Las telecomunicaciones, motor de la comunicación
social
Germán Ancoechea Soto
Ex-Consejero Delegado de Telefónica de España S.A.
Resumen
Los avances experimentados y propiciados por
el sector de las telecomunicaciones han dado lugar a una transformación radical
de los medios, los contenidos y el alcance que en épocas recientes estaban
relacionados con la comunicación. Hoy asistimos a la eclosión de este sector,
que actúa como catalizador de transformaciones sociales orientadas a la
globalización y a la integración de un mundo que cada vez demanda mayores
niveles de servicios eficaces. El papel protagonista que desempeñan las
telecomunicaciones en el nuevo escenario tendrá necesariamente que ser objeto de
seguimiento y estudio desde ópticas interdisciplinares, como única forma de
aprovechar su potencial en beneficio de toda la sociedad. En este artículo se
establece el marco en el que se mueven las telecomunicaciones actuales,
analizando su reciente evolución experimentada y las características más
destacadas, haciendo especial referencia a los avances tecnológicos y de
capacidad y topografía de las nuevas redes operativas, que en confluencia con la
informática y los audiovisuales están configurando un futuro multimedia cuyos
límites son difíciles de precisar.
Hace tan sólo dos décadas era difícil prever el espectacular desarrollo que se
ha producido en el sector de las telecomunicaciones y su repercusión como fuerza
impulsora sobre otros sectores de la sociedad. En los últimos años hemos
asistido a la puesta en marcha de muchos nuevos servicios propiciados por las
telecomunicaciones que han tenido un efecto dinamizador tanto sobre la actividad
productiva, como sobre los usos cotidianos, con especial incidencia en todo lo
relacionado con la comunicación social, considerada en sus diferentes formas y
soportes, hasta el punto de que los expertos, para referirse a este fenómeno,
han acuñado la expresión "Revolución de la Información" que se ha popularizado.
Al surgimiento de esta nueva situación no han sido ajenos otros factores,
también próximos en el tiempo, como la globalización de las economías, que ha
abierto perspectivas por encima de las tradicionales fronteras nacionales para
constituir un todo global e interrelacionado cuyo hilo conductor está
constituido por las redes aportadas por las telecomunicaciones, y cuyas
principales características han estado marcadas, de una parte, por una
permanente evolución tecnológica orientada a la consecución de un aumento de la
capacidad, velocidad y seguridad, a unos menores costes que, en definitiva han
propiciado una mayor eficiencia, y de otra, por una progresiva capilarización de
sus puntos terminales, que ha hecho posible la universalización de sus efectos,
al poner a disposición de los usuarios toda su potencia comunicacional. Así
pues, es tal el grado de aceleración de las transformaciones experimentadas o
inducidas por las telecomunicaciones, que la "aldea global" enunciada por
Marshall McLuhan ha superado con creces sus expectativas, al haber desembocado
en otro concepto más amplio y de límites más difícilmente perceptibles. Hoy
podemos considerar que nos encontramos en presencia de una auténtica "Sociedad
de la Información", cuyo ámbito se ensancha tanto día a día, incrementándose
simultáneamente la dificultad de abarcar todos sus contenidos.
