Fotografías de algunos de nuestros viajes: Familia Mena

panorámica de Estambul (Turquía) 1995

Llegamos a Estambul el verano de 1995. Desde el aire, durante el aterrizaje, se veían decenas de minaretes que aventuraban lo apasionante que llegaría a ser este viaje. No era un viaje corto, íbamos para unas semanas y visitaríamos gran parte del país. Para iniciar el viaje compré un Nazar, esos ojillos azules que se venden por todas partes, con ellos según la superchería turca se evita el mal de ojo y todo te sale estupendamente. Ya pertrechado podía comenzar el viaje. Nos encontrábamos a caballo entre Europa y Asia. Turquía tiene un 3% de su territorio en continente europeo y un 97% en el asiático. Gran parte de la historia de este territorio, sin temor a exagerar, representa la historia de humanidad. Allí han surgido gran parte de las grandes civilizaciones, y desde allí se difundieron los avances del neolítico, la domesticación de animales y la agricultura, al resto del mediterráneo. Es una ciudad gigantesca, unos 10 millones de habitantes. No es la capital del país, que es Ankara, pero si su epicentro. Ha tenido varios nombres a lo largo de la historia: Bizancio, Constantinopla y finalmente Estambul. Su posición siempre ha sido estratégica como zona de paso entre Asia y Europa, y de comunicación entre el Mediterráneo y el Mar Negro. Esto ha originado que muchos pueblos quisiesen hacerse con su control a lo largo de la historia, pero esto no pudo llevarse a efecto hasta el siglo XV. Corría el año 1453, maldita sea, cuando los turcos liderados por Mehmet II la conquistaron. Al mismo tiempo caían en su poder zonas de Europa: Hungría, los Balcanes,...  limpiabotas, Estambul (Turquía), 1995

Hasta ese fatídico año siempre estuvo en la órbita del mundo greco-latino. La caída de Constantinopla, la ciudad de Constantino, fue un duro golpe para el mundo cristiano oriental y occidental. Me imagino que la noticia debió causar un gran impacto, yo aún no me lo puedo creer, ¡la milenaria capital del Imperio Romano de Oriente caía en manos musulmanas! Tal es así que ese momento representó el fin de la Edad Media en Europa y el comienzo del Renacimiento. La caída de Constantinopla tampoco pensemos que fue cosa de dos días. Desde hacía muchos años los otomanos venían presionando, tomando ciudades a Bizancio y prestando servicios a los emperadores Bizantinos que luego les obligaba a prestar vasallaje, otorgando algún que otro enclave u ofreciendo soldados para las campañas militares turcas. Un ejemplo gráfico este tipo de vasallaje a cambio de algún servicio prestado, lo podemos encontrar en el traslado de los papeles del Archivo de la Guerra Civil de Salamanca, y al de la Comisión del Mercado de las Telecomunicaciones, a Barcelona. Todo esto, y ahora me refiero a Bizancio, provocó el final de una civilización asfixiada y agotada, víctima de sí misma. Apliquémonos el cuento y ya sabéis, las próximas elecciones a votar mejor. De la noche a la mañana todo cambió en la ciudad, y entre los cambios, gran parte de los templos cristianos se convirtieron en mezquitas. El mayor y más hermoso de ellos sirvió al día siguiente de la derrota de la ciudad para los rezos de Mehmet II .  coches y tranvías transitan entre un gran caos, Estambul (Turquía), 1995

Me refiero a Santa Sofía. Fue construída en el siglo VI durante el reinado de Justiniano y sirvió al culto cristiano durante casi 1000 años. No pienso decir más de Santa Sofía, faltan palabras para expresar su grandiosidad. Si no has ido a qué esperas. Voy a intentar ser muy breve ya que me enrollaría horas hablando de este viaje. El viaje a lo largo del país lo realizamos en autobús. La tripulación del bus estaba compuesta por el chófer, el guía y un muchachito al que no sabría muy bien como calificar. Se ocupaba de vigilar a toda hora el vehículo y dormía también en él. Tendría unos 16 años. El chófer era una persona callada y discreta, en cambio, el guía era todo un personaje. Bueno, lo típico en esta profesión, un charlatán. Era de origen armenio, bajito, moreno, y como tantos de su raza obligados a la diáspora. Había vivido en Buenos Aires y conocía a Martín Karadagián. Mi ídolo de la lucha en mi infancia. Por cierto, la madre de Martín era española, lo desconocía, pensaba que sería armenia como su padre. Estos datos me pirran. El guía no quería hablar mucho del tema armenio, ya saben, ese genocidio llevado a cabo por lor turcos entre 1915-1918 y entre 1920-1923. Morirían un millón y medio de armenios. Otros muchos partirían a lejanas tierras. Buenos Aires y Montevideo fueron alguna de sus escalas. Recuerdo haber conocido de pequeño a muchos de ellos. Europa también recibió a muchos, como es el caso del famoso cantante Charles Aznavour, de padres armenios, cuyo verdadero nombre es Aznavourian. Me enrollo lo sé. Prometo ya no más. venta de pescadito frito en el puerto, Estambul (Turquía), 1995

