Graecum est, non legitur
El griego en la Europa Occidental del Medievo

Autora: Eva Latorre Broto


Roberto Weiss abre uno de sus estudios sobre el Humanismo [1] con la sentencia: «La Edad Media olvidó el griego y envileció el latín; el Renacimiento recuperó el griego y restauró el latín.»

Los textos antiguos no eran leídos por puro placer literario, sino para sacar siempre una enseñanza práctica de ellos, un aprendizaje moral y un argumento de autoridad. Siendo el latín la lengua de cultura, la gramática y la retórica latinas eran cultivadas entre las otras parcelas del saber, filosofía, teología y ciencia, asegurando así un correcto entendimiento y una mayor profundización en el resto de disciplinas y, concretamente, en la exégesis bíblica. Esta es la actitud que perdurará a lo largo de toda la Edad Media Occidental.

Efectivamente, el enfoque religioso a través del cual se desarrolló toda la actividad intelectual medieval marcó definitivamente el modo en que se asumió la herencia clásica. La Iglesia ostentaba el monopolio de la cultura, y los grandes centros medievales de enseñanza se encontraban, de manera podríamos decir exclusiva, en los monasterios, lo que imponía al estudio unos objetivos muy concretos y definidos.

Autores clásicos como Horacio o Virgilio, entre otros, fueron estudiados con auténtico afán junto con los textos eclesiásticos en los sucesivos "renacimientos" culturales del medievo. No debemos tampoco perder la perspectiva de esa mentalidad esencialmente religiosa con la que se abordaban los textos clásicos, y así, por poner un ejemplo, podemos citar la lectura que John de Salisbury, considerado como uno de los mayores "humanistas" medievales, daba a la Eneida de Virgilio, interpretando los seis primeros cantos de la obra como una alegoría de las edades del hombre [2].

Por lo tanto, la tradición clásica, aunque modelada de una manera un tanto particular, constituía una parte importante de la cultura medieval. En este orden de cosas, la sentencia graecum est, non legitur, con la que se han saldado numerosos estudios sobre el griego en el medievo occidental, no termina de ser del todo cierta.

Ante todo, hemos de establecer la diferencia entre tradición clásica y griego. La tradición clásica a la que nos hemos venido refiriendo hasta ahora ha sido la latina. Los escritores griegos, en efecto, quedarán en el olvido, aunque con algunas excepciones: Aristóteles, Galeno y otros escritores científicos. No ocurrió lo mismo con el estudio del griego como lengua, que muy limitado y marginal, nunca dejó de estar presente en los grandes centros culturales de la Europa Occidental, aunque resulta fácil exagerar tanto al alza como a la baja la situación de la que gozaba esta lengua.

Partiendo de esa órbita eclesiástica, el griego venía caracterizado por ser la lengua de Bizancio, lo que, en medio de las controversias teológicas medievales entre las Iglesias de Oriente y Occidente, marcaría ya desde el principio el tipo de textos que se estudiaban en los círculos intelectuales de las distintas partes de Europa.
 

TRADICIÓN GRIEGA EN EL SUR DE ITALIA

La tradición griega del Sur de Italia fue la más fuerte de toda la época medieval. Siendo ya desde la Antigüedad la Magna Grecia, fue la cantera de la que salieron todos los traductores medievales requeridos por las cortes europeas para tener acceso a los textos que les interesaban [3].

La cultura griega de Calabria se caracterizó por ser predominantemente eclesiástica. Del s. VIII al XI, fueron establecidos en Italia alrededor de 200 monasterios en los que se impartía educación bizantina, con el estudio de oradores, historiadores y filósofos -Platón y Aristóteles-, como propedeútica a la dedicación más importante, las Sagradas Escrituras. Se observa una falta notable de literatura clásica, pero resultaba muy difícil reconciliarla con las doctrinas del Cristianismo.

En el siglo XI surge una figura original. Juan Italo, natural de Calabria, quien había estudiado filosofía en Constantinopla con Miguel Psellos, es considerado por algunos autores como el primer humanista. Muy influenciado por las corrientes neoplatónicas imperantes en la Ciudad, regresó a Italia hablando con sincero fervor de las glorias de la antigua Grecia.