Marco de referencia
del sector de las telecomunicaciones Pero tal vez sea conveniente,
sobre todo si quien suscribe este trabajo lo hace en función de tener
responsabilidades en una operadora de telecomunicaciones, como es el caso,
observar con una cierta perspectiva las turbulencias a que está sometido este
sector, que constituye el soporte fundamental de los procesos de globalización
considerados en sentido extenso. Haciendo un poco de historia, constatamos
que los cambios profundos en el sector de las telecomunicaciones comenzaron a
hacerse patentes en la primera mitad de la pasada década de los ochenta, se
consolidaron en la segunda mitad y se han acelerado vertiginosamente en los
noventa, abriendo paso a un futuro lleno de posibilidades en el que la realidad
será más amplia y compleja de lo que estábamos acostumbrados. Desde sus
orígenes hasta los años ochenta, el sector de las telecomunicaciones se había
caracterizado por una gran estabilidad, derivada de su propio esquema de
funcionamiento, puesto que los servicios de telefonía, que integraban el grueso
de su dedicación, eran ofrecidos en régimen de monopolio en la generalidad de
los países. Esta estabilidad se rompe a causa de la confluencia de diversos
factores, entre los que destacan por su importancia los cambios tecnológicos y
la globalización de las economías. Entre los primeros, las nuevas
tecnologías, que a grandes rasgos podemos concretar en la introducción de la
fibra óptica, la digitalización y la compresión de la información, han supuesto
un elemento dinamizador de excepcional alcance, permitiendo una mayor y más
variada oferta de servicios hacia los clientes y una disminución de las barreras
de entrada para los competidores, alterando la estabilidad de las tradicionales
economías de escala en la explotación de redes y servicios. Por otra parte,
la creciente interrelación entre las diferentes economías mundiales ha provocado
la globalización de la actividad económica, y ha multiplicado las necesidades de
comunicación mundial. Junto a estos factores, han aparecido también otras
tendencias relevantes en el sector de las telecomunicaciones, como la
sofisticación de las necesidades de telecomunicación de los grandes clientes; la
creciente desregulación del sector a nivel mundial, que está provocando la
entrada en el escenario de las telecomunicaciones de nuevos competidores que
proporcionan servicios alternativos de red generalmente orientados a los
segmentos más rentables de negocio y, por último, los programas de
privatización, bien como forma de modernización de operadoras anticuadas en
países con dificultades de inversión y gestión interna, bien porque el Estado no
puede ser juez y parte en un entorno competitivo. Todos estos factores
configuran tres grandes tendencias que están marcando el devenir del sector.
En primer lugar, el proceso de diversificación de la oferta, tendiendo hacia
servicios teleinformáticos y de imagen. Estamos siendo protagonistas del
nacimiento de una nueva industria caracterizada por la convergencia de las
telecomunicaciones, la informática y la empresas dedicadas al entretenimiento y
la información. Este nuevo fenómeno, que ha adquirido carta de naturaleza
con el nombre de Multimedia, supone la evolución de las redes para que integren
las comunicaciones de voz, imagen y datos en una oferta amplia y flexible, cuyo
objeto es facilitar el intercambio de información de manera cada vez más fluida
y eficiente, multiplicando el volumen, la rapidez y la movilidad de las
comunicaciones a escala mundial, y reduciendo simultáneamente los costes. La
segunda gran tendencia que está marcando el devenir del sector es el desarrollo
de una política comercial de segmentación de mercados, vinculada con la
redefinición de las políticas de precios y la reestructuración de las tarifas de
los distintos servicios hacia condiciones más eficientes, o dicho de otra forma,
hacia la eficiencia del segmento y no hacia la suficiencia global. Las
operadoras de telecomunicaciones se convierten en fábricas de servicios
específicos para cada cliente. Junto a ellas, la internacionalización
constituye una necesidad vital para las compañías operadoras de
telecomunicaciones, tanto para compensar la pérdida de cuota en los respectivos
mercados nacionales por la entrada de nuevos competidores, como para adquirir el
suficiente tamaño crítico para afrontar con garantías el futuro.
Sociedad y Mercado de
la Información Una vez esbozado el cuadro de referencia en el que
se est· desenvolviendo el sector de las telecomunicaciones, y volviendo al
objetivo genÈrico hacia el que est· orientada esta publicaciÛn, es necesario
reflexionar sobre la Sociedad de la InformaciÛn, antes mencionada, que cada vez
cuenta con un número mayor y más cualificado de partícipes. Prueba de ello
es el crecimiento de la red de redes mundial, conocida como Internet, que se
está perfilando como la herramienta multiuso por excelencia de la comunicación,
en permanente evolución y crecimiento, por cuyos capilares transitan todos los
contenidos que sean susceptibles de transformarse en bits, aunque por los
terminales aparezcan textos, datos, sonidos o imágenes, solos o con distintas
combinaciones, que proporcionan unas sensaciones de accesibilidad y de
inmediatez en la respuesta casi ilimitadas, y que están a un paso de modificar
las tradicionales concepciones de tiempo y espacio con las que hemos convivido
durante muchos años. A estas alturas de la década de los noventa, creo que
podemos atestiguar que estamos ya inmersos en lo que se ha dado en llamar la
Sociedad de la Información, en la que los distintos actores que participan
pugnan por conseguir un papel relevante. Así las operadoras luchan por
sobrevivir estableciendo alianzas estratégicas que les asegure un lugar en el
futuro, los proveedores de servicios se afanan por ofrecer nuevos productos y
mejorar los ya existentes, los usuarios, sean del tipo que sean, demandan
accesibilidad, seguridad y economía, y los Estados o las instituciones, se
responsabilizan de facilitar el tránsito desde una situación sometida a
restricciones regulatorias, hasta otra que permita el normal desarrollo de las
potencialidades que irá marcando el mercado. Y es que esta Sociedad de la
Información emergente, que provoca ríos de tinta y caudales de bits, tiene aún
con toda seguridad la mayor parte de su potencial por desarrollar, y lo que sea
ese desarrollo futuro dependerá de la capacidad de todos los actores implicados
en el proceso, sin exclusiones. La Sociedad de la Información no puede
concebirse sin la existencia de un mercado, de un Mercado de la Información.
