Fotografías de algunos de nuestros viajes: Familia Mena

típico tranvía de Lisboa (Portugal), 1995

A finales del año 1995, aprovechando unos días libres, me acerco a Lisboa y a localidades próximas a esta bonita ciudad. Accedemos desde Extremadura ya sin paso fronterizo, lo cual nos acerca un poco más a nuestros hermanos portugueses. Algo que me alegra sobremanera, ya que siempre he defendido el Iberismo. La defensa de la realidad unitaria de la Península Ibérica, ante lo absurdo de una frontera artificial que nos desgaja.

El paisaje continuidad del extremeño es hermoso, predomina el color verde y las encinas. Al poco tiempo, pudimos comprobar lo mal que conducen nuestros paisanos portugueses. Se las pintan solos para en cualquier momento crearte una situación de riesgo. Y sé lo que digo, un año después volvería a Portugal , pero entraría por el sur para visitar Faro y ver algo más del Algarve, y otra vez viviría la pesadilla de conducir por esas tierras. No sé si es que para obtener el carnet les exigen muy poco, o se lo dan en una tómbola.

No solo descubrí que no son palabrerías sin fundamento el que conducir por Portugal genera un gran riesgo, si no que también es la tierra de las mujeres con bigote. Y no intento meterme con las mujeres lusas, todo lo contrario, ya que las considero como una parte nuestra. Era en los pueblos sobre todo, donde podían verse a muchachitas y señoras de toda edad luciendo más bigote que mi difunto abuelo.
Hace años víspera de un partido entre Inglaterra y Portugal un diario británico publicó un viñeta en la cual decía: ¨saben porqué los portugueses se dejan bigote, pues para parecerse a su madre¨. Desde luego esta provocación se basaba en un hecho real. Las mediterráneas suelen ser morenas y con bastante vello, y si no hacen uso de la cera pues se les marca la sombrita en el bigote. Después de ver por primera vez a mujeres del Este con pelos en las piernas del tamaño de mis dedos, veía ahora a estas bigotudas portuguesas. Hay quien dice que donde hay pelo hay alegría, pues dependerá del lugar en que se encuentre ese pelo, les aseguro que el ver a estas mujeres no provocaba ningún tipo de alegría ni cosa que se le pareciera. panorámica de Lisboa (Portugal), 1995

Cambiemos de tercio y vayamos del pelo al café. Y ahí sí que encontramos alegría al tomarnos un cafezinho portugués, ¡rico! ¡rico! Y para comer no os perdáis las croquetas de bacalao, ¡qué buenas! Se suele decir que los portugueses hacen el bacalao de mil y una maneras distintas.

En Lisboa hay muchas cosas que ver. Eso sí, hay que ir en una buena condición física, hay muchas cuestas. Nada de zapatitos con tacones, zapatillas de deporte y chandal es lo mejor. Son muy bonitas sus típicas casas con fachada de azulejos decorados. Me llamó la atención el pavimento de sus aceras, de pequeñas piedras blancas y negras, ocasionalmente haciendo algún tipo de dibujo. Utilizamos el elevador de Santa Justa, para acceder a las ruinas de la Igreja do Carmo y visitar el Chiado, barrio comercial y elegante que sufrió un gran incendio en 1988.

Recorrimos Alfama, típico barrio lisboeta, tanto a pie como en sus bonitos y típicos tranvías amarillos. Este barrio conserva la estructura del antiguo barrio moro, con calles estrechas y tortuosas. Todo muy pintoresco. Hay variedad de lugares donde tomar una copa y escuchar un agradable fado. También hay muchos sitios de copas para entretener la noche, sitios en los que había que tocar un timbre para que te abriesen la puerta. Si lo que se busca es un buen sitio desde donde tener unas vistas panorámicas de la ciudad, pues hay que desplazarse al castillo moro, llamado de San Jorge. típicas calles (Portugal), 1995

La ciudad estaba llena de inmigrantes, de origen africano mayoritariamente. Entre éstos gran cantidad de caboverdianos, fácil de deducir por la gran cantidad de agencias que ofrecían viajes a esas islas de la Macaronesia. Recuerdo un pequeño centro comercial al que entramos, en que todas las tiendas estaban orientadas a estas gentes. Vendían sus alimentos, sus ropas, tenían peluquerías...

Fueron más de 500 años de colonias africanas y de tráfico de esclavos que han dejado una profunda huella en la población portuguesa. Tanto es así que en la población portuguesa se encuentran en una proporción considerable, marcadores genéticos de origen africano. Sirva como ejemplo que en un porcentaje de su población y sobre todo en el Algarve, se dan con frecuencia casos de anemia falciforme en población supuestamente autóctona portuguesa. Señal inequívoca de contar con ancestros procedentes del África negra. Algo similar ocurre en la localidad de Gibraleón en Huelva, donde hay un buen número de descendientes de esclavos negros.

Fue interesante cruzar ese gran puente, muy similar al de San Francisco, bautizado como Puente 25 de Abril, que conecta la ciudad con la otra orilla del Tajo. En la otra orilla encontramos la Cruz del Corcovado. En definitiva, como ven hay cositas para entretenerse.

Acompañamos la visita a Lisboa con una visita a dos destinos turísticos como son Estoril y Sintra. Y nos acercamos hasta el Cabo da Roca, el punto más occidental del continente europeo. Ahí por poco dinero me hicieron un pergamino escrito a mano con mi nombre como recuerdo de la visita. Es horroroso, aún lo conservo y lo tengo como fondo de armario.

En cuanto al idioma sin problemas. Es general que los portugueses comprendan y se expresen en castellano con bastante claridad. Si lo que nos apetece es ver alguna película en la televisión o en el cine, tendremos que prepararnos para leer, son en versión original y subtituladas en portugués. Los portugueses no doblan las pelis. La película que en esos momentos arrasaba en taquilla era Braveheart.

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Página creada por Alejandro Mena y Linares en marzo de 2004
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