Fotografías de algunos de nuestros viajes: Familia Mena

orillas del Nilo (Egipto), 1997

Si el viaje a Turquía puede considerarse como ¨exótico¨, Egipto no lo iba a ser menos. Salimos desde Madrid en un vuelo charter contratado por la compañía de viajes. Era un día caluroso en los madriles, a modo de preparación de lo que nos esperaba en nuestra primera escala egipcia, la ciudad de los faraones y los grandes templos, Luxor. Esta ciudad, como no puede ser de otra manera, es un importante centro turístico hoy en día.

Nada más aterrizar pudimos comprobar hasta que punto podía llegar a ser de asfixiante el calor. El calor iba a ser nuestro compañero de viaje pero que más daba, ¡estábamos en Egipto! Allí empezaría nuestro viaje, alojados en un crucero, que también nos haría conocer otras escalas. El barco no era la estrella del Nilo, pero no estaba mal.

De la ciudad de Luxor recuerdo su Bazar, donde el regateo nos volvía locos, ¡ay, qué pesados!, que forma de perder el tiempo más tonta. Así y todo, compré alguna cosilla, como fueron esas cajitas de madera con adornos de hueso de camello. También recuerdo las típicas calesas tiradas por caballos, desde donde poder observar mientras se pasea, el ajetreo de la ciudad y las aguas del Nilo. En esta ciudad visitamos dos templos fantásticos, el de Luxor y el de Karnak. Alejandro, viaje en faluka, Nilo (Egipto), 1997

Una curiosidad del templo de Luxor es que falta uno de los dos obeliscos de su entrada, el cual se encuentra en París, en la plaza de la Concordia. Se llama de Ramsés II, y lo pude contemplar durante el viaje que realicé a la capital francesa en el año 1998. Y del templo de Karnak destacaría sus impresionantes columnas. Otras visitas cercanas a la ciudad fueron, al Valle de los Reyes, donde visitamos una tumba, al templo de la diosa Hatshepsut en Deir el-Bahari, y a los colosos de Memnón.

Con el crucero accedimos Edfu y Kom Ombo. Además de navegar en el crucero, tuvimos la oportunidad de subir a una faluka que alquilamos a un nubio. Fue una excursión muy divertida.

Sorprendente me resultó el Nilo y la vida que se aglomera en sus orillas, ocupando una estrecha franja de tierra a lo largo de todo su recorrido. El color verde se extiende a lo ancho unos centenares de metros, para luego, dar lugar a un desierto verdaderamente impresionante. Por lo que pude observar, la vida de esas gentes no debía ser muy distinta a la de sus antepasados varios siglos atrás. La misma ocupación, las mismas vestimentas, los mismos aperos de labranza, las mismas bestias, en definitiva la misma mala vida, siempre dependiente del Nilo.orillas del Nilo (Egipto), 1997

A lo largo de nuestro recorrido por el río, pudimos observar la isla elefantina y el monasterio del Aga Khan. Recuerdo también una visita al hotel Old Cataract, donde solía alojarse Agatha Christie y también se rodó la película Muerte en el Nilo.

En autobús nos trasladamos hasta Abu Simbel pasando por Asuán, donde pudimos ver la gigantesca presa. El templo de Abu Simbel se encuentra en perfecto estado de conservación, y en una localización distinta a la original ya que tuvo que ser trasladado debido a la inundación de su lugar de construcción. A lo largo del viaje visitamos también el obelisco inacabado, localizado en una cantera de granito rosa en Asuán. Una excursión muy chula fue la que hicimos al templo de Filae, donde por las noches hacen un espectáculo de color y sonido. El acceso a este templo, localizado en un islote, se realiza en una barca.

