Gilberto Abril Rojas
Poesía Cuento Ensayo Novela


     Inicio
     Biografía
     Estudios críticos
     Síntesis de las Obras
     La Segunda Sangre
     Conceptos
     Reconocimientos
     Opiniones
     Audio
     Contactar
Conceptos

UN COMPROMISO CON LA LIBERTAD Y CON LA HISTORIA

Gilberto Abril Rojas, que ya hizo una buena incursión en la historia a través de su novela LA SEGUNDA SANGRE, se vuelve a meter en el territorio del pasado, ahora con SEÑOR DE TODA LA TIERRA, centrada en una revuelta de los esclavos africanos sucedida en Nueva Segovia de Barquisimeto, cuando avanzaban los atropellos de la conquista, y ya se había empezado a traer la mercancía humana desde las diferentes costas de África.

Se describen las costumbres del Real de Minas de San Felipe de Buría; y se ve la división marcada entre los españoles que ejercitaban la conquista, centrados en Juan de Villegas, gobernador de la Capitanía General de Venezuela, secundado por los capitanes Diego de Losada y Diego de Ortega; y los esclavos que pretenden organizarse en un palenque, y entre los que se destacan las figuras de Miguel, el rey puesto, de Guiomar, su esposa, del negro Canónigo y de otros muchos, que buscan por todos los medios recuperar la libertad que perdieron cuando los cazaron en sus tierras, los metieron en las sentinas de los barcos negreros y los vendieron en las costas del Nuevo Mundo. El negro Miguel es un ambicioso, y también un valiente, que es coronado rey por Canónigo, y que celebra con algarabía la ceremonia de la coronación, mientras que su mujer asciende a la categoría de reina de esa parte de América; reina por ser su consorte y también por su enorme belleza, que mueve desde luego las injusticias, las violaciones y los abusos de los amos y señores.

La rebelión no puede triunfar, porque a los soldados de Nueva - - R&R Imagen y Publicidad c.a. Señor de toda la tierra página 100 90 80 70 60 50 40 0 20 10 Segovia se unen los del Tocuyo, y los del palenque son prácticamente exterminados. Pero esta aventura, un poco descabellada y loca, sirve para pensar en la trascendencia de la libertad, y en la luminosa huella que proyecta sobre todas las épocas de la historia.

El hombre, que sigue siendo la suma de todos los misterios; que no podrá ser explicado ni por la religión ni por la ciencia; el hombre, que es el compendio de todas las preguntas y que no tiene el menor asomo de respuesta, busca la libertad. También busca, podría decirse, algo o alguien superior a sí mismo, y por eso inventa las religiones y los dioses. Busca trascender, aunque es consciente de su finitud irremediable. El hombre, venido no se sabe de dónde ni para qué, y destinado a un futuro completamente incierto, trata de ubicarse en la historia.

Ese deseo, esa voluntad de ocupar un sitio y un tiempo, es tal vez lo que nos justifica. Y tanto tiempo como sitio, presuponen una elección. La libertad, que nunca es absoluta sino que siempre sigue siendo condicionada por la libertad del otro, es buscada, defendida, peleada todos los días y en todas las latitudes. Y tal vez sea lo que, en definitiva, alumbra el leve paso del hombre por el inmenso campo de esta tierra, ancha y ajena, pero entrañablemente amada, porque fuera de ella no tenemos nada. Y porque, así no tengamos dónde caernos muertos ni el resto de un surco para sembrar una flor o una espiga, la tierra nos pertenece a todos los hombres, en la medida en que definitivamente somos sus hijos.

Este libro de Gilberto Abril Rojas, es el relato de un sueño de libertad. Y, por esa misma razón, es la lucha de unos hombres por establecer esa libertad dentro del terreno inabarcable de la historia.

Fernando Soto Aparicio

LA FASCINACIÓN POR LO BARROCO EN LA HISTORIA NOVELADA

Con la excusa de novelar la biografía de la poeta colombiana Sor Francisca Josefa Del Castillo y Guevara (1.671-1.742); Gilberto Abril Rojas: Asuntos Divinos. Academia Boyacense de Historia. Tunja. 2.007; se vale del Barroco –como propuesta estética- para reconstruir la sociedad colonial (Siglo XVII) del antiguo Nuevo Reino de Granada, espacio cronológico de la Madre del Castillo y así poder comprender el gran movimiento de poetas gongorinos: Juan de Castellanos, Hernando Domínguez Camargo; que junto con Sor Juana Inés de la Cruz en México, enorgullece tanto al arte hispanoamericano.

