HEREJÍA ECONÓMICA

PROTOCOLOS... HACIA UN NUEVO SISTEMA ECONÓMICO

por Mauricio Rivadeneira Mora

LIBRO 1

TEORÍA ECONÓMICA

 COMO  CONTROLAR  LAS  TASAS  DE  INTERÉS,  LA  OFERTA  MONETARIA, LA  INFLACIÓN,  LAS EXPECTATIVAS  Y  LA INCERTIDUMBRE  EN  LA ECONOMÍA.

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CAPITULO  IV

  

UN MODELO COMPARATIVO DEMOSTRATIVO

(INFLACIÓN POR COSTOS, POR EFECTO MONETARIO, Y VÍA TASAS DE INTERÉS).

 

 

No hay que disertar mucho para comprobar que la teoría económica no ha comprendido a cabalidad el fenómeno de la inflación, pues no hay país que no esté expuesto, ni hay teoría convincente que nos permita enfrentar con cierta posibilidad de éxito semejante enemigo.

 

Los intentos que se vienen realizando en Colombia desde 1996, en particular por las políticas de la Junta Directiva del Banco de la República, están a punto de ahorcar la economía tanto en su base productiva como en su institución financiera, e insisten a fe ciega, y culpando permanentemente al gobierno central por su abultado déficit fiscal. Culpas van, culpas vienen, lo que solo confirma nuestro punto de vista.

 

Necesario es, pues, demostrar que la tasa de interés es inflacionaria, y que afecta realmente a la economía a la vez que saber cómo se relaciona esta con la inflación por costos y por efectos monetarios, para así dar un sustento a cabalidad de las tesis que venimos sosteniendo.

 

Solo necesitamos nuestros conceptos económicos, pues podemos prescindir de modelos matemáticos para esta demostración. No significa esto que no podamos expresar lo dicho en palabras con un modelo matricial. Esto sería susceptible de realizarse aunque no agregaría nada especial a la demostración.

 

Supongamos dos países exactamente iguales, A y B, con las mismas condiciones económicas, los mismos recursos, las mismas costumbres, los mismos productos, los mismos impuestos, las mismas industrias con la misma producción, con exactamente las mismas importaciones y exportaciones, etc. y supongamos adicionalmente que no existen sino los dos países.

 

Si no se entiende cómo dos países pueden exportar y a la vez importar exactamente los mismos productos, imaginémoslos pegados uno al otro, como dos rectángulos, uno con su región productiva al norte, y el otro con su región productiva al sur, pero exactamente iguales, solo que simétricos. Así, por razones de distancia, es más económico que el norte del uno exporte al norte del otro sus productos, y el sur del otro exporte  al sur de su vecino los mismos productos.

 

Así suponemos dos países A y B, inicialmente iguales, países en los que impera la misma tasa de interés, supongamos 3% para captación, y 5% de intermediación de la banca, de suerte que la tasa de colocación se sitúa en 8%, para ambos países. Hablar en términos de porcentaje para el costo del dinero nos garantiza que su valor será igual, independientemente del tipo de moneda que pueda tener cada uno.

 

Solo anotemos una diferencia, el país A tiene una moneda dólar, y el país B una moneda pesos, pero con paridad absoluta. Es decir, un dólar por un peso, inicialmente.

 

Nos hemos garantizado unas condiciones iniciales exactamente iguales, y lo que deseamos ver es el efecto que produce en un país el tener una tasa de interés más elevada.

 

Sin embargo, antes de abordar el tema de la inflación generada por la influencia de una tasa de interés elevada, analicemos los otros dos conceptos de la inflación: por demanda o incremento de la oferta monetaria, y la inflación por costos, sin ir a repetir la teoría que es de todos conocida.

 

 

INFLACIÓN POR DEMANDA: En general sabemos que la inflación por demanda se genera cuando hay excedente de oferta monetaria sobre la cantidad de productos y servicios que están en circulación.

 

Estos excedentes se pueden ocasionar por varias circunstancias como son:

 

1. La financiación de los gastos del gobierno con emisión primaria de dinero, en exceso del necesario para soportar el incremento de la producción real.

 

2. La colocación de recursos con emisión primaria a través de la banca, en exceso del necesario para soportar el incremento de la producción real.

 

3. La financiación de los gastos del gobierno con créditos externos, siempre y cuando éstos se moneticen, aumentando las reservas del país. (Realmente no hay diferencia con la emisión primaria, salvo que se tienen reservas adicionales, y una deuda).

 

4. La financiación de los particulares con créditos externos, también cuando éstos se moneticen, incrementando las reservas del país.

 

5. La inversión extranjera, cuando igualmente los recursos se moneticen, incrementando las reservas.

 

6. El resultado de las exportaciones, cuando las divisas se monetizan incrementando las reservas.

 

En general, estos conceptos los podemos enmarcar en dos rubros a saber: Emisión primaria, y divisas extranjeras que se monetizan incrementando el nivel de reservas. (Hablamos de un incremento neto sobre el nivel de reservas).

 

En condiciones normales de equilibrio, alrededor de una tasa de interés, si el manejo económico es prudente por parte del gobierno, el equilibrio con el exterior se dará por si solo. Esto es, el nivel de reservas siempre tenderá a mantenerse en ceros o constante, pues el valor relativo de las monedas con el dólar se modificará siempre en sentido contrario al que está ocasionando el desequilibrio. Cuando el nivel de las reservas  empieza a cambiar, es porque algún parámetro no se está manejando adecuadamente, es decir, no estará funcionando el libre comercio, o, como demostraremos adicionalmente, se tiene una tasa de interés muy por encima de la tasa promedio internacional.

 

El excedente de dinero que se aplica a un país sobre unas condiciones iniciales de equilibrio, penetrará al mercado como ingreso de alguien. Para ver lo que ocurre manejemos nuestro modelo de los dos países.

 

Supongamos que en el país B se incrementa la oferta monetaria a digamos, el doble de la existente inicialmente. Pongamos por ejemplo que el país B quiso sacarle ventaja a su vecino, argumentando que si aumentaba la oferta de dinero este incremento incentivaría la demanda, y ante esta señal, los empresarios producirían más, aumentarían el empleo y con el la producción, y por consiguiente también aumentaría el producto interno bruto.

 

La primera reacción de los empresarios ante el incremento de la demanda, no es obviamente la de producir más que la de sus planes de expansión que ya tenían, sino la de subir los precios. Evidentemente es como funciona el sistema capitalista, que pague el mejor postor. Con el tiempo, si los precios se mantienen y las utilidades permiten ver que se tienen mejores ganancias, se podrá crecer más, o entrarán nuevos competidores al mercado, pero si por el contrario, todos los precios empiezan a subir al unísono, al igual que los salarios, los costos también se incrementarán, y las utilidades pueden quedar iguales que antes, como porcentaje de las ventas. Así, podemos argumentar que el efecto del incremento de la oferta monetaria se fue, una parte en sustentar los incrementos de la producción que se traían como planes iniciales, y el resto solo en un incremento de los precios. Luego, en principio, los dos países continúan con la misma producción que traían históricamente, es decir, el país A y el País B, continuarán con la misma producción real. Esta conclusión en principio es lógica, lo que nos lleva a deducir que también en economía podemos aceptar el principio filosófico que nos dice que “de la nada no puede salir algo”.