El recorrido por el país comenzó en transbordador. Nos cargaron en él junto al autobús camino a Bandirma, en la otra orilla del Mar de Mármara. Muy chulo el recorrido. En Bandirma que era algo así como un lugar de veraneo, había un puertecito de pescadores y una gran estatua a un temible corsario llamado Barbarroja. Ya les vale. Me llamó la atención en estas zonas la gran cantidad de gente con pelo claro, piel muy blanca y ojos azules. Descendientes de las primeras poblaciones bizantinas, anteriores a la llegada de los turcos del interior. De allí hacia Bursa, donde visitamos el mausoleo y mezquita verde. Tampoco faltó la visita a un mercadillo. Los siguientes destinos serían Pérgamo y Éfeso. Ya que he hecho la promesa de no extenderme, de Pérgamo diré que fue esta ciudad la que dió nombre al pergamino. Cuenta la leyenda que la ciudad de Alejandria por rivalidad, dejó de abastecer de papiro a Pérgamo y que allí, se las ingeniaron para escribir en pergaminos. Es sólo eso, una leyenda, a buen seguro el pergamino es muy anterior a ese hecho. Allí se encuentra el hospital mental de Esculapio y un gran anfiteatro. Si no recuerdo mal había una columna de la suerte donde se arrojaban monedas, tipo Fontana de Trevi, y un arbolito donde se anudaban trocitos de tela en busca de buena fortuna. El siguiente destino era Éfeso. Tremendas las ruinas de esta ciudad. Es de fundación griega, allá por el siglo XI antes de Cristo, y se debió a colonos atenienses. Pues bien, allí pudimos ver el anfiteatro, muy pero que muy grande; la biblioteca de Celso cuya fachada está en pie, increíble; el grandioso templo de Artemisa; paseamos por sus calles; vimos algún que otro mosaico; a lo lejos su abandonado puerto... y seguramente alguna cosa más que no recuerdo. Próximo allí también visitamos la casita de la Virgen María. No flipo, es cierto, nos contaron que San Juan llevó a la Virgen María a Éfeso tras la muerte de Cristo, y que pasó sus últimos días en esa casita viviendo de un fondo de inversión depositado en un banco de Arabia Saudí. A lo lejos se podía divisar el templo de San Juan. He de reconocer que a mi esto último ¡plim!, algo así como lo de los extraterrestres de Roswell. Bueno, lo de los extraterrestres sí que me importa un poquito ya que el Proyecto Libro Azul ha sido mi libro de cabecera. Ya de paso os diré que tenéis que saber que están ahí y nos observan... ¡Basta de gilipolleces! Alejandro en Pamukale (Turquía), 1995

Un sitio de lo más curioso para mí fue Pamukale. Una serie de cascadas, piscinas y riachuelos de agua dentro de una gran extensión de cal, blanca muy blanca, que adopta formas de lo más caprichosas. Pues me dí un bañito y muchas fotos. El lugar es espectacular. Antes pasamos por una gran necrópolis, la de Hierápolis, dicen que la mayor del Asia Menor. Las tumbas eran muy suntuosas, se veía que habían tenido pelas esos antiguos. Acudían al lugar a tratarse con las aguas medicinales de la zona y, cuando comprobaban que de medicinales nada de nada, la palmaban y a forrarse el enterrador y los canteros. O sea, cuando entraban a la ciudad ya les tomaban las medidas. A continuación nos dirigimos a la ciudad de Konya, de Koña para los catalanes, donde visitamos la tumba de Jalal al-Din Muhammad Rumi, poeta místico y fundador de los Derviches Giróvagos de la orden Mevlevi. Sí, esos que giran y giran, van vestidos de blanco con una capa negra y un gorro alto de fieltro, llevan la mano derecha elevada hacia el cielo para recibir la gracia y la mano izquierda vuelta hacia la tierra para transmitir esa gracia al mundo. Hay algún documental de la 2 de Luis Goytisolo que trata muy bien del tema. Desde luego, algo se tienen que tomar para dar esas vueltas, pero no nos lo quisieron decir. Me ponen malo los secretitos.

