LA PLANIFICACIÓN EN LA ARMADA Y EL PENSAMIENTO COMPLEJO

LA PLANIFICACIÓN EN LA ARMADA VENEZOLANA Y EL PENSAMIENTO COMPLEJO

 

Ludwig Vera Rojas

Capitán de Navío

Director de la Escuela de Postgrado de la Armada

 

Resumen

Este artículo pretende motivar la reflexión sobre la planificación de actividades en el seno de la Armada venezolana, para lo cual se parte de la descripción del contexto en el que actualmente se actúa, lo que incluye la presentación de indicadores de la gestión institucional inducidos por el entorno y en el marco de las transformaciones que vive Venezuela, los conflictos que todo ello implica, la concepción de la planificación en el ámbito militar, considerando las funciones bélicas y de acción social para la defensa integral de la nación, buscando aclarar su vínculo con el tipo de problema que resuelve el planeamiento naval operativo (planificación militar) en un mundo en el que existe una visión epistemológica que pretende desarrollar una teoría de la complejidad, y cuyo desafió es el pensar complejamente como metodología de acción cotidiana en cualquier campo de trabajo. Luego se plantean las implicaciones que sobre el planificar en la Armada se tiene al atender las demandas del contexto que se describe, así como la complejidad y la transdisciplinariedad a que conlleva la solución tanto de problemas de índole administrativo y social como militar. Finalmente, se arriba a una interrogante cuya justificación se encuentra en la necesidad de pensar complejamente, con actitud transdisciplinaria, por parte del oficial de la Armada venezolana del siglo XXI.

Palabras claves: Planificación, Planeamiento Naval Operativo, Complejidad, Transdisciplinariedad.

Abstract

THE PLANNING PROCESS IN THE VENEZUELAN NAVY AND THE COMPLEX THOUGHT

This work paper pretends to motivate the meditation about the planning of activities in the Venezuelan Navy, starting from the description of the present context of action, which includes the presentation of institutional management indicators inducted by the environment and transformations in Venezuela, the conflicts implied, the conception about planning in the military field, taking in consideration the war and social functions to comply with the “Integral Defense of the Nation”, trying to clarify the link with the type of problem resolved by the operational navy planning process (military planning) inside a world with an epistemological vision that pretend to develop a theory about complexity, and which challenge is a complex think as a daily method of action in whatever work. Them are established the implications about planning in the navy in order to attend to the claims inside the context described before, so the complexity and transdisciplinarity that imply the solution of administrative and social and military problems. Finally, is set up a question which justification is the necessity of a complex way of thinking, with transdisciplinary attitude, by the navy officer of the XXI century.

Key words: Planning, Military Operational Planning, Complexity, Transdisciplinary.

Introducción

En la actualidad son diversos los cambios que están ocurriendo en las organizaciones e instituciones y estos inevitablemente generan conflictos en donde se presentan, evidenciándose como insatisfacción en procedimientos, productos o servicios y que son atendidos mediante la innovación, renovación y nuevas relaciones que en términos de aprendizaje se traducen en cambios permanentes. En Venezuela existe un proceso de transformación que de manera evidente está influyendo en los distintos entes del Estado y en el caso específico de la Fuerza Armada venezolana (FAN), particularmente en el componente Armada, este proceso está generando cambios y adecuaciones en las estructuras, funciones y forma de pensar.

La Armada, como ente de acción en los espacios acuáticos de Venezuela, hace uso de la planificación (particularmente del planeamiento naval operativo) para el cumplimiento de sus tareas y establece a través de ésta una relación entre el pensar y el hacer, tal como es menester en toda organización. Esto último puede asumirse como el inicio de toda acción que desea cumplirse y por ello la importancia de la planificación como herramienta para pensar y definir qué hacer, incluyendo el cómo, para luego ejecutar lo planificado y, entre otras cosas, facilitar los mecanismos de seguimiento, evaluación y control del hacer. Si a esto sumamos que desde el siglo pasado existe una corriente – el pensamiento complejo – que en el contexto actual nos abre una nueva forma de aceptar la realidad y que, además, plantea como desafió el pensar complejamente como metodología de acción cotidiana en cualquier campo de trabajo, entonces, reflexionar sobre la planificación de actividades en el seno de la Armada venezolana en el presente contexto de transformación, teniendo como referente al pensamiento complejo, es pertinente para atender apropiadamente el cumplimiento de las tareas constitucionales que le son propias a esta institución armada, sobre todo por la formación que recibe el militar para resolver situaciones de conflicto en las que existe confrontación (parte de su imprinting cultural), pero que ahora debe participar en tareas en las que tales situaciones pueden no existir, como son las operaciones sociales y su desempeño en entes públicos del Estado.

Para iniciar con la reflexión que se propone, este artículo (producto de una investigación a nivel de doctorado), parte de la descripción del contexto en el que actualmente se actúa, lo que incluye la presentación de indicadores de la gestión institucional inducidos por el entorno y en el marco de las transformaciones que vive Venezuela, los conflictos que todo ello implica, la concepción de la planificación en el ámbito militar, considerando las funciones bélicas y de acción social para la defensa integral de la nación, buscando aclarar su vínculo con el tipo de problema que resuelve el planeamiento naval operativo en un mundo en el que existe una visión epistemológica que pretende desarrollar una teoría de la complejidad, Luego se plantean las implicaciones que sobre el planificar en la Armada se tiene al atender las demandas del contexto que se describe, así como la complejidad a que conlleva la solución tanto de problemas de índole administrativo y social como militar. Finalmente, se arriba a una interrogante como conclusión, cuya justificación se encuentra en la necesidad de pensar complejamente, con actitud transdisciplinaria, por parte del oficial de la Armada venezolana del siglo XXI para abordar los problemas militares de la actualidad y del futuro, especialmente porque reconoce la existencia de diferentes niveles de realidad.

