INFORME sobre
GAROÑA

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La Central Nuclear de Santa María de Garoña se encuentra en la península formada por un meandro del río Ebro situado a la altura del pueblo del mismo nombre en el valle burgalés de Tobalina. NUCLENOR, la empresa propietaria de la instalación comenzó su andadura empresarial en 1957, siendo la pionera en España del aprovechamiento de la energía nuclear para la generación eléctrica. Las obras de la central se iniciaron en 1966 y concluyeron en 1971; el 2 de marzo de ese año comenzó su actividad industrial.

La producción anual de la central es de aproximadamente 4.000 millones de kWh, es decir un 7% de la electricidad de origen nuclear y un 2,5% del total de producción eléctrica anual en España. Estas cifras equivalen aproximadamente al 50% del consumo eléctrico de la Comunidad de Castilla y León y a la tercera parte del consumo de la Comunidad Autónoma de Euskadi. La producción de Garoña serviría para abastecer las necesidades de energía eléctrica de más de un millón de españoles cada año. Los resultados operativos de la central, especialmente en los últimos años, muestran una creciente mejora, ya que arrojan un factor de operación desde el inicio del funcionamiento de la central cercano al 80% y un factor de carga de próximo al 74%. En la última década estas cifras se han elevado por encima del 90%.


 

InterMoney Energía: Informe

La antigüedad de las instalaciones es otro factor clave, no sólo debido al desgaste de materiales, sino también porque hay viejas construcciones que no permiten innovaciones hoy consideradas indispensables para garantizar un alto nivel de seguridad. Wenisch señaló que hay sistemas antiguos que no permiten separar los diversos sistemas de seguridad, o sea que no se puede asegurar la prevención de un colapso total en caso de accidente. Entre los reactores más antiguos están los modelos Magnox en el Reino Unido, que se comenzaron a construir entre los años cincuenta y sesenta. También por su avanzada edad se cataloga de relativamente peligrosa la central española de Santa María de Garoña, cuya construcción, iniciada en 1966, está desprovista de un segundo contenedor de contención. El estudio es crítico, aún teniendo en cuenta que los propietarios de la central han invertido más de 200 millones de dólares (37.000 millones de pesetas) para cumplir todos los requisitos de seguridad. 'No entiendo por qué sigue en funcionamiento, siendo una mini-central de tan baja potencia. Si la cerraran, en España no se apagarían las luces', añade Wenisch. 


COORDINADORA CONTRA GAROÑA-LA RIOJA

INFORME SOBRE EL ESTADO DE LA CENTRAL NUCLEAR DE SANTA MARIA DE GAROÑA (BURGOS) EN EL MOMENTO DE LA CONCESION DE UN PERMISO DE DIEZ AÑOS DE FUNCIONAMIENTO
 

 

La central nuclear de Santa María de Garoña (Burgos), a la que nos referiremos simplemente como Garoña, es la segunda más antigua de las españolas, detrás de José Cabrera (Guadalajara), a la que nos referiremos como Zorita en este documento. Es propiedad de Electra de Viesgo e Iberdrola al 50% y la empresa explotadora es Nuclenor.

El presente informe se realiza con el motivo de mostrar el lamentable estado en que se Encuentra la central justo cuando el Consejo de Seguridad Nuclear acaba de concederle el permiso de funcionamiento por diez años más, posibilitando así que la central alcance la cifra de 40 años de funcionamiento. Esto es una provocación porque desoye las proposiciones de varios parlamentos regionales y ayuntamientos pidiendo el cierre. Pero además es un acto temerario, dado e estado en que se encuentra la Central.

