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EL EXTREMEÑO ORAL Y ESCRITO EN VARIEDAD DIALECTAL

(Ponencia presentada en el I Congreso sobre el extremeño, Calzadilla 2002)

José Antonio González Salgado

Hablar del extremeño oral y escrito en variedad dialectal implica la aceptación de unos hechos diferenciadores con respecto al castellano que no siempre resultan evidentes. Por eso, voy a utilizar la expresión "dialectal" del título en un sentido amplio, y voy a intentar señalar los caracteres que —dialectales o no— definen la variedad lingüística hablada y escrita en Extremadura.

Pero antes de pasar revista a las peculiaridades que presenta en la oralidad y en la escritura el habla extremeña, conviene delimitar el campo de estudio sobre el que operamos y exponer la visión general que extraemos de los hechos lingüísticos que aparecen en nuestra región.

Uno de los aspectos polémicos que envuelven a las hablas de Extremadura es el de su consideración dentro del mosaico dialectal hispánico: el problema de su filiación. Y es un aspecto polémico no solo por la diversidad de interpretaciones que se han esgrimido para encuadrar unas hablas que no parecen tener cabida en los moldes establecidos por la Lingüística (1), sino también porque el punto de vista que se adopte puede ser considerado desde una perspectiva ideológica ajena a los estudios dialectales.

Las hablas, las lenguas, las variedades dialectales, las jergas, o cualquier otra manifestación del modo de hablar son dignas de estudio por sí mismas, independientemente de la etiqueta que los que nos dedicamos a su análisis nos empeñemos en colocarlas. Por otra parte, el hecho de que yo considere que las hablas de las que ahora nos ocupamos no son un dialecto no significa, ni más ni menos, que mi interpretación de lo que tiene que ser un dialecto es distinta del sentido que dan a la noción de dialecto aquellos que opinan que el extremeño sí lo es (2).

Desde mi punto de vista, hablar de dialecto extremeño supone, en primer lugar, delimitar geográficamente el territorio que presenta unos rasgos compartidos, que a su vez se distancian de los rasgos comunes castellanos; es decir, si existe un dialecto extremeño, tiene que haber un territorio que comparta rasgos dialectales. Además, hablar de dialecto extremeño, supone también que esos rasgos que lo definen son exclusivos de Extremadura, ya que de lo contrario estaríamos utilizando para individualizar nuestras hablas unos hechos que al estar presentes en otros dominios lingüísticos no nos marcarían ninguna frontera entre lo que es extremeño y lo que son otras hablas vecinas. Además, hablar de dialecto extremeño implica cierta conciencia lingüística por parte de los hablantes de estar utilizando un modelo que se aparta, en mayor o menor medida, de la lengua oficial. Veamos, punto por punto, si se dan estas condiciones y si es posible hablar del extremeño como un dialecto del castellano (3).

Primer punto: la posible extensión del dialecto extremeño

Los que defienden la consideración del extremeño como un dialecto, ¿a qué territorio geográfico reducen su extensión?. Los únicos rasgos generales en prácticamente toda la región, en lo que respecta a la fonética, son la aspiración de -s implosiva y la aspiración de la consonante velar fricativa sorda castellana. Estos aparte —claro está— de los consabidos vulgarismos presentes en todo el dominio castellano (en especial, de la pérdida de la -d- intervocálica). En cuanto a la morfología, solo el uso del diminutivo -ino, de procedencia leonesa, se presenta de manera general en la mayor parte del territorio; y en lo que atañe al léxico, quizá puedan tener este carácter general el doble significado de los verbos quedar, entrar y caer —aunque para afirmar esto convendría tener datos actuales que por ahora no poseemos— junto a ciertos vocablos, normalmente pertenecientes a campos semánticos tradicionales del entorno rural. El resto de los rasgos que se aducen como extremeños, hoy en día, presentan una distribución muy limitada. Así, por ejemplo, el cierre de las vocales finales a la manera leonesa se reduce a la zona más septentrional de la provincia de Cáceres, y aun dentro de esta zona, únicamente se observa este fenómeno en las generaciones de más edad. Similar situación presentan otros rasgos, como la aspiración de la f- inicial latina, hoy casi extinguida, o la conservación del grupo -mb- y de la epéntesis de yod en la terminación, que se escuchan de manera esporádica, y en todo caso en lexicalizaciones, en lo que era la antigua Extremadura leonesa. Otros fenómenos que se utilizan para caracterizar el extremeño frente al resto de hablas hispánicas han visto reducida su extensión hasta su casi total desaparición, como es el caso de la conservación de las antiguas consonantes sonoras del español medieval (adeiti por aceite, jadel por hacer, etc.) o el rotacismo de la l en los grupos "muta cum liquida" (brancu por blanco, igresia por iglesia, etc.).

Segundo punto: los rasgos lingüísticos propios de Extremadura

¿De todos los fenómenos lingüísticos que se proponen para definir la variedad hablada en Extremadura cuáles son los que se presentan exclusivamente en la región?, o mejor aun, ¿cuáles, aunque presentes en otras zonas dialectales, tienen su origen en Extremadura?

