NEGOCIACIONES ISRAEL-PALESTINA
Un tema interesante y complicado
a la vez el cual se podría decir que tiene su origen del conflicto hace 5000
años ya que según
En mayo de 1948, la comunidad judía declaró unilateralmente la creación del Estado de Israel, acto que desencadenó la intervención militar de los Estados árabes vecinos en apoyo a los palestinos. A raíz de esta primera guerra árabe-israelí, el Estado judío no sólo resistió la intervención árabe, sino que provocó la salida de gran parte de la población palestina que quedaba en su territorio y amplió la superficie de su territorio más allá de lo previsto en el plan de partición. Israel aprovechó además la desarticulación de la sociedad palestina provocada por el éxodo y la guerra. los territorios palestinos de Cisjordania y Gaza quedarían bajo control de Jordania y Egipto respectivamente; se frustraba la creación de un Estado árabe en Palestina, y la ciudad de Jerusalén quedaba dividida.
El nuevo Estado judío se alineó pronto con las potencias europeas frente al nacionalismo árabe (guerra del canal de Suez en 1956); ganándose su apoyo político y económico. Además a raíz del genocidio nazi, afirmó su razón de ser al declarar Israel como único refugio seguro para todos los judíos. Durante las primeras décadas Israel se consolidó como Estado y promovió la instalación masiva de judíos. En cambio, a raíz de la guerra, los palestinos vieron frustrado su derecho a disponer de un Estado propio. Dispersos entre varios países y divididos internamente su actuación casi se limitó a algunos hostigamientos poco eficaces contra Israel. En 1964 se crearía la Organización para la Liberación de Palestina, OLP.
Por imperativos de seguridad (la necesidad de contar con más profundidad defensiva ante los hostigamientos de sus vecinos árabes) y de recursos naturales (el control del agua), en junio de 1967 Israel ocupó el Golan sirio, la península del Sinai egipcio y los territorios palestinos de Cisjordania y Gaza. Con la ocupación de estos últimos Israel se apoderaba de la totalidad del territorio de la Palestina del Mandato; sin embargo no los anexionaría ante la imposibilidad de expulsar a su población árabe y para evitar incrementar el número de árabes con ciudadanía israelí.
Desde 1967 Cisjordania y la Franja de Gaza han estado bajo ocupación militar israelí. Este régimen ha supuesto el estado de excepción permanente (autoridades y legislación militar), la persecución de los nacionalistas palestinos, la apropiación de sus recursos naturales (tierra y agua), la gradual expropiación de tierras para la instalación de colonos (en 1997 hay más de 150.000 colonos en los territorios ocupados y otros 170.000 en Jerusalén Este) y bases militares, la progresiva judaización de la parte oriental de Jerusalén (donde se pretende que la población árabe deje de ser mayoritaria), y, en fin, la total subordinación de la economía palestina a la israelí.
Mientras tanto la oposición palestina se organizó en el exterior. Durante los años 70 y 80', la OLP recompuso el tejido nacional palestino y organizó un Estado en el exilio que logró el reconocimiento y el apoyo internacional. La OLP combinó el encuadramiento de la población palestina refugiada, la acción diplomática y la lucha armada para liberar el territorio. Progresivamente la OLP fue aceptando la fórmula de la partición territorial pero exigiendo la materialización de los derechos nacionales del pueblo palestino: libre determinación, derecho a disponer de un Estado y retorno de los refugiados.
Ante la intransigencia israelí y el continuo apoyo de sus valedores externos, ni la vía diplomática seguida por la OLP ni la lucha armada dio resultados. A finales de 1987 la iniciativa fue retomada por los palestinos del interior que desencadenaron el levantamiento popular en Cisjordania y Gaza. La intifada supuso un vasto movimiento de rechazo a la ocupación y de desobediencia civil que causó una profunda conmoción en Israel, desenmascaró la realidad de la ocupación y desencadenó un vasto apoyo internacional a los palestinos.
Al calor de la revuelta, en junio de 1988,
Jordania cortó sus vínculos administrativos con Cisjordania, y en noviembre el
Consejo Nacional Palestino (parlamento en el exilio) declaró el Estado de
Palestina. La situación se hizo cada vez más insostenible para Israel, que
seguía resistiéndose a cambiar de política. La Guerra del Golfo crearía las
condiciones para que se concretase un marco de negociaciones tutelado por los EE.UU.
