables a incovenientes tales como los derivados de tormentas, inundaciones y sequías.

La adaptación al cambio climático puede ser un acto espontáneo o planificado. Por lo general, los individuos, las empresas, los gobiernos y la propia naturaleza, se adaptarán a los impactos del cambio climático sin ninguna ayuda externa. En muchos casos, sin embargo, será necesario una planificación que considere tanto el modo de minimizar los impactos negativos como el modo de obtener beneficios de los positivos. La adaptación planificada puede ser puesta en práctica ya sea con antelación, durante o después del advenimiento de las consecuencias reales.

Existen seis estrategias disponibles para la adaptación al cambio climático. Para evitar pérdidas, pueden tomarse medidas por adelantado, como por ejemplo la construcción de barreras contra el aumento del nivel del mar. Quizás sea posible disminuir las pérdidas hasta un nivel tolerable, mediante por ejemplo, una reorganización de las cosechas que permita asegurar, aún en las peores condiciones, una producción mínima garantida. Si se redistribuyen o comparten las pérdidas, quizás a través de sistemas gubernamentales de auxilio en casos de desastres, puede aliviarse la carga sobre aquellos que sean directamente afectados por el cambio climático. Una comunidad dada puede además modificar un uso o actividad que ya no sea viable, o cambiar la ubicación de una actividad, como por ejemplo, trasladar una represa hidroeléctrica hacia un lugar en el que haya más agua. En algunos casos, por ejemplo cuando un monumento histórico se ha vuelto vulnerable al riesgo de inundaciones, quizás lo mejor sea reconstruir un sitio.

Para lograr estrategias exitosas harán falta ideas y avances en diferentes áreas: derecho, finanzas, economía, tecnología, educación pública, capacitación e investigación. Los avances tecnológicos suelen suministrar nuevas opciones para los sistemas manejados por el hombre como la agricultura y el suministro de agua. Sin embargo, actualmente hay muchas regiones del mundo que acceden a las nuevas tecnologías y a la información de forma limitada. La transferencia tecnológica es fundamental, al igual que la disponibilidad de recursos financieros. Para lograr una adaptación eficaz tanto a nivel nacional como internacional las prácticas culturales, educativas, administrativas, institucionales, legales y regulatorias son igualmente importantes. Por ejemplo, para asegurar que nuevas inversiones en infraestructura contemplen las condiciones futuras probables, puede resultar útil que las planificaciones para el desarrollo sean capaces de incorporar cuestiones acerca del cambio climático.

Muchas políticas de adaptación resultarán sensatas aun cuando no haya cambios climáticos. La variabilidad climática actual, que presenta fenómenos climáticos extremos como inundaciones y sequías, ya es causa de mucha destrucción. Aun sin tomar en cuenta ningún cambio climático de largo alcance temporal, un mayor esfuerzo de adaptación a tales fenómenos podría ser de ayuda para disminuir los daños en el corto plazo.

La incertidumbre dificulta la elaboración de estrategias de adaptación. Aún no es posible cuantificar los impactos futuros de un sistema determinado en un lugar particular. Esto se debe a múltiples razones: son inciertas las predicciones de alcance regional sobre el cambio climático, por lo general es limitado el conocimiento actual acerca de los procesos naturales y socioeconómicos, y la mayoría de los sistemas está sujeta a la interacción de muchas presiones diferentes.

Será difícil detectar los primeros impactos y no pueden excluirse cambios inesperados. En dé;cadas venideras, la detección precisa de cambios inducidos por el clima en la mayoría de los sistemas ecológicos y socioeconómicos resultará sumamente difícil. El conocimiento ha aumentado enormemente en los úlltimos años, pero la investigación y el control continúan siendo esenciales para obtener una mejor comprensión de los impactos potenciales y de las estrategias de adaptación necesarias para enfrentarlos.

Nivel del mar, océanos, y áreas costeras

El promedio mundial del nivel del mar aumentó entre 10 y 25 cm en los úlltimos 100 años. Es probable que este aumento está relacionado en gran medida al incremento de entre 0,3 y 0,6o C de la temperatura promedio global de la atmósfera inferior desde 1860.

 

Los diferentes modelos predicen que el nivel del mar aumentará entre 15 y 95 cm más para el año 2100 (siendo 50 cm la "mejor estimación"). Esto ocurriráa a causa de la expansión térmica del agua de los océanos y de la afluencia de agua dulce proveniente del descongelamiento de los glaciares y el hielo. El aumento previsto es de dos a cinco veces más rápido en comparación al experimentado en los pasados 100 años. La velocidad, magnitud y dirección del cambio en el nivel del mar presentará variaciones locales y regionales en respuesta a la s características de la franja costera, cambios en las corrientes oceánicas, diferencias tanto en los regímenes de mareas como en la densidad del agua oceánica, y movimientos verticales de la propia tierra. Se supone que el nivel del mar continuará aumentando durante cientos de años después de que se estabilicen las temperaturas atmosféricas.

Las zonas costeras y las islas pequeñas son extremadamente vulnerables. En décadas recientes las costas han sido modificadas y han sufrido un desarrollo intenso, por lo que se han vuelto más vulnerables a niveles marítimos más altos. Los países en desarrollo, con sus economías e instituciones débiles, son quienes enfrentan los riesgos más graves. Pero también pueden resultar seriamente afectadas las zonas costeras bajas de los países desarrollados. Considerando el actual grado de protección, se estima que el aumento de un metro en el nivel del mar puede causar pérdidas de tierras de un 0,05% en Uruguay, 1% en Egipto, 6% en los Países Bajos, 17,5% en Bangladesh, y hasta de un 80% en Atolón Majuro de las Islas Marshall.

Se agravarán las inundaciones y la erosión costera. La intrusión de agua salada reducirá la calidad y cantidad de los suministros de agua dulce. Un nivel del mar más alto puede provocar también una mayor cantidad de destrucción por causa de fenómenos extremos como mareas altas, mareas tormentosas, y tsunami (olas marítimas sí;smicas). En un año promedio, 46 millones de personas, la mayoría pertenecientes a países en desarrollo, se ven afectadas por inundaciones provocadas por mareas tormentosas. Los estudios sugieren que si el nivel del mar sube 50 cm, dicha cantidad podría llegar a 92 millones, y si sube un metro, a 118 millones.

El aumento del nivel del mar puede dañar a sectores económicos clave. . . En las zonas costeras se produce gran cantidad de alimento, lo que vuelve particularmente vulnerables a la pesquería, la acuocultura y la agricultura. Otros sectores que corren alto riesgo son el turismo, los asentamientos humanos y los seguros (que recientemente han sufrido pérdidas récord debido a los fenómenos climáticos extremos). El aumento previsto del nivel del mar podría inundar muchas de las tierras bajas del mundo, dañando tierras de cultivo de la costa y desplazando a millones de personas de las comunidades costeras y de las pequeñas islas.

. . . y poner en riesgo la salud humana. El desplazamiento de comunidades víctimas de la inundación, particularmente de aquellas con recursos limitados, aumentaría la exposición y el riesgo a contraer diversas infecciones, enfermedades psicológicas y de otros tipos. Los insectos y otros transmisores de enfermedades podrían propagarse hacia áreas nuevas. También tendrían implicaciones en la salud la destrucción de los sistemas de saneamiento, de drenaje de aguas de tormenta y de depuració;n de aguas residuales (alcantarillado).

Los valiosos ecosistemas costeros correrán serio riesgo. Las áreas costeras contienen algunos de los ecosistemas más diversos y productivos del mundo, incluyendo matorrales de manglares, arrecifes de coral y otras especies marinas. Los deltas bajos y los atolones y arrecifes de coral son particularmente sensibles a los cambios en la frecuencia e intensidad de las lluvias y tormentas. Generalmente el coral crece lo suficientemente rápido como para acompañar el aumento del nivel del mar, pero puede ser afectado por incrementos en las temperaturas marítimas.

También pueden resultar afectados los ecosistemas oceánicos. Además de causar un aumento del nivel del mar, el cambio climático puede reducir la capa de hielo marino y alterar tanto los patrones de circulación oceánica como la mezcla vertical de las aguas y las pautas del oleaje. Ello podría tener un impacto en la productividad biológica, en la disponibilidad de nutrientes y en los ecosistemas marinos, tanto en su estructura ecológica como en sus funciones. El cambio de temperaturas podría causar además cambios geográficos en la biodiversidad, en especial en las regiones de latitudes altas en las que (suponiendo que la luz y los nutrientes permanezcan constantes) se incrementaría el período de crecimiento. Las personas se verán más afectadas por los cambios en las variedades de peces y otras fuentes bióticas que por los impactos en el transporte marítimo (debidos a cambios actuales) y en la obtención de recursos físicos como el petró;leo y la grava. Por último, cualquier cambio en la actividad del plancton podría afectar la capacidad del océano para absorber y almacenar carbono. Ello podría "retroalimentar" el sistema climático, moderando o acelerando el cambio climático.

Diversas fuerzas naturales influirán en el impacto que tendrá la elevación del nivel del mar. Las áreas costeras son sistemas dinámicos. El aumento del agua oceánica interactuará con la sedimentación, las defensas físicas o bióticas (tales como los arrecifes de coral) y otras circunstancias locales. Por ejemplo, en las zonas costeras los suministros de agua dulce serán más o menos vulnerables dependiendo de los cambios tanto en los cursos como en el volumen de agua dulce. La supervivencia de marismas salitrosas y matorrales de manglares depender parcialmente segun sea el grado de sedimentación mayor o menor al aumento local del nivel del mar. En regiones ricas en sedimentos tales como Australia, donde éstos resultan redistribuidos por frecuentes mareas fuertes, es más probable que la sedimentación exceda el aumento del nivel del mar, cosa que no ocurre en ambientes totalmente faltos de sedimentos como el Caribe.

La actividad del hombre también desempeñará su papel. La respuesta natural de los ecosistemas costeros ante el aumento del nivel del mar puede verse limitada y afectada por carreteras, edificios y otro tipo de infraestructura. Lacontaminación, los depósitos de sedimentos y el uso y manejo de la tierra influirán sobre el modo en que las aguas costeras respondan a los impactos del cambio climático y los compensen o no.

