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Interpretación Heideggeriana de Nietzsche
Sin duda alguna que le
debemos a Heidegger haber reconocido en Nietzsche a un filósofo que ha
pensado a fondo la tradición filosófica.
Heidegger se percata de cómo
con Nietzsche hay un nuevo comienzo y de que, como ningún otro, ha sido
capaz de poner legítimamente en duda todo lo que el hombre ha creído
durante más de dos milenios.
Si tenemos a la vista el vasto conjunto de la obra de Martin Heidegger,
podemos reconocer que al pensador al que él más le ha prestado atención
y dedicado la parte mayor de ella es a Nietzsche. Para señalar sólo
algunos textos al respecto, corresponde mencionar su
"Nietzsche" (2 volúmenes), "La frase de Nietzsche: Dios
ha muerto", "¿Quién es Zaratustra?", "¿Qué
significa pensar?", y otros. Sin duda alguna que le debemos a
Heidegger haber reconocido en Nietzsche a un filósofo que ha pensado a
fondo la tradición filosófica. El se percata de cómo con Nietzsche
hay un nuevo comienzo y de que, como ningún otro, ha sido capaz de
poner legítimamente en duda todo lo que el hombre ha creído durante más
de dos milenios. Ante todo, cabe decir que el pensador de la Selva Negra
ve a Nietzsche como el pensador del nihilismo, como aquél que se ha
dado cuenta de que la filosofía y cultura occidentales han estado
dominadas por el nihilismo, una negación vital de este mundo y del
hombre mismo. Al analizar la sentencia del pensador de Sils Maria "¡El
desierto crece!", sostiene Heidegger que he aquí que un pensador
ha tenido que gritar (lo que no sería propio de lo que es un pensador,
a quien lo caracteriza más bien la serenidad) y que el pensamiento de
Nietzsche sería un "grito escrito". Justamente por significar
el nihilismo, según Nietzsche, "el más inquietante de los huéspedes",
la "desvalorización de los valores supremos", se relaciona
esto con otra de sus sentencias: "¡Dios ha muerto!", la que
tanto ha dado que hablar. Mas, la interpretación que hace Heidegger de
la famosa sentencia es singular, ya que plantea que con ella Nietzsche
habría gritado por Dios de profundis (así como se grita por Dios en
Los Salmos). Como se ve, de nuevo hay aquí un grito, pero en cierto
modo íntimamente ligado a aquél otro: "¡El desierto
crece!". Y este grito es relativo al supuesto "verdadero
Dios" y no al Dios de la tradición que tiene el carácter propio
de una antropomorfización teológica, de una "estructura
suprasensible dispensadora de sentido". La muerte de Dios sería la
del "Dios metafísico" (Fundamento, Razón Suprema), del
"Dios moral" (el Juez con el que tenemos nuestras cuitas
personales,) y del "Dios real" (hecho también a la medida del
hombre, como fundamento de la institucionalidad - justicia, familia,
educación, estado- ). Al mismo tiempo, con todo lo radical y en forma
inaugural que haya pensado Nietzsche el nihilismo, sin embargo, se
trataría para Heidegger de una concepción meramente antropocéntrica
del nihilismo, ya que lo hace depender exclusivamente del hombre. Es éste
el que habría proyectado un "tras-mundo", existiendo desde
entonces en el sometimiento a una supuesta vida eterna, a un juicio
final, a un cielo y un infierno (nihilismo pasivo), o también es
nuevamente el hombre el que habría desmantelado ese trasmundo, restándole
validez y legitimidad a esa "estructura suprasensible dispensadora
de sentido", quedando en consecuencia ante el vacío y la nada
descarnada (nihilismo activo). Mas, el nihilismo para Heidegger es algo
que no depende en primer lugar del hombre, sino del ser. Es éste último
el que, al retirarse, genera el nihilismo. Es el ser el que, de este
modo, muestra su otra cara: la nada. Esta es pues una concepción ontocéntrica
(y no antropocéntrica) del nihilismo. El problema del nihilismo, así
planteado, nos lleva por último a algo decisivo que tiene que ver con
la ubicación de Nietzsche en la historia de la filosofía occidental.
Heidegger lo ve como el pensador con el que culmina la modernidad, y ésta
se caracteriza a su vez por un proceso paulatino de auto-afirmación del
hombre, y, en este sentido, como un antropocentrismo creciente. Pero éste
es el punto en el que uno de los intérpretes más agudos de Nietzsche y
que a su vez fuera uno de los más destacados seguidores de Heidegger -
Eugen Fink- se distancia de esta visión de Nietzsche. Ello lo
fundamenta aduciendo que, en verdad, lo que está en juego en su
pensamiento es un salir del hombre de sí, del atomismo de su
ser-sujeto, un hacerse uno con la vida y el devenir. De este modo hay
que entender conceptos nietzscheanos fundamentales: voluntad de poder y
espíritu dionisiaco.
*Cristóbal Holzapfel, dr. phil. Profesor del Departamento de Filosofía
de la Universidad de Chile.
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