Fotografías de algunos de nuestros viajes: Familia Mena

catamarán (Gran Canaria), 1999 El año 1999 viajamos a las Islas Canarias. Nuestra estancia en estas islas se prolongó durante tres años. No era la primera vez que viajábamos a estas islas africanas bajo pabellón español. En mi caso, ya había estado el año 1996. Por lo tanto, son unas islas que conocemos bien, muy bien.

Nuestra especialidad, por decirlo de alguna forma, son Tenerife y las Palmas de Gran Canaria. Seguramente, la primera y la última sensación de un español proveniente de la península, es la de llegar a un país sudamericano con tintes caribeños. Y esto es debido a gran cantidad de factores como puedan ser: el clima, el paisaje, el acento de los lugareños, el aspecto de la gente, su indumentaria, sus comidas, la música, los horarios, el ritmo de trabajo, etc.

El paisaje no es uniforme como mucha gente puede pensar al oir hablar de las llamadas islas afortunadas, ya que abarca de lo sublime a lo más horroroso. Si nos quedamos con lo primero, hay infinidad de rincones que no tienen desperdicio. Si hay que destacar alguno, me decantaría por el parque nacional de Las Cañadas y el impresionante Teide.majestuosos 3717 metros de Teide (Tenerife), 1999

De las playas no hay mucho que destacar. No son las típicas playas de arena del litoral mediterráneo. Hay muy pocas de arena, y éstas son además bastante pequeñas, sobre todo para los que estamos acostumbrados a kilómetros de playa de fina arena blanca.

En Tenerife, a unos 7 kilómetros de la capital, se encuentra la playa de las Teresitas. Recuerdo haberme recorrido los 7 kilómetros a pie, tanto de ida como de vuelta un domingo por la tarde. En Las Palmas destacaría la playa de las Canteras, desde la cual en un día claro podemos divisar el Teide. Ya al sur de la isla nos encontramos con la turística Playa del Inglés, donde los extranjeros se despellejan al sol.

Sobre los pueblos y ciudades yo no destacaría gran cosa, en cualquier caso reseñaría La Laguna, y el casco antiguo de Las Palmas que por cierto, me recordó mucho a la ciudad vieja de Montevideo.

vegetación Tenerife, 1996Si dejamos de lado las zonas turísticas que no me interesan nada, ya que son iguales en cualquier parte del mundo, los pueblos canarios son muy humildes y nada pintorescos.

El clima yo lo definiría de aburrido. Es bastante lineal a lo largo del año y no presenta grandes sobresaltos. Aunque pueda parecer extraño, terminas añorando el suave invierno mediterráneo. Para mí no hay color, prefiero mil veces el clima de Valencia al de Canarias, tan solo por poner un ejemplo. Eso sí, el ahorro tanto en calefacción como en refrigeración es evidente. No todo va a ser negativo.

Cuando pasas mucho tiempo sin salir de las islas, terminas padeciendo una especie de claustrofobia. Es un fenómeno un tanto inexplicable, ya que en cualquier otro sitio puedes estar sin desplazarte durante largo tiempo y no lo padeces nunca. Debe de tratarse desde luego de un fenómeno inherente a la insularidad. Hay algo en las islas que incita al viaje, a la huída.

Recuerdo aún con el estómago revuelto, los vuelos en avión entre Tenerife y Las Palmas. Los aparatos eran unos turbo hélice de fabricación franco - italiana, los «ATR - 72». Vaya tela lo que podían moverse esos cacharros un día con turbulencias. Pero bueno, siempre eran preferibles al Jet Foil.

Cuando se trata de una permanencia tan prolongada pueden decirse ciertas cosas que un viaje turístico nunca permitiría.

La cesta de la compra es cara. Bastante más que en la Península, y no es fácil encontrar siempre todos los productos.

playa de las Teresitas, isla de Tenerife, 1996La solución es encontrar algún Mercadona. Los canarios son muy monótonos comiendo y basan la comida en el potaje. Eso sí, los mejores plátanos que he probado en mi vida los he comido en Canarias, nada que ver con los que se venden en la Península.

Algo que me causó gran sorpresa fueron las gentes de estas islas. En cuanto a su aspecto, resulta evidente la ascendencia guanche de gran parte de la población. Los últimos estudios genéticos lo confirman, ya que pruebas sobre ADN mitocondrial y cromosoma Y, revelarían una ascendencia guanche del 40% por vía materna y del 10% por vía paterna.

Para no entendidos podríamos definirlo como que los actuales canarios descienden en gran medida de mujeres guanches y colonizadores españoles. Abunda el color cetrino de la piel, el pelo ensortijado, unas frentes muy prominentes, y narices rectas.

En cuanto a su nivel cultural, pude constatar e incluso padecer el bajo nivel reinante. Hay un nivel formativo muy bajo, y es difícil encontrar personal con capacitación suficiente para desempeñar cualquier trabajo técnico. De ahí que las empresas recurran a tantos españoles peninsulares para ocupar muchos puestos de trabajo.

También hay cosas positivas, y por nombrar alguna diré que Las Palmas tiene mucho ambientillo y vidilla por la zona de Las Canteras. Si se es joven y con ganas de marcha es fácil encontrarla. Y si nos desplazamos al sur, podemos adentrarnos en los ambientes turísticos, donde los locales de diversión no faltan.

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