Quique González

Text Box: En la ciudad del viento

Crónicas 2006

Crónicas de Octubre en el

Chacareran Teatre

Por Ayelén

 

Tres viernes por la noche, llameantes de música, de escenarios, de rock. Tres viernes en el Chacarerean Teatre, Quique González presentando por primera vez en Argentina su último disco, Ajuste de Cuentas. Tres noches se visten de fiesta y primavera en Buenos Aires, ciudad encendida.

Show de prensa

El 29 de septiembre fue el show de prensa, tras haber sido presentado en televisión días atrás. Éramos pocos ese día los que lo conocíamos; aunque la música fuera única, incomparable, la mayoría del público apenas si había escuchado algunos temas, los más conocidos. Esa fue la noche de los éxitos, de las anécdotas y las explicaciones, y de algunos temas nuevos que quiso estrenar en la ciudad porteña. Nuestra emoción, nuestra felicidad, fueron únicas en aquel momento pero no superaron las vivencias del viernes siguiente.

El primer encuentro, el primer amor

El 6 de octubre se amontonaban varios grupos en la entrada del Chacareran. Ese día todo empezaba en reencuentros, en sonrisas y charlas ansiosas por entrar. Las puertas finalmente se abrieron, para recibirnos un cálido ambiente poblado de mesas y sillas expectantes, que mirando hacia el escenario vacío daban a entender que allí se iba a disfrutar del show. El escenario, con los instrumentos sobre él, esperaba también al músico que esa noche sería su protagonista.

Cuando bajaron las luces y Quique subió al escenario, nadie supo lo que podría venir después. Había cierto nerviosismo gris pegado en el aire, y el enorme misterio de ver a alguien por primera vez; aunque esa primera vez no fuera precisamente la primera, aunque en ciertos puntos el misterio quisiera desnudarse, nunca Buenos Aires había repetido tantas veces su nombre con una voz de aliento y admiración, nunca Buenos Aires le había retribuido su amor. Esta noche se fusionaban ese amor y esa admiración, todo se mezclaba en el aire y permitía aquella conexión, aquel sueño hecho realidad: Quique en Buenos Aires.
Pequeño sobre el escenario, se sienta al piano:
Buenas noches. Yo soy Quique González y esta es mi primer presentación en Buenos Aires”. Pero antes de empezar confiesa que su guitarra había sufrido un inconveniente y que estaba todavía en el post-operatorio, en recuperación. Y hablando de post-operatorios es que quiere comenzar, para romper ese miedo, para entrar en confianza, con un tema nuevo que surgió en una casual visita a la lavandería: una prosa melódica, un piano sumado a su voz dulce.

Luego de tocar en el piano el tema nuevo y A cara de perro, recupera su guitarra y dice al público que pidamos los temas que queremos escuchar. Se alzan las voces apuradas por llegar a los oídos de Quique desde todos los puntos de la sala. Son muchos los nombres, muchas la opciones, cualquiera de ellas será recibida con entusiasmo. Quique se asombra al escuchar “¡Romeo y Julieta!” y decide hacer honor a los principios de su carrera.

Los pedidos se fueron multiplicando y extendiendo a medida que avanzaba la noche y la emoción por escuchar los temas favoritos se hacía lugar entre los aplausos y los vitoreos. Caminando en círculos, Salitre, De haberlo sabido, Ayer quemé mi casa fueron algunos de los temas con los que nos deleitó antes de elegir él mismo el tema que quería tocar: Polvo en el aire. Siguió con Permiso para aterrizar, La ciudad del viento y Se nos iba la vida, la cual dedicó a los primeros fans que le hicieron una página web, la primer página web en el principio de su carrera. A nosotros se nos ablandó el corazón, se nos dibujaron sonrisas y se nos humedecieron los ojos cuando nos mencionó y señaló. No importaba ya que casi todos allí se dieran vuelta a mirarnos; para él era especial que estuviéramos allí, pidiéndole canciones, y allí estábamos, emocionados y sonriendo, aún sin darnos cuenta de ello y con cualquier palabra atravesada en la garganta, sin poder murmurar apenas un gracias gigantezco.