El contexto de la planificación en la Armada

A partir de 1999, con la aprobación de la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela, las instituciones del Estado han iniciado un proceso de transformación que se está concretando mediante la adecuación del marco jurídico y demás documentos rectores que las definen y dan forma de pensar y actuar. En el caso de la Fuerza Armada venezolana (FAN), específicamente el componente Armada, este proceso de cambio y adecuación de la estructura, funciones y forma de pensar está en pleno desarrollo, debiéndose consolidar con la reciente promulgación de la nueva Ley Orgánica de la Fuerza Armada Nacional (LOFAN, 2005) y la divulgación del Nuevo Pensamiento Militar Venezolano. Es de señalar que otros documentos que establecen las directrices de la institución armada ya han sido establecidos y promulgados en el año 2004, como lo son el Concepto Estratégico de la Defensa Integral de la Nación, el Concepto Estratégico Militar de la FAN y el Concepto Estratégico Naval.

Así la Armada está en un momento inédito de transformación. Transformación que, interpretada bajo la consideración de la Confederación Nacional de Escuelas Particulares de México (CNEP, 2003), “dinamiza el poder individual y colectivo de la organización para generar y mantener una actitud permanente de innovación, renovación y aprendizaje a tono con las características y las situaciones que se requieran y presenten como resultado o impacto de las relaciones internas y las exigencias internas y externas de la organización, la cual de forma permanente demanda cambios”; mientras que a criterio de De Loach (1998), la transformación organizacional expresa que el individuo de manera consciente o racional participa en procesos de transformación como consecuencia de la obligatoriedad que le impone las exigencia internas y externas de la organización, la cual de forma permanente demanda cambios.

Resulta de interés resaltar que el mismo De Loach manifiesta que los procesos de transformación acontecen en forma paulatina o repentina; pero, siempre involucran a la gente, sus funciones, roles y las relaciones de estos con el sistema laboral, logrando así la trasformación fortalecer la capacidad de la organización para adaptarse y lograr el funcionamiento adecuado respecto a su entorno social, político y económico.

Por lo cual la Armada, principalmente su gente, está en un proceso dinámico de transformación en su búsqueda permanente de la innovación, renovación, como una consecuencia de los procesos relacionados con la interacción de los elementos internos y externos a la misma, que en términos de aprendizaje se traducen en cambios permanentes

Entonces, de los enfoques de transformación expresados por el CNEP y De Loach, se infiere que la transformación organizacional implica preponderancia del colectivo sobre el individuo, que es un proceso permanente, espontáneo o inducido que busca la adaptación a las demandas tanto del entorno como del interior de la organización misma. En este sentido, una transformación está ocurriendo actualmente en los diferentes componentes que constituyen la FAN venezolana, y existe un viraje en relación a la filosofía, doctrina y métodos para garantizar la seguridad y defensa de Venezuela, un cambio en la organización, su misión, su gente, acorde al pensar-hacer del siglo XXI.

A propósito, este proceso de transformación presenta indicadores de la gestión institucional, inducidos por el entorno e interpretados por la organización misma. Entre estos se manifiestan:

1.             La reorganización del Ministerio de la Defensa y de sus dependencias, lo cual implicó la adecuación de las organizaciones de los componentes de la FAN, entre ellos el de la Armada. Procesos aun en desarrollo.

2.             La creación de la Escuela Superior de Guerra Conjunta, cuyo Curso de Estado Mayor Conjunto posee un Diseño Curricular (2005) orientado hacia el perfeccionamiento de las competencias del Oficial Superior para el accionar conjunto, así como hacia la profundización y conformación de una nueva estrategia y doctrina militar nacional, bajo referentes de: el Nuevo Pensamiento Militar, la Integración Cívico Militar, la Integración Militar Latinoamericana y Caribeña, y la investigación sobre estrategias (ESGC, 2005).

3.             La redefinición de los diseños curriculares de aquellos cursos que a nivel de postgrado realizan los Oficiales Subalternos en la Escuela de Postgrado de la Armada (EPAR). Los cuales también tienen como marco filosófico y doctrinario el Nuevo Pensamiento Militar y enfatizan la táctica y la defensa integral de la Nación; interpretándose la defensa integral como:

… el conjunto de decisiones y acciones políticas formuladas y coordinadas por el Poder Público Nacional, con apoyo de las instituciones públicas y privadas, las personas naturales y jurídicas, en los ámbitos económico, social, político, cultural, geográfico, ambiental y militar, con el objeto de salvaguardar la independencia, la libertad, la democracia, la soberanía, la integridad territorial y demás espacios geográficos y el desarrollo integral de la Nación, a diferencia de la tradicional concepción que la identificaba generalmente con el empleo exclusivo de los medios militares. (Concepto Estratégico Militar de la Nación, 2004)

4.             Los nuevos roles asignados a los miembros de la FAN en los diferentes estamentos de las instituciones públicas. Esto podría interpretarse como una consecuencia de la participación activa en el desarrollo que a su vez es parte de la defensa integral, siendo una acción política formulada y coordinada por el poder público nacional.

5.             El establecimiento de una nueva Doctrina Militar Venezolana, mediante acciones conjugadas entre los procesos educativos y órganos operacionales de la Armada, tomando en consideración la participación de la sociedad civil (corresponsabilidad), como efecto de una interpretación funcional de lo establecido en la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela (CRBV), Título VII, Capítulo II, relacionado con los principios de Seguridad de la Nación.

Los cinco indicadores del proceso de transformación en la FAN antes planteados, trastocan los fundamentos del viejo modo de pensar de la institución, lo cual puede interpretarse como una consecuencia de la sinergia que interactúa en la institución armada. Sinergia ésta que interpretada desde la definición que la Real Academia otorga, se entiende como “… los procesos o influencias que actúan conjuntamente dando resultados superiores a la simple suma de las acciones individuales”. En este sentido, Davis (1985) acota que la interdependencia entre las sociedades, el ambiente y las organizaciones, generó sinergia en búsqueda de beneficios netos adicionales que favorecieran a la sociedad y se distribuyeran con mayor justicia (distribución que se entiende como un acto de responsabilidad social). Tales beneficios netos son fácilmente mesurables, cuantificables, pero ello no ocurre con el tratamiento que se le da a la “justicia” (equidad, bienestar para todo el colectivo), la cual va desde rangos muy subjetivos hasta objetivos y viceversa, dando lugar así a los conflictos.