Inicialmente se trataba de una disputa entre dos movimientos nacionalistas por un mismo territorio. Estos dos movimientos eran muy desiguales. El árabe palestino era un movimiento autóctono equiparable a los de los países vecinos, que reivindicaba el derecho a la libre determinación. El otro era un movimiento exógeno, europeo y de inspiración colonialista; que reivindicaba la reunificación de los judíos dispersos en la tierra de sus ancestros, y era totalmente ajeno a la realidad del lugar. Los primeros pasos del conflicto fueron propiciados por el colonialismo europeo que vio con buenos ojos el proyecto de colonización y modernización sionista.
- Ni siquiera la guerra de 1948-49 resolvió de facto el desacuerdo sobre una partición del territorio tal como proponía la comunidad internacional. Sólo dio lugar a la creación del Estado judío sobre parte del territorio y la dispersión de los palestinos. El conflicto se complicó al implicar tanto a los países árabes vecinos que vieron a Israel como una espina colonialista clavada en el mundo árabe, como a las grandes potencias con intereses en la zona que se alinearon con cada una de las partes. A su vez Israel desarrolló un discurso ideológico que justificaba sus posiciones (liberación nacional, democracia y socialismo, legitimidad histórica y religiosa, etc.). La violencia prolongada abocaría a la negación del otro (la total exclusividad de los proyectos: la existencia de uno suponía la desaparición del otro) y a la radicalización de las posturas
- La comunidad internacional ha sido incapaz de imponer una negociación o hacer cumplir sus resoluciones, y la duración del conflicto ha ido ahondando los motivos de tensión y dificultando encontrar soluciones satisfactorias para las partes. La entidad estatal judía se ha consolidado y la ocupación ha transformado la fisonomía de Cisjordania y Gaza. Mientras tanto los palestinos se han convertido en un pueblo desarraigado y dependiente de la ayuda exterior.
- Hay que hacer notar que a pesar de que el sionismo recurra a la identidad confesional como elemento legitimador y que por su parte el Islam haya sido un componente importante del nacionalismo árabe, el conflicto israelo-palestino no es un conflicto ni religioso ni étnico: encontramos gran diversidad étnica entre los judíos y diversidad confesional entre los palestinos.
No es fácil hacer un balance de un proceso tan singular que tenía por objeto pacificar la zona e iniciar la resolución negociada de este viejo contencioso. Es obvio que la estrategia puesta en marcha con el acuerdo de Oslo conllevaba altos riesgos derivados de sus propias características:
- era un acuerdo parcial, que sólo afectaba a los palestinos de Cisjordania y Gaza y no abordaba aspectos tan fundamentales de la cuestión palestina como el tema de los refugiados.
- era un acuerdo desigual, tanto en contenidos (la OLP reconocía a Israel pero ésta no reconocía explícitamente el derecho a la autodeterminación palestina) como en cuanto a actores (Israel conserva su posición de fuerza, continuaba ocupando militarmente el territorio)
- en fin, era un acuerdo poco preciso: establecía un calendario de pasos a dar pero no definía claramente los objetivos a alcanzar.
La comunidad internacional ha repetido en
numerosas ocasiones la necesidad de alcanzar un acuerdo negociado (ni violento,
ni unilateral), justo (que no legitime la violencia pasada y que recoja los
justos derechos de las partes) y duradero. Sin embargo el inicio de las
conversaciones para resolver la cuestión palestina y pacificar la región no ha
sido el resultado de la presión de esa comunidad internacional, ni se ha basado
en las numerosas resoluciones, sino se ha debido al interés norteamericano de
estabilizar
Sólo habrá paz en Israel y en los Territorios Palestinos cuando se de respuesta al fondo de la cuestión palestina. Una paz justa sólo es posible abordando las raíces del conflicto, atendiendo a los legítimos derechos de las partes y creando condiciones para la plena realización de los proyectos colectivos de las dos poblaciones.
Pretender una pacificación funcional sin resolver las causas, sólo pospone un nuevo brote del conflicto. Abordar las causas y la globalidad del conflicto requerirá sin duda la más amplia presión internacional, y mediar para generar confianza, consolidar un marco para el diálogo, identificar medidas concretas y llevar a cabo actividades cooperativas.
Dada la desigualdad de las partes, la creación de condiciones para una paz duradera ha de traducirse ante todo en un firme apoyo internacional a la parte palestina para que logre una mayor autonomía económica y se consolide institucionalmente, en suma ayudar a la viabilidad del Estado palestino. Para ello se hace imprescindible ampliar y diversificar el involucramiento internacional.