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A
estas palabras replico, exhalando un gemido. "¡Llegado es ya nuestro
ultimo dia, llegado es ya el inevitable termino de la ciudad dardania! ¡Los
troyanos fuimos, fue Ilion, fue la gran gloria de los teucros!
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Fiero
Jupiter, lo ha transferido todo a Argos; los danaos se señorean de nuestra
ciudad, incendiada.
El colosal caballo, colocado en medio de nuestras murallas, arroja torrentes
de guerreros, y Sinon, vencedor e insultante, lleva doquiera el incendio; otros
ocupan las puertas, abiertas de par en par, en tan numerosa muchedumbre cual
nunca vino mayor de la poderosa Micenas. |
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Otros
cierran con una lluvia de flechas las angostas calles; por todas partes prueban
el filo de las espadas y las centellantes puntas fulminan la muerte; apenas
si los primeros centinelas de las puertas prueban a pelear y en medio de las
tinieblas resisten en desesperada lid
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Se
olvidará el nombre de esta región como todo se
olvida; ya no existe la desdichada Troya...
Las
Troyanas, Euripides
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