El término conflicto genera ruido o confusión por si mismo, más para Constantino y Sickles (1997), estos son generados por los cambios y son inevitables, están presentes en todos los aspectos de nuestras vidas (hijos, colegas, socios, vecinos, clientes, empleados), simplemente existen y son parte de la vida de las organizaciones, siendo un proceso y no un producto; es así como “en el contexto de las organizaciones, el conflicto es una expresión de insatisfacción o desacuerdo con una interacción, un procedimiento, un producto o un servicio” (p. 33). De allí que se pueda plantear una interrogante: ¿cómo estas transformaciones o cambios interactúan con la ontología militar naval en su quehacer? En este sentido, se podría asumir que el marino de guerra venezolano tiene su “imprinting cultural” (ser o modo de ser del individuo o del ente), que según Morín (2001: p. 28-30), marca a los seres humanos desde su nacimiento, pasando por la cultura familiar, la escuela y el ejercicio de su profesión, así como por la “normalización” que impone la regla de lo que es importante, válido, verdadero y, quizás, errado e inaceptable. Morín interpreta que “el imprinting y la normalización aseguran la invarianza de las estructuras que gobiernan y organizan el conocimiento”.

Tomando en consideración lo anterior se infiere por asociación que el “imprinting cultural” coadyuva con la sinergia organizacional a la generación de conflictos en el hacer, el quehacer y el conocimiento y búsqueda del nuevo tipo de gente y no particularmente del individuo que la Armada demanda en el ámbito del desarrollo integral de la nación, empleando procesos pertinentes y adecuados, aceptando nuevos esquemas mentales, venciendo su imprinting cultural, ante lo cual se observa que en la dinámica que está privando, se asigna relevancia al colectivo representado por la gente.

Una respuesta a la complejidad que resulta de todo ello – bien sea porque no se pueden comprender o resulta complicada –, la ofrece una visión epistemológica bajo referentes del “pensamiento complejo”, ya que ésta acepta la existencia de comprensiones distintas, las cuales no pueden simplificarse a un algo más sencillo, ya que existen muchas y variadas relaciones, posibilidades y conexiones inscritas en la sociedad y sus organizaciones e instituciones que en ella se constituyen, de modo que no es posible plantear una correspondencia biunívoca y lineal de una cosa con otra.

En principio debe ser considerada la planificación como elemento que norma específicamente el quehacer del Oficial naval venezolano, ya que éste actúa sobre la base de “Planes” y “Órdenes de Operaciones”, las cuales derivan de un proceso de planificación que según el caso se basa en la “Planificación Estratégica Operacional” o en el “Planeamiento Naval Operativo”. Estos procesos en el medio militar están vinculados a un pensar-hacer en situaciones de confrontación básicamente para el mejor uso del potencial bélico (fuerza disponible) en función de los propósitos del Estado.

La planificación en el ámbito militar, se encuentra esencialmente vinculada al pensar-hacer de unas voluntades que se confrontan y pretenden usar la fuerza en beneficio de un propósito específico, y en donde tales voluntades – representadas por los Estados o entes involucrados en la confrontación de intereses – se encuentran en un conflicto cuyo modo de resolución puede llegar a involucrar el uso de la violencia y es aquí donde tradicionalmente entran como actores las Fuerzas Armadas de los Estados.

Planificar o planear es pensar antes de actuar y ello requiere que por cada objetivo que se establezca se definan las acciones a realizar, se anticipen los problemas por resolver, se prioricen sus soluciones, se establezcan recursos y responsabilidades, y se diseñen medidas de seguimiento y control que permitan la evaluación de los avances (Ther, F. s.f.: en línea).

En virtud de lo antes expuesto, se puede decir que en el medio militar el “conflicto” se trata de resolver desde los más alto de la organización militar hacia sus brazos ejecutores a través de la definición de una Misión y del Concepto de la Operación, pasando de un comandante hacia sus comandantes subordinados, lo que involucra procesos de toma de decisiones (pensar) – por parte de toda la cadena de mando y sus Estados Mayores – que traduzcan en acciones las misiones asignadas por la superioridad (hacer).

El enfoque mediante el cual se realiza este proceso en la Armada venezolana es el Planeamiento Naval Operativo, método que está concebido para la planificación de operaciones militares, lo que significa dar solución a un problema en el cual, como se expresó anteriormente, existe confrontación de voluntades; pero, además, fuerzas que vencer y un adversario.

Este proceso se fundamenta, de acuerdo al Manual de Planeamiento Naval Operativo (Armada de Venezuela, 1999), en la denominada Apreciación del Comandante, la cual a su vez se basa en un análisis de los probables resultados de las interacciones entre las acciones que se podrían contraponer, vale decir, las que pudiese ejecutar el adversario (enemigo) y aquellas propias. Tales posibles acciones son representadas por las Posibilidades del Enemigo (PEN) y las Formas de Acción Propia (FAP); proceso que puede resumirse en los siguientes pasos:

               Análisis de la Misión: el Comandante (alguien a quien se le ha ordenado cumplir una misión) identifica y analiza en primer lugar la tarea asignada o deducida (lo que ha de hacerse) y su propósito (por qué ha de hacerse, para qué).

               Consideraciones que Afectan las Posibles Formas de Acción: el Comandante identifica y analiza las condiciones que podrían favorecer u obstaculizar sus propias acciones o las del enemigo. Es de resaltar que en este paso existe una fuerte carga racional, pues, todo se fundamenta en lo real (lo que se cree como tal), en aquello que se puede medir, que es cuantificable y puede comprobarse, de allí que sea ésta una visión clásica de la ciencia moderna.