La novela construida en forma de hagiografía, construye un relato espeso, donde la vida de santos, mártires, novicias, infieles y la presencia del demonio; son como aristas de un meta relato que va agrandándose en la medida que Sor Francisca Josefa: opina, medita, entra en la locura, va modelando un orbe encriptado que se aclara en la medida que la cábala nos va dejando el equivalente lingüístico, siempre observando el código enrevesado, de unos monoteísmos que se cruzan en el camino de religiones muy antiguas y que dieron paso a la adoración de un solo Dios, como el cristianismo que ella practica.

Sorprende el Gotismo de Abril Rojas, nunca imaginé que un escritor de fabla corriente, atesoraría en su interior un simbolismo epifánico, sobre el clarear de las cosas; donde la creencia en Dios, la obtención de un paraíso como compensación a una vida de sacrificios, renegando del encandilamiento que produce el dispendio material; aparecen en los personajes postrados en celdas, bancos, altares de unos personajes con una visión del mundo ascética.

La creencia de que el período auténticamente colonial, fue de oscuridad, sin logros aparentes en ningún orden; se cae por su propio peso; hoy a la luz de las investigaciones que se llevan a cabo, iluminadas por una heurística transversal; los nombres de Sor Juana Inés de la Cruz, Hernándo Domínguez Camargo; Juan de Castellanos y Sor Francisca Josefa, ganan en interés y se erigen en los precursores del arte y la literatura contemporánea; ya sin la etiqueta y conceptualización de imitadores o plagiadores de Góngora; como se les despachaba hasta el Siglo XX, donde un Octavio Paz en su estudio monumental sobre Sor Juana Inés de la Cruz: “Las Trampas de la Fe”, da perfecta cuenta del esfuerzo ciclópeo de aquella monja, de origen social insignificante en una sociedad cerrada y excluyente, levantándose hasta la cumbre intelectual para dejarnos esos: “Primeros Sueños”, donde solemos abrevar cada vez que nos acercamos al hecho poético.

Para la autora de “Afectos Espirituales”, y “Su Vida”, el que se haya separado el velo, que cubría a los poetas Barrocos, fue lo mejor que le deparó el destino; lejos estaba la monja Del Castillo de pensar que: la Antología de poetas barrocos, en homenaje a Góngora en su cuarto centenario, reunida por Gerardo Diego en el año 27 del Siglo XX; iba a desatar una euforia que llevó a desempolvar a poetas que yacían bien muertos, como su paisano Hernando Domínguez Camargo, olvidado por incomprensión; también en la antigua Colonia de Venezuela, se obviaron y sepulturaron en los archivos de la inquisición eclesiástica, el trabajo de nuestros primeros gongorinos, monjas y clérigos, como fue la constante en aquellos períodos olorosos a mirra y a incienso.

La novela de Abril Rojas, se publica en un momento en que el movimiento llamado de novela histórica ha caducado; donde los Fernando del Paso, Carpertier y Roa Bastos; son simples referencias a la hora de cruzar transversalmente nuestra narrativa; con la crisis epistemológica de los últimos tiempos, tratar de identificar la poética o el Epos de la tragedia o comedia, es mera banalidad, considerémosla simplemente como Literatura Gótica, Siglo XIII: momento en que fue quemado en la torre del temple de París el último Gran Maestro Jacques Molay.

La propuesta Gótica de Abril Rojas es válida, ya que el imperio racional de origen Volteriano, se convirtió en excrecencia, metáfora escatológica que ilustra con heces el resurgir y puesta en apogeo del símbolo; donde las grandes culturas antiguas como el Bizantinismo: confluencia perfecta ente Oriente y Occidente: son el mandala del nuevo chantra.

El Nuevo Reino de Granada constituyó una nueva Persépolis, en la cerrada sociedad colonial que España lideralizó; el trabajo en el mundo de las ideas que desplegaron sus poetas y escritores, refugiados en la iglesia por razones obvias; pues eran los depositarios de las concepciones que sobre el mundo se tenían; nos legaron un importante testimonio, que son los orígenes de nuestro poderoso lenguaje actual; aclimatamiento, prolongación de una Iberia y por ende Europa por antonomasia; en Sor Francisca Josefa están “Las Soledades de Góngora” y el libro de “La Fundación” de Santa Teresa de Ávila, pero impregnado de nuestro poderoso paisaje y liga de sangres: cruce de culturas en pocas palabras.