Existen diversas opciones políticas para acometer la adaptación al aumento del nivel del mar. Los valores económicos, sociales y culturales sensibles al ambiente están en peligro y las concesiones pueden resultar inevitables. Hasta hace poco la evaluación de posibles estrategias de respuesta se centraba principalmente en la protección, pero varios estudios han mostrado que la protección de islas bajas y áreas de grandes deltas mediante diques de agua y otras barreras tiende a ser algo muy costoso. Un cuadro completo de opciones debería incluir protección (diques, restitución de dunas, creación de pantanos), acuerdos (reglamentos para nuevas edificaciones, protección de ecosistemas en riesgo), y desalojos planificados (regulaciones que impidan nuevos desarrollos costeros). Otros ejemplos específicos incluyen el dragado de puertos, el fortalecimiento de las pesquerías y el fomento de normas de diseño para las edificaciones mar adentro. La "gestión integrada de la zona costera" puede ofrecer una cartera de posibles respuestas a elección, entre las que se incluyen medidas sociales, culturales, legales, estructurales, financieras, económicas e institucionales.

Diversidad biológica y ecosistemas

 

El cambio climático rápido constituirá una amenaza a la diversidad biológica, que es fuente de un enorme valor ambiental, económico y cultural. Un calentamiento de 1 a 3,5 grados C durante los próximos 100 años hará que las zonas climáticas actuales se desplacen hacia los polos aproximadamente entre 100 y 150 km - y entre 150 y 550 m verticalmente - en las regiones de latitud media. Los ecosistemas vírgenes cambiarán su composición y distribución geográfica en la medida en que las especies individuales respondan a las nuevas condiciones. A la vez, los habitats se modificarán y se degradarán, como efecto conjunto del cambio climático, la deforestación y otras presiones ambientales. Las especies que no logren adaptarse lo suficientemente rápido podrían extinguirse, lo que constituiría una pérdida irreversible.

Los bosques se adaptan con lentitud a los cambios de situación. Existen observaciones, experimentos y modelos que demuestran que un aumento sostenido de apenas 1ºC en la temperatura global promedio afectarí;a el funcionamiento y la composición de los bosques. Un pronóstico clásico del cambio climático para el siglo 21 prevé un importante impacto en la composición de las especies de un tercio de los bosques del planeta (con una variación regional entre un séptimo y dos tercios). Podrían desaparecer tipos enteros de bosques, mientras que se establecerían nuevas combinaciones de especies y por ende de ecosistemas. Plagas, enfermedades e incendios pueden contarse entre los efectos que sería provocados por el calentamiento. En la medida en que es de prever que las latitudes altas se calentarán más que las ecuatoriales, los bosques boreales resultarán más afectados que los templados y las selvas.

Los bosques desempeñan un papel importante en el sistema climático. Constituyen un reservorio fundamental de carbono, dado que contienen alrededor del 80% del carbono almacenado en la vegetaón terrestre, y aproximadamente el 40% del carbono existente en los suelos. Durante la transición de un tipo de bosque a otro se emitirá;an grandes cantidades de carbono, ya que la mortandad libera carbono más rápido que lo que el crecimiento puede absorberlo. Además, los bosques tienen un efecto directo en el clima tanto a escala local como regional y continental, debido a su influencia en la temperatura del suelo, la evapo-transpiración,la rugosidad del suelo y el albedo (o reflectividad) de la superficie, la formación de nubes y las precipitaciones.

Los desiertos y los ecosistemas áridos y semi-áridos pueden extremarse. Se prevé que los desiertos se volverán más calientes aunque no mucho más húmedos, salvo contadas excepciones. Las temperaturas más altas pueden amenazar la existencia de organismos que actualmente se encuentran cerca de su límite de tolerancia al calor.

Los tiempos de crecimiento de las praderas pueden resultar alterados. Las praderas alojan aproximadamente el 50% del ganado del mundo y en ellas también pastan animales salvajes. Las variaciones de las temperaturas y de las precipitaciones pueden desdibujar los límites entre los montes bajos, los bosques y otros ecosistemas. En las regiones tropicales tales cambios en el ciclo de evapo-transpiración podrían afectar seriamente la productividad y la mezcla de especies.

Las regiones montañosas ya están bastante afectadas por la actividad del hombre. La pronosticada merma de los glaciares, el permafrost y las capas de nieve afectará la estabilidad de los suelos y de los sistemas hidrológicos (la mayoría de los sistemas fluviales más importantes se origina en las montañas). En la medida en que las especies y los ecosistemas se ven obligados a emigrar montaña arriba, aquellos que ya están confinados a las cimas montañosas a causa de sus registros climáticos, no tendrán dónde ir y se extinguirán. También resultarán afectadas actividades económicas tales como la agricultura, el turismo, la generación de energía hidráulica y la explotación forestal, entre otras. Las poblaciones indígenas de muchos países en desarrollo tendrán dificultades para acceder a sus recursos alimenticios y enérgeticos.

La criosfera se contraerá. La criosfera incluye toda la nieve, hielo y permafrost terrestre. El agua congelada es obviamente muy sensible a los cambios climáticos (los científicos se han servido de este hecho para estudiar los cambios climáticos del pasado). Los modelos climáticos prevén que los glaciares montañosos habrán de disminuir entre un tercio y la mitad durante los próximos 100 años. Esto afectará a su vez tanto a las comunidades y los ecosistemas vecinos como al curso periódico de los ríos y las fuentes de suministro de agua, lo que a su vez afectará a la agricultura y a la generación de energía hidráulica. A pesar de estos fuertes efectos, no se espera que las cubiertas de hielo de Groenlandia y la Antártida cambien demasiado durante los próximos 50 o 100 años.

Los humedales también se verán reducidos. Estas areas anegadas y abiertas suministran refugio y preservan los ciclos de vida de muchas especies. También son de ayuda para mejorar la calidad del agua y para controlar las inundaciones y sequías. Estudios de diversos paí;ses sugieren que un clima más cálido contribuirá al debilitamiento de loshumedales por medio de una mejor evaporación. Al alterar sus regímenes hidrológicos, el cambio climático tendrá influencia en las funciones biológicas, biogeoquímicas e hídricas de estos ecosistemas, así como en su distribución geográfica.

El hombre puede tomar medidas que apunten a favorecer la adaptación de los ecosistemas naturales al cambio climático. La creación de corredores migratorios y la asistencia a la migración de las especies particulares podrían beneficiar los ecosistemas forestales. También la reforestación y la "gestión integrada" de incendios, plagas y enfermedades podrían contribuir a ello. Las praderas podrían ser mantenidas mediante la selección efectiva de especies vegetales, el control sobre las reservas de ganado y nuevas estrategias de pastoreo. Las tierras pantanosas pueden ser recuperadas e incluso creadas. Las tierras que se volvieron desérticas pueden adaptarse mejor si se fomentan las especies más tolerantes a la sequía y se mejoran las prácticas de conservación del suelo.

La respuesta internacional al cambio climático: historia

 

La Primera Conferencia Mundial sobre el Clima reconocióen 1979 que el cambio climático es un problema grave. Este encuentro científico investigó acerca de cómo el cambio climático puede afectar la actividad del hombre y formuló una declaración en la que se exhortaba a todos los gobernantes "a controlar y prever potenciales cambios en el clima provocados por el hombre que pudiesen resultar adversos al bienestar de la humanidad". También ratificó planes para establecer un Programa Mundial de Investigación del Clima (PMC) bajo la responsabilidad compartida de la Organización Meteorológica Mundial (OMM), el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA) y el Consejo Internacional de las Uniones Científicas (CIVC).

A fines de la década de los 80 y comienzos de la de los 90 se realizaron una serie de conferencias intergubernamentales centradas en el cambio climático. Además de aumentar el cúmulo de evidencia científica, estas conferencias ayudaron a que creciera la conciencia internacional acerca de la problematicidad del tema. Entre los participantes figuraron formuladores de políticas de los diversos estados, científicos y medio-ambientalistas. En los encuentros se trataron temas tanto científicos como políticos y se llamó a la acción mundial. Los eventos clave fueron la Conferencia Villach (octubre de 1985), la Conferencia de Toronto (junio de 1988), la Conferencia de Ottawa (febrero de 1989), la Conferencia de Tata (febrero de 1989), la Conferencia y Declaración de La Haya (marzo de 1989), la Conferencia Ministerial de Noordwijk (noviembre de 1989), el Acuerdo de El Cairo (diciembre de 1989) y la Conferencia de Bergen (mayo de 1990).

ElPanel Intergubernamental sobre Cambio Climático (IPCC) realizó el Primer Informe de Evaluación en 1990. A este Grupo, establecido en 1988 por PNUMA y OMM, se le encomendó evaluar el grado de conocimiento existente sobre el sistema climático y el cambio que lo afecta; los impactos ambientales, económicos y sociales de dicho cambio; y las posibles estrategias de respuesta. El IPCC publicó sus resultados junto con una rigurosa revisión de la literatura científica y técnica existente en el mundo. El Primer Informe de Evaluación, que fue cuidadosamente estudiado por expertos y representantes de los gobiernos, confirmó la evidencia científica acerca del cambio climático y posibilitó que los gobiernos comenzaran a basar sus decisiones políticas en la información más actualizada. El Informe tuvo un efecto poderoso tanto en los formuladores de políticas como en el público en general y aportó la base para las negociaciones de la Convención sobre el Cambio Climático.

En 1990 la Segunda Conferencia Mundial sobre el Clima convocó a la realización de un tratado marco sobre el cambio climático. Con el apoyo de OMM, PNUMA y otras organizaciones internacionales, esta conferencia clave dio lugar a negociaciones y discusiones a nivel ministerial entre 137 estados, más los de la Comunidad Europea. La declaración final, adoptada después de un difícil ajuste entre las partes, no especificó ninguna meta internacional para reducir las emisiones. Sin embargo, aportó un conjunto de principios que luego fueron incluidos en la Convención sobre el Cambio Climático. Estos principios versaban sobre el cambio climático como una "preocupación común a toda la humanidad", la importancia de la equidad, las "responsabilidades comunes aunque diferenciadas" de los países -de acuerdo con sus diferentes niveles de desarrollo-, el desarrollo sustentable, y el principio de precaución.