Evidentemente, rasgos exclusivos, o preferentemente extremeños, son la conservación de las consonantes sonoras medievales, que —como ya ha quedado dicho— se presenta de manera muy esporádica en la zona septentrional; la neutralización de las consonantes l y r en posición final (señol por señor, comel por comer, etc.), fenómeno fonético que aunque parezca muy definidor de las hablas extremeñas es desconocido en la mayor parte de la provincia de Badajoz, excepto en su frontera oriental; y la conservación como oclusiva de la b fricativa procedente de P latina que existe en dos localidades cacereñas (Serradilla y Garrovillas). El resto de fenómenos (yeísmo, neutralización de líquidas en posición implosiva, pérdida de consonantes en posición final, aspiración de -s implosiva, etc.) ni tienen su origen en Extremadura ni se manifiestan únicamente aquí, sino que proceden de otros dominios lingüísticos, hecho por el que muy acertadamente las hablas de estas tierras fueron catalogadas como "hablas de tránsito" por Alonso Zamora Vicente (4), opinión compartida en fechas más recientes por Pilar García Mouton y Mª de los Ángeles Álvarez Martínez (5).

¿Son todos éstos rasgos suficientes para afirmar que en Extremadura se habla un dialecto? Creo sinceramente que no. Pero aún hay más, hacer depender la naturaleza dialectal de una variedad lingüística de unos cuantos rasgos fonéticos resulta bastante pobre, puesto que entonces estamos aplicando el término dialecto en su sentido vulgar (‘manera de hablar’), pero no en el sentido científico (6). Como dice José Mondéjar: "Con unas cuantas diferencias fonológicas no me parece que se pueda establecer la entidad diferencial global de un dialecto; hace falta que en la misma, en menor o en mayor medida, se vea alterada la estructura morfosintáctica y lexicosemántica (…) El concepto de dialecto implica dependencia respecto de una realidad lingüística mayor, de la que difiere no sólo en el plano de la funcionalidad fónica, sino también en el de la morfológica y sintagmática" (7).

Tercer punto: la conciencia lingüística (8)

El tercer punto que he señalado como condición para hablar de dialecto extremeño es el de la necesaria existencia de cierta conciencia por parte de los hablantes de utilizar una modalidad distinta, aunque no obligatoriamente muy distante, de la lengua normativa.

Como reconoció Manuel Ariza, "la conciencia lingüística de los hablantes (...) es fundamental en el devenir de una comunidad" (9). Esto quiere decir que la actitud que los hablantes adoptan hacia su habla debe ser tenida muy en cuenta por quienes nos acercamos a estudiar sus rasgos, ya que son los propios hablantes los que evalúan su pertenencia a una determinada comunidad lingüística.

Las pocas opiniones que se han expresado sobre la conciencia lingüística de los hablantes de Extremadura inciden en la baja estima social o desprestigio con que estos hablantes observan su forma de hablar (10).

Una de las cuestiones por las que interrogué a mis informantes cuando aplicaba el cuestionario con que recogí los datos de mi tesis doctoral fue el nombre del habla de la localidad. Las 64 respuestas que obtuve para la cuestión de la denominación del habla local se distribuyen del siguiente modo: castellano (29 respuestas), extremeño (20 respuestas) (11), español (3 respuestas), dialecto (2 respuestas), hurdano, lagarteiru, chinato, ceclavinero, portugués, castúo, madroñero, fontanés, chelero y con la ‘s’ (1 respuesta cada una).

Existen claramente tres grupos en los que incluir las denominaciones ofrecidas: a) respuestas que denotan una ausencia de conciencia lingüística ajena al castellano (castellano-español); b) respuestas que denotan una conciencia lingüística distinta a la castellana (extremeño-castúo-dialecto); y c) respuestas que remiten a la variante lingüística local, considerada como una entidad diferente de la de los municipios vecinos (resto de denominaciones). Aparte quedan la respuesta portugués, que fue la segunda que proporcionó el informante de Cedillo, debido a su bilingüismo, y la respuesta con la ‘s’, ofrecida en Cheles, con la que la mujer de mi informante quería recalcar el rasgo fonético que los diferencia de otras localidades: el seseo.

Un 50 por 100 de las respuestas allegadas indican que los informantes no encuentran diferencias significativas entre su modalidad lingüística y la de otras comunidades en las que también se habla español, de ahí que 32 de las respuestas totales remitan al nombre del idioma nacional (castellano o español). En cuanto a la distribución geográfica de la respuesta castellano poco se puede decir: se encuentra repartida por toda la región, con una presencia casi idéntica en las dos provincias (15 respuestas en Cáceres y 13 en Badajoz). La conclusión que podemos extraer de estos hechos es la misma que ya se adujo para el caso andaluz a partir de los datos que presenta el ALEA: Extremadura y el extremeño, "por lo menos en la conciencia de sus habitantes, no ha roto por completo las amarras de enlace con la comunidad nacional" (12).

