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Dicho lo anterior, parece lógico, que cualificaciones
profesionales determinadas, desde las que se ha accedido -de forma más o
menos libre según los casos- a desempeñar actividades de teletrabajo hayan
podido facilitar este acceso. Así, el proceder formativamente del campo
específico de la informática se podría considerar, a priori, la mayor
ventaja frente al teletrabajo. Quienes proceden de este campo niegan sin
embargo, o al menos relativizan, esta supuesta ventaja, pues hacen
prevalecer la imagen de que para teletrabajar no se precisa de una
formación informática muy profunda o específica sino que son suficientes
unas cuantas nociones básicas muy generales, además, eso sí, del dominio
de Internet:
"únicamente hace falta saber manejar un ordenador y
lo que sí es imprescindible es el manejo de Internet" (Ent.
1).
Cada actividad de teletrabajo requerirá después,
lógicamente, conocer herramientas informáticas específicas:
"para algunos un curso de teletrabajo es un curso
de Office, que será muy práctico para quien haga secretaría por
Internet, pero a un aparejador que puede hacer planos, ¡a ese señor
habrá que darle un curso de Cad!" (Ent. 13).
La formación en ingeniería de las telecomunicaciones
también parecería a priori muy ventajosa para el teletrabajo, pero, quien
la posee, asimismo la relativiza al afirmar que, si bien permite
desarrollar una gran capacidad de aprendizaje, no proporciona
conocimientos técnicos aplicados, lo que hace necesario adquirir después
esa formación práctica a través de cursos especializados de redes de
ordenadores y servicios de Internet así como de gestión y administración
de redes.
Sin embargo, otros teletrabajadores que también
provienen de escuelas de ingeniería diversas, valoran el haber adquirido
en ellas una base informática sólida pues la consideran por completo
necesaria para acceder al mundo del teletrabajo:
"no hay que olvidar que tú necesitas una
preparación, porque necesitas ofrecer algo alternativo. Para entender
estos mundos de la informática, la telemática y todo esto, necesitas una
preparación, cuanto mejor, mejor, no nos engañemos" (Ent.
13).
En relación con la red Internet se configura en todos
los ámbitos profesionales la imagen de una formación básicamente
"autodidacta". Formación que, se insiste, es indispensable en la
actualidad para desarrollar cualquier actividad de teletrabajo:
"cualquier acercamiento a Internet y, en general,
alguna habilidad relacionada con telemática es indispensable. El correo
electrónico... entrar en los 'chats'..." (Ent. 8).
"que no se crean que porque hagan un cursillo de
Internet van a aprender a navegar por Internet, una cosa es saber
conectar y otra es saber dónde tienes que buscar la información y
después saber qué haces con la información. En la red potencialmente se
tiene acceso a mucha información, pero es que, ¡yo no necesito todo!"
(Ent. 7).
Dada la compartimentación académica del conocimiento,
también parece lógico que quienes proceden formativamente del campo de
"las letras" o "las humanidades", se tengan de forma exclusiva por
"autodidactas" en relación con el manejo de herramientas informáticas y
telemáticas, puesto que sólo muy recientemente se ha introducido en estos
espacios académicos el uso de ordenadores y, no siempre, la conexión a la
red Internet.
Precisamente en el ámbito de la formación en
"letras", y teniendo en la base a un profesional de la traducción, se
construye una imagen de la formación requerida para "trabajar en red" que
supera la "artificial" división entre teoría y práctica en el proceso de
trabajo. Y, por otra parte, esta imagen hace también patente la
importancia de superar la disección y compartimentación del conocimiento,
tan cara a la "academia" y, en general, a los sucesivos modelos
educativos, para afrontar en mejores condiciones las "nuevas modalidades
de trabajo":
"el buscar información, el utilizar unas
herramientas informáticas y telemáticas, todo eso uno lo aprende
haciéndolo. Uno siempre tiene que intentar que todo lo que haga
repercuta en un conocimiento útil y productivo, y entonces aprender
a trabajar con quince ventanas (informáticas) abiertas" (Ent.
6).
"todo teletrabajador tiene que reflexionar
continuamente sobre su propio trabajo y sobre ese cambio cultural en el
que entra. Por todo esto es tan importante que la Filosofía continúe
siendo parte de los planes de estudio, quizás otra Filosofía... u
otra forma de impartirla" (Ent. 6).
En este mismo ámbito profesional de la traducción se
ha identificado otra imagen que pone de manifiesto el "handicap" que,
frente a la incorporación al mercado de trabajo, representa la carencia de
titulación universitaria. Y esto, aunque se posea una óptima cualificación
"de hecho", tanto en lo que se refiere a los conocimientos específicos que
requiere la correspondiente actividad teletrabajadora como al dominio de
las herramientas informáticas y telemáticas pertinentes:
"al no tener titulación universitaria me
resultó muy difícil entrar en el mercado, porque a priori hay una
cierta reticencia... sien embargo, cuando nadie utilizaba un PC yo
trabajaba en una empresa de diseño asistido por ordenador y llevaba la
red local, y cuando nadie sabía lo que era un lápiz óptico yo estaba
harta de traducir manuales en los que aparecía el lápiz óptico y había
adquirido ya una formación informática bastante sólida" (Ent. 4).
Asociada a la imagen que construyen los "expertos" de
la "nueva cultura" que introduce la red, aparece también la imagen del
"nuevo modelo" de formación que demanda el "trabajo en red", modelo muy
pegado a las necesidades "reales" del mercado y que viene a romper con la
imagen anteriormente descrita en la que se expresa la dificultad de acceso
al mercado sin estar en posesión de un título académico:
"lo que necesita hoy la empresa, y lo que se puede
vender en teletrabajo, no son horas de trabajo, son soluciones, y las
soluciones requieren otra definición de las competencias diferente de la
tradicional, mucho más basadas en la experiencia, en lo que está
reconocido dentro de un colectivo y que nadie nos ha dado un diploma
para hacerlo" (Ent. 8).
En la práctica totalidad de los discursos construidos
en este subsector de teletrabajo muy cualificado se pueden aislar imágenes
muy críticas en relación con el creciente "mercado" de la formación para
el teletrabajo, mercado que se valora y califica expresamente de engañoso
las más de las veces:
"... venderle un curso que no le sirve para nada...
o un ordenador con un curso. Estos chicos compran, aprenden un Word y...
se quedan sin nada, sin trabajo. Pero el teletrabajo es un buen reclamo,
vende" (Ent. 8)
"cursos hay, lo que pasa es que los más son
inútiles. Hay un mercado y la gente compra, igual que compra revistas o
vídeos, compra cursos, en concreto de teletrabajo. La información que
tengo es que la cosa es bastante especulativa... es de alguien que ha
pagado por un curso que después no se hace" (Ent. 7).
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