En diciembre de 1990 la Asamblea General de la ONU aprobó el inicio de las negociaciones del tratado. El Comité Intergubernamental de Negociación para la Convención Marco sobre el Cambio Climático (CIN/CMCC) se reunió durante cinco sesiones entre febrero de 1991 y mayo de 1992. Ante una fecha tope - la "Cumbre de la Tierra" de Río, en junio de 1992 - los negociadores de 150 países debieron concluir la Convención en sólo 15 meses. Esta fue aprobada el 9 de mayo de 1992, en Nueva York.

La Convención Marco sobre el Cambio Climático de la ONU de 1992 fue suscrita en Río de Janeiro por 154 estados (ademá;s de la CE). Veinte años después de que la Declaración de Estocolmo de 1972 fijara por primera vez las bases de la política ambientalista contemporánea, la Cumbre de la Tierra se convirtió en el encuentro de jefes de estado más grande de la historia. Otros acuerdos aprobados en Río fueron la Declaración de Río, la Agenda 21, la Convención sobre Diversidad Biológica, y los Principios Forestales.

La Convención comenzó a regir el 21 de marzo 1994. Esto fue 90 días después de haber recibido el quincuagésimo instrumento de ratificación (después de la firma de una convención el estado está obligado a ratificarla). El siguiente hito ocurrió el 21 de setiembre, cuando las partes conformadas por países desarrollados comenzaron a presentar comunicados nacionales en los que describían sus estrategias para el cambio climático. Entre tanto, el CIN continuó su trabajo preparatorio que incluyó otras seis nuevas sesiones en las que se trataron temas relacionados con los compromisos, acuerdos para los mecanismos financieros, apoyo técnico y financiero para los países en desarrollo, y cuestiones institucionales y de procedimiento. El CIN fue disuelto en febrero de 1995 después de su undécima y última sesión y la Conferencia de las Partes (COP) se convirtió en la máxima autoridad de la Convención.

La Conferencia de las Partes mantuvo su primera sesión en Berlín, desde el 28 de marzo al 7 de abril de 1995. En la COP-1 participaron delegados de 117 Partes y de 53 estados observadores, junto a más de dos mil observadores y periodistas. Los delegados concordaron en que los compromisos para los países en desarrollo contenidos en la Convención eran inadecuados e iniciaron las conversaciones sobre compromisos adicionales correspondientes al "Mandato de Berlín". También repasaron la primera ronda de comunicados nacionales y completaron gran parte de la maquinaria institucional y financiera necesaria para apoyar las medidas pautadas por la Convención durante los años venideros.

El IPCC aprobó su Segundo Informe de Evaluación en diciembre de 1995. Publicado en abril de 1996, el Segundo Informe de Evaluación fue escrito y revisado por unos 2.000 científicos y expertos de todo el mundo. Este informe fue rápida y ampliamente conocido porque concluía que "el cúmulo de la evidencia sugiere que existe una influencia humana discernible sobre el clima mundial". Sin embargo, el informe no se agotó en ello y, por ejemplo, confirmóque las llamadas opciones "sin remordimientos" y otras estrategias reductoras de costos están disponibles para combatir el cambio climático. El IPCC producirá una serie de artículos técnicos e informes especiales antes de la publicación de su Tercer Informe de Evaluación en el año 2001.

La COP continuará reuniéndose periódicamente. La COP-2 fue realizada en el Palacio de las Naciones de Ginebra entre el 8 y 19 de junio de 1996. La COP-3 se desarrolló entre el 1º y 12 de diciembre de 1997 en Kyoto, Japó;n. De ella se esperaba la aprobación de un "protocolol" que comprometiera a los países desarrollados a reducir sus emisiones de gases de efecto invernadero a partir del año 2000. Ello ocurrió junto con otras decisiones al adoptarse por consenso el denominado protocolo de Kyoto también continuará revisando los comunicados nacionales y promoviendo otras actividades de apoyo a la Convención. Los resultados de la COP-3 y la esperanza es que la COP-4 resulte exitosa, contribuiran a generar el ímpetu necesario para combatir el cambio climático en el siglo 21.

La Convención sobre el Cambio Climático

 

La Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático es la pieza clave de los esfuerzos mundiales tendientes a combatir el calentamiento mundial. Fue aprobada en 1992 en la Cumbre de la Tierra de Río, y su objetivo fundamental es "la estabilización de las concentraciones atmosfé;ricas de gases de efecto invernadero en un nivel que evite la interferencia antropogénica (obra del hombre) en el sistema climático. Dicho nivel deberá ser alcanzado en un plazo que no sólo permita la adaptación natural de los ecosistemas al cambio climático, sino que también asegure que la producción de alimentos no corra riegos, y que además permita que el crecimiento económico continúe de forma sustentable"

La Convención establece algunos principios rectores. El principio de precaución indica que la falta de certidumbre científica absoluta no debería ser usada como excusa para posponer la intervención ante una amenaza de un daño grave o irreversible. El principio de la "responsabilidad común aunque diferenciada" de los estados confiere la iniciativa en el combate del cambio climático a los países desarrollados. Los otros principios refieren a las necesidades especiales de los países en desarrollo y a la importancia de la promoción del desarrollo sustentable.

Tanto los países desarrollados como aquellos en desarrollo adhieren a un conjunto de compromisos generales. Todas las Partes elaborarán y presentarán "comunicados nacionales" que contendrán inventarios de las emisiones de gases de efecto invernadero según sus fuentes así como de las eliminaciones correspondientes según sus sumideros. Las Partes adoptarán programas nacionales para mitigar el cambio climático y desarrollarán estrategias para adaptarse a sus impactos. Igualmente, promoverán la transferencia tecnológica y la gestión sustentable, al igual que la conservación y la ampliación tanto de los sumideros de los gases de efecto invernadero como de sus "depósitos" (los bosques y los océanos). Asimismo, las Partes tendrán en cuenta el cambio climático en la formulación de políticas sociales, económicas y ambientales, cuando ello sea pertinente. Además, cooperarán en cuestiones científicas, técnicas y educativas y promoverán la educación, la conciencia pública y el intercambio de información en lo relativo al cambio climático.

Los países industrializados asumen varios compromisos específicos. La mayoría de los miembros de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), junto a los estados de Europa Central y Oriental - llamados Partes del Anexo 1 - se comprometen a adoptar políticas y medidas tendientes a estabilizar sus emisiones de gases de efecto invernadero en los niveles de 1990 para el año 2000. Deben además presentar regularmente comunicados nacionales con el detalle de sus estrategias ante el cambio climático. Varios estados pueden adoptar una meta conjunta respecto a las emisiones. Los países de la OCDE deberán implementar las medidas más fuertes, mientras que aquellos que se encuentran en transición hacia una economía de mercado gozarán de cierto grado de tolerancia.

Los países más ricos deberán suministrar "recursos financieros nuevos y adicionales" y deberán facilitar la transferencia tecnológica. Los llamados países del Anexo II (esencialmente los de la OCDE) financiarán el "costo total acordado" de los gastos en que incurran los países en desarrollo para presentar sus comunicados nacionales. Estos fondos deben ser "nuevos y adicionales" antes que reasignados a partir de fondos de asistencia al desarrollo ya existentes. Los países del Anexo II colaborarán asimismo en el financiamiento de otros proyectos relacionados con la Convención, al igual que promoverán y financiarán la transferencia o el acceso a tecnologías que no dañen el ambiente, en especial en relación a las Partes que son países en desarrollo. La convención reconoce que el grado de cumplimiento de los compromisos de las Partes que son países en desarrollo dependerá del apoyo tecnológico y financiero de los países desarrollados.

El órgano supremo de la Convención es la Conferencia de las Partes. Esta comprende a todos los estados que ratificaron la Convención (alrededor de 165 a fines de 1996). La primera conferencia se desarrolló en Berlín en 1995 y continuarán reuniéndose anualmente, a menos que las Partes decidan otra cosa. El rol de la Conferencia de las Partes es promover y revisar la instrumentación de la Convención. Además revisará periódicamente los compromisos establecidos a la luz del objetivo de la Convención, las nuevas conclusiones científicas y la eficacia de los programas nacionales referentes al cambio climático. La COP puede asumir nuevos compromisos mediante enmiendas y protocolos.

La Convención también crea dos órganos subsidiarios. El órgano subsidiario para el Asesoramiento Científico y Tecnológico (SBSTA) suministra a la COP información y asesoramiento pertinentes acerca de cuestiones científicas y tecnológicas relativas a la Convención. El órgano Subsidiario para la Implementación (SBI) colabora en la evaluación y revisión de la instrumentación de la Convención. En la COP-1 se crearon dos órganos más: el Grupo Ad-Hoc para el Mandato de Berlín (AGBM) y el Grupo Ad-Hoc sobre el Artículo 13 (AG13).

Un mecanismo financiero otorga fondos en base a concesiones o subvenciones. La Convención establece que este mecanismo debe ser controlado por la Conferencia de las Partes, ante la que debe responder. Es la Convención la que decidirá sus políticas, las prioridades programáticas y los criterios de eligibilidad. Todas las Partes deben estar representadas de manera igualitaria y equilibrada en un sistema de gobernabilidad transparente. La ejecución del sistema financiero será confiada a una o más entidades internacionales. Provisoriamente, la Convención asignó este rol al Fondo Mundial del Marco Ambiente ( FMMA ) Global Environment Facility y la COP-1 le extendió esa función por cuatro años más.

Un secretariado asiste a la Conferencia de las Partes y sus cuerpos auxiliares. El secretariado interino que estuvo en funciones durante la negociación de la Convención se convirtió en el secretariado permanente desde el 1º de enero de 1996. El secretariado organiza las reuniones de la COP y sus cuerpos auxiliares, escribe los borradores de los documentos oficiales, se ocupa de los encuentros, compila y transmite los informes que le son presentados, asiste a las Partes en la compilación y comunicación de información, coordina con los secretariados de otros cuerpos internacionales pertinentes, e informa acerca de sus actividades a la COP.

Cómo es que la actividad del hombre produce gases de efecto invernadero

Las actividades más importantes del hombre emiten gases de efecto invernadero (GHG). A lo largo de 1800, debido a la Revolución Industrial y a los cambios en el uso de la tierra, las emisiones aumentaron drásticamente. Actualmente muchas actividades que emiten gases de efecto invernadero son, además de esenciales para la economía global, una parte fundamental de la vida moderna.

