Reflexión sobre la Planificación Militar Operativa del siglo XXI y el BSC

Una Reflexión sobre el Planeamiento Militar Operativo en la FAN del Siglo XXI y el Balanced Scorecard

 

Ludwig Vera Rojas

Resumen

A través de este trabajo se medita sobre la planificación de actividades en el seno de la Fuerza Armada venezolana, para lo cual parte de un análisis de los conflictos y su naturaleza, y plantear a partir de ello las posturas filosóficas que pudiesen ser su contexto. Posteriormente se plantea un comentario sobre la planificación en el ámbito militar, considerando las funciones de programación, ejecución y control de actividades tanto en función conflictos potenciales y/o actuales, como para el desarrollo integral de la nación, buscando aclarar su vínculo con el tipo de problema que resuelve el planeamiento militar operativo. Luego se reflexiona sobre este tipo de planeamiento en el ámbito de la FAN, así como sobre la complejidad y la transdisciplinariedad a que conlleva la solución tanto de problemas de índole administrativo como militar. Finalmente, se aborda el tema de las perspectivas generadas por el Balanced Scorecard (BSC) como herramienta para el seguimiento y control de lo planificado en una institución militar como la Armada de Venezuela, así como una opinión sobre la transdisciplinariedad que está inmersa en el BSC.

Las principales conclusiones a las que se arriba, son la necesidad de una actitud transdisciplinaria en el militar del siglo XXI en función de la variedad de enfoques necesarios para atender las actuales tareas asignadas, y la posibilidad de considerar el BSC como herramienta de factible uso referencial en la planificación, ya que se considera que atiende la realidad desde lo complejo y transdisciplinario.

Palabras claves: Planificación, Planeamiento Militar Operativo, Alistamiento, Naturaleza de los Conflictos, Complejidad, Transdisciplinario, Balanced Scorecard.

Abstract

Through this work paper one meditates about the planning of activities in the Venezuelan Armed Forces, starting form the analysis of the conflicts and the nature of war, and raising from it the philosophical postures involved in its context. Then, it is made a comment about the planning in the military area considering the functions of programming, execution and control of activities in function of potential and/or present conflicts as much as the integral development of the nation, trying to clarify its links with the kind of problem that is solved by the operative military planning. After that, a reflection is done about this type of planning in the FAN, as well as about the complexity and the transdisciplinarity that is involved in the solution of both administrative and military problems. Finally, it is approached the subject of the perspectives generated by the Balanced Scorecard (BSC) like a tool for the track and control of what was planned by a military institution like the Venezuelan Navy, as well as an opinion about the transdisciplinarity that is immersed in BSC.

The main conclusions of the work paper are the necessity of a transdisciplinary attitude in the military man of century XXI, based on the variety of approaches needed to accomplish the present assigned tasks; and the possibility of considering the BSC as tool of feasible referential use in the planning, because it is considered that it takes care of the reality from the complexity and transdisciplinarity.

Key words: Planning, Military Operational Planning, Readiness, Nature of Conflicts, Complexity, Transdisciplinary, Balanced Scorecard.

INTRODUCCIÓN

Planificar o planear es pensar antes de actuar y ello requiere que por cada objetivo que se establezca se definan las acciones a realizar, se anticipen los problemas por resolver, se prioricen sus soluciones, se establezcan recursos y responsabilidades, y se diseñen medidas de seguimiento y control que permitan la evaluación de los avances[1].

En el ámbito militar a los Comandantes se les exige tomar decisiones que traduzcan las misiones asignadas por la superioridad. El proceso mediante el cual se realiza este trabajo es el planeamiento militar operativo, el cual está concebido para la planificación de operaciones militares, lo que implica la solución de un problema en el cual existe confrontación de voluntades, fuerzas que vencer y un adversario[2]. Por otro lado, en Venezuela la función de la Fuerza Armada, además de las tareas propias de seguridad y defensa, había siempre incluido las operaciones de ayuda humanitaria como una de sus tareas, aun cuando no se les denominara de tal manera, pues, se les ejecutaba a la par y/o dentro de todas aquellas acciones que contribuían al desarrollo nacional y de manera más reciente, con la promulgación de la nueva carta magna, pasaron a ser una exigencia al considerarse la participación activa en el desarrollo como una de sus tareas.

Lo antes expuesto conlleva a que en la fase de alistamiento para la misión, sea ésta de guerra o de paz, la doctrina militar hace uso en nuestro país del Planeamiento Militar tal como es menester en las Fuerzas Armadas de otros Estados. Sin embargo, esta metodología está orientada a solucionar un problema en un contexto de confrontación de voluntades, contexto que no necesariamente se encuentra en cualquier otra misión de paz cuyo propósito sea el de garantizar el desarrollo de un país. ¿Qué tenemos entonces? Que el militar cuando planifica lo que va a ejecutar a posteriori, se encuentra ante la necesidad de adecuar su modelo de planificación, así como su actitud.

De lo antes expuesto, surge la necesidad de reflexionar e investigar sobre la resolución de problemas militares y no militares a través de la planificación, especialmente cuando hoy en día la fuerza militar se está empleando en la atención de problemas sociales, bien sea que se les reconozca como “Operaciones de soporte a la Paz” (visión estadounidense y de las potencias europeas, así como de la ONU) o como “Operaciones Sociales” (ejemplo actual, no sólo venezolano sino de muchos otros países)[3]. Lo antes dicho exige la necesidad de considerar dos actitudes, así como estar preparado para ello, la de guerra y la de paz (benefactora), ambas ambiguas si se quiere; pero, que demanda no establecer límites entre disciplinas. Lo cierto es que al parecer cada vez con mayor fuerza la gerencia pública[4], así como el conocimiento y la práctica de ésta, se hace necesaria en la mente del militar moderno y del siglo XXI, incluyendo la aceptación de tal visión y participación del militar en la sociedad por parte de la sociedad misma.

