Tercera y última parte


 

El Ejército es el Principal Violador de los Derechos Humanos: José F. Gallardo

No Temo a Hablar; a mi También Trataron de Desaparecerme

FERNANDO GUTIERREZ PEREZ/- III y último -

El general José Francisco Gallardo, preso desde el 9 de noviembre de 1993, vía telefónica, dice a EXCELSIOR: "El Ejército Mexicano debe transformarse en una institución de Estado; es el principal violador de los derechos humanos; son muchos los efectivos desaparecidos por los propios militares; el narco penetró ya toda su estructura". Desde su celda en Neza-Bordo, sentenciado a 28 años por exigir la creación de un ombudsman militar, afirma: "No temo hablar. A mí también trataron de desaparecerme. Cuatro horas me trajeron sobrevolando el mar el día en que fui detenido". Mientras, su hijo Vinicio revela: "A mi padre intentaron matarlo en prisión".

Por otro lado, María Guadalupe Guzmán Romo y Guadalupe Muñoz, madre y hermana del teniente Miguel Orlando Muñoz, desaparecido el 8 de mayo de 1993, ambas amenazadas y vínfimas ya de un atentado en carretera, consideran que su familiar había descubierto un problema de narcotráfico "o algo muy fuerte" en las filas del Ejército en Ciudad Juárez. "Por favor, terminen con esta tortura. Mi esposo murió por este sufrimiento, en 1997. Y yo, que antes lloraba de dolor, hoy lo hago de rabia, de coraje. Quiero que me devuelvan vivo a mi hijo", clama la mamá.

La charla con el general Gallardo fue breve. Nos llamó por un teléfono con tarjeta. Su declaración, desde la cárcel, fue sustanciosa. El tiempo apremiaba: "Tengo fe en que Fox cumpla sus promesas de campaña y que por los tratados internacionales adquiridos, además de la legitimidad que le dan los votos ciudadanos, cumpla con los reclamos que hay en políticas de Estado, donde se enmarcan mi caso y el de los crímenes no esclarecidos.

"Confío en que el Presidente atienda la recomendación internacional y me libere. Abrigo más esperanza al ver lo de Chiapas, ocupado por el ego de los militares, lo que dio al traste con el conflicto.

"El Ejército debe subordinarse a los mandatos de la voluntad civil, la que emana del pueblo. El Ejército debe transformarse en una institución de Estado, anclarse a las causas populares, a los preceptos de la soberanía y la dignidad, el vértice de la nación.

"Hasta ahora se ha convertido en el principal violador de los derechos humanos. Es paradójico que desaparezca a su propia gente. Allí está el caso de Miguel Orlando, pero no es el único. A mí me ha tocado ver a muchos prisioneros que luego fueron desaparecidos".

Antes de proseguir, aclara: "algunos medios han escrito que soy `ex general', pero es falso, pues estoy amparado y sigo siendo general".

Luego, siempre en tono cordial, declara: "No tengo miedo de hablar. A mí también trataron de desaparecerme cuando fui detenido. Me trajeron sobrevolando el mar durante 4 horas".

En prisión, "donde me tratan bien", afirma que el Ejército Mexicano "desde su nacimiento quedó inmerso en el sistema político violando la civilidad de un Estado democrático. No le corresponde intervenir en política.

"Desde cualquier tribuna seguiré impulsando la idea de democratizar al Ejército, de que exista un ombudsman militar y de aclarar todos los casos de desaparecidos, como el de Miguel Orlando, defendido admirablemente por las 2 Lupitas" (madre e hija).

Sin vacilaciones, el general Gallardo sostiene que "el Ejército ha realizado trabajos en el narcotráfico" y hay que fincar "responsabilidad penal y civil a los altos mandos militares. El narco ya penetró toda su estructura".

Y recomienda: "La única forma de atacar ese mal es fortalecer los principios éticos".

CON SU HIJO

Vinicio Gallardo nos recibe en su oficina de la calle de Colima. Allí, accesible, sencillo, en mangas de camisa, nos proporciona el artículo publicado en Forum (octubre de 1993) y el cual fue el detonante para detener a su padre. Del escrito extraemos algunos párrafos esenciales:

"Uno de los argumentos que se esgrimieron contra la creación de un Ombudsman Militar (OM) fue que se perjudicaría la disciplina militar al otorgar a un militar la oportunidad de quejarse contra sus superiores.

"Sin embargo, tales reticencias no resultan justificadas, en virtud de que el OM no interfiere este ámbito, sino que exige a la autoridad militar apegarse a pleno derecho; en este sentido, no socava a la autoridad ni a la disciplina militar, sino que por el contrario: la refuerza y alienta.

"En este orden de ideas, nos surgen varios cuestionamientos y nos llama la atención hacia nuestro país: ¿Por qué si el Ejército es una institución que se torna en garante de las demás garantías, se violan impunemente los derechos inherentes a la dignidad de los soldados y oficiales?