Los permisos de funcionamiento se otorgan a las centrales de forma provisional por periodos de tiempo diversos. Oscilan desde los dos años de validez del último permiso de Trillo (Guadalajara) hasta los 5 años de Cofrentes, Vandellós II, Almaraz I y II, Ascó I y II y Vandellós II. Es de resaltar que la única autorización definitiva otorgada a una central por el CSN fue la que se concedió justamente a Vandellós I, la central que sufrió el accidente más grave de a historia nuclear española en 1989. El accidente se produjo justamente en la parte eléctrica por no acometer unas reformas, reformas que el CSN había sugerido. el hecho de contar con permiso definitivo sin duda influyó para que los propietarios de la central se sintieran con el derecho de retrasar indefinidamente la acometida de las reformas. Tanto que finalmente no pudieron realizarse.
La concesión a Garoña de un permiso de funcionamiento de 10 años es equivalente a concederle la autorización definitiva.
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Se trata de una central de agua en ebullición (BWR) de 466 MW de potencia eléctrica que entró en funcionamiento en octubre de 1970. Es con José Cabrera una central de primera generación. Se conocen por este nombre aquellas centrales diseñadas y construidas en los años 60, antes de que se produjera el accidente de la Isla de las Tres Millas (1979). De este accidente se extrajeron algunas enseñanzas sobre la seguridad de las centrales que, lógicamente no se pudieron aplicar a las centrales de primera generación.

Las inversiones multimillonarias que se han realizado y se siguen realizando de ninguna manera consiguen salvar estos serios problemas de diseño. En el caso concreto de Garoña estas inversiones ascenderán a 21.000 millones de pesetas hasta el 2008. En lugar de gastar esta tremenda suma de dinero y de embarcar a los trabajadores en peligrosas operaciones que
Los someterán a fuertes dosis radiactivas, lo más sensato sería proceder al cierre de la planta.
 

 

La liberalización del sector eléctrico ha conducido a la elaboración de un nuevo protocolo eléctrico, que va a regir los destinos de las actividades de producción transporte y distribución de energía eléctrica en España, se supone que ha de primar la utilización de la energía más barata. Para ello se abre un sistema de competencias, que necesariamente dará entrada a aquellos productores que vendan la electricidad a más bajo precio, sin tener en cuenta otras consideraciones.

Una excepción a esta regla serán las centrales nucleares, para las que se va a negociar un status especial.

Las centrales de producción de energía eléctrica se amortizaban a los 25 años de funcionamiento, según el anterior marco legal y estable. Esto supone que a partir de esa edad la energía eléctrica producida resulta más barata, puesto que no hay que incluir entre los costes fijos el gasto de amortización. Las centrales entran entonces en un periodo de vida extendida, caracterizado porque las inversiones que se realizan las pagan los propietarios de la planta, y no se repercuten en el recibo de la electricidad. Pues bien, de los nueve reactores nucleares españoles estarían en vida extendida los dos de la primera generación, es decir Zorita (Guadalajara) y Garoña (Burgos).

Estas dos centrales están en mejores condiciones de competir que otras plantas, puesto que hay que descontar el importe de la amortización de los costes fijos. En la energía nuclear son estos los más altos, puesto que la construcción de las plantas resulta extremadamente cara. Según la memoria de 1995 de Red Eléctrica, el coste fijo medio por kWh nuclear fue de 8,62 pts, y el coste variable de 1,16 pts. A comparar, por ejemplo, con los costes fijo y variable de las centrales que queman antracita y hulla, de 3,51 pts y 6,65 pts, respectivamente. O a comparar con las 12 pts por kWh producido por energía eólica, que son exclusivamente de coste fijo, puesto que los costes variables son cero. Abundan también en estos hechos los precios medios del combustible en 1995, de 0,94 pts por kWh para el carbón, y de 0,94 pts por kWh para la nuclear.

Estos hechos favorecerán que los propietarios mantengan en funcionamiento estas dos centrales en cualquier condición, intentando que produzcan energía el mayor tiempo posible. De ahí que se pretenda prolongar la vida de Garoña hasta los 40 años. Por otra parte, las reparaciones que se pudieran ver obligados a realizar en las centrales encarecerían el precio de la energía producida, colocándolas así en peores condiciones para competir. Nos encontramos entonces ante un marco que va a favorecer el funcionamiento de Garoña en condiciones desfavorables para la seguridad nuclear.

