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LOS MILAGROS
DE LA VIRGEN

       Hacemos un resumen de los presentados por Espinosa de los Monteros, y estos son:

       Siendo mayordomo de la Cofradía de Guadalupe el licenciado don Jerónimo Ruiz de Arredondo, el santero de la ermita se traslada a Ubeda para recoger el aceite para la lámpara de la Virgen, cosa que solía hacer cada sábado. La esposa de don Jerónimo dice al santero estar vacía la tinaja donde se depositaban las limosnas de los devotos, y exclama: "Hermano, ya no hay aceite de Ntra. Sra. ni yo tengo de donde darlo". Contrariado el ermitaño contesta; "¿pues no tiene la Cofradía caudal para comprarlo?. ¿Ha de estar Ntra. Sra. a oscuras?, y se marchó.

       Puesto en noticia de don Diego de Molina, también alcalde de la Cofradía, éste adquirió una arroba de aceite y cual fue su asombro que al tratar de vaciarlo, la tinaja estaba totalmente llena. De ello fue testigo el presbítero don Pedro de Molina, y el pueblo cantó el milagro con un sencillo verso.

       Cierta niña que padecía de tiña en su cabeza y de cuartanas, fue puesta por su madre bajo el amparo de Nuestra Señora, la untó con el aceite de la lámpara de la Virgen, y sanó.

       Enferma de corazón una niña, en muchas ocasiones la dieron por muerta. Una de aquellas veces, la untaron con el aceite de la Señora quedando sana.

       Tullido el panadero Juan Ruiz, junto a San Nicolás, y noticioso de los milagros del aceite, untose los pies y cúró. Otro tullido llamado Jerónimo de Chaves, siguió el ejemplo del anterior e igualmente quedó curado.

       Dice Espinosa de los Monteros, que en el palacio de los Mexía, calle Trinidad, en cierta ocasión en que por falta de lluvias traían a la Virgen del Santuario en rogativas, al pasar la procesión a la altura de la citada mansión, que sin acabar estaba sin rejas, salió a una repisa la niña Doña María de Ortega Mexía, y ante el peligro su madre se encomendó en la Virgen de Guadalupe, parada en un altar delante del palacio, saliendo la niña ilesa del percance.

       Luis del Madroñal, desahuciado de los médicos por llevar en estado de coma varios días a causa de una herida grave, aplicándole una prenda de vestir de la Señora, volvió en sí y sanó.

       Don Juan Duque (Ramírez de Arellano), alguacil mayor perpetuo de Úbeda, donde sabemos falleció en 1.720, dolido de "modorra y tabardíllo", y desahuciado de los médicos, le pasaron sobre su cuerpo una reliquia de la Virgen quedando curado de su mal.

       Celebrándose en la ermita del Gavellar la fiesta de Nuestra Señora el 8 de septiembre, hubo riña y un hombre de Rus quedó atravesado por arma blanca. Cayó mortal al suelo y colocando su cuerpo delante de la Virgen y cantando a coro la Salve con fe, quedó sano poniéndose al instante de rodillas a los pies de la Virgen.

       Otra festividad del 8 de septiembre, celebrándose los cultos en la ermita, acudió una multitud de devotos y no habiendo comida para alimentarlos, Juan de Avilés, Jurado de Úbeda, mayordomo de la Cofradía., hizo disponer la comida con dos carneros y dos fanegas de pan y dos arrobas de vino, alimentándose con ello más de quinientas personas, sobrando comida como en el caso del Evangelio.

       En 1.676, estando los fieles cantando a la Señora en la iglesia mayor colegial de Santa María, sintiose muy indispuesta una doncella, y moribunda se depositó en la sacristía. Pusieron sobre su cuerpo la imagen de la Virgen y repentinamente quedó recuperada la enferma.

       En 1.691, con ocasión de las rogativas pro lluvia, al pasar la procesión de la Señora por el convento de la Victoria, echaron al vuelo sus campanas, cayéndose la lengua de la que daba a la lonja que estaba abarrotada de fieles. El hierro fue a caer en un pequeño hueco sin gente sin causar daño a los presentes.

       En otras rogativas, cuando la Virgen pasaba por el convento de San Juan de Dios, camino del Hospital de Santiago, un fraile' que había fabricado un cohete de más de dos libras de pólvora, le prendió fuego, subió hacia el cielo cayendo a tierra sobre la cabeza de don Francisco Gómez de Cisneros, Notario del Santo Oficio de la Inquisición de Córdoba en Úbeda y Capellán del Salvador, sin causarle mal alguno: sólo el bonete quedó chamuscado.

