El Capital Financiero
Rudolf Hilferding. (publicado por primera vez en alemán,
en 1910), Instituto Cubano del Libro, La Habana, 1971.
El capital Financiero de Rudolf Hilferding es un libro que abrió época y formó
generaciones de pensadores marxistas y no marxistas de nuestro siglo. El propio
objeto de estudio ("Comprender científicamente las manifestaciones económicas de
la evolución reciente del capitalismo". p. 9), obligó a Hilferding a iniciar una
tarea que en su época apenas estaba por hacerse. La contribución principal de
Hilferding radica en que nos presenta una teoría del capital financiero que
intenta dar cuenta de la fase moderna del capitalismo caracterizada por "la
abolición de la competencia" y por "la relación cada vez más estrecha entre el
capital bancario y el industrial". (p. 9).
El Capital Financiero es una obra que cubre detenidamente todos los fenómenos
económicos relacionados con la construcción del concepto de capital financiero.
Consta de cinco partes y 25 capítulos; aquéllas cubren los siguientes temas: la
primera, dinero y crédito; la segunda parte cubre los temas referidos al capital
ficticio y su funcionamiento en el mercado de capitales y de futuros; la tercera
analiza el proceso de acumulación capitalista bajo condiciones monopólicas; en
la cuarta parte se presenta una teoría del ciclo y de la crisis, en donde se
analizan las condiciones y causas de la crisis en la época monopólica; por
último, en la parte cinco, Hilferding presenta un estudio de lo que él llama la
política económica del capital financiero, esto es, su política imperialista,
por una parte, y por la otra, su política frente a la clase obrera.
Como se puede percibir, la obra abarca la discusión de una amplia variedad de
temas centrales en su época, y en nuestros días también. En esta revisión nos
proponemos discutir apenas algunos de los múltiples temas tratados por
Hilferding y que se estima son de relevancia actual.
Capital financiero, monopolio y ley de valor.
Para Hilferding, el capital financiero es el capital bancario que se transforma
en capital industrial; es el "capital a disposición de los bancos y utilizado
por los industriales". (pp. 253-4). Por cierto, la relación entre el capital
bancario y el industrial es un fenómeno común al capitalismo, resuelto en la
llamada intermediación financiera. El crédito de capital-nos dice Hilferding es
dinero ocioso por parte de los depositantes y que el banco lanza a la
circulación para utilizarse como capital "actuante" principalmente en manos del
capital industrial; su fuente son los propios capitalistas que congelan parte de
sus fondos monetarios y ganancias en los bancos; su función económica es servir
de acicate a la acumulación y producción de ganancias en general. (pp. 86-7).
Empero, cuando Hilferding habla de capital financiero se refiere a una relación
más estrecha entre los capitales bancario e industrial. ¿En qué consiste esta
relación más estrecha? Hilferding es bastante claro al señalar que la "relación
más estrecha" entre los capitales bancario e industrial se asocia al proceso
creciente de dominación del primero sobre el segundo y, en general, sobre todo
el proceso de producción social; siendo ésta una situación peculiar del
capitalismo en su fase monopólica, distinta a la llamada fase de la libre
competencia, el concepto de capital financiero se convierte así en la categoría
más "abstracta" e importante para comprender la realidad capitalista
contemporánea:
"Hemos visto... cómo el desarrollo del crédito conduce a poner a disposición de
la industria no sólo el capital de reserva total de las clases capitalistas,
sino también la mayor parte del dinero de las clases no productivas. En otros
términos: la industria actual actúa con un capital que es muy superior al
capital total propiedad de los capitalistas industriales. Con el desarrollo
capitalista crece también continuamente la suma del dinero que las clases no
productivas ponen a disposición de los bancos y éstos lo ponen, a su vez, a
disposición de los industriales. La disposición de estos fondos imprescindibles
para la industria la tienen los bancos. Con el desarrollo del capitalismo y su
organización crediticia aumenta así la dependencia de la industria respecto de
los bancos. (p. 253) (véase también p. 196 donde Hilferding aventura la
hipótesis del Gran Cartel Bancario que, en última instancia, "ejercería el
control sobre toda la producción social".) (cf. pp. 91-2).