 

La fuente particular más importante de emisión de gases de efecto invernadero dependiente de la actividad del hombre es la quema de combustibles fósiles, que produce dióxido de carbono. El abastecimiento y el uso de combustibles fósiles aportan unos tres cuartos del total de las emisiones de dióxido de carbono (CO2) que derivan de la actividad del hombre (el equivalente en 1992 a cerca de 5900 millones de toneladas métricas de carbono); un quinto de las de metano (CH4), y una cantidad significativa de las de óxido nitroso (N2O). También produce óxidos de nítrógeno (NOx), hidrocarburos (Hcs), y monóxido de carbono (CO), los que, aunque no son en sí gases de efecto invernadero, influyen en los ciclos químicos que en la atmósfera crean o destruyen otros gases de efecto invernadero, tales como el ozono troposférico. Por otro lado, las emanaciones de los aerosoles de sulfato provocados por la quema de los combustibles operan como una máscara transitoria sobre parte del calentamiento causado por los gases de efecto invernadero.

La mayoría de las emisiones asociadas con el uso de energía deriva de la quema de combustibles fósiles. La mayor parte de la energía requerida para la producción de electricidad, la circulación de automóviles, la calefacción de los hogares y el funcionamiento de las fábricas proviene del petróleo, el gas natural y el carbón (que es el combustible fósil que emite la mayor cantidad de carbono por unidad de energía). Si un combustible se quemara completamente, el dióxido de carbono sería el único producto secundario de la combustión que contendría carbono. Pero generalmente la combustión es incompleta, por lo que además se produce monóxido de carbono y otros hidrocarburos. El óxido nitroso y otros óxidos de nitrógeno se producen porque la combustión provoca que el nitrógeno (del combustible o del aire) se combine con el oxígeno presente en el aire. La combinación de este último con el azufre que proviene básicamente del carbón y del fuel oil pesado, da lugar a la formación de óxidos de azufre (Sox). Los aerosoles de sulfato así resultantes tienen un efecto de enfriamiento en la atmósfera.

También emiten gases de efecto invernadero la extracción, el procesamiento, el transporte y la distribución de combustibles fósiles. Esas emanaciones pueden incluso ser deliberadas, como cuando se enciende o se deja escapar el gas natural de los pozos petrolíferos. En ambos casos se emite básicamente dióxido de carbono y metano, respectivamente. Las emanaciones pueden ser también el resultado de accidentes, de un mal mantenimiento o de pequeñas fugas, sea en la boca de los pozos como en los ajustes de la tubería o en las líneas de tuberías. El metano, que en los yacimientos de carbón aparece naturalmente en forma de depósitos de gas o "disuelto" en el propio carbón, se desprende cuando se extrae el carbón de las minas o cuando se lo pulveriza. Los hidrocarburos ingresan a la atmósfera como consecuencia de derrames de petróleo de buques-cisterna o a causa de pequeñas pérdidas durante el proceso de combustión en los vehículos a motor.

La segunda gran fuente de dióxido de carbono es la deforestación. Cuando se destruyen bosques, con fines agrícolas o para realizar obras, la mayor parte del carbono de los árboles quemados o en descomposición escapa hacia la atmósfera. Sin embargo, cuando se plantan nuevos bosques, los árboles en crecimiento absorben el dióxido de carbono y lo extraen de la atmósfera. La deforestación neta más reciente se ha dado principalmente en los trópicos. Las emisiones provenientes de la deforestación son un tema de gran incertidumbre científica, pero se estima que cada año se liberan mundialmente entre 600 millones y 2600 millones de toneladas de carbono por esa causa.

La producción de cal (óxido de calcio) para hacer cemento aporta el 2,5% de las emisiones de CO2 provenientes de fuentes industriales. Al igual que el CO2 emitido por los combustibles fósiles, el dióxido de carbono emanado durante la producción de cemento deriva de la piedra caliza, por lo que es de origen fósil, y en particular de las conchas marinas y de otras biomasas enterradas en antiguos sedimentos oceánicos.

Los animales domésticos emiten metano. El metano, que es el gas de efecto invernadero más importante después del dióxido de carbono, es producido por las reses, vacas lecheras, búfalos, cabras, ovejas, camellos, cerdos y caballos. La mayoría de las emisiones de metano relacionadas con el ganado surgen de la "fermentación intestinal" de los alimentos producida por bacterias y otros microbios en el tracto digestivo de los animales. Otra fuente de metano es la descomposición del estiércol. Es así que el ganado aporta cerca de un cuarto de las emisiones de metano causadas por la actividad del hombre, totalizando unos 100 millones de toneladas anuales.

El cultivo de arroz libera metano . . . Los arrozales (cultivados en humedales/"wetland" and "paddy" rice farming) producen, a grosso modo, entre un quinto y un cuarto de las emisiones de metano derivadas de la actividad del hombre. Conformando más del 90% de la producción total de arroz, el arroz de los humedales se cultiva en tierras que durante la mayor parte de la estación de crecimiento están inundadas o son irrigadas. Las bacterias y otros microorganismos del suelo del arrozal inundado descomponen la materia orgánica y producen metano.

. . . como así también la eliminación y el tratamiento de la basura y los desperdicios humanos. Cuando los desperdicios se queman en un basural, tarde o temprano padecen una descomposición anaeróbica (libre de oxígeno) y emiten metano (y algo de dióxido de carbono). A menos que sea capturado y utilizado como combustible, el metano escapa hacia la atmósfera. Esta fuente de metano es más común en la proximidad de las ciudades, en las que los desperdicios de muchos hogares son arrojados a un gran basural, que en áreas rurales donde habitualmente o bien se quema la basura o bien se la deja para que se descomponga al aire libre. Cuando los deshechos humanos (aguas residuales) son procesados anaeórbicamente, por ejemplo en estanques o piletas anaeróbicas, también se emite metano.

El uso de fertilizantes aumenta las emisiones de óxido nitroso. El nitrógeno contenido en muchos fertilizantes acrecienta los procesos naturales de nitrificación y desnitrificación llevados a cabo por bacterias y otros microbios en el suelo. Estos procesos convierten algo de nitrógeno en óxido nitroso. La cantidad de N2O emitido por cada unidad de nitrógeno aplicada al suelo depende del tipo y cantidad de fertilizante, las condiciones del suelo y el clima: una ecuación compleja y aún no bien comprendida.

La industria crea clorofluorcarbonos (CFCs) y otros halocarburos para utilizarlos en varios productos y procesos industriales. Desarrollados en la década de los 20, los CFC comenzaron a ser liberados en grandes cantidades recién a partir de 1950. Estos han sido diversamente utilizados: como propelentes en los envases de aerosol; en la fabricación de espuma de plástico para almohadones y otros productos; en los serpentines de refrigeración en heladeras y acondicionadores de aire; como extintores de fuego, y como solventes para la limpieza. Como resultado del Protocolo de Montreal relativo a las sustancias que agotan la capa de ozono se han estabilizado casi por completo algunas de sus concentraciones atmosféricas, por ejemplo, la de CFC-11, y se espera que éstas continúen bajando en las próximas décadas. Algunos compuestos que han sido presentados como substitutos de los CFC, como los "HCFCs", si bien provocan un daño menor a la capa de ozono, son sin embargo gases de potente efecto invernadero.

Limitar las emisiones: un desafío para los formuladores de políticas

El cambio climático tendrá consecuencias económicas. Los perjuicios que causaría, al igual que las medidas que las personas tomen para adaptarse al nuevo régimen climático impondrán costos de mercado, cuantificables, y otros costos no cuantificables, que no son del mercado. El hecho de que algunos tipos importantes de daños no sean fácilmente monetarizables determina que las estimaciones actuales tengan un alto grado de incertidumbre.

La distribución de los daños sará despareja, y a veces irreversible. Si bien los países desarrollados son responsables de más de dos tercios de las emisiones históricas de gases de efecto invernadero, y de aproximadamente el 75% de las emisiones anuales actuales, en virtud de sus fuertes economías e instituciones se encuentran en mejor posición que otros países para hacer frente a los cambios en el clima. En un mundo en el que los niveles de dióxido de carbono dupliquen los niveles preindustriales, los costos anuales de los países desarrollados podrían estar entre un 1 y un 3% de su producto bruto interno total (PBI). Para los países en desarrollo, los costos estimados se encuentran entre el 2% y el 3% de su PBI. Señalamos nuevamente que estas estimaciones sólo tienen en cuenta los daños fácilmente monetarizables, y por lo tanto minimizan los posibles costos. Algunos estudios han establecido un "índice de vulnerabilidad" que muestra que los países en desarrollo son, en promedio, unas dos veces más vulnerables a los impactos negativos del cambio climático que los países desarrollados, mientras que los pequeños países en desarrollo insulares, lo son alrededor de tres veces más.

Las políticas tendientes a minimizar los riesgos mediante la disminución de las emisiones de gases de efecto invernadero tendrán también su precio. Las estimaciones acerca de cuánto costarán tales medidas varían mucho. Por ejemplo, los costos estimados para lograr estabilizar las emisiones de los países desarrollados varían entre -0,5% del PBI (es decir, un ahorro neto de 60 mil millones de dólares) y +2% del PBI (lo que equivale a una pérdida neta de 240 mil millones de dólares). Los costos (y los beneficios potenciales) de las medidas de adaptación resultan menos claros. Sin embargo, parece que tanto para la reducción de emisiones como para la adaptación al cambio climático, los formuladores de políticas pueden muchas veces apuntar a minimizar el daño causado por éste, beneficiando a la vez sus economías nacionales.

Si bien parece inevitable que haya al menos algún daño provocado por el cambio climático inducido por el hombre, los formuladores de políticas pueden tratar de limitar los riesgos que acarrearía. El clima terrestre se ha venido enfriando y calentando periódicamente en ciclos naturales que han durado desde décadas hasta milenios. El clima continuará variando, a causa de estos ciclos y del efecto invernadero ampliado por el hombre. Sin embargo, los peligros que entraña el cambio climático rápido provocado por la actividad del hombre, son cualitativamente distintos de los que fueran planteados por las variaciones climáticas que la humanidad experimenta desde los albores de la civilización. La Convención sobre el Cambio Climático no busca evitar todos los cambios climáticos futuros inducidos por el hombre, sino que más bien procura minimizarlos y disminuir su velocidad, con el fin de asegurar que los ecosistemas y las sociedades puedan adaptarse.

