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¡Quien
podria narrar dignamente la mortandad y los horrores de aquella noche y ajustar
sus lagrimas a tantos desastres!
Cayo la antigua ciudad, libre y poderosa por tantos años; por todas partes
se ven tendidos cadaveres inertes en las calles, delante de las casas y en los
sagrados umbrales de los dioses. |
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Mas
no son solo los teucros los que derraman su sangre; tambien a veces renace
el valor en el corazon de los vencidos, y sucumben los vencedores danaos.
Por todas partes lamentos y horror; por todas partes la muerte, bajo innumerables
formas
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¡Ah!
¡en nada hay que fiar cuando los dioses son contrarios! Vemos en esto
venir del templo de Minerva, tendido el cabello y casi arrastrada, a la virgen
Casandra, hija de Priamo, alzando en vano al cielo sus inflamados ojos; sus
ojos nada mas, pues llevaba amarradas las tiernas manos.
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Tiembla
la tierra, tiembla toda la ciudad al desplomarse.
Trémulos miembros, arrastren mis pies.
Vamos a vivir en la esclavitud....
Las
Troyanas, Euripides
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