Esto es simplemente temerario, dado el estado en que ya se encuentra Garoña, aquejada de numerosos problemas técnicos. Entre estos problemas cabe destacar la mala situación del sistema de protección contra incendios y la corrosión del barrilete.
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Garoña está aquejada de un problema que parece se va extendiendo a las nucleares de más edad: la corrosión intergranular bajo tensión. Las extremas condiciones de presión y temperatura, además del importante bombardeo radiactivo a que están sometidos los materiales, hacen que estos se comporten de forma inesperada e indeseada cuando fueron diseñados, y que aparezcan en ellos fisuras de diverso tamaño y geometría. En España, en las dos centrales de la primera generación, Zorita y Garoña, este fenómeno ha alcanzado especial gravedad.

En la central de Garoña, en particular, han sido afectados diversos elementos interiores a la vasija del reactor. En concreto a los manguitos de las penetraciones, de los que ya se ha hablado abundantemente, a un soporte de una tubería de refrigerante y al barrilete. Este último es una pieza fundamental en la central que cumple dos funciones fundamentalmente:

se encarga de dirigir el flujo de refrigerante hacia abajo, para que entre por la parte de abajo de los elementos combustibles y llegue e éstos de forma uniforme y, por otra parte, cumple la función de soporte estructural de los elementos del núcleo, asegurando que la geometría de éste permanece invariable. Las fisuras del barrilete se detectaron en 1996.

Si el barrilete sufriera daños podría, en primer lugar alterarse el flujo de refrigerante. Este hecho tendría una serie de consecuencias indeseables para el funcionamiento de la central. El quemado de unos elementos combustibles sería diferente de unos a otros y se podrían producir vibraciones extras en los elementos combustibles que acelerarían sus procesos de fisuración. Este segundo fenómeno se conoce como "bafle-jetting" y ha ocurrido ya en 16 centrales del mundo, incluida Zorita.

Por otra parte, y lo que es más grave, si las fisuras del barrilete avanzaran podrían poner en peligro su integridad estructural, con el consiguiente peligro de ruptura. En este caso se alteraría gravemente la geometría del núcleo y no se podría controlar la reacción nuclear, porque sería imposible introducir las barras de control, con lo que no se podría parar la reacción.

En el barrilete de Garoña han aparecido fisuras de más envergadura que en los manguitos de las penetraciones. En concreto se han detectado fisuras pasantes, es decir, que atraviesan totalmente el metal, y que ocupan un 50 % del arco. La longitud total de las fisuras supera los 10 metros y son tanto axiales como circunferenciales.
 

 

A pesar de que en un primer momento Nuclenor anunció su intención de cambiar el barrilete, finalmente optó por la solución menos satisfactoria y más barata, la reparación de la citada pieza. El CSN dictaminó favorablemente hacia esta propuesta y finalmente en marzo de

1997, se acometieron las reparaciones que no son sino una peligrosa chapuza. Contrasta esta postura del CSN y de Nuclenor con la tomada en las plantas de Oskarshamn I y de Wuergassen, en Suecia, donde ante un problema similar se procedió al cambio del barrilete. Estas centrales son también de tipo BWR y presentan problemas de corrosión similares a los de Garoña.

Es claro que tanto los propietarios de Garoña como el CSN han rebajado hasta extremos inadmisibles sus exigencias de seguridad.

Las reparaciones consistieron en soldar una estructura soporte compuesta por varias barras y varios cinchos en el interior del barrilete. Se pretende que esta estructura garantice la integridad de la pieza, sin embargo estas reparaciones presentan varios problemas. Para empezar no se interrumpe el proceso de corrosión del barrilete, con lo que las fisuras pueden seguir avanzando y conducir finalmente a la ruptura de éste. Por otra lado las propias soldaduras realizadas pueden introducir nuevas tensiones en el metal que acelerarían el proceso de corrosión. Y estas mismas soldaduras son el punto flaco de las reparaciones y, por tanto, deben ser sometidas a costosas inspecciones periódicas que obligan a los trabajadores a recibir altas dosis radiactivas, por encontrarse e la zona más "caliente" de la central.