 

Si aceptamos el argumento, podemos afirmar que no es de las mejores políticas financiar al estado con la emisión de dinero, más allá de lo necesario para mantener unos precios estables. Primero, porque si bien, no hay un incremento en la producción esperada, si es posible que esta disminuya, cuando observemos más de cerca el fenómeno.  

 

En efecto, supongamos que el nuevo dinero ingresó al mercado como pago de sueldos del gobierno a sus propios empleados.(Equivalente a un déficit fiscal). En este caso podemos afirmar, conforme a la experiencia de todo el mundo, que no habrá un incremento de producción acorde con los nuevos sueldos, por aquello de la ineficiencia del estado, y el efecto será la de incrementar la demanda sin dejar contraprestación en el lado del producto. Estos nuevos sueldos pueden desplazar personal de sectores eficientes al sector estatal, perjudicando la producción real de la economía. Si no se diera este caso, la presión sobre los precios haría que los trabajadores en general sufrieran una pérdida adquisitiva de su salario, dando como resultado una simple redistribución del ingreso, como si el estado hubiera cobrado un impuesto adicional. Esto desmotiva al sector empresarial y a la masa trabajadora, los que a su vez, reaccionarán subiendo precios y reclamando alza de salarios respectivamente, hasta tanto se vuelva a la posición de equilibrio.

 

Supóngase ahora que la nueva emisión de dinero ingresa al mercado financiero, para ser prestado bien sea a los consumidores o a los inversionistas. Si los dineros los absorben los consumidores tendremos el mismo efecto sobre un aumento en la demanda. Si en cambio lo toman los inversionistas, es decir, las empresas, el dinero será pagado en principio como salario de alguien, lo que influirá de todas formas en el incremento de la demanda. Sin embargo, puede ocurrir que surja una nueva producción adicional que contrarreste o equilibre ésta demanda, dependiendo de la distribución del crédito en los diferentes sectores de la economía. Pero aquí hay algo sobre lo que hay que tener cuidado. Estamos comparando dos países A y B, que tienen la misma tasa de interés, y supuestamente en la mínima tasa. Es decir, el equilibrio general está en su punto óptimo, con la máxima utilización de los recursos a esa tasa de interés,(Esto no quiere decir que todos los recursos estén utilizados al 100%, eso no lo sabemos). Luego una producción adicional, que no esté contrarrestada por el incremento de la población, o de nuevos inventos, ocasionará un derrumbe de precios en términos reales (pues en principio hay inflación) de tal forma que desaparezcan las empresas menos competitivas, perdiéndose la inversión realizada. Y volveríamos al principio: “De la nada no puede salir algo”.

 

El país A ha venido incrementando su base monetaria solo para mantener estables los precios, en tanto que al país B le hemos supuesto un fuerte incremento monetario por encima de éstas necesidades. Ahora el país B esperamos que no tenga una mayor producción, aunque difícilmente lo podemos asegurar teóricamente. Pero supongamos que la tenga, en este caso también el costo será mayor como resultado de una menor rentabilidad, es decir, aparecería una mayor producción por encima del equilibrio lo que ocasionaría una baja de precios del mercado en términos reales, (pues en principio hay inflación), disminuyendo la rentabilidad. Lo más seguro es que desaparecerán algunas empresas con todo y su producción, volviendo al equilibrio.

 

En ultimas, podemos concluir que el intentar financiarse con dineros salidos de la nada produce incertidumbre, hace que las decisiones de invertir se retrasen pues no se conocen las expectativas reales, u obligan a los agentes a tomar decisiones equivocadas, a más de los procesos inflacionarios que generan. Mucha historia ha pasado por el mundo, y ya parece que los economistas están plenamente convencidos que no es aconsejable financiarse con emisión primaria, más allá de lo necesario para mantener el equilibrio con el incremento de la producción real, de conformidad con la demanda real y la disponibilidad real de las familias, según sea su capacidad adquisitiva.

 

En este ejercicio hemos supuesto que la tasa de interés se mantenía igual, y no hay que suponer que la banca se sienta tentada a modificarla por verse afectada igualmente por la inflación, pues en igual forma las colocaciones también serán mayores por la mayor cantidad de recursos disponibles, aunque sea en términos nominales. Si la banca modificase su tasa de intermediación, el problema sería diferente, y lo abordaremos cuando veamos la tesis que estamos demostrando: que la tasa de interés por encima del nivel internacional es inflacionaria.

 

Hemos examinado los diferentes frentes de la inflación por demanda, o lo que parece ser lo mismo, inflación por sobreoferta monetaria, o mejor aún, por un incremento en la oferta monetaria no equilibrado con el incremento de oferta de bienes y servicios.

 

En realidad no hemos hecho nada novedoso. Tan solo un resumen muy ligero de lo ya conocido. Era importante desarrollar este tema para nuestra exposición, sobretodo cuando veamos el efecto que puede tener la tasa de interés sobre la inflación.

 

Lo que si hemos de recalcar, es que aunque el dinero es el motor que mueve las pasiones en el hombre y lo incentivan al comercio, el dinero por si solo no produce bienes y servicios, ni es generador de nuevas riquezas para la economía en general. La riqueza de las naciones es producida únicamente por el trabajo, ya sea que este sea apalancado por los bienes de capital, y de ninguna manera por el dinero. Así que pretender engañar al sistema con el dinero salido de la nada, no logrará su efecto, pues este se distribuirá no sobre un producto adicional sino sobre el nivel de precios.

 

Ahora bien, demos un vistazo a los toros desde la barrera, y reinterpretemos nuestro discurso a la luz de la ecuación cuantitativa del dinero.

 

En los casos antes citados, ¿Podemos pensar que hay un límite para la inflación, o por el contrario, esta será recurrente?.

 

Digamos que si. Cuando todo se vuelva a equilibrar, productos que circulan con dinero que circula, y listo, la inflación se detendrá, siempre que no haya un nuevo elemento perturbador.

 

Pero una cosa es decir que sí, y otra diferente explicar porqué.

 

Digamos que de un lado está la producción (o corriente de bienes y servicios), y del otro el dinero. Para que el producto circule se requiere del dinero, y para que el dinero circule se requiere del trabajo, y por supuesto, que haya quien fabrique el dinero y lo introduzca en el mercado. 

 

Tomemos la ecuación cuantitativa del dinero, esto es, la relación del total de la producción con el total del dinero en circulación (Y/M=V), o desarrollándola en otra forma, PQ=MV, donde P es un índice de precios, Q un índice de la cantidad de producto en circulación por unidad de tiempo, M la cantidad de dinero disponible y V la velocidad de circulación del dinero por unidad de tiempo.

 

En principio todos los parámetros de esta ecuación pueden variar, de tal forma que la igualdad o equivalencia siempre se mantenga. Así, cuando el sistema haya absorbido todo el dinero nuevo, el equilibrio se restablecerá en un nivel nuevo de precios, y quizás con una velocidad de circulación diferente a la del estado inicial. Lo importante es que la inflación se detendrá poco a poco después de que cese la perturbación. (Suponiendo tasas de interés bajas y constantes).