Para presentar el fondo de este ensayo y que será a posteriori objeto de estudio de una tesis doctoral, iniciaremos con el abordaje de los conflictos y su naturaleza, para plantear a partir de ello las posturas filosóficas que pudiesen ser su contexto. En segundo lugar se plantea un comentario sobre la planificación en el ámbito militar en virtud de las funciones de programación, ejecución y control de actividades tanto en función de potenciales y/o actuales conflictos, como para el desarrollo integral de la nación venezolana (nueva tarea constitucional, además de las clásicas inherentes a la defensa nacional y de salvaguarda), buscando aclarar su vinculación con el tipo de problema que resuelve el planeamiento militar operativo (confrontación de voluntades); posteriormente se presenta una reflexión sobre la planificación operacional en el ámbito de la FAN, la complejidad y la transdisciplinariedad a que conlleva como una conducta a considerar (actitud del militar), para luego tocar el tema de las perspectivas generadas por el Balanced Scorecard (BSC) como herramienta para el seguimiento y control de lo planificado en una institución militar como la Armada de Venezuela, así como una opinión de la transdisciplinariedad que está inmersa en el BSC.

LOS CONFLICTOS Y SU NATURALEZA

Los conflictos han sido un fenómeno constante en la historia de la humanidad y aunque a estos se les vincula regularmente con el uso del poderío de militar, en realidad han sido, son y serán confrontaciones de voluntades que se expresan en diversos ámbitos, desde lo religioso, pasando por lo económico hasta todo aquello que sea expresión de enfrentamientos de intereses entre seres humanos o grupos de ellos.

Al realizar un análisis de los conflictos, en especial desde el punto de vista del uso de la violencia por parte de fuerzas militares, resulta que éste puede ser hecho según el contexto de las teorías estructuradas que llevamos a cabo (Popper)[5]: la propia, el cómo vemos las cosas y las justificamos; la del contrario (enemigo), según cómo la ve la contraparte. Pero, ¿son estas perspectivas iguales? Si la respuesta fuese afirmativa, no habría problemas de entendimiento del fenómeno social ocurrente, quizás porque hay igualdad de paradigmas entre las partes actuantes, así como igualdad de condiciones e influencias del entorno; por otra parte, si la respuesta es negativa, entonces -a mi entender- debería tratar de observarse el asunto desde la perspectiva o enfoque del enemigo, pues, resulta obvio que son limitadas las condiciones de certidumbre plena en la que se puede percibir la condición humana. A este punto se puede hacer referencia a Kuhn, quien creía que la observación era teoría estructurada y que especialmente cada paradigma era una interpretación del mundo, en vez de una explicación objetiva.

Uno de las personas que escribió sobre los conflictos y el uso de la fuerza fue Clausewitz (1770-1831)[6], quien fuese contemporáneo de Kant (1724-1804) y Hegel (1770-1831). Este pensador alemán en sus libros “de la Guerra”, planteó al inicio de sus escritos la necesidad de conocer la “Naturaleza del Conflicto” (naturaleza de la guerra) haciendo uso de un razonamiento dialéctico en el sentido de que jugó con parejas de ideas opuestas. A través de este concepto trató de transmitir la idea de la necesidad de entender el por qué se llega al uso de la fuerza y los factores que, en relación a ello, se interrelacionan, para así, mediante la planificación militar, conocer sobre la guerra que se pretende emprender (actitud ofensiva) o enfrentar (actitud defensiva)[7].

Otro aspecto a considerar es que, entender la naturaleza de la guerra también implica no aferrarnos a paradigmas, pues, en el futuro la explicación de las confrontaciones puede obedecer o ser explicadas desde posturas diferentes (Feyerabend[8]), en lo cual la valoración de lo correcto puede efectuarse sobre la base de los denominados imperativos categóricos (Kant). Lo antes expuesto tiene influencia sobre las denominadas Formas de Acción Propias (FAP)[9] y éstas forman parte del método de planeamiento militar mediante el cual se trata de plantear la mejor solución para una confrontación militar. Por otro lado, la naturaleza de la guerra puede abordarse desde la óptica determinista si se le estudia desde el punto de vista de la causalidad, donde todo lo que ocurre es debido a causas previas. Esto, de alguna manera, lo podemos observar cuando se emplea la Investigación de Operaciones para la toma de decisiones en el ámbito operacional (ejecución de las operaciones militares durante el conflicto, lo que implica el empleo de medios y equipos con características diferentes y que se analizan en términos de efectividad: patrones de exploración, probabilidades de detección y de destrucción o neutralización de la amenaza, etc.). Sin embargo, habida cuenta de lo expresado, la experiencia propia de quienes deciden no puede dejarse fuera del presente discurso, pues, también existe incertidumbre en cuanto si éste -quien decide- lo hace sobre la base de su propia percepción.

De una manera ecléctica, Kant opinaba que tanto la percepción como la razón juegan un importante papel en la comprensión del mundo, ya que aunque todos nuestros conocimientos son originados por percepciones, la razón en cierta manera condiciona la forma en que captamos el mundo. Por otra parte, Hegel señaló que la adquisición del conocimiento es un proceso dinámico y progresivo, condicionado en cierta manera por las características del ambiente. Así, el pensamiento avanza en una dialéctica de negación-síntesis, en la que cada idea es confrontada con su contraria para producir una síntesis más completa y próxima a la verdad. Este concepto hegeliano puede observarse en el proceso de planeamiento militar, sobre todo cuando se fundamenta la decisión sobre la mejor Forma de Acción para cumplir una misión haciendo uso de comparaciones.