       Antón Vélez, vecino de Rus, padecía asma quedando desahuciado de los médicos. Ofreció a la Señora su peso en trigo, promesa que cumplió con largueza.

       Andrés de Madroñal, vecino de Santa Olaya, estando durmiendo en el Cerro de la Caldera, recibió dos disparos de un enemigo, dándolo por muerto. Visto por el cirujano don Juan Jiménez, éste pronostica la herida de mortal, pero puesto bajo la protección de la Virgen de Guadalupe, sanó milagrosamente.

       A un ubedí de apellido Honrubia, le dieron tal paliza en un enfrentamiento familiar dándolo por muerto. Sucedió esto en El Villarejo, llevaron su cuerpo a la ermita del Gavellar recuperando sus energías al instante.

       En 1.646 un niño cayó en un pozo de la calle Minas sin ser visto de nadie. Estándolo buscando su madre, se asomó al pozo escuchando como el niño la llamaba. Fue rescatado sin daño alguno exclamando: "Madre, aquella Señora que es chiquita que traen por la calle Nueva, estuvo conmigo en el pozo y me libró de que no me ahogara".

       Disparando un arcabuz cierto pastor de mal vivir, sirviente de don Luis de la Cueva y Guzmán, se reventó el cañón sin causarle mal alguno por haber invocado a Nuestra Señora. Ante el hecho portentoso entró por buen camino.

       Honrando a la Señora con fuegos artificio en la Plaza del Mercado, un enorme cohete reventó llegando los pedazos hasta las terrazas de la espartería donde habiendo mucha gente todos salieron ilesos.

       Otra vez, cuando en el Llano de Santa Maria se ofrecía a la Virgen más fuegos, un cohete a medio prender, fue cogido por un niño, y reavivado explotó en su faltriquera. El niño imploró a la Virgen saliendo salvo. En agradecimiento, cuando mayor, entró religioso en convento de la Merced donde falleció anciano.

       Al tiempo de labrar para la Señora el camarín de la ermita, los maestros de obras apuntaron la necesidad de romper la pared de la iglesia del lado de Oriente, para levantar un arco toral. Al tratar de llevarlo a cabo, vieron con somresa que el arco estabclabrado con lo que la Cofradía tuvo gran alivio económico.

       Durante las obras del camarín, quedose envuelta entre la broza una aguja de coser esparto, la misma que se clavó en un pie el licenciado don Juan Sánchez de las Peñas, capellán de la ermita y cofradía. Untose con aceite de la lámpara y quedó sano.

       Diego de la Peñuela, encargado de pedir la limosna con la taza de plata de la Señora durante la lidia de un novillo en la plaza del mercado, estando en El Tabladillo de San Pablo, embistió el toro dándole al tal Diego una mortal cornada. Invocó a la Virgen y sanó.

       Hicieron un algibe junto a la ermita, y siendo cierto que el paraje del Gavellar es seco y sin agua su arroyo, al tratar de ahondar se hallaron la bóveda labrada, aligerándose los gastos de la obra.

Juan del Villarejo, bracero en el Cortijo del Madroñal, mal de salud y con dolor de estómago, se puso al amparo de la Señora y untándose el estómago con aceite de la lámpara quedó sano.

       Cierta vecina de Santa Olaya, mal de la vista y "muy eferma de mal de celos" sin motivo justificado, tocó el aceite de la lámpara quedando sana.

       En 1701 con motivo de la sequía, se trasladó a Úbeda a Nuestra Señora el 1 de mayo. La Virgen no envió el agua pero si aires frescos. dando lugar a que las siembras espigasen y granasen. siendo la cosecha de aquel año muy copiosa.

       Un servidor de don Diego de la Cueva llamado Pedro Lorenzo Rodríguez, hallándose al borde de un estanque en la Casería del Deán liado en su capa, fue empujado, e impedido para nadar, invocó a la Virgen y pudo salvarse sin siquiera mojarse.

       Un ciego de nacimiento de Canena, recibió la vista de Nuestra Señora según testimonio del licenciado don Francisco de Arévalo. Se llamaba Juan de Catena y recobró la vista al tiempo que la Virgen era procesionada. El ciego comenzó a voces ante el estupor de la concurrencia.