Italo fue el primero en separar filosofía y teología, y precisamente por eso tachado de hereje, aunque no pocos intelectuales de la época cayeron bajo el embrujo de sus ideas [4].

No obstante, el heretismo de Juan Italo fue excepcional. Calabria estaba llena de monjes basilianos esencialmente ortodoxos, aunque esto no les impedía interesarse en libros. Scolario Saba reunió en el monasterio de San Salvador en Messina la primera biblioteca humanística, compuesta por 300 manuscritos recogidos en Grecia e Italia [5].

El siglo XII produjo figuras como Enrico Aristipo, natural de Calabria, quien en 1156 fue Archidiácono de Catania, convirtiéndose en consejero del rey Guillermo I de Sicilia. Al parecer estudió en Constantinopla, de donde se trajo manuscritos con obras de Platón -Menón y Fedón- y Aristóteles, que tradujo al latín. Estas traducciones fueron muy conocidas por la generaciones siguientes, conservando comentarios sobre ellas de mano de Petrarca e incluso de Salutati [6].

En el s. XIII, el monje Nectario, quien había servido de intérprete en las conversaciones para la reunión de las Iglesias en 1214, trajo de Constantinopla numerosos manuscritos griegos que depositó en la biblioteca del monasterio de Casole, cerca de Otranto. De su estudio surgió una generación de poetas cuyos textos presentaron una exquisita combinación de sensibilidad cristiana y veneración por lo clásico [7]Esta tradición del estudio del siguió viva allí hasta 1480, fecha de su destrucción por los turcos, hasta el punto de que un humanista del s. XIV, Galateo, recomendaba ir allí a estudiar griego, donde se encontraría hospitalidad e instrucción amplia y libre [8].

La Corte de Nápoles también constituyó un importante círculo de traducción de obras griegas al latín con una tradición iniciada ya en la época Normanda. En el s. XII fueron traducidos textos filosóficos de Platón, Aristóteles o Proclo, y trabajos científicos de Ptolomeo o Euclides. Su gran parte de población de habla y rito griego provocó un florecimiento del monasticismo ortodoxo, e incluso la presencia de notarios griegos en la Cancillería Real [9].

Esta tradición continuó hasta la muerte del rey Roberto I d'Anjou en 1343. La figura principal en el campo de las traducciones griegas Niccolò da Reggio, médico de la Corte, quien en 1304 ya aparece como traductor de textos de medicina antigua. Entre otras muchas obras, vertió al latín fragmentos del Corpus Hippocraticum, pero su trabajo más celebrado fue la traducción de un manuscrito de Galeno, regalo del emperador bizantino Andrónico III al rey Roberto. Ese manuscrito no se ha conservado, e importantes fragmentos del texto de Galeno se han preservado gracias a su traducción [10].

Así pues, a pesar de que, como señala Weiss [11]la cultura griega medieval de Calabria y Apulia tuvo su último esplendor en el s. XIV, todavía permanecía viva cuando el movimiento humanista hacía su aparición en el Norte de Italia. No es casualidad, entonces, que los dos personajes que aparecen relacionados con la enseñanza del griego en este primer Humanismo sean, precisamente, originarios de Calabria. El monje Bernardo Barlaam y Leoncio Pilato son, al mismo tiempo, representantes del último helenismo en el Sur de Italia y precursores del Renacimiento de los estudios griegos en el Norte.
 

RENACIMIENTOS INTELECTUALES EN LA EUROPA MEDIEVAL

En el renacimiento irlandés del s. VII, considerado como el primero, Teodoro de Tarso, arzobispo de Canterbury originario de Asia Menor, abrió una escuela para el estudio del griego [12]De la actividad de este centro conservamos algunos fragmentos de la traducción latina de los comentarios de Hesiquio al Levítico: dos folios en uncial de comienzos del s. VIII [13].

En cuanto a la situación del griego en el renacimiento carolingio de los siglos VIII y IX, Artz defiende que «este renacimiento, seguido del otoniano en Alemania, no supusieron ninguna contribución al aprendizaje o la recuperación del griego» [14].