Ya en carretera pasamos por el lago Tuz, el mayor lago salado del mundo. Paramos, pisamos y tocamos aquella extensión de sal, fue impresionante. Recuerdo que había allí mujeres con cubos recogiendo sal. Lo que ya no sé es si será yodada. Luego vería mi segundo lago salado en Túnez, Chott El Jerid. Os lo contaré en su momento. En la capital Ankara, fuimos a ver el mausoleo a Mustafa Kemal Atatürk. Fue el primer presidente de la República de Turquía y el que inició la modernización del país. De nombre verdadero Mustafa, lo de Kemal por ser el primero de la clase, y lo de Atatürk por padrecito de la patria. Para hacerse una idea de la magnitud de las reformas de Mustafa mencionaré sólo unas pocas: reemplazo de la grafía árabe por un alfabeto latino modificado; levantó la prohibición islámica sobre el alcohol; abolió la poligamia y reconoció la igualdad de derechos de las mujeres en cuanto al voto, divorcio, la custodia de los hijos, y la herencia; las escuelas teológicas islámicas, madrasas, fueron cerradas, la Sharia , ley islámica, fue reemplazada por un código basado en el suizo, y se adoptaron el Código Penal italiano y el Código de Comercio alemán. Bien hecho Mustafa. Alejandro durante el espectáculo de la danza del vientre, Turquía 1995

La visita a la Capadocia fue de lo más sugerente para la vista. Se puede decir que esta zona no es que tenga historia, es la historia. Por aquí pasaron asirios, hititas, persas, macedonios, romanos, bizantinos, selyuzidas y otomanos. El paisaje se nos asemeja al lunar. Sus formas son de lo más caprichosas y han sido adquiridas tras millones de años de erosión. Las grandes piedras tienen sombrerito, me explico. Las piedras fácilmente erosionables se perfilaron y adoptaron forma de aguja, mientras que las más resistentes perduran en lo alto dando esa sensación de boina. La piedra es muy débil al tacto lo que permite excavar en la roca. Así está llena de cuevas, naturales y artificiales, muchas de las cuales continúan habitadas. Visitamos una de las 37 ciudades subterráneas abandonadas en la región de Capadocia. Pudimos entrar por un gran sistema de túneles, que comunican casas, bodegas, establos. También entramos en iglesias excavadas en la roca en las que se conserva muy bien su policromía. Rematamos la visita con un recorrido en burro. Y compramos una típicas muñequitas a unas artesanas del lugar. En esta zona nos llevaron a un espectáculo de la tradicional danza del vientre. Nos dieron una cena y nos sacaron a bailar, o lo que se le parezca. Un día nos llevaron a comer a una posada medieval o caravanseray. Un sitio de descanso para viajeros y caravanas de los tiempos de la llamada ruta de la seda. De lo más anodino, sin comentario. También tuvimos ocasión de comprobar como mucha gente de esta región va armada. Lo primero que me vino a la cabeza fue el Expreso de Medianoche, un informe de Amnistía internacional sobre el maltrato a la mujer, la ruta de la heroína, el problema kurdo. En cambio la mayoría de las españolitas pensaban en algo menos sesudo, cómo sería su pasión turca. Chicas, si queréis experimentarla lo tenéis muy fácil, a los hombres de allí les sobra testosterona, la metrosexualidad no existe para ellos. Ya en Estambul empezamos por Santa Sofía, dije antes que faltan palabras para describirla por lo cual, solo diré que si vais fijaos bien en los mosaicos. Aprovechando la visita anterior, entramos a la cisterna de Yerebatan, construida en el siglo VI. Era el lugar en donde depositaban el agua traída a través del acueducto de Valente. Este acueducto también nos lo encontramos mientras visitábamos uno de los barios de la ciudad. Se conserva en bastante buen estado. Para entrar a la cisterna no pagamos, enseñé el DNI como si se tratase de un carnet de estudiante y para adentro. Mi tradicional pillería, aunque no piensen que siempre sale bien, ya os contaré lo de Venecia, fue patético.Santa Sofía, Estambul (Turquía), 1995