       María de Quesada, vecina de Santa Olaya, estuvo seis días de parto, se puso bajo el amparo de la Señora dando a luz un hermoso niño.

       Estando toreando a caballo en la Plaza del Mercado don Andrés Luis de Ortega y Porcel, gran devoto de la Virgen de Guadalupe, gracias a Ella salió con gran lucimiento después de dar muerte a diez toros "de los que en Ubeda se crían por ser alabados y conocidos en toda España".

       Una mujer de Rus tuvo un largo y difícil parto, quedando desahuciada, pues se afirmaba estar la criatura muerta en su vientre. Se encomendó en Nuestra Señora de Guadalupe paríendo al instante un niño vivo y hermoso.

       Juan del Monte, natural de Vilches, era cojo de nacimiento. Se llegó a la ermita del Gavellar, oró ante la, Señora y untándose el pie con aceite de la lámpara, volvió sano a su casa.

       Hasta aquí, los relatos ofrecidos por Espinosa de los Monteros, ciertamente ingenuos, pero tenidos por el pueblo de ciertos. Por nuestra parte, añadimos otro milagro con testimonio documental directo. Veamos.

       En Úbeda, el 31 de Julio de 1.695 ante Diego Moreno de Aranda, don Andrés de Mora y Molina y su mujer doña Catalina de Valencia y Cotillas, declaran:

       "Por la dicha Dª Catalina de Balencia y Cotillas por causas justas que para ello me mueven y por hallarse como se halla sumamente agradecida a la birgen Santísima de Guadalupe, por haberme encomendado a su magestad en el conflicto de un mal parto que mediante su intercesión a salido del con gran felicidad, por cuya causa y porque siempre a sentido gran deboción a dicha Nuestra Señora de Guadalupe y su cofradia que se sirve en su hermita que está en el Royo Gabellar, término desta ciudad, la que es Compatrona, y por las razones dichas, por esta escritura de donación... para que sea suyo para siempre jamás le dono un haza de querda y media en el pago de la Guerta del Sillero, camino real que va a la Villa de Sabiote..."


UN HECHO RECIENTE


       En la segunda quincena del mes de Mayo de 1997, se presentó en el domicilio del Hermano Mayor de la Real Archicofradía de Nuestra Señora de Guadalupe (Patrona de Úbeda), D. Enrique Blanco Martínez, la señora Dª Estela Orozco García, solicitando una estampa de la Virgen de Guadalupe para su sobrino Sergio Baeza Orozco, nacido el 28 de Julio de 1995, (según consta en el informe de alta del Hospital Regional "Reina Sofía" del Servicio Andaluz de Salud de la Consejería de Salud de la Junta de Andalucía de Córdoba, firmado por las Doctoras Clavero y Velasco), que se encontraba ingresado en la UCI de referido centro sanitario en estado muy grave, al padecer Sepsis Meningococica (Meningococo tipo C) - Shock Séptico - Cid - Sdra - Neumotórax derecho - Rectorragia (Pólipo intestinal) y Colitis Pseudomembranosa.

       En espacio de media hora, le fue entregada en el domicilio de su abuela materna Dª Guadalupe García Valle, calle Andújar nº 11, junto a otra estampa con reliquia de Nuestra Señora de Guadalupe (trozo de cinta de la falda de la Virgen).

        Estampa y reliquia fueron colocadas, al día siguiente, junto al respirador del niño hospitalizado en el Reina Sofía.

        No habían transcurrido 24 horas, cuando Sergio Baeza empezó a mejorar tan rápidamente que el mismo personal del centro sanitario, conocedores de la gravedad en la que se encontraba el niño, después de permanecer 49 días en la UCI, trató el suceso de milagroso, siendo dado de alta el día 27 de mayo de 1997.

        Tan pronto fue posible, sus padres Domingo y Paloma, y toda la familia peregrinaron al Santuario del Gavellar, y junto a Sergio dieron las gracias a la Virgen de Guadalupe por el favor recibido. En la actualidad se encuentra perfectamente y con cuatro años cumplidos, es un chaval vivaracho, travieso y alegre como el más feliz de los mortales.

       ¡Esto ocurrió así! Que cada cual saque sus consecuencias.



Casa de Hermandad: C/ Las Parras, 30
Apartado de Correos 197
23400 Ubeda (Jaén)
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