Fotografías de algunos de nuestros viajes: Familia Mena

Torre Eiffel, Paris (Francia), 1998

Del viaje a París a principios del año1998, no habría mucho que decir, podría resumirse con una sola palabra chapeau. Una ciudad para quitarse el sombrero. Si un pero podría ponérsele a este viaje, éste fue el frío que hizo, pero tampoco nos llovió. Con lo cual, la cosa salió bastante redonda también en este aspecto.

Se dice que el que abarca poco aprieta, por lo cual, dedicamos más de una semana solo para París, realizando una pequeña salida a Versalles. Que menos de 8 días para echarle un vistazo a esta ciudad en las debidas condiciones. Y tras la experiencia, de quien le ha dedicado menos tiempo puedo afirmar que no ha visto mucho.

Salimos de Barajas y aterrizamos en Orly o Charles de Gaulle, la verdad es que no recuerdo en cual de los dos. Lo que si recuerdo es que el aeropuerto era gigante. Sirva como anécdota, que cuando abandonamos París y llegamos al aeropuerto, pregunté por la terminal de salida de nuestro vuelo y me indicaron que a unos 15 minutos. Comenzamos a andar y no llegábamos nunca, hasta que nos dimos cuenta que los 15 minutos eran cogiendo el autobús para los desplazamientos internos dentro del mismo aeropuerto. En fin , llegamos por los pelos.

María y yo nos alojamos en el hotel Rochambeau. Un hotel bien situado -rue de la Boetie- y muy confortable. Poco tiempo permanecimos en el hotel, salvo el necesario para descansar lo indispensable. Salimos a unas 12 horas de media diaria pateando las calles de París. Creo que una muy buena marca. Es que hay sitios que te estimulan a ello, como pueden ser Roma, Venecia y desde luego París.

Nos levantábamos siempre prontito, un buen desayuno y a hacer turismo, ¡con mayúsculas! Comíamos donde se terciaba, al igual que la cena. Sitios para comer hay muchos, buenos y a buen precio. Y también hacíamos paradas esporádicas para tomar algo en esos coquetos cafés de la ciudad.

María de compras en las Galerías Lafayette, Paris (Francia), 1998

Íbamos provistos de unas buenas guías, las cuales ya había ojeado antes de comenzar el viaje, y no siendo el idioma ningún problema para mí, los desplazamientos pues no originaban mayores contratiempos. Utilizamos mucho el metro, el cual permitía unas comunicaciones cercanas y rápidas.

El primer sitio a donde nos dirigimos fue a la Isla de la Ciudad. Accedimos a ella por el Puente Nuevo. La primera impresión fue de la estar en un paisaje de cuento de hadas. Allí visitamos la catedral, la Coserjería y la Santa Capilla.

Decidimos comenzar nuestro periplo parisino visitando la catedral de Notre-Dame. El kilómetro cero de todas las carreteras de Francia, el equivalente a nuestra Puerta del Sol. Nos resultó un templo hermoso, con espléndidas vidrieras, y un gran rosetón. Pudimos también disfrutar desde lo alto de ella, junto a las gárgolas, de una vista maravillosa de gran parte de la ciudad. De su exterior destacaría la belleza de sus arbotantes. Completamos la visita entrando a la cripta arqueológica.

Un sitio que nos fascinó y que por sí solo merecería un viaje fue la Santa Capilla. Realmente habría que definirla como un gran joyero. A destacar, sin ningún lugar a dudas, sus impresionantes vidrieras.

Allí mismo contemplamos el Palacio de Justicia, una hermosa estación de metro de estilo art déco, y un mercado de flores. Finalizamos el recorrido por la Isla de la Ciudad dirigiéndonos a la Conserjería.

Muy cercano a la Isla de la Ciudad, visitamos St. Germain L´ Auxerrois, la Tour de St. Jacques, St.Eustache, pasamos delante de la Bolsa de Comercio y del Centro Pompidou, que por cierto, estaba en obras. Alejandro, al fondo la Conserjería, Paris (Francia), 1998

Antes de proseguir comentando todos aquellos lugares destacables de nuestro viaje haré una mención a las compras en esta ciudad. Si yo fuera un multimillonario, desde luego diría que no hay mejor sitio para ir de compras que París. Los alrededores de la plaza Vendome es el lugar donde se localizan los establecimientos más selectos. Pero como no es este el caso, esa no será mi opinión. Hay dos grandes tiendas, Printemps y Galeries Lafayette. Pero al lado del Corte Inglés la comparación sería odiosa. Gana el establecimiento español por goleada. Ay, se me olvidaba un tercer establecimiento, La Samaritaine, en la misma línea de los dos que mencionaba anteriormente. De este último destacar una interesante arquitectura.