El segundo grupo de respuestas es el que denota cierta conciencia por parte de los hablantes de utilizar un modelo lingüístico diferenciado: extremeño, castúo y dialecto.

La respuesta extremeño se ofreció en 8 municipios cacereños y 12 pacenses, y —al igual que ocurre con la denominación castellano— su distribución es homogénea por toda la geografía, aunque es cierto que manifiesta algo más de vitalidad en la mitad meridional de la provincia de Badajoz. Lo que resulta relativamente curioso es que en tan solo una localidad (Serradilla) el informante se refirió al nombre de su variedad lingüística como castúo, lo que significa que la denominación propuesta por algunos semilingüistas e inventada por Luis Chamizo no goza de mucho prestigio entre los hablantes extremeños (13). Tanto en Garrovillas como en Olivenza la respuesta ofrecida fue dialecto, debido sin duda a que los informantes consideran muy alejados del castellano los rasgos que son propios de sus respectivos lugares de origen: el habla de Garrovillas se caracteriza por su arcaísmo, el de Olivenza por la influencia portuguesa.

El tercer grupo de denominaciones está constituido por nombres del habla formados sobre el del pueblo, con lo que se quiere dar a entender que su modalidad es específica de la localidad, o que contiene elementos divergentes respecto al habla de otros municipios del entorno. Estas respuestas fueron: ceclavinero (Ceclavín), madroñero (Madroñera), fontanés (Fuente del Maestre) y chelero (Cheles). En la respuesta hurdano (Casar de Palomero) se recurre a la denominación de la comarca, Las Hurdes, por lo que en la conciencia del informante no parece que existan diferencias significativas entre los hablantes de los diferentes pueblos de esta zona de la provincia de Cáceres. Las respuestas chinato (Malpartida de Plasencia) y lagarteiru (Eljas) remiten a los nombres con que tradicionalmente se han nombrado las hablas de esas dos localidades, pese a que hoy en día —sobre todo en el caso de Malpartida de Plasencia— los rasgos diferenciadores se hayan ido borrando.

Por lo tanto, desde mi punto de vista, ni la distribución territorial de los fenómenos lingüísticos que encontramos en Extremadura, ni el carácter de estos rasgos ni la conciencia lingüística general de los hablantes son hechos que permitan que se pueda hablar de un dialecto extremeño equiparable al leonés, al aragonés o incluso al andaluz (14). Por otra parte, esto no quiere decir que el estudio de las hablas populares de nuestra región tenga menos interés que el estudio de los dialectos, sino simplemente que las hablas extremeñas tienen una consideración distinta de otras hablas hispánicas, y ni son inferiores ni tienen que ser excluidas de una investigación desde planteamientos científicos.

EL EXTREMEÑO ORAL: SUS PECULIARIDADES FONÉTICAS

La pronunciación y la entonación son los hechos diferenciales más perceptibles que caracterizan a los hablantes extremeños. Desde el punto de vista morfológico, solo el diminutivo -INO (presente también en otros dominios, aunque con menor vitalidad) se puede considerar un rasgo diferenciador. No obstante, algunos de sus rasgos fonéticos manifiestan una variedad y unas localizaciones geográficas que no siempre han sido observadas con atención, aparte de que algunas interpretaciones de ciertos hechos fonéticos del extremeño solo merecen catalogarse de curiosas, cuando no de auténticas aberraciones. Un ejemplo significativo es el que nos proporciona José Velo Nieto, que, a mi entender, interpreta de forma descabellada unos hechos lingüísticos que nada tienen que ver con aspectos fisiológicos de dudosa generalización: "Puede sentarse que los jurdanos pronuncian siempre con escasa fuerza articulatoria; su poca vitalidad no les permite grandes esfuerzos musculares, ni siquiera en el lenguaje" (15). Decir esto supone proponer la disparatada hipótesis de que los hurdanos son una especie de raza inferior, cuestión que en todo caso correspondería investigar a algún antropólogo, pero desde luego no a un lingüista.

En lo que se refiere a la fonética de las hablas extremeñas hay opiniones para todos los gustos: desde los que opinan, por ejemplo, que en Plasencia existe una /s/ dorsal, un yeísmo de rehilamiento extremo o una formación del plural análoga a la del andaluz oriental (16), hasta los que se empeñan en consagrar en sus transcripciones un estado de habla arcaico que no se corresponde con la realidad actual (17).

En las hablas extremeñas encontramos rasgos de procedencia leonesa, fenómenos arraigados en la totalidad de las hablas meridionales, pronunciaciones de origen portugués, y vulgarismos y arcaísmos castellanos.

Los rasgos de procedencia leonesa se hacen patentes, en especial, en áreas repobladas con gentes del Reino de León en la época de Reconquista (siglos XII-XIII). Los fenómenos fonéticos más representativos son (18): cierre de las vocales finales -o>[u] y -e>[i]; epéntesis de yod en la terminación; conservación del grupo latino -mb-; y el tratamiento de los grupos iniciales e internos pl, cl, fl, bl y pr, cr, fr, br.

