El Asesinato: San Salvador,24 de Marzo de 1980

"Nadie tiene mayor amor
que el que da su vida por sus amigos".
Juan:15,13 (Epitafio en la cripta de Monseñor Romero)

Momento del asesinato.

El asesinato de Monseñor Romero se remonta a la década de los años 20 en este pequeño país. Pequeños grupos clandestinos comunistas empezaron a surgir en El Salvador en 1925 y para 1930, ya habían adquirido fuerza política. El genio detrás de todo este movimiento clandestino era Agustín Farabundo Martí, quien como estudiante en la Universidad Nacional, empezó a demandar y a criticar el gobierno corrupto del General Maximiliano Hernández Martínez. Martí fue expulsado del país y se unió a su amigo Augusto Sandino en su lucha en Nicaragua. Poco tiempo después regresó a El Salvador, donde empezó una revolución Marxista a nivel estudiantil y en áreas rurales. Pero el General Maximiliano Martínez, presidente de la república, ordenó su captura y su ejecución junto a otros cientos de salvadoreños. Este hecho se conoce como "La Matanza de 1932". Desde entonces, la milicia adquirió mucha fuerza y apoyo político de la oligarquía.

Siguiendo el ejemplo de la revolución cubana de 1959, el Partido Comunista Salvadoreño inició en la década de los 60 una campaña política en contra del gobierno. Al mismo tiempo, el clero católico y miembros del Partido Demócrata Cristiano empezaron a desafiar al gobierno y a apoyar la formación de ligas campesinas y otras federaciones. Esto trajo mucha tensión entre el gobierno y, para principios de 1977, los líderes comunistas se habían multiplicado, fundando un sin fin de movimientos izquierdistas como el Frente de Liberación Popular (FPL), el Bloque Popular Revolucionario (BPR), las Ligas Populares 28 de Febrero (LP-28), el Ejército Revolucionario del Pueblo (ERP) y el Frente de Acción Popular Unificado (FAPU) entre otros. Eventualmente estos grupos se unieron para la década de los 80 bajo un sólo nombre: el Frente Farabundo Martí para la Liberación Popular (FMLN). Fue durante estos años que los eventos políticos de El Salvador empezaron a ser influenciados por otros eventos en el exterior. La tensión durante estos días era demasiada y la violencia brotó en todo el país. Manifestaciones en las calles, secuestros, asesinatos y bombas eran parte de la vida diaria de los salvadoreños.

El asesinato del 12 de Marzo de 1977 por parte de la Guardia Nacional del sacerdote jesuita Rutilio Grande, cambió la vida de Monseñor Romero. A partir de este hecho, Monseñor Romero se dedicó a denunciar los abusos de los derechos humanos de los pobres y los actos inhumanos cometidos por los escuadrones de la muerte y de otras fuerzas paramilitares, supuestamente bajo el mando del Mayor Roberto D'Aubuisson.

En enero de 1980, Monseñor Romero le escribió al presidente estadounidense Jimmy Carter rogándole que cesara la ayuda económica y militar a El Salvador. En su carta, Monseñor le señaló: "Está siendo usado (el dinero) para oprimir a mi pueblo". EL gobierno de los Estados Unidos había estado enviando millones de dólares en ayuda militar cada mes. Monseñor Romero recalcaba que los Estados Unidos debería de entender la posición de las fuerzas armadas que estaban a favor de la oligarquía, que cometían brutalidades entre la población urbana y rural y que la ayuda tendría que cesar. Sus cartas y súplicas fueron ignoradas. Luegos de dichas cartas, Monseñor Romero recibió una infinidad de amenazas en contra de su vida y decidió que sus colegas sacerdotales no lo acompañaran más en público por razones de seguridad.

El domingo 23 de marzo de 1980 marcó el inicio de la Semana Santa en El Salvador y como siempre, la catedral de San Salvador rebalsaba de feligreses que fielmente esperaban oir la misa y homilía de Monseñor Romero. Ese mismo domingo, el sermón fue difundido a través de la emisora de la Arquidiócesis Salvadoreña, YSAX. Durante su sermón, él invitó al pueblo a unirse a la lucha en contra de la Fuerzas Armadas y del gobierno corrupto de una junta militar establecida luego de un golpe de estado.