Las reparaciones en sí mismas fueron tremendamente complicadas, costosas y peligrosas. La prueba de esto son los enormes recursos humanos y económicos que costaron. Fue necesario movilizara 1000 trabajadores durante cuarenta días y el coste total se estimó en casi dos mil millones de pesetas. El alto número de trabajadores es necesario para que las dosis recibidas no sean escandalosamente altas, puesto que los trabajos se realizan en la zona más radiactiva de la central. Además la posibilidad de que se cometieran errores en las reparaciones es inmensa, dada la enorme tensión a que estuvieron sometidos los trabajadores cuando realizaron estos trabajos y considerando el hecho de que han de estar rotando cada cortos espacios de tiempo.

Por otra parte, las inspecciones que se realicen en Garoña en cada recarga de ninguna manera garantizan su seguridad. Lo más sensato sería proceder al cierre definitivo de la planta. Esta reparación no es más que otra de las muchas chapuzas necesarias para mantener en funcionamiento la vieja central de Garoña.
 

 

En Garoña y según el acta de inspección CSN/AIN/SMG/93/251, emitida por el CSN, algunos elementos esenciales para la seguridad son extremadamente vulnerables a un hipotético incendio, hasta el extremo de que podría darse el caso de que la parada segura de la central no estuviera garantizada, con el consiguiente descontrol de la reacción nuclear, que podría resultar en un accidente de incalculables consecuencias.

El sistema de protección contra incendios adolece de un gran número de anomalías: zonas vitales de cableado de alimentación eléctrica de sistemas de seguridad y de control son vulnerables a un incendio y no cumplen las preceptivas medidas de protección; existen conducciones de hidrógeno, un gas explosivo, junto a cables vitales; la ventilación de algunas galerías y salas de cables es tremendamente vulnerable; y la sala de control de la central puede quedar fácilmente sin la señal del sistema de protección contra incendios.

Los sistemas para abrir y cerrar las válvulas de las que depende la refrigeración del núcleo del reactor son también vulnerables a un hipotético incendio. Esto hace que el riesgo de fusión del núcleo sea grave en caso de que se produzca un incidente que impida llevar a la central a parada segura y que haga fallar estas válvulas.

La alimentación de agua para el sistema de protección de incendios no está garantizada y que en caso de emergencia, ésta podría no ser suficiente. Es el caso que la alimentación de la bomba que suministra agua a este sistema comparte la toma con otro elemento de la central, lo cual hace que en caso de producirse un incendio con este elemento en funcionamiento, el caudal de agua no sería suficiente para alimentar el vital sistema de protección contra incendios.

Los paneles de control del sistema de protección contra de incendios son extremadamente antiguos y carecen, por ejemplo, de esquemas para identificar las zonas donde se produce el incendio. Además, el sistema de indicaciones luminosas y la señalización de vías de escape en el interior de la central es muy deficiente. Asimismo el sistema de megafonía no está convenientemente preparado para emitir una señal de alarma clara cuando se está produciendo un incendio.

Algunos de estos problemas han sido corregidos, pero la corrección de otras de estas deficiencias resulta extremadamente cara y sólo se podría acometer con grandes inversiones y serias modificaciones del diseño de algunos elementos de la central. Estas graves deficiencias aquí apuntadas vienen a sumarse a los problemas de corrosión aparecidos en las penetraciones y en elementos estructurales del interior de la vasija del reactor.

Estos hechos son muy peligrosos si tenemos en cuenta que el accidente nuclear más grave ocurrido jamás en una central española, el de Vandellós I (Tarragona), se produjo por un incendios.
 