Lo cierto es que dentro del proceso de planificación militar se recurre constantemente a confrontar las posibles acciones que son factibles de ejecutar por las partes en conflicto, lo que implica ponerse, continuamente, en la persona del otro, vale decir, tratar de imaginar qué se haría estando en el lugar del adversario; sin embargo, ¿qué tan acertado se puede estar en las propias apreciaciones?, ¿qué tan próximo se está de observar la realidad desde la perspectiva del contrario?, ¿qué tanto se puede simular el observar las cosas desde una postura u óptica que, quizás, se fundamenta en aspectos sociológicos diferentes a los propios?... Otras interrogantes también pueden surgir y algo que evidencia lo correcto o errado de recientes acciones militares en diferentes regiones del mundo, en cuanto a la consecución de los fines políticos que las motivaron, es que el conflicto armado todavía persiste y una luz de solución no se vislumbra… ¿habrá sido realmente entendida la naturaleza del conflicto?

Otros aspectos a tener en consideración, son la naturaleza social y permanente de los conflictos. Desde el punto de vista social se entiende al conflicto como una expresión que va desde el dialogo o discusión racional hasta la guerra (civil o entre países), vale decir, la acción que realice una persona, grupo social o país, estará orientada por lo que otra persona, grupos social o país, haga o deje de hacer. Mientras que la permanencia viene dada por las relaciones entre los actores, las cuales al ser inherentes a toda relación humana y a toda relación entre Estados, resultan ser permanentes.

LA PLANIFICACIÓN EN EL ÁMBITO MILITAR: UN COMENTARIO

El Concepto Estratégico Militar de la Fuerza Armada Nacional (2004), en relación con la Participación Activa en el Desarrollo Integral de Venezuela, expresa lineamientos generales que orientarán las actividades a ser ejecutadas y entre los cuales encontramos dos que hacen referencia a la planificación:

La Fuerza Armada Nacional, tomando en cuenta la misión, capacidades, limitaciones y cobertura geográfica de sus unidades operativas y administrativas programará su actuación en función de las estrategias nacionales y directivas de planificación militar, basada en la doctrina de acción conjunta, en la desconcentración financiera y ejecución descentralizada para coadyuvar con el desarrollo nacional. Todo ello sin menoscabo del cumplimiento de sus funciones primigenias de defensa militar… La planificación y ejecución de las actividades militares en apoyo al desarrollo del país[10] debe hacerse con sentido nacional, en plena cooperación con los Consejos de Planificación y Coordinación de Políticas Públicas Nacionales, Estadales y Municipales con la finalidad de satisfacer las necesidades individuales y colectivas de la población, en los ámbitos económicos, social, político, cultural, geográfico, ambiental y militar, y su financiamiento se realizará a través de fondos provenientes de convenios interinstitucionales y asignaciones de las autoridades respectivas” (Concepto Estratégico Militar de la FAN, 2004).

De lo antes expuesto se puede inferir lo siguiente:

1.       La necesidad de conocer la aplicabilidad de las directivas de planificación militar para la programación de actividades en función de las estrategias nacionales. Pareciera en primer lugar que esto se refiere a la elaboración de los respectivos Planes Operativos, lo cual vincula objetivos, metas y tareas con el presupuesto (programación presupuestaria); pero, la planificación de las tareas a cumplir resultaría -a primera vista- de la aplicación del planeamiento militar[11].

2.       La planificación y ejecución de tareas por parte de la FAN en apoyo al desarrollo del país son consideradas, por el Concepto Estratégico Militar de la FAN, como actividades militares, por ende, ¿el modelo de planificación a seguir será todavía el militar?[12], ¿estamos en un ambiente de confrontación de voluntades?; pareciera que son actividades que entran dentro de la “gerencia pública” y en consecuencia deberían ser planificadas, ejecutadas y controladas según modelos gerenciales apropiados.

Lo inferido anteriormente lleva a plantear la siguiente interrogante: ¿será posible desarrollar un modelo de planeamiento militar que independientemente de la existencia de confrontación de voluntades pueda ser aplicado tanto para planificar acciones netamente militares como acciones sociales y humanitarias? Una respuesta afirmativa a esta pregunta conllevaría a entender y a aceptar que el militar del siglo XXI no puede ser exclusivamente un hombre preparado para planificar y ejecutar operaciones bélicas (confrontaciones armadas), sino que debe tener habilidades y destrezas para planificar, ejecutar y controlar operaciones sociales que, si bien no están exentas de confrontación, no implican el empleo de sistemas de armas contra ejércitos o poblaciones armadas (combatientes).

Como quiera que sea, un militar hoy puede estar conduciendo operaciones militares para el resguardo de nuestras fronteras y al día siguiente, de vuelta a su comando, puede estar involucrado en una actividad para el desarrollo integral del área geográfica en la cual se encuentra, actuando de manera conjunta con entes públicos y privados de la zona o región. Esto último demanda una unidad de lenguaje y conocimiento, una actitud multidisciplinaria por parte de los involucrados. Por otra parte, resulta interesante conocer qué fundamentos epistemológicos estarían dentro de tal modelo de planificación. Todo pareciera indicar que la complejidad de las realidades a afrontar, demanda un enfoque multidimensional y complejo.