Las políticas acerca del cambio climático deben ser consideradas parte esencial del desarrollo sustentable. Las medidas para enfrentar el cambio climático pueden promover el desarrollo socioeconómico y la protección ambiental (como, por ejemplo, la reducción del smog urbano). Las estrategias frente al cambio climático deben ser integradas a los planes nacionales para el desarrollo, en todos los sectores económicos.

El tomar medidas con antelación para limitar los riesgos del cambio climático puede redituar en múltiples beneficios. Muchos investigadores creen que es posible reducir los perjuicios provocados por el cambio climático y los costos de adaptación a él, generando a la vez beneficios económicos, como sistemas energéticos que reduzcan más los costos y una mayor innovación tecnológica. Algunas políticas sobre el cambio climático pueden brindar beneficios ambientales locales y regionales, como la disminución de la polución del aire y un aumento de la protección forestal y por ende, de la biodiversidad. La literatura científica, técnica y socioeconómica muestra que en la mayoría de los países estas medidas "sin remordimientos" ya serían practicables. También sugiere que, si tomamos en conjunto el peligro de un daño neto, la preocupación por la aversión al riesgo y el principio de precaución, ellos suministran una base racional para la adopción de medidas que superen a las "sin remordimientos" en cuanto a que sean iniciativas destinadas a reducir las emisiones y que en la práctica tengan un costo neto incluso más allá de los beneficios relacionados al cambio climático.

Los formuladores de políticas no deben desestimar la importancia de la equidad. No es fácil seleccionar políticas que a la vez que eficientes en los costos, sean justas. Si bien la tradición económica investiga en profundidad cómo formular políticas flexibles y de reducción de costos, tiene poco que decir acerca de la equidad. Debido a que los países difieren considerablemente en su vulnerabilidad al cambio climático, los costos por daños y los de adaptación mostrarán gran variedad, a menos que se realicen esfuerzos especiales para redistribuirlos. Los formuladores de políticas pueden proceder a alcanzar soluciones equitativas si promueven la creación de potencialidades (capacity building) en los países más pobres y si procuran que las decisiones colectivas se alcancen de forma confiable y transparente. También podrían desarrollar mecanismos institucionales y financieros que permitan compartir los riesgos entre los distintos países.

El hecho de que algunos de los impactos del cambio climático no se harán sentir hasta dentro de muchas décadas, plantea además el tema de la equidad intergeneracional. Las generaciones futuras no pueden influir directamente en la elección de las políticas actuales. Más aún, puede que no sea posible compensarlas en el caso de que haya algún efecto negativo sobre su bienestar. Esta preocupación debe ser tenida en cuenta en las políticas actuales.

Para que las políticas sean efectivas, deben ser apoyadas por el público así como por grupos de interés clave. En el recorte de las emisiones los gobiernos no pueden actuar aisladamente: los individuos, las comunidades y las empresas también deben cooperar. La educación y la información pública son vitales. Por ejemplo, una mayor conciencia en lo relativo a la energía motivará a las personas para que adopten algunos pequeños cambios en sus estilos de vida, como por ejemplo preferir el transpote colectivo, utilizar luces y aparatos más eficientes y reutilizar materiales con el fin de reducir la explotación de los recursos naturales. Las autoridades locales podrían comenzar reestructurando las comunidades con el fin de minimizar los trayectos diarios, por ejemplo disponiendo las casa habitación cerca de las oficinas y los locales comerciales. Podrían también introducir estándares que fomenten el diseño de edificios que aprovechen al máximo la luz y la calefacción de origen solar. Es posible efectuar muchos otros cambios en los estilos de vida de alto consumo de los países ricos.

A nivel internacional también es esencial la cooperación. Hay diferentes posturas acerca de la necesidad de una coordinación global en lo relativo a las distintas medidas y políticas. Los defensores de la coordinación argumentan que ésta permite garantizar justicia y un "terreno de juego ecuánime" para las empresas. Los opositores creen que la flexibilidad a nivel nacional tiene un mejor impacto en los costos. Sin embargo, existe un consenso más generalizado cuando se trata de la necesidad de alcanzar metas y cronogramas acordados internacionalmente para la reducción de las emisiones y para la cooperación financiera y tecnológica. Los formuladores de políticas deben entonces ser sensibles tanto a las condicionantes nacionales como a las preocupaciones y tendencias internacionales.

La respuesta prudente ante el cambio climático consiste en adoptar una cartera de medidas que apunten a la mitigación, la adaptación y la investigación. La literatura económica sugiere que la combinación óptima de políticas necesariamente presentará variaciones, según los diferentes países y en el correr del tiempo. El desafío no consiste en que todos los países se pongan de acuerdo en cuál es la mejor política y la mantengan durante los siguientes cien años. Más bien, cada país deberá seleccionar una estrategia prudente y deberá ajustarla en el correr del tiempo a la luz de nueva información y de las circunstancias cambiantes. Al elaborar una cartera de opciones equilibrada y que tienda a reducir las emisiones, a adaptarse al cambio climático y a mejorar la base de conocimientos sobre él, los formuladores de políticas nacionales pueden lograr que los riesgos del cambio climático rápido disminuyan, fomentando a la vez el desarrollo sustentable.

Acerca de la formulación de políticas que sean eficientes en atención a los costos

Se puede minimizar el costo de las políticas sobre cambio climático mediante estrategias "sin remordimientos". Estas estrategias tienen un sentido económico y ambiental al margen de si el mundo se encuentra o no ante un cambio climático acelerado. Pese a sus múltiples discrepancias, los economistas coinciden en que durante las próximas dos o tres décadas se podrá aumentar la eficiencia energética entre un 10 y 30% por encima de las tendencias actuales a un costo neto nulo, e incluso con ganancias netas. Actualmente se dispone de un amplio espectro de políticas reductoras de costos que son técnicamente factibles. A modo de ejemplo, un aumento de la eficiencia energética no sólo reduce las emisiones de gases de efecto invernadero sino que también puede hacer que los países y las industrias se vuelvan más competitivos en los mercados internacionales. Si bien las políticas "sin remordimientos" están perfectamente justificadas por sí mismas, tanto el principio de precaución como el daño neto que derivaría del cambio climático, justifican la adopción de políticas que trasciendan las medidas "sin remordimientos".

 

Aunque la acción inmediata puede parecer a veces más costosa que la acción retardada, los retrasos pueden implicar un riesgo mayor y, en consecuencia, mayores costos a largo plazo. Los gobiernos pueden optar por realizar el corte gradual de emisiones de manera rápida o lenta. Esta elección supone que se haga un balance de los costos económicos de las acciones tomadas con antelación (incluyendo el riesgo del retiro prematuro del stock de capital todavía utilizable) en relación a los costos correspondientes a la demora en tomar medidas. Un riesgo que entraña la demora es que podría "trancar" por muchos años los bienes de capital que conforman los modelos actualmente disponibles, que producen emisiones elevadas. Si las personas se convencieran de que es necesaria una reducción rápida de las emisiones, esas inversiones deberían ser retiradas prematuramente, a un costo mayor. Un apoyo temprano al control de las emisiones permitiría que, en el largo plazo, el trabajo de la humanidad en pos de la estabilización de las concentraciones atmosféricas de los gases de efecto invernadero pueda hacerse de con más flexibilidad.

En la ecuación de costos se deben considerar muchas variables. En ella tendrán su parte los cronogramas y plazos acordados internacionalmente para la reducción de las emisiones; la población mundial y las tendencias económicas, y el desarrollo de nuevas tecnologías. Los formuladores de políticas deben atender además a la tasa de reemplazo del capital (la que está en relación a la vida útil natural del equipamiento); a la gama de tasas de descuento que los economistas emplean para calcular un valor actual en relación a sus beneficios futuros (lo que incide en las decisiones de inversión), y a las posibles iniciativas que la industria y los consumidores pueden emprender en respuesta al cambio climático y a las políticas relacionadas a él.

Muchas de las políticas que apuntan a reducir los costos, requieren que los mercados nacionales reciban las señales económicas y regulatorias apropiadas. Las políticas tendientes a reducir las distorsiones de los precios y los subsidios pueden incrementar la eficiencia de los mercados agrícola, de energía y del transporte, entre otros. Las señales que resulten consistentes y apropiadas fomentarán la investigación y brindarán a productores y consumidores la información necesaria para adaptarse a las restricciones futuras sobre las emisiones de gases de efecto invernadero. Por ejemplo, si se adoptan políticas y medidas con la antelación suficiente como para permitir que las empresas realicen sus reemplazos de stocks de capital al final de su vida útil, entonces los costos de adaptación y mitigación serán mucho más bajos que si se da el caso de que las empresas se vean forzadas a retirar su capital en forma prematura.

Se pueden emplear incentivos económicos para inducir a inversores y consumidores. Por lo general los incentivos que se basan en el mercado pueden resultar más flexibles y eficaces que las políticas regulatorias aisladas. Por ejemplo, los sistemas de reembolso de depósitos pueden alentar a las personas a que sustituyan sus autos y aparatos por modelos de mayor eficiencia energética. Las normas tecnológicas y de desempeño pueden recompensar a los fabricantes que vendan bienes orientados al clima y penalizar a aquellos que no lo hagan. En la modificación del comportamiento de consumidores y productores también pueden resultar eficaces los subsidios focalizados, los acuerdos voluntarios para el logro de metas apropiadas y la inversión gubernamental directa.