 

Pero esta situación no es la que nos interesa pues nos dejaría todo al nivel de la incertidumbre y las falsas expectativas. Y la ciencia debe correr en procura del dominio, suprimiendo la incertidumbre. Este es el motivo por el cual la economía nos ha parecido más un arte que una ciencia. Su preocupación se ha centrado en las condiciones del equilibrio y las expectativas sobre la tasa de interés y de la psicología de la gente, sin darse cuenta de la posibilidad concreta y real de predeterminar la tasa de interés, suprimiendo de tajo la incertidumbre que se crea alrededor de este parámetro. 

 

Nos interesa pues, solo un caso concreto sobre esta ecuación cuantitativa. El caso en que los precios P son fijos, y la cantidad Q es creciente a una determinada tasa. Para que la ecuación se equilibre se requiere que aumente la masa monetaria M, o que aumente la velocidad de circulación V, o que solo aumente M dejando constante V, o que solo aumente V dejando constante M, o que aumenten tanto M como V. Eventualmente podría también disminuir M y aumentar en mayor proporción V o viceversa. Matemáticamente todas las posibilidades son factibles, pero la realidad impone ciertas condiciones que las restringen. Veamos.

 

En principio, lo más fácil tanto en lo matemático como en lo práctico, es que solo aumente M. Y es por esto que decimos que la creación de M debe ir de tal forma, que el nivel de precios siempre sea el mismo. Esto significa que todos los gobiernos necesitarían hacer sus presupuestos de gastos de tal forma que siempre se tenga un déficit adecuado, acorde con las necesidades de nueva generación de dinero. O en su defecto, que la nueva generación de dinero penetre a través del mercado financiero, el que a su vez puede provenir de un incremento neto en el nivel de reservas del país (1). Por supuesto también de una combinación de todas las alternativas que pueden generar incremento de reservas, las que a su vez implican nuevo dinero en circulación. Pero se requiere que estas vengan solo al nivel adecuado para mantener los precios estables. Recursos superiores a los necesarios, es pretender inútilmente engañar al sistema, como espero haya quedado suficientemente demostrado. Sin embargo, hagamos una aclaración adicional.

 

La ecuación cuantitativa no nos da una relación de causalidad, es decir, no podemos inferir que la cantidad de dinero influye o no sobre la producción real, o que la producción Q determina la velocidad de circulación,  o que los precios P determinan a M o viceversa. En este sentido esta ecuación no nos dice nada.

 

Por nuestro discurso anterior, si podemos decir que M, o mejor, el exceso de M no produce ningún efecto favorable sobre la producción Q, es decir, que no es M la que motiva a Q. Lo que motiva a Q y su incremento es algo real, como la necesidad de las familias y sus propias posibilidades reales de trabajar. Es el trabajo el que puede hacer crecer a Q, siempre y cuando se suministre el dinero necesario al sistema. El dinero es lo accesorio, lo secundario.

 

En efecto, lo que hay detrás de la ilusión del dinero es la realidad perfectamente equilibrada y desnuda: “Dos libras de trigo por un denario, y seis libras de cebada por un denario;...”

 

En vez de decir “un denario”, lo podríamos cambiar por 10, o 100 denarios, etc., la realidad es que cambiamos dos libras de trigo por seis de cebada, y nada más, y esta relación no la puede modificar la menor o mayor cantidad de dinero, sino la técnica, o los hábitos de consumo.

 

Así que lo importante es la proporción en que se intercambian los diferentes artículos, y evidentemente lo que los iguala en últimas, es el trabajo en ellos involucrado. Aunque la cantidad de trabajo agregado a un artículo es inconmensurable, de alguna manera el sistema logra su valor justo a través del dinero, pero solo como valor de intercambio; y nunca por el valor intrínseco y unívoco del  dinero.

 

Así, el resultado de incrementar el dinero salido de la nada en forma desproporcional al incremento de la producción solo dejará una inflación que perjudicará las decisiones de inversión, pero que no motivará por ningún motivo la producción. En esta dimensión, aplicar una política que busque atraer en forma desproporcionada los capitales extranjeros, es otra forma de caer en falsas ilusiones, pues si el país que las va a recibir no está preparado para una eventualidad de estas, de nada va a servir, los dineros que probablemente ingresen se perderán para la inversión, y en su defecto solo quedará la inflación.

 

El discurso hasta este momento, lejos de ser desalentador, nos muestra que la inflación es un fenómeno completamente monetario, y como tal, se puede controlar con medidas puramente monetarias, controlando la oferta monetaria, mas no como se hace actualmente en Colombia, influyendo sobre la tasa de interés aumentándola (1). Aunque nuestra conclusión no es novedosa para la teoría económica, si hace falta completarla, porque la ecuación cuantitativa no está aparentemente conectada con la tasa de interés, y ya veremos que su influencia puede llegar a afectar de tal forma la economía, que deje completamente inútil las conclusiones de la ecuación cuantitativa.   

 

Podemos empezar a gritar EUREKA, aunque todavía nos falta camino por recorrer.

 

Una pregunta más interesante sería si el proceso es reversible. ¿Puedo quitarle dinero al sistema?. En efecto esto se hace en la práctica, pero en general cuando se prevé una inundación de dinero, como para contrarrestar que no sea mucho el nuevo circulante. Más exactamente la pregunta es, si estando en una situación de equilibrio, (cuando los precios y salarios se están moviendo es porque no hay equilibrio), ¿Puedo quitarle dinero al sistema?. Supongamos que el país A está en su equilibrio original, y el país B en su nueva posición de equilibrio después de haber incrementado su oferta monetaria. ¿Puede regresar el país B a la misma situación original del país A?. La respuesta sería afirmativa solo si los sueldos se pudieran mover libremente a la baja. La práctica y las costumbres de asalariados y sindicatos muestran que esto no se da. De suerte que tendría que hacerse en forma impositiva por el gobierno, por ejemplo, retirando parte del dinero, y no esperar a que el sistema reaccione, sino por un acuerdo digamos dividiendo por un factor todos los precios y sueldos y contratos etc., o suprimiendo ceros en todos sus billetes, prácticamente cambiando todo el circulante. En fin, nada muy práctico que digamos.

 

¿Y que pasaría si en vez de retirar el dinero lo dejamos igual durante un poco de años?. ¿Empezarán a bajar los precios hasta que el país B vuelva a equipararse con el país A?.

 

La respuesta parece ser negativa debido a la resistencia o inelasticidad de los salarios, los que solo se modificarían en un tiempo demasiado largo, en la medida en que los nuevos inventos pudieran mantener los mismos salarios con fuertes incrementos de la productividad. Y aunque la velocidad de circulación V podría aumentar teóricamente hasta alcanzar el nivel del país A, la misma inelasticidad de los salarios le impondrán un límite, hasta el punto en que las transacciones se vean frenadas por la iliquidez.

 

Al parecer este proceso enmarcado en el universo económico no es reversible.