El rock se quiso hacer sentir y Quique invitó al escenario a Pablo Guerra con quién tocó Vidas Cruzadas. Luego el invitado sería Carlos Tarque y las canciones serían Pequeño Rock & Roll y Te lo dije. Esta noche también tocó otros temas nuevos: Hay partida y la historia de la señora en bata que lo escuchaba del otro lado de la puerta y que lo alentó a terminar la canción, que luego dejó anotada en un papel debajo de su puerta, y Doble fila. Sin embargo, los pedidos se renovaban y se repetían constantemente, la cantidad de temas tocados ya rozaba los 20, Quique estaba por irse, se despedía y ya se iba cuando todos se pusieron a gritar su nombre, a pedirle que vuelva. Finalmente volvió con una sonrisa aunque cansado para tocar Rompeolas, Pájaros Mojados, Alhajita, Arañazos de piel roja, un pedazo de Paloma de Andrés Calamaro a pedido de La corriente del Salmón y para hacer el cierre estupendamente con Crece la hierba. Ya nadie se podía quejar, los aplausos y ovaciones se reproducían en la sala y muchos fuimos los que nos pusimos de pie para aplaudir a nuestro músico y poeta. La despedida esa noche sería “Hasta el próximo viernes”.

Incondicionales, las tres noches

13 de Octubre. Era la última noche, el tiempo estaba ansioso por ser veloz, como lo había sido durante las 3 últimas semanas, quería apurarse e irse a dormir. Pero hay cosas que no pueden apurarse, no se pueden librar al azar, y esta noche aunque corría deprisa, se hacía pesada con la humedad y la tristeza de saber que luego de esa noche no habría más noches de viernes en concierto. ¿Extrañaría la ciudad nuestros pasos desconocidos, ahora ya inconfundibles? ¿Extrañaría nuestras miradas perdidas entre los cientos de luces anaranjadas, nuestra voz afónica en el aire, nuestra sonrisa y nuestra paz? Quizás la ciudad nos extrañe, pero creo que no tanto como nosotros a ella.

En medio de encuentros y charlas la tristeza y el desánimo querían ganarme, pero bajaron las luces y Quique, caminando entre las mesas hacia el escenario, hizo que olvidara el después, y que entendiera que esa noche estaba ahí para que yo la disfrutara y la viviera, sin importar más que lo que había importado hasta ese momento: sentir la música que aprendía a escaparse del disco y a sonar diferente, a sonar más viva, a sonar ya no desde afuera hacia mí, sino desde mí, la vibración, hacia los sonidos, la música.

Esta vez empezó con su guitarra Piedras y Flores, para luego recordar que también hoy podíamos pedir canciones. Rompeolas, Día de Feria, Caminando en círculos, Me agarraste, La ciudad del viento fueron algunos de los temas que recreó con su guitarra y el acompañamiento incondicional de su armónica; Pequeño Rock & Roll, Dos tickets, Reloj de Plata, Hotel Solitarios y Hotel Los Ángeles fueron los protagonistas al piano.

Teniendo como invitados a sus amigos Pablo Guerra y Lisandro Aristimuño, el trío se aventuró en versiones rockeras y atrevidas de Vidas Cruzadas y Superman, movilizando al público a cantar y aplaudir al compás. Se sucedieron más pedidos con De haberlo sabido, Los conserjes de noche, Kamikazes enamorados y su auto-dedicada Polvo en el aire. Quique invitó a Lisandro Aristimuño una vez más para hacer una versión más despierta de Salitre y para terminar con Arañazos de piel roja casi a capella en una extraña fusión entre la voz dulce y grave de Quique y la aguda de Lisandro, con un leve acompañamiento de la guitarra en ciertos momentos. Así, se despidieron del público y Quique se despidió de Buenos Aires, de su público y sus amigos, ya que al día siguiente volvía a España.
A la salida todos se amontonaban ansiosos frente a la puerta cerrada, esperando que saliera a firmar discos, a sacarse fotos con los fans, a saludar, a contarle cómo habían llegado hasta él, cada uno con una historia distinta, a darle regalos. Todos esperaban que él supiera que acá lo seguimos.
Y él sonreía y agradecía a todos aquellos que le hablaban con su corazón.

Nosotros lo esperábamos, sabemos que los músicos “se deben a su público”, y esperamos con paciencia el momento en que pudiera despedirse de nosotros. Finalmente vino: abrazos, fotos, discos y firmas –conste que nosotros también somos fans- y los comentarios… “Vosotros sois incondicionales, han venido los tres días” nos dijo con una sonrisa Y nosotros, felices. No sólo felices por saber que le importa nuestra presencia, no sólo felices de haber presenciado al músico que tanto admiramos, de haber escuchado su música recreada, felices también por estas tres noches espléndidas, por saber que volverá en unos meses, por saber que para él tendremos siempre una sonrisa en la cara, una mano dispuesta, un corazón abierto a escuchar su música, su voz.

Octubre 2006