A esta opinión de Hilferding se le oponen tres tipos diferentes de críticas que
presentamos sucintamente: (1) la dominación del capital bancario sobre el
industrial es un fenómeno que tiene lugar bajo circunstancias históricas
determinadas; es posible encontrar situaciones en las que la dominación se da en
sentido inverso; (2) la relación entre el capital bancario y el industrial es
una de interdependencia, y en la etapa actual del capitalismo el capital
financiero es un conglomerado de empresas bancarias e industriales cuyos
criterios de organización y planeación de sus actividades responden a una
estrategia global en la que bancos y empresas productivas cumplen cada una su
papel, y, por último; (3) la tesis de que el capital financiero controla la
producción social responde a su tesis más general de que en la etapa actual del
capitalismo la competencia ha sido eliminada, proposición ésta difícilmente
conciliable con la realidad.
Seguramente bajo la influencia directa del intenso proceso de centralización de
capital que estaba teniendo lugar en los grandes centros capitalistas del mundo
después de la fase depresiva de fines del siglo XIX, Hilferding extrapoló
excesivamente la fuerza monopólica: "La tendencia a la creación de un cartel
general y la tendencia a la formación de un Banco Central convergen, y de su
unión nace la potente fuerza de concentración del capital financiero". (p. 264).
"Esta unión tiene como base la eliminación de la libre competencia del
capitalista individual por las grandes uniones monopolísticas". (p. 337). Las
consecuencias teóricas de esta opinión son del todo previsibles: la ley del
valor deja de tener vigencia en la fase contemporánea del capitalismo; al
eliminarse la competencia, las empresas monopólicas dejan de ser "tomadoras de
precios" para convertirse en "fijadoras de precios":
"La ley objetiva del precio sólo se impone... a través de la competencia. Cuando
las asociaciones monopolísticas eliminan la competencia eliminan con ella el
único medio con que pueden realizar una ley objetiva de los precios. El precio
deja de ser una magnitud determinada objetivamente; se convierte en un problema
de cálculo para los que la determinan voluntariamente y conscientemente; en
lugar de un resultado se convierte en un supuesto; en vez de algo objetivo pasa
a ser algo subjetivo; en lugar de algo necesario e independiente de la voluntad
y la conciencia de los participantes se convierte en una cosa arbitraria y
casual. La realización de la teoría marxista de la concentración, la asociación
monopolística, parece convertirse así en la eliminación de la teoría marxista
del valor." (p. 257).
Desde que escribió Hilferding, y a la luz de 70 años de historia del capitalismo
avanzado -con dos grandes crisis de por medio-, es posible corregir la
apreciación arriba señalada por nuestro autor: el capitalismo monopólico no ha
eliminado la competencia; aunque también cabe señalar que la competencia
capitalista del presente poco tiene que ver con la llamada fase de la libre
competencia de mediados del siglo XIX; seguramente las formas de la competencia
han cambiado y se vuelven más complejas que la simple competencia de precios.
También es conocido que la acción -concertada o no- de los monopolios, permite
obtener ganancias extraordinarias por encima de los precios medios que aseguran
una ganancia media general. Pero también se sabe que los monopolios no tienen
todos los grados de libertad para imponer, según su voluntad, los precios de sus
mercancías. Sin embargo, la realidad actual es compleja, se le añaden nuevas
peculiaridades, nuevas relaciones etc., todo lo cual obliga a no contraponer a
la extrapolación de Hilferding fórmulas simples y mecánicas.
Valor, dinero y la teoría cuantitativa del dinero.