"¿Por qué la impartición de justicia en el Ejército es selectiva y por tanto, discriminatoria? ¿Por qué la justicia militar castiga al sujeto por lo que es, y no por lo que hizo? ¿Por qué en los albores del nuevo siglo, aún persiste la arrogancia y la omnipotencia de los mandos?

"¿Cómo es que la impartición de la `justicia militar', si se puede llamar justicia en términos absolutos, esté fundada en un sistema inquisitivo. En este contexto el acusado no es sujeto de procedimiento, sino un objeto de persecución?

¿Qué va a suceder cuando el Estado requiera de su fuerza armada? ¿Por qué han de quedar en la impunidad hechos degradantes y crueles que socavan la dignidad y moral del Ejército, como única justificación de hacer respetar la "disciplina"?, que en un momento dado pueden repercutir en la seguridad nacional, como los hechos sucedidos en Tlalixcoyan, Veracruz, Baborigame y Mesa de la Guitarra en Chihuahua, así como en Chiapas, entre otros.

"La creación de un ombudsman para las fuerzas armadas o de asuntos militares serviría para vigilar la aplicación del presupuesto a los gastos de la defensa y la administración militar, contribuir a salvaguardar los derechos del personal militar y del personal no militar relacionados con asuntos militares, sin que ello implique una interferencia en el mando de la defensa nacional, se esforzaría también en acrecentar la eficiencia de las fuerzas armadas, abarcando todos los aspectos de la vida castrense, siempre y cuando se trate de cuestiones de carácter fundamental o de interés público.

"Sería conveniente, además, para frenar la prepotencia y el poder absoluto de los mandos militares, que con el pretexto de guardar la disciplina y el respeto al superior, cometen las más crueles y brutales atrocidades que socavan la moral y dignidad del Ejército y la Armada, y por lo tanto a la fuerza del Estado que está llamada a velar el Estado social de derecho, la soberanía y la seguridad nacional".

Vinicio Gallardo, un joven de mente ágil, sano, corpulento, acota: "Esta fue la `bomba' que hizo detener y encarcelar al general Gallardo, objeto de una constante campaña de persecución, difamación y hostigamiento por parte de los altos mandos militares.

"Hasta la fecha la han prefabricado 17 averiguaciones previas, 9 causas penales, 8 autos de formal prisión y más de 20 delitos, de los cuales, uno a uno ha ido obteniendo el amparo y protección de la justicia por ser falsas todas las imputaciones".

TRATARON DE MATARLO

Vinicio destaca que su padre alcanzó en 1988 el grado de general brigadier. "Apenas tenía 42 años y fue, en ese momento, el militar más joven en lograr ese rango en la historia contemporánea".

El general Francisco Gallardo está sentenciado a 28 años, pese a que desde 1996 la Comisión Interamericana de Derechos Humanos hizode recomendaciones "muy fuertes" al gobierno mexicano para que lo dejara en libertad.

"Como había roto con reglas no escritas, Riviello Bazán, entonces secretario de la Defensa, se molestó y se incrementó la campaña de hostigamiento, al grado de que, estando preso, en 1994 trataron de `picarlo' con una navaja, intento frustrado por otros militares, quienes luego fueron acusados de estar planeando una fuga.

"El resultado fue que lo aislaron del exterior: una llamada diaria de 3 minutos a su casa; no tenía libros ni periódicos; ni radio ni televisión; le brincaban arriba de su celda; amenazaban a la gente para que no le hablara; lo vigilaba un fotógrafo todo el tiempo; a mí me robaron un coche suyo; me golpearon, me asaltaron; a mi hermano lo trataron de secuestrar, a mi hermana la amenazaban por teléfono... en fin, un hostigamiento total".

En mayo del `99 lo trasladaron a la prisión civil de Neza-Bordo con más libertades. Tiene libros, radio, TV, teléfono, etcétera, para cumplir sendas sentencias de 14 años, dictaminadas por los consejos de guerra, que también acordaron quitarle el grado de general, pero se amparó y ganó.

-¿Qué esperan del actual gobierno foxista?

"Esperamos la libertad de mi padre. No hay más. Vemos un cambio de actitud del gobierno. Ya hay un acercamiento con Mariclaire Acosta (embajadora especial para los Derechos Humanos y la Democracia) y Aguilar Zínser. Lo están estudiando. Sabemos que ya no hay consigna del actual secretario de la Defensa ni de Macedo de la Concha, quien dirigió los consejos de guerra contra mi padre.

"Si Fox es coherente con su discurso tiene que liberar a mi padre. Es una papa caliente, un caso heredado que le trae consecuencias. En lo internacional se lo sacan a la luz. A la actual Sedena tampoco le conviene tener un caso así. Tienen que aceptar que estuvieron mal".