LO COMPLEJO, LO TRANSDISCIPLINARIO: UNA CONDUCTA A CONSIDERAR

El conocimiento científico moderno tiene por objeto el aclarar la aparente complejidad de los fenómenos a fin de revelar el orden al que obedecen. En los últimos tres siglos se han adquirido conocimientos sobre el mundo basados en los métodos de verificación empírica y lógica; pero, también han florecido los errores derivados de la incapacidad de reconocer y aprehender la complejidad de lo real; esto ocurre porque el conocimiento científico utiliza la selección de datos significativos y el rechazo de los no significativos, vale decir, separa (distingue) y une (asocia), jerarquiza y centraliza, lo cual conlleva a que estas funciones sean gobernadas por paradigmas[13].

El paradigma científico por excelencia es el de simplificación, que está regido por los principios de disyunción, reducción y abstracción formulados por Descartes, quien apartó el sujeto pensante y la cosa (objeto), separando así la filosofía de la ciencia. Al disgregar conciencia y ciencia, el conocimiento generado no está hecho para ser reflexionado sino para ser usado. Así que luego de un camino en el que aparecen los límites, las insuficiencias y las carencias del pensamiento simplificador, surge la necesidad del pensamiento complejo, de ese algo que intenta articular dominios disciplinarios quebrados por el pensamiento disgregador y aspira al conocimiento multidimensional, sin que ello aspire conocimiento complejo, ya que uno de los axiomas de la complejidad es la imposibilidad de una omnisciencia. Por eso, el pensamiento complejo está animado por una tensión permanente entre la aspiración a un saber no parcelado y el reconocimiento de lo inacabado e incompleto de todo conocimiento.

A este punto, entendamos qué es la complejidad (como base de un conocimiento adecuado):

"(…) A primera vista, es un fenómeno cuantitativo, una cantidad extrema de interacciones e interferencias entre un número muy grande de unidades. De hecho, todo sistema auto-organizador (viviente) hasta el más simple, combina un número muy grande de unidades (...). Pero la complejidad no comprende solamente cantidades de unidades e interacciones (...); comprende también incertidumbres, indeterminaciones, fenómenos aleatorios. En un sentido, la complejidad siempre está relacionada con el azar (...). Pero la complejidad no se reduce a la incertidumbre, es la incertidumbre en el seno de los sistemas ricamente organizados. Tiene que ver con los sistemas semi-aleatorios cuyo orden es inseparable de los azares que incluyen." (Morin, 1997: citado por IBÁÑEZ, J.)[14]

Así que, recordando que lo propiamente científico era la eliminación de la imprecisión, la ambigüedad y la contradicción, y que debemos en la actualidad aceptar una imprecisión cierta al abordar el conocimiento, el pensamiento complejo aporta los principios de donde emerge el paradigma de la complejidad. Por otra parte, surge también otro aspecto a ser considerado, ya abordado por Morin -el de la Transdisciplinariedad-, quien tras constatar el crecimiento exponencial de los “saberes”, la nueva conciencia planetaria de los problemas[15], las desigualdades crecientes, la disociación entre avance tecnológico y humano, etc. defiende, entre otras cosas que:

"(…) el reconocimiento de la existencia de diferentes niveles de realidad, regidos por diferentes lógicas, es inherente a la actitud transdisciplinaria. Toda tentativa de reducir la realidad a un solo nivel, regido por una única lógica, no se sitúa en el campo de la transdisciplinariedad. (...)

La clave de la bóveda de la transdisciplinariedad reside en la unificación semántica y operativa de las acepciones a través y más allá de las disciplinas. Ello presupone una racionalidad abierta, a través de una nueva mirada sobre la relatividad de las nociones de "definición" y "objetividad". El formalismo excesivo, la absolutización de la objetividad, que comporta la exclusión del sujeto, conducen al empobrecimiento." (Morin, 1997, citado por Ibáñez, J.)

Lo antes expuesto lleva a pensar en algo -la transdisciplinariedad- cuya perspectiva difiere, de algún modo, con conceptos tales como racionalismo y empirismo; pero, que resulta una perspectiva desde la cual se puede abordar los problemas militares de la actualidad y del futuro, en lo que la confrontación armada no es lo único que se persigue sino también acciones sociales que requieren de una actitud pacífica, de trabajo público aun cuando éstas sean a nivel internacional[16]; todo ello partiendo y basándose en un método de planeamiento militar operativo transdisciplinario, por tanto no-rígido ni netamente paradigmático, que de manera especial reconozca en su desarrollo la existencia de diferentes niveles de realidad. Es posible que ésta sea una postura a ser asumida por quienes planifican acciones u operaciones militares y, por tanto, una conducta a ser exigida al planeador o planificador; pero, seguramente es algo que de manera metodológica puede ser insertado en el método de planeamiento que se emplee, en donde lo aleatorio, la incertidumbre, lo humano y normalmente impredecible, sea considerado y continuamente supervisado transdisciplinariamente.

A este punto, luego de haberlo planteado en el párrafo anterior como una posibilidad, se debe en realidad plantear la siguiente incógnita: ¿debe ser transdisciplinario el planificador militar del siglo XXI?

EL SEGUIMIENTO Y CONTROL DE LO PLANIFICADO EN UNA INSTITUCIÓN MILITAR: EL BALANCED SCORECARD COMO HERRAMIENTA

En función de lo expresado anteriormente, la planificación militar en el siglo XXI debe atender problemas de diversa naturaleza y no exclusivamente militares (de confrontación de voluntades); ella debe intentar atender simultáneamente aspectos sociales, económicos, políticos, geopolíticos, tecnológicos, entre otros, reconociendo las restricciones que imponen los contenidos institucionales de diferente índole.