La introducción o eliminación de impuestos o subsidios puede incorporar a los precios las cuestiones del cambio climático. Por ejemplo, un impuesto sobre los contenidos de carbono del petróleo, el carbón y el gas tendría como efecto desalentar el uso de combustibles fósiles y en consecuencia se reducirían las emisiones de dióxido de carbono. Algunos países industrializados ya han realizado ensayos con impuestos sobre el carbono. Muchos economistas consideran que a través de esos impuestos se lograría disminuir las emisiones de CO2 a un costo mínimo. Sin embargo, dado que los impuestos permiten a los individuos y las empresas la flexibilidad para poder elegir cómo reaccionar ante ellos, resultarían menos efectivos en lo que atañe a garantizar que se alcance un nivel estipulado de emisiones. Los impuestos deben estar bien diseñados y administrados para que resulten efectivos. Varios estudios económicos muestran que éstos pueden aparejar ganancias económicas netas, a condición de que no afecten las rentas públicas y de que sustituyan a otros impuestos inhibidores de la inversión y el empleo. Pese que dichos impuestos tienden a ser un tanto regresivos, al requerir que los hogares más pobres gasten por concepto de facturas de energía un porcentaje de sus ingresos mayor que el gastado por los hogares más ricos, es posible ajustar otros impuestos y transferencias con el fin de eliminar este impacto negativo.

Los permisos de emisión comerciables también pueden ofrecer una opción eficiente y orientada al mercado. Los permisos operan de la siguiente manera: primero, el gobierno debe decidir cuántas toneladas de un determinado gas pueden ser emitidas cada año. A continuación, habrá de dividir esa cantidad en un número determinado de derechos de emisión comerciables - probablemente calculados en toneladas de equivalente de CO2 - para luego asignarlos o venderlos a las empresas. De este modo, cada una de ellas obtiene una alícuota de emisión de gases de efecto invernadero. Posteriormente las fuerzas del mercado toman el control. Para aquellos contaminadores que puedan reducir sus emisiones de un modo relativamente barato, resultará rentable hacerlo y luego vender sus permisos a otras empresas. En cambio, aquellos que consideren que el recorte de las emisiones es oneroso, pueden encontrar atractivo el adquirir más permisos. Los permisos de emisión comerciables ya se utilizan en EE.UU. para ciertos contaminantes, pero no para gases de efecto invernadero. Los gobiernos pueden además instaurar un régimen de comercialización internacional de permisos, aunque éste planteará los desafíos de resolver cómo asignarlos por primera vez y de asegurarse de que las emisiones no excedan la cantidad permitida.

Nuevas tecnologías y políticas energéticas

 

La producción y el uso de la energía son las fuentes principales de las emisiones de gases de efecto invernadero provocadas por la actividad del hombre. La combustión de carbón, petróleo y gas natural aporta aproximadamente tres cuartos del total de las emisiones de dióxido de carbono, es decir alrededor de 6000 millones de toneladas métricas de carbono anuales (datos correspondientes a 1992). La extracción y la utilización de combustibles fósiles emiten casi un quinto del total del metano producido por la actividad del hombre, algo de dióxido de carbono y grandes cantidades de monóxido de carbono junto a otros contaminantes del aire. El sector industrial aporta más de un tercio de las emisiones mundiales de CO2 provenientes de la combustión de combustibles fósiles (excluyendo al sector de generación de energía). El sector residencial y comercial aporta el 32% y el sector transportes un poco más del 21% (este último aporte crece velozmente). Estas emisiones relacionadas con la energía podrían disminuirse de forma significativa por medio de una combinación de nuevas tecnologías y políticas.

  1. Las pérdidas y escapes que se producen durante la extracción y el transporte de los combustibles fósiles pueden ser reducidas al mínimo. Las nuevas técnicas de "reconversión integrada" permiten reducir las emisiones de metano provenientes de la minería del carbón hasta en un 80% o un 90%, en comparación con las prácticas usuales. Actualmente se dispone de tecnologías que permiten reducir hasta en un 80% (en relación al promedio mundial)las emisiones de metano de los sistemas de distribución de gas natural. En los campos petrolíferos, donde se quema o se deja escapar gas natural porque su venta no resulta económica, se puede introducir pequeñas usinas de generación de energía que produzcan electricidad para uso local, o bien el gas puede ser comprimido o convertido para que pueda ser utilizado en el transporte o por industrias vecinas. Estas tecnologías y muchas otras pueden, en conjunto, hacer que disminuya entre un 50% y un 90% el total de las emisiones causadas por fugas en la extracción de energía y en el transporte de combustibles.
  2. Las políticas impositivas y fiscales pueden favorecer la introducción temprana de nuevas tecnologías. Para el año 2100, habrá habido por lo menos dos reemplazos de todo el stock de capital del actual sistema energético comercial del mundo. Los incentivos para las inversiones en tecnologías de costos más adecuados a la vez que más eficientes en lo energético, podrían hacer aprovechar al máximo la oportunidad que representa este reemplazo si se quiere reducir las emisiones. Los impuestos sobre las emisiones o sobre el contenido de carbono de los combustibles pueden hacer que las inversiones se muevan hacia tecnologías que hacen posible que la cantidad de emisiones sea menor. Los economistas estiman que una reducción global en los subsidios a los combustibles fósiles haría que se recorten las emisiones globales entre un 4% y un 18%, incrementando a la vez el ingreso real.
  3. En las usinas de generación de electricidad la conversión puede hacerse de forma más eficiente. El actual promedio mundial de 30% de eficiencia en la conversión, podría duplicarse y más en el largo plazo. Las mejores usinas a carbón y a gas natural existentes ya logran una eficiencia del 45% y del 52% respectivamente en la conversión del combustible en energía utilizable. Una nueva tecnología prometedora es la de las usinas de ciclos combinados, en las que el calor proveniente de la quema de combustibles hace funcionar turbinas a vapor, mientras que la expansión térmica de los humos (gases de salida de la combustión) se utiliza en turbinas a gas. Otra opción es la cogeneración, o la producción combinada de calor y potencia, que podría llevar la cantidad de energía útil producida hasta un 80% o un 90% de la energía calorífica del combustible. Esto es mucho más de lo que podría obtenerse con usinas separadas para la producción de electricidad y calor, si bien debe haber usuarios cercanos que demanden calefacción o refrigeración. Llevar de 40% a 41% la eficiencia de una usina clásica alimentada a carbón haría disminuir sus emisiones de CO2 en 2,5%.
  4. Las emisiones de las usinas podrían reducirse si se sustituye el carbón por combustibles menos ricos en carbono. La sustitución del carbón por gas natural puede reducir las emisiones entre 40% y 50%. (Una objeción posible es que las reservas estimadas de carbón superan ampliamente las de gas natural). El uso eficiente de la biomasa en los sistemas de generación conjunta con turbinas a vapor y a gas puede hacer disminuir las emisiones. Estos sistemas han probado ser comercialmente factibles para algunas aplicaciones agrícolas y para la producción de papel y de pulpa en algunas regiones en desarrollo. Las tecnologías de energías renovables tales como la solar, eólica, e hidráulica a pequeña escala, pueden también reducir las emisiones a la vez que distribuir la electricidad de manera más flexible por fuera de la red de distribución existente.
  5. Las industrias pueden reducir aún más su intensidad energética disminuyendo a la vez sus costos de producción. Durante las dos últimas décadas, las emisiones provenientes de la utilización de combustibles fósiles por la industria han decaído o al menos permanecido constantes en los países desarrollados, debido a las tendencias tecnológicas y a cambios estructurales en las economías. Estos países podrían reducir sus emisiones industriales de CO2 en un 25% o más en relación a los niveles de 1990 mediante el mero reemplazo de los procesos y la infraestructura existentes por las opciones tecnológicas actuales que son más eficientes. Si esta actualización de los equipos se diera en el momento normal de la reposición del capital, podrían reducirse las emisiones industriales. Se prevé que las emisiones industriales a nivel mundial aumentarán enormemente a medida que los países en desarrollo se industrialicen. Para disminuir la tasa de crecimiento de sus emisiones es necesario que puedan acceder a las tecnologías más eficientes.
  6. Los sectores residencial y comercial pueden adoptar tecnologías eficientes en lo energético. Existen tecnologías que ofrecen períodos de devolución de cinco años o menos para los diferentes tipos de equipamientos que se utilizan actualmente en las edificaciones. Estas podrían recortar las emisiones de CO2 un 20% para el año 2010, un 25% para el 2020 y hasta un 40% para el año 2050, en relación a lo esperable a partir de las tendencias actuales (en las que la eficiencia en lo energético aumenta gradualmente sin que medie ninguna intervención de políticas relacionadas con el clima). Las edificaciones pueden volverse más eficientes en lo energético por medio de programas basados en el mercado, que suministren apoyo técnico o incentivos financieros a consumidores y fabricantes. Otras opciones posibles incluyen las normas de eficiencia energética obligatorias o voluntarias, la investigación pública y privada sobre productos más eficientes y los programas de información y capacitación. Una combinación de programas regulatorios, de información y de incentivos puede ofrecer la mejor manera de abordar el incremento de la eficiencia energética de esos sectores.
  7. Las tecnologías de bajas emisiones también pueden ser promovidas por medidas políticas no fiscales. La diseminación de las nuevas tecnologías y prácticas muchas veces se ve bloqueada por barreras culturales, institucionales, legales, informativas, financieras y económicas. Algunas barreras pueden ser levantadas por políticas gubernamentales. Por ejemplo, los programas de divulgación de información y de etiquetado de productos pueden colaborar con que los consumidores sean concientes de las consecuencias de mayor alcance que sus elecciones implican. Además, los gobiernos pueden apoyar los proyectos de investigación (focalizada con precisión), el desarrollo y la demostración de tecnologías que reduzcan las emisiones y aumenten la eficiencia. Al tiempo que deben evitar seleccionar "ganadores" tecnológicos, los gobiernos pueden desempeñar un valioso rol si eliminan las barreras que los innovadores enfrentan y si promueven, a nivel nacional, una cartera equlibrada de opciones energéticas y programas de investigación. La introducción de metas de emisión junto a permisos de emisión comerciables que las empresas puedan comprar y vender, constituyen otra opción posible.
  8. Es posible disminuir mucho las emisiones de gases de efecto invernadero provenientes de los combustibles fósiles en los próximos 50 a 100 años. Un "experimento imaginario" en base a varios pronósticos sobre un "Sistema de Suministro de Energía que Emita poco CO2" (Low CO2­Emitting Energy Supply System (LESS) encontró que las tecnologías actuales y las futuras podrían disminuir las emisiones globales de CO2 provenientes del uso de combustibles fósiles desde 6000 millones anuales correspondientes a 1990 a aproximadamente 4000 millones de toneladas en el 2050 y 2000 millones en el 2100. Para alcanzar estas metas son imprescindibles tanto la innovación tecnológica como el poner énfasis en las fuentes de energías renovables, en especial la biomasa. Algunos países podrían tener en cuenta también la energía nuclear. En tanto podrían utilizarse diversas combinaciones de tecnologías, este futuro sistema de suministro de energía podría ser elaborado de diferentes maneras. Pero para el corto plazo, en la medida en que la demanda mundial de energía seguramente aumentará, las iniciativas tendientes a disminuir las emisiones deben seguir incluyendo mejoras en la eficiencia energética.

