Fotografías de algunos de nuestros viajes: Familia Mena

lago Lehman, Ginebra (Suiza), 1990

El primer destino al igual que el año anterior era Francia, como exige el paso obligado de nuestra frontera hacia el resto de Europa. Llegamos a Port Bou, paso fronterizo entre nuestro país y Francia, y a diferencia del año 1989 en que nos dirigíamos hacia Ventimiglia, paso fronterizo entre Francia e Italia, ese año nos dirigíamos a través de Francia hacia la tierra del chocolate, que paradojas no se localiza en el continente americano sino que se trata de la montañosa y verde Suiza. Por lo cual cogimos el tren con destino a Ginebra.

En aquellos años nuestro país había mejorado ostensiblemente y se encontraba en pleno proceso de transformación. Pero aún así, Europa se presentaba como algo llamativo para los españoles que comenzábamos a lanzarnos más allá de nuestras fronteras.

Recuerdo mis primeras impresiones al llegar a Suiza: la limpieza de sus calles, la fachada de las casas muy bien pintaditas, un parque móvil muy moderno, y unas gentes bien vestidas. También se respiraba tranquilidad e imperaba la falta de molestos ruidos. En los parques la gente jugaba sosegadamente al ajedrez en gigantes tableros pintados sobre el suelo. Las enormes fichas se recogían de unos grandes cajones que estaban a disposición de todo el mundo.

Hoy en día, afortunadamente nos hemos equiparado prácticamente en todo. Aunque hay aún algo en lo que no nos hemos homologado completamente, me refiero al ruido y a la vestimenta. Nuestras ciudades siguen siendo ruidosas, muy ruidosas. Y también sigue sin gustarme el tipo y colorido de vestimenta utilizado por gran parte de los españoles, muy distintos a los alegres tonos usados en el resto de Europa. Basta como ejemplo subir en cualquier momento a la línea 1 del metro de Madrid, si nos fijamos durante el trayecto en la vestimenta y calzado del personal veremos que es casi tercer mundista.

Zurich (Suiza), 1990

Volviendo al viaje, dos ciudades se cruzaron en nuestra travesía suiza, Ginebra y Zurich.
Pues fue en estas ciudades donde descubrí algo nuevo. Ví por primera vez en pleno funcionamiento un tranvía y comprendí el maravilloso servicio que prestaban. Ya no eran aquellas vetustas máquinas de antaño, eran unidades modernas, puntuales, y que se integraban perfectamente en el tráfico.

Hasta ese momento la única referencia que tenía sobre los tranvías, eran los rieles que había visto permanecer insertados en el asfalto de aquellas calles que no habían sido pavimentadas desde hacía décadas. Mi Montevideo natal es un claro ejemplo de esto. Pero de aquellas máquinas que les surcaban sólo conocía lo que había visto a través del cine.
Unos pocos años después ya pudimos disfrutar también en España y en concreto en Valencia, de una red de tranvías extraordinaria.

Otra de las cosas que me sorprendió fue la impresionante cantidad de inmigrantes de todas las nacionalidades que vivían en Suiza. De todos los establecimientos que visitamos en rara ocasión fuimos atendidos por ciudadanos suizos, de los de toda la vida. Hoy en día esto no tendría ningún sentido mencionarlo si no recordamos que la presencia de inmigrantes en España por aquellos años era cero. Pues vaya, lo que nos ha igualado el tiempo, aunque sospecho que no siempre para bien.

En cuanto a los precios todo carito. Si se buscaba algún artículo para regalar, siempre se podía recurrir a la infinita variedad de relojes que por todas partes se encontraban a la venta. Y si esto excedía del presupuesto, quedaba el recurso a algo tan dulce como una pastilla de chocolate. Eso sí, no un chocolate cualquiera, los había de mil formas distintas.

Dormimos en albergues juveniles, en los que en una sala éramos unos 50. Con las camas pegadas unas a otras, de forma que si te despistabas amanecías abrazado a un desconocido. En cuanto al idioma no hubo problemas, es frecuente encontrar a alguien que hable español, y los suizos se desenvuelven estupendamente en un montón de lenguas: francés, alemán, italiano, y sus dialectos. ¡Qué envidia!

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Página creada por Alejandro Mena y Linares en marzo de 2004
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