               Posibilidades del Enemigo (PEN): consecutivamente el Comandante identifica aquellas formas de acción que el enemigo puede adoptar (sobre la base de las consideraciones anteriores), y que si las adopta éstas afectarían el cumplimiento de la misión.

               Formas de Acción Propias (FAP): el Comandante identifica entonces las formas de acción factibles, que si tienen éxito, cumplirán con la misión (adecuables). Aquí hay también una fuerte carga racional en cuanto a lo que es posible ejecutar, pues, éstas, además de adecuadas, deben ser ejecutables (que pueden ser ejecutadas con los recursos disponibles), y aceptables (dignas del costo estimado).

               Análisis de las Formas de Acción Opuesta: posteriormente, el Comandante identifica los probables resultados de las Interacciones entre cada FAP y cada PEN, expresados en término de la “medida de la efectividad” que los planificadores establezcan según la ocasión, a objeto de determinar – de la mejor forma posible – las ventajas y desventajas de cada FAP.

               Comparación de las Formas de Acción Propia: el Comandante compara las ventajas y desventajas de cada FAP con respecto al éxito de la misión, los costos y otros factores considerados importantes; luego selecciona la más efectiva forma de acción (la que él considera la mejor).

               La Decisión: es el último paso de la apreciación y en el que el Comandante transforma la decisión en una instrucción concisa y por escrito de lo que la fuerza, como un todo, ha de hacer, cuándo, cómo, dónde y porqué.

Esta Decisión es la base de un planeamiento detallado y posteriormente será el Concepto de la Operación a ejecutar, para lo cual se desarrolla un Plan en el que el referido concepto se transforma en tareas para los comandantes subordinados y establece una estructura organizacional para su ejecución.

Visto de esta manera el proceso de planificación en la Armada, aun cuando presenta rigor en los esquemas de diseño y ejecución, también concibe la flexibilidad como elemento básico para resolver los “conflictos” que se puedan generar como consecuencia de los procesos de transformación y adecuación a la nueva realidad del quehacer del profesional de la Armada venezolana. Nueva realidad que demanda del quehacer militar un quehacer “cívico-militar”, fundamentado en un pensar que valore los procesos mentales que deben ser incorporados como parte de la descripción ontológica del individuo y del colectivo de la Armada.

Esta connotación cívico-militar que se introduce como elemento innovador del quehacer, expresa por si misma niveles de complejidad cuando ahora debe convivir con el quehacer que ha venido tradicionalmente sustentando la acción de la Armada (lo bélico). De esta manera ante las transformaciones que viven las instituciones militares venezolanas, en este caso la Armada venezolana, es natural percibir la existencia de “conflictos” mientras se adecuen a la nueva realidad.

En este sentido, se puede problematizar el contexto referido al “conflicto” mediante el planteamiento de interrogantes referidas a: ¿cómo orientar el pensamiento ante la planificación para atender esta nueva realidad? O ¿cómo considerar la manera de pensar para planificar tanto en situaciones de confrontación de voluntades (razón de ser del militar) como de participación activa en el desarrollo y acciones sociales o humanitarias, partiendo del hecho de que los integrantes de la Armada venezolana han sido formados bajo la doctrina y costumbres militares (navales) para la confrontación y uso del poder bélico disponible?

No hay duda ante las consideraciones realizadas que el proceso de transformación que se está acometiendo conlleva a redimensionar la planificación para que en la misma sean incorporados los elementos que den lugar a la concepción del militar-naval bajo un nuevo perfil de participación, sin que por ello lo bélico sea puesto a un lado, sino que por el contrario el individuo – visto dentro del colectivo – atienda lo complejo desde su pensar; entendiéndose por complejo la capacidad de respuesta de éste para actuar ante lo bélico (acción bélica) y la sensibilidad necesaria para gestionar lo social simultáneamente (acción pacífica).

No con ello se expresa desconocimiento de los niveles de participación que ha tenido la Armada en las operaciones sociales o de ayuda humanitaria como actividades colaterales, mas, el proceso de transformación hoy induce a considerar estas acciones como actividades de participación activa en el desarrollo, asignándoseles un rango de tarea constitucional para la Fuerza Armada venezolana. Lo cual confirma la necesidad de una nueva visión multidimensional en la planificación, que según Castellano (2004) “es un método bajo la forma de proceso para la toma de decisiones entorno al mantenimiento de una realidad dada o a su transformación en otra más deseable…” (p. 62), es decir, el planificar en la Armada hoy día, concebido como método bajo la forma de proceso, ahora debe mantener o transformar tanto situaciones bélicas como sociales en pro de la defensa integral de la nación.

En este mismo sentido Castellano (ob. cit.) afirma que la planificación se centra en hechos cotidianos, tales como: la escasez de recursos en relación a múltiples y crecientes necesidades, la complejidad, la turbulencia, la incertidumbre y la conflictividad que caracterizan a las actividades del ser humano y a su entorno (p. 67). Así que la planificación es una respuesta a ese conjunto de dificultades y un modo de enfrentarlas ya que, a criterio de este mismo autor, ésta es útil porque da a la organización una unidad explicita de propósitos, reduciendo la dispersión de esfuerzos y, por ende, menos despilfarro de recursos; a su vez, la planificación establece un mecanismo continuo de seguimiento y evaluación de las actividades para su control y reorientación, minimizando la improvisación en la toma de decisiones y los riesgos que le son inherentes, sin menoscabo de la intuición como factor importante y, como lo más importante, la planificación facilita el paso entre el pensamiento y la acción (p. 68).