Juandemaro Querales


PROLOGO

Se puede leer con mucho interés y con detenimiento la experiencia novelística entregada por Gilberto Abril Rojas. Es una obra sencilla, preñada de imaginación, de misterios y curiosidades, por el tema imperecedero de una heroína religiosa entregada en forma clandestina a la ceremonia lingüística, aunque ella vivió en el marco de la colonización distintos agravios, la intención del autor no obedece a una obra ceñida a los cánones establecidos por Gyögy Lukacs, convergiendo solamente en el aspecto de la cosmovisión de la penetración hispana a suelo americano, manteniendo el criterio del sistema de valores y creencias de entonces. «Asuntos Divinos» es una obra que plantea muchas situaciones y grandes alternativas sobre la iniciativa de rescatar una figura del siglo XVII, sobre todo las consecuentes dificultades que presenta la memoria de un espacio del pasado, aunque se haya respaldado de documentos provenientes de la historiografía, tomando en cuenta el escritor un eje novelado que da rienda suelta a sus disquisiciones, desplegando los conocimientos adquiridos en su tránsito literario.

Sor Francisca Josefa de la Concepción del Castillo y Guevara es rescatada de la nada, como ejemplo cautivante, formando parte de una ficción en base a fundamentos emblemáticos de la mística. La aventura de Gilberto Abril Rojas es mucho más profunda y hasta impactante de lo que la mayoría de autores como Max Gómez, Rafael Maya, Daniel Samper Ortega, Rafael María Carrasquilla y Eduardo Carranza lograron descifrar. El autor boyacense se pone a rescatar del olvido a una poetisa maravillosa, mucho tiempo después de descubrir la riqueza literaria de la religiosa, para mostrar elementos trascendentales y darle el estudio que se merece. Lo hace con las herramientas necesarias de la novela pero, sin embargo, siente que ha logrado encajar por entero las piezas del rompecabezas que envuelve la existencia de la monja. El resultado de esta nueva novela se debe a muchas horas de ejercicio investigativo y que ha hecho que se evoquen sucesos interesantes que acontecieron en el siglo XVII.

Si indagáramos en la historia de esta mujer nos percataríamos de la gran importancia que representan las costumbres del pasado de la cual le hicieron víctima. La religiosa que puede presentarnos hoy en día Gilberto Abril Rojas es, en cierta forma, la de una gran figura, porque esos pasajes que están vertidos en la narración mantienen y adquieren profundas significaciones para un lector actual, que no conoce nada de esta protagonista de la etapa colonial colombiana. No es sólo el aporte de la significación de la novela y su alcance sino el conjunto de tratamientos técnicos empleados para colocarnos en la época de los hechos. No hay un creador literario plasmara su esfuerzo para darle vida ficticia a la venerable escritora, quien ha sido objeto de varias biografías y yo me atrevería a comentar que ninguna se acerca a la importancia que guarda la monja en el fondo para nosotros los latinoamericanos.

Lo que explota Gilberto Abril Rojas en «Asuntos divinos» no es, ciertamente, lo mismo que destacara un historiador de hace un siglo atrás, pero tampoco lo que desarrolla un narrador de la costa, un creador del llano o un bogotano, menos lo que desentraña un estudioso de la historia de la América sometida por los españoles con sus instituciones imperialistas.

Gilberto Abril Rojas logra legarnos una obra fascinante que puede convertirse en un gran libro de la manera como lo hicieron escritores de nuestro siglo, luego de realizar textos extensos como Gabriel García Márquez, Carlos Fuentes, Guillermo Cabrera Infante y Fernando Soto Aparicio. Despierta en un tunjano de hoy esta novela el mismo interés que en un lector hispano parlante.

Hay una virtud atemporal y universal que le añade significaciones especiales y explicaciones a cada capítulo de esta novela. Casi se podría sostener que en «Asuntos divinos» hay una continua recreación del siglo XVII con todos sus enredos. A esto habría que complementar, la experiencia sufrida y experimentada por una mujer que llegó al aprendizaje de nuestra lengua y el latín en forma clandestina, cuando a la mujer se le prohibía el privilegio de la lectura, situación que destaca Gilberto Abril Rojas a través de un complejo trabajo narrativo que resulta esta obra.

El autor ha puesto su talento para tomar prestado un caso vibrante de la historia boyacense, haciendo gala de las herramientas que dispone. Esto ha hecho posible tener una visión distinta sobre la Madre Francisca de la Concepción del Castillo y Guevara con la posibilidad de descifrar el lado humano de la creadora literaria.

