PALINGENESIA



Siempre he considerado la Masonería como una agrupación de hombres a quienes los unen ciertos ideales. En agrupaciones de esa naturaleza, que sólo prometen el perfeccionamiento de los individuos gracias al propio esfuerzo, no caben intereses que se basen en el poder ni en el afán de dominación. En el perfeccionamiento de los hombres que se dicen libres sólo cabe el Maestro que cada uno lleva en lo más profundo de sí, y eso excluye cualquier intento de influencia externa. Y, siendo la Masonería ecuménica, en ella no puede haber distingos de raza, nacionalidad, partido político ni religión; mucho menos de región.


He estado conversando con algunos Hermanos a los que les preocupa que, de unir las dos Grandes Logias (la de Colombia y la Occidental de Colombia), los miembros actuales de alguna de las dos puedan, por razones de número, quedar en desventaja. A esos hermanos les preocupa que los de Bogotá lleguen a ser los que toman todas las decisiones. ¡Como si la Masonería no fuera esa institución sacrosanta que puede conducirnos a la libertad! No sé si la confunden con un club social, con un banco, con un negocio o con un partido político; lo cierto es que la preocupación por la desventaja los pone en evidencia.


Por razones de número, en las Asambleas de Gran Logia la Resp:. Log:. Nieves del Ruiz # 14 está en iguales condiciones que cualquiera de las Logias de Cali (la única desventaja es que mientras los delegados de Manizales tenemos que levantarnos a las 4:30 de la mañana para asistir a la toma de decisiones de Gran Logia, los de las Logias de Cali llegan a la reunión recién bañados, afeitados y perfumados -y, muchos, se dan el lujo de llegar tarde-). Por razones de número, Manizales está en desventaja frente a las Logias de Pereira y de Cali. Y, por razones de número, Manizales Pereira y Cali siempre estarán en desventaja frente a Bogotá. Como la capital concentra más de la quinta parte de la población, las demás ciudades tienen que ser más pequeñas. La desventaja es evidente, y tenemos que aceptarlo: es una ley de la estadística.


En el Congreso de la República las minorías pueden tener consideración especial. Eso hace propicio el desarrollo de los que, por las injusticias connaturales a la biología y a la vida en sociedad, han sido menos favorecidos. Pero tener consideraciones con los más débiles presupone la aceptación de que hay más débiles, y aceptar en Masonería ese tipo de consideraciones es aceptar la falta de igualdad entre los hermanos. Eso no puede aceptarse, porque es contrario al ideal; en Masonería todos somos iguales, todos tenemos los mismos derechos y, aunque se nos olvide a ratos, todos hemos hecho los mismos juramentos y las mismas declaraciones de honor.


La primera declaración de honor que hizo el que se inició con nuestra liturgia es que su solicitud no responde a “intereses económicos, políticos u otros motivos indignos”; inmediatamente después de esta declaración, el Venerable Maestro nos dijo, a todos los que hemos sido iniciados, que la aspiración de la Masonería es hacer que nos convirtamos en hombres nuevos, que muramos para todo posible vicio y que renazcamos ávidos de adquirir toda virtud; acto seguido, el Primer Vigilante nos enseñó el misterio de la disolución para la coagulación diciéndonos que las sales que conforman los cuerpos que mueren pasan a ser parte integrante de los seres vivos.


Si la Masonería fuera un espejo en pequeño de la realidad nacional, yo aceptaría que, por vivir en Manizales, se me considerara como integrante de un grupo humano marginal. Pero siendo la Masonería un ideal que, por definición, funciona en el plano moral, me niego a implorar que se me den limosnas por el hecho de no pertenecer a un grupo más grande. Lo que ha de morir, que muera si después viene la palingenesia (Palin= volver; Genesis= principio). Exigir consideraciones especiales por razones de número es bastante parecido al CVY (cómo voy yo), uno de los peores vicios del colombiano común. La Masonería es la única institución, entre las existentes, llamada al desarrollo de la libertad, la igualdad y la fraternidad entre los individuos; y, en Masonería, libertad nada tiene que ver con poder, igualdad nada tiene que ver con consideraciones por debilidad y fraternidad es un principio que trasciende las diferencias atávicas de nuestros respectivos entornos familiares (consideradas por el vulgo como amor al terruño y por los hombres cultos como simple “montañerada”).


Aceptemos pues, como una mala costumbre de nuestra cultura nacional, el CVY en los escenarios de la politiquería cotidiana. Esa es una de las lacras que nos ponen en la mira de los críticos en el mundo entero; aceptémosla como una de las aristas de la piedra bruta de los colombianos, y miremos al futuro. Unamos nuestras débiles fuerzas para que, en unos años, podamos considerarnos masa crítica suficiente para contrarrestar los vicios de nuestra historia. Ante una posibilidad como esa, ¿qué importa cómo quedan las regiones en las decisiones de una Gran Logia?




Luis Alfonso Mejía Echeverri
M.•. M.•.
Resp.•. Log.•. Nieves del Ruiz Nº 14
Vall.•. de Manizales
Mayo, 2006

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