En este sentido, una investigación (Trabajo de grado) realizada para dar respuesta al modo en que podría llevarse el seguimiento y control de las acciones (tanto militares como de otra naturaleza) que ejecuta la Armada en cumplimiento del Plan Operativo Anual (POA) como institución del Estado venezolano, hizo uso del Balanced Scorecard (BSC) para arribar a indicadores que expresasen el efecto deseado y permitiesen su medición. En sus conclusiones Vera (2.002) expresa que para establecer los indicadores de control de gestión del Comando Naval de Operaciones (CNAOP), se empleó la metodología del BSC y ésta permitió sintetizar el modelo de perspectivas o enfoques que sirvieron de referencia para la producción del sistema de indicadores de ese Comando; por otra parte, una consecuencia de la aplicación de esta metodología es que los indicadores obtenidos están alineados en función a la alta gerencia - representada por el Comando General de la Armada - y los demás niveles operacionales de la institución - representados por los de su mismo nivel (Comandos Navales de Logística, de Personal y de Educación) y los Comandos subordinados del CNAOP (Comandos de la Escuadra, de la División de Infantería de Marina, de Guardacostas, de la Aviación Naval y de las Zonas Navales).

Un aspecto importante de señalar es que el modelo de perspectivas desarrollado para establecer los indicadores de control de gestión del Comando Naval de Operaciones, evidencia que los cuatro enfoques originales del modelo de Kaplan y Norton (1.997) están inmersos en los cinco enfoques o perspectivas resultantes de ese estudio; pero, su concepción y denominación resultan diferentes en virtud de las interrelaciones existentes entre los entes que conforman la institución; lo que demuestra que es por lógica empresarial o institucional - en este caso por la lógica de funcionamiento de la Armada - que principalmente se eligen las perspectivas de la metodología del Balanced Scorecard.[17]

Lo antes expuesto demuestra la aplicabilidad del BSC como herramienta y resulta interesante comprender el contenido epistémico que subyace en el uso de las perspectivas como método dentro de la gerencia y dirección de empresas, instituciones u organizaciones, pero, más específicamente en el ámbito de la Armada venezolana como institución militar. Por ello, a continuación, se presentará la postura que sobre este particular se tiene.

El uso de perspectivas en el Balanced Scorecard y su tendencia epistemológica

En primer lugar, es necesario presentar el modelo de perspectivas que produjo el trabajo de grado referido anteriormente para que – a partir de ese modelo – se pase al análisis epistemológico del mismo.

Para sintetizar el modelo de perspectivas o enfoques que sirvió de referencia para la producción de indicadores que permiten evaluar en qué medida se están logrando los objetivos de la institución (Armada de Venezuela), inicialmente se planteó saber si las cuatro perspectivas planteadas por el BSC (financiera, cliente, proceso interno, y formación y crecimiento) eran suficientes y/o las apropiadas. Sobre este particular la investigación arrojó que tales perspectivas han sido válidas a través de una amplia variedad de empresas y sectores; pero, que éstas deben ser consideradas unas plantillas y no una ley de fiel cumplimiento o “camisa de fuerza”. Tampoco existe una ley matemática que diga que las cuatro perspectivas planteadas por Kaplan y Norton son a la vez necesarias y suficientes[18]. Por otra parte, Nils-Gorans Olve, Jan Roy y Magnus Wetter (1.999) plantean que la elección de perspectivas debe hacerse principalmente por lógica empresarial, con una clara interrelación entre ellas.[19]

Es así como al seguir criterios de causa y efecto Vera (2.002), pudo definir las siguientes perspectivas adaptadas a la Armada:

1.       Del Estado: basada en el concepto de Estado - entidad política que preside los destinos colectivos de una sociedad y que ejerce, por tal razón, el poder legal[20] - es la perspectiva resultante de la relación entre el territorio, la población y las leyes de una nación.  Este enfoque incluye a la perspectiva de “Los Clientes”, la cual está prevista con este nombre en el modelo original del BSC.

Profundizando el concepto en sus causas y sus efectos, son precisamente las relaciones que definen los actores de un Estado las que llevan a establecer la misión, las políticas y los lineamientos que le son asignados a la Armada como ente del Estado mismo, partiendo para ello de los intereses nacionales, los objetivos nacionales (fines) y las políticas establecidas para lograrlos; lo que a su vez conlleva a establecer los objetivos, metas y tareas a ser desarrolladas por la institución y, por ende, a ser cumplidas por el Comando Naval de Operaciones (CNAOP). Estas últimas son especificadas en el Plan Operativo Anual de la Armada (POA) sobre la base de las palancas claves del desempeño y factores críticos de éxito, debiéndose acotar que actualmente entre estas tareas están incluidas las inherentes al desarrollo del país.

2.       Operacional: es la perspectiva que tiene como razón de ser el cumplimiento de la misión asignada al CNAOP, la que a su vez se diluye en todas las tareas (palancas claves del desempeño) que le son encomendadas a través del POA.  Este enfoque incluye a la perspectiva original del modelo, denominada como “Procesos Internos”.

Para que el CNAOP cumpla con tales tareas, es necesario (factores críticos de éxito) disponer de mujeres y hombres (capital humano) adecuadamente formados, capacitados y adiestrados, quienes deberán emplear los medios de los cuales forman parte o son tripulación; pero, estos medios a su vez deben estar alistados (listos para ser empleados)[21], disponiendo de una alta confiabilidad y disponibilidad para garantizar su empleo cada vez que sea requerido.

