Las campanas de San Juan Girón están rodeadas de una singular leyenda, que aún cuentan con entusiasmo algunos ancianos del pueblo :

" Don PEDRO ALCÁNTARA RUEDA, en sus tiempos de mocedad se hallaba de Sacristán de la Iglesia de SAN JUAN GIRÓN, siendo párroco el inolvidable sacerdote Doctor JOSÉ ALEJANDRO PERALTA. Un día cayó en cuenta que la Iglesia iba a quedar terminada, pero no se habían hecho las diligencias para la consecución de las campanas que todos querían fueran las mejores de Colombia y para lo cual se había reunido la suma de $14.000.oo.

El patricio Gironés Don JOSE ORTIZ, observó que las mejores campanas del mundo eran las que se fabricaban en TOLEDO (España).- Pero, quién iba a Toledo por las campanas? dijo DON PEDRO ALCÁNTARA RUEDA .- El párroco resolvió tomar la cosa en serio y le preguntó : Y cuando podría usted salir? DON PEDRO sacó un bello reloj y le dijo: son las dos de la tarde....... a las cuatro puedo salir. Efectivamente a las cuatro de la tarde, con su mismo vestido de dril, sus mismas alpargatas de fique, su mismo sombrero de jipijapa, un bojote en la mano y $14.000.oo en el bolsillo, a pié, como quien iba al Palenque y a los Totumos salió el Sacristán para Toledo (España).

El tiempo fue pasando , corrieron las semanas y los meses y de DON PEDRO ALCÁNTARA ni de sus campanas se tenía la mas leve noticia .- Al cumplirse el año de ausencia, se dijo una Misa de Réquiem por el descanso eterno de aquel servidor bondadoso de la iglesia y del pueblo.

Un día se reunieron los mas distinguidos vecinos con el párroco para convencerlo de la necesidad que había de una colecta para la compra de dos campanas que vendían en Chiquinquirá. De pronto , atravesó la plaza, un muchacho que sudoroso y jadeante preguntó dónde estaría el Señor Cura y al verlo le dijo : que DON PEDRO ALCÁNTARA, que mande por las campanas.

En efecto, las campanas, las ocho bellísimas campanas habían llegado con DON PEDRO ANTONIO ALCÁNTARA RUEDA, el humilde Sacristán desde Toledo (España) hasta PUERTO MARTA a seis leguas de la población. El recibimiento que se le hizo fue clamoroso, centenares de hombres fueron hasta PUERTO MARTA y echaron las campanas a cuestas. Aquella maravillosa procesión duró cuatro días y al entrar una tarde todo el pueblo estaba congregado en la plaza donde hubo bailes populares, pólvora, música y comilona durante los tres días que se gastaron en la colocación de las campanas.

Pero, que había pasado en TOLEDO ? y cual fue la razón de tanta demora? Una bellísima carta traída por el propio ALCÁNTARA RUEDA lo explicaba todo.- El dinero que llevaba el Sacristán no alcanzaba para la compra de las ocho campanas de las condiciones y tamaños que los Gironeses exigían, por lo cual DON PEDRO ALCÁNTARA RUEDA, resolvió el problema de la manera mas honrada y original que hubiera podido imaginarse. Pidió a los dueños de la fábrica que le dieran una colocación para ir abonando en cuenta a las campanas de lo que fuera devengando. Así se hizo y por eso el Sacristán permaneció 14 meses en Toledo, mientras se completó la suma requerida ".

En el borde de cada campana tiene el nombre de la campana y el del donante, así:

PRIMERA CAMPANA: tiene fecha de 1883, se conoce con el nombre "EL SEÑOR DE LOS MILAGROS" donada por Marcelino Colina y Chiquinquirá M. de Colina.

SEGUNDA CAMPANA : fecha 1883, su nombre "SAN JUAN BAUTISTA " donada por María R. de Colina y Felipe Colina.

TERCERA CAMPANA : su nombre "PATRIARCA SAN JOSE " donada por José María Valenzuela

CUARTA CAMPANA : fecha 1882, de nombre "INMACULADA CONCEPCIÓN" obsequiada por Concepción de Valenzuela.

QUINTA Y SEXTA CAMPANAS : fechadas 1891, donadas por Antonio María Ruiz.

SÉPTIMA CAMPANA : Fecha 1891, nombre "SAN BENITO"

OCTAVA CAMPANA : fecha 1891, nombre "SANTA BARBARA"

De regreso a Colombia, Don Pedro Alcántara Rueda empezó a sentir el agotamiento y el cansancio del viaje. Su salud desmejoró notablemente y durante la navegación por el río Magdalena se pensó que iba a fallecer en el viaje.

Lenta y difícil fue la peregrinación a través de la selva insalubre y de las Sabanas de Torres con el ardiente sol de los últimos días del año. Por el antiguo camino que pasa por Altamira, Motoso, etc., llegaron las campanas de Girón; cuando el viaje se aproximaba a la población, el Señor Cura salió en compañía de todo el pueblo a recibirlo como a un triunfador pero por el estado de salud en que se encontraba y el cansancio del viaje, hubo de excusarse para ir a casa de su hermana, presa de una fiebre tremenda. A la mañana siguiente visitó la Iglesia, recibió la comunión y eligió los sitios en que debían ser colocadas las campanas.

Al salir del templo las gentes lo rodeaban para felicitarlo pero él se limitó a responder que su salud andaba muy mal y si querían agradarlo debían colocar cuanto antes las campanas para no morir sin oirlas. Dos día después fueron a decirle que la obra estaba terminada. Al día siguiente primero de enero, bendecirían las campanas y él sería uno de los padrinos.

Pero Don Pedro Alcántara había entrado en agonía y su respiración apenas se oía débilmente. fue llamado de urgencia el Doctor Facundo Navas y el venerable galeno opinó que no pasaría de esa noche. El rostro afilado de Don Pedro Alcántara tenía la tranquilidad de aquellas estatuas clásicas que adornan los sepulcros en las grandes catedrales y transparentaba la tranquilidad de una conciencia siempre recta y fiel a Dios. Al amanecer este varón justo tuvo un momento de lucidez y abriendo los ojos principió a sonreír mientras decía: "ah. . . si . . las oigo. Qué voces tan dulces las suyas" . Las gentes rezaban las oraciones de los agonizantes y él entregó su alma a Dios. Así fue como al clarear el día las campanas de Girón en lugar de repicar alegremente por la llegada del año nuevo, rompieron el silencio para llorar por el hombre bueno que las había traído a su tierra como un eco de la voz de Dios.


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