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RECOBRAR LA MEMORIA DEL PASADO DE BUCAY PARA REVIVIR LA CONCIENCIA DE SU INDENTIDAD
Una provincia y un pueblo nuevos

A mediados del siglo XIX se encomendó la exploración de las montañas de la Cordillera al Capitán Don Ramón Tajonera al comienzo de su mandato como gobernador de la provincia de Abra recientemente creada en el norte de Filipinas con el fin de hacer el área accesible, garantizar su seguridad y gobierno, y encontrar una ruta viable para viajar de Ilocos a Cagayán. Sus informes, estudios topográficos y recomendaciones contribuyeron de manera importante al desarrollo de la Provincia de Abra. La provincia se creó por decreto del gobierno central de Manila con territorio segregado de Ilocos. Tajonera fue su primer gobernador y Bucay su primera capital.

En el decreto de creación por el Superior Gobierno de Filipinas con fecha de 9 de Octubre de 1846 se establece que la provincia se compondrá de la Segunda y Tercera Divisiones de Igorrotes. Dice el decreto:

“Se crea una nueva provincia que se dominará (sic) Abra y cuya cabecera se establece por ahora en Bucay….   La Provincia del Abra será mandada por un gobernador político y militar de la clase de capitán”
Entre los poderes otorgados al nuevo gobernador estaban el cobro de impuestos  y la “colección” del tabaco. La industria del tabaco era entonces monopolio del estado y todas sus transacciones estaban sujetas a impuestos y aranceles.

Antes de 1846, Bucay era un antiguo asentamiento tinguián con una misión al cuidado de los agustinos. Tenía una posición muy estratégica en la orilla izquierda del ancho río Abra, cerca de la cima de un acantilado sobre el río donde unas décadas antes se había construído el Fuerte General Martínez. El fuerte hizo posible la defensa del pueblo que creció al lado contra posibles incursiones de tinguianes o igorrotes de los montes a la otra orilla del río y su posición permitió el ejercicio efectivo del control del monopolio del tabaco que se transportaba por el rio.

Las razones por las que Bucay se convirtió en la capital de la provincia de Abra están resumidas en el decreto de Clavería creando la provincia. Tuvieron que ver con el convencimiento de Clavería, compartido por Tajonera, del alto valor estratégico del territorio. Se sigue leyendo en el decreto:

"(convencido ... de la necesidad...) de estender nuestra dominacion hacia la Cordillera, para asegurar la tranquilidad de los pueblos reducidos, dificultar el contrabando, aprovechar en beneficio de la Hacienda, el tabaco que producen aquellos montes, y fomentar las demas producciones de que son capaces aquellos escelentes terrenos"

En términos de nuestros días, para extender el dominio del gobierno sobre la Cordillera creando una atmósfera de paz y orden y levantando las industrias e infrastructuras que contribuirían al bienestar y desarrollo económico de la región. Clavería esperaba también, claro, realizar una cantidad sustancial de ingresos para el gobierno. Bucay jugaría un papel central en la ejecución de estos objetivos estratégicos.

La seriedad de las intenciones del gobierno se pone de manifiesto en la elección de Bucay como capital. Lo normal hubiera sido escoger un pueblo ya establecido y de cierta importancia que en el caso de Abra hubiera sido Bangued, un pueblo relativamente grande y próspero no muy lejos de Bucay río abajo. No se hizo así y en su lugar se escogió una ranchería de tinguianes para capital de provincia. Los objetivos de pacificación y desarrollo se tomaron tan en serio que se hizo capital de un puesto de frontera usando el Fuerte General Martínez cerca de la ranchería como pivote para convertirlo en el centro de las operaciones político-militares que posibilitaran alcanzar los objetivos por los que se creaba la provincia de Abra.

Es importante enfatizar que Bucay funcionó como base desde donde lanzar la empresa de diseminar la fe y de extender la esfera del gobierno (las dos cosas no podían ir sino juntas) por el norte de la Cordillera, así como de asimilar a sus pueblos en la vida de Filipinas del siglo XIX al menos tanto como capital provincial. Esta función central fue la principal razón para escoger a Bucay como la capital de Abra. ¿Qué otra razón podría haber para esa decisión cuando había otros pueblos ya organizados y al menos uno, Bangued, mucho mayor y con más recursos que la ranchería de Bucay?