3.       Alistamiento de Personal: esta perspectiva está definida por la captación, formación y capacitación del personal que será asignado al CNAOP para desempeñarse en las Comandos y unidades que lo conforman (la Escuadra con sus buques; la División de Infantería de Marina con sus Brigadas, Batallones y Compañías; la Aviación Naval con sus medios aéreos y Guardacostas con sus Estaciones Principales y Secundarias, y Buques). Por otra parte, el personal una vez en sus unidades de destino, debe ser adiestrado en el cumplimiento de las tareas que le son propias a cada tipo de unidad operativa. Este enfoque incluye a la perspectiva original del modelo, denominada “Dinámica Organizacional”.

Esta perspectiva tiene su efecto en el cumplimiento de la misión (perspectiva operacional) y deben estar en perfecta simbiosis, ya que en la práctica se constituye en un factor clave de éxito.

4.       Alistamiento de Material: esta perspectiva complementa la anterior, ya que para cumplir con sus tareas el CNAOP debe emplear medios, sistemas y equipos que requieren de confiabilidad y disponibilidad cada vez que éstos sean necesarios.  Este enfoque incluye a la perspectiva original del modelo denominada “Dinámica Organizacional”; pero, también incluye a la perspectiva de los “Procesos Internos”, ya que involucra la solución de necesidades de mantenimiento y conservación de medios navales (acciones de servicio).

Tal como la perspectiva anterior, el alistamiento de material debe estar en simbiosis con la perspectiva operacional. En otras palabras, sólo con personal adiestrado y material confiable y disponible (factores claves de éxito) el CNAOP podrá cumplir con sus tareas y por ende con su misión.

5.       Financiera: la cual se basa en la asignación presupuestaria y la posterior ejecución del presupuesto en el cumplimiento de las tareas que le son asignadas al CNAOP. La asignación se hace a través del POA y ésta requiere ser la necesaria y suficiente para poder cumplir con lo previsto (planificación); pero, también requiere de reducción de gastos y el mejor manejo de costos a través de la eficiencia.  Este enfoque resulta igual al del modelo, incluyendo la generación de ingresos propios, ya que la Armada en la actualidad dispone de Servicios Autónomos, tales como la Oficina Coordinadora de Apoyo Marítimo (OCAMAR), la Oficina Coordinadora de Hidrografía y Navegación (OCHINA) y la Unidad Coordinadora de Carenado (ACOCAR).

En el gráfico que se presenta a continuación, se muestran todas las líneas de interacción entre las cinco diferentes perspectivas del CNAOP.[22]

PERSPECTIVAS BSC (ARMADA)

Breve análisis: hacia lo transdisciplinario y cibernético

Cuando el BSC plantea que para el seguimiento, evaluación y control, es necesario hacer uso de perspectivas diferentes, además de la financiera, en un proceso que busca mantener alineados los niveles operativos y de alta gerencia de una institución u organización, lo que a mi entender está buscando es abordar el asunto desde otras visiones, está aspirando a un conocimiento de la realidad no parcelado, vale decir, no regido por una única lógica o enfoque y en la necesidad de alcanzar una simbiosis entre las mismas.

Cuanto referido anteriormente puede expresarse, de manera sencilla, al afirmar que el BSC observa al árbol (el todo); pero, a su vez éste conlleva a observar sus ramas y hojas (las partes), sin que se dejen por fuera (sin consideración) los nexos entre las partes entre sí y el todo en sí mismo. De alguna manera y tomando en consideración la cibernética, se puede apreciar como la salida de un sistema (perspectiva) es entrada de otro (otra perspectiva) en función o beneficio de esa otra perspectiva; y a su vez es entrada en su mismo sistema (como auto-referencia), constituyéndose así en cibernética tanto de primer orden como de segundo orden, además de dar espacio a la teoría de auto-organización focalizada en la auto-referencia. [23]

Partiendo de lo anterior y retomando lo expuesto en cuanto a las relaciones de causa y efecto que definieron las perspectivas de la Armada (según Vera, 2.001), se puede notar como las interacciones entre las cinco perspectivas son auto-referenciales para cada perspectiva, pues, se trata de conocer el cómo se está dando información al otro sistema, su oportunidad y pertinencia, y por otra parte las interacciones son referencia (entrada) para otra perspectiva. Así mismo, este modelo de perspectiva no es único ni perenne, pues, él deberá ajustarse a las nuevas realidades e incertidumbres, a lo aleatorio y, de manera particular, éste surgirá entre los subsistemas del sistema y habrán tantos modelos de perspectivas en distintos niveles y entes de la institución como recursivamente sea necesario, los cuales podrán ser o no iguales a la planteada por Vera; pero, seguramente auto-generadas.

Un ejemplo de lo anterior resulta el considerar que si desde las perspectivas de alistamiento (tanto de personal como de material), éstas no conocen la condición (realidad) en cuanto a la formación, capacitación y adiestramiento del capital humano, así como el nivel de disponibilidad, operatividad y confiabilidad de los sistemas y equipos, entonces tales perspectivas no tendrían referencia de lo producido (salida hacia otro sistema), ni tampoco garantizarían el mejor desempeño de la perspectiva operacional, que es la que emplea tales productos (salidas que se convierten en su entrada) y también necesita conocer la realidad de sus entradas para el mejor cumplimiento de sus funciones.

Lo antes expuesto resulta otra prueba de la complejidad que trata de resolver una herramienta como el BSC, pudiéndose afirmar a este punto que tal método gerencial se aproxima a la visión compleja de Morin, ya que estimula el conocimiento de las interacciones entre los subsistemas de un sistema y la forma en que se auto-organizan, especialmente cuando se busca absorber las incertidumbres y hechos aleatorios. Por otra parte, también puede apreciarse una aproximación transdisciplinaria al promover - el Balanced Scorecard – el reconocimiento de los diferentes niveles de realidad, en los que la unificación semántica y operativa se expresa en la simbiosis que debe alcanzarse entre las perspectivas que son definidas a través de esta herramienta gerencial.