A este punto es necesario resaltar que esta situación o realidad en la Armada venezolana (cumplir con lo bélico más lo cívico-militar) ocurre también en un contexto mundial en el que se busca un método no cartesiano para el estudio de lo complejo, de aquello en lo que convive el orden y el desorden, que aspira a un conocimiento multidimensional. El hombre en su afán de entender lo que pasa – la realidad –, según Morín (2005: p. 32), evita la ambigüedad e incertidumbre mediante el orden, siendo una de sus expresiones el método científico, el cual busca la inteligibilidad, el entendimiento; pero, fraccionando la realidad y sólo reflejando parte de ella. Esto podría afectar tanto la planificación en contextos de confrontación (la guerra como hecho social), como en contextos de acciones sociales y desarrollo del país (el militar en provecho de la sociedad).

Así, hoy día, existe un movimiento, una visión epistemológica que pretende desarrollar una teoría de la complejidad que pueda resultarle conveniente al ser humano: el “pensamiento complejo”, cuyo desafío es el pensar complejamente como metodología de acción cotidiana en cualquier campo de trabajo (Morín, ob. cit.: p.14), y que puede resultar de utilidad al Oficial al momento de planificar en el ejercicio de cualquier función que se le asigne. A partir de esta situación, se tiene como dimensión teórica a la planificación y al pensamiento complejo.

El pensamiento complejo constituye entonces una referencia a considerar dentro de la transformación en la Armada, y para abordarlo es necesario partir del conocimiento científico moderno, el cual tiene por objeto aclarar la aparente complejidad de los fenómenos a fin de revelar el orden al que obedecen.

Bedoya, F. (s.f.) – siguiendo la postura de Morín –, afirma que en los últimos tres siglos se han adquirido conocimientos sobre el mundo basados en los métodos de verificación empírica y lógica; pero, también han florecido los errores derivados de la incapacidad de reconocer y aprehender la complejidad de lo real; esto ocurre porque el conocimiento científico utiliza la selección de datos significativos y el rechazo de los no significativos, vale decir, separa (distingue) y une (asocia), jerarquiza y centraliza, lo que conlleva a que estas funciones sean gobernadas por paradigmas. Particularmente, quien escribe este artículo – en su condición de militar y marino – considera que bajo este esquema se desarrolla preponderantemente tanto el pensar como el hacer del militar (bajo influencia de paradigmas).

Bedoya, F. (ob. cit.) también afirma que el paradigma científico por excelencia es el de simplificación, que está regido por los principios de disyunción, reducción y abstracción formulados por Descartes, quien apartó el sujeto pensante y la cosa (objeto), separando así la filosofía de la ciencia. Al disgregar conciencia y ciencia, el conocimiento generado no está hecho para ser reflexionado sino para ser usado.

En este sentido, luego de un camino en el que aparecen los límites, las insuficiencias y las carencias del pensamiento simplificador, surge la necesidad del pensamiento complejo, de ese algo que intenta articular dominios disciplinarios quebrados por el pensamiento disgregador y aspira al conocimiento multidimensional, sin que ello aspire conocimiento complejo, ya que uno de los axiomas de la complejidad es la imposibilidad de una omnisciencia. Por eso, el pensamiento complejo está animado por una tensión permanente entre la aspiración a un saber no parcelado y el reconocimiento de lo inacabado e incompleto de todo conocimiento (Morín, 2005; p. 22-23).

A este punto, qué se entiende por complejidad como base de un conocimiento adecuado, a objeto de tener una apreciación inicial de su vinculación con el modo de pensar y actuar del militar:

(…) A primera vista, es un fenómeno cuantitativo, una cantidad extrema de interacciones e interferencias entre un número muy grande de unidades. De hecho, todo sistema auto-organizador (viviente) hasta el más simple, combina un número muy grande de unidades (...). Pero la complejidad no comprende solamente cantidades de unidades e interacciones (...); comprende también incertidumbres, indeterminaciones, fenómenos aleatorios. En un sentido, la complejidad siempre está relacionada con el azar (...). Pero la complejidad no se reduce a la incertidumbre, es la incertidumbre en el seno de los sistemas ricamente organizados. Tiene que ver con los sistemas semi-aleatorios cuyo orden es inseparable de los azares que incluyen. (Morín, 2005: p. 59 – 60).

Así que, si se considera que lo propiamente científico es la eliminación de la imprecisión, la ambigüedad y la contradicción, y que en la actualidad se debe aceptar una imprecisión cierta al abordar el conocimiento, según Morín, el pensamiento complejo aporta los principios de donde emerge el paradigma de la complejidad.

Por otra parte, surge también otro aspecto a ser considerado, ya abordado por Morín, de Freitas y Nicolescu en 1994 – el de la Transdisciplinariedad –, quienes tras constatar el crecimiento exponencial de los “saberes”, la nueva conciencia planetaria de los problemas, las desigualdades crecientes, la disociación entre avance tecnológico y humano, etc. defienden, entre otras cosas que:

(…) el reconocimiento de la existencia de diferentes niveles de realidad, regidos por diferentes lógicas, es inherente a la actitud transdisciplinaria. Toda tentativa de reducir la realidad a un solo nivel, regido por una única lógica, no se sitúa en el campo de la transdisciplinariedad (...). (Nicolescu, 2002: p. 148)

Para Nicolescu (2002), en su Manifiesto de la Transdisciplinariedad, ésta concierne – al mismo tiempo – entre disciplinas, a través de diferentes disciplinas y más allá de las disciplinas, siendo su propósito el entendimiento del mundo actual sobre la base de la unidad de conocimiento (p. 44).

De lo antes expuesto, se infiere que el abordar los problemas de manera transdisciplinaria es propio del pensamiento complejo, y éste a su vez como método de acción cotidiana, incluyendo el planificar, puede ser muy útil ante cualquier circunstancia y contexto en que el hombre de mar deba actuar. Esto porque al momento de planificar se toman decisiones sobre el qué y cómo del hacer, basándose en un análisis que dentro del mismo proceso de planificación (análisis que dentro del Planeamiento Naval Operativo principalmente se encuentra en la apreciación de la situación), busca fundamentar cual es la mejor solución sobre la base del método científico, normalmente eliminando la incertidumbre, lo impredecible, lo aleatorio, etc.; lo que – comúnmente – conlleva rigidez en el análisis al evitar o no aceptar diferentes lógicas, visiones, posturas, paradigmas… lo transdisciplinario.