 

La gestión y transporte de los residuos no es un problema menor. Por una parte, los estudios realizados por ENRESA para la búsqueda de un emplazamiento para el cementerio de residuos de alta actividad planean como una amenaza sobre muchas regiones españolas, incluida Castilla-León Los residuos radiactivos son uno de los productos indeseables de la energía nuclear y la mejor forma de acabar con el problema es el cierre de las centrales nucleares.

El transporte de residuos es otra peligrosa consecuencia de mantener Garoña en funcionamiento. En diciembre de 1998 se produjo el vuelco de un camión que circulaba por la carretera. El camión siniestrado transportaba dos grandes piezas radiactivas procedentes de la central. Se trataba de la bomba de circulación principal y de un eje de la misma. Si bien el Consejo de Seguridad Nuclear (CSN) ha comunicado que las piezas estaban descontaminadas, es un hecho que las dos piezas emitían radiactividad y que los contenedores que las transportaban sufrieron daños.

El promedio de residuos de baja y media actividad generados mensualmente es de 82.885,7 litros (equivalentes a 376,75 bidones de 220 litros), que permanecerán peligrosos y radioactivos durante unos cientos de años. Estos residuos están siendo transportados paulatinamente en camiones con unos 45 bidones al cementerio de El Cabril, en la serranía de Córdoba.

Anualmente se producen más de 130 viajes con esta peligrosa mercancía. Es importante señalar que no es obligatoria la inspección ni el permiso por parte del CSN para realizar transportes de sustancias radiactivas. Por lo que se realizan un número indeterminado de transportes sin las debidas garantías. El transporte por carretera es el más peligrosos de todos y los accidentes son muy probables (no hay más que consultar las estadísticas de tráfico los fines de semana). El elevado número de transportes hace que el riesgo de accidente sea considerable. Además los contenedores donde se introducen los bidones de ninguna manera están preparados para soportar un choque con la violencia de un accidente de tráfico. Se les somete a una prueba de caída libre desde 9 metros de altura, mientras que un choque a 80 km/h contra un objeto parado equivaldría a una caída desde una altura de 25 m. Asimismo estas pruebas se realizan sobre superficies planas y nunca sobre aristas, que podrían actuar en un accidente. Lo mismo cabe decir de las pruebas térmicas: los 800 grados a que se los somete durante 30 minutos son insuficientes si consideramos un hipotético incendio y las labores de extinción en un ambiente radiactivo.

Cabe preguntarse si el transporte de estas dos piezas de la central de Garoña había sido inspeccionado por el CSN y si tenía la debida cobertura de daños a terceros. La ley del sector eléctrico fija esta cobertura en no menos de 1000 millones de pesetas. Por otra parte tampoco se dio información alguna sobre el destino de dichas piezas y porqué se encontraban fuera de la central. La ocultación de esta importante información a la opinión pública es otro ejemplo de la nula transparencia que tiene la industria nuclear.

El transporte por carretera es el más peligrosos de todos y los accidentes son muy probables (no hay más que consultar las estadísticas de tráfico los fines de semana). El elevado número de transportes hace que el riesgo de accidente sea considerable. Son en total más de 8000 km de rutas radiactivas que surcan las más importantes carreteras españolas y que podrían dar lugar a serios accidentes. Además los contenedores donde se introducen los bidones de ninguna manera están preparados para soportar un choque con la violencia de un accidente de tráfico. Se les somete a una prueba de caída libre desde 9 metros de altura, mientras que un choque a 80 km/h contra un objeto parado equivaldría a una caída desde una altura de 25 m. Asimismo estas pruebas se realizan sobre superficies planas y nunca sobre aristas, que podrían actuar en un accidente. Lo mismo cabe decir de las pruebas térmicas: los 800 grados a que se los somete durante 30 minutos son insuficientes si consideramos un hipotético incendio y las labores de extinción en un ambiente radiactivo.

