Fotografías de algunos de nuestros viajes: Familia Mena

típico paisaje suizo (Suiza), 1990

Si has llegado a esta página buscando información para confeccionar tu próximo viaje. Si te preguntas sobre cuáles son las mejores rutas a seguir y qué lugares visitar, lo siento, estás en el lugar equivocado. Sigue buscando, la red está llena de páginas fantásticas que te informarán de todo ello. Adiós.

Veo que has seguido leyendo, eso es que te pica la curiosidad. Te cuento, estas páginas son un ejercicio personal, consistente en reflexionar a partir de los recuerdos originados por los viajes que he realizado en los últimos años. Últimamente me he preguntado , qué recuerdo exactamente de aquellos lugares que visité, cuánto se me habrá olvidado. Pues voy a responder a mis preguntas y para ello, necesitaré hacer memoria y potenciar esos recuerdos. Cómo potenciarlos, pues valiéndome de esas fotografías guardadas durante tanto tiempo que apenas he vuelto a ver.

Nunca hice un diario personal anotando las anécdotas y recorridos de cada uno de los viajes, eso ni iba ni va conmigo. Por lo tanto no puedo contar con ello. Lo que si espero es que todos aquellos recuerdos hayan pasado por el filtro del paso del tiempo, para corregir todas las deformaciones que causa la primera impresión. Ya que siempre he pensado que la primera impresión es una mirada vulnerable y como tal tiene que ser tenida en cuenta. También espero que se hayan matizado las sensaciones que dejan en cada uno de los viajes, la personas que hemos tenido a nuestro lado durante los mismos. Esas mismas personas serán en gran medida responsables del sabor de boca que nos haya quedado, ya que pueden hacer del viaje algo maravilloso o desastroso. Zurich lago Limmat (Suiza), 1990

Para comenzar con mi reto diré que la primera ocasión que salí a darme una vueltecita por Europa fue durante el verano de 1989. España llevaba poco tiempo como miembro de la Comunidad Económica Europea, se había incorporado en 1986 junto a Portugal para formar la Europa de los 16. Recuerdo aquella pegatina que se puso de moda colocar en la parte trasera de los coches, con las siglas CEE y dieciseis estrellitas a su alrededor. Aquello fue el embrión de la actual Unión Europea, pero ahora ya con un montón de miembros más, tantos que he perdido la cuenta.
Por aquel entonces ni se nos pasaba por la cabeza que países del entonces telón de acero serían hoy miembros europeos de pleno derecho, y que sus ciudadanos serían mano de obra barata en nuestro país.

Ante esto ya surge una primera reflexión. Con la tabarra que nos dieron durante décadas los comunistas y socialistas europeos y, en nuestro caso particular, la hundida izquierda española con las excelencias de la URSS y sus satélites, lo que hemos visto años después parece una broma de mal gusto. A pesar de la desaparición progresiva del totalitarismo comunista, la revelación de todas las atrocidades cometidas en aquellos países por los rojos -solamente equiparables a lo largo de la historia con las cometidas durante el regimen nazi alemán-, la izquierda española sigue sin pedir perdón por su casi centenario engaño. A mí, en mi juventud, al igual que a mucha otra gente me engañaron y no lo olvido. Tampoco le voy a pedir peras al olmo, nada se puede esperar de los herederos de aquellos que en el 36 gritaban ¡Muera España! ¡Viva Rusia! Alejandro, Zurich (Suiza), 1990

Retomando el tema, en el año 1989 mochila al hombro visité la bella Italia. Desde la primera ocasión que la visité, siempre he tenido la misma sensación de déja vu, de haber estado allí anteriormente. Si mal no recuerdo, en aquella ocasión recorrimos Pisa, Roma, Florencia y Venecia. Para ser el primer contacto con el resto de Europa no estuvo mal. Era el típico viaje de los universitarios por aquellos días, en lo que se llamaba Interrail, y que hoy en día según creo sigue llamándose igual. Por aquel entonces no contábamos con el Erasmus de hoy en día, ¡qué envidia! Cargábamos con unas mochilas pesadas y horrorosas, de las que llevaban un soporte de aluminio, allí metíamos todo lo necesario para subsistir unas semanas. Íbamos preparados para cualquier tipo de eventualidad, desde dormir en un albergue o tener que pasar la noche en un saco al raso, o bien, comer en un restaurante o tener que preparar una improvisada comida con nuestras provisiones. Anda que no habrán matado el hambre nuestras latas de sardinas y atún, y donde haya una buena lata que se quite un mal mantel.
Al año siguiente, en 1990, seguimos con la misma logística, a la que añadimos una pequeña tienda de campaña por si las moscas, aunque debería decir mosquitos.

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Página creada por Alejandro Mena y Linares en marzo de 2004
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