Si bien no supuso ningún avance en lo que a la recuperación de tradición clásica griega se refiere, el estudio del griego no estuvo ausente de la Corte de Carlomagno. El mismo emperador lo estudió junto con el latín, tal y como nos cuenta su biógrafo Eguinardo, pero mientras que el latín llegó a dominarlo como si fuera su lengua materna, no ocurrió lo mismo con el griego, lengua «que entendía mejor que hablaba»[15].

Con este desigual dominio de las dos lenguas, Carlomagno nos da la clave de dónde radica la diferencia. El latín se convirtió en la base del Imperio Cristiano Occidental; el griego era secundario, aunque necesario para mantener contactos diplomáticos y controversias teológicas con el Imperio de Oriente.

Dos aspectos nos revelan la marginalidad del griego. En primer lugar, el simple hecho de que se precisara traducción latina ya indica que el griego era desconocido por la inmensa mayoría. En segundo, que los diccionarios o léxicos de los que disponía el círculo de traductores no ofrecieran más que un contacto básico con la lengua griega, siendo obras pensadas para griegos que aprendían la lengua latina [16].

En el círculo de traductores numerosos textos eran vertidos a ambos idiomas para que fueran inteligibles a ambos bandos, y de la actividad de ese círculo conservamos, la Chronographia de Teófanes, traducida al latín por Anastasio a mediados del s. IX [17].

Contemporánea de la labor de Anastasio es la traducción de los textos de Dionisio Areopagita por parte de Juan Escoto Erígena [18]el más importante intelectual carolingio, en realidad revisión de la primera traducción que Ilduino realizó, por orden imperial, de las obras dionisianas incluidas en un códice regalado en el año 827 por una embajada bizantina al emperador Luis [19].

El conocimiento de este texto generó en la Abadía de San Dionisio, un interés por el mundo griego que no finalizó hasta la Revolución Francesa [20]Ya en el s. IX poseían códices que contenían oraciones y otros textos breves en griego. El interés que se produjo por la liturgia griega viene avalado también por un códice griego copiado en Francia en el 1021, que fue usado durante los siglos siguientes y que incluso contenía la oración en griego para la fiesta del Santo Patrón [21].

Los nuevos contactos con el oriente bizantino reavivaron los estudios griegos en San Dionisio. Se produjo la primera "caza" de códices griegos en busca de nuevos textos del protector de la Abadía por parte de monjes que iban con ese único interés a Grecia o a la Italia meridional. En 1166 Giovani Saraceno ya había viajado a Constantinopla en busca de textos, y las versiones latinas de las obras, junto con la revisión de la traducción de Juan Scoto, solicitada por Juan de Salisbury, ya estaban completadas. Se introdujo la liturgia griega, que permaneció durante siglos dando prueba del mantenimiento de la tradición, hasta el punto de que en 1401, el emperador Manuel Paleólogo entró en contacto con la Abadía durante su estancia en Francia, y en 1408 envió, con el encargo de entregar un códice con los escritos dionisianos, a su legado Emanuel Chrysoloras [22].

El auge de los estudios griegos en Inglaterra vino dado por sus contactos con la Sicilia normanda. En el siglo XII, el Almagesto de Ptolomeo ya había sido traducido al latín, probablemente por Adelardo de Bath [23]y John de Salisbury, quien llegó a ser obispo de Chartres, aprendió griego con un habitante de Santa Severina.

Estas relaciones con la cultura griega siciliana produjeron en el siglo XIII figuras tan relevantes como Roberto Grossatesta y Roger Bacon.

Roberto Grossatesta empleó buena parte de sus recursos en recopilar manuscritos griegos e instaurar en Inglaterra un círculo de traductores, griegos de la Italia meridional, cuya labor se convirtió en una de las más sólidas bases de la cultura medieval [24].Los textos objeto de su traducción revelaban intereses en la línea intelectual puramente escolástica -textos teológicos y filosóficos, el De Mundo aristoteliano entre ellos-, pero sus tratados gramáticos y su trabajo con la Suda [25] revelaron un interés por facilitar el acceso al griego y un afán de erudición sin precedentes.

