|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
¡Levanta
tu cabeza, desventurada! Levanta tu cuello,
ya no existe Troya, y nosotros no reinamos en ella.
¡Ay de mí! ¿Cómo no he de llorar sin patria, ni hijos
y sin esposo? ¡Desdichada de mí! ¡Tristemente reclino
mis miembros, presa de insoportables dolores,
yaciendo en duro lecho! ¡Ay de mi cabeza! ¡Ay de
mis sienes y mi pecho! ¡Cuánta es mi inquietud!
¡Cuánto mi deseo de revolverme en todos sentidos
para dar descanso a mi cuerpo y abandonarme a
perpetuos y lúgubres sollozos!
|
|
|
|
|
|
|
 |
|
|
|
|
|
¡Proas
ligeras de las
naves, que arribaron con vuestros remos a la sagrada
Ilión, para rescatar la aborrecida esposa de Menelao,
por cuya causa fue degollado Príamo, padre
de cincuenta hijos, y cayó sobre mí, sobre la desdichada
Hécuba, esta calamidad! Funesto destino que
me obligas a habitar ahora en las tiendas de Agamenón.
¡Llévanme, vieja esclava, de mi palacio, y lúgubre
rasura me ha despojado de mis cabellos! Míseras
compañeras de los guerreros troyanos, míseras vírgenes
y desventuradas esposas, ¡lamentémonos que
humea Ilión!
|
|
|
|
|
 |
|
|
|
|
|
Hécuba,
¿a qué esos clamores?, ¿a qué esos gritos?,
¿qué pretendes? Oí tus lamentos y el miedo se apoderó
de las troyanas, que lloran su esclavitud.
HÉCUBA:
¡Oh, hijas, ya se mueven los remos de las naves argivas!
CORO 1:
¡Ay de mí, desventurada! ¿Qué quieren? ¿Me
llevarán,
a las naves, arrancándome de mi patria? |
|
|
|
|
 |
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|