En virtud de lo antes expuesto, se puede asumir que cada perspectiva es una instancia desde la cual se controla información; instancias necesarias entre sí y que a su vez son insuficientes. Insuficiencia que se expresa en la recursividad que conlleva a la coproducción de interacciones nuevas y/o ajustadas sobre la base de lo aleatorio, la incertidumbre, lo nuevo, así como al surgimiento y/o ajuste de nuevas perspectivas según la realidad existente. Esto, a mi entender, es lo que subyace en el fondo del uso de perspectivas dentro del BSC.

CONCLUSIONES

El quehacer de los militares venezolanos en este siglo, atiende la necesidad de cumplir funciones o tareas que van más allá de sus tradicionales acciones militares en ámbitos de confrontación de voluntades, ya que los problemas sociales que agobian al mundo y a Venezuela – que, además, son causas de conflictos – requieren del empleo de las Fuerzas Armadas en la atención de tales problemas, sacando provecho de sus características de empleo. Lo antes expuesto conlleva a que el militar hoy día deba estar en capacidad de asumir tanto una actitud ofensiva y/o defensiva (militar) como una actitud humanitaria o de apoyo social.

Por otra parte, las fuerzas militares y en especial el componente considerado en este ensayo, la Armada venezolana, se han caracterizado por su alistamiento para el cumplimiento de sus tareas, para lo cual hace uso de la planificación; de manera particular resuelve los problemas operacionales a través del planeamiento militar operativo, mientras que los problemas de alta gerencia o dirección (Alto Mando, dirección estratégica de la organización) los realiza mediante la planificación estratégica; sin embargo, los documentos que actualmente son rectores del quehacer militar (Concepciones Estratégicas: Nacional, Militar y Naval), se expresan en líneas estratégicas que plantean el uso de la planificación militar, debiéndose entender que ésta – la planificación militar – se refiere al modelo o tipo de planificación que resulte el más apropiado según la realidad y el contexto (desde lo estratégico, lo financiero, operativo o funcional, etc.).

La variedad de enfoques necesarios para atender las tareas que son obligación del militar hoy en día, tanto militares como sociales, de desarrollo, de defensa integral, impone la necesidad de una actitud transdisciplinaria en el seno de la Fuerza Armada. Aunado a lo anterior, el BSC resulta una herramienta que atiende la realidad desde lo complejo y transdisciplinario, por lo tanto, es de factible uso referencial en cuanto al modo de abordar los problemas a ser resueltos – mediante la planificación – por los miembros de la Fuerza Armada.

Lo antes expuesto permite plantear lo siguiente:

1.       La posibilidad de generar un modelo de planificación que, independientemente de la existencia de confrontación de voluntades, pueda ser aplicado tanto para planificar acciones netamente militares como acciones sociales y humanitarias. Lo que conlleva a aceptar que el militar del siglo XXI no puede ser exclusivamente un hombre preparado para planificar y ejecutar operaciones bélicas (confrontaciones armadas), sino que debe tener habilidades y destrezas para planificar, ejecutar y controlar operaciones sociales que, si bien no están exentas de confrontación, no implican el empleo de sistemas de armas contra ejércitos o poblaciones armadas (combatientes).

2.       La necesidad de la transdisciplinariedad en el planificador militar a objeto de no parcelar su conocimiento ni regirse por una única lógica o enfoque, además de obligar la unificación semántica y operativa mediante la necesaria simbiosis entre las perspectivas de funcionamiento organizacional.

3.       La posibilidad de considerar en el modelo de planificación – como referencia – el BSC, a los fines de facilitar el abordaje, desde la complejidad y transdisciplinariedad, de las realidades a atender mediante el empleo de hombres y medios militares.

Referencias bibliográficas

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Notas:

[1] Ther Ríos, Francisco. “Una revisión al concepto de Planificación Social desde la Investigación Social de Segundo Orden”, [en línea]. URL: http://www.ubiobio.cl/cps/ponencia/doc/p12.7.htm, [Consulta: 25 de mayo 2.005].

[2] Armada de Venezuela (1.999). “Manual de Planeamiento Naval Operativo”. La Misión se expresa, militarmente, en términos de la Tarea a realizar y el Propósito a lograr, vale decir, el qué y el para qué.

[3] A finales del Siglo XIX comenzó a verse el empleo de las Fuerzas Armadas en acciones militares que fueron denominadas y reconocidas por la OTAN como “Operations other than War”, y que actualmente en el ámbito de la ONU se conocen como “Operaciones de soporte a la Paz”, pudiéndose incluir entre tales operaciones las inherentes a la Ayuda Humanitaria. En este tipo de operaciones se considera que generalmente los conflictos existentes son entre baja y media intensidad, y que normalmente las operaciones humanitarias van a la par de operaciones de soporte a la paz.

[4] Kliksberg, B. “Una nueva gerencia pública para la modernización del Estado y afrontar los desafíos de la Integración, [en línea]. URL: http://cibereconomia.iespana.es/cibereconomia/Carpeta2/la%20nueva%20gerencia%20publica.doc, [Consulta: 26 de mayo 2.005]. Sobre la gerencia pública este autor comenta que está delineada por una alta especificidad técnica, que trata de dirigir y manejar organizaciones públicas en función de un “Estado inteligente”, hacer frente a la complejidad e incertidumbre, mejorar de los servicios a los ciudadanos, así como procurar el desarrollo humano al mismo tiempo que el económico (bienestar).