Finalmente, Monseñor Romero dirigió su mensaje a los soldados del Ejército Salvadoreño, la Guardia Nacional, la Policía Nacional y a los integrantes de los escuadrones de la muerte diciendo: "Yo quisiera hacer un llamado de manera especial a los miembros del ejército y en concreto, a las bases de la Guardia Nacional, de la Policía y de los cuarteles. Hermanos: son de nuestro mismo pueblo, matan a sus hermanos campesinos y antes de una orden que da un hombre, debe prevalecer la ley de Dios que dice, "No matarás". Ningún soldado está obligado a obedecer una orden en contra de la ley de Dios. Nadie tiene que cumplir una ley inmoral. Ya es hora de que recuperen su conciencia y que obedezcan a su conciencia antes que a la orden del pecado. La Iglesia, defensora de la ley de Dios, de la divinidad humana, de las personas, no puede quedarse callada ante tanta abomincación. Queremos que el gobierno tome en serio que de nada sirven las reformas si van teñidas con tanta sangre. La Ley de Dios debe prevalecer. En el nombre de Dios pués, en el nombre de este sufrido pueblo cuyos lamentos suben hasta el cielo, les ruego, les suplico, ¡LES ORDENO EN EL NOMBRE DE DIOS QUE CESE LA REPRESIÓN!".

Monseñor Romero jamás se reconcilió con el gobierno militar de ese entonces y siempre demandó que no siguieran matando sacerdotes y campesinos inocentes, a pesar que sabía que los militares lo querían matar. Al siguiente día, a las 18:25 horas del 24 de marzo, mientras celebraba una misa en el Hospital de la Divina Providencia de la capital salvadoreña; Monseñor Romero fue asesinado por una bala disparada por un fracotirador desde la entrada de la capilla. La bala le penetró el corazón, robándole la vida instantáneamente.

Nunca se ha hecho justicia con los responsables de este crimen. Sin embargo, el 7 de mayo de 1980, el ejército salvadoreño condujo una redada en la finca "San Luis", localizada en las afueras de San Salvador, donde confiscaron un diario personal que pertenecía un ex-Capitán del Ejército, Alvaro Rafael Saravia. Dicho documento contenía suficiente evidencia del plan para asesinar a Monseñor Romero, incluyendo la notificación por escrito del Capt. Saravia a Roberto D'Aubuisson que ya había cumplido dicha orden (de asesinar a Romero). Irónicamente, Roberto D'Aubuisson, supuesto líder de los escuadrones de la muerte y fundador del partido ARENA (Alianza Republicana Nacionalista) falleció a causa del cáncer en febrero de 1992, pocos días después de la firma del acuerdo de paz que puso fin a la sangrienta guerra civil que por más de doce años, dejó un saldo de más de 75,000 muertos y desaparecidos.

El funeral de Monseñor causó muchos disturbios y olas de terror en la plaza Libertad junto a la Catedral de la capital salvadoreña. Miles de personas, entre gritos y llantos se refugiaron en la Catedral, abarrotándola hasta sofocar, mientras la comunidad ecuménica rezaban las oraciones de la buena muerte. Decenas de fieles murieron de asfixia dentro de ella debido a la inmensa cantidad de gente. Cientos fueron asesinados fuera de la Catedral por el gobierno que trataba de impedir el funeral. Al final, tras enterrar el cuerpo deprisa, quedaron en la plaza montañas de zapatos, bolsas, gafas perdidas por los que huían aterrorizados en medio de decenas de cadáveres chorreando de sangre. Dentro de la Catedral, una cripta contiene los restos de Monseñor Romero con una placa en la cual se lee: "Nadie tiene mayor amor que el que da su vida por sus amigos". Juan: 15,13.



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