Las implicaciones en el planificar al atender las demandas del contexto

Se tiene entonces que la Armada venezolana está en un proceso de transformación en el que se tiene un conflicto entre el viejo y el nuevo modo de pensar que demanda la República Bolivariana de Venezuela, su FAN y el mundo complejo en el que vivimos; realidades éstas que exigen un quehacer por parte del miembro de la Armada que, además de basarse en la planificación, se adecue en pensamiento y acción al contexto y realidad en que se desempeñe. Tales contextos de desempeño, en Venezuela, implican tanto tareas propias de la seguridad y defensa militar como tareas afines a la Defensa Integral, y que involucran la “participación activa en el desarrollo” prevista en la Carta Magna de 1999.

Lo anterior conlleva en la Armada a que en la “fase de alistamiento para la misión” (entendida ésta como la preparación de medios, mujeres y hombres, incluyendo su entrenamiento y la elaboración de un plan a seguir), sea la misión definida en términos de guerra (lo bélico) o de paz (lo social), la doctrina militar en Venezuela hace uso del Planeamiento Naval Operativo, tal como es también menester en la Armada de otros Estados. Sin embargo, esta metodología, tal como se expresara anteriormente, está orientada a solucionar un problema en un contexto de confrontación de voluntades; contexto que no necesariamente se encuentra en cualquier otra misión de paz cuyo propósito sea el de garantizar el desarrollo de un país o atender situaciones coyunturales (desastres naturales o producto de la acción del hombre).

¿Qué se tiene en función del modo de pensar-hacer (teoría-praxis) del militar? Que el militar cuando planifica se encuentra ante la necesidad de adecuar su modelo de planificación, así como su actitud, de manera tal que pueda atender tanto lo que le es propio y para lo cual fue formado – el uso de la fuerza en combate –, así como las acciones sociales que le son afines y que no se realizan mediante el uso del poder bélico, y aun más allá, concebir acciones bélicas con la participación de la sociedad como corresponsables en la defensa.

A este punto es oportuno destacar de qué forma puede entenderse un conflicto para así poder apreciar por qué resultan afines las acciones sociales al accionar militar cuando, en oportunidades, se trata de solucionar conflictos, así como dar cuenta de lo que ello puede implicar o no.

En primer lugar se consideran otras acepciones que sobre el “conflicto” se pueden encontrar en diccionarios y otras publicaciones, además de la tratada anteriormente como producto de procesos de cambio; por ejemplo: choque o situación de oposición entre personas o grupos; combate, lucha, pelea; enfrentamiento armado; coexistencia de tendencias contradictorias capaces de generar angustias, etc. Estas definiciones se pueden comprender como un proceso y estado de insatisfacción que cuando no viene resuelto se convierte en una disputa, entendiéndose ésta como una contienda, competencia o rivalidad.

De acuerdo a lo afirmado por Cano, M., Molina B. y Muñoz F. (2.004), se deduce que la disputa desencadena en el uso de la violencia, cuyo concepto en la actualidad trasciende el concepto de “violencia directa” para también abarcar el de “violencia estructural” – que integra a la pobreza, represión, alienación, hambre, etc. –, entendiéndose entonces que la violencia es todo aquello que, siendo evitable, impide o dificulta el desarrollo de las potencialidades humanas.

De lo anterior se puede también inferir que el concebir así a la violencia, como todo aquello que impida o dificulte el desarrollo, el bienestar y la consecución de un mundo justo, es entonces inherente a los conflictos y éste a su vez engloba la religión, la pobreza, el hambre, la degradación del medio ambiente, el desarrollo, la salud, entre otros aspectos. Por ende, se considera que si las Fuerzas Armadas son de potencial uso en la solución de un conflicto, su empleo o participación en tareas que buscan mejorar la condición de vida de una población resulta algo que también le es inherente y para lo cual pueden ser aprovechadas.

Lo expuesto en los párrafos anteriores podría ser interpretado como si en Venezuela la función de la Fuerza Armada, además de las tareas propias de seguridad y defensa, tiene como deber la participación activa en el desarrollo de país y ello no implicaría un pensar-hacer en ámbitos de confrontación de voluntades, pero sí implicaría entender y aceptar que más allá de la violencia directa está la violencia estructural – que integra a la pobreza, represión, alienación, hambre, entre otros –, y que sus acciones deben hacer frente también a este tipo de situaciones. Esto, para el autor del presente artículo, resulta más aceptable (tanto para el militar como para la sociedad en general) y viable si se piensa de manera compleja.

Otras implicaciones (tendencias contradictorias) que genera este proceso de transformación, están relacionadas con la concepción que sobre la planificación existe en la FAN, especialmente dentro de la Armada. Para ello es necesario tomar en consideración documentos que actualmente son rectores del quehacer militar en esta institución como lo son las Concepciones Estratégicas Militar y Naval, para relacionar al Planeamiento Naval Operativo con las directrices y documentos rectores que en ellos se establecen y así apreciar como el concepto amplio de conflicto antes planteado resulta aún más acorde; pero, que es a su vez motivo de conflicto en la organización (cambio, adecuación de procedimientos, servicios, entre otras cosas).