La muerte de Grossatesta, acaecida en 1253, no supuso la desintegración de su círculo de trabajo. Los italo-griegos, y entre ellos Nicolás, canónico de Lincoln y profundo conocedor del griego clásico, permanecieron en Inglaterra, donde continuaron sus contactos con Roger Bacon.

Las aspiraciones de Roger Bacon ampliaban con mucho las estrechas miras escolásticas de Grossatesta. Con un excelente conocimiento del griego, apoyaba la traducción de textos griegos precisamente por la escasez de traducciones disponibles, defendiendo que los más importantes textos estaban escritos en esa lengua, además de en hebreo, árabe o siríaco. A esta idea unió una concepción más utilitaria, como la necesidad del griego para el comercio o la diplomacia y, por supuesto, para la conversión del infiel [26].

No dudó en defender la utilidad de su aprendizaje, simplificando aún más la gramática de Grossatesta, de cuyo éxito nos habla la gran cantidad de ejemplares que conservamos, y de este estudio del griego nos ha quedado un léxico greco-latino, custodiado actualmente en el Colegio de Armas de Londres, especialmente pensado para principiantes [27].

La actitud medieval en Occidente hacia el griego se puede comprender mejor si seguimos su estudio en la Curia Papal. El griego allí nunca desapareció por completo, encontrando manuscritos con los evangelios en griego y latín. El trabajo de traducción se centraba en el avance en la filosofía y la teología, como demuestran los textos que en 1260 Guillermo de Moerbeke tradujo para Santo Tomás de Aquino [28]y en los textos diplomáticos y teológicos, que precisaban traducción en los concilios que trataban sobre la unión de las dos Iglesias [29]como por ejemplo, el de Lyon en el año 1274, que tuvo como consecuencia la excomunión del emperador Miguel VIII Paleólogo.

En 1312, el Concilio de Viena decretaba la enseñanza de las cuatro lenguas orientales, Griego, Hebreo, Arabe y Siriaco, tanto en la Corte Papal como en las cuatro principales Universidades de la Cristiandad: París, Bolonia, Oxford y Salamanca. Las razones no eran tanto "humanistas" como propagandísticas, buscando mayores resultados en los enfrentamientos entre las dos Iglesias, envíos de embajadores a Oriente y, por supuesto, profundización en los textos bíblicos [30].

La única que lo respetó fue la Curia Papal de Avignon, donde, quizá por eso, encontramos notables excepciones en esta tendencia al conocimiento del griego con fines puramente prácticos. Una de estas excepciones es la figura de Bernardo Barlaam, en la que más adelante profundizaremos, instruyendo a Petrarca en las bases gramaticales de la lengua, y otra, muy importante también, la de Simón Atumano, quien en 1363, aparte de estudiar con dedicación un códice con obras de Sófocles y Eurípides [31]también inició en el griego a un importante humanista, Francesco Bruni [32]quien, curiosamente, es quien se referirá a Emanuel Chrysoloras como el restablecedor del griego en Europa después de 700 años [33]En opinión de Setton [34]esto probablemente se debió a que, a pesar de que Atumano fuera mucho más erudito que Chrysoloras, no gozó del poder de atracción que éste demostró años después durante su enseñanza en Florencia.

Fue Simón Atumano quien tradujo en 1372 el tratado plutarquiano De ira por encargo expreso del cardenal Corsini, traducción a la que Salutati se referiría como semigreca translatio y de la que diría que había despertado su indignación por el oscuro y burdo latín en el que estaba escrita, pero que ojalá tuviera el resto de las obras del mismo filósofo aunque fuera en ese pésimo latín [35].

También en la Curia Papal de Avignon tuvo lugar la traducción al aragonés de las Vidas de Plutarco a instancias de Fernández Heredia, maestro de Rodas, a partir de una versión en griego vulgar encontrada por él en la isla. Parece ser que el traductor fue un monje dominico, Nicola, quien además tradujo, también al aragonés, algunos fragmentos de la Crónica de Zonaras y los discursos de Tucídides. La fecha de estas traducciones resulta incierta, pero no debió estar terminada antes de 1386 [36].