El lector de esta nueva novela del escritor boyacense puede descubrir en la trama de la misma el drama que sufrió la religiosa. Pero, además, es esencial lo que pueda analizar quien se aventura a entrar en las páginas de esta secuela narrativa. Es como si Gilberto Abril Rojas estuviera comprometido a recrear esta noble figura de la mística de la literatura colombiana, al entrar en el universo novelesco de la Madre del Castillo como se le conoce actualmente, nos introducimos en el misterio de la vida de dicho personaje pasando por encima de la brecha temporal, de las distintas miserias humanas y situaciones que son fielmente rescatadas de lo profano del pasado.

Esto es tal vez uno de los prodigios que abordó Gilberto Abril Rojas con su estilo peculiar para satisfacción de todos los lectores que siguen sus creaciones literarias.

Miguel Prado


LOS ASUNTOS DIVINOS DE LA MADRE CASTILLO EN LA NARRATIVA DE GILBERTO ABRIL ROJAS

Por: Pedro Gustavo Huertas Ramírez Director de Publicaciones Academia Boyacense de Historia "Si el amor humano, fingido y terreno, cuyo fin es la muerte, ha hecho cosas increíbles, ¿Qué hará mi amor? Dime: ¿Alguna vez viste el fuego de mi pecho?" Sor Josefa, Afecto 99

Una atmósfera mágica de esplendor místico recorre las páginas de esta novela. Tal fue mi primera impresión, a la altura de la lectura de su primer capítulo. Renglón a renglón, párrafo a párrafo, fui descubriendo que Gilberto Abril Rojas decía las cosas sin decirlas como otros las dicen. Porque, en cuanto al estilo del habla se refiere, a la manera del Siglo XVII, el español castizo aquí empleado se torna a veces cabalístico y en otras abstruso. Quizás por aquello del insondable misterio de la mística.

Esta novela no es una obra literaria común y corriente. Rompe los moldes de la simplicidad, de La Realidad, así con mayúsculas, como Gilberto Abril lo quiere, para adentrarse en la compleja osatura de lo abstracto. Pero en medio de la vaporosa cortina del lenguaje, una circunstancia si queda completamente en claro: con la novela Asuntos Divinos, Gilberto Abril Rojas le trae al mundo contemporáneo de las letras una mística criolla granadina totalmente renovada, sin extrapolarla del apacible mundo monástico tunjano de los Siglos XVII y XVIII: Sor Francisca Josefa del Castillo y Guevara, quien nació y murió en Tunja entre los años 1671 y 1742.

Debo confesar que después de la labor de edición de esta obra, cuando la recibí ya terminada, la noche que puse mis ojos sobre sus páginas albas y limpias para ensimismarme en su contenido, ya no pude desprenderme de ella. Porque una cosa es la tarea mecánica de la actividad editorial, no excenta por ello de gracia para quienes cultivamos con amor las artes gráficas. Pero otra es la degustación del producto. Al filo de la media noche, continué leyéndola de pie sin experimentar cansancio, pero el frío de la madrugada me obligó a arrebujarme y así pude continuar su lectura. Yo, que soy tan poco afecto a los temas religiosos, me sentí de pronto atrapado por estas páginas, quizás porque el haber vivido casi toda una vida en la Tunja supérstite de la época colonial, las estampas y lugares de dicha ciudad descritos por Gilberto Abril me resultaban cada vez más familiares.

Los protagonistas de Asuntos Divinos, aunque reales, no son de mundana carne y hueso. Surgen de pronto con sus nombres propios para acompañar oníricamente a la monja clarisa y se esfuman misteriosamente entre los renglones del relato. Como cuando Sor Francisca Josefa se apasiona por el arte de tocar el órgano con sus arpegios sagrados. Como cuando aparece en la mente de la aprendiz de música la beata María Antonia de Cabañas, Pedro Claver y el organista Francisco Altusarra, bien recordados ,de una inclinación casi enfermiza por los sonidos acompasados , junto a los comentarios seguidos de los pasos críticos efectuados por el Beneficiado Juan de Castellanos (p. 95). Como cuando el 24 de Septiembre de 1713, tomó el hábito de velo negro para monja la hermana viuda de Francisca Josefa, Doña Ángela del Castillo y Toledo, hija legítima del Licenciado Don Francisco del Castillo y Toledo y de Doña María de Guevara Niño y Rojas, con licencia del Ilustrísimo Señor Don Francisco de Osario y Otero, Arzobispo de este Reino, “(estando presente nuestro Padre Vicario, el Señor Doctor Don José Osorio Nieto de Paz y siendo abadesa de este Real Convento de Nuestra Madre Santa Clara, la Madre Paula de la Trinidad)” como consta y está firmado en el correspondiente expediente. (p. 103).