Los rasgos meridionales son fenómenos característicos del sur de España, aunque algunos —como la aspiración de -s implosiva— están cada vez más documentados en regiones septentrionales. Destacan el yeísmo, la aspiración de -s implosiva y final, la neutralización de -r y -l en posición implosiva, y la pronunciación aspirada de la consonante velar fricativa sorda.

Las pronunciaciones portuguesas se circunscriben a los núcleos más occidentales de la región: Eljas, Cedillo, La Codosera, Olivenza y Cheles (en mis encuestas). Manifiestan una clara tendencia a la desaparición por la presión normativa del castellano, y aunque no se puede establecer una lista general de rasgos que afectan a todas estas localidades, ya que en cada uno de los puntos se realizan sonidos diferentes, conviene señalar los siguientes fenómenos: conservación de F- inicial latina, reducción del grupo -NN- latino en -n-, pérdida de -n- intervocálica, mantenimiento de -ll- procedente de -LY- y seseo.

En cuanto a los fenómenos vulgares más acendrados en el habla de Extremadura sobresalen la pérdida de consonantes en posición intervocálica, fundamentalmente de la -d-, tanto en participios como en sustantivos; el trueque de la consonante labial (b) y velar (g); la confusión entre g- y c-, y la generación de un elemento consonántico de carácter velar sonoro (g) en palabras que empiezan por el diptongo .

Por lo que respecta a los arcaísmos hay que destacar la conservación de la antigua pronunciación sonora de consonantes que en español moderno se han ensordecido, rasgo que perdura en lexicalizaciones de ciertos puntos del norte de la Alta Extremadura, y la conservación de la pronunciación oclusiva de la -b- fricativa procedente de P latina, fenómeno localizado geográficamente en las dos localidades cacereñas que antes he señalado: Serradilla y Garrovillas (19).

Además de todos estos fenómenos, existen otros, sin repercusión en el sistema fonológico de la lengua, que también son característicos de gran parte de la región. Me refiero, por un lado, a la diversidad de variantes fonéticas de s (apical, ápico-coronal, coronal y predorsal) (20) y, por otro, a la entonación peculiar que presentan las hablas extremeñas, estudiada por Mª Josefa Canellada hace ya más de medio siglo (21), y que yo he intentado definir como el alargamiento que se produce en determinadas palabras del discurso en sus sílabas tónica y, sobre todo, final.

EL EXTREMEÑO ESCRITO EN VARIEDAD DIALECTAL

No voy a detenerme en este apartado en señalar las características que definen el extremeño literario usado por los dos autores regionalistas de reconocido prestigio en Extremadura (Gabriel y Galán y Chamizo) (22), sino en analizar la variedad escrita que se utiliza en otro tipo de literatura o en el ensayo filológico.

Hay que empezar diciendo que el extremeño, en líneas generales, no se escribe. Exceptuando la Revista Digital Belsana, que yo sepa, no existe ningún otro medio de comunicación en Extremadura que utilice la variedad escrita de extremeño para su difusión; tampoco la producción editorial de libros en la región tiene en cuenta las obras que no estén redactadas en castellano; y, lo que es más importante, el extremeño corriente no utiliza otro medio de escritura que no sea el idioma nacional. Con esto quiero dar a entender que la situación del habla extremeña no puede ponerse en relación con la de las variantes de otras zonas peninsulares que sí poseen una tradición escrita en su modalidad.

La característica esencial de todas las obras escritas en extremeño es la de su intento por reproducir lo más exactamente posible sobre el papel todos los fenómenos que se dan en el plano de la realización fónica, es decir, se intenta escribir como se habla (23). Pero como se habla, ¿dónde?, y sobre todo, ¿por quién?.

La anarquía existente entre los escritores regionalistas es lo que motiva que lo que por unos es considerado propio del extremeño, no parece que lo sea en la misma medida por otros. Así tenemos el caso, por poner un ejemplo significativo e históricamente muy comentado, de la ausencia en los poemas de Gabriel y Galán y en los de Chamizo de la marca de aspiración de la -s implosiva o final (24), rasgo que tampoco aparece reproducido en la escritura de autores contemporáneos como Antonio Garrido o Juan José Camisón, por citar solo dos nombres de autores presentes en este Congreso.

Otros rasgos fonéticos, como el cierre de las vocales finales, la conservación de antiguas consonantes sonoras, la presencia de la epéntesis de yod en la terminación, la transcripción tal cual del grupo -mb- o de los grupos consonánticos con rotacismo de la consonante lateral, aparecen profusamente documentados en los escritores actuales. De todos estos rasgos ni uno solo es, ya no solo general en Extremadura, sino por desgracia ni siquiera minoritariamente utilizado. En el habla viva, únicamente las generaciones de mayor edad conservan, en alguna medida, el estado de habla que transcriben en sus obras; y desde el punto de vista geográfico, o son rasgos propios de islotes lingüísticos repartidos preferentemente por la provincia de Cáceres, o se encuentran limitados a la zona septentrional de esta provincia (25).