Este Mercado de la Información contiene ya, aunque sea en germen, algunas de las
potencialidades que afectarán a un gran número de aspectos relacionados con la
vida social, pero a efectos de esta reflexión, sin duda ninguna está afectando y
afectará aún más en el futuro, a todo lo relacionado con la comunicación social.
Conforme el Mercado de la Información se vaya desarrollando, los nuevos
procesos conectarán individuos, empresas y gobiernos a multitud de nuevos
negocios, servicios, aplicaciones y bases de información. Este crecimiento se
producirá a partir del desarrollo de una verdadera tela de araña formada por
sistemas de ordenadores y de redes globalmente interconectados, hasta límites
que hoy solo podemos entrever por medio de realidades como la ya comentada de
Internet. Tal vez pronto, podremos hablar con familiaridad de la existencia
de un auténtico espacio virtual, en el que estén comprendidos tanto el trabajo,
como los hogares, independientemente de su ubicación y también variaremos
nuestra actual percepción de los mercados, que pasarán definitivamente de ser
considerados como "lugares" físicos a "lugares" virtuales, todavía poco
familiares, alterando las relaciones de pertenencia e identificación del
individuo respecto a su entorno actual de relaciones.
Infraestructura de la Información: Innovaciones tecnológicas El
soporte de ese Mercado y de la nueva Sociedad que lo contendrá, será la
Infraestructura de la Información, y aquí es donde tiene un mayor sentido la
opinión de una operadora de telecomunicaciones. Esta infraestructura hará
posible la operación de aplicaciones orientadas al usuario en tiempo real, el
procesamiento inteligente y la integración de la información, los grandes flujos
de datos en bruto y las más refinadas informaciones, la interactividad y la
cooperación entre diferentes dispositivos de procesadores a través de largas
distancias geográficas, y la entrega en cualquier medio (vídeo, imagen, texto o
sonido) o una mezcla de ellos (multimedia). Para llegar a la globalización
de este Mercado, se está generando un nuevo idioma vehicular mediante la
aceptación por todo el mundo de las mismas redes y equipos, de normas que
permitan la transferencia creciente de información, y la interconexión de la
Infraestructura de la Información mediante estándares aceptados por todos los
participantes en la Sociedad de la Información. De lo contrario, sus
principales ventajas, la rapidez y la facilidad de interacción, se verían
dificultadas si no impedidas, con lo cual se cercenarían todas las posibilidades
de crecimiento y desarrollo, al actuar como mordaza o corsé impidiendo un
desarrollo natural de sus posibilidades. Aunque pueda parecer que estemos
hablando de un futuro de ciencia ficción, la red soporte de la Infraestructura
de la Información no tiene que esperar la instalación de una infraestructura
avanzada, es decir, a la instalación de redes de fibra óptica de banda ancha.