 

Veamos que ocurre en el otro extremo, cuando se deja el dinero constante, y la producción está creciendo. En principio, los precios se resistirán a la baja. La disminución en la demanda no se notará inicialmente, sino que la velocidad de circulación del dinero llegará a su límite. Pronto el sistema sentirá la iliquidez, no solo para especulación, sino para las mismas transacciones. Llevemos el sistema al caso límite, cuando el dinero es cero. En este caso el sistema volvería al sistema trueque, otro producto ocuparía el lugar del dinero como el oro o la plata, o los pagarés, etc., pero el valor de intercambio entre los productos no se alteraría. El comercio se dificultaría increíblemente, y por supuesto el nivel de transacciones y la misma producción se disminuirían. Para nivelar la ecuación se requeriría que los precios disminuyeran también paulatinamente (1), hasta un punto en que los sueldos no permitirían una baja adicional, y el sistema colapsaría. Luego, más perjudicial a que haya exceso de dinero, es permitir que este se agote. Así que la medida exacta para suministrar dinero al sistema será justo el necesario para que los precios P mantengan su nivel; y el temor de no saber exactamente cuanto es el necesario, se compensa con un pequeño error que permite al sistema reaccionar con un incremento en la velocidad de circulación del dinero. Luego es a todas luces importante poder dilucidar la naturaleza de la velocidad de circulación V del dinero, de que parámetros institucionales depende, cómo influyen los hábitos de la gente, los pagos de prestaciones, los diferentes tipos de servicios que presta la banca etc. Pero este tema no se tratará aquí, pues nos sacaría completamente a un tema diferente. Lo esencial para nuestra tesis ya ha sido abordado (2).

 

Dejemos algo en claro. El control de los precios a través del control de la oferta monetaria solo se puede dar si la tasa de captación está en su mínimo internacional, conforme se demostrará enseguida.

 

INFLACIÓN POR COSTOS: La inflación por costos la encuentro de naturaleza completamente diferente a la inflación por demanda, y no la asocio por ningún motivo a un incremento salarial.

 

Supongamos nuevamente nuestros dos países exactamente iguales, A y B, en las mismas condiciones iniciales. Supongamos que en el país B se agotó el petróleo, y su extracción se hace más costosa que en el país A. Ahora la gasolina sube de precio lo que afectará el transporte de todos los artículos, y hará subir igualmente todos los precios. Hablamos de que el petróleo se agotó realmente, y la subida del precio de este se debe a que realmente es más costoso y no a una decisión administrativa que resolvió subir los precios. La diferencia entre el ascenso de precios real y la de tipo administrativo es significativa. En el caso real, el incremento en el precio del petróleo vendrá acompañada de un alza en los precios de todos los artículos lo que a su vez ocasionará la reacción de los empleados que pedirán un incremento de salarios, y antes que todo se vuelva a nivelar los precios del combustible se tendrán que incrementar nuevamente ocasionando a su vez una nueva reacción y así sucesivamente, generándose una inflación de tipo inercial, la que aparentemente no se podrá detener. Tal vez sea moderada un poco por el libre comercio. El país B deberá entender en este caso que tendrá que hacer un esfuerzo adicional, y que con reaccionar con los precios no va a solucionar su problema de escasez, diferente a cuando la decisión es de tipo administrativo en la que la reacción de todos los precios borrará la osadía de querer ganar lo que el mercado no le reconoce.

 

En general, los gobiernos que tienen a su cargo la prestación de los servicios elementales como los de agua, energía, comunicaciones, salud, etc., deben entender que su política de precios (acompañada de ineficiencia) puede ocasionar inflaciones inerciales, pues son servicios que afectan proporcionalmente a toda la comunidad como lo hace el petróleo. Y los que han entregado estos servicios en concesión, lo mejor será no permitir los monopolios, y exponer estos servicios a una sana competencia, para así evitar el manejo arbitrario de los precios, pues cualquier ascenso de estos vendrá acompañado de la reacción de todos los demás sectores de la economía, motivando precios y salarios al alza.

 

Se entiende el problema para la humanidad si la ciencia no logra reemplazar a tiempo los recursos limitados de la naturaleza.

 

Otro elemento que influye en los costos en general es el incremento en la tasa de interés. Es casi general que las empresas normalmente estén endeudadas, y si se incrementan sus obligaciones financieras el efecto sobre los costos serán de la misma naturaleza inercial. Este punto lo desarrollaremos aparte, para ver cómo es la influencia en todos los sectores de la economía.

 

No encuentro otra forma en la que pueda surgir una inflación general por costos, pues un artículo cualquiera cuando sale por primera vez es lo más costoso que puede, permitiendo en general grandes utilidades a sus promotores. Pero con el tiempo, el desarrollo de la técnica hace mejorar la productividad, y seguramente encontrará competidores que se le medirán al mismo mercado, empezando una  reducción de precios antes que aumentarlos, teniendo como límite el punto en que la eficiencia marginal del capital se iguale con la tasa de interés del país.

 

No incluyo los incrementos salariales como posibilidad de una inflación por costos, pues pasa lo mismo que lo dicho en el párrafo anterior, de suerte que los incrementos salariales solo entran a formar parte de una reacción general como la citada inicialmente, o a una inflación por demanda. Pero siempre como reacción, y no como fuente originaria de la inflación. En realidad la estabilidad salarial la garantiza la técnica y la eficiencia administrativa en la medida en que se mejora la productividad y la competencia entre las empresas. Esto no quiere decir que las familias no puedan progresar. De hecho, el personal en general está cambiando de puestos bien sea entre la misma unidad productiva, o al cambiar de empresa, o bien al independizarse, en la medida en que se va haciendo más competente y preparado. Salta a la vista la importancia de la educación para mejorar el nivel de vida. Pero es fundamental que los precios sean estables.

 

En principio tanto la inflación por demanda como la inflación por costos se nos presentan como fenómenos económicos susceptibles de ser controlados, siempre y cuando se reduzca la incertidumbre generada alrededor de la tasa de interés. Demostraremos entonces la manera como influye el modificar la tasa de interés en la inflación por demanda y por costos, haciendo que se pierda cualquier tipo de control sobre las otras variables como la oferta monetaria, etc..

 

 

INFLACIÓN POR EFECTOS DE LA TASA DE INTERÉS: Ya vimos en el primer capítulo cómo se desencadena un desequilibrio cuando se modifica la tasa de interés, en el momento en que describimos e hicimos una predicción sobre el desarrollo que se podía esperar para Colombia gracias al efecto de incrementar la tasa de interés sobre la existente en ese momento. En ningún momento se asoció la inflación como generada por la tasa de interés, pues en ese momento no lo sabía.

 

En realidad la demostración que vamos a realizar se puede dar por hecha en los tres primeros capítulos. Sin embargo es importante la demostración manejando nuestro modelo de los dos países A y B, para ver la influencia general en todos los sectores de la economía, a la vez que nos permitirá disertar sobre el ahorro e inversión no a través de las ecuaciones como se desarrolló en el primer artículo, sino de los agentes que actúan de carne y hueso.

 

En realidad no vamos a inventar nuevas teorías, de hecho no nos hemos salido de las herramientas que nos legara Keynes, solo desarrollamos algunos puntos en los que no he sabido que se haya profundizado antes.

 

Partimos de una situación inicial de igualdad absoluta en los dos países, en que la tasa de interés de captación es del 3%, con una tasa de colocación del 8%. Es decir, un margen de intermediación para la banca del 5%.