    Fuente: Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente(PNUMA)


 

APÉNDICE:  El Niño

Instituto de Meteorología Max Planck, 20146 Hamburgo

Resumen:
La mayor oscilación climática natural a una escala de periodos comprendidos entre unos meses y varios años, es el fenómeno El Niño / Oscilación Austral (ENOA). Aunque ENOA tiene su origen en el Pacífico tropical, no solamente afecta el clima de esta zona, sino también el clima mundial. Además repercute, considerablemente, sobre los sistemas ecológicos tropicales y la economía nacional de diversos estados, en especial sobre los que se hallan situados en los trópicos. Por consiguiente, ENOA no solamente tiene una importancia particularmente científica, sino que también es de gran interés público.

1. Introducción

2. El Niño y Oscilación Austral

3. Un mecanismo de olas para explicar El Niño

4. Pronosticabilidad de El Niño

5. Cómo influye sobre El Niño el efecto invernadero antropógeno


1. Introducción

Con la expresión El Niño se designa un calentamiento en grandes dimensiones de la capa superficial de agua que cubre todo el Pacífico tropical, y que se presenta por término medio cada cuatro años aproximadamente. " EL Niño" es una palabra de la lengua española (El Niño: el Niño Jesús) que fué empleada por los pescadores de la costa Peruana, ya en el siglo pasado. Estos observaron que, todos los años por la época de Navidad, subía la temperatura de la superficie del mar, lo que indicaba el fin de la temporada de pesca. Los pescadores dieron primero a esta señal estacional el nombre de El Niño. Sin embargo, en ciertos años el calentamiento era excepcionalmente fuerte y los peces tampoco volvían, como de costumbre, al final de la primavera. Estos calentamientos de intensidad extraordinaria suelen durar aproximadamente un año. Ya hoy, sólo son denominados por El Niño dichos calentamientos excepcionales que se repiten en intervalos irregulares de algunos años (el promedio es de unos cuatro años). Una descripción detallada fenomenológica y teórica de El Niño se encuentra en el libro de Philander 1990.El mapa de la figura 1 muestra la temperatura anómala de la superficie del mar, tal como fué observada en diciembre de 1997 durante el último El Niño. El carácter de magnitud de este calentamiento es sin duda evidente: el calentamiento abarca, aproximadamente, la cuarta parte del perímetro terrestre en las proximidades del ecuador. La distribución del calentamiento, que es característica de El Niño, sitúa los aumentos de temperatura más notables en el Pacífico Este ecuatorial, con anomalías de más de 5oC en las proximidades de la costa de Suramérica. El Niño también va acompañado de alteraciones de la temperatura superficial del mar en otras regiones, como por ejemplo de un calentamiento del Océano Indico tropical o de un enfriamiento del Pacífico Norte. Estos cambios son provocados por una circulación atmosférica alterada en estas regiones, como consecuencia del calentamiento de El Niño en el Pacífico tropical.

Fig. 1: Temperatura anómala de la superficie del mar (oC), observada en diciembre de 1997, durante el último El Niño (Fuente: NCEP).

El Niño tiene repercusiones climáticas múltiples que están resumidas, esquemáticamente, en la figura 2. El Sureste asiático y el Nordeste de Australia sufren sequias intensas, debidas a El Niño, mientras que al otro lado del Pacífico, en el Oeste de Suramérica, se registran precipitaciones diluviales. Pero repercusiones de El Niño se dejan sentir ademas en la India, en el Este de África ecuatorial, en África meridional y en América del Norte y del Sur. Los efectos de El Niño sobre el clima de Europa son débiles y, por lo general, estadísticamente insignificantes.

Fig. 2: Repercusiones climáticas globales de un El Niño (Fuente: NOAA).

El Niño repercute además sobre las economías nacionales y los sistemas sanitarios de diversos estados. Muestran ejemplos las figuras 3 y 4. Por ejemplo, se acusa una sorprendente correlación entre el precio del aceite de coco y la aparición de El Niño: Alrededor de un año tras los fenómenos El Niño, el precio del aceite de coco se dispara hacia arriba (fig. 3). Esto ocurrió tras las fuertes manifestaciones de El Niño de los años 1972/1973 y 1982/1983 y también, pero de forma más atenuada, después de El Niño de 1976/1977, que fué moderado. Las fluctuaciones, que acusa el precio del aceite de coco, se deben a la sequía extrema del Sureste asiático, la región donde más se cultiva el coco. Las malas cosechas del Sureste de Asia, causadas por El Niño, tienen como resultado la escasez de aceite de coco, lo que hace subir su precio en el mercado mundial. Existen muchas otras repercusiones de El Niño que son de importancia social. Así por ejemplo, la frecuencia del paludismo en Colombia está relacionada igualmente con la aparición de El Niño (fig. 4). Un aumento de los casos de paludismo va claramente acompañado por el transcurso de un El Niño. (En la fig. 4 se halla representado el número de personas contagiadas por los dos agentes patógenos más importantes " Vivax " y " Falciparum ", respectivamente. Los El Niño están marcados por flechas rojas). El calor anómalo de Colombia, durante las temporadas de El Niño, favorece la proliferación de las respectivas especies de mosquitos transmisores del paludismo, por lo cual, el número de infecciones aumenta. Igualmente se distinguen en las frecuencias de paludismo tendencias a largo plazo. No está esclarecido por ahora, si estas tendencias se deben a modificaciones de los métodos de encuesta o son resultado de un cambio de clima a largo plazo.

[in chart no.3: Kokosölpreis von 1968 bis 1986 = precio del aceite de coco de 1968 a 1986

Jahr = año

DM /100 kg = Marco Alemán / 100kg ]

Fig. 3: Precios del aceite de coco en función del tiempo (Fuente: Müller 1987, informe pers.).

[in chart no.4: Paludismo en Colombia]

Fig. 4: Número de afectados por " Vivax " y " Falciparum " - los dos agentes patógenos del paludismo más importantes - en Colombia en función del tiempo. Las flechas indican los años de El Niño (Fuente: Epstein 1997, informe pers.).


2. El Niño y la Oscilación Austral

El Niño va estrechamente vinculado a la Oscilación Austral, un fenómeno atmosférico que ya fue descrito en los años veinte por Sir Gilbert Walker. Podemos imaginarnos la Oscilación Austral como una especie de balanceo de la presión atmosférica, cambiando la presión en cada uno de los hemisferios - occidental y oriental - en sentido opuesto. La fig. 5 (según Walker 1923 y Berlage 1957) pone de manifiesto estos hechos. Expone la correlación de las anomalías anuales de presión registradas en Djakarta (Indonesia) y las de toda la Tierra. Correlaciones significativas existen no solamente en las inmediaciones del punto de referencia, sino también a gran distancia del mismo, lo que pone de manifiesto el carácter global de la Oscilación Austral. Durante una actuación de El Niño, por ejemplo, la presión

en el Sureste de Asia y en el Pacífico occidental aumenta, mientras que en el Pacífico oriental baja, atenuandose así la diferencia de presión, que reina normalmente, en el Pacífico amainando por consiguiente los vientos alisios.

 

Fig. 5: La Oscilación Austral. Describe la correlación de las anomalías anuales de presión registradas en Djakarta (Indonesia) y las de toda la Tierra. Las líneas discontinuas representan las correlaciones negativas (Fuente: Berlage 1957).

Bjerknes fue el primero que, en el año 1969, percibió la estrecha relación que existe entre El Niño y Oscilación Austral y que subrayó la importancia de las interacciones, que océano y atmósfera ejercen entre sí, para la variabilidad climática del área del Pacífico. La figura 6 señala ésto, valiendose de dos simples índices: la anomalía de la temperatura superficial del Pacífico oriental y el llamado Indice Oscilación Austral (IOA), que mide la diferencia de la presión que existe entre ambos centros de la Oscilación Austral. Las dos series de tiempos varían fuera de fase. Así por ejemplo, anomalías positivas de la temperatura superficial del mar (fases de El Niño) coinciden con anomalías negativas del IOA. Puesto que la intensidad de los vientos alisios del Pacífico se mide mediante el IOA, resulta que los fenómenos de El Niño y el debilitamiento de los vientos alisios son simultáneos. Esto lo advirtió Bjerknes y atribuyó los cambios de la temperatura superficial del mar, observados en el Pacífico ecuatorial del Este, a cambios de la dinámica oceánica, inducidos por la acción del viento. Por el contrario, modificaciones del intercambio de calor, que tiene lugar entre océano y atmósfera, actúan moderando las anomalías de la temperatura superficial del mar. Debido a la estrecha relación que existe entre El Niño y la Oscilación Austral se habla ya, en general, del fenómeno El Niño/ Oscilación Austral (ENOA).

[in chart no.6: El Niño3 anomalía de la temperatura (normada)

Indice Oscilación Austral (normado)

Zeit = tiempo

Fig. 6: Series de tiempos de las temperaturas anómalas, registradas en las aguas superficiales del Pacífico Este (El Niño, índice 3), y del Indice Oscilación Austral (IOA). Ambas series están tamizadas por un promedio continuo de 5 meses (Fuente: NOAA).