Los transportes radiactivos son un riesgo adicional para los ciudadanos causado por las centrales nucleares. Cuanto antes se paren éstas, antes se podrán interrumpir los transportes y más seguras serán las carreteras españolas.
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La Central Nuclear de Garoña (Burgos) se vio obligada a realizar una parada el 21 de marzo de 1993 para realizar la sustitución de un elemento de combustible que falló y dio lugar a que se escapara material radiactivo al refrigerante. En concreto, la radiactividad registrada en

El refrigerante fue casi seis veces por encima de lo normal. Los elementos combustibles están formados por pastillas de uranio enriquecido embutidas en una vaina de una aleación especial (zircolay), que a su vez se encuentran agrupadas en 400 haces de 62 varillas. El fallo consistió en una rotura de 2,5 cm en una varilla y una marca circular en varias otras varillas del mismo haz. Los elementos combustibles se fabrican en Juzbado (Salamanca).

La central nuclear posee un reactor del tipo de agua en ebullición (BWR) y se da el caso de que en este tipo de reactores se vienen produciendo fisuras en los elementos de combustible. En concreto, este mismo problema ha aparecido ya dos veces en la Central de Cofrentes (Valencia). Cabe preguntarse si se trata de un problema estructural de los reactores BWR o, por el contrario, se trata de fallos de la fábrica de combustible de Juzbado, que empiezan ya a convertirse en sistemáticos.
 

 

Como se ve, la C. N. de Garoña está ya llena de achaques. Lejos de realizarse las cuantiosas inversiones que se van a producir para alargar su vida, lo más sensato es proceder a su inmediato cierre como única opción juiciosa que de verdad garantice la seguridad de las personas y el medio ambiente.

GAROÑA: 30 AÑOS DE PELIGRO NUCLEAR

La central nuclear de Santa María de Garoña, ubicada en el Valle de Tobalina (Burgos),  se ha visto salpicada de periódicos incidentes, que la convierten en la instalación nuclear más polémica y problemática del Estado español, junto con la central de Zorita, también de la primera generación. El próximo 2 de marzo se ha cumplido el 30 aniversario de su acoplamiento a la red eléctrica. Ante la preocupación ciudadana manifestada en numerosas ocasiones por el evidente deterioro de la Central Nuclear de Santa María de Garoña y el riesgo al que nos vemos sometidos 1.500.000 cuidadanos-as que vivimos en un radio de 90 Km alrededor de la central nuclear

 


SIGUE EMPEORANDO EL PROBLEMA DE AGRIETAMIENTO
DE LAS PENETRACIONES DE LA VASIJA DEL REACTOR DE GAROÑA


Tras los resultados de las dos últimas inspecciones, se constata el fracaso
de la solución adoptada por el CSN para evitar el avance del agrietamiento


Sigue agravándose el problema de agrietamiento múltiple detectado en los tubos de penetración de la vasija del reactor de la central nuclear de Santa Mª de Garoña (Burgos), según se desprende del último informe disponible del Consejo de Seguridad Nuclear (CSN) al respecto, elaborado tras la inspección realizada durante la última recarga de combustible. Ello evidencia que la peligrosidad del funcionamiento de Garoña sigue aumentando.

Los tubos citados, llamados penetraciones, que atraviesan la parte inferior de la vasija del reactor de Garoña, son componentes fundamentales para la seguridad del reactor (ya que por ellas deben pasar, con precisión milimétrica, las barras de control, cuya función, de suma importancia, es parar la reacción nuclear) y, por tanto, su integridad es requisito básico para evitar fugas de radiactividad y consiguientes accidentes nucleares.

El problema de agrietamiento citado se descubrió en 1981, cuando se produjo una importante fuga de 2.880 litros diarios de agua radiactiva del interior del reactor a causa de la existencia de una grieta pasante (es decir, que atravesaba todo el espesor de la pared del tubo) en una de las penetraciones de la vasija del reactor.

