ANTONIO MACIAS LUNA

De insoportable insomnio aflicto y harto,
censuro de un durmiente su ronquido;
retumba con belísono rugido
la espaciosa caverna de mi cuarto.

Con ojos de lechuza el aire ensarto
para alejar de mí el torvo sonido
que de fláccida boca, con silbido
de bomba, pone mi soñar de parto.

La quietud que de mi alma en pena huye,
tras dejarla en penoso purgatorio,
en vigilia angustiosa se diluye.

¡Sigue y sigue el frenético jolgorio!
Golpea, bate con furor mis sienes
un mazo de mortíferos vaivenes.