Son personajes que se esfuman y a veces vuelven a aparecer y nuevamente se pierden, quedando solamente estable la realidad onírica de Sor Francisca Josefa como una estampa fantasmagórica en los pasillos del convento y en su celda monacal.

Pero emergen también de pronto situaciones tan reales, como aquella en que "Sor Francisca Josefa sentía que un gran sentimiento se le iba colando en los baúles intocables de la memoria. Y añoraba grandemente aquellos instantes de otras épocas: la infancia, los días de campo en el mayorazgo de San ¬Lorenzo de Bonza, las orientaciones de las otras abadesas, las confesiones con el Padre Tovar de la Compañía de Jesús, consejos que guardaban aspectos cariñosos de muy advertido amor a la doctrina" (p. 100).

Un recurso literario que da al relato el rancio abolengo de la autenticidad, es su alternancia con las propias palabras de la monja como personaje central de la novela, entresacadas de su Vida. Aquí encontramos a Sor Francisca Josefa con sus soliloquios y sus arrobos místicos, a veces transida por la santidad y en otras tentada y asediada por el demonio, siempre temerosa de las constantes asechanzas del pecado.

Pero el momento cumbre de la monja escritora que uno espera encontrar, lo halla a mitad de la obra en un revuelo de arrebato, cuando la Abadesa del Real Convento de Santa Clara, " enfurecida en el despacho de la Abadía, encolerizada y hundida en el pecado dentro de su propia autoridad", ante la responsabilidad de hacer cumplir la norma del Derecho Canónico al pie de la letra, enrostra a Sor Francisca Josefa "por el delito de enseñar a las novicias el sacrilegio de la lectura y escritura, conociendo las mismas todos los libros prohibidos, todas las escrituras profanas de Quevedo y Lope de Vega, sobre cuyos hombros había caído la misma acusación en varias oportunidades" (pp. 101 y 102).

Pero Sor Francisca Josefa no se resigna. Acude a la comprensión del cura Beneficiado de la Parroquia de Nuestra Señora de Santa Bárbara, Vicario y Juez Eclesiástico del Real Convento de Santa Clara, Don José Osorio Nieto de Paz, encargado por añadidura de conducir los destinos de los católicos feligreses de la legendaria ciudad mimada de los Muiscas: La Hunza aborigen. Así nace la escritora. Así se plasma la autobiografía ordenada por su confesor, un diario de su existencia en el convento, con un rótulo: Vida. Y así se configuran sus Afectos Espirituales, preñados de soliloquios delirantes de místicos arrobos.

En cuanto al estilo literario de Asuntos Divinos, cobran especial interés los capítulos finales, donde se ensaya un nuevo tipo de narrativa, no fácil de leer, de estilo surrealista, que rompe con la tradicional coherencia lineal del relato. Como en el capítulo dedicado a las "Tribulaciones de la Monja del Castillo", donde cuenta su ingreso al convento. En la medida en que el relato avanza, las situaciones de vida de la religiosa se acumulan y precipitan al mismo tiempo, atropellado la memoria, rompiendo todos los esquemas de la linealidad del tiempo y el espacio. Este maremagno se eslabona con una como a manera de jaculatoria: "Con dulcísimas voces me llamó a la soledad” que insistente y repetidamente corusca en la narración como una luciérnaga.

Espero que estas breves impresiones sean un buen aliciente para la lectura de la obra de Gilberto Abril Rojas, sobre una de las autoras más ilustres de la literatura española, cuyo nombre completo, según la genealogía presentada en su momento por Gustavo Mateus Cortés, es Sor Josefa de la Concepción del Castillo y Toledo, Guevara Niño y Rojas, la monja que con sus soliloquios místicos aprendió a comunicarse con Dios en castellano desde su claustro tunjano, legando así uno de los más notables aportes a la literatura universal.

Tunja, Diciembre 5 de 2007

Wolfgang Wagner-Manslau (Webmaster)
www.WolfgangWagnerWebmaster.com
Fecha de última revisión: Mayo 2008
Exclusivo de: Gilberto Abril Rojas.
La Victoria Edo. Aragua - Venezuela