Primer página Portada Obras escogidas de Nahuel Moreno

 

NAHUEL MORENO

(24 de abril de 1924 - 25 de enero de 1987)

Camarada Nahuel Moreno: ¡Hasta el socialismo siempre!

[Tomado de El Trabajador Centroamericano N° 4 de Febrero-Marzo de 1997 ]
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por Pedro Rojas

"Yo no creo que sea inevitable el triunfo del socialismo. Creo que el resultado depende de la lucha de clases, en la cual estamos inmersos. Y que, entonces, lo indispensable es luchar, luchar con rabia para triunfar. Porque podemos triunfar. No hay ningún Dios que haya fijado que no podamos hacerlo"

NAHUEL MORENO

El 25 de enero se cumplió el décimo aniversario de la muerte de Nahuel Moreno, seudónimo partidario de Hugo Bressano Capacete, uno de los más grandes dirigentes revolucionarios de la segunda postguerra, maestro y fundador de la corriente internacional de la que provienen los partidos trotskistas de Centroamérica, y que hoy adquiere continuidad a través del Centro Internacional del Trotskismo Ortodoxo (CITO)-IV Internacional.

Moreno nació en 1924 en Alberdi, provincia de Buenos Aires, Argentina. En 1944, con escasos 20 años de edad, junto a un puñado de jóvenes funda el Grupo Obrero Marxista (GOM). En su documento precursor Moreno afirma: "Nos empalmaremos en el movimiento obrero, acercándonos y penetrando en las organizaciones dónde éste se encuentre, para intervenir en todos los conflictos de clase". En abril de 1945, en medio de la marea peronista que inundaba a la Argentina, este pequeño grupo dirigió una huelga en una de las fábricas más grandes del país, el frigorífico Anglo Ciabasa, localizado en Avellaneda, el cuál empleaba a 15.000 obreros. A partir de esa experiencia se desarrolla en el Partido de Moreno una contínua lucha por echar raíces y hacerse fuerte al interior de la clase trabajadora. La corriente internacional que encabezó tuvo el gran mérito de dar la batalla consecuente por sacar al trotskismo de los círculos viciosos y las tertulias de la intelectualidad de clase media y dirigirlo tenazmente hacia el movimiento obrero, en medio de las más adversas circunstancias y el hostigamiento implacable de la patronal, las burocracias sindicales y el stalinismo. Máxime en aquellos tiempos en que ser trotskista era sinónimo de paria o hereje en los propios medios de la izquierda.

Es imposible en esta breve nota describir el papel de Moreno, como continuador de la IV Internacional fundada por León Trotsky. El legado que aportó a sucesivas generaciones de revolucionarios, especialmente de Latinoamérica, es denso e invaluable. Su claridad en la defensa de los principios, su lucha indoblegable por la independencia política de la clase obrera y la revolución socialista, su método fraternal de construcción partidaria -nos educó siempre en el respeto a los cuadros, a los organismos, y a la militancia de conjunto-, sus elaboraciones teóricas de vasta magnitud; son todos aspectos de su obra que reivindicamos con emoción en el décimo aniversario de su fallecimiento.

No obstante, sin duda Moreno fue tanto más grande en la medida en que dedicó sus mayores esfuerzos a la construcción del partido mundial de trabajadores. En este aspecto, Moreno no hace más que retomar con pasión la tradición marxista. Desde el Manifiesto Comunista de Marx y Engels entendemos que el capitalismo es mundial y está férreamente organizado en ese terreno, por lo tanto, la clase obrera revolucionaria debe necesariamente organizarse a escala mundial para hacer viable su lucha por la victoria. Este principio se hace aún más evidente ante la llamada "globalización" contemporánea.

En sus propias palabras, Moreno describe así el papel de la IV Internacional, a cuya construcción dedicó su vida entera: "Pese a todos sus errores, esta Internacional ha tenido un mérito gigantesco; en medio de la más feroz persecución de la burguesía y la burocracia stalinista, ha conservado para el movimiento obrero y de masas toda la experiencia adquirida en más de un siglo de lucha. Una experiencia cuya pérdida hubiera atrasado por varias décadas el desarrollo de la revolución socialista. Una experiencia que se sintetiza en una teoría, la de la revolución permanente, un programa, el programa de transición, y una organización, el partido leninista-trotskista". Más adelante, con suma honestidad, ponderando las múltiples debilidades que a través de su larga marcha "contra la corriente" ha experimentado la IV Internacional, agrega:

"...todos estos errores, divisiones, y agrias discusiones del pasado y del presente, no son más que los dolores de parto de ese partido mundial con influencia de masas. La IV Internacional que nosotros conocemos es, a la vez, el embrión y la partera de ese partido. Por eso estamos en ella y por eso seguiremos en ella".

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