 

Supongamos que el país B, de la noche a la mañana resuelve aumentar la tasa de captación al 5%. La intención era la de disminuir el consumo, para captar mas ahorros y poderlos canalizar a la construcción y a la inversión. La forma de hacerlo no fue difícil. El gobierno central emitió títulos por los que piensa pagar un interés del 4%, lo que obligó automáticamente a los bancos a competir pagando un 5%.

 

El país B ha pensado con la lógica del sentido común. Por el contrario, ya sabemos (dijéramos que en abstracto) que el efecto real va a ser todo lo contrario. Tanto el ahorro como la inversión y el consumo disminuirán irremediablemente, según la teoría de Keynes, de la que expusimos una parte en el primer capítulo de este trabajo, y si alguien lo duda puede tener una comprobación experimental analizando las cifras de Colombia. De la noche a la mañana fuimos convertidos en laboratorio experimental. El problema radica en que las cifras definitivas a la fecha de hoy (Junio 12 de 1997), todavía no se tienen.

 

La primera reacción de los empresarios que estaban en lista de obtener un crédito en el país B es la de abstenerse en tomarlo. Ellos piensan con sobrada razón que no podrán competir con sus vecinos del país A pues tendrán que subir los precios para contrarrestar los costos financieros, así que deberán pedir al gobierno que imponga aranceles a las importaciones. Entre tanto, no continuarán invirtiendo. Solo aquellos empresarios que tienen sus propios recursos y no tienen que endeudarse continuarán con sus planes de expansión, o intentarán conseguir créditos externos.

 

Supongamos que el gobierno no atiende la solicitud, y lo que hace es poner un impuesto al endeudamiento externo para obligar al país a tomar los recursos internos. Si no imponen el impuesto, los empresarios buscarían el crédito externo incrementando el ingreso de divisas y por supuesto el nivel de reservas. Ya sabemos que esto generará excedentes de oferta monetaria lo que ocasionará en principio inflación por demanda. Supongamos que este excedente incrementa las importaciones, pues el mayor ingreso de divisas ha disminuido el costo de los artículos en el exterior. Como hemos partido de una situación de equilibrio, el mayor ingreso de productos al mercado iniciará una guerra de precios que los productores del país B no podrán soportar en el largo plazo. En efecto, de un lado ellos tendrían que subir sus precios reales y no lo pueden hacer por la competencia con el exterior y entre ellos mismos. Los precios solo van subiendo como efecto monetario, el que a su vez no es desaprovechado por los importadores, es decir, ellos no van a sacrificar más utilidades de las apenas necesarias para capturar el mercado. Y por el otro lado, las empresas tendrán que sacrificar parte de sus utilidades, las que empezarán a bajar paulatinamente para los empresarios menos eficientes y los que más endeudados se encuentren. El efecto de incrementar la tasa de captación a su vez será un costo adicional para los compradores que también se endeudan y ahora tienen que comprar más costoso pues sus salarios no reaccionan tan rápido, luego también verán afectado su poder adquisitivo, disminuyendo sus compras, empezando por las más suntuarias. La disminución de las ventas será un punto adicional para los empresarios que tendrán que reducir sus plantas de personal y las empresas comenzarán a desaparecer del mercado, tal como lo expresamos en el primer capítulo, y como lo hemos comprobado experimentalmente en Colombia sin necesidad de tener cifras definitivas. Ha sido tan palpable el efecto, que hasta entra por los sentidos. Cuando las empresas empiezan a desaparecer, lo que se pierde para la economía es la inversión realizada en años anteriores, los despidos del personal harán disminuir el nivel de ingresos a nivel macroeconómico, y los dineros que se captan por el “ahorro” no tendrán mucha demanda, permitiendo una liquidez en el sistema que más bien es un desperdicio. En suma, el ahorro ha disminuido, tal como se predecía en las ecuaciones macro.

 

Pero.., ¿Hasta cuando se detendrá la baja o “recesión”, o disminución de empresas, como se quiera llamar?.

 

Hasta tanto la eficiencia marginal del capital se iguale con la nueva tasa de interés. En otras palabras, solo subsistirán las empresas que logren soportar el mal momento y tengan la eficiencia suficiente para quedarse con un mercado más reducido y con menos rentabilidad. Es claro que las importaciones también tienen un límite así sean más baratas, pues tampoco pueden superar la demanda real.

 

Vemos que este parámetro, la tasa de interés, es terriblemente objetivo, y actúa en la economía realmente como un muro de contención que dice: “De aquí no pasaras”. Es otra forma de decir que la eficiencia marginal del capital llega hasta el punto en que se iguala con la tasa de interés.

 

Si en Colombia seguimos pensando que se puede reactivar la economía con solo dar ánimo a nuestros empresarios y consintiéndoles las deudas, lamento desilucionarlos, pues en economía no todo son expectativas, también hay elementos muy concretos.

 

El equilibrio nuevamente se alcanzará alrededor de la nueva tasa de interés y se reactivará la economía, pero en un punto muy por debajo del potencial real que pueda tener el país, y la tasa de desempleo será mayor.

 

En efecto, procedamos a comparar nuestros dos países.

 

El país B disminuye su producto interno bruto, disminuye su inversión, es decir, el ahorro. Incrementa su desempleo y también su inflación, la que se hace galopante o inercial como un efecto combinado tanto por el lado de la demanda como por los costos. Tendrá un retraso creciente con respecto a su país vecino, el que verá alejarse cada vez más.

 

El país A verá incrementada su demanda en el exterior y podrá crecer más favorablemente que el país B, aunque no dejará de sufrir inflación pues la balanza comercial estará permanentemente inclinada a su favor. Si antes tenía desempleo es posible que lo vea disminuir. Su daño por la inflación no es tan grave, pues ya vimos que aunque se pierde algo de energía no afecta gravemente la producción real.

 

En realidad la inflación generada por los efectos del incremento de la tasa de interés penetra en la economía como una inflación por costos. Ya vimos al analizar la inflación por costos que esta no parece ser posible detenerla, y como la tasa de interés influye también en los costos de los servicios, tenemos en realidad una mecha prendida sin fin aparente. Adicionalmente, la tasa de interés muy elevada atraerá los capitales especulativos, incrementando las reservas, lo que ocasionará una permanente revaluación de la moneda.

 

Con esto completamos nuestra demostración. Hemos comprobado que la tasa de interés por encima de la existente a nivel internacional es inflacionaria, la disminución del ahorro como corolario, ya lo había demostrado Keynes. Podemos asegurar que todos los países que estén en esta situación están sacrificando posibilidades de crecimiento y desarrollo para sus pueblos, engañándose si creen que van a aumentar su ahorro o se van a beneficiar de la inversión extranjera. Muchas son las falacias que tiene la economía, aún para los mismos economistas.

 

Ahora bien, ¿Qué solución puede tener el país B, una vez metido en el enredo?.

 

A no dudarlo, volver a bajar su tasa. Pero si quiere persistir, deberá poner aranceles a las importaciones. En estas circunstancias los empresarios del país B podrán subir sus precios realmente, y disminuir así la intermediación a los ahorradores. El efecto provocado por la subida de la tasa de interés puede ser borrado de esta manera, aunque el país B se verá abocado a una inflación permanente que aunque no influya considerablemente en el nivel de  la producción sí mantendrá a los diferentes agentes en expectativas difíciles de dilucidar.