Cerquita también está la Mezquita Azul con sus seis minaretes. Es la más grande de Estambul. Entramos sin ningún problema, no como en otros países musulmanes que te quedas a las puertas. Es que se nota la mano de Atatürk. El sitio más visitado de toda Turquía es sin lugar a dudas el palacio de Topkapi. Fue desde el siglo XV hasta el XIX la residencia de los sultanes, por tanto, ya pueden imaginarse lo que encontrarán allí. Esa gentuza se rodeaba de los mayores lujos de época. Se rodeaban de muchísima gente, ya saben, el servicio. Y como tenían también muchos enemigos, de su poderosa guardia personal, el cuerpo de jenízaros, algo así como los GEO. Debían comer también mucho y bien, ya que las cocinas son tan grandes como un campo de futbol. Y después de comer bien, nada como un buen ..., para lo cual nada como un harén. Vaya colección de mujeres se gastarían, las más bonitas del Imperio. Menudas peleas tendrían también. Y para rematar esos eunucos negros cuidando del pastel. Vaya Falcon Crest, sin Channing ni Giobertis, pero con muchos Mustafas y Mohamed. No puedo disimular que me corroe la envidia. Desde el palacio, las vistas al Cuerno de Oro son tremendas, ideales para las fotos y video. El crucero por el Bósforo fue una pasada. Cogimos una embarcación, algo así como las antiguas golondrinas del puerto de Valencia. Recorrimos el Bósforo que divide la parte europea de la asiática y también el Cuerno de Oro, canal que divide la parte europea de la ciudad en dos. Pudimos observar dos tremendo puentes que cruzan el Bósforo, ambos de 1 kilómetro de longitud, y paramos en las murallas de Rumeli Hisari. Estas murallas fueron mandadas construir, en tan solo cuatro meses, por Mehmet II como preparativo para la toma de Estambul. ¡Las odio! biblioteca de Efeso (Turquía), 1995

Hay dos grandes bazares que requieren una visita obligada. Me refiero al Gran Bazar y al Bazar de las Especias. Nos abordaban incesantemente los vendedores, se nos dirigían siempre en español. Era increíble, con mirarte a la cara sabían perfectamente de donde eras. Eso sí es profesionalidad. En cuanto a las compras, en el Gran Bazar me compré una preciosa cadena de oro de 18 kilates, a muy buen precio. También compré dos juegos de té, de esos con vasitos de cristal con platito y cucharilla. Para finalizar las compras, me hice con un joyero de huesos de camello, precioso, unos años después compré otro en Egipto, me encantan. Y en el Bazar de las Especias compré manzana deshidratada y torrada a fuego lento, pensando en hacer té de manzana al llegar a casa. Si pasan por este país no dejen de probar el té de manzana, ¡rico! ¡rico! Ojo, en casa no sale bien. No tuvimos ni un solo problema durante los días que estuvimos por la ciudad. Salimos por las noches, nos metimos en zonas de aspecto poco recomendable y tan tranquilos. Eso sí, al principio el aspecto de la gente puede intimidar, eso no se puede negar. Sus rasgos, su indumentaria, sus gestos, al principio te pueden intranquilizar. Hay andrógenos por todas partes. Quizás pienses que te van a cortar el cuello al girar en cualquier esquina, pero a medida que te haces al medio ya estás tan a gustito. Es lo contrario que si vas al norte de Europa, todos tan dulces, tan rosaditos y angelicales, pero te la pueden clavar igual. Los que viajamos sabemos que el aspecto no siempre es documento. Aplícate el cuento. El cambio era un jaleo, subías a un taxi y te cobraban un montón de millones de liras turcas. Había ceros por todas partes en unos billetes mugrientos, que daba asco tocarlos. Para las compras no había ese problema, pagabas en dólares y encima te rebajaban más. No podía faltar una visita a un buen hamman, por tanto nos acercamos al de Çemberlitas. Menuda paliza me dió el masajista, pero he de reconocer que luego me sentí muy bien. A pesar de tener un cuerpo muy musculado, comprendí que en mi cuerpo había musculos que yo mismo desconocía. Comentaré rápidamente como funciona el hamman. Entras, te diriges a un cuartito, te quitas la ropa y te anudas una toalla. Te diriges a una sala circular de mármol muy bonita y a sudar. Al mismo tiempo, tienes caños de agua a distintas temperaturas, de fría a muy caliente, con lo cual tonificas enormemente el organismo. Más tarde te frotan con una esponja rugosa con jabón y te aplican el masaje retorciéndote de manera brutal el cuerpo. Oirás crujidos y chasquidos por todas partes, provenientes de tu cuerpo como de los que te rodean. Esto ocurre en la parte central de esa sala del martirio. Para finalizar me echaron un cubo de agua fría encima. Y hala bonito, ¡qué pase el siguiente! Se lo pueden imaginar como me quedé, relajadito y tranquilito, listo para la cama. barrios en ruina, Estambul (Turquía), 1995