Aproximadamente desde esa fecha, coincidente con la muerte de Atumano (1384?), el estudio del griego no presenta noticias en la Curia hasta la llegada de Iacopo Angeli da Scarperia en 1401, quien, habiendo pasado un tiempo en Constantinopla junto a Chrysoloras, continuó la obra de traducción iniciada en Florencia bajo la protección de Coluccio Salutati [37]No obstante, Ullman piensa, con el volumen de textos traducidos en el período anterior, que  «de alguna manera, la Corte papal jugó el mismo papel en la difusión de la cultura clásica a Italia que más tarde desempeñaría el concilio eclesiástico de Constanza en la propagación del Humanismo italiano a otras partes de Europa [38].»
 
 

© Eva Latorre Broto, 1995
eva.latorrebroto@telefonica.es



 NOTAS:

[1] Weiss, El humanismo desde Petrarca hasta Erasmo. Hª de las civilizaciones, vol. VII, ed. por Hay, D. Madrid, 1988, pp. 167-212. [regresar]

[2] Krey, A.C.: John of Salisbury's attitude toward the classics. Wisconsin Academy of Science and Letters, 1910, pp. 970-980. Las primeras aventuras de Eneas representarían los errores y la curiosidad de la niñez y la juventud, pasando por amores ilícitos (episodio de Dido, libro IV) y por la madurez plenamente desarrollada (juegos funerarios, libro V) hasta llegar a la muerte (bajada al Averno, libro VI).  [regresar]

[3] Este es un punto discutido. Algunos autores abogan por la continuidad cultural griega en el Sur de Italia desde la Antigüedad, como Rolhfs, La grecità in Calabria. Arch. St. per Cal. e Luc., 2, 1932, pp. 405-425; Setton, The Byzantin Background of the Italian Renaissance. Proc. Am. Phil. Soc., C, 1956, pp. 1-76. Pág. 3: por el contrario, defiende una ruptura de la tradición. La Calabria experimentó una segunda helenización, que comenzaría por la conquista por los generales de Justiniano (534-554) y que se hizo definitiva con el asentamiento de refugiados griegos de Siria, Palestina y Egipto en el s. VII. Esta re-helenización o bizantinización de Calabria sería fundamental para la Historia medieval italiana. [regresar]

[4] Muchas de estas ideas, como el Panteismo y el Pampsiquismo neoplatónicos fueron recogidas en el posterior Renacimiento italiano. Cf. Dujcev, L'Umanesimo di Giovanni Italo. Studi bizantini e neoellenici, 5, 1939, y Stephanou, Jean Italos, philosophe et humaniste. Orientalia Christiana Analecta, 134, 1949; citados por Setton, Byz. Backg., p. 11-13. [regresar]

[5] Lo Parco, Scolario Saba, bibliofilo italiota. Atti della Reale Accademia di Archeologia, lettere e belle arti di Napoli, 1, 1910, pp. 207-286. [regresar]

[6] Setton, Byz. Backg.. pp. 19-20. Incluso Bruni, traductor del Menón, y Ficino, traductor del Fedón tuvieron estas traducciones a mano, que sólo fueron desbancadas por sus versiones impresas en el s. XVI. [regresar]

[7] Gigante, Poeti italobizantini del sec. XIII. Collana di studi greci, 22, 1953. [regresar]

[8] Setton, Byz. Backg., p. 15. [regresar]

[9] Weiss, Medieval and Humanist Greek. Padova, 1977, p. 108. [regresar]

[10] Weiss, Med. & Hum. Gr. p. 117-118.; Wilson, Apo to Byzántio stin Anagénnisi. Athina, 1994, p. 16, opina que esta labor de conservación de textos perdidos en su versión original es el único mérito de las traducciones de Niccolò da Reggio. Suponemos, pues, que continúa el estilo de la traducción escolástica ad verbum. [regresar]

[11] Weiss, Med. & Hum. Gr. p. 38. [regresar]