Hechos que rozan lo esperpéntico en algunos escritores regionalistas actuales son la presencia de la construcción artículo + posesivo, hoy limitada al habla de un puñado de pueblos, y aun dentro de ellos, al habla de un puñado de personas; o la contracción de la preposición con el artículo (cona por con la, ena por en la, etc.), que me pregunto dónde habrán oído, a no ser que quieran hacer extensiva a toda Extremadura la rica variedad lingüística del Valle del Jálama; o la vocalización de ciertas consonantes implosivas, que —salvo excepciones— en Extremadura no se vocalizan en u sino que se aspiran (dialeutu en la Revista Digital Belsana frente a dialehtu en la Primera Gramática Ehtremeña).

Los escritores extremeños que reclaman —algunos incluso promulgan— una normativa han tomado como modelo un estado de habla que prácticamente no se conserva, y que, de conservarse, es propio de una zona geográfica reducida. Resulta paradójico que nombren con el apellido de extremeño aquello que es minoritario, sobre todo teniendo en cuenta que son los rasgos que proceden del sur los que cada día se expanden con mayor fuerza, y que terminarán —por mucho que nos empeñemos en lo contrario— por imponerse en la zona donde nos encontramos, dando mayor cohesión al conglomerado que se ha venido denominando hablas meridionales. Como ya advirtió Juan María Carrasco González, "las hablas extremeñas del Sur se imponen en la imagen prototípica del extremeño y poseen una mayor fuerza de cohesión y de expansión por razones de peso: porque son las que predominan demográfica y geográficamente (e incluso alguno de sus rasgos prácticamente alcanzan a toda Extremadura); porque pertenecen al español meridional, que es una variedad en expansión; y porque los grandes centros administrativos, económicos y culturales de la región, en ambas provincias, actúan como auténticos difusores de esta variedad" (26).

En conclusión, las formas de expresión utilizadas por los escritores regionalistas ni son representativas de la mayor parte de Extremadura ni la mayor parte de los hablantes extremeños se sienten identificados con ellas.

 

APÉNDICE DOCUMENTAL DE EXTREMEÑO ORAL

GUIJO DE GALISTEO

"La cuartilla"

La cuartilla qu´ehtaba buena salía con raseru, el pesu, si el trigo ehtaba buenu, salían loh cuarenta seih quilu, pero si ehtaba malo, el trigu no. El que tenía que bendel muchu trigu a lo mehó tenía doh cuartilla, porqu´entonce no-abía pesu ni abía na, y siempre echaban la máh chica; en be-ce loh cuarenta seih quilu; porque aquí daban trigu a renuebu, a lo mehol loh ricuh que cohían entonci, poh la henti pobre poh no tenía, y benía hebrero, marzo, eneru, y le daban una fanega y lego adelante le daban una cuartilla má: era a réditu, y a lo mehol te daban de esa fanega chica, de la cuartilla chica, y en be-ce dale loh cuarenta sei quilo, le daban cuarenta o cuarenta y do, cuarenta y cuatru.

(Recogido el día 14-10-1996. La s es ápico-coronal. No señalo, por razones tipográficas, el grado de cierre de las vocales finales; unifico las muy cerradas en el grado siguiente —u, i— y las cerradas medias en el grado anterior —o, e—)

GARROVILLAS

"Echar una parra de cabeza"

Eso se llama probena, y áy probena y incluso tamién se llama si…bamoh a suponé qu´el harmiento eh corto, pueh con la caBeza de la parra alcanza aí, entonceh eso se llama echar una parra de caBeza (…). Sí, sí, unida, pero em beh de sel ehto, ehto que ba así y asoma por aquí y s´enterra ehto, aquello en una probena, y ehto que s´entierra así la caBeza se dice: eché una parra de caBeza.

"Cultivo de las viñas"

Primeramente dehcabala-se llama, dehcabala se dehcaba aora en imbierno, en-enero. Primeramente se deharmienta; luego se dehcaba, luego se l´echa um poquito ehtierco en la eso; luego se pueden arropal otra be; y luego ya eh cuando bienen lah puda, lah poda que se llama dehando bien lo harmiento que te paeza combeniente pa qu´echen la uba.