Luego, declara: "Hay que romper con el aislamiento del Ejército porque actualmente no comparecen. Hay allí una crisis de identidad política. Muchos están con el PRD y PAN. No hay indepedencia del poder judicial militar. El secretario de la Defensa concentra el poder. El nombra jueces, magistrados, defensores de oficio, ministerios públicos, todo.

"El marco normativo data de los `30. Ya la época es diferente. Se debe abolir el foro de guerra. Desaparecer o adecuar el Estado Mayor Presidencial. Y que haya una real revisión de cuentas militares al Congreso. Los secretarios de Defensa y Marina no comparecen. No hay equilibrio de poderes. Existe un aislamiento que se dio por cuestiones históricas".

EL TENIENTE DESAPARECIDO

No lejos de la oficina de Vinicio Gallardo, en la colonia General Anaya, nos reciben familiares del teniente Miguel Orlando Muñoz, desaparecido extrañamente en Ciudad Juárez, el 8 de mayo de 1993, cuando apenas tenía 25 años y se encontraba feliz porque iba a lograr su sueño dorado: ingresar a la Escuela Superior de Guerra.

"Ese mismo día nos había llamado por teléfono para darnos la noticia. Estaba orgulloso. Sin embargo, no volvimos a saber de él. Días después el Ejército nos informó, en una versión ilógica y aberrante, que había causado baja por `desertor'," refiere Lupita Muñoz, hermana del militar.

Para empezar, les entregaron una carta donde falsificaron la firma del militar y en la cual supuestamente él renunciaba a ingresar en la ESG "por tener problemas familiares". (Expertos demostraron que se trataba de un documento apócrifo).

Y allí comenzó el suplicio.

La familia, primero encabezadas por el padre, Miguel Muñoz García, acudió a las instancias obligadas: la Procuraduría de Ciudad Juárez y la Comisión Nacional de Derechos Humanos. También intentó hablar con ex Presidente Carlos Salinas de Gortari, "quien despóticamente turnó el caso al general Cardona", y 5 veces con el ex Presidente Zedillo, sin ninguna respuesta.

"Ahora estamos esperanzadas al gobierno de Fox. Ya hablamos con él, con su mamá, doña Mercedes; con 2 de sus hermanos y hasta con una de sus cuñadas. Nos han tratado muy bien. El Presidente nos prometió que personalmente vería el caso", dice la señora María Guadalupe Muñoz Romo, quien, a punto del llanto, agrega: "Quiero ver vivo a mi hijo. Por favor, ya quítennos esta tortura de encima. Cualquier madre sabrá lo que yo siento. Hemos sufrido mucho. Mi esposo murió en 1997, víctima de tanto sufrimiento. Y yo, que antes lloraba de dolor, ahora lo hago de coraje, de impotencia. No quisiera que hubiera un solo desaparecido más".

Interviene Lupita Muñoz, hermana del teniente desaparecido. Es una joven y luchadora abogada. De carácter firme y muy decidida, refiere que su labor de investigación y de denuncia "ya nos ha traído muchos problemas: en 1994 atentaron contra nosotros en la carretera a Guadalajara. Un auto rojo, con vidrios polarizados, con tipos de corte militar a bordo, nos arrojó algo en el parabrisas y casi nos estrellamos.

"No fue lo único: nos han amenazado por teléfono y hemos visto carros militares afuera de nuestro domicilio. Las intimidaciones siguen. Pero vamos a seguir adelante. No nos daremos por vencidas. Se trata de un familiar desaparecido. Es la vida misma".

Lupita Muñoz responsabiliza de la desaparición de su hermano al capitán primero José de Jesús Morales García, quien "lo molestaba y arrestaba sin motivo alguno" y recuerda que fue Rafael Macedo de la Concha (actual titular de la PGR), quien dio por cerrado el caso, además de reiterar que se trataba de un "desertor". También culpan al comandante del 26 Batallón de Infantería en Ciudad Juárez, teniente coronel Pedro Gutiérrez López; al comandante de la V zona militar, general de División, Luis Montiel López y al entonces titular de la Sedena, general Enrique Cervantes Aguirre.

Refiere que una audiencia de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, en Washington, estableció que el fondo del asunto podría ser el narcotráfico.

"Quizá mi hijo se enteró de algo muy gordo dentro del Ejército", apunta doña María Guadalupe.

La hermana destaca que el batallón de Ciudad Juárez les entregó muy pocas pertenencias de Miguel Orlando. "Se quedó con su portafolios lleno de documentos personales y con su diario en que estaba escrito todo lo sucedido".

Y consternada, dice: "Basta ya de impunidad. Clamamos justicia. Nuestra lucha no es sólo por mi hermano, sino por todos los desaparecidos".

Sábado 20 de Enero del 2001, Excelsior

 


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