Hoy ya pueden utilizarse redes existentes, como la Red de Telefonía Básica o la
Red Digital de Servicios Integrados (RDSI), como prueba el crecimiento que está
observando en novísimo servicio español Infovía. En otras palabras, cualquier
usuario de la red telefónica puede, mediante un PC y un módem, conectarse con
las antípodas, o examinar un periódico "on line" que tenga acceso desde la red,
incluso fabricarse su propio periódico en función de sus preferencias. Ello
nos conduce a que el entorno de la información que hemos conocido se verá
modificado de forma radical, lo que no significa que las formas tradicionales
están abocadas a desaparecer, al menos a corto plazo, sino que la información
podrá contemplarse como envolviendo y sobreponiéndose a las redes y servicios
actuales. Todos estos cambios, algunos ya aprovechables, otros en ciernes,
están modificando la estructura de la información en sus formas tradicionales, y
aquí resulta interesante dar un repaso a las nuevas herramientas tecnológicas de
utilidad para consolidar estas tendencias. Con carácter general, hoy estamos
en condiciones de afirmar que se está observando una inversión en las formas
habituales de comunicación: hasta hace poco, los servicios de voz, se
transmitían a través del hilo telefónico, o par de cobre, y los servicios
audiovisuales, como la radio y la televisión, a través de las ondas. Pues bien,
cada vez más se tiende a que la radio y la televisión puedan circular a través
de los cables y la telefonía a través de las ondas. Prueba de ello es el
crecimiento que está observándose en la mayoría de los países, y España es un
ejemplo, de las comunicaciones telefónicas móviles, y al mismo tiempo, también,
el crecimiento del subsector de televisión por cable, que provoca en algunos
casos encendidas polémicas que sólo contribuyen a dificultar su desarrollo.
Hasta hace poco, la tecnologÌa de las telecomunicaciones obligaba a
construir redes independientes para atender las diferentes necesidades
especÌficas. El nuevo ciclo tecnolÛgico iniciado conlleva una ruptura con todos
los esquemas tradicionales y conduce inexorablemente a la creaciÛn de
infraestructuras multimedia y multiservicio, plenamente interactivas, capaces de
transportar y conmutar todo tipo de señales de manera bidireccional, simultánea
e individualizada, con instantaneidad y sin limitaciones en el acceso. Es lo que
se conoce como la Red Digital de Servicios Integrados de Banda Ancha o Red
Global Multiservicio. La extensión y consolidación de las tecnologías que
hagan viable ese escenario futuro exige unas inversiones tan considerables que
es preciso establecer unas estrategias y ritmos acordes con la respuesta del
mercado. En este contexto es indispensable empezar a alimentar las
infraestructuras de la futura Red Global con servicios para los que ya existe un
interés y demanda constatables y que, como sucede con la televisión por cable,
la telecompra y los telejuegos, permitirán la rentabilización progresiva de las
inversiones requeridas. El despliegue de redes de banda ancha viene
condicionado por una importante innovación tecnológica, fundamentalmente
motivada por el gran incremento de las velocidades de transmisión y calidades de
servicio objetivo. Por otra parte, mediante la utilización de tecnologías
avanzadas de "software" se potenciará la incorporación y desarrollo de las
capacidades de inteligencia de la red, así como el desarrollo de los sistemas de
gestión de las redes y los servicios, y se agilizarán los procesos de creación y
despliegue de nuevos servicios, siempre acomodados a las necesidades de los
clientes. El deseado despliegue de la RDSI de Banda Ancha requiere además la
disponibilidad en el mercado, a costes razonables, de soluciones tecnológicas y
equipos desarrollados con las tecnologías mencionadas, y posibilitará a los
clientes la selección de forma libre y flexible de la velocidad de información y
calidad de servicio requeridas para sus servicios y aplicaciones, justificando
la denominación de "red universal de telecomunicación". En este contexto, la
fibra óptica se convierte en el soporte físico fundamental en toda la red: en el
nivel de tránsito, en el nivel de acceso y en la propia instalación de cliente.
TambiÈn otras tecnologÌas tienden a acercarse al mundo multimedia en su
proceso evolutivo, y me refiero en particular a las comunicaciones mÛviles y
personales, cuya proliferaciÛn y desarrollo implicar· la incorporaciÛn de las
soluciones necesarias para el incremento de las capacidades de comunicaciÛn,
aunque habr· que afrontar el reto de las limitaciones de espectro, de ancho de
banda y de propagaciÛn radioelÈctrica, que este tipo de comunicaciones
conllevan.