Tras la adopción inicial de un expansionado mecánico en la penetración agrietada, medida que fracasó, se adoptó temporalmente como "solución" la instalación de sellos mecánicos. Esta última fue aceptada finalmente por el CSN como solución definitiva en 1996, a instancias de Nuclenor, a pesar de las críticas de expertos internacionales en seguridad.

Actualmente, de un total de 97 penetraciones existentes en la vasija de Garoña, el agrietamiento (provocado por un fenómeno de corrosión) afecta ya al menos a 66 de ellas (es decir, a un 68% del total).

De las que padecen problemas de agrietamiento, 55 tienen ya sellos mecánicos instalados (un 57%), de las cuales, 14 tienen grietas pasantes (el espesor remanente de la pared del tubo es de cero mm.)

El número de penetraciones agrietadas en las que a lo largo de los años ha tenido que instalarse un sello mecánico, ha ido aumentando de la siguiente forma: (ver gráfico)

- en 1982: 1 penetración
- en 1983: 2 penetraciones
- en 1987: 6 penetraciones
- en 1988: 13 penetraciones (+ 1 reinstalación)
- en 1990: 25 penetraciones
- en 1992: 38 penetraciones
- en 1994: 42 penetraciones
- en 1996: 51 penetraciones (+2 reinstalaciones)
- en 1997: 54 penetraciones
- en 1999: 54 penetraciones (+ 2 reinstalaciones)
- en 2001: 55 penetraciones (+ 1 reinstalación)



Por otro lado, el espesor remanente de la pared de las 11 penetraciones agrietadas donde aún no se han instalado sellos mecánicos es muy pequeño, especialmente en 7 de ellas, en las que en los últimos años este espesor ha ido decreciendo de forma continuada.

Asimismo, se constata, a partir de estos datos, el fracaso de la solución adoptada como definitiva por el CSN para tratar de paliar este problema de agrietamiento: la instalación de un casquillo soldado (o "sello mecánico") en la zona del agrietamiento, para evitar la fuga al exterior, a través de la grieta, de agua radiactiva del circuito primario.

Esta medida (equivalente, salvando las distancias tecnológicas, a la instalación de un parche para tapar un pinchazo en la cámara de una rueda), ha fracasado por dos razones: 1) en 5 penetraciones se han tenido que reinstalar 2 veces (y hasta 3 veces en una ocasión) esos sellos mecánicos, hecho que ha ocurrido especialmente en los últimos 4 años, y 2) el proceso de agrietamiento ha seguido avanzando incluso en penetraciones con sello mecánico instalado años atrás.

Para Greenpeace, estos hechos demuestran nuevamente que la seguridad de la central nuclear de Garoña está seriamente comprometida y que el CSN sigue "haciendo la vista gorda" a esta preocupante situación.

"A medida que siguen agravándose los problemas de seguridad de Garoña, y que se constata que la 'política de parches' aplicada por el CSN no ha funcionado, resulta cada vez más inadmisible que este organismo no se plantee el cierre urgente de esta obsoleta y peligrosa central nuclear", declaró Carlos Bravo.

Fuente: GREENPAECE


    HOY PASIVO, MAÑANA RADIOACTIVO.

Cerrojazo a la central nuclear de GAROÑA

La siniestra mole de la central nuclear se recorta sobre la montaña. Ante ella, un modesto puente sobre el Ebro, un cordón de guardias civiles pertrechados con material antidisturbios y un candado tamaño mastodóntico que quiere simbolizar el cierre de esta polémica instalación. Esa era la estampa que a primeras horas de la tarde de ayer podía contemplarse a las puertas de Santa María de Garoña, al término de la nueva marcha contra la central nuclear convocada por la Coordinadora contra Garoña, que agrupa a numerosos grupos ecologistas y sociales de Euskal Herria, Castilla y La Rioja.

Al otro lado del inmenso candado de goma-espuma, cientos de personas, jóvenes en su mayoría, festejaron con música, y cánticos el ficticio cerrojazo, disfrutaron por unos minutos de la alegría del ansiado cierre.