[12] Lapidge, The Study of Greek at the School of Canterbury in the Seventh Century, en Herren & Brown, The Sacred Nectar of the Greeks: the Study of Greek in the West in the Early Middle Ages, London, 1988, pp. 169-194. Lapidge se muestra muy optimista con respecto al nivel alcanzado en esta escuela, en la que, según él, los alumnos podrían haber llegado a entender un ms. griego sin ayuda. Cavallo, "La circolazione dei testi greci nell'Europa dell'Alto Medioevo", en Hamesse-Fattori, Traductions et traducteurs de l'antiquité tardive, Louvain, 1990, duda seriamente de esta afirmación, considerando que aquel aprendizaje fue más bien modesto, y que, en todo caso, carecemos de pruebas que nos indiquen el nivel alcanzado en realidad. [regresar]

[13] Setton: Byzantine Background of the Italian Renaissance. Proc. Am. Ph. Soc., C, 1956, p. 5. [regresar]

[14] Artz, Renaissance Humanism (1300-1550), Michigan, 1987, p.3. [regresar]

[15] Citado por Roushe, H.: Karlomágnos, o patéras tis Evrópis. Istoría Ikonografiméni, t. 282, Dek. 1991, s. 33,(en griego); Weiss: Medieval and Humanist Greek. Padova, 1977, p. 46. [regresar]

[16] Cavallo, La circolazione dei testi greci nell'Europa dell'Alto Medioevo en Hamesse-Fattori, Traductions et traducteurs dans l'antiquité tardive, Louvain, 1990, p. 48; Dionisotti, Greek Grammars and Dictionaries in Carolingian Europe. En Herren-Brown, The Sacred Nectar of the Greeks: the Study of Greek in the West in the Early Middle Ages. London, 1988, pp. 1-44. [regresar]

[17] Setton, Byz. Backg., p. 6. [regresar]

[18] Théry, G.: Scot Erigène traducteur de Denys. Bulletin du Cange, VI, 1931. [regresar]

[19] Weiss, Med. & Hum. Gr. pp. 45-46. [regresar]

[20] Weiss, Med. & Hum. Gr. p. 5. [regresar]

[21] Weiss, Med. & Hum. Gr., p. 47. [regresar]

[22] Weiss, Med. & Hum. Gr. p. 47. [regresar]

[23] Weiss, Med. & Hum. Gr., p. 9. [regresar]

[24] Weiss, Med. & Hum. Gr., p. 80-84. [regresar]

[25] Sobre esto véase Dionisotti, Robert Grosseteste and the Greek Encyclopaedia, en Hammesse-Fattori, Traductions et traducteurs dans l'antiquité tardive. Louvain, 1990, pp. 337-353. [regresar]

[26] Weiss, Med. & Hum. Gr., p. 85. [regresar]

[27] Sobre esto véase James, Graeco Latin Lexicon of the Thirteenth Century. Mélanges Offerts à M.E. Chatelain, Paris, 1910, pp. 396-411. [regresar]

[28] Wilson, Apo to byzántio..., pp. 15-16. Estos textos fueron la Política de Aristóteles, y algunos textos de Arquímedes y del neoplatónico Proclo. Su actividad traductora no generó escuela. [regresar]

[29] Weiss, Med. & Hum. Gr., pp. 193-194. [regresar]

[30] Weiss, Med. & Hum. Gr., p. 69. [regresar]

[31] Pertusi, La scoperta di Euripide nel primo umanesimo. Italia Medioevale e Umanistica, III, 1960, p. 107. [regresar]

[32] Weiss, Med. & Hum. Gr., p. 199. [regresar]

[33] Artz, The Mind of the Middle Ages. New York, 1965, p. 501.; Setton, Byz. Backg., p. 50. [regresar]

[34] Setton, Byz. Backg. p. 50. [regresar]

[35] De una carta de Salutati al Cardenal Corsini recogida por Setton, Byz. Backg., p. 50. [regresar]

[36] Weiss, Med. & Hum. Gr., p. 212-213. [regresar]

[37] Weiss, Med. & Hum. Gr., p. 202. [regresar]

[38] Ullman, Some aspects of the Origins of Italian Humanism. Philological Quarterly, XX, 1941, pp. 29-30. [regresar]
 


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