El Concepto Estratégico Militar de la Fuerza Armada Nacional (2004), en relación con la “Participación Activa en el Desarrollo Integral de Venezuela”, expresa lineamientos generales que orientan las actividades a ser ejecutadas y entre los cuales se encuentran dos que hacen referencia a la planificación:

La Fuerza Armada Nacional, tomando en cuenta la misión, capacidades, limitaciones y cobertura geográfica de sus unidades operativas y administrativas programará su actuación en función de las estrategias nacionales y directivas de planificación militar (resaltado y subrayado propio), basada en la doctrina de acción conjunta, en la desconcentración financiera y ejecución descentralizada para coadyuvar con el desarrollo nacional. Todo ello sin menoscabo del cumplimiento de sus funciones primigenias de defensa militar (…) La planificación y ejecución de las actividades militares en apoyo al desarrollo del país (subrayado y resaltado propio) debe hacerse con sentido nacional, en plena cooperación con los Consejos de Planificación y Coordinación de Políticas Públicas Nacionales, Estadales y Municipales con la finalidad de satisfacer las necesidades individuales y colectivas de la población, en los ámbitos económicos, social, político, cultural, geográfico, ambiental y militar, y su financiamiento se realizará a través de fondos provenientes de convenios interinstitucionales y asignaciones de las autoridades respectivas.

De todo lo antes expuesto se infiere lo siguiente:

1.             La necesidad de conocer la aplicabilidad de las directivas de planificación militar para la programación de actividades en función de las estrategias nacionales. Pareciera en primer lugar que esto se refiere a la elaboración de los respectivos Planes Operativos, lo cual vincula objetivos, metas y tareas con el presupuesto (programación presupuestaria); pero, la planificación de las tareas a cumplir resultaría – a primera vista – de la aplicación del Planeamiento Naval Operativo (tanto para acciones bélicas como sociales), vale decir, del empleo de un enfoque de planificación que está concebido en realidad para operaciones militares (acciones en las que existe potencialmente uso de la fuerza). Debe destacarse que a partir del año 2006 el presupuesto de la nación se maneja por proyectos, lo que conlleva también a ajustes en cuanto a la forma de planificar desde otro enfoque, el presupuestario por proyectos. Los cual tiene espacio en el quehacer con sus respectivas implicaciones.

2.             La planeación y ejecución de tareas por parte de la FAN en apoyo al desarrollo del país son consideradas, por el Concepto Estratégico Militar de la FAN, como actividades militares, por ende, para todas estas tareas surgen preguntas como: ¿el modelo de planificación a seguir será todavía el militar (planeamiento naval operativo)?, ¿se está en un ambiente de confrontación de voluntades?, ¿podrá adecuarse tal modelo de planificación militar?; pareciera que también hay actividades que entran dentro de la gerencia, especialmente la pública, y en consecuencia deberían ser planificadas, ejecutadas y controladas según modelos gerenciales o enfoques apropiados, como por ejemplo los métodos de planificación tradicional, situacional, corporativa, por escenarios, bajo presión, estratégica, entre otras. Es oportuno traer nuevamente a la palestra que el modelo de planificación militar al cual se hace referencia es el aplicado para resolver problemas inherentes a la confrontación de voluntades o uso de la fuerza (poder militar), mientras que el Concepto Estratégico Militar habla de planificación de manera general, vale decir, tanto para operaciones militares (defensa militar del país), como para acciones que inciden en el desarrollo del país y que son realizadas por militares (operaciones sociales).

3.             Por último, el hacer frente tanto a la violencia directa como a la estructural plantea la necesidad de una nueva forma de pensar en el militar, de abordar los problemas a resolver y situaciones que cambiar o mejorar, teniendo como referencia un conocimiento multidimensional en el quehacer de la FAN y, por ende, de la Armada, así como el encontrarnos en transición hacia la postmodernidad, en un mundo globalizado, planetarizado y en presencia de un paradigma como lo es el pensamiento complejo, el cual puede facilitar la acción de planificar el quehacer en cumplimiento de las tareas asignadas a la Armada.

En la actualidad, un determinado contexto de la FAN puede implicar que un militar esté conduciendo operaciones militares para el resguardo de las fronteras o espacios acuáticos y, al día siguiente, puede estar involucrado en una actividad para el desarrollo integral del área geográfica en la cual se encuentra, actuando de manera conjunta con entes públicos y privados de la zona o región. Esto último demanda una unidad de lenguaje y conocimiento, un pensar de manera compleja y una actitud transdisciplinaria, así como un modelo gerencial participativo en el que todos conforman una nueva red de trabajo, la cual no es propia del ámbito militar, pero sí integrada por ciudadanos tanto civiles como militares. Esto impone nuevos paradigmas a considerar para acometer los procesos fundamentales de la organización como lo son la formación de la gente y la planificación para los diferentes escenarios donde esa gente se desempeñará, al considerar lo complicado de la participación con igual jerarquía y responsabilidad de la sociedad civil, lo cual demanda permeabilidad en la estructura de pensamiento y que se manifieste mediante acciones.

Algo que hace más multidimensional y multifacético el quehacer de la Armada, es que ésta en el ámbito internacional cumple otras funciones que la diferencian de otras fuerzas militares o componentes y que Booth (1984), citado por Kearsly (1998), identificara como: la función policial (policía del mar y ejercicio – en Venezuela – de las funciones de Guardacostas en todos los espacios acuáticos nacionales), la función militar (el ejercicio del poder naval mediante el control del mar y demás espacios acuáticos), y la función diplomática (mostrar la bandera, el ejercicio de la diplomacia en puertos extranjeros y áreas de interés geopolítico). Lo antes expuesto hace de las Armadas un elemento de empleo particular, más variado y diverso al de otros componentes o fuerzas armadas en todo el mundo.