 

Desconozco en que momento de la historia de Colombia se inició este proceso, pero para nuestro estudio no es importante. El asunto es que llegamos a tener tasas de captación que han oscilado entre el 20% y 28% en los últimos años, con unos índices de inflación que también han variado entre el 18% y 26%. Lo que si ha sido cierto es que la inflación siempre ha estado por debajo de la tasa de interés de captación o DTF, y me atrevería a afirmar que la inflación se mueve después que se mueva la tasa de interés.

 

Ahora nos podemos volver a preguntar: ¿Es reversible este proceso?.

 

Cuando dijimos que al parecer estábamos en un universo económico no reversible no nos referíamos a este problema en concreto, que es de naturaleza bien diferente.

 

En este instante del tiempo en Colombia, nos encontramos como en nuestro ejemplo del país B que resolvió subir su tasa de interés de captación no hasta el 5%, sino hasta el 20%. Confieso que no me fue posible decir lo dicho para el 5%, suponiendo que era el 20%. La primera sensación es que esto no es posible. Es como estar en un mundo diferente, y realmente es lo que hemos hecho desde que nos separamos de las tasas de interés del orden del 3% y cerramos las fronteras.

 

Por lo expuesto hasta ahora podemos afirmar que el comercio internacional tampoco será la solución última a todos los problemas del mundo. El libre comercio colabora sí en despertar la imaginación de los pueblos para lograr más eficiencia en la solución de los problemas a través de la competencia, pero no es la llave mágica que va a sacar a los pueblo de la pobreza sin tener que trabajar.

 

Para resolver nuestra pregunta diremos que si se puede volver a colocar la DTF en Colombia al 3%. Es más, es la condición necesaria para todos los países que pretendan entrar al libre comercio si no quieren ver saltar a pedazos sus economías, tal como lo hemos demostrado y además, comprobado en la experiencia, la prueba reina de la ciencia.

 

Como la tentación de creer que el ahorro desaparecería, o se quebraría la banca en caso de actuar en esta dirección, haremos algunos comentarios sobre el ahorro-inversión, pues en capítulo anterior se abordó el tema de la banca.

 

COMENTARIOS SOBRE EL AHORRO-INVERSION: El ahorro ciertamente está definido como un factor residual del ingreso sobre el consumo. Del ingreso, lo que no se consume se ahorra. Es en efecto, un saldo. Ese ahorro que supuestamente es generado por las familias y las unidades empresariales, no significa que se encuentre como dinero estático en los bancos. Estos recursos se están prestando tanto para el consumo como para la inversión, pero este movimiento particular de las unidades, y aún en la sumatoria del movimiento de todas las unidades, no significa que tengamos el ahorro de la sociedad en un período determinado en manos de la banca.

 

Es más, podríamos olvidarnos completamente del termino ahorro y dejar solo el de inversión si se quiere, para evitar confusiones. El mero sentido común nos dice que la inversión depende de la tasa de interés, luego si esta es muy elevada la inversión tenderá a cero.

 

De esta manera a ningún gobernante se le ocurriría ir a poner una tasa de interés del 20% si el mundo se está moviendo alrededor de una del 3%. Puro sentido común. ¿Porqué motivo el mundo se fue por la “izquierda” y dio prioridad al ahorro en todas sus interpretaciones, haciendo de esta la premisa más importante, pese a ser definida por su propio creador Keynes como un factor residual, es decir, sume y reste y lo que le sobre, eso es el ahorro?. No lo se. Pero, veamos, no en el contexto de las ecuaciones sino del mundo real nuevamente de carne y hueso lo que está ocurriendo.

 

En el mercado hay dinero por un lado, y las empresas están produciendo por el otro. Las empresas cuando venden les quedan unas utilidades, es decir un ahorro, el que normalmente reinvierten, sin pagarse a sí mismas ningún interés. Cuando su inversión es más grande que sus propios ahorros acuden al banco, el que lógicamente les va a cobrar un interés. A su vez el banco pagará al que le depositó el dinero un interés menor. Si ese interés menor que debe pagar el banco es muy alto como en Colombia, del 20%, es como pedirle al industrial que produzca no solo para él, ni para el banco intermediario, sino que deje un muy buen porcentaje para el que depositó el dinero, no como costo del riesgo únicamente sino del producido de toda la actividad como si fuera un dueño más, con la diferencia que a este se le tiene que restituir adicionalmente el capital prestado.

 

“El empresario se diría a si mismo, miren, ustedes como banco mejor no le paguen a este esa cantidad, mejor páguele tan poquito que el tipo se vea obligado mejor a consumir, y como me va a comprar a mi, el ahorro o las utilidades que yo voy a tener, se las deposito en su banco al mismo precio, pero le garantizo que usted tiene la plata en el banco y yo puedo hacer más inversiones para más adelante volverle a dejar todavía más dinero. Es más, ese tipo, (el ahorrador), no le va a dejar mucho tiempo el dinero en su banco, a no ser que definitivamente le sobre en cantidad, en cuyo caso nos pone a usted como banco y a mí como empresario a sostenerlo a él, como quien sostiene a un zángano. Le garantizo que éste señor, si usted no le paga tanto no le va a retirar su dinero. O si lo hace, será para buscar una inversión que le produzca más, y entonces usted tendrá de todas maneras más plata en el banco. Fíjese señor banquero que es mejor que yo como empresario tenga el ahorro y no ese señor, que definitivamente nos sale muy costoso mantenerlo, además que no nos deja producir con todo nuestro potencial.”

 

En economía se ha tratado el término de la propensión marginal al ahorro como complemento a la propensión marginal al consumo, y bien es sabido que el multiplicador de inversión es mayor cuando la propensión marginal al consumo es mayor. Es decir, cuando la comunidad consume más, la renta crece más, la inversión también crece más, y como corolario, si el ahorro es igual a la inversión, significa que el ahorro también crecerá más, en términos absolutos, aunque en asuntos de dinero no lo parezca..

 

Así, visto desde la perspectiva de las ecuaciones de Keynes conforme lo desarrollamos en el primer capítulo, o desde las deducciones del multiplicador y del acelerador, como también desde la visión de las personas de carne y hueso, encontramos que mientras más alta la tasa de interés, menor será el ahorro de la comunidad, y como consecuencia, menor será la inversión. Así, si hablamos en términos puramente económicos, lo más absurdo que puede tener una economía es una tasa de interés de captación superior al 3%, pues por encima de esta tasa la inversión o el ahorro irremediablemente serán menores.

 

Pero aún podemos decir algo más sobre el ahorro que nos permita diferenciarlo absolutamente del dinero, o del dinero en poder de la banca. En esencia el ahorro es un saldo. Pero no es un saldo cualquiera. Para que en una economía exista el ahorro es necesario que primero exista un ingreso. Es decir, primero tenemos la prestación de un servicio el que es remunerado bien sea como salarios, honorarios, renta, utilidades, etc., o, en una palabra, podemos afirmar que primero se realiza un trabajo. Del fruto de ese trabajo se genera el ingreso, el que posteriormente se consume, y en la sumatoria de todos los ingresos y de todos los consumos, el saldo es lo que se denomina el ahorro. Es claro que si no hay dinero suficiente, el resultado del trabajo, es decir los bienes y servicios no podrán circular, y no habrá ingreso. Pero el dinero tiene solución, porque éste nace en una imprenta, y es obligación del estado introducir el dinero necesario a la economía mediante el gasto del gobierno. Pero es muy claro, que por el simple hecho de tener dinero, no significa que se tiene ahorro.