Es interesante observar en la obra de Hilferding la trasmutación del sentido de
las relaciones que establece entre dinero, crédito y capital. En los capítulos
3, 4 Y 5 de su libro, Hilferding establece correctamente la relación entre
dinero crediticio y capital industrial:
En primer lugar se señala que el dinero crediticio surge de la función del
dinero como medio de pago (p.p. 54-5). En seguida se señala que el Banco es la
institución por medio de la cual se saldan los haberes y deberes de los
contratantes (p. 59). Se sabe, sin embargo, que los bancos no sólo trabajan para
descontar letras comerciales que resultan de la circulación de mercancías,
sino que además son los receptores de fondos de reserva de los capitalistas y
otros ahorradores, al mismo tiempo que son proveedores de capital en crédito
para amplificar la producción por encima de las posibilidades de
autofinanciamiento de las empresas (p. 65 Y ss.). En suma, como dice Hilferding
a lo largo de la primera parte, las relaciones del crédito tienen como base la
constante reproducción ampliada del ciclo del capital industrial, es decir, del
constante proceso de valorización del capital. Ahora bien, el crédito se
convierte en una necesidad de la acumulación capitalista, y los bancos, al
concentrar en sus arcas los fondos crediticios, logran controlar y dominar la
situación frente al capital industrial y el comercial; Hilferding dice que "el
poder sobre los procesos sociales de producción y circulación recae en el
crédito" (p. 61), porque la concentración de la forma absoluta de valor, de
capital, en manos de los bancos les confiere a éstos un alto grado de poder.
Quien tiene el dinero, tiene el poder, y en ese punto Hilferding tiene plena
razón; lo que nos parece inadecuado es pensar que porque se tiene el control del
dinero se tiene el control de las leyes del sistema; esto es, el capital
financiero, sin duda alguna, detenta una fuerte dósis de poder, pero ello es
distinto a decir -como nuestro autor propone- que el capital financiero controla
las leyes del capitalismo.
Habida cuenta de las interesantísimas disgresiones teóricas e históricas del
autor del Capital Financiero en los capítulos referentes al dinero, quien
escribe es de la opinión de que esa tendencia a sobreponer el capital financiero
a la producción, etc., de alguna manera está asociado a la tendencia del mismo
Hilferding a subestimar el nexo valor forma del valor en un sistema monetario
inconvertible. Veamos:
En una moneda de papel pura con circulación forzosa, el valor del dinero de
papel está determinado, con velocidad invariable de circulación, por la suma de
los precios de las mercancías que deben entrar en la circulación. El dinero de
papel se independiza aquí completamente del valor del oro y refleja directamente
el valor de las mercancías según la ley de que su suma total representa el mismo
valor que la relación: suma de precios de las mercancías cantidad de dinero en
circulación. (p. 30).
No es sorprendente encontrar en Hilferding, pues, que cuando se trata de un
sistema de moneda inconvertible, la función del dinero como medida de valor de
las mercancías quede absolutamente superada. Las mercancías reflejan su valor,
sin mediación alguna, en el dinero de papel; el dinero inconvertible deja de ser
un signo del oro, para convertirse en un simple signo del valor, y en
consecuencia, la teoría del dinero es una teoría del dinero como medio de
circulación, de donde surge inmediatamente una suerte de teoría neomarxista
cuantitativa del dinero, según la cual el papel dinero deriva su valor de la
circulación de las mercancías, pero también puede quedar sujeto a "una
regulación social consciente o estatal, ya que el Estado es el órgano consciente
de la sociedad productora de mercancías". (p. 28). Es difícil sostener -al menos
en el caso de Hilferding que la independización de la forma-dinero de la
forma-valor sea el precedente lógico de la tesis de la supremacía de la forma
financiera del capital sobre el proceso de valorización del capital; sin
embargo, sí es correcto observar que la subestimación de la función del dinero
como medida de valor ha tendido a sobreestimar la importancia del crédito en la
determinación de las leyes del funcionamiento capitalista.
Crisis y Monopolios.
La acumulación capitalista es intrínsecamente concentradora y centralizadora de
capital. La parte tercera del libro de Hilferding, y sobre todo el capítulo 12,
nos explica detalladamente las formas múltiples y concretas bajo las cuales
tiene lugar ese proceso de crecimiento y monopolización del capital. La
tendencia hacia la monopolización puede tomar la forma del cartel (que es una
comunidad monopólica de intereses) en un extremo, o bien, en el otro extremo, la
forma de Trust (que es una fusión monopólica), o cualquier forma intermedia
entre esos dos extremos de asociación capitalista, como puede ser la fusión
parcial, combinada u homogénea, etc. Ahora bien, hemos visto que el proceso de
cartelizaci6n y monopolización en general tiende a eliminar la competencia.