La mirada crítica va dirigida a la cantidad de niños que vimos intentando ganarse la vida de cualquier manera. Era evidente que la protección del niño no constituía una prioridad para las autoriddes turcas. Fijaos en las fotos. Pasear por la ciudad es toda una experiencia. Niños y aguadores con un llamativo traje que venden agua para saciar la sed del viajero, al estilo del ¨agua, agua, yo tengo el agua fresquita¨. Ni se les ocurra pegar un traguito ya que conseguirán que les acompañe la diarrea el resto de su viaje. Otros te ofrecen pesarte en una destartalada báscula o bien, tomarte la tensión con un tensiómetro de anticuario. No falta el limpiazapatos que te persigue hasta que consigue untarte con betún, momento en el que no te queda más remedio que aceptar sus servicio. Te echan unos gapos especiales en los zapatos con lo que cogen un lustre impresionante. Y que no se me olvide, si llevas deportivas blancas, es igual , te las limpian con betún azul, negro, o lo más parecido que tengan. Blanco no tienen. Ya lo sabéis. Por la calle además encontramos vendedores de todo tipo. Llaman la atención unos pintorescos carritos en los que se vende comida, igualitos a estos los encontramos al año siguiente en Atenas. Claro, la influencia turca en Grecia es muy grande debido a la ocupación a la que se vió sometida durante tanto tiempo. Atentos a los vendedores de pasteles, los transportaban en una gran bandeja apoyada en su cabeza, menuda cantera para el Circo del Sol. Pateamos gran parte de la ciudad. Pudimos ver barrios en que abundaban las casas de madera, verdaderas chabolas. Menuda cantidad de incendios deben de tener. Nos acercamos hasta la estación del Orient Express, estaba que se caía, la miramos desde lejos no se nos fuera a caer una teja encima. Al llegar al puerto si en el hotel no le dan bien de comer, recomiendo comer pescadito frito y contribuir a ese montón de espinas que siembran el suelo. La gente vestía de formas variadas. Podían ir a la usanza occidental, sobre todo los hombres, aunque también un cierto número de mujeres. O bien, una mezcla de ambos conceptos, en este caso sobre todo las mujeres, quienes añadían el hiyad para cubrir su cabeza. No faltaban tampoco las que iban muy pero que muy tapaditas.
Respecto a productos que luego encontré también en Grecia, están el raki, ouzo para los griegos, y el dönner. El raki es una bebida alcohólica fortísima, te la sirven siempre con agua y al mezclarla, el líquido transparente se pone de color blanquecino. Pega un subidón de miedo. Es algo así como la absenta. El dönner no es más que el kebab que ya se conoce en España, de carne de cerdo o pollo. Con hambre todo está bueno. Atentos a la gente que se toma un descanso por la calle, no utilizan los bancos para sentarse, al igual que los orientales se ponen de cuclillas. Eso es algo que nunca han resistido mis articulaciones.

Familia Mena: Suiza Familia Mena: Suiza Familia Mena: Austria Familia Mena: Hungría Familia Mena: Croacia Familia Mena: Turquía Familia Mena: Portugal Familia Mena: Grecia Familia Mena: Egipto Familia Mena: Túnez Familia Mena: Francia Familia Mena: Islas Canarias Familia Mena: Italia

Firma el libro de visitas Ver libro de visitas
alejandomar@terra.com

Visualización óptima: 1024x768 píxeles e Internet Explorer
Página creada por Alejandro Mena y Linares en marzo de 2004
Copyright © 2006 Alejandro Mena
Cualquier reproducción total o parcial debe contar con autorización expresa
1