(Recogidos el día 17-11-1995. La s es ápico-coronal. La B se pronuncia oclusiva)

MONROY

"Fabricación del carbón"

Pueh áy que acel, primeramente, de que s´encaña el orno, porqu´áy qu´encañale, palo por palo, loh má hordoh adentro, lohh dergáo por fuera; luego se l´echa una camá de pahxa, pa que no se cuele la tierra pa dentro, porque luego tiene que ser-enterráo con tierra. Alreól cabale to y enterrá toa la leña y toa la paha pa que sarga el umo, pero que no entre la tierra, porque si entra tierra en la leña no se cuece la leña. Tiene que tené la paha, pero que no se queme, y entonc´eh cocío. (¿Y por dónde se enciende la carbonera?). Por arriba, el agujero que se le queda, que según se le ba encañando, se le ba dehando un güequino dende abaho aht´arriba, ba queando siempre un reondelino y entonce cuando ya´htá la carbonera haterrá y to, pue-se l´echa lumbre por ese guhero. Entonceh eso empieza … a ardel, dede abaho, y cuando yahtá ardiendo el orno por abaho, qu´ehtá ardiendo ya bien, pueh entonce ese aguhero se le tapa, el d´arriba, y se le abre umeone en reondo, buhero, buhero que se llaman que son loh umeone que ba cociendo. Y cada beh que gahta esa leña que l´ah echáo, le dehtapa y le meteh cachoh de leña pa que siga cociendo; y el fuego ba bahando pa´baho, ba bahando pa´baho, y cada beh que se le mete leña ba bahando máh pa´baho, pero ba ya´ciéndose el carbón, y loh umeone que le bah abriendo se loh ba bvahando también máh abaho, ahta que llega a la bvorda que tiene abaho, que tiene una bvorda de tarama suhetando la leña, y entonceh ya, de que se le quita lah borda ya sale to´l umo por la bvorda; y luego ya de qu´ehtá el carbón echo se le deha un día o dó que s´enfríe y se saca el orno y ya´htá.

(Recogido el día 20-9-1995. La s es ápico-coronal)

SERRADILLA

"Las labores del campo"

Aquí se llama barbechal eso. Eso se acía en el meh d´enero, en diciembre y enero se acían lah operacioneh esa de barbechera y luego, en el meh de aBril o asín, prosimadamente, se acía la bina, qu´era la segunda Buelta a la tierra; abía hente que lo daba otra buelta que lo llaman terciallo, para que muriera la grama o una cosa así abía, eso era tercialo. Ehto era lah primera laboreh que se acían en el campo, pa cosa de agricultura.

Luego, en el meh de setiembre, se quitan lah matas, lah mata qu´eh d´el monte, que áy tomillo y mata, y luego se quema loh urone. Loh urone se loh ace montone en el monte que tiene, lah mata, se lo ace montone, lo yamamoh uroneh aquí; y luego ya, cuanti refrehca, pa que no aiga peligro de incendio, po se le quema loh urone, que se ba´ciendo montone y se loh ba encendiendo.

(Recogido el día 17-9-1996. La s es coronal. La B es oclusiva. La s es sonora)

LA CODOSERA

"La grada"

Antiguamente la palabr´antigua era gra, per´oy ya ehh fino y se dise una grada. Lah antiguah eran de palo. (¿Tenían pinchos de hierro?). Sí, también tenía gradah de cuchiya; amoh abía que lah tenía y lah abía que no tenían, pero bueno eso se llamaba gra de cuchiya, porqu´eh que mucha bese es´era el nombre que se le desía cuando la tierra ehtaba mu-mala, que tenía mucho ahtombe y eso, dis´eso le dah um paso con la gra de cuchiyah primero, luego entonse se la da d´ehpalda, con el lao que no tenía cuchiya. Por un lao tenía cuchiya, por el otro lao no tenía; entonse por el lao de lah cuchiya se le dise una gra de cuchiya, pero por el otro lao se dise una gra d´ehppalda, pa que quede ya entonse la tierra yana y lisa.

(Recogido el día 14-11-1996. La s es coronal)

FUENTE DEL MAESTRE

"El transporte de la mies"

Dehpué que acemo loh gabillero, primero ehtaba el gabillero qu´ib´aciendo segadore; luego loh poníamo hunto de a dose, qu´era una cangallá, decíamoh una cangallá, porque antiguamente, cuando no abía carro, encima d´un burru iba una cangalla, y se l´echaban dose gabillah d´esa d´aquí; se reunía de dose en dose. Yo la cangalla no la conosí, yo el carro, pero también s´acangallaban así, decsíamo una cangallá, a dose gabilla una cangallá.

(Recogido el día 21-6-1997. La s es predorsal. La h es sonora)

CALERA DE LEÓN

"Las labores del campo"

Antiguamente, dehpuéh que se sembraba, se le pasaba un aparato que le yamábamoh la máquina; una máquina qu´era de madera d´encina. Eso se yamaba maquinalo, y luego dehpuéh, porqu´eso mataba much´otoño, la sementera cuando bien´el otoño, le pasaba eso. Luego dehpuéh la otra yerba poh claro, ante-se sachaba con un sacho, se sachaba la sementera, y s´iba quitando la yerbah mala; y luego dehpué, máh adelante ya, en el me dze abrí y marzo y eso, cuando ya la-sementera son grande, poh luego dehpué con la mano s´ehkcardaban, s´ehcardaban, qu´era quitá la yerba mala también y dehá la sementera limpia.