El pueblo de Tajonera

Tajonera fue el arquitecto de Bucay como se conoce hoy. Sus planes muestran que quiso hacer del pueblo una digna capital con control político y militar sobre la provincia. El plano de Bucay siguió las pautas tradicionales de “cuadrícula,” con un centro donde erigir los edificios institucionales. Fue una manera de diseñar asentamientos que se estableció para las Indias en ordenanzas de Carlos I en 1523 y Felipe II cincuenta años más tarde. Era una pauta tan antigua como racional, que regulaba la apropiación y uso del terreno así como el trazado de una infraestructura eficiente con distintos tipos de calles y caminos.

Las leyes relativas a la construcción de ciudades se encuentran en el  Libro 4, Título 7 de la Recopilación de las Leyes de los Reynos de Indias, 1680. Para una información más amplia sobre la fundación y construcción de ciudades en tiempos de la dominación española se puede consultar Ciudades Hispanoamericanas.

En 1848, solo dos años después de la fundación de la provincia de Abra y el establecimiento de Bucay como su capital, aparece un plano del pueblo, conservado en los Archivos Nacionales, que representa el pueblo como se había construido hasta entonces, solo faltaba por construir algún detalle hacia el norte, en camino que unía entonces la población con Tayum y Bangued.

El plano, una bella obra de dibujo a mano, restaurada y montada con primor, tiene como unos cuatro pies (algo más de un metro) de ancho. Encima de esto va la foto del plano con títulos sobreimpuestos para su mejor comprensión. Aunque sea ilegible en la foto por limitaciones de resolución de imagen, a la derecha del plano va una leyenda con los nombres de las calles. Un dibujo digital del fuerte y la plaza con la transcripción de la leyenda original se puede ver en el  mapa digital del Fuerte Gen. Martinez. Los nombres con que nacieron las calles se han olvidado y hoy Bucay es un pueblo que ha perdido su callejero!

El elemento más prominente del plano es el dibujo detallado del fuerte que aunque no lleva nombre se le conocía entonces como Fuerte General Martinez. Se puede leer un artículo sobre el Fuerte y Casa Real (pulsar el vínculo) explicando cómo Tajonera tuvo que organizar la Casa Real o gobierno provincial en el complejo del fuerte por necesidad. La realidad económica del momento le llevó a remodelar la casa de oficiales del fuerte para acomodar las funciones de Casa Real.

El proyecto de Tajonera que se ve en el plano incluyó un elemento de gran importancia que perdura hasta nuestros días: la demarcación clara entre áreas institucionales, residenciales y agrarias. Diseñó espacios para la agricultura en su lugar natural: cerca de los ríos y en las áreas más bajas, dejando las alturas modestas de Bucay, más frescas por la altura y el arbolado, para zonas residenciales e institucionales. Siempre me ha extrañado que para casi todo el llamado 'desarrollo' al sur de Manila desde los años sesenta se escogiera tierras bajas para construir urbanizaciones y zonas industriales, muchas veces en terrenos donde se cultivaba arroz, cuando hay areas extensas en las colinas muy pocos kilómetros al oeste que no sirven para arroz y serían muy indicadas para hermosas urbanizaciones de clima más fresco. Como si uno no tueviera que comer una vez en posesión de una casa...! Este antiguo plano de Bucay me hace maravillar de que estas consideraciones de sentido común guiaran el desarrollo de un pueblo nuevo en la Abra del siglo XIX y no se apliquen en una Manila del XX tras más de cien años de avances teóricos en planificación urbana.

La remodelación del Fuerte General Martínez para servir como base de operaciones políticas y militares, el uso de las pautas tradicionales de urbanística para construir pueblos a cuadrícula y adaptándose a las condiciones del terreno, y un conocimiento profundo de las necesidades y conveniencias del pueblo nuevo guiaron a Tajonera a la hora de diseñar y ejecutar el plan de un pueblo abierto para la cabecera de la provincia.

