"Todo párroco de Roma sabe que la visita a las parroquias debe concluir con un encuentro del Obispo de Roma con los jóvenes. y no solamente en Roma, sino en cualquier parte a la que el Papa vaya busca a los jóvenes, y en todas partes es buscado por los jóvenes. Aunque, la verdad es que no es a él a quien buscan. A quien buscan es a Cristo, que «sabe lo que hay en cada hombre»(Juan 2,25), especialmente en un hombre joven,! y sabe dar las verdaderas respuestas a sus preguntas! y si son respuestas exigentes, los jóvenes no las rehuyen en absoluto; se diría más bien que las esperan.
Se explica así también la génesis de las jornadas mundiales de los jóvenes. Inicialmente, con ocasión del Año Jubilar de la Redención y luego con el Ano Internacional de la Juventud, convocado par la Organización de las Naciones Unidas (1985), los jóvenes fueron invitados a Roma.Y éste fue el comienzo. Nadie ha inventado las jornadas mundiales de los jóvenes. Fueron ellos quienes las crearon. Esas jornadas, esos encuentros, se convirtieron desde entonces en una necesidad de los jóvenes en todos las lugares del mundo. Las más de las veces han sido una gran sorpresa para los sacerdotes, e incluso para las obispos. Superaron todo la que ellos mismos se esperaban.
Estas jornadas mundiales se han convertido también en un fascinante y gran testimonio que los jóvenes se dan a sí mismos, han llegado a ser un poderoso medio de evangelización. En los jóvenes hay un inmenso potencial de bien, y de posibilidades creativas. Cuando me encuentro con ellos, en cualquier lugar del mundo, espero en primer lugar todo lo que ellos quieran decirme de su sociedad, de su Iglesia. y siempre les hago tomar conciencia de esto: «No es más importante, en absoluto, lo que yo os vaya a decir; lo importante es lo que vosotros me digáis. Me lo diréis no necesariamente con palabras; lo diréis con vuestra presencia, con vuestras canciones, quizá incluso con vuestros bailes, con vuestras representaciones; en fin, con vuestro entusiasmo.»
Tenemos necesidad del entusiasmo de los jóvenes. Tenemos necesidad de la alegría de vivir que tienen los jóvenes. En ella se refleja algo de la alegría original que Dios tuvo al crear al hombre. Esta alegría es la que experimentan los jóvenes en sí mismos. Es igual en cada lugar, pero es también siempre nueva, original. Los jóvenes la saben expresar a su modo.
No es verdad que sea el Papa quien lleva a los jóvenes de un extremo al otro del globo terráqueo.Son ellos quienes le llevan a él.Y aunque sus años aumentan, ellos le exhortan a ser joven, no le permiten que olvide su experiencia, su descubrimiento de la juventud y lagran importancia que tiene para la vida de cada hombre. Pienso que esto explica muchas cosas.
El día de la inauguración del pontificado, el 22 de octubre de 1978, después de la conclusión de la liturgia, dije a las jóvenes en la plaza de San Pedro: «Vosotros sois la espe-ranza de la Iglesia y del mundo. Vosotros sois mi esperanza.» Recuerdo constantemente aquellas palabras".