(Recogido el día 18-12-1996. La s es coronal)

PUEBLA DEL MAESTRE

"Procedimiento para uncir la yunta"

Aluego dehpué se le pone pa uncilla, pa uncila se pone la coyera, que le decimoh aquí a l´almoadiya y el anterroyo, eh la coyera, que se le pon´en el cueyo; aora se pone el yugo y aora, en el pico de la cohtiya que sale pa´rriba, se l´entra una ehto de cáñamo que áy dergadita. (¿Cómo le llaman?). Esa eh la unciéra, que tien´en la punta una argoya, y l´argoya esa s´entra en la punta de la cohtiya que sale pa´rriba; y aora le pasa por delante de la cohtiya y le coheh lo dzoh moño al anterroyo. Le pasah pa´rriba otra bé y se le pone en la otra parte de la cohtiya (…) Y aora, el rehtante de la cuerda esa, el rehtante, le ba a la mula de al lao; se lo pasah por lah argoya, por la háquima.

(Recogido el 20-12-1996. La s es apical. La y es rehilada)

NOTAS

(1) Véanse las distintas interpretaciones de A. Zamora Vicente, Dialectología española, Madrid, Gredos, 1979, p. 332; M. Alvar, "Hacia los conceptos de lengua, dialecto y hablas", Nueva Revista de Filología Hispánica, XV, 1961, p. 51-60; y A. Viudas Camarasa, "El dialecto extremeño", Boletín de la Asociación Europea de Profesores de Español, VIII, 1976, pp. 123-131. Para las primeras descripciones de las hablas extremeñas merece la pena consultarse el completo artículo de A. Salvador Plans, "Dialectología y folclore en Extremadura en el tránsito del siglo XIX al XX", Revista de Estudios Extremeños, LIV, 1998, pp. 807-831.

(2) Ya he expresado en alguna otra ocasión que, en líneas generales, el extremeño es un habla regional castellana, lo que no quiere decir que históricamente se tenga que dejar de considerar un habla de tránsito, ni que dentro de la extensión geográfica del territorio no nos encontremos con islotes lingüísticos (pueblos del Valle del Jálama, núcleos de la frontera portuguesa y algunas localidades repartidas por las dos provincias) que aún presentan características pecualiares y de una riqueza excepcional. "Al habla de Extremadura, en la sincronía actual, se le debe de aplicar una consideración distinta de la que, desde el punto de vista diacrónico (o en la sincronía de épocas pasadas), haya podido tener. Dicho de otro modo, el extremeño ha sido un habla de tránsito que, con el paso del tiempo, se ha convertido en un habla regional." (J. A. González Salgado, Cartografía lingüística de Extremadura. Origen y distribución del léxico extremeño, vol. IV, Madrid, Servicio de Publicaciones de la Universidad Complutense de Madrid, p. 341, en prensa).

(3) Dialecto del castellano, y no del leonés, porque si no fuera así estaríamos reduciendo, de entrada, la posible extensión de ese supuesto dialecto a la zona que ha presentado rasgos leoneses en su estructura lingüística, y que, hoy en día, se ceñiría casi exclusivamente al norte de la provincia de Cáceres.

(4) Véase A. Zamora Vicente, op. cit., p. 332.

(5) P. García Mouton, Lenguas y dialectos de España, Madrid, Arco/Libros, 1994, p. 32; Mª A. Álvarez Martínez, "Extremeño", en M. Alvar (dir.), Manual de dialectología hispánica, Barcelona, Ariel, 1996, p. 172.

(6) Sobre esta cuestión, véase el esclarecedor artículo de José Mondéjar, "La norma lingüística del andaluz y la pretendida norma de las hablas andaluzas", Analecta Malacitana, 1995, XVIII, 1, pp. 29-40.

(7) José Mondéjar, "El español, el español meridional y la Constitución de 1978", en Dialectología andaluza. Estudios, Granada, Don Quijote, 1991, p. 257.

(8) Este apartado se incluyó en la comunicación titulada "La conciencia lingüística de los hablantes extremeños", que presenté al Congreso Internacional "La lengua, la Academia, lo popular, los clásicos, los contemporáneos (Homenaje a Alonso Zamora Vicente)", celebrado en la Universidad de Alicante del 12 al 15 de marzo de 2002.

(9) M. Ariza Viguera, "La conciencia lingüística y el problema del habla de Extremadura", en A. Viudas Camarasa et al., El habla en Extremadura, Mérida, Editora Regional de Extremadura, 1987, p. 24.

(10) Véanse, por ejemplo, las opiniones de M. Ariza, "La conciencia lingüística y el problema del habla en Extremadura", en A. Viudas Camarasa et al., El habla en Extremadura, op. cit.., p. 24; o de P. García Mouton, Lenguas y dialectos de España, op. cit., p. 32.

(11) En Calera de León la respuesta exacta fue extremeño cerrao.

(12) J. Fernández Sevilla, "Objetividad y subjetividad. Datos para el nombre de un dialecto", Revista de Dialectología y Tradiciones Populares, 1976, XXXII, p. 180.