Además del plano detallado del fuerte, sólo figuran como edificios públicos una iglesia que se trasladó con el tiempo al otro lado de la calle y el edificio del tribunal (ayuntamiento y juzgado) que todavía se usa como ayuntamiento pero al que le falta el piso de arriba. Un terremoto a principios de los 90 ocasionó daños considerables al viejo edificio de mortero y ladrillo del Tribunal. El piso superior hubo de removerse y se remodeló la fachada en cemento, sin embargo aún se conserva la vieja cubierta de ladrillo bajo el tejado y en la parte de atrás, con elementos decorativos de ladrillo en el ventanaje (ver fotos abajo.) La parte de atrás del edificio da  a la misma calle y está muy cerca de la entrada al fuerte.
 


Fachada actual del ayuntamiento, el viejo edificio del "Tribunal"

Pared de atrás, mostrando todavía su obra de ladrillo original

Una tía lejana de la familia corroboró haber oído de su padre que la iglesia se cambió de lugar a principios del siglo XX. Junto con el tribunal, forma hoy parte de la plaza mayor del pueblo. El plano ilustra con detalle las dependencias del fuerte al que no da nombre pero que se conocía con el nombre de Fuerte General Martínez.

Bucay deja de ser la capital de Abra

El olvido en que cayó Bucay --¿cuántos filipinos tienen idea de Bucay o dónde está?—se debe en parte al hecho de que la capital de la provincia se trasladó de Bucay a Bangued. El 9 de Febrero de 1863 tres gobernadorcillos (alcaldes) de Abra firmaron una petición al gobierno para trasladar la capital de Bucay a Bangued. Firmaron la petición Julián Manzano de Bangued, Teodoro Belmonte de Tayum  y Domingo Lalín de Cariño de La Paz. Se aducían como razones que el esfuerzo de los frecuentes viajes que tenían que hacer a la cabecera (capital) para abastecerla, tratar asuntos en la corte, etc. resultaba “perjudicial y molesto” y que Bangued era el pueblo más antiguo. Se aprobó su petición en julio del mismo año y ese fue el fin de Bucay como Capital de Abra. Se puede leer un relato más completo del traslado del gobierno y capitalidad de Abra de Bucay a Bangued en el estudio Casa Real de Bucay mencionado en el párrafo anterior.

Bucay hoy es un pueblo bonito y pintoresco  (ver el album de fotos) con una población que vive bajo el mismo diseño que fijó el Gobernador Tajonera pero que parece haber perdido la memoria o el sentido de su pasado y la voluntad decidida de surgir hacia adelante, como las aguas bravas del poderoso Río Abra en la estación de lluvias. No sé si habrá hoy alguien en Bucay que se acuerde de lo que pasó con la Casa Real o que conozca su historia por los relatos de sus antepasados. Me choca que el pueblo haya perdido los nombres de sus calles. Es posible que el fuerte se arruinara durante la guerra Filipino-Americana de los primeros años del siglo XX, que hubiera sido abandonado y canibalizado y que se desmoronara con el tiempo. Antes de que se pierda más de la memoria colectiva de Bucay es imperativo que los ejecutivos locales se muevan activamente para recobrar todo lo que sea posible de su identidad histórica. Este esfuerzo por su parte contribuirá sin duda a recobrar la estampa del pueblo y dará a sus vecinos un sentido de continuidad con su pasado, de pertenencia renovada y de orgullo. Con tiempo, estimulará el interés de visitantes y creará un buen ambiente para el desarrollo de la economía local.

Bucay encarna una metáfora poderosa de lo que fue en el magnífico arco de la Casa Real. Es imperativo restaurar y rehabilitar el abrojal que hoy existe dentro del perímetro fantasma del fuerte para ayudar a convertir al pueblo de Bucay en una comunidad vibrante, consciente y orgullosa de su pasado y por lo tanto confiada en su futuro. Para ello sólo hace falta un poco de planificación, unos pocos recursos y sobre todo voluntad política.
 


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Jose R. Perdigon; Dic., 2006
Ultima revisión Mayo, 2009
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