A lo anterior se le agrega el deber de atender situaciones de violencia estructural, y que ello no necesariamente implica el uso del Planeamiento Naval Operativo sino, quizás, su adecuación o emplear el método o enfoque que corresponda según la situación. Entonces, de acuerdo con la experiencia del autor, puede percibirse la necesidad de: tener conciencia de los contenidos técnicos profesionales bajo los cuales son formados los militares para evitar la mecanización – pues, se requiere de un militar que antes que tal sea humano, que sepa cuando deba actuar mecánicamente y cuando no – y por otra parte, asumir una nueva forma de pensar en el ámbito militar, de abordar los problemas a resolver y situaciones que cambiar y/o mejorar, fundamentalmente mediante la aceptación de la incertidumbre, de lo inacabado, de la confluencia de disciplinas, en una visión multifacética y multidimensional del quehacer en la FAN y, por ende, en la Armada.

Esta percepción de quien escribe es un problema relativo al modo de pensar que bien encaja en lo planteado por Morín, no por la complejidad de las cosas que deben atenderse – bien sea porque no podemos comprender o resulta complicado – sino porque se tiene y acepta la existencia de comprensiones distintas, las cuales no pueden reducirse o simplificarse a un algo más sencillo, pues, existe sobreabundancia de relaciones, de posibilidades, de conexiones inscritas en la sociedad y sus organizaciones, instituciones y entes que en ella se forman, de modo que no es posible plantear una correspondencia biunívoca y lineal de una cosa con otra; basta en pensar en el terrorismo, en los conflictos de cuarta generación, en las motivaciones y visiones de quienes recurren a acciones, quizás, sólo irracionales para algunos, pero, aceptables y lógicas para esos otros; basta entender y aceptar el artículo 9 de la Carta de la Transdisciplinariedad, el cual demanda una actitud abierta hacia lo místico y las religiones, así como hacia quienes las respetan con espíritu transcultural y transdisciplinario.

Esto último conlleva a reflexionar por un instante en los actos de terror del 11 de septiembre del 2.001: ¿pudo haberse pensado tal acción con aeronaves civiles como una forma de acción ejecutable por terroristas?, ¿Un japonés sujeto al código del bushido – un kamikaze – lo hubiese podido pensar y hacer?, ¿Y un norteamericano?, ¿Cuáles son los distintos niveles de realidad involucrados en el mismo problema? Quizás, estemos ante una visión trans-cultural y trans-religiosa que conduce, sobre el plano social, a un cambio radical de perspectiva y de actitud (Nicolescu, 2.002)

La recalada: una interrogante para concluir

Lo antes expuesto lleva a pensar en la complejidad que ello implica; perspectiva que difiere, de algún modo, con conceptos tales como racionalismo y empirismo; pero, que resulta una perspectiva desde la cual se pueden abordar los problemas militares de la actualidad y del futuro, en los que la confrontación armada no es lo único para lo cual se actúa y prepara (tareas a cumplir), sino también para acciones sociales que requieren de una actitud pacífica, de trabajo público, inclusive a nivel internacional; todo ello partiendo y basándose en un pensamiento militar complejo, por tanto no-rígido ni netamente paradigmático, que de manera especial reconozca en su desarrollo la existencia de diferentes niveles de realidad.

Es posible que ésta sea una postura a ser asumida por quienes planifican, ejecutan y controlan actividades u operaciones militares y, por tanto, una conducta a ser exigida al militar como ser humano y a su vez recurso de un Estado; pero, posiblemente es algo que de manera referencial puede mantenerse presente en el modo de pensar, en donde lo aleatorio, la incertidumbre, lo humano y normalmente impredecible, sea considerado y continuamente supervisado bajo el enfoque complejo de Edgar Morin.

Así que a este punto surge una incógnita: ¿Cómo planificar tomando como referencia el pensamiento complejo en el seno de la FAN, específicamente en el de la Armada venezolana? Una respuesta a esto podría tener implícito el comprender, aceptar e internalizar que el militar del siglo XXI no puede ser exclusivamente un hombre preparado para planificar y ejecutar operaciones bélicas (confrontaciones armadas), sino que debe tener competencias para planificar, ejecutar y controlar operaciones sociales que, si bien no están exentas de confrontación, no necesariamente implican el empleo de sistemas de armas contra ejércitos o poblaciones armadas (combatientes).

De lo anterior, surge la necesidad de reflexionar e investigar sobre la resolución de problemas militares y no militares a través de diferentes enfoques, no únicamente el castrense, sino regido por distintas lógicas según lo requiera la realidad que se deba atender, sobre todo cuando hoy en día la fuerza militar se está empleando en la atención de problemas sociales. Esto plantea la posibilidad de considerar dos actitudes, así como el estar preparado para ello, la de guerra y la de paz (benefactora), ambas ambiguas – si se quiere – en el militar; pero, que demanda no establecer límites entre disciplinas y, seguramente, asumir por parte de los militares (el marino) un enfoque complejo. Lo cierto es que, al parecer, cada vez con mayor fuerza las teorías administrativas en el marco de la gerencia pública, así como el conocimiento y la práctica de ésta, además de la aceptación de distintos niveles de realidad, se hacen necesarias en la mente y acción del militar del siglo XXI, incluyendo la aceptación de tal visión, así como la participación del militar en la sociedad por parte de la sociedad misma.

A este punto, retomando lo expresado cuando se inició a esbozar el contexto del fondo de este artículo (Cómo pensar para planificar tanto en situaciones de confrontación de voluntades como de participación activa en el desarrollo y acciones sociales o humanitarias, habiendo sido formados los integrantes de la Armada venezolana bajo la doctrina y costumbres militares), y asociándolo con el pensamiento complejo, se tiene entonces que más allá de los conflictos que actualmente debe atender una fuerza militar como la Armada venezolana, desde lo bélico hasta lo que potencialmente genera en motivo de uso de la fuerza (hambre, miseria, daños ecológicos, etc.), ella misma, como organización, se encuentra en conflicto al tener que adecuar su pensamiento y acción a las exigencias que atender, pues, el entorno actual obliga al militar a pensar para planificar tomando como referentes nuevas ópticas como el pensamiento complejo, incluyendo la transdisciplinariedad, lo que daría flexibilidad en el proceso del pensar-hacer, la planificación.

 

REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS

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