(13) Curioso resulta también que Serradilla fue el único punto de la red en que se obtuvo como respuesta la expresión "muy mal" ante la pregunta de cómo consideraba el informante que se hablaba en la localidad.

(14) Juan M. Carrasco González es tajante en su acertada visión de las hablas extremeñas: "El dialecto extremeño no existe: ni lo es el ‘castúo’ de la literatura regionalista (que en realidad traducía más o menos la forma de hablar de una zona restringida al norte de la Provincia de Cáceres), ni lo es tampoco el habla de tipo sureño que actualmente va ganando prestigio en la región como característica propia de la Comunidad Autónoma" (J. M. Carrasco González, "Las hablas de Jálama entre los dialectos fronterizos extremeños", en A. Salvador Plans et al., Actas del I Congreso sobre A Fala, Mérida, Editora Regional de Extremadura, 2000, p.143).

(15) J. J. Velo Nieto, "El habla de las Hurdes", Revista de Estudios Extremeños, XII, 1956, p. 76.

(16) M. Lumera Guerrero, "Aproximación a la fonética del habla de Plasencia", en Actas del Primer Congreso Internacional de Historia de la Lengua Española, Madrid, Arco/Libros, 1988, pp. 1517-1526.

(17) Hay errores que se han repetido de forma mecánica, sin hacer comprobaciones sobre el terreno, como es el caso de la sistematización del tipo de aspirada procedente de F- latina que se da en Extremadura. Tradicionalmente se ha dicho que la variante sorda existe al norte del Tajo, mientras que la sonora es general en el resto del territorio. Pues bien, lo cierto es que la variante sorda es la mayoritaria en toda Extremadura, aunque sí es verdad que al sur del Tajo (más concretamente en la provincia de Badajoz) es frecuente oír la variedad sonora. Del mismo modo, se ha dicho sin mayores precisiones que Extremadura es yeísta, cuando la mayor parte de la provincia de Cáceres —al menos en lo que respecta a los hablantes de más edad— es distinguidora.

(18) Todos ellos son arcaísmos desde la perspectiva actual.

(19) Para la vitalidad de este fenómeno en Serradilla véase M. Ariza y A. Salvador, "/b/ oclusiva y /b/ fricativa en Serradilla, Cáceres", Anuario de Letras, XXX, 1992, pp. 173-176.

(20) La existencia de distintos tipos de s en las hablas extremeñas ya fue puesta de manifiesto en estudios de la primera mitad del siglo XX (T. Navarro, A. Espinosa y L. Rodríguez-Castellano, "La frontera del andaluz", Revista de Filología Española, XX, 1933, pp. 230-231; y A. Espinosa, Arcaísmos dialectales. La conservación de s y z sonoras en Cáceres y Salamanca, Madrid, Anejo XIX de la Revista de Filología Española, 1935, p. 135).

(21) M. J. Canellada, "Análisis de la entonación extremeña", Revista de Filología Española, XXV, 1941, pp. 79-91.

(22) Para la descripción de las características lingüísticas de estos poetas, véanse, fundamentalmente, A. Zamora Vicente, "El dialectalismo de José María Gabriel y Galán", Filología, II, 2, 1950, pp. 114-175; A. Zamora Vicente, "Luis Chamizo, visto por A. Zamora Vicente", Revista de Estudios Extremeños, XX, 1964, pp. 225-231; M. Ariza, "Comentario de textos extremeños", Anuario de Estudios Filológicos, XVII, 1994, pp. 7-24.

(23) Convendría recordar a estos autores que para eso ya se inventó el sistema de transcripción fonética; sin embargo, a nadie se le ocurre transcribir todo lo que dice. Si lleváramos hasta sus últimas consecuencias la afirmación de que hay que escribir como se habla, no solo en Extremadura, sino en cualquier otro sitio, nos encontraríamos con que en el mismo castellano sería preceptivo escribir cansao por cansado, o que en la mayor parte de la América de habla española tendrían que desaparecer la z y la j del abecedario.

(24) Tampoco observan estos dos poetas otro de los rasgos que individualizaban a las hablas de Extremadura en la época en que escribían, o por lo menos a gran parte de la provincia de Cáceres, como es la conservación de las antiguas consonantes sonoras del español medieval, ausencia que, junto a otras imprecisiones, significó para Manuel Alvar "la carencia de sentido idiomático" y "la escasez de dotes observadoras" por parte de estos escritores (M. Alvar, Poesía dialectal española, Madrid, Ediciones Alcalá, 1965, p. 24).

(25) Evidentemente, las obras escritas en las variantes locales extremeñas son una fuente de inagotable valor para conocer las características del habla, siempre y cuando hayan sido realizadas con el suficiente acierto observador de los fenómenos lingüísticos que luego se emplean en la escritura. Lo que no termino de entender es ese afán por calificar de extremeño lo que en realidad es local o propio de un número muy restringido de pueblos.

(26) J. M. Carrasco González, "Las hablas de Jálama...", op. cit., p. 143.

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