Entonces, lo que es pertinente preguntamos es cómo operan las crisis
capitalistas bajo estas circunstancias, sobre todo tomando en cuenta la opinión
de Hilferding de que una precondici6n fundamental de las crisis capitalistas es
el carácter anárquico de la economía mercantil. (p. 270).
Lo interesante de la teoría de la crisis de Hilferding consiste en que asocia la
crisis a la caída de la tasa de ganancia, aunque la amplitud de la fase
depresiva del ciclo se explica en términos de la desproporcionalidad entre
sectores. Para Hilferding el auge se detiene cuando la tasa de ganancia comienza
a decrecer, y esta cae debido a los aumentos de la composición orgánica del
capital y/o los aumentos en los salarios habidos durante la fase ascendente del
ciclo. (p. 290). Es preciso destacar, sin embargo, que en Hilferding existe al
menos otra explicación de la baja de la tasa de ganancia, que no sean los
factores arriba señalados, y que muy posiblemente hasta los contradigan. Me
referido a la explicación que da del proceso deflacionario del ciclo: en las
ramas de alta composición de capital fijo en relación al circulante, altamente
tecnificadas en las que la inversión requiere de un período relativamente largo
de maduración, existe una tendencia "a la inversión y a la acumulación
excesiva"; durante la fase de auge, "la oferta crece más despacio que la
demanda". (p. 293). La sobreproducción aparece cuando los productos de las ramas
que registran altos períodos de gestación de la inversión empiezan a abarrotar
los mercados. (p. 294). Así pues, la crisis es una crisis de sobreproducción de
capital, y Hilferding explica su significado:
Esto no quiere decir sino que el capital ha sido invertido en la producción en
tal medida que sus condiciones de explotación han caído en contradicción con sus
condiciones de realización, de tal suerte que la venta de los productos no rinde
ya el beneficio que hace posible una expansión y acumulación ulteriores. (pp.
330-1).
Entendemos que la contradicción entre las condiciones de explotación y las
condiciones de realización se resuelve en la baja de la tasa de ganancia; pero
en este caso, Hilferding esta asociando esa baja a partir de la sobreproducción
de capital-mercantil, mientras que en Marx la baja de la tasa de ganancia se
presenta aun antes de la fase descendente del ciclo. Tan arraigada está la tesis
de la desproporcionalidad en Hilferding que cuando se analiza la crisis en la
fase monopólica del capitalismo, el problema de la tasa de ganancia pasa a un
plano secundario.
En la época de los monopolios -dice Hilferding-, los efectos de las crisis se
modifican (p. 333). ¿Por qué? Porque a medida que el capital es más grande y
fuerte, su capacidad de resistencia a la crisis es mayor; sin duda alguna, la
crisis debilita y destruye a los capitales pequeños, pero puede no afectar
severamente a los grandes, si éstos son capaces de controlar su oferta de
producción para evitar la sobreproducción. (p. 323). Hilferding asegura que si
los carteles son capaces de controlar la producción, pueden fijar precios y
asegurar, en consecuencia, las márgenes de ganancia (p. 330). Además asegura
que, en esta fase de los monopolios, las crisis no son crediticias y bancarias.
Si cierto volumen de producción y circulación es sostenido, también se sostiene
el crédito. "Por ende la destrucción del crédito taDlPoco necesita ser tan
completa como en las crisis del período inicial del capitalismo". (p. 323)
(véase p. 323 y ss.); de manera tal que en la fase contemporánea se eliminan las
crisis bancarias, y los grandes monopolios industriales mantienen márgenes de
ganancia. No cabe duda que la crisis reciente del capitalismo nos provee
material en abundancia para reconsiderar, desde su raíz, las tesis del
Capitalismo Financiero de Hilferding.
Javier Ramos
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