 

Esto significa que el dinero por sí mismo no es inflacionario siempre y cuando su crecimiento sea proporcional al incremento de los bienes y servicios de la economía. Pero aún así, suponiendo que se suministra dinero en mayor proporción a lo necesario podríamos tener un ajuste de precios, pero en ningún momento se restringiría la capacidad de trabajar de toda la sociedad, como sí ocurre cuando no se suministra nuevo dinero, o cuando se va al extremo de disminuir la oferta monetaria, o cuando se incrementa la tasa de interés de captación.

 

Así, mientras los miembros de una sociedad tengan la facultad de trabajar, estarán siempre en capacidad de generar ingreso y ahorro, siempre y cuando el dinero sea generado en la proporción suficiente. En esta medida podemos desmitificar el dinero, y reconocer que si bien en otra época el dinero obedecía a las leyes de la oferta y la demanda, pues dependía directamente de los hallazgos del oro, hoy sabemos que no son necesarias las reservas de oro para generar dinero, ni del dólar para suplir al oro, sino que, lo que subyase en el fondo como respaldo al dinero, es el producto del trabajo realizado por lo buscadores de oro, o el producto del trabajo realizado por quienes fabrican un puente para el estado, etc., siendo en cada caso, el respaldo, el oro o el puente. Y por ningún motivo otra moneda, pues detrás de esta divisa no existe ningún tipo de trabajo que respalde un nuevo producto para la economía.

 

Pensar que una economía como la Colombiana utiliza el “Ahorro externo” cuando se endeuda, es confundir nuevamente el concepto de ahorro con el concepto dinero. Aceptar un crédito en dólares para realizar una obra pública como un puente por ejemplo, significa realizar un trabajo tal cual como se realizaría si se hiciera una emisión de dinero primaria, pero con la diferencia que en el caso del crédito no solo realizamos el mismo trabajo sino que adicionalmente quedamos debiendo un trabajo igual, además del equivalente adicional a los intereses. Un ejemplo basta para comprender el significado de esta monstruosidad: Cuando un país como Colombia coloca unos bonos en el mercado internacional para obtener recursos y poder hacer las obras de infraestructura que se requieren, podemos esperar que un fondo de pensiones adquiera estos títulos con un atractivo rendimiento del 12%. El resultado final consiste en que Colombia realiza su obra, pero tiene que trabajar otro tanto para poder devolver el capital, y además, el fruto de los intereses que son los que van destinados al pago de los pensionados del otro país. Es decir, los países subdesarrollados terminan pagando las pensiones de los países desarrollados (¿?). Tamaño absurdo.

 

Esta confusión es profundamente peligrosa, porque ningún país debe renunciar a su facultad y obligación de fabricar su propio dinero, sabiendo que cuando lo hace, condena a sus habitantes a una esclavitud, y además, por otro mecanismo, lo condena también al desempleo.

 

Otra creencia absurda sobre el ahorro es pretender que una sociedad pueda en un momento determinado consumir todo su ingreso, como si el consumo y el ahorro fueran dos variables totalmente independientes una de la otra. Pero ocurre que en la realidad no es así. Siempre hay momentos diferentes para el ingreso y para el consumo. Pero lo fundamental para esta discusión es el consumo. Cuando este se genera, es decir, cuando alguien compra una mercancía, en ese mismo instante se está causando un ingreso para alguien, y simultáneamente una utilidad. En general ese excedente no es distribuido inmediatamente, sino que permanece invertido en la empresa y en alguna forma, y como tal, no puede ser consumido en ese mismo momento. Luego, afirmar que se pueda aumentar el consumo (o disminuirlo) en detrimento (o a favor) del ahorro, es un error. O mejor, creer que una persona va a sacrificar su consumo porque le ofrezcan una tasa de interés, por atractiva que esta sea, no pasa de ser una falacia. Pero en el caso que este sacrificio se dé, no significa que este saldo sea un incremento para el ahorro, pues si este saldo antes de los intereses para una empresa cualquiera valía un peso, ahora, con los intereses, este mismo saldo vale uno con cincuenta, lo que repercutirá en la estructura de costos de la empresa. Así, si en una sociedad se incentiva el consumo, simultáneamente se está incentivando el ahorro, pues éste se genera realmente a la par con el consumo. Y su lógica no solo es de mero sentido común, sino que además es muy elemental: una empresa en la medida que está vendiendo, está generando utilidades, y por ende, reinvierte y genera más empleo. Luego es absurdo desde todo punto de vista tratar de frenar la inflación disminuyendo la demanda, cuando bien sabemos que la demanda debe aumentar mientras aumenta la población, y no solo eso sino que debe aumentar por obligación, a no ser que se logre frenar el crecimiento demográfico. El verdadero reto para la economía está en poder controlar los precios mientras la economía en su conjunto está creciendo, y no la de controlar los precios destruyendo la economía.

 

Esta diferencia es muy importante, porque significa que la riqueza de un país está en su propia fuerza laboral y no en la cantidad de dinero generada. De hecho la cantidad de dinero que se suministre al sistema debe ser la necesaria para respaldar o permitir la circulación de los bienes y servicios que es capaz de producir el trabajo.

 

Esto nos indica que la remuneración al dinero debe ser limitada para el sistema bancario, no así para la empresa. En efecto, la tasa de captación del sistema financiero no está incentivando ningún ahorro, y sí pone a competir a una empresa con un papelito que sin hacer nada genera una rentabilidad similar o mayor que la que genera la misma empresa. Así, podemos concluir que los títulos valores que genera la banca deben ser eliminados, porque estos ponen en peligro a la misma institución social, y no generan, como se ha creído, el ahorro.

 

EXPECTATIVAS E INCERTIDUMBRE: Las expectativas y la incertidumbre en economía siempre giran en torno al valor futuro de la tasa de interés, moviendo el mercado de los títulos de deuda fija a los bonos y acciones y viceversa. En verdad, cada vez que se mueve la tasa de interés se altera todo el equilibrio en la economía, unas empresas salen o entran al mercado no como efecto de la libre competencia entre las mismas, ni de la libre competencia entre la oferta y demanda de dinero, pues bien sabemos que la oferta de dinero es controlable por el ente gubernamental, sino como producto de un acto puramente administrativo.

 

Hemos demostrado en este trabajo que la tasa de interés de captación del sistema financiero es susceptible de dejarse como un parámetro fijo, lo que a su vez reduciría ostensiblemente la incertidumbre, más no la competencia. Este es el valor real de la ciencia, que nos permite entrar a dominar el mundo real, y el de los gobiernos el de estabilizar los mercados sin suprimir la competencia.

