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Su
presencia inflama mi animo; ciego de ira, quiero vengar en ella la ruina de
mi patria y castigar de una vez tantas maldades. Y ¿que? ¿sera
justo, exclame, que esta mujer vuelva incolume a Esparta y a su patria Micenas,
como triunfante reina? ¿Sera justo que vuelva a ver a su esposo, sus
hogares, a sus padres, a sus hijos, acompañada de una muchedumbre de
troyanos y de doncellas frigias, mientras que Priamo ha muerto acuchillado y
Troya es presa de las llamas, mientras que nuestras playas se han empapado tantas
veces de sangre dardana? No, no sera; porque si bien no hay gloria alguna en
castigar a una mujer, ni tal victoria es honrosa, al cabo merecere alabanza
por haber exterminado a esta infame y dandole el merecido castigo, y confortara
mi alma el deseo ardentisimo de vengar a mi patria y de aplacar los manes de
los mios. |
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Asi
exclamaba, arrebatado de furor, cuando se me aparecio, cual nunca tan patente
la habian visto mis ojos, brillante con purisima luz en medio de la noche mi
divina madre Venus, con atavios de diosa, tan soberana y bella cual suele mostrarse
a los inmortales, contuvome asiendome mi diestra, y de su rosada boca dejo caer
estas palabras:
¿Cual inmenso dolor, hijo mio, provoca tus indomitas iras? ¿como
asi te ciega el furor? Como asi te olvidas de mi y de los tuyos? ¿por
que no atiendes mas bien a buscar donde lo has dejado a tu padre Anquises, abrumado
por la ancianidad, y a ver si aun viven Creusa y el niño Ascanio?
Por todas partes los rodean las desbandadas huestes griegas, y si no lo resistiera
mi desvelo, ya los hubieran devorado las llamas o la enemiga espada habria derramado
su sangre.
No, no culpes en este trance a la diosa Lacedemonia, hija de Tindaro, ni a Paris;
la inclemencia de los dioses, de los crueles dioses, es la que ha asolado todas
esas grandezas y derribado a Troya de su alto asiento. |
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"...mi divina madre Venus, con atavios de diosa, tan soberana y bella
cual suele mostrarse a los inmortales"
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Atiendeme
bien, porque voy a disipar la densa nube que con su humeda sombra rodea y ofusca
ahora tus ojos mortales; oye sin temor los mandatos de tu madre y no titubees
en obedecerlos.
Alli donde ves aquellas moles derruidas y aquellos peñascos revueltos
entre si, y aquellos nubarrones de humo y polvo, esta Neptuno batiendo con su
poderoso tridente los muros y sus removidos cimientos, descuajando con su empuje
toda la ciudad; alli la crudelisima Juno ocupa al frente del enemigo las puertas
esceas, e hirviendo en ira, blandiendo su lanza, grita a sus amigas huestes
griegas que acudan de las naves...
Mira como la tritonia Palas, rodeada de una esplendente nube y embrazada la
aterradora egida, en que se ve la cabeza de la Gorgona, se asienta en la mas
eminente torre.
El mismo padre de los dioses infunde aliento a los danaos y favorece sus esfuerzos;
el mismo concita a los dioses contra las armas troyanas.
Huye, pues, hijo mio, y pon fin a una vana resistencia.
En donde quiera me tendras a tu lado y te dejare seguro en tus nativos umbrales".
Dijo, y desaparecio entre las densas sombras de la noche.
Entonces vi patentes los irritados rostros de las grandes deidades enemigas
de Troya... |
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Míseras compañeras de los guerreros troyanos, míseras
vírgenes y desventuradas esposas, ¡lamentémonos que
humea Ilión!...
Las
Troyanas, Euripides
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