Comentario final: Algunos interrogantes Hemos
representado en este trabajo un mundo interrelacionado, en el que la información
se convertirá, de forma progresiva, en el fluido vital del sistema y las
telecomunicaciones en sus arterias, abriendo, sin duda, un amplio abanico de
nuevas oportunidades. Estas oportunidades, sin embargo, como todos los progresos
del hombre, no están exentas de riesgos. La Información, ha sido y es fuente
de poder, lo que explica muchos recelos ante la expansión de las tecnologías de
la información y ante las posibilidades de concentración de las fuentes. Sin
embargo, el concepto de información está variando: ahora es tal el volumen y la
variedad de información acumulable que la cuestión estriba en la capacidad para
gestionarla, y el poder ya no estará sólo en la información, que será mucho más
asequible y a precio rápidamente decreciente, sino en quien sea capaz de
gestionarla con eficacia. El mundo puede dividirse ya hoy, pero sobre todo
mañana, entre una gran parte que naufraga en un océano de información, y una
pequeña parte que sabe sacar partido de ella. Los límites de las
posibilidades que las nuevas tecnologías de las telecomunicaciones ponen al
alcance del poder político, y de los que sin serlo se quieren constituir en
poder político, al disponer con prioridad de la información y de los medios para
gestionarla, son en estos momentos apenas intuidos y polivalentes. Estas
tecnologías pueden servir tanto para incrementar los niveles de participación
individual en la vida pública, propiciando un más adecuado ejercicio del sistema
democrático, como para aumentar desmesuradamente el control del poder político
sobre los ciudadanos. Si todos estamos de acuerdo en la especial importancia
de asegurar la privacidad y la seguridad de información que manejamos, no menos
importante es impedir que esa información permita un control por parte de los
detentadores del poder que disminuya los márgenes de privacidad y libertad de
los que vamos disponiendo en las sociedades avanzadas. Por medio de un mejor
acceso a la información de las administraciones públicas, o mediante el uso del
voto electrónico podemos tener más influencia sobre las decisiones que afectan a
nuestra existencia. Ello puede dar lugar tanto a la capacidad de los
gobiernos de estar más cerca de los deseos de los ciudadanos, como al riesgo
demagógico de convertir los sistemas de representación en sistemas
teleasamblearios. Ya hoy resulta curiosa la tentación de dar la misma
validez al resultado de las encuestas que al de las votaciones, lo que nos
acercaría a la caricatura del viejo ideal autogestionario anarquista,
sustituyendo las urnas primero por las encuestas y después por la teleasamblea.
Sin embargo, en la medida en que, como todos confiamos, el flujo de
información nos permita un mundo de hombres mejor informados, más cultos y por
tanto más libres, la propia Sociedad de la Información deberá de ser capaz de
generar su propios mecanismos de autocorrección y control; aunque es la propia
sociedad, es decir, cada uno de nosotros, la que debe propiciar y exigir estos
mecanismos, pues sería la primera vez que los detentadores del poder se
autocontrolasen espontáneamente. Cuestión no menos importante, es en qué
medida todos los miembros de la Sociedad de la Información tendrán igual acceso
a la información sin importar donde vivan, cuanto ganen o en que idioma hablen.
Y si no igual, si un acceso mínimo suficiente y creciente. Si la respuesta
fuera negativa se agrandará la división entre los que tienen y no tienen
información, consolidándose la dualidad social, en la medida que se
añadiría al aspecto diferenciador clásico uno nuevo: por una
parte, quienes no tengan la oportunidad o se sientan incapaces de adaptarse a
los nuevos tiempos, y por otra, los que sí sepan o puedan aprovechar las nuevas
potencialidades. En este escenario, un acceso más equitativo a la
información debería aumentar la transparencia del mercado y la movilidad de los
factores productivos; la distribución desigual de la información, crearía
injustas rentas de supraiformación e infratransparencia. Y es, precisamente en
este contexto, en el que las telecomunicaciones, que facilitan el intercambio
libre y rápido de información, pueden considerarse como fundamentales para hacer
posible e impulsar los aspectos positivos de estas tendencias y para frenar, o
incluso hacer imposibles, sus aspectos indeseables.
Bibliografìa
Linares, Julio / Ortiz
Chaparro, Francisco (1995): Autopistas Inteligentes. Madrid: Fundesco.
Negroponte, Nicholas (1995): El Mundo Digital. Barcelona: Ediciones B,
S.A. Configuración de la Sociedad de la Información. 1995. Instituto
Europeo de Investigación y Estudios Estretégicos de Telecomunicación. (EURESCOM)