Los Gremios en el Barrio del Carmen desde la época medieval

 

La importancia del artesanato en nuestra ciudad y concretamente en el Barrio del Carmen, se remonta a tiempos lejanos. Con la entrada de don Jaime I de Aragón en Valencia, se establecen en determinadas partes de la urbe personas dedicadas a distintos tipos de oficio, que darán lugar al nombre de muchas de las calles, plazas y huertos de la capital del Túria.

Hacia 1519, los Gremios valencianos alcanzaron su esplendor y adquirieron muchas casas gremiales, pues los principales gremios tenían casa con capilla propia dónde se reunían para tratar los asuntos comunes y el buen régimen del oficio. Mientras carecieron de local y capilla, la iglesia del Carmen sirvió en muchas ocasiones a determinados gremios para dichas reuniones y fiestas religiosas.

Un Gremio poco conocido fue el de los Cabañeros, que eran los que poseían cabaña o rebaño de ganado en las tierras valencianas. Su centro de reunión era una capilla situada en el primer claustro del Convento del Carmen. Tenían por patrono a San Joaquín en su altar de la iglesia del barrio y le celebraban una fiesta anual.


Plano de la barriada del Carmen

Los Calderos fueron elegidos por el rey D. Jaime para habilitar el arrabal del "Toçal", en la zona correspondiente a la calle de la Calderería. Su bandera era de color damasco carmesí y llevaba en la cima del asta la imagen de San Juan Evangelista labrada en plata. También celebraba su fiesta en el Convento del Carmen Calzado, donde tenían su capilla.

El distintivo del Gremio de Canteros, también llamados Pedrapiquers, consistía en una bandera carmesí bordada en oro y rematada por una pequeña y simbólica rueda de molinos sobre la que descansaba la imagen de la Virgen. En el primer claustro del Convento carmelitano tenían su capilla dedicada a Santa Lucía.

Un Gremio de gran interés histórico para el Barrio es el de los Sogueros, puesto que dio lugar a la denominación de "Huerto de Sogueros" y su respectiva calle que todavía existe con el rótulo de Los Sogueros, la cual se extiende en línea recta desde la plaza de Monsén Sorell, atravesando la de Ripalda, San Ramón y pasando junto a la del Dr. Chiarri hasta la de Na Jordana.

 

Desde 1623 utilizaron el renombrado huerto de En-Cendra como taller corporativo, donde tenían el obrador (confeccionaban sogas de esparto, cuerdas de cáñamo y cables e hilos torcidos a mano y torno), la casa gremial, el almacén de materiales y una capilla dedicada a la Virgen de los Desamparados, protectora de la Corporación.

 

 

Antigua estampa representando a la Virgen de los Desamparados, sobre lo que fue Huerto de Sogueros para fabricar sus manufacturas propias

 

En un principio, este gremio de Sogueros celebraba sus cultos en el altar mayor de la iglesia del convento del Carmen, en el que tenían un beneficio y en atención a ello suministraban gratis las cuerdas que se necesitaban para las campanas.

Pero pasó el tiempo, y el Gremio vendió al marqués de Caro sus propiedades, destinándose uno de sus solares a la sala de espectáculos llamada cine Museo, mientras que en otras parcelas se instalaron dos hornos, un almacén de madera, y en lo que al parecer fue la célebre ermita o capilla de la Corporación se estableció la Cooperativa "El Ejemplo", fundada en el año 1914. Mientras tanto, el Gremio de Sogueros se trasladó a una travesía del Camino de Burjasot, donde siguió con sus ritos y costumbres tradicionales.

Esta curiosa publicidad apareció en la revista de costumbres valencianas "Impresiones" del 28 de enero de 1909

 

 

Este prestigioso y popular gremio llegó a alcanzar un alto grado de progreso en el orden social y económico a lo largo de sus cinco siglos de gran expansión laboral.

Otro Gremio que con sus distintas variantes, "asahonadors" o zurradores, "blanquers" o curtidores y "guanters" o guanteros, proporcionó días de gloria al Barrio y cuyo nombre perdura rotulando una de las más populares vías del callejero valenciano, fue el dels Blanquers. Se dedicaba a adobar o aderezar y curar las pieles para ser trabajadas posteriormente en la fábrica de guantes, zapatos, bolsos, etc. Y es que el tratamiento de las pieles fue un oficio abundante en toda la vieja demarcación del Barrio.

Retablo de azulejos sobre una fachada de la calle Salvador Giner, representando a San Onofre.

En cuanto al prestigioso Gremio de Esparteros, que acogía gran cantidad de operarios por la abundancia de espartos en los montes de nuestra provincia, tenía su casa gremial junto al Portal Nuevo. Su bandera era de palo verde bordado en oro, y sobre el mismo paño se encontraba la imagen de su patrón San Onofre, que estaba también reproducida en la cima del asta. La fiesta anual la celebraban en la iglesia del Convento de San José y Sta. Teresa de las religiosas carmelitas descalzas de la plaza del Portal Nuevo.

 

Tampoco podemos olvidarnos de los Peraires, quienes se dedicaron a la fabricación de ropas de lana. Era tal la categoría de este Gremio que presidía en los actos públicos a todos los demás. Ocuparon el Huerto apellidado del Tirador, emplazado en las calles de Cuarte y la de la Corona. En la iglesia de San Miguel, desaparecida a consecuencia de la guerra civil española de 1936, tenían sus capillas dedicadas a la Stma. Trinidad y a San Miguel Arcángel. Entre otras cosas, fue célebre este Gremio en la tradición popular valenciana por la colosal imagen de San Cristóbal que poseían y que veneraban en una capilla construida al fondo de la calle de Cañete.

 

 

San Cristóbal, obra del escultor Tomás Consegues de 6,10 metros de alto.

Entre los oficios de mayor antigüedad de Valencia, cabe destacar también el Gremio de la Molinería, que adoptó como patrona a la Virgen del Carmen, o el de Herreros, los cuales tenían su casa cofradía junto al Portal de Valldigna, y acogieron como patronos a Eloy y Sta. Lucía. También encontramos a los Tragineros, cuyo objeto era cargar el dinero y artículos de comercio y transportarlos. Tuvieron su casa gremial en la antigua plaza de Na Jordana, y su bandera, de damasco carmesí con galones de oro, llevaba en su remate el pasaje de la "Huida de Egipto".

Entre aquella época de esplendor artesanal y las posteriores, no podemos decir que haya existido una ruptura ni total ni parcial. Es cierto que ya no solamente en el Barrio del Carmen, sino en todos los distritos de la Valencia contemporánea, la desaparición de la artesanía clásica ante la introducción de la máquina ha sido evidente. Pero recorriendo aún en nuestros días los rincones del castizo Barrio del Carmen, encontraremos allí aspectos de la artesanía que no serán fáciles de encontrar en otros lugares de la ciudad.