Durante los primeros días, hicimos otras muchas cosas además de las que ya he mencionado. Entre ellas recuerdo, una visita en camello a un interesante monasterio copto, y la visita a una aldea nubia. En el barco nos prepararon también un espectáculo de la danza del vientre. La segunda parte del viaje transcurrió en el Cairo, intercalada con una visita a Alejandría. faluka a orillas del Nilo (Egipto), 1997

El Cairo resultó ser una ciudad fascinante por sus dimensiones y su caos. ¡Vaya tela!, el autobús que nos trasladó al hotel tuvo que cruzarse en la avenida de las Pirámides para que pudiésemos pasar sin ser arrollados por algún vehículo. En esta ciudad recuerdo que subimos al metro, donde el primer vagón está reservado para las mujeres. Lo sé porque subí y en seguida me lo dieron a entender por las miradas que me echaron.

Coger un taxi también fue una experiencia, además de los tradicionales que conocemos, los hay compartidos y con itinerario fijo. En estos puedes encontrarte con todo tipo de gente y con cualquier tipo de carga, un cerdo, un pollo -vivos, claro-.

Entretenidísima fue la visita al bazar de Al Khalili. Inmenso y fantástico zoco oriental donde realizar compras y tomar algo, un té o un café en un sitio tradicional como el bar de los Espejos. No podía faltar la visita al museo arqueológico del Cairo, donde uno puede llegar a marearse por la gran cantidad de piezas que allí se exponen. Y a la explanada de Giza, donde contemplamos las pirámides de Keops, Kefren, Micerinos, y también la gran Esfinge.Edfu (Egipto), 1997

No tan solo contemplamos Keops, también tuvimos la posiblilidad de acceder a su interior.En las inmediaciones del lugar nos hicieron una demostración de como se elaboraba el papiro. Fue muy interesante observar el proceso.

Uno de los días lo dedicamos a visitar Alejandría. Viajamos hasta allí en una de esas furgonetas que contratas junto a más personas. Toda una experiencia. Esta ciudad se nos apareció como algo muy distinto al resto. Sus edificaciones y su rambla tenían un aire muy occidental. Se notaba la influencia que allí había ejercido la otra orilla del mediterráneo.

De vuelta al Cairo, visita a la sinagoga, a la mezquita de alabastro y a la catedral copta de el Cairo. Aprovechamos la visita a estos templos para conocer los barrios en los que se encontraban. Llevábamos ya varios días en este país, y el hematoma que tienen en la frente gran cantidad de hombres debido a sus rezos, ya no nos llamaba la atención. Alejandro, Edfu (Egipto), 1997 Al igual que los tatuajes que lucen en la muñeca los coptos como símbolo de su fe, tatuaje que representa la cruz copta. Nos acostumbramos al aspecto de estas gentes y nos adentramos en barrios no demasiado recomendables, donde pudimos observar la gran pobreza que hay en este país. La gente está acostumbrada a vivir enmedio de un gran caos, si ya es un grave problema salir a la calle y enfrentarse al tráfico y el bullicio, no menos difícil debe ser para ellos la vida cotidiana en todos sus órdenes. Me lamaron la atención sobremanera los mendigos. Daban no solo enorme pena sino que al mismo tiempo, daban verdadero pavor. Su estado físico e higiene eran deplorables e inadmisibles en cualquier sociedad que se precie. Se trataba de un grado extremo de degradación humana. Recuerdo uno que me llamó mucho la atención, llevaba tomada una vía y se desplazaba en silla de ruedas portando el suero en el suspensorio.

Por las noches la ciudad bullía de vida y alboroto. El tráfico seguía enloquecido y la gente se resistía a volver a su casa y perderse el fresquito de la noche. Era agradable salir a cenar y luego pasear observando a los lugareños. Sobre la comida, en ocasiones no tuve demasiado cuidado y me depararon alguna que otra sorpresa. Como aquella en que pedí no sé que cosa, y me trajeron unos palomos con cabeza y todo, aderezado con un poco de arroz.

Pero también pude probar un par de delicias, y me refiero a unos zumos. Uno de mango y otro de caña de azúcar, verdaderamente deliciosos. La higiene de estos sitios merecería un comentario aparte, pero bueno, estando de viaje, ya se sabe, hay que dejar ciertos escrúpulos aparte.

En fin, un viaje interesante y recomendable. Y quién sabe, quizás un día repita este destino, no estaría mal.

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Página creada por Alejandro Mena y Linares en marzo de 2004
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