Sin embargo, la ilusión duró poco. Concluida la lectura de un comunicado en el que, de nuevo irónicamente, se daba cuenta de la clausura oficial de la central nuclear, los manifestantes se dispersaron y allí quedó la polémica instalación, la segunda de este tipo más antigua del Estado ­con 28 años­ y la que acaba de recibir del Consejo de Seguridad Nuclear, dependiente del Gobierno español, la prórroga más larga jamás concedida a una central de su edad: 10 años más de funcionamiento.

Los congregados se alejaron con una convicción expresada a gritos: "Esta central la vamos a cerrar". Eran alrededor de las 2 de la tarde y la Marcha contra Garoña concluyó sin más incidentes que los fuertes vientos y los ocasionales chaparrones.

La movilización había comenzado dos horas antes, seis kilómetros más atrás, en el centro de Quintana Martín Galindez, la cabeza administrativa del burgalés valle de Tobalina, muy cercano al territorio alavés, en el que se asienta la central. La progresiva llegada de los militantes ecologistas desde diversos puntos de Euskal Herria, Castilla y La Rioja ­las banderas exhibidas evidenciaban las distintas procedencias­ estuvo acompañada de un no menos llamativo despliegue de efectivos de la Guardia Civil. Coches patrulla y agentes en las entradas del pueblo se encargaban de recordar a los conductores de los autobuses con matrículas de Araba, Bizkaia o Gipuzkoa que allí no podían estacionar "porque esto es Burgos". Poco antes del mediodía y ante lo desapacible del tiempo, guardias y manifestantes coincidían tomando un tentempié en el único bar abierto.

La marcha echó a andar con la casi permanente compañía de un helicóptero policial. Tanto despliegue no se tradujo, sin embargo, en ningún tipo de incidente, aunque sí inspiró alguna rima: "La Guardia Civil, a Chernobyl". A lo largo del recorrido, los caminantes marcharon agrupados tras pancartas con los textos: "10 años más, no" y "Garoña, cierre ya", y corearon consignas como: "Tobalina sí, Garoña no", "Hoy pasivo, mañana radioactivo" o "Energía nuclear, terrorismo estatal". Todo ello convenientemente alternado con diversos cánticos, cuyos sones corrían a cargo de cuatro músicos ­caja, bombo, guitarra y bajo eléctricos­ que tocaron, y muy bien, en directo.

"28 años de impacto y riesgo"

Frente a la central, tras colocar el "cerrojazo", una vecina del valle leyó una "declaración del cierre de la central nuclear de Garoña", un escrito de denuncia de "28 años de impacto y riesgo nuclear" y de anuncio de que "no estamos dispuestos a esperar diez años más. No podemos esperar ni un día más, porque cada hora que pasa es un peligro añadido y mayor para nuestras vidas y nuestro entorno".

En este comunicado no se dejaron de evidenciar los sucesivos y unánimes pronunciamientos institucionales por el cierre de la central; los de las Juntas Generales de Araba, el Parlamento de Nafarroa, el de La Rioja, las Cortes de Aragón, o los ayuntamientos de Gasteiz, Logroño, Haro, Bastida, Orduña o Miranda de Ebro, entre otros.

Por contra, se criticó la postura del Gobierno español y de la Junta de Castilla-León "que no dudan en seguir invirtiendo fondos públicos para alimentar este negocio privado", y de "alcaldes y responsables municipales de estos hermosos valles, que mantienen su silencio cómplice a cambio de algunas migajas económicas". Y, unido inseparablemente al funcionamiento de la central, un motivo más de inquietud fue citado en esta declaración: los residuos nucleares y la necesidad de encontrar ubicación para un cementerio de chatarra radioactiva que nadie quiere tener cerca.

"En nombre de la vida humana y la naturaleza, en nombre del sentido común y por el bien de la humanidad, queda clausurada esta central nuclear de Garoña", concluyó su lectura.

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