[5] Popper expresaba que la inducción no podía reducirse a certeza ya que toda observación, desde cualquier punto de vista, era en la práctica coloreada por nuestra comprensión, pues, según él, el mundo aparecía ante nosotros en el contexto de las teorías estructuradas que lleváramos a cabo.

[6] Aranda, O. “Breve Introducción a Clausewitz”, [en línea]. URL: http://www.clausewitz.com/CWZHOME/MoraCWZ2.htm, [Consulta: 26 de mayo 2.005]. Sobre el particular este autor comenta que: “... no existe evidencia de que Clausewitz haya leído las Críticas de Kant. Sin embargo, en el ambiente intelectual de Clausewitz sus obras se encontraban perfectamente asimiladas…”, “… el pensamiento avanza en una dialéctica de negación-síntesis, en la que cada idea es confrontada con su contraria para producir una síntesis más completa y próxima a la verdad. Este concepto hegeliano está presente en toda la obra de Clausewitz, que a menudo analiza dos conceptos contrarios para determinar - en síntesis - alguna característica esencial de la guerra.”

[7] Interpretación propia.

[8] Feyerabend coincidía con Kuhn respecto a que la historia de la ciencia era la historia de diversos puntos de vista, lo que significaba para el primero la imposibilidad de conocer la cantidad de conocimiento que tendría un paradigma en el futuro y, por tanto, no podemos confinarnos a un único método para obtener conocimiento.

[9] Una Forma de Acción Propia (FAP) es un plan ofrecido a un Comandante que cumplirá la misión asignada por el superior. En el proceso de planeación militar son varias las FAP que se determinan (todas diferentes entre sí), para que al oponer éstas con las Posibilidades del Enemigo (las FAP que el adversario está en capacidad de asumir) se determine cual es la que mayor probabilidad tiene de alcanzar el propósito indicado dentro de la misión (es oportuno resaltar que se deben desarrollar varias alternativas diferentes para suministrar un mayor alcance para el análisis y la comparación).

[10] Resaltado propio.

[11] La aplicación del planeamiento militar sería siempre y cuando tales tareas sean en realidad operaciones militares, vale decir, acciones militares donde existe uso de la fuerza.

[12] Es oportuno recordar que el modelo de planificación militar al cual se hace referencia es el aplicado para resolver problemas inherentes a la confrontación de voluntades o uso de la fuerza (poder militar), mientras que el Concepto Estratégico Militar habla de planificación de manera general, vale decir, tanto para operaciones militares (defensa militar del país), como para acciones que inciden en el desarrollo del país y que son realizadas por militares.

[13] Se entiende a los paradigmas, según Kuhn, como los modos de ejecución científica reconocidos universalmente y que en el tiempo han generado los modelos de problemas y soluciones.

[14] Ibáñez, J. La Transdisciplinariedad y el Pensamiento Complejo”, [en línea]. URL: http://www.pangea.org/jei/soc/f/conoc-soc-ang.htm#_Toc50143488, [Consulta: 20 de abril 2.005].

[15] Edgar Morin critica los procesos de degradación de nuestra civilización, los cuales son la otra cara de la moneda del progreso y la globalización como portadores de bienestar: el individualismo, anonimato que florece en nuestras ciudades (las personas viven aisladas, encerradas en medio de la rutina de las ciudades); la tecnificación, lo que conlleva a una elevada dependencia de las máquinas para cosas elementales y destruye la comunicación interpersonal; y la monetarización, cuya creación de un mercado mundial de bienes y servicios ha ampliado la posibilidad de acceso a productos y servicios; sin embargo, la mayoría de la población mundial está excluida de estas ventajas del mercado y la equidad (Bolaños, 2001: en línea).

[16] Venezuela en diferentes oportunidades ha brindado -y en algunos casos continúa brindando- apoyo a países amigos de la región que han sufrido desastres naturales, empleando de manera especial a la Fuerza Armada Nacional (recientemente en Cuba y en Grenada por los efectos de huracanes).

[17] Nils-Göran, O., Jan R. y Magnus, W. (1.999). Implantando y gestionando el Cuadro de Mando Integral (Indicadores de resultados). Ediciones Gestión 2000. Barcelona, España. p. 73.

[18] Kaplan, R. y Norton, D. (1997). El Cuadro de Mano Integral (The Balanced Scorecard). Ediciones Gestión 2000. Barcelona, España. pp. 48-50.

[19] Nils-Göran, O., Jan R. y Magnus, W. (1.999). Ob. Cid. p. 73.

[20] Larousse (1.996). El pequeño Larousse ilustrado. Diccionario enciclopédico.

[21] En el ámbito naval venezolano se emplea el término “alistamiento” para indicar el grado de operatividad y capacidad de empleo de los sistemas de armas, y equipos, lo que incluye los operadores de tales sistemas.

[22] Este modelo de perspectivas fue objeto de una mención de reconocimiento a finales del año 2000, por parte de un jurado evaluador de trabajos relacionados con la aplicación del Balanced Scorecard, como parte de un concurso promovido y dirigido específicamente por el Club “Tablero de Comando” que dirige el Prof. Mario Vogel (www.tablero-decomando.com).

[23] Krieger, D. (1.998), define a los sistemas cibernéticos de primer orden o mecánicos como aquellos cuyas salidas (outputs) se convierten en entradas (inputs) en beneficio función de otro y no de sí mismo, mientras que en los de segundo orden u orgánicos las salidas son en entradas del mismo sistema (self-referential). Por otra parte, Brunet y Morell (2001), plantean que la cibernética de primer orden o de los sistemas observados se ubica al observador en el exterior del sistema observado, mientras que en los de segundo orden o de los sistemas observadores el observador se incluye en el sistema observado.

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