 

No hemos profundizado sobre la posibilidad de establecer una tasa de intermediación tope, por ejemplo que los bancos no puedan cobrar una tasa superior al 7% como margen de intermediación. En efecto sostengo que esto se podría hacer y sería del todo favorable para la economía, pues es una forma de mantener control sobre los costos, y claro, control sobre la inflación por costos. Pero si se prefiere, la mejor forma de controlar los intereses de intermediación es permitiendo la libre competencia entre los bancos, pues si en el sistema se introduce permanentemente el dinero necesario, la tasa de intermediación no tendría porqué aumentar en ningún momento, lo que daría estabilidad al sistema.

 

Hemos sostenido que la tasa de interés de captación pone un límite real a las posibilidades de las empresas, e influye sobre los costos de producción pues forma parte del interés de colocación, y que una tasa excesiva desencadenará una inflación combinada por costos y por demanda, luego queda por determinar cual es la tasa de colocación que no producirá inflación, si es que hay una, o si esta depende de una tasa mínima a nivel internacional, en cuyo caso lo mejor sería que todo el universo económico trabajara con la misma tasa para poder mantener una equivalencia real en todos los mercados y entre todos los países. Esto implicaría que el equilibrio y la equidad podrían ser una realidad, más fácil de manejar, con un resultado óptimo para el sistema en que el beneficio sería mutuo, tanto en el ámbito global como para cada país en particular.

 

De algo podemos estar seguros, mientras más baja sea la tasa de intermediación, sobre la base de una de captación no mayor del 3%, el sistema funcionará mejor, y tendrá mejores oportunidades de crecer. Todo dependería de la eficiencia de la banca, sobre el entendido que la banca no puede pretender frenar el desarrollo de la base productiva, pues depende de esta. Así que el mundo está tan entrelazado que lo que perjudica a uno perjudica al otro, y lo mismo si se trata del beneficio.

 

Yo me inclino por pensar que las tasas óptimas oscilan entre el 0% y el  3% para captación y entre 2 y 4 puntos para las tasas de intermediación, para un costo del dinero o tasa de colocación de no más del 7%. Para saber el límite de la tasa sobre la que empezará a tenerse inflación, se podría analizar si algún país ha pasado por estas circunstancias, con un manejo adecuado de la oferta monetaria, en la que se haya observado cero inflación.

 

Así podremos empezar a dominar la incertidumbre en el universo económico, y las expectativas de los industriales y los ahorradores tendrán bases firmes en los mercados para determinar el rumbo de sus decisiones.

 

La incertidumbre pasará a depender del desarrollo de la ciencia, de la técnica y de los gustos, en la medida en que se mejoren los procesos o surjan nuevos inventos o se cambien los gustos o las necesidades o las prioridades de los consumidores. Y por supuesto, de los caprichos de la naturaleza sobre los que aún el hombre no tiene ningún control.

 

La incertidumbre alrededor de la tasa de interés radica en que cuando esta sube, es como si pasara un borrador y una escoba sobre unas cuantas empresas, suprimiéndolas del mapa y dejando a las otras considerablemente resentidas, en tanto que cuando vuelve y baja permite nuevamente la expansión de las fuerzas productivas, de tal forma, que cuando la tasa se detenga, la inercia de la ola expansiva la haga pasar este límite, como cuando un péndulo pasa su punto de equilibrio. Y si la tasa vuelve y sube, tendremos nuevamente una oscilación, lo que solo genera incertidumbre. Nada provechoso. Si este vaivén lo podemos suprimir bien venido sea.

 

El otro elemento que crea incertidumbre es el permitir que el dinero desborde las necesidades reales, porque con una tasa de interés fija, puede ocurrir que la producción se desborde más allá del equilibrio o de las necesidades reales de las familias acordes con sus posibilidades, independientes de la inflación, lo que ocasionará que la inversión se pierda, pues en la competencia hay empresas que tendrán que salir del mercado, de suerte que el efecto sería tanto como el de la escoba funcionando permanentemente.

 

En efecto, un salario mínimo por ejemplo, así se incremente, solo mantendrá su mismo nivel adquisitivo pues los precios van al unísono aunque un poco desfasados en el tiempo. Así, una mayor oferta de productos a precios un poco inferiores, no le va a permitir a este empleado comprar un par de zapatos de más sobre los que realmente necesita, y de hecho no lo va a hacer. Luego la producción adicional solo ha servido para acumular existencias las que de todas formas no serán evacuadas sino con el tiempo, y no habrá posibilidad de aumentar más la oferta monetaria pues ésta no le va a mejorar el nivel de vida al individuo de salario mínimo. No es necesario que sea solo el del salario mínimo, cualquier persona que este en un cierto nivel de ingresos, para modificar la naturaleza de sus decisiones,  se requiere que cambie de nivel de ingresos, y esto no se logra con poner más dinero en circulación. Entonces, son las necesidades reales de las familias limitadas por su nivel de ingresos las que van a determinar la demanda real, y esta no será modificada por una mayor existencia de dinero. (Más falacias).

 

El efecto combinado de tasas de interés moviéndose, y oferta monetaria sin control, bien sea en aumento desmesurado, o en restricción total, solo dejan al hombre desnudo ante la naturaleza.

 

A la luz de nuestra exposición, estas dos fuentes de incertidumbre son perfectamente manejables.

 

CONDICIONES NECESARIAS Y SUFICIENTES: Deseamos que el sistema económico y el comercio internacional de libre mercado funcionen en condiciones optimas, y lo hagan con equilibrio, con equidad, sin inflación y con justicia. Para ello decimos que es condición necesaria que la tasa de interés de captación del sistema financiero no sea superior al 3%. Es arbitrario este 3%. Dijéramos que se trata de encontrar una tasa mínima que sea óptima, y en ausencia de esta supuesta tasa mínima, por imposibilidad teórica o práctica, propongo esta del 3% para iniciar en alguna parte.

 

Esta tasa mínima va a permitir el máximo desarrollo de la capacidad industrial y comercial, pues ya vimos que cualquier otra por encima de este valor disminuye el ahorro y la inversión.

 

Esta tasa mínima también va a permitir el control de la oferta monetaria, ya vimos que una tasa superior desencadena una inflación por demanda y costos combinada, que dejan sin posibilidad de controlar el sistema mediante la oferta monetaria.

 

Por eso la ponemos como una condición necesaria, más no suficiente.

 

Para que el sistema no se desborde también es requiere que la tasa de intermediación financiera tenga un límite máximo, el que proponemos igualmente arbitrario sea del 7%. Pienso que el ideal podría ser del 4%, y óptimo si la banca puede llegar a cobrar el 2% como intermediación, dejando la tasa de interés de colocación oscilando entre el 5% y el 7%. Pero para disminuir al mínimo la incertidumbre mejor si esta se puede dejar fija y en su mínimo valor.

 

Podríamos decir que la condición de tasas fijas de interés es necesaria más no suficiente, ni aún sujetándolas al control estricto de la oferta monetaria.

 

El sistema económico tiene otras variables que podrían inutilizar la acción de un buen manejo en estas dos variables, como pueden ser los impuestos y gravámenes al comercio tanto interno como externo, al igual que los precios de los servicios generales que preste el estado o los particulares. Un estudio más completo para determinar las condiciones necesarias u suficientes para el funcionamiento del sistema que pretendemos desborda las intenciones de este trabajo.

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