Prosiguiendo con las visitas, otras fueron a el Arco de Triunfo, Campos Eliseos, Plaza de la Concordia, Las Tullerias, y el Museo del Louvre. Pudimos ver una ofrenda y un acto conmemorativo de la Segunda Guerra Mundial en el Arco de Triunfo, realizado por una serie de veteranos de guerra, eso si, los yayos llevaban muchas condecoraciones colgadas al pecho. Pudimos subir a lo alto del arco y disfrutar de una vista sobre Los Campos Elíseos verdaderamente buena. Y no es para menos ya que tiene 50 metros de alto.

Los Campos Elíseos me parecieron menos largo de lo que yo creía. Y nos llamó mucho la atención una perfumería allí situada que era verdaderamente sicodélica. En definitiva, lo que uno se espera de una perfumería en pleno corazón de París.

Seguimos andando y nos topamos con la Plaza de la Concordia, donde se encuentra el obelisco de Ramsés II, proveniente del expolio llevado a cabo sobre Egipto. Su ubicación original era el templo de Luxor. Lo que nos sorprendió sobremanera de este amplio espacio fueron sus impresionantes dimensiones, algo característico de la arquitectura parisina. Desde allí y pasando previamente por el jardín de las Tullerías -que no merece más comentario-, llegamos al Louvre. Vista del famoso local Moulin Rouge, Paris (Francia), 1998

El Louvre como museo merece un punto y aparte. Sacamos nuestras entradas y entramos por la pirámide de cristal. Bueno, aquello más que un museo al uso, es una gran enciclopedia de la historia de la humanidad. Allí no es posible la indiferencia. Se necesitarían días para tener una idea aproximada de lo que se expone. Si tuviese que resumir diría que hay antigüedades de todas las épocas y culturas. Teníamos que diversificar el tiempo y tras unas cuantas horas de visita proseguimos nuestro camino. Mucho quedó por ver, pero ya habrá ocasión de volver -al menos ese es mi deseo-.

Y qué sería de un viaje a París sin acercarse a la Torre Eiffel. Pues algo descafeinado, ya que nos faltaría conocer lo que se ha convertido en el símbolo de la ciudad. Para evitarlo, nos acercamos a contemplarla de cerca, ya que la habíamos divisado anteriormente, sus 300 metros de altura no pasan facilmente desapercibidos. Y una vez allí, tras un larga cola subimos hasta lo más alto. Respecto al panorama que desde allí se divisa, no alcanzan las palabras para definirlo de lo verdaderamente impresionante que es. Subiría no una, sino mil veces más. En aquel momento habían instalado en ella un gigantesco cartel luminoso que indicaba los días que faltaban para entrar al nuevo siglo, en forma de cuenta atrás. María en Campos Eliseos, Paris (Francia), 1998

Ya desde allí observamos los Campos de Marte y el palacio de Chaillot. No muy lejos se encuentra el gran edificio de Los Inválidos. Nosotros llegamos por el puente de Alejandro III, desde el cual se tiene una vista estupenda de la cúpula de este recinto. Ya en él visitamos un estupendo museo del ejército y también la tumba de Napoleón.

Otros museos que visitamos fueron el Picasso, el D´Orsay, y el de Rodin. Este último nos gustó especialmente. El primero hubiese sido perfectamente prescindible.

Entretenida fue la visita a la Defensa, donde subimos al gigantesco arco de 100 metros. Emplazado en la parte financiera de la ciudad con altos edificios modernos, al modo de Azca.

Lugares por los que también pasamos son la Ópera, la Madelaine, el Moulin Rouge, y la plaza des Vosges.

Mención especial para el Sagrado Corazón, emplazado en el mítico barrio de Montmartre.

No nos perdimos la excursión en el Bateaux Mouches. Me gusto muchísimo el recorrido por el Sena. Es otra perpectiva de la ciudad que vale la pena. La única pega que pondría, el gran frío que hizo aquella tarde.

Hacía poco más de medio año de la muerte de Diana de Gales, y estaba de moda pasarse por el puente de L´Alma, sitio donde falleció en accidente de tráfico. Y claro, nos pasamos. El lugar seguía lleno de flores. panorámica desde Notre Dame, Paris (Francia), 1998

La única salida de la ciudad la realizamos a Versalles. Hicimos el corto viaje en tren, unos 19 kilómetros, en no más de media hora. Realizamos la visita libremente, ya que no me gustan mucho las visitas guiadas, me suelen agobiar un poquito.

Visitamos todas las dependencias habilitadas, tales como la galería de los espejos, la habitación de la reina y otras más. Lo que sí echamos en falta fue algo más de mobiliario. Lo cual dotaría a estas instalaciones de algo más de vida, acercándolas más al aspecto que tendrían en otros tiempos. Como no podía ser de otra manera, paseamos por la perfecta simetría del magnífico parque con sus fuentes, estanques y jardines.

El viaje como todo en la vida, lamentablemente, llegó a su fin y nos volvimos a Madrid. Que por cierto, tampoco está nada mal.

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Página creada por Alejandro Mena y Linares en marzo de 2004
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