Bjerknes observó, además, que las interacciones que océano y atmósfera ejercen entre sí, en la zona del Pacífico tropical, son inestables, esto es, que perturbaciones iniciales se van ampliando debido al sistema acoplado Océano-Atmósfera. Supongamos que el Pacífico oriental se calienta, como resultado de cualquier perturbación. Debido a ésto se reduce el desnivel de temperatura que se acusa normalmente entre el Este y el Oeste del Pacífico, y que suele ser de unos 10oC (el Pacífico occidental ostenta temperaturas de 30oC aproximadamente en su capa superficial, mientras que el Pacífico oriental, cuyas temperaturas son de unos 20oC, es, sin duda alguna, más frío). Con esto, la diferencia de presión atmosférica se reduce, lo cual lleva consigo una debilitación de los vientos alisios, así como una reducción del ascenso de agua fría en el Pacífico oriental. Como consecuencia, la temperatura del agua superficial en esta zona sigue subiendo, y los vientos alisios se siguen aflojando. Es este tipo de interacción positiva Océano-Atmósfera y solamente éste, el que hace posible el fenómeno El Niño.


3. Un mecanismo de olas para explicar El Niño

La importancia de las olas ecuatoriales, respecto a El Niño, ya fue resaltada en1975 por Wyrtki. Este expuso, cómo la aparición de El Niño está relacionada con la marcha de las olas ecuatoriales Kelvin. Al amainar en el Pacífico occidental los vientos alisios, se desatan olas Kelvin, que marchan hacia el Este y van reduciendo el ascenso de agua fría hacia la superficie, calentandose así el Pacífico oriental. Sólo en esta zona, las olas ecuatoriales pueden ejercer su influencia de calentamiento, ya que en ella la "Thermokline"(superficie límite que separa el agua superficial cálida del agua profunda fría) se halla muy cerca de la superficie oceánica. Las olas Kelvin son, por lo tanto, de una importancia esencial en cuanto a la interacción Océano-Atmósfera: constituyen el vinculo clave que acopla los cambios de vientos del Pacífico occidental, y las alteraciones de temperatura del Pacífico oriental.

La figura 6 pone en claro, además, el carácter oscilatorio de ENOA. Junto a las fases cálidas, denominadas El Niño, aparecen con la misma frecuencia fases frías, que llevan el nombre de La Niña. Esto hace suponer que ENOA se basa en un ciclo. Schopf y Suarez (1988) formularon un ciclo de este tipo, que tenía como base la marcha de olas ecuatoriales (Fig. 7): Las alteraciones que sufren los empujes de viento, durante los extremos de ENOA (El Niño, La Niña) dan lugar a que, en el Pacífico occidental, se desencadenen las llamadas olas Rossby, que toman la dirección oeste y, al reflejarse en el borde oeste, convertidas en olas Kelvin, se dirigen hacia el Este, y alcanzan con cierta demora la zona Este del Océano ecuatorial, modificando allí la temperatura superficial del mar de tal manera, que la anomalía inicial queda debilitada, y termina por cambiar de signo. Son después las interacciones inestables Océano-Atmósfera las que dan lugar a un crecimiento de esta señal. Esta inversión, por lo tanto, ya se va iniciando mientras que ENOA se halla en un estado extremo. Así los cambios de empuje del viento, que tienen lugar durante la actuación de El Niño, originan olas Rossby que intensifican el ascenso de agua fría. Tras la reflexión de estas olas en el borde oeste, las olas Kelvin originadas portan la señal hacia el Este, a lo largo del Ecuador, causando, en el Este ecuatorial del océano, un enfriamiento. El periodo medio de ENOA se calcula, según este simple modelo conceptual, principalmente por el ancho de la cuenca del Pacífico. Es razonable suponer, que semejante ciclo de olas esté suavizado y que sea avivado continuamente (semejante a un columpio sometido a la acción del viento) por la acción del sistema acoplado Océano-Atmósfera.

[chart no.7: Ciclo ENOA

Fase intermedia

El Niño

Fase intermedia

La Niña ]

Fig. 7: Representación esquemática de "delayed action oscillator" (mecanismo de olas explicativo de ENOA). Están representadas diversas fases del ciclo ENOA, distanciadas entre sí aproximadamente un año (Fuente: Flügel 1994).


4. Pronosticabilidad de El Niño

Este simple oscilador, propuesto por Schopf y Suarez, representa sin duda una ruda simplificación de las circunstancias reales, pero describe, sin embargo, la dinámica ENOA fundamental. Además, mediante este modelo de prototipo, puede reconocerse también que ENOA es, hasta cierto grado, pronosticable, lo que es de enorme importancia prática (Latif et al. 1994). En principio, se pueden distinguir dos tipos de esquemas de pronosticación: los modelos de pronóstico estadísticos y los dinámicos. Ambas clases de modelo han tenido hasta ahora bastante éxito. Sin embargo, en adelante, trataremos solamente los modelos dinámicos.

Pronósticos de ENOA se realizan de manera semejante a los pronósticos del tiempo, es decir, ambos presentan un llamado problema de valor inicial. Sin embargo, para establecer pronósticos de ENOA, se emplean modelos acoplados Océano-Atmósfera. El estado inicial oceánico puede ser calculado de diferentes maneras. Por ejemplo, se puede aplicar el curso de las tensiones observadas, que han ejercido los empujes eólicos, para impulsar la componente Océano y comenzar así los pronósticos. Este método ofrece un precondicionamiento adecuado del océano, ya que las alteraciones respecto a la estructura de su densidad pueden atribuirse, sobre todo, a modificaciones que sufren los empujes del viento. Otros procedimientos utilizan el curso de las temperaturas observadas en la superficie del mar, y otros procedimientos, por su parte, incluyen en el modelo Océano la estructura tridimensional acusada por la densidad oceánica. Esta se obtiene mediante una red de boyas, ancladas fijamente en el Pacífico ecuatorial (llamada "TAO-array"), que proporciona informaciones de profundidades hasta de 500 m.

Uno de los parámetros más importantes, la anomalía de la temperatura superficial, acusada en las aguas del Pacífico oriental, es pronosticable con un año de anticipación y con exactitud satisfactoria. Entretanto, se realizan ya pronósticos de ENOA rutinariamente en diversos institutos, siendo aplicados por gobiernos, por ejemplo, para tomar decisiones relacionadas con el cultivo de productos agrícolas. Un ejemplo que indica la calidad de pronosticación de ENOA se halla en la figura 8, que muestra la correlación de las anomalías pronosticadas, mediante un simplificado Modelo Océano-Atmósfera acoplado, y de las anomalías de temperatura observadas en las aguas superficiales del Pacífico ecuatorial. Los resultados se han obtenido basandose en un conjunto de pronósticos, realizado durante el lapso transcurrido de 1981 a 1996, iniciandose un pronóstico cada mes. Las correlaciones se hallan, en casi todo el Pacífico ecuatorial, por encima de 0.5, tratandose de un lapso de pronosticación de 12 meses, e incluso sobre 0.6 si el lapso de pronosticación es de 6 meses. Pero se ha de mencionar que la calidad de pronosticación no es constante. Así por ejemplo, se lograron pronósticos mucho mejores en la década del 80 que en la del 90. Se supone que oscilaciones decadarias (es decir, fluctuaciones a escala de décadas) de la gran circulación oceánica conduzcan a la modulación decadaria de la calidad de pronosticación. Como las oscilaciones de temperatura, que se acusan en las aguas superficiales del Pacífico ecuatorial, se hallan estrechamente ligadas a cambios, registrados en la temperatura atmosférica y en la precipitación de numerosas regiones continentales (véase fig. 2), un pronóstico eficiente de la temperatura superficial del mar encierra, además, la posibilidad de pronosticar cambios climáticos de muchas regiones de la Tierra.

Fig. 8: Calidad de pronosticación del Modelo Océano-Atmósfera acoplado SIO/MPI. Están representadas las correlaciones de las anomalías pronosticadas y de las observadas, referentes a la temperatura superficial del mar. El mapa superior muestra las correlaciones válidas para un lapso de pronosticación de 6 meses, mientras que el mapa inferior expone las correlaciones válidas para un lapso de pronosticación de 12 meses (Fuente: Pierce 1996).


5. Cómo influye sobre El Niño el efecto invernadero antropógeno

Observaciones de la temperatura superficial del mar, hechas en el Pacífico tropical durante los últimos 100 años, muestran una intensificación de la variabilidad interanual, esto es, de las fluctuaciones acusadas de año en año. Así por ejemplo, el "fenómeno El Niño del siglo" de los años 1982/1983 todavía fue superado por El Niño de 1997/1998. Además se ha registrado que, en la década del 90, la frecuencia del citado fenómeno ha sufrido un aumento. Por ello se impone la pregunta, hasta qué punto el efecto invernadero antropógeno influye sobre ENOA. Para investigar esta cuestión, Timmermann et al. han analizado 1998 una simulación de invernadero con un Modelo Océano-Atmósfera acoplado global, que simula el fenómeno ENOA de manera realista. El modelo fué comenzado en 1860, siendo impulsado por gases de efecto invernadero, en concentraciones observadas. Concentraciones futuras fueron prescritas correspondiendo al escenario A del IPCC.

Las alteraciones de la temperatura superficial del mar acusadas en el Pacífico tropical como consecuencia del efecto invernadero antropógeno, son muy parecidas a las observadas durante los fenómenos El Niño: el Pacífico oriental se calienta, acusando una subida de unos 3oC hasta el año 2100 (fig. 9), mucho más que el Pacífico occidental, cuya temperatura solo aumenta 1oC aproximadamente. Esto significa, que situaciones parecidas a las de El Niño, en el futuro, serán mucho más frecuentes, caso de que la emisión global de gases de efecto invernadero, sobre todo de CO2, no se reduzca drásticamente. Superpuesta a la tendencia de calentamiento del Pacífico oriental a largo plazo, existe una variabilidad interanual creciente, intensificandose, sobre todo, los fenómenos fríos (Las Niñas), lo que puede apreciarse claramente en la figura 9. Resultados provisionales insinúan, que modificaciones de la circulación oceánica provocan modificaciones de la estadística de la variabilidad interanual.

[in chart no 9: Curso de la anomalía de la temperatura superficial del mar, obtenido mediante el Modelo Océano-Atmósfera acoplado ECHAM4/OPYC aumentando el CO2

Anomalía de temperatura (oC)

Tiempo (años)]

Fig. 9: Serie de tiempos de anomalía de la temperatura superficial del mar (oC), acusada en el Pacífico Este ecuatorial (Indice Niño-3) en la simulación del efecto invernadero (Fuente: Timmermann et al. 1998).


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